Fachinelli Elvio
(1928-1989) Psicoanalista italiano
fuente(1)
Figura eminente del movimiento contestatario y radical de la década de
1970 en Italia, Elvio
Fachinelli se hizo primeramente conocer como uno de los iniciadores del contracongreso
que se
realizó en Roma en 1969, al mismo tiempo que el de la muy poderosa y
conservadora
International Psychoanalytical Association (IPA).
Ese movimiento, que tuvo una gran repercusión mediática, cuestionaba
las estructuras
jerárquicas de la Societá Psicanalitica Italiana (SPI), así
como los criterios de la formación de los
analistas. Los resultados se hicieron sentir unos años más tarde,
en la forma de una
reorganización de la SPI que establecía una distinción
entre los centros (seis en Italia),
encargados de la difusión cultural, y los institutos (tres), responsables
de la formación.
Influido por las ideas de Jacques Lacan, que él contribuyó a difundir
en Italia desde 1965, Elvio
Fachinelli fue también sensible a todas las tesis antiautoritarias: las
de Wilhelm Reich, las de
Herbert Marcuse, las de diferentes miembros de los movimientos feministas.
Sensible a las nuevas aspiraciones políticas, Fachinelli, con Enzo Morpurgo,
Diego Napolitani,
etcétera, procuró que el psicoanálisis participara, fuera
de las estructuras institucionales
ortodoxas, en todas las experiencias en curso en los suburbios de las grandes
ciudades,
principalmente Milán. Elvio Fachinelli, uno de cuyos libros ha sido traducido
al francés, fue el
fundador de la revista L’Érba voglio, que en la década de 1970
llegó a tener dos mil quinientos
suscriptores, y más tarde se transformó en una editorial.
Facilitación
Facilitación
Facilitación
fuente(2)
s. f. (fr.frayage; ingl.facilitation, al. Bahnung). Disminución de la resistencia
en el paso de la
excitación de una neurona a otra.
Cuando Freud describe el aparato psíquico como aparato neuronal (Proyecto
de psicología,
1895), se ve llevado a suponer que la excitación, al desplazarse de una
neurona a otra, elige
preferentemente las vías ya utilizadas en experiencias anteriores. En ese
caso se dice que ha
habido facilitación. Este concepto sin duda ha perdido importancia, aunque
Freud lo retome en
1920, a partir de que se considera que el modelo neuronal tiene en sí mismo
un valor sobre todo
metafórico.
Facilitación
Facilitación
Al.: Bahmung.
Fr.: frayage.
Ing.: facilitation.
It.: facilitatione.
Por.: facilitação.
fuente(3)
Término utilizado por Freud cuando da un modelo neurológico del
funcionamiento del aparato
psíquico (1895): la excitación, para pasar de una neurona a otra,
debe vencer cierta resistencia;
cuando este paso implica una disminución permanente de esta resistencia,
se dice que hay
facilitación: la excitación escogerá la vía facilitada
con preferencia en la que no lo ha sido.
El concepto de facilitación ocupa un lugar central en la descripción
del funcionamiento del
«aparato neuronal» que dio Freud en su Proyecto de psicología científica
(Entwurf einer
Psychologie, 1895). Jones indica que este concepto desempeñaba un papel
importante en el
libro de Exner publicado un año antes, Proyecto de una explicación
fisiológica de los
fenómenos psíquicos (Entwurf zu einer physiologischen Erklärung
der psychischen
Erscheinungen, 1894). Sin haberlo abandonado, apenas lo usa en sus trabajos
metapsicológicos. Sin embargo, volvemos a encontrar el concepto de facilitación
cuando, en
Más allá del principio del placer (Jenseits des Lustprinzips,
1920), se ve inducido a utilizar de
nuevo un modelo fisiológico.
Fairbairn Ronald (1889-1964).
Médico y psicoanalista inglés
Fairbairn Ronald (1889-1964). Médico y psicoanalista inglés
Fairbairn Ronald
(1889-1964) Médico y psicoanalista inglés
fuente(4)
Nacido en Edimburgo, Ronald Fairbairri realizó estudios de teología
y filosofía, antes de
orientarse hacia la medicina y la psicoterapia. Clínico hospitalario, docente
en la universidad, se
consagró en tiempo completo al psicoanálisis a partir de 1954: era
el único miembro de la British
Pschoanalytical Society (BPS) que ejercía en aquella ciudad, y nunca fue
verdaderamente
reconocido por sus pares. Primero favorable a las tesis kleinianas, más
tarde se incorporó al
grupo de los Independientes. Teórico de la relación de objeto, elaboró
una posición original,
según la cual los objetos externos son transformados por los procesos inconscientes.
Como
clínico de la esquizofrenia y de la fobia, fue uno de los ardientes defensores
de la doctrina del
self, que él contribuyó considerablemente a desarrollar en los Estados
Unidos.
Fálica (mujer o madre)
Fálica (mujer o madre)
Fálica
(mujer o madre)
Al.: phallische (Frau o Mutter).
Fr.: phallique (femme o mère).
Ing.: phallic (woman o mother).
It.: fallica (donna o madre).
Por.: fálica (mulher o mãe).
fuente(5)
Mujer fantaseadamente provista de un falo. Esta Imagen puede adoptar dos formas
principales,
según que la mujer se encuentre representada, ya sea como portadora de
un falo externo o de
un atributo fálico, ya sea como conservando en su interior el falo masculino.
La imagen de mujeres provistas de un órgano sexual masculino se encuentra
frecuentemente en
psicoanálisis, en los sueños y en las fantasías.
Desde un punto de vista teórico, la imagen de la mujer fálica tiene
su fundamento en la
patentización progresiva de una «teoría sexual infantil» después
de una fase libidinal
propiamente dicha, en las cuales únicamente existiría para ambos
sexos un solo órgano sexual,
el falo (véase: Fase fálica).
Según Ruth Mack Brunswick, esta imago se formaría «[...] para asegurar
la posesión del pene
por la madre y, así, aparecería probablemente en el momento en que
el niño comienza a dudar de
que la madre lo posea efectivamente. Con anterioridad [...] parece más
que probable que el
órgano ejecutivo de la madre activa es el pecho; la idea del pene es luego
proyectada
retrospectivamente sobre la madre activa, una vez reconocida la importancia del
falo».
Desde un punto de vista clínico, Freud ha mostrado, por ejemplo, cómo
el fetichista encontraba
en su fetiche un substitutivo del falo materno cuya ausencia reniega.
En otra dirección, los psicoanalistas, siguiendo a F. Boehm, han puesto
de manifiesto,
especialmente en el análisis de los homosexuales masculinos, la fantasía
ansiógena según la
cual la madre habría retenido, dentro de su cuerpo, el falo recibido durante
el coito. Melanie Klein,
con la idea de la «imago de los padres acoplados», ha dado mayor extensión
a este fantasma.
Se observará que, en conjunto, el término «mujer fálica»
designa a la mujer que posee un falo y
no la imagen de la mujer o de la niña identificada con el falo.
Señalemos, por último, que la
expresión «mujer fálica» se utiliza a menudo, en sentido figurado,
para calificar a una mujer que
presenta rasgos de carácter supuestamente masculinos, por ejemplo una mujer
autoritaria, pero
esto sin que se sepa cuáles son exactamente los fantasmas subyacentes.
Fálico (estadio)
Fálico (estadio)
Fálico
(estadio)
fuente(6)
(fr. stade phallique; ingl. phallic stage; al. phallische Stufe). Fase
de la sexualidad infantil, entre
los 3 y los 6 años, en la que, en los dos sexos, las pulsiones se organizan
alrededor del falo.
Pero es verdad que el falo como significante tiene un papel determinante para
el sujeto desde el
principio de la vida, lo que puede hacernos vacilar en aislar un estadio fálico
especial. Véase
estadio.
Falo
fuente(7)
s. m. (fr. phallus; ingl. phallus; al. Phallus). Símbolo de la libido para
los dos sexos; significante
que designa el conjunto de los efectos del significante sobre el sujeto y, en
particular, la pérdida
ligada a la captura de la sexualidad en el lenguaje.
La noción de falo, central en la teoría psicoanalítica, marca
que el punto de impacto eficaz de la
interpretación, en una cura, es sexual. Al mismo tiempo, nos plantea cuestiones
de orden ético
sobre la sexualidad humana.
Historia del concepto. Este término, familiar para los etnólogos
y los historiadores de la
Antigüedad griega, remite al ritual religioso de los misterios, donde, al
parecer -ya que no hay
documentos directos sobre Eleusis en particular-, uno de los puntos culminantes
era el
develamiento de un simulacro del sexo masculino, prenda de potencia, de saber
y de fecundidad
para la tierra y los hombres. Se percibe por lo tanto la ambigüedad de este
término, que,
poniendo en imagen la turgencia del pene, hace de él o bien un símbolo
a venerar o bien un
símbolo capturado por la lógica del inconciente. Se ve además
la confusión a la que el término
puede dar lugar entre la sexualidad y la procreación, así como el
posible entrampamiento del
enigma de la relación entre hombre y mujer por la descripción antropológica
de la relación familiar
entre el padre y la madre.
Por la noción freudiana de complejo de Edipo y por su correlato, el complejo
de castración, la
prohibición del incesto sale de la descripción antropológica
y del mito trágico en tanto el falo
deviene objeto del deseo de la madre, prohibida para el niño. Freud sitúa
entonces la castración,
es decir, la manera en que está regulado el goce del ejercicio de la sexualidad,
como lo que liga
el sexo con la palabra, palabra amenazante, es verdad, pero cuya interdicción
estructura el
deseo, tanto en el varón como en la niña, en la que se hubiera podido
creer que la ausencia de
pene podía dispensarla de pagar el tributo simbólico a la sexualidad
para que esta se haga
humana.
La concepción freudiana del falo. Para Freud, el término falo,
que aparece bajo su pluma en
reiteradas oportunidades (a propósito de los símbolos fálicos
en el sueño, a propósito de la
organización de la fase fálica), sirve para afirmar el carácter
intrínsecamente sexual de la libido.
En esto se opone por ejemplo a la teoría de Jung, en la que el deseo está
ligado a fuerzas vitales
metafísicas y los mitos conservan su acento iniciático religioso.
El acento puesto en el adjetivo fálico corresponde a una posición
teórica esencial de parte de
Freud: la libido es fundamentalmente masculina, incluso para la niña, a
despecho de las
afirmaciones de discípulos de Freud como E. Jones o K. Horney. No se puede
decir «a cada uno
su libido o a cada uno su esencia»: el falo es una especie de operador de la disimetría
necesaria
para el deseo y el goce sexuales. ¿Engendra esta disimetría un discurso
en Freud? Veámoslo. El
falo está ligado a Eros, fuerza que tiende a la unión, mientras
que Tánatos desune, desorganiza.
Sin embargo, en Más allá del principio de placer (1920), Freud muestra
que la reproducción
sexuada implica la muerte del individuo; lo fálico, por lo tanto, no puede
ser un puro símbolo de la
vida. La complejidad de esta noción parece jugarse, en Freud, menos en
la irreductible diferencia
entre los sexos que en la oposición entre vida y muerte.
La primera aproximación lacaniana al falo. Sólo con J. Lacan el
falo se convierte verdaderamente
en un concepto fundamental de la teoría psicoanalítica. ¿De qué
se trata con el falo? De la
asunción de su sexo por el hombre. En el artículo «La significación
del falo» (1958), publicado en
los Escritos (1966), Lacan marca de entrada la postura simbólica del falo
en el inconciente y su
lugar en el orden del lenguaje: «Sólo sobre la base de los hechos clínicos
la discusión puede ser
fecunda. Estos demuestran una relación con el falo que se establece sin
consideración por la
diferencia anatómica de los sexos (...) El falo es un significante, un
significante cuya función en
la economía intrasubjetiva del análisis levanta quizás el
velo que mantenía en los misterios. Pues
es el significante destinado a designar en su conjunto los efectos de significado,
en tanto el
significante los condiciona por su presencia de significante». Es decir que Lacan
sitúa al falo en
el centro de la teoría psicoanalítica y hace de él el objeto
de la represión originaria freudiana. Así
debe entenderse la siguiente afirmación lacaniana: «El falo no puede desempeñar
su papel si no
es velado». Esto tiene consecuencias técnicas y clínicas. El develamiento
del falo está por lo
tanto en las antípodas de la interpretación psicoanalítica,
pero remite a una iniciación en un signo
último y siderante. Aunque, si es verdad que en última instancia
toda significación remite al falo,
no es como a una clave mágica de los sueños y los discursos, sino
tomando en cuenta la barra
que separa significante y significado, y que también divide al sujeto deseante
($)
[«de-siderante», si hacemos jugar sideración y deseo en cuanto a su origen:
de-siderare],
puesto que «el inconciente está estructurado como un lenguaje».
Esta elección teórica aclara a posterior¡ la diversidad de las concepciones
del falo de Freud y de
sus discípulos: «El falo, en la doctrina freudiana, no es ni un fantasma
(en el sentido de un
efecto imaginario) ni un objeto parcial (interno, bueno, malo) ni tampoco el órgano
real, pene o
clítoris» (Lacan, «La significación del falo»). La distinción
y la articulación entre las tres
dimensiones de lo real, lo simbólico y lo imaginario resuelven las contradicciones
de esta noción.
Lacan escribe además: «El falo es el significante privilegiado de esa marca
en que la parte del
logos se conjuga con el advenimiento del deseo. Se puede decir que este significante
es elegido
como lo más saliente de lo que se puede atrapar en lo real de la copulación
sexual, y también lo
más simbólico en el sentido literal (tipográfico) de este
término, puesto que equivale allí a la
cópula (lógica). Se puede decir también que es por su turgencia
la imagen del flujo vital en tanto
pasa por la generación».
Segunda aproximación combinatoria y topológica. Hacia 1972-73, el
concepto de falo hace en
Lacan un giro importante en el que resultan conjugadas dos problemáticas:
por un lado, una
combinatoria lógica en la que el falo deviene función fálica;
por otro lado, una topología, la del
nudo borromeo, en la que el término falo aparece, a propósito
del goce fálico, como lo que,
respecto de la consistencia del nudo, ex-siste, es decir, lo que se mantiene en
una distinción
radical.
La función fálica. En el seminario Aún, el falo queda situado
dentro de una algebrización que
radicaliza la asimetría de la diferencia sexual: «No hay relación
sexual inscribible corno tal». No
se puede escribir x R y para dar cuenta de la relación entre
los sexos. Pensar el falo en términos
de «función» fálica permite entonces inscribir precisamente este
hiato entre hombre y mujer.
Véase matema.
Lacan se separa de una esencia o naturaleza, masculina o femenina, pues «sea lo
que fuere del
ser hablante, este se inscribe de un lado o del otro». Lo que permite pensar de
otro modo ciertos
problemas clínicos, como el de la histeria masculina.
Es lo que se llama la función del padre, de donde procede, por negación,
la proposición Fx,
lo
que funda el ejercicio de aquello que suple por medio de la castración
la relación sexual, en tanto
esta no es inscribible de ninguna manera. El todo reposa por lo tanto aquí
en la excepción
planteada como término por el cual este ?? es negado integralmente». Del
lado derecho, lado del
ser hablante, en tanto puede inscribirse del lado mujer, se puede decir lo siguiente:
«Por ser
radicalmente Otra en la relación sexual, respecto de lo que puede decirse
del inconciente, la
mujer es la que tiene relación con ese Otro». La mujer por lo tanto no
es [o está] toda en el goce
fálico. Lo que hace que el que se inscribe del lado varón no alcance
a «su compañía sexual que
es el Otro» sino a través del fantasma $ à
a, es decir, de la relación que mantiene el sujeto
dividido con el objeto causa del deseo.
Esta combinatoria de cuatro fórmulas proposicionales marca el hiato entre
los sexos e intenta
ordenar el texto del goce entre el universal y la excepción, cuando se
trata de un campo finito,
por una parte, y, por otra parte, cuando se trata de un campo infinito (a la derecha),
marca el
tironeo entre las dos proposiciones cuya relación no puede resolverse en
términos de
contradicción.
Esta radical imposibilidad de escribir la relación sexual como tal, la
necesidad, por lo tanto, de
pasar por la función fálica, hace oír la palabra falo
entre fallar [faillir] y hacer falta [falloir]: entre
lo que hace defecto y lo que hace falta [doble sentido de necesitar y faltar,
a lo que se agrega
que faillir evoca no sólo la falla, sino también un «por poco»:
il a failli tomber = por poco se cae,
relación que acota la falla en un margen, en un borde]. No hay por lo tanto
en Lacan, como sí en
cambio este lo denuncia en Freud en el seminario R.S.I., «prosternación
ante el goce fálico». Si
«hay Uno», no es el falo, en tanto signo del Eros, el que marcaría la posibilidad
de una comunión;
si hay uno, este uno entra en el cálculo lógico en el que la función
fálica opera. Esto marca muy
bien cómo el falo, este significante del goce sexual, no nos remite a ningún
dominio, a pesar de
su brillo imaginario, sino al agujero que representa la imposibilidad de marcar
con un «uno» la
relación sexual. La función fálica permite de igual modo
situar el Nombre-del-Padre como la
excepción fundante de lo que regula, con relación al falo, el ser
o no ser, el tener o no tener. Se
observa que este lazo entre el falo y la función paterna fundante de la
ley que rige el goce, en
lugar de confundir sexualidad y generación, las distingue claramente una
de otra.
Esta combinatoria, en fin, permite no tomar más al objeto fálico
confundiendo sus situaciones
imaginaria y simbólica. A la afirmación de M. Klein de que la madre
«contiene» el falo, Lacan
responde, radicalizando la cuestión: «Que el falo sea un significante impone
que el sujeto tenga
acceso a él en el lugar del Otro». A lo imaginario del continente, del
poseedor que podría pensar
que lo da o lo trasmite como un objeto, Lacan lo remplaza por la idea topológica
del lugar del Otro.
El falo en el nudo borromeo. El segundo aspecto del giro iniciado alrededor
de 1972-73 en la
posición teórica del falo concierne a la topología del nudo
borromeo. Este nudo tiene la
particularidad de anudar tres redondeles de hilo sin anudarlos dos a dos: si un
redondel se
rompe, se rompe el nudo. Cada redondel es equivalente a los otros, y si respectivamente
representan lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico, esto quiere decir que
estas tres dimensiones
son de igual importancia para el abordaje de las cuestiones teóricas y
clínicas. También quiere
decir, si el nudo es representado rebatido, que todo lo que queda entonces distribuido
en
diferentes superficies tiene bordes que pertenecen a los tres diferentes redondeles.
Esto obliga a pensar lo Real lo Imaginario y lo Simbólico en términos
de agujeros y no de
sustancias. E impide igualmente restaurar a su respecto alguna jerarquía
o génesis.
En la última parte de la obra de Lacan, el falo es situado como «ex-sistencia»;
se trata de
ubicarlo en la separación entre el redondel de lo Real y el de lo Simbólico,
en el límite del goce
fálico que, en los bordes del objeto a, se articula con el goce
del Otro y el sentido. El falo es por
lo tanto una noción central para el psicoanálisis, a condición
de articular y de entender sus tres
dimensiones en un abordaje a la vez lógico y topológico que, de
modos diferentes, pero no
contrarios, permita no hacer de él una sustancia, mágica, religiosa
o metafísica. Significante del
goce sexual, es el punto en el que se articulan las diferencias en la relación
con el cuerpo, con
el objeto y con el lenguaje. Véase matema.
Falo
Falo
Al.: Phallus.
Fr.: phallus.
Ing.: phallus.
It.: fallo.
Por.: falo.
fuente(8)
En la antigüedad grecorromana, representación figurada del órgano
masculino. En psicoanálisis,
el empleo de este término hace resaltar la función simbólica
cumplida por el pene en la dialéctica
intra e intersubjetiva, quedando reservado el nombre «pene» para designar más
bien el órgano
en su realidad anatómica.
Sólo en algunas ocasiones encontramos el término «falo» en los escritos
de Freud. En
compensación, en su forma adjetiva, lo hallamos en diversas expresiones,
principalmente la de
«fase fálica». En la literatura psicoanalítica contemporánea
se constata un empleo cada vez más
diferenciado de los términos «pene» y «falo», utilizándose el primero
para designar el órgano
masculino en su realidad corporal, mientras que el segundo hace resaltar el valor
simbólico del
mismo.
La organización fálica, que fue reconocida progresivamente por Freud
como fase de evolución
de la libido en ambos sexos, ocupa un lugar central, en la medida en que es correlativa
del
complejo de castración e impone el planteamiento y resolución del
complejo de Edipo. La
alternativa que se ofrece al sujeto en esta fase consta de estos dos términos:
tener el falo o
estar castrado. Se observa que aquí la oposición no es entre dos
términos que designen dos
realidades anatómicas, como son el pene y la vagina, sino entre la presencia
o la ausencia de un
solo término. Esta primacía del falo para los dos sexos es correlativa,
para Freud, al hecho de
que la niña ignoraría la existencia de la vagina. Aunque el complejo
de castración adopte
diferentes modalidades en el niño y en la niña, en ambos casos continúa
centrado alrededor del
único falo, el cual es concebido como separable del cuerpo. En esta perspectiva,
el artículo
Sobre las transposiciones de la pulsión y especialmente del erotismo
anal (Über
Triebumsetzungen, insbesondere der Analerotik, 1917 viene a mostrar cómo
el órgano
masculino se inscribe en una serie de términos substituibles unos por otros
en «ecuaciones
simbólicas» (pene = heces = niño = regalo, etc.), términos
que tienen en común la propiedad de
ser separables del sujeto y susceptibles de poder circular de una persona a otra.
Para Freud, el órgano masculino no es solamente una realidad que puede
encontrarse como la
referencia última de toda una serie. La teoría del complejo de castración
atribuye al órgano
masculino un papel preponderante, esta vez como símbolo, en la medida en
que su ausencia o
su presencia transforma una diferencia anatómica en un criterio fundamental
de clasificación de
los seres humanos, y también en la medida en que, para cada sujeto, esta
presencia o ausencia
no es algo obvio, no es reductible a un puro y simple dato, sino que es el resultado
problemático
de un proceso intra e intersubjetivo (asunción por el sujeto de su propio
sexo). Es sin duda en
función de este valor de símbolo que Freud y, en forma más
sistemática, el psicoanálisis
contemporáneo, habla de falo; se hace entonces referencia, de un modo más
o menos explícito,
al uso de este término en la Antigüedad, donde designaba la representación
figurada, pintada,
esculpida, etc., del órgano viril, objeto de veneración que desempeñaba
un papel central en las
ceremonias de iniciación (Misterios). «En aquella lejana época,
el falo en erección simbolizaba la
potencia soberana, la virilidad trascendente, mágica o sobrenatural y no
la variedad puramente
priápica del poder masculino, la esperanza de la resurrección y
la fuerza que puede producirla,
el principio luminoso que no tolera sombras ni multiplicidad y mantiene la unidad
que eternamente
mana del ser. Los dioses itifálicos Hermes y Osiris encarnan esta inspiración
esencial».
¿Qué debe entenderse aquí por «valor de símbolo»? No es posible
asignar al símbolo falo una
significación alegórica determinada, por muy amplia que sea (fecundidad,
potencia, autoridad,
etc.). Tampoco puede reducirse lo que simboliza al órgano masculino o pene,
tomado en su
realidad corporal. En suma, tanto o más que un símbolo (en el sentido
de una representación
figurada y esquemática del órgano viril), el falo se encuentra como
significación, como lo que
está simbolizado en las más diversas representaciones; Freud ya
indicó, en su teoría del
simbolismo, que se trataba de uno de los símbolos universales; creyó
encontrar, como tertium
comparationis entre el órgano viril y lo que lo representa, el rasgo
común de ser una cosa
pequeña (das Kleine). Pero, en esta misma línea, cabe pensar
que lo que caracteriza el falo y se
encuentra también en sus diversas metamorfosis figuradas, es el hecho de
ser un objeto
separable, transformable (y, en este sentido, un objeto parcial). El hecho, advertido
por Freud
desde La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung, 1900)
y ampliamente confirmado por
la investigación analítica, de que el sujeto como persona total
pueda ser identificado al falo, no
invalida la idea precedente: es en aquel momento cuando una persona misma es asimilada
a un
objeto capaz de ser visto, exhibido, e incluso de circular, de ser dado y recibido.
Freud
demostró, especialmente en el caso de la sexualidad femenina, cómo
el deseo de recibir el falo
del padre se transforma en deseo de tener un niño de él. Por lo
demás, en relación con este
ejemplo, cabría preguntarse si está justificado establecer, en la
terminología psicoanalítica, una
distinción radical entre pene y falo. El término Penisneid (véase:
Envidia del pene) encierra una
ambigüedad que quizá sea fecunda y que no es posible suprimir mediante
una distinción
esquemática entre, por ejemplo, el deseo de gozar del pene real del hombre
en el coito y el
deseo de tener el falo (como símbolo de virilidad).
En Francia, J. Lacan ha intentado volver a centrar la teoría psicoanalítica
en torno a la noción de
falo como «significante del deseo». El complejo de Edipo, tal como ha sido reformulado
por este
autor, consiste en una dialéctica en la que las principales alternativas
son: ser o no ser el falo,
tenerlo o no tenerlo, y cuyos tres tiempos están centrados en el lugar
que ocupa el falo en el
deseo de los tres protagonistas.
Falo
Falo
fuente(9)
Si la teoría psicoanalítica no formuló antes de 1923 la «primacía
del falo» como corolario de la
castración, la aparición del símbolo fálico en la
prehistoria del pensamiento freudiano atestigua
ya su presencia, en dependencia de la tradición antigua, En efecto, en
1880 el tío político de
Freud, Jakob Bernays, al reconstruir la parte perdida de la Poética de
Aristóteles acerca del tema
de la catarsis, exhumó algunos textos cuya influencia sobre el desarrollo
de la cura catártica no
ofrece dudas. Restituyamos sobre todo a esta perspectiva la interpretación
de Jámblico, que
Bernays no deja de subrayar, acerca de la aparición, en los misterios,
de la referencia fálica.
«Ésta será nuestra justificación genérica del culto
sin mácula: vincula íntimamente los otros
seres a aquellos que valen más que nosotros, y se dirige puro a los puros,
exento de pasión a
los seres exentos de pasión. Para entrar en detalles, decimos que la erección
de imágenes
fálicas es un símbolo del poder generador, que creemos, es llamado
a fecundar el mundo; por
ello la mayor parte de estas imágenes se consagran en primavera, precisamente
cuando el
conjunto del universo recibe de los dioses la generación de todo lo creado.
Y, a mi juicio, las
"palabras obscenas" tienen la función de expresar la carencia de belleza
que marca la materia y
la indecencia anterior de lo que va a ser puesto en orden; estos seres, que tienen
necesidad de
ser ordenados, aspiran a ello tanto más cuanto más condenan su propia
inconveniencia. De
nuevo persiguen entonces las causas de las formas ideales y de lo bello cuando
enseñan lo
obsceno por la expresión de obscenidades; descartan la práctica
de estas últimas, pero las
hacen conocer por el discurso, e invierten sus deseos en sentido contrario.»
La concepción del simbolismo y su función desarrollada en estas
líneas nos lleva directamente al
análisis de la catarsis, extensamente comentada por Bernays. Este tema,
continúa Jámblico
después de haber evocado el «culto sin mácula» con el ejemplo de
la representación fálica, este
tema supone un razonamiento del mismo tipo. Cuando la potencia de las pasiones
humanas que
hay en nosotros es contenida por todas partes, ellas se vuelven más fuertes;
en cambio, si se
las ejerce en una actividad breve y dentro de ciertos límites, gozan moderadamente
y se
satisfacen, después de lo cual, purificadas, se apaciguan por persuasión
y sin violencia. Por
ello, al contemplar en la comedia y la tragedia las pasiones del prójimo,
estabilizamos las
nuestras, las moderamos y las purificamos, y en el curso de los ritos, por la
visión y la audición
de obscenidades nos liberamos del mal que nos causarían si las practicáramos.
«Por lo tanto, uno se entrega a estas acciones para curar su alma, para moderar
los males
ligados a ella por el hecho de la generación, para liberarla y desembarazarla
de sus ataduras.
Por eso Heráclito las llama con toda razón "remedios", como que
remedian los peligros y
sustraen las almas a las desdichas de la generación.»
Retrospectiva freudiana
Habrá entonces que seguir el encaminamiento
por el cual la clínica surgida, después de 1895, de
la cura catártica unió ese legado de la antigüedad a la investigación
inaugurada por Breuer. Para
ello contaremos con la ayuda preciosa de la breve retrospectiva que el propio
Freud aportó en
1923, en el artículo «La organización genital infantil».
«Los lectores de mis Tres ensayos de teoría sexual saben bien que ninguna
de las ediciones
posteriores de ese trabajo constituye una refundición total de la primera,
sino que conservé el
primer ordenamiento y tuve en cuenta los progresos de nuestros conocimientos interpolando
pasajes y modificando el texto. En esta tarea es posible que a menudo lo antiguo
y lo nuevo no
queden bien fusionados en una unidad exenta de contradicciones. Al principio,
en efecto, el
acento caía sobre la diferencia fundamental entre la vida sexual de los
niños y la de los adultos;
más tarde pasaron al primer plano las organizaciones pregenitales de la
libido y, hecho
sorprendente y cargado de consecuencias, la instauración bifásica
del desarrollo sexual.
Finalmente, lo que retuvo nuestro interés fue la investigación sexual
infantil y, a partir de ella, se
ha podido descubrir hasta qué punto el desenlace de la sexualidad infantil-
(más o menos a los
cinco años) se asemeja a la forma acabada de la sexualidad en el adulto.
Allí quedamos en la
última edición de los Tres ensayos de teoría sexual (1922).»
En esta edición indico que «muy a menudo, o de una manera regular, en la
infancia se realiza ya
una elección del tipo de la que nosotros presentamos como característica
de la fase puberal del
desarrollo». No obstante, «ahora ya no me satisface la proposición de que
la primacía de los
órganos genitales en la primera infancia sólo se efectuaría
de una manera muy imperfecta o
faltaría por completo».
Primera etapa, entonces, la diferencia fundamental entre la vida sexual de los
niños y la de los
adultos. Se nos remite a los Tres ensayos en su primera edición de 1905.
«La succión nos ha
permitido conocer los tres caracteres esenciales de la sexualidad infantil; no
conoce ningún
objeto sexual, es autoerótica y su meta está determinada por el
dominio de una zona erógena.
Digamos, anticipándonos, que estas características vuelven a encontrarse
en la mayor paj-te de
las manifestaciones de la sexualidad en el niño.»
Segunda etapa: «organizaciones pregenitales» e «instauración bifásica
del desarrollo sexual».
En este caso se nos remite al artículo de 1913 titulado «La predisposición
a la neurosis
obsesiva». «El contenido de su neurosis -escribe Freud, a propósito de
una paciente- consistía
en una penosa obsesión de limpieza y en medidas preventivas muy enérgicas
contra los graves
daños con que su propia imaginaria maldad amenazaba a los demás,
es decir, en formaciones
reactivas contra las mociones erótico-anales y sádicas. Su necesidad
sexual tenía que
exteriorizarse de esas maneras después de la completa desvalorización
sufrida por su vida
genital, en razón de la impotencia de su irremplazable marido. Con este
punto se vincula el
embrión de teoría al que he dado forma hace muy poco tiempo, y que
naturalmente sólo en
apariencia se basa en esta única observación; en realidad, concentra
un gran número de
impresiones más antiguas, pero cuyo sentido sólo pude penetrar después
de esta última
experiencia. Me dije que faltaba intercalar un elemento nuevo en mi esquema del
desarrollo de la
función libidinal. Al principio sólo había distinguido dos
fases: la del autoerotismo, en la cual las
pulsiones parciales separadas unas de otras buscan cada cual para sí su
satisfacción en el
cuerpo propio; a continuación, la de la concentración de todas las
pulsiones parciales para la
elección de objeto, realizada bajo la primacía de los órganos
genitales, al servicio de la
reproducción.
«Se sabe que el análisis de las parafrenias nos ha obligado a interpolar
entre estas fases el
estadio del narcisismo, en el cual la elección de objeto ya ha tenido lugar,
pero el objeto coincide
todavía con el propio yo. Y ahora reconocemos la necesidad de admitir un
estadio ulterior,
ubicado antes de la configuración final, en el cual las pulsiones parciales
están ya concentradas
en una elección de objeto, y el objeto ya enfrenta a la propia persona
como a una persona
extraña, pero en el cual la primacía de las zonas genitales no está
aún instaurada; las pulsiones
parciales que dominan esta organizacion pregenital de la vida sexual son más
bien las
erótico-anales y sádicas.»
Tercera etapa: investigación sexual que indica una semejanza con la sexualidad
adulta. Se nos
remite a la edición de 1915 de los Tres ensayos, y a los dos añadidos
introducidos en el
segundo ensayo sobre la «sexualidad infantil», como capítulos 5 («La investigación
sexual
infantil») y 6 («Fases de desarrollo de la organización sexual»). El capítulo
5 se refiere: 1) a «la
pulsión de saber»: su acción corresponde por una parte a una sublimación
de la tendencia de
dominio (Bemachügung), y por otro lado utiliza como energía el deseo
de ver; 2) al enigma de la
esfinge: «los niños no ponen en duda que todas las personas que conocen
tienen un órgano
genital semejante al de ellos; no les resulta posible conciliar la ausencia de
este órgano con la
idea que se forman del prójimo»; 3) al complejo de castración y
la envidia del pene: «los
varoncitos mantienen con tenacidad esta convicción, y sólo suelen
abandonarla después de
haber pasado por graves luchas interiores (complejo de castración) ...
en cambio, la niñita no
crea teoría alguna al descubrir la existencia de un sexo diferente del
suyo... sucumbe a la
envidia del pene que la lleva al deseo, tan importante más tarde, de ser
también ella un varón»; 4)
a las teorías sobre el nacimiento, la concepción sádica de
las relaciones sexuales y el fracaso
típico de las investigaciones sexuales del niño.
El capítulo 6 trata en particular sobre las fases del desarrollo de la
organización sexual:
«Llamamos pregenitales a las organizaciones de la vida sexual en las que las zonas
genitales no
han impuesto aún su primacía. Hasta ahora conocemos dos, que sugieren
un retorno a las
formas primitivas de la vida animal: la organización oral o caníbal
y la organización sádico-anal».
«En esta última -subraya entonces Freud- se encuentra ya la polaridad sexual
(actividad-pasividad) y la existencia de un objeto erótico exterior. Lo
que falta aún es la
organización y el sometimiento de las pulsiones parciales a la función
de procreación.»
Y Freud añade: «Muy a menudo (podría decirse siempre) se realiza
ya en la infancia la elección
de un objeto sexual (elección que hemos definido como característica
de la pubertad), de
manera que todas las tendencias sexuales convergen hacia una sola persona y buscan
en ella
su satisfacción. Así se realiza en los años de la infancia
la forma de sexualidad que más se
asemeja a la forma definitiva de la vida sexual. La diferencia entre estas organizaciones
y el
estado definitivo se reduce al hecho de que en el niño no se produce la
síntesis de las pulsiones
parciales, ni su sumisión completa a la primacía de la zona genital.
Sólo la última fase del
desarrollo sexual conducirá a la afirmación de esta primacía».
Primacía del falo
Ésta es precisamente la formulación
de la que Freud, en 1923, dirá que ya no puede satisfacerlo.
Lejos de que «la primacía de los órganos genitales sólo se
efectúe en la primera infancia de una
manera muy imperfecta o falte por completo», la vida sexual del niño «se
aproxima a la del adulto
en una medida mucho mayor, y esto no tiene que ver sólo con la realización
de una elección de
objeto. Incluso si no se llega a una verdadera síntesis de las pulsiones
parciales bajo la primacía
de los órganos genítales, en la culminación del desarrollo
de la sexualidad infantil el interés por
los órganos genitales y la actividad genital adquiere sin embargo una importancia
dominante que
sólo va en poco a la zaga de la que es propia de la madurez. La característica
principal de esta
"organización genital infantil" es al mismo tiempo lo que la diferencia
de la organización genital
definitiva del adulto. Reside en que, para los dos sexos, sólo desempeña
un papel un único
órgano genital, el masculino. No existe por lo tanto una primacía
genital, sino una primacía del
falo».
Así, cuando el varón es confrontado con la diferencia de los sexos,
percibe la ausencia de un
órgano «genital»; Freud subraya que es imposible «apreciar en su justo
valor la significación del
complejo de castración a menos que se tenga en cuenta que sobreviene en
la fase de la
primacía del falo».
Freud precisa además que se ha observado, con razón, «que el niño
adquiere la representación
de un daño narcisista por pérdida corporal a partir de la pérdida
del pecho materno después del
destete, a partir de la entrega cotidiana de las heces, e incluso desde el nacimiento,
a partir de la
separación respecto del cuerpo de la madre. No obstante, no se debería
hablar de complejo de
castración más que a partir del momento en que esta representación
de una pérdida se vincula
con el órgano genital masculino».
Lo que aporta la fase fálica es entonces la referencia del goce al objeto
originariamente
narcisista, objeto no obstante proscripto en tanto que incestuoso, y cuyo abandono
bajo la
amenaza de castracion consagrará la renuncia a ese goce, cuya promesa vehiculizaba
el
órgano fálico.
De este modo el falo podrá ser considerado desde dos puntos de vista.
Por un lado, en la prolongación de la actividad de la cual Freud extraía
el argumento para poner
en evidencia la genitalidad infantil. Es cierto que en un primer momento esta
orientación hacia el
objeto no surge del registro fálico. Pero la fase fálica sólo
se alcanza bajo la hipoteca de la
amenaza de castración. Podemos entonces preguntarnos si este lazo esencial
de las dos
nociones, falo-castración, no tiene que ser comprendido en la perspectiva
de la actividad que
Freud colocó bajo la égida de «la investigación» infantil.
Por otra parte, se considerará el falo desde el punto de vista del goce,
que es el objetivo de todo
este desarrollo. Pues Freud insiste en esto. Si hay amenaza de castración,
es en razón del
privilegio del órgano del que se trata, ya investido por una experiencia
anterior a la orientación
hacia el objeto -como si el placer autoerótico hubiera llevado la promesa
de un placer más
intenso-
Por razones a la vez históricas y dialécticas (que no carecen de
relación con el fondo de las
cosas) la elaboración realizada por Lacan del tema del falo se presentará
en la prolongación de
este doble linaje conceptual: en un primer momento, en su especificidad en tanto
que significante
ambiguo y, en un segundo tiempo, en tanto que representante de la carencia de
goce
característica del sujeto, en su relación con lo real.
La significación del falo
El «interés» de Juanito o, de manera general,
la parte reservada por los Tres ensayos a «la
investigación» en la formación del dominio fálico, nos introduce
directamente en la presentación
condensada de la función del falo, propuesta en 1958 por Lacan.
«En la doctrina freudiana, el falo no es una fantasía, si por fantasía
hay que entender un efecto
imaginario. Tampoco es ya como tal un objeto (parcial, interno, bueno, malo, etc.),
en cuanto este
término tiende a apreciar en una relación la realidad de la que
se trata. Menos aún es el órgano,
pene o clítoris, que simboliza. Y no sin razón Freud ha tomado su
referencia del simulacro que
era para los antiguos.
«Pues el falo es un significante, un significante cuya función en la economía
intrasubjetiva del
análisis levanta quizás el velo de la que tenía en los misterios.
Pues es el significante destinado a
designar en su conjunto los efectos de significado, en tanto que el significante
los condiciona
por su presencia de significante.»
Dos años más tarde, la renovación correspondiente al aporte
lingüístico de Jakobson es
doblemente atestiguada por la conferencia «Subversión del sujeto y dialéctica
del deseo en el
inconsciente freudiano».
En primer lugar, por la referencia al shifter: «Una vez reconocida en el inconsciente
la estructura
del lenguaje», ¿qué tipo de sujeto podemos concebirle? Con cuidado por
el método, podemos
aquí intentar partir de la definición estrictamente lingüística
del yo [je] como significante: en ella no
es nada más que el shifter o indicativo que designa en el sujeto del enunciado
al sujeto en tanto
que habla actualmente. Es decir que designa al sujeto de la enunciación,
pero no lo significa.
Como es evidente por el hecho de que todo significante del sujeto de la enunciación
puede faltar
en el enunciado, además de que los hay que difieren del yo [e], y no sólo
lo que se llama
insuficientemente los casos de la primera persona del singular, aunque se sumara
su alojamiento
en la invocación plural, incluso en el sí-mismo de la autosugestión».
Lo que en el enunciado designa al sujeto en tanto que habla actualmente, ¿tiene
entonces un
fiador en el seno del tesoro del significante? Este garante emanaría del
Otro al que dirijo mi
demanda; allí inspiraría la garantía de que mi demanda es
recibida. Ahora bien, precisamente no
se me puede dar esta garantía, porque «no hay Otro del Otro». El Otro es
el lugar de mi palabra,
pero allí se detiene su poder»; no encuentro allí ninguna seguridad
de la alteridad del destinatario
de mi mensaje, ninguna segur¡ -dad de que la satisfacción de mi demanda
me será efectivamente
destinada desde el lugar al cual yo la dirijo.
Tal será, en el registro del significante, la significación del
falo, indisociable de esta carencia de
significante, que se escribe S de A tachado. En otras palabras, es indisociable
de la castración.
Pues la castración equivale al derrumbe de toda seguridad de obtener mi
goce del Otro en tanto
que Otro; en otras palabras, equivale a «la reducción de mi goce al autoerotismo».
«Aquello a lo que hay que atenerse es que el goce está interdicto a quien
habla como tal, o
incluso que no puede ser dicho más que entre líneas por cualquiera
que sea sujeto de la ley,
puesto que la ley se funda precisamente en esta interdicción.» Ahora bien,
«la sola indicación de
este goce en su infinitud lleva consigo la marca de su interdicción y,
por constituir esta marca,
implica un sacrificio: el que encierra en un solo y mismo acto con la elección
de su símbolo, el
falo.
»Esta elección es permitida porque el falo, es decir, la imagen del pene,
es negatividad en su
lugar en la imagen especular. Esto es lo que predestina al falo a dar cuerpo al
goce en la
dialéctica del deseo. Es preciso por lo tanto distinguir, respecto del
principio del sacrificio, que es
simbólico, la función imaginaria que se consagra a él, pero
que lo vela al mismo tiempo que le da
su instrumento.
»Es así como el órgano eréctil viene a simbolizar el lugar
del goce, no en tanto él mismo, ni
siquiera en tanto que imagen, sino en tanto que parte que le falta a la imagen
deseada: por ello
es igualable al (RAIZ DE -1) de la significación producida supra, del goce
al que él restituye por el
coeficiente de su enunciado a la función de falta de significante (-1).
»Si le es dado anudar de tal modo la interdicción del goce, no es sin embargo
por estas razones
de forma, sino que su rebasamiento significa lo que reduce todo goce codiciado
a la brevedad
del autoerotismo.»
En definitiva, se advierte que Lacan extiende el dominio fálico mucho más
allá de los límites que
sugiere.
Como habrá de decirlo en 1971-1972, en «El saber del psicoanalista», «La
significación del falo
es el único caso de genitivo plenamente equilibrado. Esto quiere decir
que el falo es lo que les
explicaba Jakobson, el falo es la significación, es aquello por lo cual
el lenguaje significa; no hay
más que una sola Bedeutung, el falo».
Falo
Falo
Alemán: Mallus.
Francés: Phallus.
Inglés: Millus.
fuente(10)
Para designar el órgano genital masculino se emplean diversas palabras.
El vocablo pene se
reserva al miembro real; falo, derivado del latín, designa más bien
el órgano en el sentido
simbólico, mientras que se llama itifálico (del griego ithus,
recto) el culto al falo como símbolo del
órgano masculino en erección. Investidos de un poder soberano, tanto
en la celebración de los
misterios antiguos como en diversas religiones paganas y orientales, los dioses
itifálicos y el falo
fueron rechazados por la religión monoteísta, según la cual
ellos remitían a una época bárbara
de la humanidad, caracterizada por prácticas orgiásticas.
Sumamente reivindicado por Sade en el Siglo de las Luces, en una impugnación
radical del
cristianismo, y por Nietzsche cien años más tarde, el falo, para
las sectas del período moderno,
como intentó demostrarlo Hermann Rorschach, se convertirá en el
instrumento de una verdadera
sujeción de los miembros de la comunidad, obligados a obedecer los mandatos
sexuales del gurú
e idolatrar su órgano. En la historia del psicoanálisis, todas las
psicoterapias de tipo orgástico se
desarrollaron en nombre de un culto biológico y sexológico al órgano
masculino.
El término falo fue empleado muy pocas veces por Sigmund Freud, a propósito
del fetichismo o la
renegación, y a menudo como sinónimo de pene. En cambio, el adjetivo
fálico ocupa un lugar
importante en la teoría freudiana de la libido única (de esencia
masculina), en la doctrina de la
sexualidad femenina y de la diferencia de los sexos y, finalmente, en la concepción
de los
diferentes estadios (oral, anal, fálico, genital). El falocentrismo freudiano
fue objeto de una amplia
discusión, tanto en el interior del movimiento psicoanalítico (donde
Melanie Klein, Ernest Jones y
la escuela inglesa cuestionaron el monismo sexual, en favor del dualismo) como
entre las
feministas, que vieron en esta doctrina la expresión de un "falocratismo"
o un "falogocentrismo".
Fue Jacques Lacan, nietzcheano de cultura católica, admirador de Sade y
amigo de Georges
Bataille (1897-1962), quien reactualizó la palabra falo en la más
pura tradición de un
antieristianismo nutrido en el amor místico y la filosofía platónica.
Muy diferente en este sentido a
Freud y los kleinianos, Lacan se distancia todo lo posible de la concepción
biológica de la
sexualidad, interesándose más por la perversión que por la
neurosis, más por el goce que por el
placer, más por el deseo que por la necesidad, más por el objeto
(pequeño) a que por la pulsión.
Fascinado por todas las formas de transgresión, pero habitado por la certidumbre
de que el falo
es un atributo divino inaccesible al hombre, y no el órgano del placer
o de la supremacía viril,
Lacan, a partir de julio de 1956, hizo de él el significante mismo del
deseo, aplicándole una
mayúscula y evocándolo primero como el "faloimaginario", después
como el "falo de la madre",
antes de pasar finalmente a la idea del "falo simbólico". De tal modo revisó
la teoría freudiana de
los estadios, de la sexualidad femenina y de la diferencia de los sexos, mostrando
que el
complejo de Edipo o de castración consiste en una dialéctica "hamletiana"
del ser: ser o no ser el
falo, tenerlo o no tenerlo.
Falocentrismo
Alemán: Phallocentrisnius.
Francés: Phallocentrisme.
Inglés: Phallocentrism.
fuente(11)
Este término, creado en 1927, pertenece al vocabulario freudiano y se basa
en la tradición
grecolatina, en la cual las diversas representaciones figuradas del órgano
masculino estaban
organizadas en un sistema simbólico. Remite a la teoría freudiana
de la sexualidad femenina y la
diferencia de los sexos, y designa la doctrina monista de que en el inconsciente
sólo existiría un
tipo de libido, de esencia masculina. Esta doctrina fue criticada por Melanie
Klein, Ernest Jones y
la escuela inglesa de psicoanálisis, que le opusieron una teoría
dualista de la diferencia de los
sexos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo del movimiento
feminista, la palabra
falocentrismo adquirió una significación peyorativa, en tanto se
la asimiló a una doctrina
relacionada con la "falocracia", es decir, un modo de poder sexista basado en
la desigualdad y
la dominación de las mujeres por los hombres.
En 1965, el filósofo francés Jacques Derrida forjó el término
falogocentrismo, a partir de
falocentrismo y logocentrismo, para designar la primacía atribuida por
la filosofía occidental al
logos platónico y a la simbólica del falo. El término fue
retomado en 1974 por la psicoanalista
francesa Lucy Irigaray, en el marco de una teoría diferencialista de la
sexualidad femenina. Más
tarde hizo carrera en los Estados Unidos, entre las feministas antifreudianas.
Fanon Frantz (1925-1961). Escritor y
psiquiatra francés
Fanon Frantz (1925-1961). Escritor y psiquiatra francés
Fanon Frantz
(1925-1961) Escritor y psiquiatra francés
fuente(12)
Héroe de la lucha antinazi y figura de vanguardia del combate contra el
colonialismo, Frantz
Fanon nació en Fort-de-France, Martinica, en un ambiente acomodado. Su
madre era de origen
alsaciano, lo que explica la elección de su nombre, y el padre trabajaba
para la administración
colonial. Hijo ¡legítimo de una pareja mixta (sang mêlé) fue
además marcado por el hecho de que
era el más negro de los ocho hijos de la familia. Ser el más negro
-dirá más tarde- es "ser el
menos blanco". No sorprenderá que durante toda su vida lo haya obsesionado
la cuestión de lo
blanco y lo negro.
Entre 1939 y 1943 estudió en el Liceo Scheelcher donde enseñaba
Aimé Césaire. Después,
hostil a la política del mariscal Pétain, marchó a la Dominica,
para unirse a las Fuerzas Francesas
Libres del Caribe. En 1944, a los 19 años, combatió en el frente
europeo, y descubrió, en las filas
del ejército de liberación, que la Francia resistente no era menos
racista que la Francia petainista
y antisemita. Después de ser enviado a Argelia fue condecorado con la cruz
de guerra por el
general Raoul Salan, comandante en jefe del sexto regimiento de tiradores senegaleses.
En 1947, gracias a una beca estatal, se inscribió en la facultad de medicina
de Lyon, y se
especializó en psiquiatría. Emprendió entonces la redacción
de su tesis, Peau noire, masques
blancs, publicada en 1952, año en que se encontraba en el Hospital
de Saint-Alban. Allí, formado
por François Tosquelles, se inscribió en la gran corriente de la
psiquiatría institucional, nacida en
Francia con la lucha antinazi. Antifreudiano, se negó a analizarse y, en
diciembre de 1953, fue
nombrado médico jefe del Hospital de Blida, en Argelia, donde pasó
tres años atendiendo a
enfermos mentales en el contexto de la guerra de liberación nacional.
Peau noire, masques blanes era una respuesta a Psychologie de la colonisation,
obra del
psicoanalista francés Octave Mannoni publicada en 1950. Aunque juzgaba
"sincera" la
argumentación de su adversario, Fanon le reprochó que psicologizara
la situación colonial y
redujera los conflictos entre el hombre blanco y el hombre negro a un juego sofisticado
que
llevaba a mantener al colonizado bajo la dependencia del colonizador.
La crítica era de peso y, después de esa polémica, Mannoni
mantuvo con su propio libro una
relación ambivalente, renegando a veces de algunas de sus tesis, y otras
reivindicándolas. En
realidad, en ese debate los protagonistas adoptaron tesis que ya habían
sido discutidas por
Bronislaw Malinowski y Geza Roheim a propósito de Tótem y, tabú
y del alcance, universal o no,
del complejo de Edipo en el conjunto de las sociedades humanas. Si Mannoni, incluso
antes de
convertirse en freudiano, defendía posiciones universalistas, corregidas
por la fenomenología,
Fanon, rechazando el freudismo, adoptaba el principio de un culturalismo afirmado
en el
compromiso anticolonial. Por ello descartaba el psicoanálisis, en razón
de su supuesta
incapacidad para tomar en cuenta la negritud o la identidad negra: "Ni Freud ni
Adler, ni siquiera
el cósmico Jung, pensaron en los negros en el curso de su investigación
1. Quiérase o no, el
complejo de Edipo no está cerca de ver la luz entre los negros."
No obstante, para construir su teoría de la identidad negra, Fanon se basaba
en la noción del
estadio del espejo tomada de Jacques Lacan. Ella le permitía criticar la
psicología colonial
fundada en una clasificación "racista", y distinguir el enfoque culturalista
de la subjetividad
respecto de la psicología de los pueblos y del diferencialismo. En la misma
medida en que
Mannoni seguía siendo tributario de una psicología que lo llevaba
a considerar la situación
colonial como un juego de roles o un galanteo perverso, Fanon integraba la adquisición
del
psicoanálisis para rechazar el freudismo en nombre de una política.
En tal sentido, anticipaba las
posiciones de la antipsiquiatría.
Cercano al Frente de Liberación Nacional (FLN), del que se convirtió
en miembro en 1957, Fanon
renunció a su puesto de médico jefe en 1956, para digirirse a Túnez
y comprometerse en el
combate desde una posicion más adelantada. Enseñó en la facultad
de medicina y practicó la
psiquiatría en el Hospital de la Manouba, y después, con Charles
Géronimi, en el Hospital
Charles-Nicolle, donde abrió un servicio de día.
Por otra parte continuó escribiendo. En 1960, cuando redactaba su gran
libro, Les Damnés de la
terre, el más hermoso manifiesto de la rebelión anticolonial,
supo que padecía una leucemia.
Murió en diciembre de 1961 en un hospital de Washington, convencido del
carácter ineluctable
de la independencia por la que había luchado tanto.
Apasionadamente leída y comentada en todo el mundo, la obra de Fanon ha
sido mitificada en los
Estados Unidos, donde el autor, aureolado con una leyenda de héroe de la
negritud, se
transformó, en la década de 1990, y en virtud de su referencia al
estadio del espejo, en un
"Lacan negro", más psicoanalista que psiquiatra, y sobre todo teórico
de la hibridización cultural,
es decir, de una no-diferenciación entre la identidad negra y la identidad
blanca.
Fantasía
Fantasía
Fantasía
Al.: Phantasie.
Fr.: fantasme.
Ing.: fantasy o phantasy.
It.: fantasia.
Por.: fantasia.
fuente(13)
Guión imaginario en el que se halla presente el sujeto y que representa,
en forma más o menos
deformada por los procesos defensivos, la realización de un deseo y, en
último término, de un
deseo Inconsciente.
La fantasía se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes
o sueños diurnos,
fantasías Inconscientes que descubre el análisis como estructuras
subyacentes a un contenido
manifiesto, y fantasías originarias.
I. La palabra alemana Phantasie designa la imaginación. No tanto
la facultad de imaginar en el
sentido filosófico del término (Einbildungskraft), como el
mundo imaginario, sus contenidos, la
actividad creadora que lo anima (das Phantasieren). Freud recogió
estos diferentes usos de la
lengua alemana.
En francés, el término fantasme ha sido utilizado de nuevo
por el psicoanálisis y, en
consecuencia, está más cargado de resonancias psicoanalíticas
que su homólogo alemán. Por
otra parte, no corresponde exactamente al término alemán, pues su
extensión es menor.
Designa una determinada formación imaginaria y no el mundo de las fantasías,
la actividad
imaginativa en general.
Daniel Lagache ha propuesto volver a utilizar en su antiguo sentido el término
«fantaisie», que
tiene la ventaja de designar tanto la actividad creadora como sus producciones,
pero que, para
la conciencia lingüística contemporánea, es muy difícil
que no sugiera los matices de capricho,
originalidad, falta de seriedad, etc.
II. Los términos «fantasía» «actividad fantaseadora», sugieren inevitablemente
la oposición entre
imaginación y realidad (percepción). Si se hace de esta oposición
un eje de referencia
fundamental del psicoanálisis, habrá que definir la fantasía
como una producción puramente
ilusoria que no resistiría a una aprehensión correctora de lo real.
Algunos textos de Freud
parecen justificar tal orientación. En las Formulaciones sobre los dos
principios del
funcionamiento psíquico (Formulierungen über die zwei Prinzipen des
psychischen
Geschehens, 1911), Freud contrapone al mundo interior, que tiende a la satisfacción
por ilusión,
un mundo exterior que impone progresivamente al sujeto, por mediación del
sistema perceptivo,
el principio de realidad.
En igual sentido se invoca a menudo la forma como Freud descubrió la importancia
de las
fantasías en la etiología de las neurosis: Freud, que en un principio
admitió la realidad de las
escenas infantiles patógenas halladas en el curso del análisis,
habría abandonado
definitivamente esta primera convicción, denunciando su «error»: la realidad
aparentemente
material de estas escenas no era más que «realidad psíquica(14)».
Pero conviene subrayar aquí que la expresión «realidad psíquica»
no es simplemente sinónima
de mundo interior, campo psicológico, etc. Tomada por Freud en su sentido
más fundamental,
designa un núcleo, heterogéneo en este campo, resistente, el único
verdaderamente «real» en
comparación con la mayoría de los fenómenos psíquicos.
«¿Es preciso atribuir una realidad a los
deseos inconscientes? No sabría decirlo. Naturalmente, debe negárseles
a todos los
pensamientos de transición y de ligazón. Cuando nos encontramos
ante deseos inconscientes
llevados a su última y más verdadera expresión, nos vemos
obligados a decir que la realidad
psíquica constituye una forma de existencia particular que es imposible
confundir con la realidad
material».
El esfuerzo de Freud y de toda la reflexión psicoanalítica consiste
precisamente en intentar
explicar la estabilidad, la eficacia y el carácter relativamente organizado
de la vida de fantasía
del sujeto. Dentro de esta perspectiva, Freud, desde que centró el interés
sobre las fantasías,
destacó modalidades típicas de guiones fantaseados, como, por ejemplo,
la «novela familiar».
Rehusa dejarse encerrar en la oposición entre una concepción que
considera la fantasía como
un derivado deformado del recuerdo de acontecimientos reales fortuitos, y otra
que no atribuiría
realidad propia a la fantasía, viendo en ella únicamente una expresión
imaginaria destinada a
enmascarar la realidad de la dinámica pulsional. Las fantasías típicas
halladas por el
psicoanálisis condujeron a Freud a postular la existencia de esquemas inconscientes
que
trascienden lo vivido individual y se transmitirían hereditariamente: las
«fantasías originarias ».
III. La palabra «fantasía» se utiliza muy extensamente en psicoanálisis.
Según algunos autores,
esta utilización tendría el inconveniente de no precisar la situación
tópica (consciente,
preconsciente o inconsciente) de la formación que se considera.
Para comprender el concepto freudiano de Phantasie, conviene distinguir
diversos niveles:
1.° Lo que Freud denomina Phantasien son ante todo los sueños diurnos,
escenas, episodios,
novelas, ficciones que el sujeto forja y se narra a sí mismo en estado
de vigilia. En los Estudios
sobre la histeria (Studien über Hysterie, 1895), Breuer y Freud mostraron
la frecuencia y la
importancia de esta actividad fantaseadora en el histérico y la describieron
como
frecuentemente «inconsciente», es decir, produciéndose durante estados
de ausencia o
estados hipnoides.
En La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung, 1900) todavía
describe Freud las
fantasías basándose en el modelo de los sueños diurnos. Las
analiza como formaciones de
compromiso y muestra que su estructura es comparable a la del sueño. Estas
fantasías o
sueños diurnos son utilizados por la elaboración secundaria, factor
del trabajo del sueño que se
aproxima mucho a la actividad en vigilia.
2.° Freud utiliza a menudo la expresión «fantasía inconsciente»,
sin que implique siempre una
posición metapsicológica bien establecida. Con ella parece designar
a veces un ensueño
subliminal, preconciente, al cual se entrega el sujeto y del que tomará
o no conciencia
reflexivamente. En el artículo Fantasías histéricas y
su relación con la bisexualidad
(Hysterische Phantasien und ihre Beziehung zur Bisexualität, 1908), las
fantasías «
inconscientes », consideradas precursoras de los síntomas histéricos,
se describen como
hallándose en íntima conexión con los sueños diurnos.
3.° Dentro de una línea de pensamiento distinta, la fantasía aparece
en una relación mucho más
íntima con el inconsciente. En el capítulo VII de La interpretación
de los sueños, Freud sitúa a un
nivel inconsciente, en el sentido tópico de esta palabra, ciertas fantasías,
las ligadas al deseo
inconsciente y que se hallan en el punto de partida del proceso metapsicológico
de formación del
sueño: la primera parte del «trayecto» que conduce al sueño «[...]
va, de forma progresiva,
desde las escenas o fantasías inconscientes hasta el preconsciente».
4.° Por consiguiente, aunque Freud no lo hace explícitamente, se podrían
distinguir en su obra
varios niveles de la fantasía: consciente, subliminal, inconsciente (ver
nota(15)). Pero Freud
parece preocupado no tanto en establecer esta distinción, como en recalcar
los lazos existentes
entre estos diversos aspectos:
a) En el sueño, los ensueños diurnos utilizados por la elaboración
secundaria pueden estar en
conexión directa con la fantasía inconsciente que constituye el
«núcleo del sueño»: «Las
fantasías de deseo que el analista descubre en los sueños nocturnos
muestran a menudo ser
repeticiones y recomposiciones de escenas infantiles; así, en más
de un sueño, su fachada nos
indica inmediatamente el verdadero núcleo del sueño, que se encuentra
deformado porque
aparece mezclado con otro material». Por consiguiente, en el trabajo del sueño,
la fantasía se
halla presente en los dos extremos del proceso: por una parte, está ligada
al deseo inconsciente
más profundo, al «capitalista» del sueño; por otra, en el otro extremo,
se halla presente en la
elaboración secundaria. Los dos extremos del sueño y las dos modalidades
de fantasías que en
él se encuentran parecen, si no juntarse, por lo menos comunicarse interiormente
y simbolizarse
entre sí.
b) Freud encuentra en la fantasía un punto privilegiado donde podría
captarse, a lo vivo, el
proceso de paso entre los diferentes sistemas psíquicos: represión
o retorno de lo reprimido.
Las fantasías «[...] se aproximan mucho a la conciencia y permanecen allí
sin ser perturbadas
mientras no posean una catexis intensa, pero cuando sobrepasan un cierto nivel
de catexis son
nuevamente alejadas».
c) En la definición metapsicológica más completa que dio
Freud, conecta entre sí los aspectos de
la fantasía aparentemente más distantes: «Ellas [las fantasías]
se hallan, por una parte,
altamente organizadas, no son contradictorias, han aprovechado todas las ventajas
del sistema
Cs, y nuestro juicio difícilmente las distinguiría de las formaciones
de este sistema; por otra parte,
son inconscientes e incapaces de volverse conscientes. Su origen [inconsciente]
es lo decisivo
para su destino. Podrían compararse a los mestizos, que en conjunto se
parecen a los blancos,
pero cuyo color de origen se delata por alguna señal sorprendente y que
por este hecho
permanecen excluidos de la sociedad y no gozan de ninguno de los privilegios reservados
a los
blancos».
Parece, pues, que la problemática freudiana de la fantasía no solamente
no permite efectuar una
distinción de naturaleza entre fantasía inconsciente y fantasía
consciente, sino que tiende más
bien a señalar sus analogías, sus estrechas relaciones, los pasos
entre ellas: «Las fantasías
claramente conscientes de los perversos (que, en circunstancias favorables, pueden
transformarse en comportamientos «organizados»), los temores delirantes de los
paranoicos
(que son proyectados sobre otros con un sentido hostil), las fantasías
inconscientes de los
histéricos (que el psicoanálisis descubre detrás de sus síntomas),
todas estas formaciones
coinciden en su contenido hasta en los menores detalles». En formaciones imaginarias
y
estructuras psicopatológicas tan diversas como las que aquí cita
Freud, pueden encontrarse
una misma organización, un mismo arreglo, tanto si son conscientes como
inconscientes,
realizadas o imaginadas, asumidas por el sujeto o proyectadas sobre otro.
Asimismo, en la cura, el psicoanalista se dedica a descubrir la fantasía
subyacente, tras las
producciones del inconsciente, como el sueño, el síntoma, el actuar,
las conductas repetitivas,
etc. El progreso de la investigación hace aparecer incluso aspectos de
la conducta muy alejados
de la actividad imaginativa v, a primera vista, gobernados por las solas exigencias
de la realidad,
como emanaciones, «derivados» de fantasías inconscientes. Desde esta perspectiva,
todo el
conjunto de la vida del sujeto aparece como modelado, organizado por lo que podría
denominarse, para subrayar su carácter estructurante, una actividad
fantaseadora. Esta no
debe concebirse únicamente como una temática, aunque estuviera marcada
para cada individuo
por rasgos eminentemente singulares, sino que comporta un dinamismo propio, en
virtud del cual
las estructuras fantaseadas intentan expresarse, encontrar una salida hacia la
conciencia y la
acción, atrayendo constantemente hacia ellas un nuevo material.
IV. La fantasía guarda la más estrecha relación con el deseo;
un término freudiano lo atestigua:
Wunschphantasie, o fantasía de deseo. ¿Cómo concebir esta
relación? Sabemos que, para
Freud, el deseo tiene su origen y su modelo en la experiencia de satisfacción:
«El primer desear
[Wünschen] parece haber sido una catexis alucinatoria del recuerdo
de la satisfacción».
¿Equivale esto a decir que las fantasías más primitivas son aquellas
que tienden a encontrar de
nuevo los objetos alucinatorios ligados a todas las primeras experiencias de aumento
y
resolución de la tensión interna? ¿Puede decirse que las primeras
fantasías son fantasías de
objeto, de los objetos fantaseados a los que tendería el deseo como la
necesidad tiende a su
objeto natural?
A nuestro modo de ver, la relación entre la fantasía y el deseo
es más compleja. Incluso en sus
formas menos elaboradas, la fantasía aparece como irreductible a una mira
intencional del sujeto
que desea:
1.° se trata de guiones, aunque se enuncien en una sola frase, de escenas organizadas,
susceptibles de ser dramatizadas en forma casi siempre visual;
2.° el sujeto está siempre presente en tales escenas; incluso en la «escena
originaria», de la que
puede parecer excluido, figura de hecho, no sólo como observador, sino
como participante que
viene, por ejemplo, a perturbar el coito de los padres;
3.° lo representado no es un objeto al cual tiende el sujeto, sino una secuencia
de la que forma
parte el propio sujeto y en la cual son posibles las permutaciones de papeles
y de atribución
(véase especialmente el análisis que Freud hizo de la fantasía
Pegan a un niño (Ein Kind wird
gesch1agen, 1919) y a los cambios sintácticos que experimenta esta
frase; véanse también las
transformaciones de la fantasía homosexual en el Caso Schreber);
4.° en la medida en que el deseo se articula así en la fantasía,
ésta es también asiento de
operaciones defensivas; da lugar a los procesos de defensa más primitivos,
como la vuelta
hacia su propia persona, la transformación en lo contrario, la negación,
la proyección;
5.° tales defensas, a su vez, se hallan indisolublemente ligadas a la función
primaria de la
fantasía (la escenificación del deseo), escenificación en
la que lo prohibido se encuentra
siempre presente en la posición misma del deseo.
Fantasías originarias
Fantasías originarias
Fantasías originarias
Al.: Urphantasien.
Fr.: fantasmes originaires.
Ing.: primal phantasies.
It.: fantasmi (o fantasie) originari(e), primari(e).
Por.: protofantasias, o fantasias primitivas, u originárias.
fuente(16)
Estructuras fantaseadas típicas (vida Intrauterina, escena originaria,
castración, seducción) que
el psicoanálisis reconoce como organizadoras de la vida de la fantasía,
cualesquiera que sean
las experiencias personales de los individuos; según Freud, la universalidad
de estas fantasías
se explica por el hecho de que constituirían un patrimonio transmitido
filogenéticamente.
El término Urphantasien aparece en los artículos de Freud
en 1915: «Estas formaciones
fantaseadas (observación de la relación sexual entre los padres,
seducción, castración, etc.)
las denomino fantasías originarias». Las llamadas fantasías originarias
se encuentran de un
modo muy general en los seres humanos, sin que puedan referirse siempre a escenas
vividas
realmente por el individuo; reclamarían, por lo tanto, según Freud,
una explicación filogenética,
mediante la cual la realidad recobraría sus derechos: así, por ejemplo,
la castración habría sido
efectivamente practicada por el padre en el pasado arcaico de la humanidad. «Es
posible que
todas las fantasías que se nos cuentan actualmente en el análisis
[...] hayan sido en otra época,
en los tiempos primitivos de la familia humana, realidad, y que el niño,
al crear fantasías, no haga
más que rellenar, con la ayuda de la verdad prehistórica, las lagunas
de la verdad individual». En
otras palabras, lo que fue realidad de hecho en la prehistoria se habría
convertido en realidad
psíquica.
Lo que entiende Freud por fantasías originarias resulta difícil
de comprender si se considera
aisladamente; en efecto, este concepto es introducido al final de un largo debate
sobre los
elementos últimos que el psicoanálisis puede sacar a la luz en relación
con el origen de la
neurosis y, de un modo más general, tras la vida fantasmática de
todo individuo.
Muy pronto Freud se esforzó en descubrir acontecimientos arcaicos reales,
capaces de
suministrar el último fundamento de los síntomas neuróticos.
Denomina «escenas originarias»
(Urszeizeiz) estos acontecimientos reales, traumatizantes, cuyo recuerdo
se halla en ocasiones
elaborado y enmascarado por fantasías. Entre ellas, hay una que conservará
en el lenguaje
psicoanalítico el nombre de Urszene: la escena del coito parental,
que habría presenciado el niño
(véase: Escena originaria). Se observará que estos acontecimientos
primordiales se designan
con el nombre de escenas y que, desde un principio, Freud se esforzó
en destacar, entre ellas,
guiones típicos y en número limitado.
No podemos reproducir aquí la evolución que condujo a Freud desde
esta concepción realista de
las «escenas originarias» al concepto «fantasías originarias»; esta evolución,
con toda su
complejidad, corre pareja con la delimitación del concepto psicoanalítico
de fantasía. Sería
demasiado esquemático creer simplemente que Freud abandonó una primera
concepción que
buscaba la etiología de la neurosis en los traumatismos infantiles contingentes,
substituyéndola
por otra que, viendo el precursor del síntoma en la fantasía, no
reconocería en éste más realidad
que la de expresar en forma imaginaria una vida pulsional que en sus líneas
generales se hallaría
determinada biológicamente. En efecto, el mundo de la fantasía aparece
desde un principio en
psicoanálisis como dotado de una consistencia, una organización
y una eficacia que queda bien
expresada por el término «realidad psíquica».
Durante los años 1907-1909, en que el tema de la fantasía suscita
la realización de numerosos
trabajos, reconociéndose plenamente su eficacia inconsciente, por ejemplo,
como subyacente al
ataque histérico que lo simboliza, Freud se dedica a sacar a la luz secuencias
típicas, guiones
imaginarios (novela familiar) o construcciones teóricas (teorías
sexuales infantiles) por medio de
las cuales el neurótico y quizá también «todo hijo de los
hombres» intenta responder a los
grandes enigmas de su existencia.
Con todo, es notable que el pleno conocimiento de la fantasía como un dominio
autónomo,
explorable, dotado de su propia consistencia, no elimina para Freud el problema
de su origen. El
ejemplo más llamativo lo proporciona el análisis de Historia
de una neurosis infantil: Freud
intenta establecer la realidad de la escena de observación del coito parental
reconstituyéndola
en sus menores detalles y, cuando parece conmovido por la tesis junguiana, según
la cual tal
escena no sería más que una fantasía construida retroactivamente
por el sujeto adulto, sigue
insistiendo en que la percepción ha suministrado al niño los indicios,
pero sobre todo introduce el
concepto de fantasía originaria. En este concepto vienen a juntarse la
exigencia de encontrar lo
que podríamos llamar la «roca» del acontecimiento (y si éste, refractado
y como reducido, se
esfuma en la historia del individuo, nos remontaremos más allá,
hasta la historia de la especie), y
la preocupación por basar la estructura de la fantasía sobre algo
distinto del acontecimiento. Tal
preocupación puede llevar a Freud incluso a afirmar la preponderancia de
la estructura
presubjetiva sobre la experiencia individual: «Allí donde los acontecimientos
no se adaptan al
esquema hereditario, experimentan una recomposición en la fantasía
Estos casos son
precisamente los más apropiados para mostrarnos la existencia independiente
del esquema. A
menudo podemos observar que el esquema triunfa sobre la experiencia individual;
en nuestro
caso, por ejemplo [el de Historia de una neurosis infantil], el padre se
convierte en castrador y
en el que amenaza la sexualidad infantil, a pesar de un complejo de Edipo por
lo demás invertido
[...]. Las contradicciones que aparecen entre la experiencia y el esquema parecen
suministrar
amplio material para los conflictos infantiles».
Si pasamos ahora a considerar los temas que se encuentran en las fantasías
originarias
(escena originaria, castración, seducción), nos sorprenderá
un carácter común: todas ellas se
refieren a los orígenes. Como los mitos colectivos, intentan aportar una
representación y una
«solución» a lo que para el niño aparece como un gran enigma; dramatizan
como momento de
emergencia, como origen de una historia, lo que se le aparece al sujeto como una
realidad de tal
naturaleza que exige una explicación, una «teoría». En la «escena
originaria» se representa el
origen del sujeto; en las fantasías de seducción, el origen o surgimiento
de la sexualidad; en las
fantasías de castración, el origen de la diferencia de los sexos.
Para terminar, señalemos que el concepto de fantasía originaria
posee un interés central para la
experiencia y la teoría psicoanalítica. A nuestro modo de ver, las
reservas que suscita la teoría
de una transmisión genética hereditaria(17) no deben hacernos considerar
igualmente caducada
la idea de que existen, en la vida de la fantasía, estructuras irreductibles
a las contingencias de
lo vivido individual.
Fantasías originarias
Fantasías originarias
fuente(18)
Definición
Laplanche y Pontalis definen la Fantasía
como un: "guión imaginario en el que se halla presente el
sujeto y que representa, en forma más o menos deformada por los procesos
defensivos, la
realización de un deseo, y en último término, de un deseo
inconsciente".
"La fantasía, dicen, se presenta bajo distintas modalidades: fantasías
conscientes o sueños
diurnos, fantasías inconscientes que descubre el análisis como estructuras
subyacentes a un
contenido manifiesto, y fantasías originarias".
Freud señala que las fantasías inconscientes fueron, en ciertos
casos, desde siempre
inconscientes, y en otros fueron en el pasado fantasías conscientes o sueños
diurnos que
después fueron olvidados intencionalmente y llegaron al inconsciente por
acción de la represión.
Las primeras constituyen las Fantasías Originarias o primordiales (Urphantasien),
de origen
inconsciente, cuya inscripción corresponde a la represión primaria
(Urverdrämgung).
Las fantasías secundarias, en cambio, serán inscriptas a posteriori
a nivel inconsciente
(relegadas y determinadas por la represión secundaria) o consciente (sueños
diurnos).
Estas últimas, las fantasías originarias, serían "estructuras
fantaseadas típicas (vida intrauterina,
escena originaria, castración, seducción) que el psicoanálisis
reconoce como organizadoras de
la vida de la fantasía, cualesquiera que sean las experiencias personales
de los individuos'»).
Origen e historia del término
El término Fantasías Originarias
(Urphantasien) aparece en Freud en 1915.
Inicialmente, a partir de 1897, Freud se esforzaba por descubrir ciertas experiencias
infantiles
reales, traumatizantes, que se organizaban en guiones, en escenas (Urszenen),
que daban
cuenta de los síntomas neuróticos.
Al respecto entabla una discusión con Jung, quien sostenía que esas
escenas eran "fantasías
reconstruidas retrospectivamente por el sujeto adulto". Freud pensaba en cambio
que estas
escenas pertenecían realmente al pasado del individuo,
Sin embargo, después reconoce que estas escenas, que a partir de 1915 pasa
a denominar
Fantasías Originarias, se encontrarían de un modo muy general en
todos los seres humanos,
independientemente de lo realmente vivido por el sujeto. Por eso afirma la existencia
de una
estructura pre-subjetiva, a modo de esquema preexistente, aunque les sigue atribuyendo
un
contenido específico: fantasías de seducción, de escena primaria
y de castración.
Esto lo lleva a atribuirles una explicación filogenética, es
decir, un modo de retrotraerlas a
escenas que hayan ocurrido realmente en las épocas primigenias del ser
humano. Según esta
explicación, lo que fue realidad en la horda primitiva, se transformaría
en realidad psíquica.
Las escenas primitivas se verían así transformadas en Fantasías
Originarias.
Desarrollo desde la perspectiva vincular
No parece necesario atenerse a una explicación
filogenética para dar cuenta de la universalidad
de las Fantasías Originarias.
Más que a un esquema anterior, que precedería al sujeto, el hecho
de su universalidad remite a
una cualidad estructural en todo ser humano.
Al nacer el niño, sea cual fuere la cultura en la que está inserto,
deberá vérselas con la
problemática del pasaje de la "continuidad" intrauterina a la discontinuidad,
fractura que se
traduce en un desamparo originario, producida con el nacimiento, con la separación
frente a la
que sólo sobrevivirá, como ser humano a través del vínculo
con el otro. Buscará entonces
recuperar esa fusión mítica perdida, y esto se constituirá
en un motor de vínculo.
De ahí el carácter universal de estas fantasías que serán
de inmediato resignificadas a través
del sucederse de las experiencias de vida, dándose entonces una confluencia
de la estructura y
el contenido. Por eso se puede postular un continuum entre las fantasías
originarias y las
secundarias, una relación de resignificación.
Según Laplanche y Pontalis, las Fantasías Originarias "constituyen
una formación del
inconsciente de un sujeto único pero son también, por su frecuencia,
su generalidad y su origen,
una pertenencia colectiva. Por lo tanto, estas fantasías tienen un carácter
mixto, manifiestan una
doble pertenencia, individual y colectiva.
M. Bernard señala que "la secuencia de presencia-ausencia de la madre introducirá
un elemento
de distinción que aparecerá como un desgarro en la piel del vínculo".
Propone una serie de categorías que caracterizan las Fantasías Originarias
y dan cuenta de su
impronta estructural en la formación de la psiquis.
Estas son: adentro-afuera/ antes-después/ el mismo-el otro.
En la fantasía de seducción, ésta remite a "los contenidos
del afuera, introducidos como manera
de manejar el espacio materno-filial".
En efecto, las Fantasías Originarias surgen "en ocasión" del encuentro
entre el mundo exterior y
la deflexión de la pulsi6n sexual y el instinto de autoconservación,
origen de la psiquis del bebé
humano.
Destaca Bernard que "la fantasía de escena originaria, que algunos autores
relacionan con su
complemento, la de la vida intrauterina, daría cuenta de la vuelta al adentro...
El fantasma de la
vida intrauterina sólo podría ser concebible desde el après
coup que reconstruye un estado del
que no hay memoria... La fantasía de castración sería el
rastro del hiato que separa los pares de
categorías".
Las experiencias por las que pasa un sujeto desde su nacimiento ofrecen un contenido
específico a estas fantasías. Por eso estructura y contenido se
constituyen recíprocamente al
mismo tiempo.
Laplanche y Pontalis sostienen que "los temas de las fantasías Originarias
se relacionan con los
orígenes. En la 'escena originaria' se representa el origen del sujeto.
En la fantasía de seducción, el origen o el surgimiento de la sexualidad.
En la fantasía de castración, el origen de las diferencias de los
sexos".
Profundizando esta temática, L. Edelman y D. Kordon han destacado la diferencia
entre las
Fantasías Originarias, denominadas también Protofantasías,
y las Fantasías de los Orígenes,
vinculadas a las Teorías sexuales infantiles, en tanto "explicación
construida por el niño acerca
de esos orígenes". Estas últimas serían una resignificación
de las primeras, pero en un nivel muy
distinto.
Las Fantasías de los Orígenes, dicen estas autoras, como respuesta
a los enigmas infantiles,
"requieren un cierto acceso al orden simbólico; es necesario contar con
un sistema ideativo con
cierto grado de desarrollo que construye o se apropia de los sistemas de creencias
aportadas
por la cultura".
¿Por qué la pregnancia de las Fantasías Originarias en los vínculos?
R. Dorey señala que éstas "tienen un estatuto doble porque participan
de lo individual y de lo
colectivo. Si el grupo puede ser definido como un conjunto de personas interdependientes
formando una cierta unidad, se puede concebir que la especificidad de esta unidad
reposa
sobre la existencia de una Fantasía Originaria prevaleciente, cuyo estatuto
mixto le permite estar
a la vez en el sujeto y en el grupo, y que la situación regresiva permite
aflorar".
De ahí su efecto organizador, destacado también por D. Anzieu.
Una de sus características es la de paliar la angustia de no-asignación,
de no lugar en el vínculo.
Lo que caracteriza el polo de lo originario es el grado de indiscriminación
de las fantasías. Éstas
se presentan como una escena de entradas múltiples.
M. Bernard señala su capacidad distributiva y permutativa, es decir que
el grado de sincretismo
que las caracteriza permite una fácil permutación de lugares dentro
de la escena fantaseada,
por eso su pregnancia como organizadores grupales.
Dado su grado de ambigüedad, las Fantasías Originarias resultan fácilmente
convocantes para
los que configuran un vínculo, promoviendo la ilusión de unidad,
de borramiento de los límites
subjetivos.
Esto es fácil de apreciar en la ilusión grupal o en el enamoramiento.
De ahí la vigencia del apuntalamiento en el encuentro (R. Kaës).
Lo que caracteriza al polo originario es el aspecto no subjetivado de las fantasías,
aunque son
individuales. Cuanto más predomina este aspecto indiscriminado, menos específico
es el rol de
un sujeto en un grupo, menor autonomía subjetiva puede observarse en los
integrantes de una
pareja.
Se despliega la vivencia primigenia de desamparo y el intento de velarlo a través
del vínculo. Esta
ilusión de completud está en el origen de todo comienzo vincular,
de todo proyecto. A su vez, es
necesaria como matriz de libidinización para el infans.
Frente al auge de patologías graves como las adicciones, las impulsiones,
la anorexia y la
bulimia, es dable pensar en un déficit en ese sustrato ilusorio, necesario
para la constitución de
la psiquis.
La problemática básica de fusión-diferenciación,
aparece en las Configuraciones Vinculares, en
relación a la problemática de la pertenencia.
La disyuntiva negación-reconocimiento de la alteridad del otro propias
del polo originario,
impregna toda relación intersubjetiva (M. Bernard.(1c)
Construir un grupo, dice R. Kaës -un vínculo, se puede ampliar- "es
darse recíprocamente la
ilusión metafórica de ser un cuerpo omnipotente no sometido a la
división ni a la muerte, espacio
fusiona] sustitutivo de la pérdida donde se despliega la ilusión
de completud y su contracara, la
angustia de despersonalización, el temor a quedar atrapado dentro del otro".
El comienzo de un nuevo vínculo promueve un impacto regresivo en sus integrantes.
Esta
observación, realizada por D. Anzieu, R. Kaës y M. Bernard, es una
situación recurrente en los
más diversos vínculos. Es más, tiene un efecto de matriz,
de nuevo comienzo, con todo lo
relativo al despliegue ilusorio de cerrar la brecha con el otro.
En situaciones de crisis surge con más pregnancia el polo originario, con
su problemática
fusional, ya que se pierden los aspectos más discriminados.
Se puede entonces postular (Selvatici, M., Zadunaisky, A. la hipótesis
de un zócalo originario
presente en toda Configuración Vincular.
Problemáticas conexas
Se puede detectar la vigencia del polo originario
en todas las cuestiones atinentes a la
Pertenencia y su relación con la autonomía.
En ese sentido la Identidad por pertenencia muestra su pregnancia cuando
el sujeto " es" el
grupo, o cuando en la pareja o en la familia no hay discriminación entre
sus integrantes, o
cuando la pertenencia a una Institución se sostiene a pesar del malestar
y el sufrimiento que
provoca, o sea cuando el sujeto requiere del vínculo para ser. (Ver "El
Grupo Analítico de
Reflexión").
Por otro lado, un cierto grado de fusión es estructurante y está
en la base de todo vínculo.
En lo referente al Zócalo originario en los vínculos es interesante
destacar la vigencia de lo
atinente al concepto de Apuntalamiento, ya presente en Freud, pero desarrollado
por R. Kaës.
Este autor reconoce cuatro dimensiones en el apuntalamiento: el apoyo, el modelo,
el desvío y la
transcripción.
Las dos últimas apuntan a una metabolización subjetiva del vínculo,
mientras que las dos
primeras estarían más cercanas a la indiscriminación que
caracteriza el polo originario. Implican
la necesariedad de la presencia concreta del otro, a modo de verdadero puntal,
lo que remite
nuevamente a la Identidad por pertenencia.
La problemática de las patologías graves puede ser estudiada a la
luz de las dificultades para
establecer en el vínculo originario una matriz de ilusión estructurante.
Esto abre una perspectiva
muy interesante en lo que se refiere a la dirección de la cura y a nuevas
líneas de investigación.
Fantasma
Alemán: Phantasie.
Francés: Fantasme.
Inglés: Fantasy o phantasy.
fuente(19)
Término utilizado por Sigmund Freud, primero en el sentido corriente que
tiene en lengua alemana
(fantasía o imaginación), y después como concepto técnico,
a partir de 1897. Correlativo de la
elaboración de la noción de realidad psíquica y del abandono
de la teoría de la seducción,
designa la vida imaginaria del sujeto y el modo en que éste se representa
a sí mismo en su
historia o la historia de sus orígenes: se habla entonces de fantasma originario.
En francés, la palabra fantasme fue creada por los primeros traductores
de la obra freudiana,
con un sentido técnico no relacionado con la palabra fantaisie. Deriva
del griego phantasma
(aparición; en latín se convirtió en fantasma) y del
adjetivo fantasmatique, en otro tiempo
cercano por su significación afantomatique (fantástico).
La escuela kleiniana creó el término phantasy (phantasme) junto
al de fantasy.
Valiéndose de algunas declaraciones someras de Freud al respecto, la historia
oficial durante
mucho tiempo validó la idea de un abandono definitivo de la teoría
de la seducción en 1897, por
imposición de los hechos, en favor de una teoría del fantasma.
No obstante, desde los Estudios sobre la histeria, Freud y Josef Breuer
abordaron las
manifestaciones fantasmáticas de las histéricas, y Breuer, más
aún que Freud, al presentar el
caso "Anna O." (Bertha Pappenheim), privilegia el registro de la imaginación,
el de los fantasmas
de su paciente, sin atribuir mucha importancia a los acontecimientos vividos.
Varias cartas de
Freud a Wilhelm Fliess atestiguan por otra parte la evolución de Freud
acerca de esta cuestión.
Por ejemplo, el 2 de mayo de 1897 observa que, si la estructura de la histeria
está constituida por
la reproducción de ciertas escenas, a veces, para llegar a ellas, es necesario
pasar "por
fantasmas interpuestos". En el Manuscrito M, del 25 de mayo, hay todo un párrafo
dedicado a los
fantasmas, considerados desde el punto de vista de su formación y su papel,
y esto en términos
cercanos a los que empleaba para hablar de los sueños. Este aspecto encontró
su confirmación
unos días más tarde en el Manuscrito N, donde el proceso de formación
de los sueños se evoca
como modelo de la formación de los fantasmas y los síntomas.
En 1964, desde una perspectiva inspirada por esa tradición de la historia
de las ciencias para la
cual Alexandre Koyré (1892-1964), Gaston Bachelard (1884-1962) y Georges
Canguilhem
(1904-1995) ganaron sus títulos de nobleza, Jean Laplanche y Jean Bertrand
Pontalis
emprendieron la exploración de los fundamentos epistemológicos de
ese momento clave del
descubrimiento del psicoanálisis. Releyendo la teoría de la seducción,
estos autores
demostraron que, más allá del registro empírico del trauma,
para Freud se trataba ya de exponer
la observación clínica de la represión y su acción
privilegiada sobre la sexualidad. El abandono
de la teoría de la seducción, lejos de abrirse automáticamente
a una concepción acabada del
desarrollo psicosexual, dejaba por el contrario a Freud un tanto desamparado.
Él no lograba
vincular la sexualidad infantil, el Edipo y el fantasma. Entonces, en los Tres
ensayos de teoría
sexual, y más aún en el artículo titulado "La sexualidad
en la etiología de las neurosis", existió el
riesgo de que Freud volviera a un anclaje biológico de la sexualidad.
Para salir de esa aporía de oposiciones inconciliables -lo psíquico
o lo biológico, lo real o lo
imaginario, lo interior o lo exterior-, cuya persistencia implicaba la disolución
silenciosa del
registro del fantasma, Freud introdujo el concepto de realidad psíquica.
La explicitación de ese
concepto, sobre todo en La interpretación de los sueños, lo llevó
a distinguir entre la realidad
material, realidad exterior nunca alcanzable como tal, la realidad de lo que él
llama Ios
pensamientos de transición y ligazón", el registro de la psicología,
por una parte, y por la otra la
realidad psíquica propiamente dicha, núcleo irreductible del psiquismo,
registro de los deseos
inconscientes, de los cuales el fantasma es "la expresión última
y más verdadera".
"Vuelvo a pensamientos que he desarrollado en otros lados [en la parte teórica
de La
interpretación de los sueños]", escribe Freud en 1911, para
introducir este concepto de realidad
psíquica, lo cual le permite ampliar su concepción de la actividad
psíquica más allá del eje
exclusivo placer/displacer, y definir, junto a la represión, la noción
discriminatoria de acto de
juicio, distinguiendo, como "creación de fantasmas", la parte de la actividad
psíquica que sigue
siendo independiente del principio de realidad, sólo sometida al principio
de placer. La partición
que se organiza en el curso de la fase del autoerotismo entre pulsiones sexuales
y pulsiones de
autoconservación da testimonio del vínculo entre las pulsionos sexuales
y el fantasma: "l_a
prolongada persistencia del autoerotismo hace posible que la satisfacción
fantasmática ligada al
objeto sexual, inmediata y más fácil de obtener, se mantenga durante
tanto tiempo, en lugar de la
satisfacción real, pero que exige esfuerzos y aplazamientos".
Más allá de las cuestiones de ortografía, para Freud sólo
existe un solo concepto de fantasma.
Desde este punto de vista, la oposición kleiniana, sostenida y desarrollada
por Susan Isaacs,
entre phantasine (phantasy) inconsciente y fantasma (fantasy) consciente,
es totalmente
contradictoria con el pensamiento freudiano.
En 1905, en los Tres ensayos de teoría sexual, el fantasma es postulado
como correspondiente
a las tres localizaciones de la actividad psíquica -consciente, preconsciente
e inconsciente-, sea
cual fuere la estructura psicopatológica considerada.
Sin embargo, Freud distingue entre los fantasmas conscientes, los ensueños
diurnos y las
novelas que el sujeto se cuenta a sí mismo, y también ciertas formas
de creación literaria, por un
lado, y por el otro los fantasmas inconscientes, ensueños subliminales,
prefiguración de los
síntomas histéricos, concebidos no obstante en vinculación
estrecha con los fantasmas
conscientes.
Estos dos registros de la actividad fantasmática se vuelven a encontrar
en el proceso del sueño:
el fantasma consciente participa de ese reordenamiento del contenido manifiesto
del sueño que
constituye la elaboración secundaria, y el fantasma inconsciente está
inscrito en el origen de la
formación del sueño.
En 1915, en su artículo metapsicológico dedicado al inconsciente,
Freud da una definición del
fantasma que confirma sus concepciones precedentes: el fantasma es allí
caracterizado por su
movilidad; está presente como lugar y momento de pasaje desde un registro
de la actividad
psíquica a otro, y aparece entonces como irreductible a uno solo de esos
registros, el
consciente o el inconsciente.
Ese mismo año, en oportunidad de un artículo dedicado a un caso
de paranoia que parece
contradecir la teoría psicoanalítica, Freud introduce el concepto
de fantasma originario: "La
observación del comercio amoroso entre los padres es una pieza que pocas
veces falta en el
tesoro de los fantasmas inconscientes que el análisis permite descubrir
en todos los neuróticos,
y verosímilmente en todos los hijos de hombres. A estas formaciones fantasmáticas,
la de la
observación del comercio sexual entre los padres, la de la seducción,
la de la castración, y
otras, yo las denomino fantasmas originarios..." De tal modo, Freud vuelve
a una concepción
bidimensional nunca abandonada y ya descubierta a propósito de los sueños
típicos y de la
simbólica de los sueños. Freud busca un origen para la historia
individual del sujeto. Persigue,
bajo otra forma, lo que estaba en cuestión a través de la teoría
de seducción o la teoría del
trauma. Pero al mismo tiempo examina la validez de un origen anterior al sujeto
individual: un
origen de la historia global de la especie humana. Este fantasma de los orígenes,
cuya búsqueda
es omnipresente tanto en Tótem y tabú, en 1912, como en 1939
en Moisés y la religión
monoteísta, lo lleva a retomar, suscribiéndola, la hipótesis
filogenética atribuida a Ernst Heinrich
Haeckel. La importancia de esta hipótesis, discutible y discutida, llega
a su punto culminante con
este texto metapsicológico, su "fantasía filogenética", hallada
y editada por primera vez por llse
Grubrich-Simitis, que ve en ella el intento teórico de integrar el origen
traumático de la patología
en el modelo fantasmático y pulsional.
Además de la perspectiva kleiniana que, al privilegiar en la cura la realidad
psíquica en detrimento
de cualquier forma de realidad material, hace de la fantasía (phantasme)
el lugar de intervención
único del trabajo analítico, el concepto de fantasma ha sido objeto
de un trabajo teórico esencial
en la obra de Jacques Lacan.
De manera general, Lacan adopta el concepto freudiano de fantasma, pero subraya
muy pronto
la función defensiva. En el seminario de los años 1956-1957, el
fantasma es asimilado a lo que
en adelante denomina una "detención en la irnagen", un modo de impedir
que surja un episodio
traumático. Imagen coagulada, modo de defensa contra la castración,
el fantasma es no
obstante inscrito por Lacan (diferencia fundamental con la perspectiva kleiniana)
en el marco de
una estructura significante, de modo que no se lo podría reducir al registro
de lo imaginario.
Más allá de la diversidad de los fantasmas de cada sujeto, Lacan
postula la existencia de una
estructura teórica general, el fantasma fundamental, cuyo "atravesamiento,'
por el paciente
marca la eficacia del análisis, materializada en un reordenamiento de las
defensas y una
modificación de su relación con el goce.
Desde la primera formulación, en 1957, del grafo del deseo, Lacan elaboró
un matema de lo que
él llama la lógica del fantasma. Se trata de dar cuenta de la sujeción
originaria del sujeto al Otro,
relación que traduce una pregunta imposible de responder: ¿Qué quieres?
(Che vuoi?). El
matema $ O a expresa la relación genérica, de forma variable pero
nunca simétrica, entre el
sujeto del inconsciente, sujeto barrado, dividido por el significante que lo constituye,
y el objeto
(pequeño) a, objeto inaprehensible del deseo que remite a una falta, a
un vacío en el Otro. En su
seminario de los años 1966-1967, Lacan desarrollará esta lógica
del fantasma, expresión última
de la lógica del deseo. También en ese momento Lacan da un giro
decisivo en su trabajo hacia la
formalización lógica y matemática del inconsciente.
Fantasma [fantasía]
Fantasma [fantasía]
Fantasma
[fantasía]
fuente(20)
s.m. (fr.fantasme; ingl. phantasy,fantasy; al. Phantasie).
Para Freud, representación, guión
escénico imaginario, conciente (ensoñación), preconciente
o inconciente, que implica a uno o a
varios personajes y que pone en escena de manera más o menos disfrazada
un deseo.
El fantasma es a la vez efecto del deseo arcaico inconciente y matriz de los deseos,
concientes
e inconcientes, actuales.
En la continuidad de Freud, Lacan ha destacado la naturaleza esencial de lenguaje
del fantasma.
También ha demostrado que los personajes del fantasma valen más
por ciertos elementos
aislados (palabras, fonemas y objetos asociados, partes del cuerpo, rasgos de
comportamiento,
etc.) que por su totalidad. Propuso el siguiente matema: $ à
a, a leer «S tachado losange a
pequeña» [o «S barrado rombo/punción a pequeña»]. Este materna
designa la relación particular
de un sujeto del inconciente, tachado e irreductiblemente dividido por su entrada
en el universo
de los significantes, con el objeto pequeño a que constituye la causa inconciente
de su deseo.
Con Freud. En sus primeras publicaciones, Freud utiliza el concepto de fantasma
en un sentido
relativamente amplio, designando con él una serie de producciones imaginarias
más o menos
concientes. Un momento determinante de su elaboración teórica del
fantasma fue su
descubrimiento del carácter imaginario (en el sentido de «producido por
la imaginación») de los
traumas referidos por sus pacientes como causa de sus dificultades actuales. Lo
que le era
presentado como recuerdo mostraba no tener más que una relativa vinculación
con la realidad
llamada «histórica» y aun a veces sólo tenía realidad psíquica.
Freud dedujo de ello que una
fuerza inconciente empujaba al hombre a remodelar su experiencia y sus recuerdos:
vio allí el
efecto de un deseo primero (al. Wunsch). Para Freud, ese Wunsch
era una tentativa de
reproducir, de un modo alucinatorio, las primeras experiencias de placer vividas
en la
satisfacción de las necesidades orgánicas arcaicas. A continuación,
Freud tuvo que comprobar
que la repetición de ciertas experiencias productoras de displacer también
podía ser buscada, y
esto por el placer mismo que ellas procuran en el seno del displacer y de los
sufrimientos que
traen consigo.
El fantasma no sólo es el efecto de ese deseo arcaico, también es
la matriz de los deseos
actuales. Es que los fantasmas arcaicos inconcientes de un sujeto buscan una realización
al
menos parcial en la vida concreta del sujeto. Así, ellos trasforman las
percepciones y los
recuerdos, están en el origen de los sueños, de los lapsus y de
los actos fallidos, inducen las
actividades masturbatorias, se expresan en los sueños diurnos, buscan actualizarse,
de manera
disfrazada, por medio de las elecciones profesionales, relacionales, sexuales
y afectivas del
sujeto.
Puede verse entonces el carácter circular de las relaciones que anudan
fantasma y deseo. Pero
también se puede ver que existen fantasmas concientes, preconcientes e
inconcientes. Sólo
estos últimos intervienen en una definición estricta del concepto
psicoanalítico. Algunos de estos
fantasmas inconcientes sólo se vuelven accesibles para el sujeto en la
cura. Otros permanecen
para siempre bajo el imperio de la represión originaria: sólo pueden
ser reconstruidos por medio
de la interpretación. Freud desarrolla esto en su artículo titulado
«Pegan a un niño», fórmula que
utiliza para nombrar un fantasma masoquisita frecuentemente encontrado en su práctica
(Ein
Kind wird geschlagen, 1919).
Freud indica también allí que, si el fantasma representa el deseo
inconciente del sujeto, el mismo
sujeto puede estar representado en el fantasma por diversos personajes en él
incluidos. En
función del narcisismo y el transitivismo originarios, los cambios, los
vuelcos de rol en este guión
escénico fantasmático son frecuentes.
Por último, Freud distingue ciertos fantasmas que llama «originarios»,
designando con ello los
fantasmas que conciernen al origen del sujeto, a saber: su concepción (por
ejemplo, los
fantasmas de escena primaria o incluso las novelas familiares), el origen de su
sexualidad (por
ejemplo, los fantasmas de seducción) y, finalmente, el origen de la diferencia
de los sexos (por
ejemplo, los fantasmas de castración). Nueva prueba de la importancia del
deseo en la
constitución del fantasma: no hay relación inmediata entre el fantasma
y los acontecimientos
concretos vividos por el niño.
Con Lacan. Cuando elabora su esquema llamado «de la persona» (Escritos, 1966),
Lacan
representa el fantasma por medio de una superficie que incluye las diversas figuras
del yo [moi],
del otro imaginario, de la madre originaria, del ideal del yo y del objeto. Esta
superficie del
fantasma está bordeada por el campo de lo imaginario y por el de lo simbólico,
mientras que el
fantasma recubre el de lo real. Estas notaciones indican muy bien el carácter
transindividual del
fantasma, su participación, aunque más no fuera marginal, en los
campos de lo simbólico y de lo
imaginario, y sobre todo su función de obturación de lo real. (Lo
real designa aquí a lo indecible
del sujeto, aquello con lo que le resulta insoportable encontrarse y que no por
ello deja de ser
aquello con lo que tropieza continuamente; por ejemplo, la castración en
la madre o tal trauma
determinado de su infancia que, rebelde a la imaginarización y a la simbolización,
se olvida tras la
pantalla de ese fantasma.)
En esta perspectiva, la mirada del padre presente en el fantasma sería
mucho más importante
que el padre mismo. Lo propio sucede con el seno de la madre que amamanta al niño,
el látigo
que empuña el profesor que castiga al niño, o la rata con la que
se tortura a la víctima. Como
surge de la cura del Hombre de las Ratas, estos objetos del fantasma funcionan
no sólo como
objetos sino también como significantes. Por otra parte, Freud mismo ya
había subrayado la gran
sensibilidad de su paciente a toda una serie de palabras que incluían el
morfema «rat».
Que el fantasma se compone de elementos dependientes del universo simbólico
e imaginario del
sujeto, y que se encuentra en relación de obturación con su real,
se expresa también en el
matema propuesto por Lacan: $àa.
Este materna escribe la estructura de base del fantasma. Se
vuelve a encontrar en él el universo simbólico bajo la forma de
esa barra que representa el
nacimiento y la división del sujeto consecutivos a su entrada en el lenguaje.
Se vuelve a
encontrar también allí al objeto a en tanto perdido, lugar
vacío, hiancia que el sujeto va a intentar
obturar, durante su vida, con los diversos objetos a imaginarios que la
particularidad de su
historia (y en especial su encuentro con los significantes faltantes y los objetos
del fantasma de
los Otros concretos parentales) lo habrá llevado a privilegiar. Por último,
se puede leer allí la
función de anudamiento (à)
de lo simbólico ($), de lo imaginario (a) y de lo real (a) que opera el
fantasma así como su doble función de protección. En efecto,
este protege al sujeto no sólo del
horror de lo real, sino también de los efectos de su división, consecuencia
de la castración
simbólica; dicho de otro modo, lo protege de su radical dependencia con
relación a los
significantes.
El objeto a del fantasma tiene entonces un doble valor. Como objeto real,
está irremediablemente
perdido. Si bien es el resultado de una operación lógica (Seminario
XTV, 1966-67, «La lógica del
fantasma»), sin embargo ciertas partes del cuerpo propio se prestan particularmente
a la
operación lógica de separación que traspone su objeto en
lo imaginario: la mirada, la voz, el seno
y las heces. En efecto, nunca tenemos acceso a nuestra mirada en tanto mira al
otro, ni tampoco
a nuestra voz como es percibida por el otro. Las heces son evidentemente partes
del cuerpo
separables, perdidas y a perder. En cuanto al seno, no sólo está
perdido porque el niño fue
privado un día u otro del seno materno, sino más esencialmente porque
este seno ha sido vivido
primero por el niño como parte integrante de su propio cuerpo. El número
de los objetos a reales
es limitado. El de los objetos a obturadores imaginarios es infinito: esa mirada
que atrae, ese
látigo que se teme, esa forma del seno que fascina, esa rata execrada,
esos objetos de
colección acumulados, esa cabellera seductora, ese ojo alucinado, esa voz
adorada, etc.
Que el objeto a se distingue del objeto de la necesidad y del objeto de
la pulsión queda indicado
claramente cuando se considera, a título de paradigma, el seno (objeto
imaginario o real del
fantasma), la leche materna (objeto de la necesidad), el placer de la boca (objeto
de la pulsión).
Por otra parte, que el objeto del fantasma no coincide con el objeto del amor
es lo que revela más
de una dificultad de pareja y especialmente la frecuente escisión que separa
a la mujer objeto de
amor de la que suscita el deseo. Al contrario del objeto del fantasma, el objeto
de amor a menudo
está marcado por la idealización o incluso por el narcisismo, lo
que lleva a más de un enamorado
a comprobar que lo que ama en el otro es el reflejo de su propia imagen, más
o menos idealizada.
La complejidad y la dificultad de la vida de las parejas reside en buena parte
en la necesidad de
hacer coincidir en un solo objeto, de una manera que satisfaga al sujeto, el objeto
del fantasma,
el de la pulsión y el del amor.
Lacan ha propuesto diferenciar la fórmula del fantasma de la histérica
y la del fantasma del
obsesivo. El materna producido para la histeria destaca que la histérica
no busca en el otro el
objeto de su fantasma sino más bien el Otro absoluto, mientras se identifica
con el objeto del
fantasma del otro y de manera oculta con la falta de falo. El del obsesivo escribe
la multiplicidad y
la intercambiabilidad de los objetos a los que apunta, ubicados todos bajo el
índice del
significante del falo, es decir, muy erotizados (Lacan, Seminario sobre la trasferencia,
abril de
1961). En cuanto al fantasma del perverso, destaca la búsqueda en el otro
de su división y su
voluntad de acentuarla al extremo (Lacan, Escritos, 1966).
Con relación al fantasma, en la perspectiva lacaniana, la finalidad de
la cura es hacer la travesía
del fantasma inconciente arcaico registrando la parte que tuvo el deseo del Otro
concreto de la
infancia en la construcción de ese fantasma, la dependencia radical del
significante que ese
fantasma intenta obliterar y la hiancia nodal subjetiva que los objetos a imaginarios
intentan hacer
olvidar,
Fase anal - sádica
Fase anal - sádica
Fase anal - sádica
Al.: sadistich-anale Stufe (o Phase).
Fr.: stade sadique-anal.
Ing.: anal-sadistic stage.
It.: fase sadico-anale.
Por.: fase anal-sádica.
fuente(21)
Según Freud, segunda fase de la evolución libidinal, que puede situarse
aproximadamente entre
dos y cuatro años; se caracteriza por una organización de la libido
bajo la primacía de la zona
erógena anal; la relación de objeto está impregnada de significaciones
ligadas a la función de
defecación (expulsión-retención) y al valor simbólico
de las heces. En ella se ve afirmarse el
sadomasoquismo en relación con el desarrollo del dominio muscular.
Freud comenzó destacando los rasgos de un erotismo anal en el adulto y
describiendo su
funcionamiento en el niño en la defecación y la retención
de las materias fecales.
A partir del erotismo anal surgirá la idea de una organización pregenital
de la libido. En el artículo
Carácter y erotismo anal (Charakter und Analerotik, 1908), Freud
relaciona ya ciertos rasgos
de carácter que persisten en el adulto (la tríada: orden, avaricia,
obstinación) con el erotismo
anal del niño.
En La predisposición a la neurosis obsesiva (Die Disposition zur Zwangsneurose,
1913),
aparece por vez primera el concepto de una organización pregenital en
la que predominan las
pulsiones sádica y erótico-anal; al igual que en la fase genital,
existe una relación con el objeto
exterior. «Consideramos necesario intercalar otra fase antes de la forma final
-fase en la que las
pulsiones parciales ya se han reunido para la elección de objeto y éste
ya es opuesto y ajeno a
la propia persona, pero en la cual todavía no se ha establecido la primacía
de las zonas
genitales».
En las reformas ulteriores de los Tres ensayos sobre la teoría sexual
(Drei Abhandlungen zur
Sexualtheorie, 1915, 1924), la fase anal aparece como una de las organizaciones
pregenitales,
situadas entre las organizaciones oral y fálica. Es la primera fase en
la que se constituye una
polaridad actividad-pasividad: Freud hace coincidir la actividad con el sadismo,
y la pasividad
con el erotismo anal, y atribuye a cada una de las pulsiones parciales correspondientes
una
fuente distinta:. musculatura para la pulsión de dominio (Bemächtigungstrieb),
y mucosa anal.
En 1924, K. Abraham propuso diferenciar dos fases dentro de la fase anal-sádica,
distinguiendo
en cada uno de los componentes dos tipos opuestos de comportamiento en relación
con el
objeto. En la primera, el erotismo anal va ligado a la evacuación,
y la pulsión sádica a la
destrucción del objeto; en la segunda fase, el erotismo anal va ligado
a la retención, y la pulsión
sádica al control posesivo. Para Abraham, el paso de una fase a la otra
constituye un progreso
decisivo hacia el amor de objeto, como indicaría el hecho de que la línea
de escisión entre las
regresiones neuróticas y las psicóticas pasa entre estas dos fases.
¿Cómo concebir la ligazón entre el sadismo y el erotismo anal? El
sadismo, por su naturaleza
bipolar (puesto que apunta contradictoriamente a destruir el objeto y a conservarlo
dominándolo),
encontraría su principal correspondencia en el funcionamiento bifásico
del esfínter anal
(evacuación-retención) y el control de éste.
En la fase anal, se unen a la actividad de la defecación los valores simbólicos
del don y del
rechazo; dentro de esta perspectiva, Freud puso en evidencia la equivalencia simbólica:
heces =
regalo = dinero.
Fase del espejo
Al.: Spiegelstufe.
Fr.: stade du miroir.
Ing.: mirror's stage.
It.: stadio dello specchio.
Por.: fase do spelho.
fuente(22)
Según J. Lacan, fase de la constitución del ser humano, situada
entre los 6 y 18 primeros
meses(23); el niño, todavía en un estado de impotencia e incoordinación
motriz, anticipa
imaginariamente la aprehensión y dominio de su unidad corporal. Esta unificación
imaginaria se
efectúa por identificación con la imagen del semejante como forma
total; se ilustra y se actualiza
por la experiencia concreta en que el niño percibe su propia imagen en
un espejo.
La fase del espejo constituiría la matriz y el esbozo de lo que será
el yo.
La concepción de la fase del espejo constituye una de las aportaciones
más antiguas de J.
Lacan, quien la presentó en 1936 al Congreso Internacional de Psicoanálisis
celebrado en
Marienbad.
Esta concepción reúne y se basa en cierto número de datos
experimentales:
1) Datos proporcionados por la psicología infantil y la psicología
comparada, referentes al
comportamiento del niño ante su imagen reflejada en el espejo. Lacan insiste
en «[...] la asunción
triunfal de la imagen, con la mímica gozosa que la acompaña y la
complacencia lúdica en el
control de la identificación especular».
2) Datos proporcionados por la etología animal y que muestran algunos efectos
de maduración y
de estructuración biológica producidos exclusivamente por la percepción
visual del semejante.
La importancia de la fase del espejo en el ser humano debe relacionarse, según
Lacan, con la
prematuridad del nacimiento(24), demostrada objetivamente por el estado anatómicamente
incompleto del sistema piramidal, y por la falta de coordinación motriz
de los primeros meses(25).
1.° Desde el punto de vista de la estructura del sujeto, la fase del espejo señalaría
un momento
genético fundamental: la constitución del primer esbozo del yo.
En efecto, el niño percibe, en la
imagen del semejante o en su propia imagen especular, una forma (Gestalt) en la
cual anticipa
(de ahí su «gozo») una unidad corporal que objetivamente le falta: se identifica
con esta imagen.
Esta experiencia primordial se encuentra en la base del carácter imaginario
del yo, constituido en
principio como «yo ideal» y «matriz de las identificaciones secundarias». Como
puede
apreciarse, desde este punto de vista, el sujeto no puede reducirse al yo, instancia
imaginaria en
la cual tiende a alienarse.
2.° Según Lacan, la relación intersubjetiva, en cuanto viene marcada
por los efectos de la fase
del espejo, constituye una relación imaginaria, dual, consagrada a la tensión
agresiva, donde el
yo está constituido como un otro, y el otro como un alter ego (véase:
Imaginario).
3.° Tal concepción podría relacionarse con los puntos de vista freudianos
acerca del paso del
autoerotismo (anterior a la constitución de un yo) al narcisismo propiamente
dicho,
correspondiendo lo que Lacan denomina fantasías de «cuerpo fragmentado»
a la primera etapa,
y la fase del espejo a la aparición del narcisismo primario. Pero con un
matiz importante: para
Lacan, sería la fase del espejo la que haría surgir retroactivamente
la fantasía del cuerpo
fragmentado. Tal relación dialéctica se observa en la cura psicoanalítica:
en ocasiones se ve
aparecer la angustia de la fragmentación por pérdida de la identificación
narcisista, y a la
inversa.
Fase fálica
Fase fálica
Fase fálica
Al.: phallische Stufe (o Phase).
Fr.: stade phallique.
Ing.: phallic stage (o phase).
It.: fase fallica.
Por.: fase fálica.
fuente(26)
Fase de organización infantil de la libido que sigue a las fases oral y
anal y se caracteriza por
una unificación de las pulsiones parciales bajo la primacía de los
órganos genitales; pero, a
diferencia de la organización genital puberal, el niño o la niña
no reconocen en esta fase más
que un solo órgano genital, el masculino, y la oposición de los
sexos equivale a la oposición
fálico-castrado. La fase fálica corresponde al momento culminante
y a la declinación del
complejo de Edipo; en ella predomina el complejo de castración.
El concepto de fase fálica(27) surge tardíamente en Freud, puesto
que no aparece de modo
explícito hasta 1923 (La organización genital infantil [Die infantile
Genitalorganisation]). Viene
preparado por la evolución de las ideas de Freud referentes a los modos
sucesivos de
organización de la libido y por sus puntos de vista acerca de la primacía
del falo: dos líneas de
pensamiento que distinguiremos para mayor claridad de nuestra exposición.
1.° Acerca del primer punto, recordemos que Freud, en un principio (1905), consideró
la falta de
organización de la sexualidad infantil como el rasgo que la diferenciaba
de la sexualidad
postpuberal: el niño no sale de la anarquía de las pulsiones parciales
hasta que, con la llegada
de la pubertad, queda asegurada la primacía de la zona genital. La introducción
de las
organizaciones pregenitales anal y oral (1913, 1915) pone implícitamente
en tela de juicio el
privilegio, hasta entonces concedido a la zona genital, de organizar la libido;
pero no se trata
todavía más que de «rudimentos y fases precursoras» de una organización
en el pleno sentido
de esta palabra. «La combinación de las pulsiones parciales y su subordinación
bajo la primacía
de los órganos genitales no se realiza o sólo tiene lugar de forma
muy incompleta». Cuando
Freud introduce el concepto de fase fálica, reconoce la existencia, desde
la infancia, de una
verdadera organización de la sexualidad, muy parecida a la del adulto,
«[...] la cual merece ya el
nombre de genital, en la que encontramos un objeto sexual y una cierta convergencia
de las
tendencias sexuales sobre este objeto, pero que se diferencia en un aspecto esencial
de la
organización definitiva que se produce con la maduración sexual:
en efecto, no conoce más que
una sola clase de órgano genital, el órgano masculino».
2.° Esta idea de una primacía del falo se insinúa ya en textos muy
anteriores a 1923. A partir de
los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie,
1905)
encontramos dos tesis:
a) La libido es «de naturaleza masculina, tanto en la mujer como en el
hombre»;
b) «La zona erógena directriz en la niña se localiza en el
clítoris, que es el órgano homólogo de
la zona genital masculina (glande)».
El análisis del Pequeño Hans, en el cual se establece el
concepto de complejo de castración,
sitúa en primer plano para el niño la alternativa: poseer un falo
o estar castrado. Finalmente, el
artículo sobre las Teorías sexuales infantiles (über infantile
Sexualtheorien), si bien considera,
al igual que los Tres ensayos, la sexualidad desde el punto de vista del
niño varón, subraya el
interés particular que la niña concede al pene, su envidia de éste
y su sentimiento de haber sido
perjudicada en comparación con el niño.
Lo más importante acerca de la concepción freudiana de la fase fálica
se encuentra en tres
artículos: La organización genital infantil (Die infantile Genitalorganisation,
1923); La
declinación del complejo de Edipo (Der Untergangs des Ödipuskomplexes,
1924); Algunas
consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos
(Einige psychische Folgen
des anatomischen Geschlechtsunterschieds, 1925). Esquemáticamente,
la fase fálica, según
Freud, puede definirse del siguiente modo:
l.° Desde el punto de vista genético, el «par antitético» actividad-pasividad,
que predomina en la
fase anal, se transforma en el par fálico-castrado; sólo en la pubertad
se establece la oposición
masculinidad-feminidad.
2.° En relación con el complejo de Edipo, la existencia de una fase fálica
desempeña un papel
esencial: en efecto, la declinación del Edipo (en el caso del niño)
viene condicionada por la
amenaza de castración, cuya eficacia depende, por una parte, del interés
narcisista que el niño
siente por su propio pene, y, por otra, del descubrimiento de la falta de pene
en la niña (véase:
Complejo de castración).
3.° Existe. una organización fálica en la niña. La constatación
de la diferencia de los sexos
suscita una envidia del pene; ésta implica, desde el punto de vista
de la relación con los padres,
un resentimiento hacia la madre, que no ha dado pene a la niña, y la elección
del padre como
objeto de amor, en la medida en que él puede dar el pene o su equivalente
simbólico, el niño. Así,
pues, la evolución de la niña no es simétrica de la del niño
(según Freud, la niña ignora la
existencia de la vagina); la evolución de ambos se centra igualmente en
el órgano fálico.
La significación de la fase fálica, especialmente en la niña,
ha dado lugar a importantes
discusiones en la historia del psicoanálisis. Los autores que admiten la
existencia, en la niña, de
sensaciones sexuales específicas desde un principio (como K. Horney, M.
Klein, E. Jones), en
especial un conocimiento intuitivo primario de la cavidad vaginal, se ven inducidos
a considerar la
fase fálica sólo como una formación secundaria de tipo defensivo.
Fase libidinosa
Al.: Libidostufe (o -phase).
Fr.: stade libidinal.
Ing.: libidinal stage (o phase).
It.: fase libidica.
Por.: fase libidinal.
fuente(28)
Etapa del desarrollo del niño caracterizada por una organización,
más o menos marcada, de la
libido bajo la primacía de una zona erógena y por el predominio
de un modo de relación de objeto.
En psicoanálisis se ha dado una mayor extensión a la noción
de fase, al intentar definir las fases
de la evolución del yo.
Cuando se habla de fase en psicoanálisis, se alude generalmente a las fases
de la evolución
libidinosa. Pero se observará que, ya antes de que comenzara a destacarse
el concepto de
organización de la libido, se manifestó la preocupación de
Freud por diferenciar «edades de la
vida», «épocas», «períodos del desarrollo»; ello corre parejas con
el descubrimiento de que las
distintas afecciones psiconeuróticas tienen su origen en la infancia. Así,
alrededor de los años
1896-1897, Freud, en su correspondencia con W. Fliess, de quien es sabido que
elaboró una
teoría de los períodos, intenta establecer una sucesión de
épocas, en la infancia y la pubertad,
cuyas fechas pueden fijarse con mayor o menor precisión; este intento se
halla en íntima
relación con el concepto de posterioridad y con la teoría de la
seducción, que fue entonces
elaborada por Freud. En efecto, algunas de las épocas consideradas («época
del
acontecimiento», Ereigniszeiten) son aquellas en las que se producen las
«escenas sexuales»,
mientras que otras son «épocas de represión» (Verdrängungszeiten).
Freud relaciona la
«elección de la neurosis» con esta sucesión: «Las diferentes neurosis
hallan sus condiciones
temporales en las escenas sexuales [...]. Las épocas de represión
son indiferentes para la
elección de la neurosis, las épocas del acontecimiento son decisivas».
Por último, el paso de una
época a otra es puesto en relación con la diferenciación
del aparato psíquico en sistemas de
«inscripciones», y el paso de una época a otra y de un sistema a otro se
compara a una
«traducción» que puede efectuarse con mayor o menor éxito.
Pronto surge la idea de relacionar la sucesión de estos diversos períodos
con el predominio y el
abandono de «zonas sexuales» o «zonas erógenas» determinadas (región
anal, región
buco-faríngea y, en la niña, región clitorídea); Freud
lleva bastante lejos esta tentativa teórica,
como lo demuestra la carta del 14-XI-1897: el proceso de la represión llamado
normal se pone en
estrecha relación con el abandono de una zona por otra, la «declinación»
de una determinada
zona sexual.
Tales concepciones anticipan en muchos puntos lo que habría de ser, en
su forma más
completa, la teoría de las fases libidinosas. Pero resulta sorprendente
comprobar que, después
de la primera exposición efectuada por Freud de la evolución de
la sexualidad, desaparecen
para ser redescubiertas y precisadas ulteriormente. En la edición de 1905
de los Tres ensayos
sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie), la principal
oposición se sitúa
entre la sexualidad puberal y adulta, por una parte, organizada bajo la primacía
genital, y la
sexualidad infantil, por otra, cuyas metas sexuales son múltiples, al igual
que las zonas
erógenas que les sirven de soporte, sin que se instaure en modo alguno
la primacía de una de
ellas o una elección de objeto. Sin duda, Freud acentúa especialmente
esta oposición, debido al
carácter didáctico que ofrece la obra en cuestión y también
por la originalidad de la tesis que
defiende: el carácter originalmente perverso y polimorfo de la sexualidad
(véase: Sexualidad;
Autoerotismo).
Progresivamente, entre 1913 y 1923, esta tesis es modificada por la introducción
del concepto
de fases pregenitales que preceden a la instauración de la fase genital:
fase oral, anal, fálica.
Lo que caracteriza estas fases es un determinado modo de organización de
la vida sexual. El
concepto de la primacía de una zona erógena no es suficiente
para explicar lo que hay de
estructurante y de normativo en el concepto de fase: ésta tiene su fundamento
en un tipo de
actividad, ligada ciertamente a una zona erógena, pero que puede reconocerse
a diferentes
niveles de la relación de objeto. Así, la incorporación,
característica de la fase oral, sería un
esquema que se encontraría también en muchos fantasmas subyacentes
a actividades distintas
de la nutrición (por ejemplo, «comer con los ojos»).
Si el concepto de fase ha encontrado, en psicoanálisis, su modelo en el
registro de la evolución
de la actividad libidinal, se observará que se han bosquejado también
otras varias líneas
evolutivas:
1.ª Freud indicó una sucesión temporal en cuanto al acceso al objeto
libidinal, pasando el sujeto
sucesivamente por el autoerotismo, el narcisismo, la elección homosexual
y la elección
heterosexual;
2.ª otra dirección conduce a reconocer distintas etapas en la evolución
que desemboca en un
predominio del principio de realidad sobre el principio de placer. Un ensayo sistemático
en este
sentido lo efectuó Ferenczi;
3.ª algunos autores estiman que sólo la formación del yo puede explicar
el paso del principio de
placer al principio de realidad. El yo « [...] entra en el proceso como una variable
independiente».
El desarrollo del yo es el que permite la diferenciación entre sí
mismo y el mundo exterior, el
aplazamiento de la satisfacción, el control relativo sobre los estímulos
pulsionales, etc.
Freud, aunque indicó el interés que tendría determinar con
precisión la evolución y las fases del
yo, no trabajó en esta dirección. Por lo demás, señalemos
que, cuando evoca el problema, por
ejemplo, en La predisposición a la neurosis obsesiva (Die Disposition
zur Zwangsneurose,
1913), el concepto de yo todavía no ha sido delimitado en el sentido tópico
preciso que adquirirá
en El yo y el ello (Das Ich und das Es, 1923). Freud supone que es preciso
introducir « en la
predisposición a la neurosis obsesiva un matiz temporal en el desarrollo
del yo con respecto al
desarrollo de la libido»; pero indica que «[...] hasta ahora es muy poco lo que
sabemos acerca de
las fases del desarrollo de las pulsiones del yo».
Asimismo se observará que Anna Freud, en El Yo y los mecanismos de defensa
(Das Ich und
die Abwehrmechanismen, 1936), renuncia a establecer una sucesión temporal
en la aparición
de los mecanismos de defensa del yo.
¿Qué visión de conjunto se puede lograr acerca de estas distintas
líneas de pensamiento? La
tentativa más comprensiva de establecer una correspondencia entre estos
diversos tipos de
fases fue la de Abraham (Ensayo de historia del desarrollo de la libido basada
en el
psicoanálisis de los trastornos psíquicos [Versuch einer Entwick1unggeschichte
der Libido auf
Grund der Psychoanalyse seelischer Störungen, 1924]); Robert Fliess completó
el cuadro
propuesto por Abraham.
Conviene subrayar que Freud no se ocupó de elaborar una teoría holística
de las fases que
agrupara, no sólo la evolución de la libido, sino también
la de las defensas, del yo, etc.; una
teoría de este tipo, presidida por el concepto de relación de objeto,
termina por englobar, dentro
de una sola línea genética, la evolución del conjunto de
la personalidad. A nuestro modo de ver,
no se trata aquí simplemente de que el pensamiento de Freud quedara incompleto,
sino que para
él, de hecho, el desfasaje y la posibilidad de una dialéctica entre
estas distintas líneas evolutivas
son fundamentales en el determinismo de la neurosis.
En este sentido, incluso aunque la teoría freudiana sea una de las que,
en la historia de la
psicología, más ha contribuido a promover el concepto de fase, al
parecer no utiliza, en su
inspiración fundamental, esta palabra en el sentido que le atribuye la
psicología genética, al
postular, en cada nivel de evolución, una estructura de conjunto de carácter
integrativo.
Fase oral
Al.: orale Stufe (o Phase).
Fr.: stade oral.
Ing.: oral Stage.
It.: fase orale.
Por.: fase oral.
fuente(29)
Primera fase de la evolución libidinosa: el placer sexual está ligado
entonces predominantemente
a la excitación de la cavidad bucal y de los labios, que acompaña
a la alimentación. La actividad
de nutrición proporciona las significaciones electivas mediante las cuales
se expresa y se
organiza la relación de objeto; así, por ejemplo, la relación
de amor con la madre se hallará
marcada por las significaciones: comer, ser comido.
Abraham propuso subdividir esta fase atendiendo a dos actividades distintas: succión
(fase oral
precoz) y mordedura (fase oral sádica).
En la primera edición de los Tres ensayos sobre la teoría sexual
(Drei Abhandlungen zur
Sexualtheorie, 1905), describe Freud una sexualidad oral que pone en evidencia
en el adulto
(actividades perversas o preliminares) y que encuentra también en el niño
basándose en las
observaciones del pediatra Lindner (significación masturbatoria de la succión
del pulgar). No
obstante, no habla de fase, de organización oral, como tampoco habla
de organización anal.
Con todo, la actividad del chupeteo adquiere, desde esta época, el valor
de ejemplo, permitiendo
a Freud mostrar cómo la pulsión sexual, que al principio se satisface
en apoyo sobre una
función vital, adquiere una autonomía y se satisface en forma autoerótica.
Por otra parte, la
experiencia de satisfacción, que proporciona el prototipo de la fijación
del deseo a un
determinado objeto, es una experiencia oral; por consiguiente, se puede establecer
la hipótesis
de que el deseo y la satisfacción quedan marcados para siempre por esta
primera experiencia.
En 1915, después de haber reconocido la existencia de la organización
anal, Freud describe
como primera fase de la sexualidad la fase oral o canibalística. La fuente
es la zona oral; el
objeto se encuentra en estrecha relación con el de la alimentación,
el fin es la incorporación. Así,
pues, el acento no se hace recaer solamente en una zona erógena (una excitación
y un placer
específicos), sino también en un modo de relación, la incorporación;
el psicoanálisis muestra que
ésta, en los fantasmas infantiles, no solamente es relacionada con la actividad
bucal, sino que
se transpone también a otras funciones (por ejemplo, respiración,
visión).
Según Freud, la oposición entre actividad y pasividad, que caracteriza
la fase anal, no existe en
la fase oral. Karl Abraham intentó diferenciar los tipos de relación
que intervienen en el período
oral, lo que le condujo a distinguir una fase precoz de succión preambivalente
(que parece la
más próxima a lo que Freud describió en un principio como
fase oral) y una fase oral-sádica que
corresponde a la aparición de los dientes, en la cual la actividad de mordedura
y devoramiento
implica una destrucción del objeto; en ella se encuentra conjuntamente
el fantasma de ser
comido, destruido por la madre.
El interés concedido a las relaciones de objeto condujo a algunos psicoanalistas
(especialmente
Melanie Klein, Bertram Lewin) a describir en forma más compleja las significaciones
connotadas
en el concepto de fase oral.
Fase oral - sádica
Fase oral - sádica
Fase oral - sádica
Al.: oral-sadistische Stufe (o Phase).
Fr.: stade sadique-oral.
Ing: oral-sadistic stage.
It.: fase sadico-orale.
Por.: fase oral-sádica.
fuente(30)
Segundo tiempo de la fase oral, según una subdivisión introducida
por K. Abraham; coincide con
la aparición de los dientes y de la actividad de mordedura. Aquí
la incorporación adquiere el
sentido de una destrucción del objeto, lo que implica que la ambivalencia
entra en juego en la
relación de objeto.
En Ensayo de una historia de desarrollo de la libido basada en el psicoanálisis
de los
trastornos psíquicos (Versuch einer Entwicklungsgeschichte der Libido auf
Grund der
Psychoanalyse seelischer Störungen, 1924), K. Abraham distingue, dentro
de la fase oral, una
fase precoz de succión, «preambivalente», y una fase oral-sádica
que corresponde a la
aparición de los dientes; la actividad de mordedura y devoramiento implica
una destrucción del
objeto y aparece la ambivalencia pulsional (libido y agresividad dirigidas sobre
un mismo objeto).
Con Melanie Klein se atribuye una importancia creciente al sadismo oral. En efecto,
para esta
autora la fase oral constituye el momento culminante del sadismo infantil. Pero,
a diferencia de
Abraham, hace intervenir desde un principio las tendencias sádicas: «[...]
la agresividad forma
parte de la relación precoz del niño con el pecho, aunque en esta
fase no se exprese
habitualmente por la mordedura». «El deseo libidinoso de mamar se acompaña
de la meta
destructiva de aspirar, de vaciar, de agotar succionando». Aunque M. Klein discute
la distinción
de Abraham entre una fase oral de succión y una fase oral de mordedura,
el conjunto de la fase
oral es para la autora una fase oral-sádica.
Fase u organización genital
Fase u organización genital
Fase u organización genital
Al.: genitale Stufe (o Genitalorganisation).
Fr.: stade (u organisation) génital(e).
Ing.: genital stage (u organization).
It.: fase (u organizzazione) genitale.
Por.: fase (u organização) genital.
fuente(31)
Fase del desarrollo psicosexual caracterizada por la organización de las
pulsiones parciales
bajo la primacía de las zonas genitales; comporta dos tiempos, separados
por el período de
latencia: la fase fálica (u organización genital infantil) y la
organización genital propiamente dicha,
que se instaura en la pubertad.
Algunos autores reservan el término «organización genital» para
designar este último tiempo,
incluyendo la fase fálica en las organizaciones pregenitales.
Según atestigua la primera edición de los Tres ensayos sobre
la teoría sexual (Drei
Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905), para Freud no existía al principio
más que una sola
organización de la sexualidad, la organización genital, que se instauraba
en la pubertad y se
oponía a la «perversidad polimorfa» y al autoerotismo de la sexualidad
infantil. Luego, Freud
modifica progresivamente esta primera concepción:
1) describe organizaciones pregenitales (1913, 1915: véase: Organización);
2) en un capítulo añadido a los Tres ensayos, Fase de desarrollo
de la organización sexual,
establece la idea de que, desde la infancia, tiene lugar una elección de
objeto sexual: «[...] todas
las tendencias sexuales convergen hacia una sola persona y buscan en ésta
su satisfacción.
Se realiza así, durante los años infantiles, la forma de sexualidad
que más se aproxima a la
forma definitiva de la vida sexual. La diferencia [...] se reduce a que, en el
niño, todavía no se ha
realizado la síntesis de las pulsiones parciales, ni su sumisión
completa a la primacía de la zona
genital. Sólo la última fase del desarrollo sexual traerá
consigo la afirmación de esta primacía».
3) Vuelve a poner en tela de juicio la teoría enunciada en esta
última frase al reconocer la
existencia de una «organización genital» llamada fálica, antes del
período de latencia, que sólo
se diferenciaría de la organización genital postpuberal en que un
solo órgano genital es el que
cuenta para ambos sexos: el falo (1923) (véase: Fase fálica).
Como puede verse, la evolución de las ideas de Freud acerca del desarrollo
psicosexual le
condujo a aproximar cada vez más la sexualidad infantil a la sexualidad
adulta. No desaparece,
sin embargo, la primera idea, según la cual con la organización
genital puberal las pulsiones
parciales se unifican y jerarquizan definitivamente, y el placer inherente a las
zonas erógenas no
genitales se vuelve «preliminar» al orgasmo, etc.
Freud también señaló insistentemente que la organización
genital infantil se caracteriza por una
discrepancia entre las exigencias edípicas y el grado de desarrollo biológico.
Favez - Boutonier Juliette, nacida
Boutonier (1903-1994). Psicoanalista francesa
Favez - Boutonier Juliette, nacida Boutonier (1903-1994). Psicoanalista francesa
Favez - Boutonier Juliette
Nacida Boutonier (1903-1994)
Psicoanalista francesa
fuente(32)
Proveniente de una familia de maestros del Mediodía de Francia, Juliette
Boutonier fue aprobada
para el profesorado universitario de filosofía a los 22 años de
edad, y estudió medicina en Dijon,
donde conoció a Gaston Bachelard (1884-1962). Interesada en el psicoanálisis,
le escribió una
carta a Sigmund Freud, quien le respondió el 11 de abril de 1930. En 1935,
nombrada en París
para enseñar filosofía, conoció a Daniel Lagache e inició
un análisis con René Laforgue.
Frecuentó el Hospital Sainte-Anne y el servicio de Georges Heuyer (1884-1977).
Después de la
Segunda Guerra Mundial, creó, junto con Georges Mauco, el centro psicopedagógico
del liceo
Claude-Bernard. Casada en 1952 con Georges Favez (1902-198 l), también
psicoanalista,
desempeñó un papel en la historia de las escisiones del movimiento
francés, fundando con
Lagache, en 1935, la Société française de psychanalyse (SFP)
y después, una vez más con
Lagache, en 1953, la Association psychanalytique de France (APF). En la universidad,
y sobre
todo en la cátedra de psicología general, donde lo sucedió
en 1955, Juliette Favez-Boutonier
encarnó muy bien el ideal de esa psicología clínica universitaria,
heredada de Pierre Janet, que
fue una de las corrientes del freudismo francés.
Fechner Gustav Theodor
(1801-1887). Médico y filósofo alemán
Fechner Gustav Theodor (1801-1887). Médico y filósofo alemán
Fechner Gustav Theodor
(1801-1887) Médico y filósofo alemán
fuente(33)
Fundador de la psicofísica, y después de la psicología experimental,
este hijo de pastor fue uno
de los representantes tardíos de la tradición del romanticismo alemán.
Personaje fáustico, tuvo la
experiencia personal de su objeto de estudio, atravesando una especie de crisis
mística a la que
Henri F. Ellenberger denominó de neurosis creadora. Su obra ejerció
una influencia importante
sobre la de Freud: "Yo he estado siempre abierto a las ideas de G. Th. Fechner
-escribió el
padre del psicoanálisis en 1925-, y por otra parte me he basado sobre este
pensador en puntos
importantes".
Después de estudiar medicina y biología, Fechrier fue designado
en 1834 profesor de física en la
Universidad de Leipzig. Durante los tres años siguientes cayó en
un estado melancólico por el
que tuvo que renunciar a la cátedra y vivir casi sin comer en una habitación
sombría con las
paredes pintadas de negro. A continuación de este episodio experimentó
un breve período de
exaltación. Se creyó elegido de Dios, y estaba persuadido de haber
descubierto un principio
universal tan fundamental para el universo como el de lsaac Newton (1642-1727).
En 1848, le
dio el nombre de principio de placer.
Después de su curación, cambió su cátedra universitaria
de física por la de filosofía, y publicó
numerosas obras en las que sostuvo que la tierra es un ser vivo, que la conciencia
está
difundida en el universo, y que el alma es inmortal. En 1860 publicó sus
Elementos de
psicofísica para dar un fundamento experimental a sus trabajos sobre
las relaciones entre el
alma y la materia. En 1873 teorizó el principio de conservación
(o estabilidad) de la energía,
formulado en 1842 por el físico Robert Meyer, y retomado en 1845 por Hermann
von Helmholtz.
De este principio, completamente abandonado por la ciencia moderna, Freud extrajo
en 1920 el
principio de placer/dispiacer, en las primeras páginas de su libro Más
allá del principio de
placer.
En 1924, Imre Hermann dedicó un estudio a Fechner, pero hubo que esperar
los trabajos de la
historiografía experta para que se acordara un lugar a sus obras en la
génesis del
descubrimiento freudiano del inconsciente.
Federación psicoanalítica de
América Latina (FEPAL)
Federación psicoanalítica de América Latina (FEPAL)
Federación psicoanalítica de América
Latina
(FEPAL)
fuente(34)
La primera federación psicoanalítica latinoamericana fue creada
en 1960, con el nombre de
Consejo Coordinador de las Organizaciones Psicoanalíticas de América
Latina (COPAL); su
objetivo era defender los intereses comunes de todas las sociedades psicoanalíticas
de América
latina afiladas a la International Psychoanalytical Association (IPA). Fue disuelta
en 1979, y
reemplazada en noviembre de 1980 por una nueva organización que tomó
el nombre de
Federación Psicoanalítica de América Latina (FEPAL). Reconocida
por la IPA, a fines del siglo XX
se ha convertido en la tercera potencia freudiana del mundo, después de
la American
Psychoanalytic Association (APsaA) y la Fédération européenne
de psychanalyse (FEP); en ella
están representadas dieciocho sociedades componentes o provisionales, y
seis grupos de
estudio, abarcando en total ocho países: la Argentina (cuatro sociedades,
un grupo de estudio),
Brasil (seis sociedades, tres grupos de estudios), Chile, Colombia, México
(dos sociedades),
Perú, Uruguay, Venezuela (dos sociedades). La Federación agrupa
a algo más de tres mil
psicoanalistas en total, es decir, un tercio de la cifra global de la IPA, para
una población de
trescientos ochenta millones de habitantes: ocho psicoanalistas por millón
de habitantes, con
diferencias considerables entre país y país; la Argentina y Brasil
tienen la densidad más alta, a
mucha distancia de los otros.
Fédération Européenne de
psichanalyse (FEP). (Federación Europea de Psicoanálisis)
Fédération Européenne de psichanalyse (FEP). (Federación
Europea de
Psicoanálisis)
Fédération Européenne de
psichanalyse
(FEP) (Federación Europea de Psicoanálisis)
fuente(35)
Creada en 1966 con el nombre de Fédération des sociétés
européennes de psychanalyse, para
contrapesar a la poderosa American Psychoanalytic Association (APsaA) y a la COPAL
(futura
Federación Psicoanalítica de América Latina, FEPAL), la Fédération
européenne de
psychanalyse (FEP) sólo inició verdaderamente su actividad en 1969.
Reconocida por la
International Psychoanalytical Association (IPA), tomó la costumbre de
realizar congresos en
tres idiomas (alemán, inglés, francés).
A partir de la década de 1990, quedaron representados en la FEP dieciocho
países, a través de
dieciocho sociedades componentes o provisionales, dieciséis institutos
y tres grupos de estudio:
Alemania (doce institutos), Austria (Viena), Bélgica, Dinamarca, Finlandia,
Suecia, Noruega
(países escandinavos), España (dos sociedades), Francia (un instituto,
dos sociedades), Gran
Bretaña, Grecia (un grupo de estudio), la República Checa (un grupo
de estudio), Hungría, Italia
(tres institutos, ocho ramas para siete ciudades), Portugal, Holanda, Serbia,
Suiza. En 1992 se
sumaron a estos países Irlanda y Rusia, y más tarde otros países
de Europa deseosos de
reconstruir el psicoanálisis después de salir del comunismo: Polonia,
Rumania. Gracias a este
aporte, la FEP pudo cobrar impulso en el momento mismo en que el psicoanálisis
estaba en
declinación en los distintos países de Europa.
A fines del siglo XX, agrupa a tres mil miembros de aproximadamente diecisiete
países, es decir
un poco menos de un tercio del efectivo global de la IPA, para una población
de cuatrocientos
millones de habitantes, o sea un promedio de siete u ocho psicoanalistas por millón
de
habitantes, con diferencias considerables entre país y país. En
este sentido, ha pasado al tercer
puesto mundial entre las instituciones freudianas legitimistas, despu6s de la
American
Psychoanalytic Association (APsaA) y la FEPAL.
En razón de la pérdida de influencia de Europa en el seno de la
comunidad psicoanalítica
internacional, dominada primero por el idioma inglés común a todas
las sociedades de la IPA
(desde los Estados Unidos hasta Japón y la India, pasando por Canadá
y Australia), y después
cada vez más enfeudada al mundo americano, debido a la pujanza creciente
de las sociedades
latinoamericanas, la FEP se dedica al trabajo científico y teórico,
dejando a la IPA el cuidado de
regular las cuestiones políticas.
Para tratar de reconquistar mediante la elaboración doctrinaria el poder
perdido en el ámbito
político, la FEP consagra lo esencial de sus fuerzas a reflexionar sobre
el estatuto teórico del
psicoanálisis y su modo de transmisión, en un momento en que éste
sufre una considerable
competencia de las diversas psicoterapias, incluso de las distintas prácticas
mágicas y
espiritualistas. El objeto de la FEP es tender un puente hacia los países
de la Europa del Este, en
los cuales, después de su salida del comunismo, no sólo prevalece
el idioma inglés, sino también
las corrientes provenientes del mundo de lengua inglesa: sobre todo el kleinismo
y la Self
Psychology.
En Europa, la FEP enfrenta a aproximadamente a seis mil lacanianos (tres mil en
Francia) y dos
mil freudianos no miembros de la IPA.
Federn Paul
(1871-1950) Psiquiatra y psicoanalista norteamericano
fuente(36)
Quinto miembro adherente de la Sociedad Psicológica de los Miércoles,
este brillante discípulo de
las primeras horas del freudismo se comparaba de buena gana con el apóstol
Pablo o con "un
oficial subalterno del ejército psicoanalítico". Admiraba el orden
y la disciplina de la cultura
alemana y, en el primer grupo vienés, fue no sólo un clínico
notable, sino también un formador de
alumnos. Muchos, más jóvenes que él, pasaron por su diván
para convertirse a su vez en
didactas de las generaciones posteriores.
Nieto de rabino e hijo de un médico generalista muy reputado en Viena,
Federn provenía de la
burguesía judía liberal. Su madre, una mujer muy hermosa, pertenecía
a una familia de
comerciantes ricos.
Desde su juventud padeció un humor depresivo, lo que no le impidió
ser un fogoso oficial de la
caballería imperial, amar a las mujeres y tener éxitos con ellas.
Su estatura imponente, su voz
atronadora, sus ojos vivos y su gran barba negra le daban el aspecto de un califa
de Las mil y
una noches. Y como no vacilaba en pasearse por las calles de Viena con un
gran sombrero, le
pusieron el sobrenombre de Harún Al-Rachid.
Obedeciendo al padre, que obligó a sus dos hijos a orientarse hacia su
misma carrera, Paul
Federn estudió medicina, a pesar de que le gustaba la biología.
En 1902 se instaló como médico
internista en Viena y, dos años más tarde, se casó con Wilma
Bauer, a quien conocía desde el
momento en que la había atendido, en una edad precoz, por un reumatismo
articular. Ella
provenía de una familia protestante, cercana a la de Hermann Nothnagel,
quien le presentó a
Sigmund Freud. Como muchos judíos vieneses, Federn proyectaba convertirse,
y educó a sus
tres hijos en la religión de la madre.
Con Freud realizó una especie de análisis avant la lettre en
cuyo transcurso logró controlar su
humor melancólico. Las crisis depresivas fueron menos frecuentes, pero
en caso de recaída
pensaba suicidarse. En el seno de la Sociedad de los Miércoles, de la cual
fue uno de los pilares,
se consagró a la enseñanza, dando un seminario particularmente rico
sobre La interpretación de
los sueños. También se interesó por la telepatía,
y en el seno de la Wiener Psychoanalytische
Vereinigung (WPV) se desempeño como administrador y organizador. En 1914
viajó a los
Estados Unidos para dar una serie de conferencias, y tuvo cierta importancia al
tomar en análisis
a Clarence Oberndorf y Smith Ely Jelliffe.
Médico militar durante la Primera Guerra Mundial, suscribía los
ideales patrióticos del Imperio, y
tenía una fe inconmovible en la victoria de Alemania. Después de
la derrota, se afilió al Partido
Socialdemócrata, y comenzó a interesarse, con August Aichhorn, Siegfried
Bernfeld y Willi
Hoffer, en la delincuencia juvenil, la educación sexual y la emancipación
de las mujeres.
En el seno de la familia Federn, Wilma desempeñaba un papel eminente. Ernst,
el hijo de Paul, que
se convertiría en psicoanalista después de una cura con Hermann
Nunberg, cuenta que Freud
comparaba a la señora Federn con Mussolini y a Paul con el rey Víctor
Manuel: "En esa época
-añade-, nadie ignoraba que el rey era un fantoche bajo el gobierno del
dictador. Eso le valió a mi
madre que la bautizaran Mussolina, sobrenombre que ella aceptó con una
cierta satisfacción."
Si bien Federn siguió fiel a la doctrina clásica, en el período
de entreguerras, lo mismo que
muchos freudianos de la segunda generación, se comprometió en la
revisión de la teoría del yol-
y en la reestructuración de la segunda tópica, trabajo que desembocó
en la distinción entre el yo
(ego) y el sí-mismo (self), primer paso hacia la Self Psychology.
Lo afectó mucho el hecho de
que no fuera verdaderamente reconocido por los representantes de la Ego Psychology,
que no
citaban sus trabajos. De hecho, él elaboró su concepción
de las "fronteras del yo" a partir de
una reflexión sobre el narcisismo y la clínica de las psicosis.
Consideraba la psicosis, y sobre
todo la esquizofrenia, como una disminución de las investiduras del yo,
que llevaba al sujeto a no
conocer ya sus fronteras, no saber ya distinguir sus percepciones o sus sentimientos.
Desarrolló la idea, cara a la psiquiatría clásica, de que
el delirio es la expresión de una "falsedad
del juicio". Por otra parte, él mismo trató a pacientes psicóticos
y se interesó por el progreso de
la quimioterapia.
Este interés en la locura no carecía de relaciones con su situación
personal. En efecto, su primer
hijo, Walter, nacido en 1910, se convirtió muy pronto en un niño
difícil. A pesar de sus brillantes
estudios de egiptología, que le permitieron realizar una exitosa carrera
universitaria, se hundió
progresivamente en la esquizofrenia.
En 1938, Paul Federn emigró con su familia a los Estados Unidos. Después
de repetir sus
estudios de medicina y obtener un nuevo diploma, se integró a la New York
Psychoanalytical
Society (NYPS), cuyas reglas rígidas impugnó, al punto de que él,
un freudiano ortodoxo, fue
considerado "desviacionista". Unos meses antes de emigrar, su hijo Ernst había
sido arrestado
por la Gestapo en razón de sus actividades políticas, y después
deportado al campo de
Buchenwald, donde conoció a Bruno Bettelheim. Ernst y Paul sólo
volvieron a encontrarse, del
otro lado del Atlántico, en 1946. En esa fecha, afectado de un tumor maligno
en la vejiga, Paul
debió sufrir una primera intervención quirúrgica.
La recaída se produjo después de la muerte de Wilma. Él no
quiso padecer una agonía atroz, y
decidió poner fin a sus días según la más pura tradición
antigua. El 3 de mayo de 1950 ordenó
sus asuntos, dejó instrucciones estrictas a su amigo Edoardo Weiss, y retiró
de su banco una
pistola cuidadosamente guardada en un cofre. La cargó con dos balas. Durante
todo el día
recibió normalmente a sus analizantes, e incluso bromeó con su ama
de llaves sobre las
diferentes maneras de darse muerte. En mitad de la noche redactó una carta
para su hijo Walter;
le advertía que tuviera cuidado: quedaba una bala en el cargador; a las
tres de la madrugada,
sentado en su sillón de analista, le bastó un disparo. "Hasta su
último aliento -subrayó Ernst-, se
preocupó más por los otros que por él mismo.-
En 1968, Walter Federn se suicidó, dejándose morir de hambre.
Fenichel Otto (1897-1946). Médico y
psicoanalista norteamericano
Fenichel Otto (1897-1946). Médico y psicoanalista norteamericano
Fenichel Otto
(1897-1946) Médico y psicoanalista norteamericano
fuente(37)
Poco conocido fuera del movimiento psicoanalítico, y muy a menudo considerado
un simple
técnico de la cura, Otto Fenichel fue sin embargo un gran freudiano. A
la vez disidente y
antiautoritario, hostil a todos los dogmatismos y abierto a la cuestión
social, se opuso siempre a
la política conservadora de Ernest Jones, y criticó el biologismo
reichiano, así como el
culturalismo de los neofreudianos. En nombre de la defensa humanista del sujeto,
luchó por los
principios de un universalismo atemperado, respetuoso de las diferencias culturales.
En
consecuencia, negándose a olvidar su juventud socialista y su pasado vienés,
le costaba asumir
los ideales pragmáticos y normalizadores de la sociedad norteamericana,
a la que no obstante
se vio obligado a adaptarse.
Como lo ha subrayado el historiador Russel Jacoby, Otto Fenichel formó
parte, con sus amigos y
colegas -Annie Reich, Barbara Lantos (1894-1962), Edith Jacobson, Kate Friedlánder,
Georg
Geró (1901-1981), y algunos más-, de lo que se llama la izquierda
freudiana. Nacidos un poco
antes o después de principios de siglo, estos hombres y mujeres, lo mismo
que Sandor Rado,
Helene Deutsch, Ernst Kris, Rudolph Loewenstern, Marie Bonaparte, Melanie Klein
y Karen
Horney, pertenecfan a la segunda generción psicoanalítica mundial.
De modo que los había
marcado la Revolución de Octubre, el ascenso del nazismo, el exilio y la
necesidad de integrarse
a una nueva cultura. A veces encontraron en la International Psychoanalytical
Association (IPA)
una nueva patria freudiana, y fueron los artífices del legitimismo; otras
veces, por el contrario,
impugnaron el aparato freudiano, llegando a la escisión, el exilio interior,
o incluso el cambio de
profesión.
Nacido en Viena en una familia de la burguesía judía, Fenichel militó
activamente durante su
adolescencia en el movimiento de la juventud austríaca y en el de la juventud
judía, apuntando a
hacer converger la revolución política con la liberación
sexual, En 1916, a partir de una
investigación conjunta con sus compañeros de clase, redactó
un artículo sobre esta cuestión, lo
que le valió la expulsión del liceo.
En 1918 se orientó hacia el psicoanálisis al entrar en contacto
con las tesis de Siegfried
Bernfeld, y participó en los trabajos de la Wiener Psychoanalytische Vereinigung
(WPV). Realizó
entonces su primer análisis con Paul Federn, y después otro con
Sandor Rado, al instalarse en
Berlín en 1922. Sin dejar de ser fiel a la legitimidad freudiana en materia
de formación didáctica,
muy pronto tomó distancia respecto del formalismo burocrático de
la IPA, y organizó un círculo
de estudio independiente (denominado Seminario de Niños), en el cual alternaron,
hasta 1933, las
discusiones políticas y la enseñanza sobre las técnicas psicoanalíticas.
En 1930, Wilhelm Reich
y su mujer Annie se unieron al grupo, encontrando a los analistas berlineses más
adelantados
que los vieneses sobre las cuestiones sociales. Así nació el movimiento
de los freudianos
políticos, que llegó a su apogeo en 1932, cuando Fenichel fue designado
vicepresidente de la
Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG).
A pesar de varios viajes a Rusia y de las simpatías pregonadas por el socialismo
y el marxismo,
Fenichel no adhirió al Partido Comunista Alemán, al que juzgaba
demasiado sectario. En una
primera etapa mantuvo con Reich un diálogo fecundo. Compartía su
interpretación de la
psicología de masas del fascismo, y su enfoque del análisis de las
resistencias. Sin embargo, a
partir de 1933, las relaciones entre estos hombres se volvieron difíciles.
Intelectual sutil y
cultivado, amante de las síntesis y los trabajos ordenados, Fenichel no
apreciaba las violencias
pulsionales de Reich, ni tampoco su tendencia a sentirse perseguido y su megalomanía
dogmática. También desaprobaba su método terapéutico,
su manera de fragmentar la "armadura"
defensiva del paciente, y su teoría biológica de la sexualidad.
A partir del advenimiento del nazismo, este círculo se vio obligado a disolverse,
y sus miembros
debieron abandonar Alemania. Deseoso de conservar la unidad del grupo, Fenichel
inventó
entonces un sistema de comunicación clandestino, las Rundbriefe (cartas
circulares), que les
permitían a todos los miembros de la sociedad secreta mantenerse informados
de sus
respectivas actividades. Entre 1934 y 1945 se intercambiaron ciento diecinueve
Rundbriefe
sobre todos los temas posibles.
Exiliado en Oslo, Fenichel intentó sin éxito darle una cierta unidad
al movimiento psicoanalítico de
los países escandinavos. Se vio varias veces con Reich, que también
había emigrado, pero
terminó por votar su exclusión de la IPA en el Congreso de Lucerna,
en 1934. En el plano político,
la oposición entre los dos hombres se refería al mejor modo de luchar
contra el nazismo para
salvar al psicoanálisis y el marxismo: Reich preconizaba el combate a cara
descubierta, y
Fenichel la lucha clandestina. A pesar de sus divergencias, subsistían
entre ellos vínculos de
amistad.
Durante algún tiempo, en compañía de Edith Jacobson, Fenichel
aceptó la política de Ernest
Jones orientada a un supuesto "salvamento" del psicoanálisis en Alemania.
Pero en 1935,
cuando los judíos fueron excluidos de la DPG, lamentó haber adoptado
esa posición, y dio un
giro de ciento ochenta grados, mostrándose, como dice Jacoby, "escandalizado
por la estupidez
del establishment psicoanalítico, incapaz de comprender la realidad
del nazismo". En este punto,
Reich fue más lúcido al preconizar la disolución pura y simple
de la DPG en 1933, y la lucha a
muerte contra los nazis.
De paso por Viena en 1936, Fenichel fue bien recibido por los freudianos, ante
los cuales
pronunció una serie de conferencias sobre la técnica psicoanalítica.
Evidentemente, rechazaba
las tesis kleinianas y prefería las posiciones annafreudianas. No obstante,
con respecto a los
mecanismos de defensa no adoptó el mismo punto de vista que Anna Freud.
Creó entonces la
expresión "defensa de defensa", para designar el modo en que un sujeto
se defiende
dialécticamente de una defensa que en realidad sería una pulsión.
De nuevo exiliado, Fenichel residió durante algún tiempo en Praga,
donde convirtió al pequeño
grupo psicoanalítico checoslovaco en una rama de la IPA. Después,
por invitación de su amigo
Ernst Simmel, partió a los Estados Unidos y se instaló en Los Angeles,
luego de haber pasado
por Chicago y Topeka (Kansas), donde dio numerosas conferencias y se volvió
a encontrar con
la diáfora freudiana de la Europa central que, lo mismo que él,
había huido del nazismo. Sobre
todo volvió a ver a Bernfeld, instalado también él en la
Costa Oeste, en San Francisco.
En el continente americano, Fenichel debió enfrentar una situación
delicada para él y sus
allegados. Partidario del análisis profano en un país donde la profesión
se había medicalizado por
completo, se vio obligado a obtener de nuevo su diploma de médico, no reconocido
del otro lado
del Atlántico-, por lo tanto, a los 47 años, tuvo que cumplir con
el año obligatorio de internado y
guardias nocturnas. Además, debió renunciar oficialmente a manifestar
sus opiniones marxistas.
En desacuerdo con las transformaciones que le infligían al freudismo clásico
los partidarios de la
escuela de Chicago o los neofreudianos, apareció como un "ortodoxo" de
la vieja escuela
vienesa y alemana, incapaz de reconvertirse. Agotado por el espectáculo
de la eliminacion
progresiva de los no-médicos en el seno de la Los Angeles Psychoanalytic
Society (LAPS),
fundada en 1946, y por la degradación del psicoanálisis, convertido
en método psiquiátrico,
murió prematuramente, a los 48 años, un año antes que su
amigo Simmel. Sus obras se
convirtieron después en una verdadera biblia para los técnicos norteamericanos
de la cura
freudiana.
Recordando a estos dos hombres, Max Horkheimer (1895-1973) les rindió el
siguiente homenaje:
"Estos pensadores se oponían a la mentalidad de empleado que intenta transformarlo
todo en
una «función» al servicio de la máquina. Resistieron entonces a
la traición al psicoanálisis en su
propio terreno, por técnicos apresurados".
Fenómeno funcional
Fenómeno funcional
Fenómeno funcional
Al.: funktionales Phänomen.
Fr.: phénoméne fonctionnel.
Ing.: functional phenomenon.
It.: fenomeno funzionale.
Por.: fenómeno funcional.
fuente(38)
Fenómeno descubierto por Herbert Silberer (1909) en los estados hipnagógicos
y en el sueño:
se trata de la transposición en imágenes, no del contenido del pensamiento
del sujeto, sino del
modo de funcionamiento actual de dicho pensamiento.
Las ideas de Silberer sobre el tema del fenómeno funcional experimentaron
una evolución. Este
autor partió de la observación de los estados hipnagógicos,
en los que ve una experiencia
privilegiada que permite observar el nacimiento de los símbolos (o fenómeno
«autosimbólico»).
Distingue tres tipos de fenómenos: material, se simboliza el objeto
del pensamiento, aquello a lo
que apunta; funcional, lo que se representa es el funcionamiento actual
del pensamiento, su
rapidez o su lentitud, su éxito o su fracaso, etc.; somático,
simbolización de las impresiones
corporales.
Silberer piensa que esta distinción es válida para toda manifestación
en la que se encuentren
símbolos, especialmente para el sueño. Al atribuir al «fenómeno
material» únicamente la
simbolización de los objetos del pensamiento y de la representación,
clasifica en definitiva en el
fenómeno funcional todo lo que simboliza «el estado, la actividad, la estructura
de la Psiquis».
Los afectos, tendencias, intenciones, complejos, «partes del alma» (especialmente
la censura)
se traducen por símbolos, a menudo personificados. La «dramatización»
del sueño resume este
aspecto funcional. Como puede verse, Silberer generaliza al extremo la idea de
una
representación simbólica del estado hic et nunc de la conciencia
imaginadora.
Por último, Silberer estima que, en el simbolismo, especialmente en el
sueño, existe una tendencia
a pasar de lo material a lo funcional, una tendencia a la generalización,
en virtud de la cual se
pasa «[...] de un tema particular cualquiera al conjunto de todos los temas similares
por su afecto
o, como también podría decirse, al tipo psíquico del acontecimiento
vivido en cuestión». Así, un
objeto alargado que, en un primer tiempo, simboliza un falo podrá terminar
(tras una serie de
etapas intermedias cada vez más abstractas) por significar el sentimiento
de potencia en
general. El fenómeno simbólico se hallaría, pues, espontáneamente
orientado en una dirección
que la interpretación anagógica vendrá a reforzar.
Freud reconoció en el fenómeno funcional «[...] una de las raras
adiciones a la doctrina de los
sueños cuyo valor es incontestable. Él [Silberer] ha demostrado
la intervención de la
autoobservación (en el sentido del delirio paranoico) en la formación
del sueño». Freud quedó
convencido por el carácter experimental del descubrimiento de Silberer,
pero limitó el alcance del
fenómeno funcional a los estados intermedios entre la vigilia y el sueño
o, en éste, a «la
autopercepción del sueño o del despertar» que en ocasiones puede
producirse y que atribuye al
censor del sueño, al superyó.
Critica la extensión adquirida por este concepto: «[...] se ha llegado
a hablar de fenómeno
funcional cada vez que aparecen en el contenido de los pensamientos latentes del
sueño
actividades intelectuales o procesos afectivos, aun cuando este material tiene
el mismo derecho
que cualquier otro resto diurno a penetrar en el sueño». Así, pues,
aparte de casos
excepcionales, lo funcional, a igual título que los estímulos corporales,
se adscribe de nuevo a lo
material; el camino seguido por Freud es inverso al de Silberer.
Para una crítica de la concepción ampliada de Silberer, resulta
útil consultar el estudio de Jones
La teoría del simbolismo (The Theory of Symbolism, 1916).
Ferenczi Sándor. Médico y
psicoanalista húngaro
Ferenczi Sándor. Médico y psicoanalista húngaro
Ferenczi Sándor
Médico y psicoanalista húngaro
fuente(39)
(MiskoIc 1873 - Budapest 1933).
Ligado desde 1906 a Freud, del que por otra parte será el discípulo
favorito y uno de sus raros
amigos, es, junto con E. dones y K. Abraham, uno de los que más contribuyeron
al desarrollo del
psicoanálisis fuera de Austria. El éxito de las ideas freudianas
en Hungría le permite a Ferenczi
abrir una clínica e inclusive, durante el breve gobierno de Bela Kun, enseñar
el psicoanálisis en
la universidad. Pero, a partir de 1923, las divergencias comienzan a aparecer
entre Freud y
Ferenczi, alimentadas por la complejidad de los lazos afectivos existentes entre
ellos.
Es en el plano técnico donde Ferenczi desarrolló sus aportes más
originales. A fin de evitar que
una parte demasiado grande de la energía psíquica encuentre el camino
de la satisfacción
sustitutiva, lo que entorpecería la cura, preconizó una «técnica
activa» que prohibía tales
satisfacciones, pero también podía incitar a afrontar las situaciones
patógenas. Ante las
dificultades ligadas a esta técnica, que a menudo reforzaba las resistencias,
la modificó
totalmente, y empleó entonces algo semejante a una forma de relajación.
Llegó por último a
concebir una especie de análisis mutuo, destinado a impedir que los deseos
inconcientes del
analista estorbarán en la cura. En general, sus soluciones apenas se aplican
actualmente, pero
sus planteos dan testimonio de una aguda conciencia de su responsabilidad de terapeuta.
En el plano teórico, las búsquedas de Ferenczi se dirigen a la constitución
de una nueva ciencia,
el bioanálisis o psicoanálisis de los orígenes, que es una
extensión de la teoría psicoanalítica al
terreno de la biología. En Thalassa. Psicoanálisis de los orígenes
de la vida sexual (1924),
elabora la hipótesis, apoyada en las teorías evolucionistas de Lamarck
y de E. Haecke1, de que
la existencia intrauterina sería la repetición de las formas anteriores
de la vida, que tienen su
origen en el mar. El nacimiento sería la pérdida del estado originario,
al que todos los seres
vivientes aspiran a retornar.
También contribuyó en forma interesante a la teoría del simbolismo.
Por otra parte, abrió la vía
para un abordaje más atento de las relaciones primarias de la madre y el
niño, que luego iba a
ser desarrollado por Alice y Michael Balint.
Ferenczi Sandor (1873-1933).
Psiquiatra y psicoanalista húngaro
Ferenczi Sandor (1873-1933). Psiquiatra y psicoanalista húngaro
Ferenczi Sandor
(1873-1933) Psiquiatra y psicoanalista húngaro
fuente(40)
Nacido en Miskolc, Hungría, en una familia de judíos polacos emigrados,
Sandor Ferenczi no fue
sólo el discípulo preferido de Sigmund Freud, sino también
el clínico más dotado de la historia del
freudismo. Bajo su impulso, la escuela húngara de psicoanálisis,
de la que fue el primer
animador, dio origen a una prestigiosa filiación de artífices del
movimiento, entre ellos Melanie
Klein, Geza Roheim y Michael Balint. La obra escrita de Ferenczi está compuesta
por
numerosísimos artículos, redactados en un estilo inventivo y siempre
en contacto con la realidad.
Gran escritor de cartas, Ferenczi fue también el autor de un Diario
clínico publicado en 1969. Un
año antes de su muerte consignó allí varias historias de
casos, numerosas innovaciones, y
también las críticas que dirigía al dogmatismo psicoanalítico.
El padre de Ferenczi fue un simpático librero que se comprometió
con fervor en la revolución de
1848, antes de convertirse en un editor militante, partidario de la causa del
renacimiento húngaro.
Consecuentemente, cambió su nombre de resonancia alemana (Baruch Fraenkel)
por otro magiar
(Bernat Ferenczi). Dio a su hijo preferido -el octavo entre los doce hermanos-
una educación en
la que prevalecían el culto a la libertad y un gusto pronunciado por la
literatura y la filosofía.
El joven Ferenczi optó por la carrera médica y trabajó en
el Hospital Saint-Roch, en el cual,
cuarenta años antes, otro gran médico húngaro, Philippc Ignace
Semmelweis (1818-1865), había
tratado de hacer reconocer su descubrimiento del carácter infeccioso de
la fiebre puerperal. Lo
mismo que su ilustre predecesor, Ferenczi se mostró muy pronto adepto a
la medicina social.
Siempre dispuesto a ayudar a los oprimidos, a escuchar a las mujeres en dificultades
y a aliviar
a los excluidos y los marginales, asumió en 1906 la defensa de los homosexuales,
en un texto
valiente presentado a la Asociación Médica de Budapest. En él
refutaba los prejuicios
reaccionarios de la clase dominante, que tendían a señalar como
responsables degenerados del
desorden social a las personas que se denominaba "uranistas".
Ése era el hombre que, después de haber leído con entusiasmo
La interpretación de los sueños,
visitó a Freud en febrero de 1908, acompañado por su colega y amigo
Fulop Stein (1867-1917).
Este último lo había iniciado en el test de asociación verbal
puesto a punto por Carl Gustav Jung.
A partir de ese día Ferenczi intercambió con el maestro de Viena,
durante un cuarto de siglo, mil
doscientas cartas: un verdadero tesoro de invención teórica y clínica,
sazonado con
confidencias privadas. De una curiosidad insaciable, durante toda su vida Ferenczi
se interesó
por múltiples formas de pensamiento, desde las más sabias hasta
las más irracionales. Freud lo
llamaba de buena gana su "Paladín" o su "Gran Visir secreto". En cuanto
a él, le gustaba
presentarse en el ambiente analítico corno "un astrólogo de
corte".
A partir del combate con el nihilismo terapéutico, Freud había elaborado
una teoría de la neurosis
y la psicosis que excedía considerablemente el marco de la clínica.
Siempre consciente de su
propio genio y de la importancia de su descubrimiento, sabía dominar sus
afectos y mostrarse
implacable con sus adversarios. Sobre todo, amaba la razón, la lógica,
las construcciones
doctrinarias. Más intuitivo, más sensual y más femenino,
Ferenczi buscaba en el psicoanálisis el
modo de aliviar el sufrimiento de sus pacientes. De modo que las grandes hipótesis
generales lo
atraían menos que las cuestiones técnicas. Era más inventivo
que Freud en el análisis de las
relaciones con el otro. En una carta de 1908 descubrió la existencia de
la contratransferencia, al
explicarle su tendencia a considerar los asuntos del enfermo como suyos propios.
Dos años
más tarde, Freud conceptualizó la noción para hacer de ella
una apuesta esencial en la situación
analítica. Es decir que el intercambio epistolar entre los dos hombres
tenía la función de hacer
surgir nuevas problemáticas que después servían para nutrir
la doctrina común.
Como numerosos pioneros del freudismo, Ferenzci experimentó en sí
mismo los efectos de sus
descubrimientos. En 1904 se convirtió en compañero de Gizella Palos,
ocho años mayor que él.
Esta relación era tolerada por el marido de la mujer, que sin embargo se
negaba a divorciarse.
Gizella vivía con sus dos hijas: Magda, casada con el hermano menor de
Sandor, y Elma, nacida
en 1887. En 1908, Ferenczi no sólo se convirtió en analista de su
amante, sino que, tres años
más tarde, no vaciló en iniciar el tratamiento de Elma cuando ésta
presentó síntomas depresivos.
Freud tuvo que prevenirlo contra los peligros de semejante práctica, pero
Ferenczi no le prestó
atención. Implicado en una especie de autoanálisis epistolar, trató
entonces de desafiar a Freud,
pidiéndole que lo reconociera como un padre reconoce al hijo, con la idea
implícita de que él,
Sandor, podía prescindir totalmente del maestro vienés. En noviembre
de 1911, después de que
el pretendiente de Elma se suicidara de un balazo, le anunció a Freud que
se había enamorado
de la joven. Le dijo que ya no experimentaba ningún deseo sexual por Gizella,
demasiado vieja, y
que quería convertirla en suegra, formando una familia con la hija. En
realidad, quería conservar
a las dos. Pronto anunció su intención de casarse con Elma.
Finalmente advirtió que estaba apresado en un enredo transferencial, y
renunció a casarse con
la joven, respecto de la cual estaba en posición de médico y analista.
Pero, no pudiendo ya llevar
correctamente la cura, obligó a Freud a tomar a Elma en análisis,
y después se hizo analizar él
mismo por el maestro, en tres oportunidades, entre 1914 y 1916. Freud actuó
entonces como un
padre autoritario, obligando a Ferenczi a
casarse con Gizella y renunciar a Elma. De tal modo pensaba reforzar la tesis
enunciada en
Tótem y tabú en 1912, según la cual el deseo de incesto es
inherente al hombre, y sólo puede
alejarlo un interdicto formulado como ley.
Si bien Freud se comportó como los famosos "casamenteros" de las historias
judías, Ferenczi
tuvo la impresión de que ese análisis lo había despojado
de sus pasiones y sus deseos. En una
palabra, aceptó con pesar que Freud lo hubiera "normalizado": "...Le he
dicho a Gizella que me
he convertido en otro hombre, menos interesante y más normal. También
le he confesado que
algo en mí echa de menos al hombre de antes, un poco inestable, pero tan
capaz de grandes
entusiasmos (y, en verdad, a menudo inútilmente deprimido)."
Vemos entonces que, en las relaciones entre Freud y Ferenczi, entraron en juego
todas las
contradicciones de la cura psicoanalítica, que lleva a un sujeto a pasar
desde el estado infantil a
la edad adulta, desde la sinrazón a la razón, desde la omnipotencia
ilusoria a la sabiduría, desde
el goce al verdadero deseo, pero con el riesgo de que esta pérdida, lejos
de ser benéfica y
fuente de una nueva pasión, no constituya más que la expresión
de la voluntad normalizadora
del analista y, más allá de él, de la sociedad en la cual
vive. Sea como fuere, el episodio de este
enredo familiar y transferencial puede verse como la matriz de todas las reflexiones
ulteriores
sobre el estatuto incierto de la cura psicoanalítica, que oscila siempre
entre un exceso de
conformismo adaptativo (denunciado por Ferenczi y sus partidarios) y la ausencia
de ley (contra
lo cual reaccionarán los herederos ortodoxos de Freud).
Mientras continuaba su análisis con Freud, Ferenczi se consagró
en cuerpo y alma a la "causa"
freudiana. En 1909, junto con Jung, acompañó al maestro a los Estados
Unidos. Un año más
tarde, viajó con él a Italia: a Florencia, Roma, Palermo y Siracusa.
Ese mismo año fundó la
International Psychoanalytical Association (IPA). Finalmente, en 1912, creó
la Sociedad
Psicoanalítica de Budapest, teniendo a su alrededor a Sandor Rado, Istvan
Hollos y Hugo
Ignotus. A partir de 1919 se les unieron Geza Roheim, René Spitz, Irnre
Hermann y Eugénie
SokoInicka.
Miembro del Comité Secreto a partir de 1913, participó en todas
las actividades de dirección del
movimiento freudiano, formando con Otto Rank y Freud un polo "sudista" y austro-húngaro
frente
a las iniciativas más rígidas y burocráticas de los discípulos
provenientes de la Europa del Norte:
Karl Abraham, Ernest Jones, Max Eitingon. Durante ese período se desarrolló
el gran debate
sobre la telepatía, en torno al cual cristalizaron los conflictos entre
Jones, partidario de un
psicoanálisis racionalista empírico, y Ferenczi, mucho más
abierto a experiencias que su
adversario consideraba desviadas, irracionales o extravagantes.
La derrota de las potencias centrales anunció la insurrección húngara.
En marzo de 1919, Bela
Kun proclamó la República de los Consejos, mientras que en Budapest
se creaba por primera
vez en el mundo una cátedra de enseñanza de psicoanálisis
en la universidad. Muy
naturalmente, Ferenczi fue designado para el puesto. Pero cuatro años más
tarde la Comuna fue
reprimida de modo sangriento por las tropas del almirante Miklos Horthy. Hungría
cayó entonces
bajo el yugo de otra dictadura, y los brillantes re~ presentantes de la escuela
húngara de
psicoanálisis, joyas del movimiento, comenzaron a emigrar. Berlín
se convirtió así en el centro
neurálgico del freudismo: en esa época, en efecto, se creó
el Berliner Psychoanalytisches
Institut (BPI).
A partir de 1919, lo mismo que Rank, Ferenczi emprendió el camino de una
reforma completa de
la técnica psicoanalítica. Creó en primer lugar la técnica
activa (que consiste en intervenir
directamente en la cura mediante gestos de ternura y afecto) y después
el análisis mutuo (en el
curso del cual el analizante es invitado a "dirigir" la cura al mismo tiempo que
el terapeuta), antes
de restablecer la teoría del trauma, denunciando la hipocresía de
la corporación analítica en un
texto famoso de 1932, titulado "Confusión de lenguas entre el adulto y
el niño". Con ese escrito,
que provocó la oposición de Jones y Freud, reactivó todo
el debate sobre la teoría de la
seducción.
En 1926 realizó una gira de conferencias en los Estados Unidos, en cuyo
transcurso algunos
terapeutas, como Clara Thompson (1893-1958), la gran amiga de Harry Stack Sullivan,
lo
reconocieron pronto como un clínico genial.
En 1924 Ferenczi publicó Thalassa. Ensayo sobre la teoría de
la genitalidad, obra cercana a la
de Rank sobre el trauma de nacimiento. En ambos textos, en efecto, se perfila
el abandono de la
tesis de la primacía del padre, en favor de una investigación sobre
los orígenes del vínculo
arcaico del niño con la madre -tema abordado por Melanie Klein en la misma
época-. A diferencia
de los kleinianos, Ferenczi se ubicó en el terreno del evolucionismo darwiniano.
Sostuvo que la
vida intrauterina reproduce la existencia de los organismos primitivos que viven
en el mar. Según
él, el hombre tendría nostalgia del seno de la madre, pero también
buscaría regresar al estado
fetal en las profundidades marítimas. Este enfoque del psicoanálisis
a través de la metáfora de la
cripta y de las profundidades iba acompañado por innovaciones técnicas.
Si la sesión analítica
repite una secuencia de la historia individual y, por otra parte, la ontogénesis
recapitula la
filogénesis, la reflexión sobre la sesión en sí conduce
naturalmente a preguntarse cuál es el
estado traumático que la ontogénesis repite simbólicamente.
Cuestionado con dureza, en razón de sus tesis e innovaciones, por los representantes
de la
ortodoxia, Ferenczi no abandonaría el redil freudiano como Rank. Jones,
sin embargo, lo iba a
tratar de psicótico: Ferenczi siempre había creído firmemente
en la telepatía. Después
aparecieron los delirios sobre la presunta hostilidad de Freud. Hacia el final
surgió una violenta
paranoia, acompañada incluso de explosiones homicidas. Éste fue
el fin trágico de una
personalidad brillante..." En realidad, Ferenczi murió de una anemia perniciosa.
Freud le rindió un
vibrante homenaje, subrayando la enorme importancia que había tomado a
sus ojos el deseo de
curar: "De regreso de una temporada de trabajo en América, él [Ferenczi]
pareció encerrarse
cada vez más en un trabajo solitario [ ... ]. Nos dimos cuenta de
que un único problema había
monopolizado su interés. La necesidad de curar y ayudar se había
vuelto en él extremadamente
fuerte."
Es en Francia y en Suiza donde la obra de Ferenczi se aprecia particularmente,
gracias a su
traductora Judith Dupont, sobrina de Alice Balint (1898-1939) y a André
Haynal, responsable en
Ginebra de los archivos de Michael Balint.
Fetichismo
fuente(41)
s. m. (fr.fétichisme; ingl.fetishism; al. Fetischismus). Organización
particular del deseo sexual, o
libido, tal que la satisfacción completa no se alcanza sin la presencia
y el uso de un objeto
determinado, el fetiche, que el psicoanálisis reconoce como sustituto del
pene faltante de la
madre, o como significante fálico.
Largamente descrito, en el siglo XIX, por autores como Havelock Ellis o Krafft-Ebing,
el fetichismo
es incluido por lo general en la esfera de la perversión. De hecho, el
comportamiento del
fetichista evoca fácilmente esta dimensión: el fetichista elige
un objeto, un par de botines, por
ejemplo, que se convierte en su único objeto sexual. Le da un valor totalmente
excepcional y,
como lo dice Freud, «no sin razón se compara este sustituto con el fetiche
en que el salvaje ve
su dios encarnado». Lo que en el nivel descriptivo parece particularmente representativo
del
registro perverso es la dimensión de condición absoluta que caracteriza,
en numerosos casos,
al objeto fetiche. Aunque pueda tener relaciones sexuales «normales», el fetichista
no puede
librarse a ellas, por ejemplo, o no puede extraer de ellas un goce, a menos que
su compañía
consienta en adoptar una vestimenta particular. El fin sexual no es aquí
el acoplamiento; el deseo
que ordinariamente se supone dirigido a un ser en su totalidad se encuentra claramente
dependiente de una parte del cuerpo «sobrestimada» (fetichismo del pie, del cabello,
etc.) o de
un objeto material en relación más o menos estrecha con una parte
del cuerpo (ropa interior,
etc.). Agreguemos a esto que los rasgos fetichistas están a menudo presentes
en las prácticas
más comúnmente designadas como perversas (fetichización del
látigo en el sadismo, etcétera).
Para el psicoanálisis, sin embargo, el fetichismo tiene una importancia
más general, mucho más
allá de la consideración de una entidad patológica particular.
Debe así notarse que «Un cierto
grado de fetichismo» se encuentra en «la vida sexual normal» (Freud, Tres ensayos
de teoría
sexual, 1905). Y allí Freud cita a Goethe: «Tráeme un chal que haya
cubierto su seno, /Una liga
de mi bienamada» (Goethe, Fausto, 1, 7).
Se convendrá por cierto en que el fetichismo caracteriza más especialmente
a la libido
masculina, puesto que los hombres, más o menos concientemente, van a menudo
a la búsqueda
de un rasgo distintivo que es el único en hacer deseable a su compañera.
Pero sería poco
pertinente oponer el fetichismo a las otras manifestaciones del deseo. Si el fetichista
elige una
categoría particular de objetos, no por ello está «fijado» a uno
de ellos. Siempre capaz de
desplazarse hacia otro, equivalente pero diferente, el fetichismo incluye esa
parte de
insatisfacción constitutiva de todo deseo.
La renegación de la castración. ¿Cómo dar cuenta del fetichismo
y su importancia en la
sexualidad humana? En Tres ensayos de teoría sexual, Freud toma
de A. Binet la idea de la
«influencia persistente de una impresión sexual experimentada casi siempre
en el curso de la
primera infancia». Pero reconoce que «en otros casos, es una asociación
de pensamientos
simbólicos, de los que el interesado a menudo no es conciente, la que ha
conducido al remplazo
del objeto por el fetiche». Y, en una nota de 1910, escribe, a propósito
del fetichismo del pie, que
este representa «el pene de la mujer, cuya ausencia impresiona fuertemente».
Debemos partir aquí, en efecto, de la cuestión de la castración
o, más precisamente, del «terror
de la castración» activado por la percepción de la ausencia de pene
en la mujer, en la madre. Si
la mujer está castrada, pesa sobre el varón una amenaza de castración
concerniente a la
posesión de su propio pene. Por lo tanto, para prevenirse de esta amenaza
reniega de la
ausencia de pene en la madre (véase renegación), no siendo
el fetiche otra cosa que el sustituto
del pene faltante.
Este mecanismo de formación del fetiche es puesto en evidencia por Freud
(Fetichismo, 1927) a
partir de la elección del objeto como tal. Si se imagina la mirada del
niño que va al encuentro de lo
que le será traumático, por ejemplo, remontándose a partir
del suelo, el fetiche estará constituido
por el objeto último percibido antes de la visión traumática
misma: un par de botines, el borde de
un vestido. «La elección tan frecuente de las piezas de lencería
como fetiche se debe a lo que
se retiene en ese último momento del desvestirse en el que todavía
se ha podido pensar que la
mujer es fálica». En cuanto a las pieles, simbolizan la pilosidad femenina,
último velo tras el cual
se podía todavía suponer la existencia de un pene en la mujer. Hay
así en el fetichismo una
especie de detención en la imagen, un resto congelado, separado de aquello
que lo puede
producir en la historia del sujeto. En este sentido el fetichismo es esclarecedor
en lo
concerniente a la elección de objeto perversa. Acerca de esta, Lacan demuestra
que no tiene
valor de metáfora, como el síntoma histérico, por ejemplo,
sino que está constituida de manera
metonímica. Elemento desprendido de una historia, constituido la mayor
parte de las veces por
desplazamiento, no sucede sin desubjetivación: en el lugar en el que se
planteaba una cuestión
subjetiva, responde con la «sobrestimación» de una cosa inanimada. Es curioso
ver en este
punto converger la teorización psicoanalítica con los análisis
de Marx sobre la fetichización de la
mercancía.
Notemos que la teoría freudiana de la renegación se acompaña
de una teoría de la escisión
psíquica. En efecto, el fetichista no «escotomiza» totalmente una parte
de la realidad, en este
caso la ausencia de pene en la madre. El intenta mantener en el inconciente dos
ideas a la vez:
la de la ausencia del falo y la de su presencia. Freud evoca en este sentido a
un hombre que
había elegido como fetiche un ceñidor púbico [Schamgürtel:
ciñe-vergüenzas], cuyo
antecedente había sido la hoja de parra de una estatua vista en la infancia.
Este ceñidor, que
disimulaba enteramente los órganos genitales, podía significar tanto
que la mujer estaba castrada
como que no lo estaba. E incluso, llevado por él como slip de baño,
«permitía por añadidura
suponer la castración del hombre». Esta idea de una escisión psíquica
será mantenida por Freud
hasta el final (La escisión del yo en el proceso defensivo, 1938), y
adquirirá una importancia
creciente en el psicoanálisis.
Eel fetiche como significante. ¿Qué es lo esencial en la teoría
freudiana del fetichismo? Sin duda
el señalamiento de la problemática fálica, de la problemática
de la castración como aquella en la
que se inscribe el fetiche. Y, por otra parte, el estatuto del fetiche mismo,
que, con Lacan, se
puede considerar como un significante.
En lo concerniente al primer punto, es verdad que Freud mismo alude, especialmente
en Tres
ensayos de teoría sexual, a otros componentes del fetichismo aparte
de los fálicos: el fetichismo
del pie incluye a menudo una dimensión olfativa (pie maloliente), que puede
proceder de una
pulsión parcial (registro anal). K. Abraham ha prolongado este tipo de
análisis, retomado sobre
todo por los autores anglosajones, generalmente kleinianos, como S. Payne («Some
observations on the ego development of the fetishist», en International Journal
of
Psychoanalysis, tomo, XX). Es sabido que, para M. Klein, el niño aún
muy pequeño experimenta
una muy fuerte necesidad de destruir los objetos que siente como malos, como perseguidores,
de los que correlativamente teme una retorsión. El fetichismo, para Payne,
constituye una
defensa, una defensa frente a lo que podría ser, en la prolongación
de esa relación destructiva
con el objeto, una verdadera perversión, una perversión de tipo
sádico. Esta explicación nos
parece que desconoce el primado del falo en el sujeto humano, primado que hace
que el
fetichismo, como por otra parte el conjunto de las perversiones, no se defina
como
supervivencia de «estadios pregenitales», sino más bien, siguiendo a Freud,
dentro de la
problemática fálica.
En lo concerniente al segundo punto, la identificación del fetiche con
un significante, podemos
guiarnos por la observación de Lacan (Seminario IV, 1956-57, «La relación
de objeto y las
estructuras freudianas») de que el fetiche no representa el pene real, sino el
pene en tanto
puede faltar, en tanto puede ser atribuido a la madre, pero reconociendo su ausencia
al mismo
tiempo: es la dimensión de la escisión, puesta en evidencia por
Freud. Y esta alternancia de la
presencia y de la ausencia -sistema fundado en la oposición del más
y del menos- caracteriza a
los sistemas simbólicos como tales. Notemos que la palabra ya constituye
la presencia sobre un
fondo de ausencia: nos desprende de la percepción empírica de la
cosa; en el límite, la anula, y
al mismo tiempo hace subsistir la cosa bajo otra forma. Ausente, no por ello deja
de estar
evocada.
Que la consideración del lenguaje, por ejemplo de los mecanismos de la
homofonía, e incluso de
su funcionamiento translingüístico, es esencial para captar lo que
sucede con el fetiche, es algo
que ya aparece en Freud (op. cit.): un hombre joven había adoptado como
fetiche un cierto
«brillo sobre la nariz». Este hombre había sido educado en Inglaterra y
luego había pasado a
Alemania: pues bien, oído en inglés, el «brillo sobre la nariz»
(brillo en alemán se dice Glanz) era
de hecho una «mirada sobre la nariz» (ya que en inglés glance quiere decir
«mirada, vistazo»).
Sin embargo, quizás haya que insistir en otro punto. El fetichismo despliega
ante la realidad un
velo que la disimula, y es este velo el que el sujeto finalmente sobrestima. Hay
allí una ilusión,
pero una ilusión que sin duda se encuentra en todo deseo. «¿Por qué
el velo es más precioso
para el hombre que la realidad?». Es una pregunta que Lacan planteaba en 1958.
Y que hoy
sigue siendo actual.
Fetichismo
Fetichismo
Alemán: Fetischismus.
Francés: Fétichisme.
Inglés: Fetishism.
fuente(42)
Término creado hacia 1750, a partir de la palabra "fetiche" (derivada del
portugués feitiço:
sortilegio, artificio), y retomado en 1887 por el psicólogo francés
Alfred Binet (1857-1911), y
después por los fundadores de la sexología, para designar una actitud
de la vida sexual normal
consistente en privilegiar una parte del cuerpo del partenaire, o bien
una perversión sexual
(fetichismo patológico) caracterizada por el hecho de que una de las partes
del cuerpo (pie,
boca, seno, cabellos) u objetos relacionados con el cuerpo (zapatos, gorros, telas,
etcétera)
son tomados como objetos exclusivos de la excitación o el acto sexual.
En 1905, Sigmund Freud actualizó el termino, primero para designar una
perversión sexual
caracterizada por el hecho de que una parte del cuerpo o un objeto son elegidos
como sustitutos
de una persona, y después para definir una elección perversa, en
virtud de la cual el objeto de
amor (partes del cuerpo u objetos relacionados con él) funciona para el
sujeto como sustituto de
un falo atribuido a la mujer, y cuya ausencia se rechaza mediante una renegación.
La noción de fetiche es común a todos los dominios del saber. En
tal carácter, se ha convertido
en tema y objeto de múltiples controversias para la antropología,
la filosofía, la economía política,
la sociología, la religión, la psiquiatría, la literatura
y el psicoanálisis. Por otra parte, conviene
señalar que todos los freudianos. sea cual fuere su tendencia, han comentado
los textos
originales de Freud sobre el tema, y publicado numerosos historiales de fetichistas.
En la
Sociedad Psicológica de los Miércoles se dedicaron a esta cuestión
varias sesiones, y los
primeros discípulos de Freud quedaron manifiestamente fascinados por lo
que aprendían: había
fetichismo del pie, de la ropa, del olfato, de la vista, etcétera. Después,
desde Richard von
Krafft-Ebing hasta Masud Khan, pasando por Michael Balint, Edward Glover y muchos
otros,
cada corriente desarrolló su propia teoría, sea en el marco de una
concepción kleiniana del
objeto (bueno o malo), sea en la óptica winnicottiana del objeto transicional,
sea en la
perspectiva lacaniana de una doctrina de la perversión extendida a la "estructura
perversa", y
según la cual el fetiche, como objeto (pequeño) a, se convierte
en la condición absoluta del
deseo y el lugar de un goce.
Por lo general se atribuye al magistrado francés Charles De Brosses (1709-1777)
la primera
descripción del fetichismo como fenómeno religioso. Gran viajero
y partidario de la filosofía de
las Luces, De Brosses compartía con la mayor parte de los pensadores de
su tiempo la idea de
que el estudio de los pueblos llamados primitivos permitiría comprender
el origen y la evolución de
toda la humanidad. Esta "etnología", que dará origen a la antropología
de inspiración darwiniana
en la que se abrevó Freud para escribir Tótem y tabú,
consideraba al "salvaje" como a un "niño",
y la infancia como un estadio anterior a la edad adulta. De allí la idea
de atribuir a las sociedades
un principio de evolución biológica según el cual todas habrían
pasado progresivamente desde
un estado salvaje "infantil" a un estado "adulto" de civilización. Desde
esta perspectiva, De
Brosses hizo del fetichismo una forma de religión, consistente en transformar
en divinidades a
animales y seres inanimados, a los que se atribuye un poder mágico. El
fetichismo del "negro" es
al mismo tiempo inferiorizado y asimilado a un culto pueril característico
de una "primera edad de
la humanidad".
Esta tesis fue retomada por Hegel en 1831, en sus Lecciones de filosofía
de la historia, pero
invalidada por Auguste Corme (1798-1857), quien, como lo demostraría luminosamente
Georges
Canguilhem (1904-1995), no excluyó "la edad del fetichismo" en su historia
de los tres estados
del espíritu humano, sino que al contrario la integró como el primer
estado teológico de la
humanidad.
Freud retomó a su vez la idea de las diferentes "edades" de la humanidad,
principalmente en
Tótem y tabú, en 1912, inspirándose en ese evolucionismo,
no compteano sino darwiniano.
Ahora bien, el evolucionismo había sido criticado desde principio de siglo
por los grandes
fundadores de la antropología moderna, inglesa y francesa, marcados todos
por la enseñanza
de Émile Durkheim (1858-1917). En este contexto, la etnología abandonó
la noción de fetichismo,
como lo subrayó Marcel Mauss (18721950) en 1908: "La idea de fetiche [
... ] debe desaparecer
definitivamente de la ciencia [ ... ]. El objeto que sirve de fetiche, a pesar
de todo lo que puede
haberse dicho de él, no es nunca un objeto cualquiera, elegido arbitrariamente,
sino que es
siempre definido por el código de la magia o la religión [ ... ].
Cuando se escriba la historia de la
ciencia de las religiones y de la etnografía, sorprenderá el papel
indebido y fortuito que un
concepto como el de fetiche ha desempeñado en los trabajos teóricos
y descriptivos. Sólo
corresponde a un inmenso malentendido entre dos civilizaciones, la africana y
la europea; no
tiene otro fundamento que una obediencia ciega al uso colonial.. ."
Evacuado de la antropología, el término, ya retomado por la sexología
y la psiquiatría, iba a ser
literalmente investido por el psicoanálisis. Si bien Freud conservó
la idea del evolucionismo, y
continuó comparando al niño con un primitivo, y al fetiche con el
"dios incorporado" del salvaje,
este modo de ver no tenía en él ningún carácter etnocentrista
o inferiorizador. Por otra parte, la
idea de incorporación, de sacralización, incluso de terror, relacionada
con el fetiche, será
retomada por algunos herederos franceses de Freud, en particular Guy Rosolato,
no para
analizar la religión, sino para explicar la gnosis y el fenómeno
de las sectas religiosas
organizadas en torno a una mitología del secreto en la que el bien y el
mal, el éxtasis y la
abyección constituyen otras tantas oposiciones irreductibles que arrastran
al sujeto a servir a
un fetiche, al punto de perder todo contacto con la realidad. Ya a principios
de siglo, Hermann
Rorschach había proyectado estudiar este fenómeno, y Michel de Certeau
(1926-1986) volvió a
privilegiar el tema en su análisis de los místicos.
La concepción freudiana del fetiche se despliega a través de varios
textos. En 1905, en los Tres
ensayos de teoría sexual, el Ersatz (o sustituto) es una
parte del cuerpo que se encuentra en
relación con la persona sexual. La "sobrestimación- del objeto,
es decir, un cierto grado de
fetichismo, se produce "normalmente" en toda relación amorosa. Sólo
se vuelve patológica
cuando la fijación en el objeto es la consecuencia de una libido infantil.
Más tarde, en su estudio dedicado a Leonardo da Vine¡ (1452-1519), y después
en sus
comentarios a la Gradiva de Wilhelm Jensen (1837-1911), Freud identifica
la dimensión fetichista
de todas las formas de perversión (exhibicionismo, voyeurismo, coprofilia),
demostrando que, en
estos casos, el fetiche es portador de todos los otros objetos. Pero precisa que
el encuentro
con el fetiche no es más que la reactualización de un recuerdo precoz
reprimido. A propósito de
Leonardo da Vine¡ y el fantasma del "buitre", introduce la idea de que el fetiche
(por ejemplo el
pie) es un sustituto del falo que le falta a la mujer: "La veneración del
pie femenino y del calzado
toma al pie como símbolo del miembro antes faltante en la mujer".
En 1914, con "Introducción del narcisismo", Freud pasa del objeto al sujeto,
para llegar a la
conclusión de que no existe el fetichismo femenino. En efecto, el fetichismo
de la ropa es a su
juicio "normal" en las mujeres, puesto que lo que se fetichiza es todo el cuerpo,
y no un objeto.
De modo que el fetichismo femenino sólo sería una "narcización"
del cuerpo.
Con la introducción del término renegación en 1923, Freud
construye una teoría que en su
artículo de 1927 lo lleva a comprender el fetichismo como la coexistencia
de una negación de la
percepción de la ausencia de pene en la mujer, y un reconocimiento simultáneo
de esa falta, lo
cual lleva a un clivaje permanente del yo y a la fabricación del fetiche
como sustituto del órgano
ausente. Para ilustrar lo que dice, narra el caso de un hombre cuyo fetiche era
una funda
pubiana que él podía llevar como slip. Esa prenda ocultaba los órganos
genitales y enmascaraba
la diferencia de los sexos. El fetichista encuentra placer en el hecho de que
la mujer esté a la
vez castrada y no castrada, y de que también el hombre pueda estar castrado.
Se crea el
fetiche con la intención de destruir la prueba de la castración,
para sustraerse a la angustia
concomitante. El fetiche se convierte entonces en una especie de paradigma de
la perversión en
general.
La tesis de la inexistencia del fetichismo femenino, considerablemente aceptada
a principios de
siglo, demuestra que los médicos de la época no habían tenido
la ocasión de observar casos
clínicos convincentes. Pero también da prueba de la ceguera de Freud
respecto de las mujeres
(y, sobre todo, de algunas mujeres de su entorno, Marie Bonaparte, por ejemplo,
cuyas prácticas
y teorías sobre la feminidad podrían haberlo llevado a una reflexión
más detenida). De todos
modos, esta tesis fue cuestionada por sus sucesores kleinianos, quienes inscribieron
el
fetichismo general en el marco de una relación arcaica con la madre, compartida
por los dos
sexos, y por Robert Stoller, gran especialista norteamericano en los problemas
de la identidad
sexual, para quien el fetichismo masculino (homosexual y heterosexual) es una
fetichización de
objeto u órgano, mientras que el fetichismo femenino (homosexual o heterosexual)
sería una
fetichización de la relación: por ejemplo, una mujer necrófila
se enamora del cadáver que desea
y del que se hace partenaire erótica, mientras que un hombre necrófilo
se apropia del cadáver
como de un trozo de cuerpo.
La escuela francesa, marcada a la vez por la enseñanza de Gatan Gatian
de Clérambault y por
la de Jacques Lacan, impugnó también la presunta inexistencia del
fetichismo feminino y, más en
general, de la perversión femenina. Uno de los mejores enfoques teóricos
de la cuestión ha sido
el de Wladimir Granoff y François Perrier, quienes publicaron en 1964 el
texto de una
conferencia pronunciada en 1960. Ambos admiten que el fetichismo no existe en
la mujer como
construcción de un objeto fetiche, pero señalan que la mujer puede
convertirse en su propio
fetiche, en una relación erotómana con el hijo. En tanto que madre,
ella se construye entonces
como ídolo omnipotente, y en consecuencia como un fetiche.
Fijación
Fijación
Fijación
fuente(43)
s. f. (fr. fixation; ingl. fixation; al. Fixierung). Ligazón privilegiada
de la libido con objetos,
imágenes, o tipos de satisfacción libidinal vinculados a los estadios
pregenitales.
La noción de fijación, generalmente ligada a la de regresión,
en una concepción genética y
dinámica de la evolución de la libido, permite reconocer las condiciones
en que un adulto puede
persistir en la búsqueda de satisfacciones ligadas a un objeto desaparecido
(por ejemplo, la
fijación al estadio anal en la neurosis obsesiva). Más en general,
se hablará de una fijación de
ciertas representaciones (representantes de la representación [Vorstellungsrepräsentanz
(véase representación)], o incluso significantes) ligadas al dinamismo
pulsional, para designar
con ello el modo de inscripción en el inconciente.
Fijación
Fijación
Al.: Fixierung.
Fr.: fixation.
Ing.: fixation.
It.: fissazione.
Por.: fixação.
fuente(44)
La fijación hace que la libido se una fuertemente a personas o a imagos,
reproduzca un
determinado modo de satisfacción, permanezca organizada según la
estructura característica
de una de sus fases evolutivas. La fijación puede ser manifiesta y actual
o constituir una
virtualidad prevalente que abre al sujeto el camino hacia una regresión.
El concepto de fijación forma parte, en general, de una concepción
genética que implica una
progresión ordenada de la libido (fijación a una fase). Pero, aparte
de toda referencia genética,
también se habla de fijación dentro de la teoría freudiana
del inconsciente, para designar el modo
de inscripción de ciertos contenidos representativos (experiencias, Imagos,
fantasías) que
persisten en el Inconsciente en forma inalterada, y a los cuales permanece ligada
la pulsión.
El concepto de fijación se encuentra constantemente en la doctrina psicoanalítica,
para explicar
el siguiente dato manifiesto de la experiencia: el- neurótico, o de un
modo más general todo
sujeto humano, se halla marcado por experiencias infantiles, permanece ligado
en forma más o
menos disfrazada a modos de satisfacción, tipos de objeto o de relación
arcaicos; la cura
psicoanalítica atestigua tanto la influencia y la repetición de
las experiencias pasadas como la
resistencia del sujeto a desprenderse de ellas.
El concepto de fijación no contiene en sí mismo un principio explicativo;
en cambio, su valor
descriptivo es incontestable. Por ello, Freud lo pudo utilizar en los diversos
momentos de la
evolución de su pensamiento refiriéndose a lo que, en la historia
del sujeto, ha constituido el
origen de la neurosis. Así, Freud definió sus primeras concepciones
etiológicas haciendo
intervenir fundamentalmente la idea de una «fijación al trauma»; con los
Tres ensayos sobre la
teoría sexual (Drei AbliandIungen zur Sexualtheorie, 1905), se relaciona
la fijación con la teoría
de la libido y se define por la persistencia, singularmente manifiesta en las
perversiones, de
caracteres anacrónicos de la sexualidad: el sujeto continúa practicando
ciertos tipos de
actividad, o bien permanece ligado a ciertas características del «objeto»,
de los que se puede
encontrar el origen en un momento especial de la vida sexual infantil. Aunque
no se niega el
papel del trauma, éste interviene aquí sobre la base de una sucesión
de experiencias sexuales,
viniendo a favorecer la fijación en un determinado punto.
Con el desarrollo de la teoría de las fases de la libido, particularmente
de las fases pregenitales,
el concepto de fijación adquiere nueva extensión: puede referirse
no solamente a un fin o a un
objeto libidinal parcial, sino a toda una estructura de la actividad característica
de una
determinada fase (véase: Relación de objeto). Así,
la fijación a la fase anal se hallaría en el
origen de la neurosis obsesiva y de un determinado tipo de carácter.
En Más allá del principio del placer (Jenseits des Lustprinzips,
1920), Freud se referirá de
nuevo al concepto de fijación al trauma como a uno de los hechos que no
se explican
completamente por la persistencia de un modo de satisfacción libidinal
y que obligan a postular la
existencia de una compulsión a la repetición.
La fijación libidinal desempeña un papel preponderante en la etiología
de los diversos trastornos
psíquicos, por lo cual se ha visto la necesidad de precisar su función
en los mecanismos
neuróticos:
La fijación se encuentra en el origen de la represión y puede
considerarse incluso como el
primer tiempo de la represión en sentido amplio: « [...] la corriente libidinal
(que ha experimentado
una fijación) se comporta con respecto a las formaciones psíquicas
ulteriores como una
corriente perteneciente al sistema del inconsciente, como una corriente reprimida».
Esta
«represión originaria» condiciona la represión en sentido estricto,
que sólo es posible por la
acción conjunta, sobre los elementos a reprimir, de una repulsión
por parte de una instancia
superior y de una atracción por parte de lo que ya había sido anteriormente
fijado.
Por otra parte, la fijación prepara las posiciones sobre las cuales se
producirá la regresión que
se encuentra, bajo diversos aspectos, en las neurosis, las perversiones y las
psicosis.
Las condiciones de la fijación son, según Freud, de dos tipos:
por una parte viene provocada
por diferentes factores históricos (influencia de la constelación
familiar, trauma, etc.); por otra,
es favorecida por factores constitucionales: un determinado componente pulsional
parcial puede
poseer mayor fuerza que otro; pero además puede existir en ciertos individuos
una
«viscosidad» general de la libido que los predispone a defender «[...] cada posición
libidinal, una
vez alcanzada, por miedo a salir perdiendo al abandonarla, y no encontrar en la
posición
siguiente un substitutivo plenamente satisfactorio».
La fijación se invoca a menudo en psicoanálisis, pero su naturaleza
y significación no están bien
determinadas. Freud utiliza en ocasiones este concepto, como lo hace con el de
regresión, de
forma descriptiva. En los textos más explícitos, la fijación
se relaciona generalmente con ciertos
fenómenos biológicos en los que subsisten, en el organismo adulto,
vestigios de la evolución
ontofilogenética. Por consiguiente, desde este punto de vista genético,
se trataría de una
«inhibición del desarrollo», de una irregularidad genética, de un
«retardo pasivo».
Esta concepción tiene su origen y su campo de elección en el estudio
de las perversiones. En
efecto, una primera aproximación parece confirmar el hecho de que persisten
sin variación
ciertos esquemas de comportamiento que el sujeto puede volver a utilizar. Algunas
perversiones
que se desarrollan en forma continua desde la infancia proporcionarían
incluso el ejemplo de una
fijación que conduce al síntoma sin que sea necesario aducir la
regresión.
Con todo, a medida que se desarrolla la teoría de las perversiones, parece
dudoso que pueda
reconocerse en éstas el modelo de una fijación equiparable a la
simple persistencia de un
vestigio genético. El hecho de que se encuentren en el origen de las perversiones
conflictos y
mecanismos similares a los de la neurosis pone en tela de juicio la aparente simplicidad
del
concepto de fijación (véase: Perversión).
La originalidad del empleo psicoanalítico del concepto de fijación,
en relación con ideas como la
de una persistencia de esquemas de comportamiento que se han vuelto anacrónicos,
se pone
de manifiesto al examinar las modalidades del uso de esta palabra por Freud. Esquemáticamente
puede decirse que Freud habla unas veces de fijación de (por ejemplo,
fijación de un recuerdo,
de un síntoma), otras veces de fijación (de la libido) a (fijación
a una fase, a un tipo de objeto,
etc.). La primera acepción evoca el empleo que hace de este término
la teoría psicológica de la
memoria, que distingue varios tiempos: fijación, conservación, evocación,
reconocimiento del
recuerdo. Pero se observará que Freud entiende esta fijación en
forma muy realista: se trata de
tina verdadera inscripción (Níederschrifi) de huellas en
series de sistemas mnémicos, huellas
que pueden «traducirse» de un sistema al otro; en la carta a Fliess del 6-XII-1896
se encuentra
ya elaborada toda una teoría de la fijación: «Cuando falta la transcripción
siguiente, la excitación
es liquidada según las leyes psicológicas válidas para el
período psíquico anterior y según las
vías que a la sazón se hallaban disponibles. Persiste así
un anacronismo, en una cierta provincia
se hallan todavía en vigor los fueros [antiguas leyes que siguen vigentes
en ciertas ciudades o
regiones de España]; de este modo encontramos "supervivencias" ». Por otra
parte, este
concepto de una fijación de las representaciones es correlativo con el
de una fijación de la
excitación a éstas. Tal idea, que se halla en la base de
la concepción freudiana, encuentra su
mejor expresión en la teoría más completa que Freud dio de
la represión: «Tenemos razones
para admitir una represión originaria, una primera fase de la represión
consistente en que el
representante psíquico (representante-representativo) de la pulsión
ve negado el acceso a la
conciencia. Con ello se produce una fijación; el representante correspondiente
persiste, a partir
de entonces, en forma inalterable, y la pulsión permanece ligada a él».
Ciertamente, el sentido genético de la fijación no ha sido abandonado
en esta formulación, pero
halla su fundamento en la búsqueda de momentos originarios en los que se
incriben de modo
indisoluble en el inconsciente ciertas representaciones electivas y en los que
la pulsión misma se
fija a sus representantes psíquicos, constituyéndose quizá,
en virtud de este mismo proceso,
como pulsión.
Filiación
Filiación
Fijación
fuente(45)
El término filiación es común al derecho, la antropología
y el psicoanálisis. Designa la regla en
virtud de la cual un individuo adquiere su identidad social y se inscribe en un
proceso de
transmisión de tipo patrilineal o matrilineal. El debate sobre la naturaleza
de la filiación coincide
con los desarrollados sobre el patriarcado y el matriarcado. En cuanto a la filiación
en sí, es uno
de los objetos del estudio de los sistemas de parentesco.
En la historiografía freudiana, el término remite a la forma particular
de iniciación en el saber y en
la práctica del psicoanálisis que tiene lugar entre un maestro y
su discípulo, a través de la
experiencia de la cura personal o didáctica, y después mediante
el análisis de control.
El estudio de las filiaciones es esencial para historiar el psicoanálisis,
en cuanto el movimiento y
sus instituciones siempre han constituido una comunidad comparable a una familia
patriarcal, e
incluso a un sistema de parentesco. Desde esta perspectiva, el estudio de las
filiaciones tiene el
objetivo de establecer quién ha sido analizado (o controlado) por quién,
y permitir la comprensión
de la naturaleza de las relaciones transferenciales entre psicoanalistas.
Después de Sandor Ferenczi, que en 1928 fue el primero en interesarse específicamente
por el
análisis de los analistas, Michael Balint propuso en 1948 un estudio sistemático
de lo que él
denominó el sistema de formación de los analistas (o sucesión
apostólica).
En 1975, el psicoanalista francés Wladimir Granoff, muy marcado por la
enseñanza de Ferenczi,
introdujo el término filiación. Más tarde, el historiador
Ernst Falzeder realizó un aporte principal en
este ámbito, al establecer la genealogía de las filiaciones freudianas
en el mundo germánico y de
lengua inglesa, agregando una lista de las prácticas consideradas "transgresivas"
según los
cánones de la cura adoptados por la International Psychoanalytical Association
(IPA), entre 1920
y 1925: relaciones sexuales entre analistas y analizantes, análisis de
niños por sus padres,
etcétera. En Francia, a partir del aporte de Wladimir Granoff, la cuestión
ha sido estudiada por
Élisabeth Roudinesco. En todos los países con implantación
del freudismo (Argentina, Brasil,
Hungría, países escandinavos, Italia, etcétera), las investigaciones
genealógicas son realizadas
por la historia científica.
Fin o meta pulsional
Al.: Ziel (Triebziel).
Fr.: but (pulsionnel).
Ing.: aim (instinctual aim).
It.: meta (istintuale o pulsionale).
Por.: alvo o meta impulsor(a) o pulsional.
fuente(46)
Actividad hacia la que empuja la pulsión y que conduce a una resolución
de la tensión interna;
esta actividad está sostenida y orientada por fantasías.
El concepto «fin o meta pulsional» se halla ligado al análisis freudiano
del concepto «pulsión» en
sus distintos elementos: presión, fuente, fin y objeto.
En sentido amplio, puede decirse que el fin pulsional es unívoco: en todos
los casos se trata de
la satisfacción, es decir, según la concepción económica
de Freud, una descarga no cualitativa
de energía, regida por el «principio de constancia». No obstante, incluso
cuando habla de «meta
final» (Endziel) de la pulsión, Freud entiende por tal una meta
específica, ligada a una pulsión
determinad. Esta meta final puede alcanzarse por medios, o «fines intermedios»I
más o menos
intersubstituibles; pero desde los Tres ensayos sobre la teoría de la
sexualidad (Drei
Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905) se afirma el concepto de una especificidad
del fin de
cada pulsión parcial: «El fin sexual de la pulsión infantil consiste
en provocar la satisfacción
mediante la excitación apropiada de alguna zona erógena». Este
concepto parece tener su
origen en el Proyecto de psicología científica (Entwurf einer
Psychologie, 1895) bajo la forma de
«la acción específica», única capaz de suprimir la tensión
interna. Se reafirma más
explícitamente en la edición de 1915 de los Tres ensayos: «Lo
que distingue unas pulsiones de
otras y las dota de propiedades específicas es su relación con sus
fuentes sexuales y con sus
metas».
Estos trabajos afirman al mismo tiempo la existencia de una estrecha ligazón
entre la meta y la
fuente, que la mayoría de las veces está representada por una zona
erógena «[...] [en la
sexualidad infantil] el fin sexual se halla bajo el dominio de una zona erógena».
Y también: « [...]
la meta a la que tiende cada una de [las pulsiones sexuales] es la consecución
del placer de
órgano (Organlust)». Así, la meta correspondiente a la pulsión
oral será la satisfacción ligada a
la actividad de succión. Y a la inversa, el fin pulsional permite conocer
la fuente de la pulsión, en
el sentido del proceso orgánico que tiene lugar en el órgano erógeno:
« [...] aun cuando su
origen a partir de la fuente somática sea el factor absolutamente determinante
de la pulsión, ésta
sólo podemos conocerla, en el psiquismo, por sus fines [...]. Con frecuencia,
es posible deducir
con certeza las fuentes de la pulsión a partir de sus fines».
La fuente sería, pues, la ratio essendi del fin, y éste la
ratio cognoscendi de la fuente. ¿Cómo
conciliar esta rigurosa determinación recíproca con la existencia
de aquellas «desviaciones del
fin sexual» a las que Freud dedica un capítulo entero de los Tres ensayos?
La intención de
Freud en este texto consiste en mostrar que (contrariamente a la opinión
usual) la sexualidad
abarca un territorio mucho más extenso que el acto sexual adulto considerado
normal, es decir,
limitado a una sola fuente (el aparato genital) y a un solo fin: «la unión
sexual o, al menos, los
actos que conducen a ésta». Las «desviaciones» que señala
Freud no constituyen
modificaciones del fin de una misma pulsión parcial, sino las distintas
variedades posibles de
fines sexuales. Esstas son, ya fines ligados a las fuentes, a las zonas
erógenas, distintas de la
zona genital (por ejemplo el beso, ligado a la zona oral), ya modificaciones del
acto sexual que
implican un desplazamiento del objeto. (Así, Freud describe el fetichismo
entre las «desviaciones
del fin», aunque reconoce que, de hecho, se trata en esencia de una «desviación»
relativa al
objeto.).
El punto de vista expuesto en Las pulsiones y sus destinos (Triebe und Triebschicksale,
1915)
es muy distinto. No se trata de efectuar un inventario de las variantes del fin
sexual en general,
sino de mostrar cómo puede transformarse el fin de una pulsión
parcial determinada. Dentro de
esta perspectiva, Freud se ve inducido a establecer una distinción entre
las pulsiones
autocróticas y las pulsiones dirigidas desde un principio hacia el objeto
(sadismo y «pulsión
scoptofílica»). En los primeros, « [...] el papel de la fuente orgánica
es determinante, hasta el
punto de que, según una hipótesis seductora de P. Fedem y L. Jekel,
la forma y la función del
órgano deciden la actividad o la pasividad del fin pulsional». Solamente
en los segundos existe
esa modificación del fin que consiste en la «transformación en lo
contrario» (transformación del
sadismo en masoquismo y del voyeurismo en exhibicionismo); pero conviene señalar
que este
cambio de fin se halla de nuevo estrechamente ligado a un cambio de objeto: la
«vuelta hacia la
propia persona».
En la sublimación, la modificación pulsional consiste esencialmente
en un cambio de fin. Pero
también aquí este cambio viene condicionado por una modificación
de los restantes elementos de
la pulsión: cambio de objeto, substitución de una pulsión
por otra (reemplazamiento por una
pulsión de autoconservación, con la cual la pulsión sexual
funcionaba en apoyo).
Como puede verse, si nos atenemos a las categorías que hace intervenir
explícitamente la
concepción freudiana, el concepto de fin se encuentra como dividido entre
los dos conceptos de
fuente y de objeto de la pulsión. Si lo definimos por su estrecha ligazón
con la fuente orgánica, el
fin pulsional queda entonces especificado de forma muy precisa, aunque bastante
pobre: es la
succión para la boca, la visión para el ojo, el «dominio» para la
musculatura, etc. Si se considera,
como invita a hacerlo la evolución de la teoría psicoanalítica,
cada tipo de actividad sexual en su
relación con el tipo de objeto al que se dirige, entonces el concepto de
fin pulsional desaparece
en beneficio del de «relación de objeto».
Sin duda, las dificultades inherentes al problema del fin pulsional podrían
explicarse por lo que
hay de equívoco en su concepto mismo de pulsión; en efecto, Freud
sitúa en esta misma
categoría la pulsión sexual y la pulsión de autoconservación,
mientras que toda su teoría de la
sexualidad muestra sus básicas diferencias en cuanto a su funcionamiento
y, en especial, en su
fin, es decir, en lo que conduce a la satisfacción de uno y de otro.
Si el fin de una pulsión de autoconservación sólo puede comprenderse
como una acción
específica que da fin a un estado de tensión provocado por la necesidad,
localizable en un
determinado aparato somático y que exige, por supuesto, una realización
efectiva (por ejemplo,
aporte de alimento), el fin de la pulsión sexual es mucho más difícil
de determinar. En efecto, éste
(en la medida en que primeramente se confunde, en el apoyo, con la función
de
autoconservación, y emerge al desprenderse de ésta) halla su satisfacción
en una actividad a la
vez marcada por la función vital que le ha servido de soporte y desfasada,
profundamente
pervertida, con relación a ésta. En este desplazamiento se inserta
una actividad fantaseadora
que puede incluir elementos representativos a menudo muy alejados del prototipo
corporal
(véase: Autoerotismo; Apoyo; Pulsión; Sexualidad).
Fleischl - Marxow Ernst von
(1847-1891)
fuente(47)
Brillante fisiólogo de la generación de Sigmund Freud, fue asistente
de Ernst von Brücke en
Viena. En el curso de un experimento, se hirió en la mano de modo cruento,
y hubo que
amputarle varios dedos. Comenzó entonces a sufrir dolores insoportables
en los muñones, lo
cual lo llevó a utilizar morfina y convertirse en adicto. Con la intención
de curarlo de su
toxicomanía, Freud lo trató con cocaína, persuadido de que
esta droga le permitiría superarla.
Pero de tal modo Fleischl se volvió cocainómano. Murió a
los 44 años, asistido por su gran amigo
Sigmund, quien lo recordó en La interpretación de los sueños.
Fliess Robert (1895-1970). Médico y
psicoanalista norteamericano
Fliess Robert (1895-1970). Médico y psicoanalista norteamericano
Fliess Robert
(1895-1970) Médico y psicoanalista norteamericano
fuente(48)
Hijo de Wilhelm Fliess e Ida Bondy (ella misma ex paciente de Josef Breuer y hermana
de
Margarethe Nunberg y Marianne Kris), Robert Fliess, Io mismo que Anna Freud, fue
un hijo del
psicoanálisis. Analizado en Berlín por Karl Abraham, se interesó
por las prácticas de
musculación y el masaje sueco. Después de la toma del poder por
el nazismo, emigró a los
Estados Unidos y se instaló en Nueva York, donde trabajó a la vez
como médico y psicoanalista
después de un segundo análisis con Ruth Mack-Brunswick. En una de
sus obras, publicada
póstumamente, adoptó la antigua teoría freudiana de la seducción,
sosteniendo que todos los
neuróticos graves han sufrido en su infancia traumas reales, o fueron víctimas
de abuso sexual.
Esta posición le permitió a la historiografía revisionista,
y sobre todo a Jeffrey Moussaieff
Masson, editor de la correspondencia de Sigmund Freud y Wilhelm Fliess, relanzar
el debate
sobre la seducción, y formular la hipótesis (pero sin aportar prueba
alguna al respecto) de que el
propio Robert Fliess habría sido víctima de su padre.
Fliess Wilhelm. Médico y biólogo
alemán
Fliess Wilhelm. Médico y biólogo alemán
Fliess Wilhelm
Médico y biólogo alemán
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(Arnswalde, hoy Choszczno, Polonia, 1858 - Berlín 1928).
Otorrinolaringólogo berlinés, Fliess es, entre otras cosas, autor
de la teoría sobre la
correspondencia entre la mucosa nasal y los órganos genitales, y sobre
la bisexualidad
fundamental de todo ser humano. Desempeñó un papel considerable
en la evolución de Freud,
su amigo íntimo. Ambos intercambiaron una correspondencia apasionada de
1887 a 1904, cuya
importancia es capital para la buena comprensión de la obra freudiana,
especialmente del
autoanálisis de Freud.
Fliess Wilhelm (1858-1928). Médico
alemán
Fliess Wilhelm (1858-1928). Médico alemán
Fliess Wilhelm
(1858-1928) Médico alemán
fuente(49)
Figura de colores vivos, amigo íntimo de Sigmund Freud y teórico
de la bisexualidad, Wilhelm
Fliess pertenece al vasto linaje de los sabios proteicos de la literatura romántica
cuya huella se
encuentra en la obra de Thomas Mann. Nacido en Arswalde, proveniente de una familia
de judíos
sefardíes instalados en el Markbrandeburg desde el siglo XVIII, a partir
de 1862 residió en Berlín,
donde el padre, Jacob Fliess (18191878), era un comerciante en granos poco dotado
para los
negocios y sin duda depresivo. Se decía en la familia que probablemente
se había suicidado.
Después de estudiar medicina y de varios viajes por Europa, Wilhelm Fliess
abrió un consultorio
de medicina general en Berlín, así como una pequeña clínica
con algunas camas. Se especializó
en otorrinolaringología, y pronto emprendió investigaciones sobre
las relaciones entre la nariz y
los órganos genitales. Ellas desembocaron en 1897 en la publicación
de un libro: Las relaciones
entre la nariz y los órganos genitales femeninos, presentadas según
sus significaciones
biológicas.
En octubre de 1887, en oportunidad de una estada en Viena, conoció a Freud
por intermedio de
Josef Breuer. Los dos jóvenes médicos estaban entonces bajo la influencia
de la enseñanza de
la escuela alemana de Hermann von Helmholtz. A los dos les interesaba la sexualidad,
y
buscaban en la medicina y la ciencia de su época los medios para construir
una nueva teoría
biológica y darwiniana de la vida psíquica del hombre. La amistad
entre ellos fue breve pero
apasionada, como pueden serlo esas aventuras iniciáticas de una juventud
en busca de
identidad intelectual. La acompañó una considerable correspondencia,
de la que,
lamentablemente, sólo se conoce la parte escrita por Freud.
Corresponsal maravilloso, Freud describe con delicia la experiencia que él
denomina su
autoanálisis. A lo largo de las páginas, se descubre cómo
tomó las tesis de su amigo sobre la
bisexualidad para transformarlas, y después cómo elaboró
su primera hipótesis sobre la histeria,
la neurosis y el Edipo. Las cartas exponen el abandono de la teoría de
la seducción,
acontecimiento central de la relación entre los dos hombres, después
el episodio de "Emma
Eckstein", y finalmente la génesis de La interpretación de los
sueños. Encierran una multitud de
detalles sobre la vida cotidiana y sexual del autor, y son una mina de otras informaciones
de
todo tipo. El intercambio finalizó en septiembre de 1902.
En septiembre de 1892, Fliess se casó con Ida Bondy (1869-194 l), una vienesa,
ex paciente de
Breuer, cuya hermana Melanie iba a casarse con Oskar Rie, un amigo de Freud: una
verdadera
novela familiar del psicoanálisis, cuya estructura se encuentra en el sueño
de "La inyección a
Irma". De ese matrimonio nacieron dos hijas: Margarethe, casada más tarde
con Hermann
Nunberg, y Marianne, futura esposa de Ernst Kris. Las dos se convirtieron en psicoanalistas
y
emigraron con sus esposos a los Estados Unidos. De los cinco hijos del matrimonio
de Wilhelm e
Ida, sólo Robert Fliess fue a la vez psicoanalista y médico, próximo
en ciertos aspectos al
imaginario paterno.
Partidario de una teoría mística y organicista de la sexualidad,
Fliess fue una especie de doble de
Freud. Habitado por una visión paranoica de la ciencia, producía
las tesis más extravagantes
(pero también las más innovadoras), sin llegar a organizarlas en
un sistema de pensamiento
adecuado a la realidad. Al relacionar la mucosa nasal con las actividades genitales,
pensaba que
la vida estaba condicionada por fenómenos periódicos vinculados
con la naturaleza bisexual de
la condición humana. Ya entonces señaló el carácter
polimorfo de la sexualidad infantil.
En el contacto con Fliess, y a través de un paciente trabajo de escritura,
Freud rompió
progresivamente con la teoría de seducción y elaboró la noción
de fantasma. A lo largo de su
relación (lo atestiguan los pocos encuentros que tuvieron en ciudades debidamente
escogidas, y
a los que denominaban "congresos"), Freud se dejó literalmente hechizar
por Fliess. Ahora bien,
éste lo encerraba en una concepción de la ciencia en la que no tenían
ningún lugar el error, la
experiencia ni la investigación de la verdad, a tal punto la certidumbre
regía el trabajo
especulativo. Al renunciar a su hipótesis del trauma, Freud se vio lógicamente
llevado a
evolucionar hacia otra vía: la de una ciencia capaz de dar cuenta de la
realidad que enfrentaba.
La ruptura fue violenta. Fliess se sintió perseguido y lanzó contra
Freud una acusación de plagio
que implicaba a otros dos hombres: Hermann Swoboda y Otto Weininger.
Con la intención de no revelar a la posteridad su relación con Fliess,
Freud destruyó las cartas
del amigo. Pero, en 1936, Charles Fliess (1899-1956), hermano mayor de Robert,
le vendió a un
marchand las cartas de Freud que el padre había conservado hasta
la muerte. A ese marchand
se las compró a su vez Marie Bonaparte, quien las conservó contrariando
la opinión del maestro,
quien se negaba obstinadamente a que fuesen publicadas, o incluso conocidas. En
1950, con la
ayuda de Ernst Kris y Anna Freud,
Marie Bonaparte hizo publicar un conjunto parcial, titulado La naissance de
la psychanalyse.
Hubo que aguardar hasta 1985 para que finalmente se lanzara una edición
completa, después
de un escándalo en los Archivos Freud.
Flournoy Henri
(1881-1956) Psiquiatra y psicoanalista suizo
fuente(50)
Hijo de Théodore Flournoy y cufiado de Raymond de Saussure, Henri Flournoy
estudió medicina
en Ginebra antes de convertirse en asistente de Adolf Meyer durante un año,
en Baltimore. Él
fue uno de los artífices activos del movimiento psicoanalítico suizo,
mientras era al mismo tiempo
miembro de la Société psychanalytique de Paris (SPP); en su país
desempeñó un papel
importante en cuanto a la legalización del aborto. Fue analizado primero
por Carl Gustav Jung,
después por Johan Van Ophuijsen en Holanda, y finalmente, en Viena, por
Sigmund Freud y más
tarde por Hermann Nunberg.
Flournoy Théodore (1854-1920).
Médico suizo
Flournoy Théodore (1854-1920). Médico suizo
Flournoy Théodore
(1854-1920) Médico suizo
fuente(51)
Contemporàneo de Sigmund Freud, Pierre Janet y Morton Prince, Théodore
Flournoy ocupa un
lugar importante en la historia del descubrimiento del inconsciente y del pasaje
desde el
espiritismo al psicoanálisis. Nacido en Ginebra en una vieja familia calvinista,
era sobrino de
Édouard Claparéde. Recibió una formación de médico
y filósofo. En Leipzig siguió la enseñanza
de Wilhelm Wundt (1833-1920), antes de obtener en 189 1, en su ciudad natal, la
primera cátedra
de psicología experimental, creada expresamente para él. Ese mismo
año, el lingüista Ferdinand
de Saussure (1857-1912) entraba en funciones en la cátedra de sánscrito
y lenguas
indoeuropeas.
Influido por los trabajos de Frederick Myers, Flournoy se interesó muy
pronto por el espiritismo, el
ocultismo y ese más allá de la conciencia (o inconsciente subliminal)
que se creía discernir en los
fenómenos de personalidad múltiple. En 1894, después de haber
asistido, fascinado, a una
sesión en la que habló una célebre espiritista, Catherine-Élise
Müller (1861-1929), se convirtió en
terapeuta y confidente de la joven, durante cinco años, en el mismo momento
en que él
comenzaba a leer las primeras publicaciones de Freud. Catherine-Élise le
narró su historia
familiar y, a lo largo de una investigación minuciosa, Flournoy descubrió
que no mucho antes sus
propios padres habían estado en relación con los de ella.
Algún tiempo más tarde, la joven cayó en un estado de depresión
profunda, y actualizó las
escenas de una vida anterior compuesta de tres ciclos. En el curso del primero,
ella habría sido
una princesa india del siglo XV; en el segundo, María Antonieta, y en el
tercero había vivido en el
planeta Marte: describía los habitantes, los paisajes, y hablaba y escribía
una lengua marciana".
Flournoy advirtió que una gran parte de las creaciones de su paciente provenían
de libros que
ella había leído en la infancia, pero no le dijo nada, e ignoró
el peso de la realidad psíquica y del
fantasma, para preocuparse exclusivamente por la experimentación pura.
En 1900 decidió
publicar los resultados de sus observaciones en un libro que iba a tener un éxito
resonante: Des
Indes á la planéte Mars. Según él, cada uno de
los ciclos revividos por la espiritista (a la que él
llama Hélène Smith) estaba construido sobre una "reversión"
de su personalidad a una edad
diferente: el ciclo de María Antonieta la llevaba a los 16 años,
el cielo hindú a los 12 años, y el
ciclo marciano a la primera infancia.
El científico, que no creía en la existencia de los extraterrestres,
no tenía ninguna duda:
Catherine-Élise no se comunicaba con los marcianos, y su lengua pertenecía
al dominio de la
glosolalia, de esos lenguajes inventados por los propios sujetos para expresar
sus
alucinaciones. Pero para la joven, nutrida con los sueños de una época
en la que las novelas de
Julio Verne (1828-1905) y H. G. Wells (1866-1946) parecían coincidir con
los descubrimientos de
Camille Flammarion (1842-1925), la realidad era otra: el planeta Marte existía,
con su lengua
revelada y sus marcianos verdaderos.
Por ello, desde la publicación de la obra, arreció el combate entre
los partidarios del espiritismo,
que reivindicaban la existencia de una "lengua revelada", y los hombres de ciencia,
que la
negaban. Mientras que Ferdinand de Saussure se alineaba con Flournoy, el francés
Victor
Henry, especialista en sánscrito, sostuvo que la joven había creado
su lengua marciana
utilizando un vocabulario compuesto por palabras húngaras deformadas, provenientes
de la
lengua materna del padre.
La aventura terminó en tragedia, lo mismo que la de Carl Gustav Jung con
Hélène Preiswerk.
Sintiéndose desposeída de su lengua imaginaria por el discurso de
la ciencia, Catherine-Élise
Müller rechazó a Flournoy. Después de haber recibido donaciones
de una rica norteamericana
para dedicarse a sus experiencias, cayó en un aislamiento sonambúlico
completo, mientras
pintaba cuadros místicos que iban a exponerse después de su muerte.
En cuanto a Flournoy,
que se había negado a someter a tratamiento a la joven, por no considerarla
una enferma, sino
un sujeto de experiencia, continuó sus trabajos y acogió con entusiasmo
la teoría freudiana del
sueño.
Théodore Flournoy, que siguió ligado a la tradición de los
antiguos magnetizadores, fue una
figura original del freudismo en Suiza: su hijo, Henri Flournoy, se convirtió
en psicoanalista, Io
mismo que el nieto, Olivier Flournoy; su hija, Ariane, se casa con Raymond de
Saussure.
Fluss Gisela, señora de Popper
(1859-?)
Fluss Gisela, señora de Popper (1859-?)
Fluss Gisela
Señora de Popper (1859-?)
fuente(52)
En 1871, Eduard Silberstein y Sigmund Freud pasaron el verano en Roznau. Desde
allí se
trasladaron a Freiberg, a la casa de la familia de Ignaz Fluss, comerciante en
textiles, amigo de
larga data de Jacob Freud y padre del joven Emil Fluss, camarada de Sigmund y
Eduard. Sigmund
se enamoró de Gisela, la hermana de Emil.
Al año siguiente, apasionadamente prendado, Freud volvió a ver a
Gisela, pero fingió indiferencia
y la dejó partir a un colegio de internos. Vagando por los bosques, inconsolable,
imaginó lo que
podría haber sido su vida si los padres no se hubieran ido de Freiberg
y él hubiera podido
casarse con su bienamada. Sin embargo, en una carta del 4 de septiembre de 1872
le explicó a
Eduard Silberstein que el objeto de su amor no era Gisela sino Eleonora, la madre
de la joven:
"Me parece -escribió- que transferí a la hija, en forma de amistad,
el respeto que me inspira la
madre. Soy un observador perspicaz, o me tengo por tal: mi vida en el seno de
una familia
numerosa, donde se desarrollan tantos caracteres, ha aguzado mi mirada, y estoy
lleno de
admiración a esa mujer, que ninguno de sus hijos iguala totalmente." Sigue
un elogio ditirámbico
de Eleonora.
Eleonora Fluss tenía cualidades que no se podían encontrar en Amalia
Freud, la madre de
Sigmund. Era moderna, liberal, cultivada y completamente liberada del espíritu
de gueto. El marido,
contrariamente a Jacob Freud, había demostrado ser capaz de superar la
crisis en que cayó el
comercio textil, y no se había visto obligado a abandonar Freiberg por
Viena. De modo que el
amor que Freud sintió por Gisela Fluss parece haber estado acompañado
por la construcción de
una novela familiar: tener un padre idéntico a Ignaz y una madre semejante
a Eleonora.
Esta aspiración a otra identidad, cuya significación teorizarían
Freud y Otto Rank con el concepto
de novela familiar, fue una de las componentes mayores del espíritu vienés
de los años
1870-1890, que impugnaba tanto la autoridad patriarcal. Entre los estudiantes
judíos tomó la
forma de una voluntad de superar a los padres a través del trabajo intelectual.
Se vuelve a
encontrar esta problemática a lo largo de toda la correspondencia entre
Freud y Silberstein, en la
identificación de Freud con Aníbal (a propósito de un recuerdo
de infancia concerniente a Jacob
Freud), así como en numerosos episodios de la vida de Freud.
El 27 de febrero de 1881, Gisela Fluss se casó en Viena con un comerciante
de Presburg
(Bratislava) llamado Emil Popper.
En 1899, en un artículo titulado "Sobre los recuerdos encubridores", Freud
narró en parte la
historia de su amor por Gisela Fluss, cambiando los nombres de los actores y los
lugares. Fue
Siegfried Bernfeld, sin conocer todavía las cartas de juventud de Freud,
el primero en demostrar,
en 1946, que ese artículo contenía un fragmento autobiográfico.
Después el texto fue comentado
por numerosos autores, de manera más o menos caprichosa.
Consideremos en primer lugar a Juanito. Freud publica en 1909 el «Análisis
de la fobia de un niño
de cinco años». En verdad, él no había realizado directamente
ese análisis, en el que sólo
intervino personalmente con una entrevista. Fue el padre del niño el que
condujo el tratamiento,
del que informaba a Freud paso a paso; finalmente le entregó sus notas
para la publicación. La
fobia de Juanito era el miedo a ser mordido en la calle por un caballo. El padre
observa que este
miedo «parece estar relacionado de alguna manera con el hecho de sentir terror
por un gran,
pene; [Juanito] según lo sabemos por una observación anterior, advirtió
muy pronto el gran pene
de los caballos, y extrajo la conclusión de que su madre, puesto que era
tan grande, debía tener
un pipí como un caballo». Freud rectifica: no es el gran pene en sí
lo que le da miedo a Juanito,
sino algo más oculto que es preciso arrancar al enigma del síntoma
y que se llama angustia de
castración. En efecto, en primer lugar conviene invertir el mensaje enunciado
por el niño: «Todo
el mundo tiene un pipí, y mi pipí crecerá conmigo cuando
yo crezca, pues está enraizado.» A ese
«pues está enraizado» debemos entenderlo a la inversa: a la vez consuelo
y desafío, «recuerda
la vieja amenaza de la madre, cuando le dijo a Juanito que le haría cortar
su pipí si continuaba
jugando con él. Esta amenaza, lanzada cuando Juanito tenía tres
años y medio, no produjo
entonces ningún efecto... Es clásico que la amenaza de castración
haya hecho efecto a
posteriori, y que actualmente, un año y tres meses más tarde, Juanito
sea víctima de la angustia
de perder esa preciosa parte de su yo». De modo que hay un efecto a posteriori
por el cual
surge la angustia con respecto a una amenaza primitiva. Una vez surgida, la angustia
busca un
objeto, y lo encuentra en el animal fobígeno: el caballo que puede morder
en la calle. Pero la
amenaza de castración en sí (sean cuales fueren las palabras reales
que la concretaron para
los oídos del niño) debe entenderse en el contexto más amplio
de la barrera del incesto, que
prohíbe al niño la posesión de la madre en el momento en
que más la desea, y pone entonces al
padre como rival interdictor. No obstante, la fobia se produce en un espacio intermedio,
donde la
barrera del incesto, si bien se hace sentir, aún no constituye verdaderamente
una prohibición,
pero sigue siendo un lugar de violencia: violencia ejercida sobre el niño
por lo que él supone que
es en sí un acto de violencia. «Juanito sospecha que se le prohibe tomar
posesión de la madre.
Ha chocado con la barrera del incesto. Pero él cree que la cosa está
prohibida en sí misma. En
las proezas prohibidas que él realiza en su imaginación, su padre
está siempre con él y es
detenido con él. El padre, piensa el niño, hace también con
la madre esa cosa enigmática
prohibida, que él reemplaza por un acto de violencia como romper un vidrio
de ventana o la
penetración por la fuerza en un espacio cerrado.» En consecuencia, al padre
hay que restituirle
el papel de prohibidor tranquilo, para metamorfosear en ley humana una violencia
singular. Si así
puede decirse, pasar de lo peor Ipirel al padre [père], humanizando por
la palabra la violencia que
no sólo obra en el enigma sexual, sino que el niño sospecha en la
prohibición del incesto. La
violación del espacio cerrado tiene que convertirse (lo que no es evidente)
en templo sagrado de
las leyes humanas. Las palabras que Freud dirige a Juanito en el curso de la única
entrevista
que mantiene con él, son absolutamente notables, puesto que lo tienen todo
de un pasaje y una
iniciación: «Le revelé entonces que tenía miedo a su padre
justamente porque amaba de ese
modo a su madre. En efecto, él debía pensar que su padre estaba
resentido con él por esta
causa, pero no era cierto; el padre lo amaba a pesar de todo; él podía
confesárselo todo sin
ningún temor. Mucho antes de que él viniera al mundo, yo ya sabía
que un día habría de nacer un
Juanito que amaría de tal modo a su madre que se vería obligado
a tener miedo del padre, y se lo
había anunciado al padre». Este punto de almohadillado simbólico
que es la «revelación» hecha
por Frend al niño le permite en adelante a éste una liquidación
programada de su fobia, es decir,
una construcción subjetiva que concilie la fragilidad de su sexo con la
transmisión de las
generaciones. Pero se observará en primer lugar que, para que ese punto
de almohadillado sea
posible, es necesario arrancarle al padre una confesión: «¡A pesar de lo
que piensas, no es
cierto que esté resentido contigo!». Confesión de amor paterno,
acompañada de una ceguera
fecunda respecto del odio: cuando el hijo, de improviso, le da un cabezazo en
el vientre, que él le
devuelve, en virtud de un movimiento reflejo, con un golpe de la mano, no se da
cuenta (a pesar
de estar tan atento para observarlo e interpretarlo todo) de la intención
hostil que ese cabezazo
pone de manifiesto. El padre no devuelve odio por odio. Esto parece resultarle
fácil al padre de
Juanito. Pero, en muchos casos, la desaprobación del padre, el retorno
del odio del que da
prueba, hacen imposible la liquidación programada de la fobia y la construcción
humana de la ley.
La «revelación» no basta entonces, sin una lucha enérgica contra
esa desaprobación del padre,
sin la apertura de un diálogo finalmente apaciguado en el que el niño
«pueda confesarlo todo sin
ningún temor». Como contraste, se podrá calibrar la exigencia vital
de una confesión de este tipo
en la descripción del combate que Franz Kafka libró en sí
mismo contra un «padre»
herméticamente cerrado a todo llamado y avaro de toda confesión,
combate del cual su
escritura, en particular el Diario, es la huella fulgurante y desesperada.
Conciliar la fragilidad del sexo con la transmisión de las generaciones
es lo que Juanito logró
hacer. «En el último fantasma de Juanito, se supera la angustia emanada
del complejo de
castración, y la espera ansiosa se convierte en espera gozosa.» Ese «último
fantasma» que
sella la construcción subjetiva de la ley es el siguiente: «¿Sabes?, hoy
he imaginado algo... Vino
el plomero y primero me sacó el trasero con tenazas, y entonces me dio
otro, y después hizo lo
mismo con mi pipí». Freud interpreta este fantasma: «Sí, vino el
doctor (el plomero), y le sacó el
pene, pero sólo para darle uno más grande en su lugar». El caso
de Juanito representa así una
figura completa de la fobia, con su formación, su acmé y su resolución.
Freud añade: «En cuanto
al resto, nuestro joven investigador realizó simplemente muy pronto el
descubrimiento de que
todo lo que se sabe es fragmentario, y que en todo grado alcanzado de conocimiento
subsiste
un residuo irresuelto».
La relación con el fragmento puede resumir la característica esencial
de la fobia, que persiste
hasta en su sombra: es la persistencia, en cada etapa del conocimiento o la vida,
de un residuo
no resuelto. Ésta es la razón por la cual la resolución de
la fobia no podrá ser otra cosa que la
construcción de un fantasma que delimite ese residuo. El mantenimiento
de lo fragmentario, que
es otro nombre de la «castración», se opone a la fetichización del
objeto: la fobia se opone
directamente al fetichismo. A título de ejemplo, podemos señalar,
en el Diario de Kafka, el relato
de una fantasía onírica que muestra de qué manera el sujeto
se detiene inmediatamente antes de
lo que podría convertirse en la construcción de un fetiche. El sello
roto deja en estado
fragmentario lo que, en un fetiche, se convertiría en ficción de
totalidad. En el momento en que
descubre la castración, el fetichista la reniega, y construye contra su
descubrimiento un fetiche
que remedia su pánico, cerrando el espacio sobre un culto, un trono, un
altar. Si así puede
decirse, el fóbico mantiene el rumbo de su pánico y no cede en su
angustia: el campo de la
castración sigue abierto. Lacan subraya en los términos siguientes
la distinción entre el objeto
fóbico y el fetiche: «Les he enseñado a distinguir el objeto fóbico
en tanto que significante para
todo uso a fin de suplir la falta del Otro, y el fetiche fundamental de toda perversión
en tanto que
objeto percibido en el corte del significante» (Escritos).
¿Qué es esa falta del Otro que el significante fóbico está
destinado a suplir? Esa falta está por lo
general encarnada en la figura muy particular de un padre a la vez omnipresente
y claudicante,
invasor y mudo acerca de las cosas de la vida, omnipotente en su violencia familiar
y herido,
impotente ante la vida, rebelde ante la ley. El fóbico se encuentra así
llevado a examinar
agudamente ese punto de desfallecimiento que lo hiere a él mismo, ese enigma
de un ser que
impone tan violentamente una ley rebelde a la ley. «El oficio de padre es frágil»,
escribe Pierre
Legendre en Le Crime du caporal Lortie. Nadie tiene más que el fóbico
la conciencia y el
sufrimiento de esa fragilidad. El significante fóbico constituye entonces
una metáfora paterna
desplazada, fijada en un elemento neutro, exterior, que le asegura al sujeto la
no-intrusión de
ese padre severo [«pére-sévére»], loco, asesino del deseo.
Si el fetiche asegura la condición
absoluta de un goce, el objeto fóbico protege contra la desaparición
del deseo: es, como dice
Lacan, un «arma de vanguardia» contra la amenaza de esta desaparición.
Naturalmente, se trata de un arma de doble filo. Sin cesar amenaza volverse contra
el propio
sujeto. El significante fóbico sigue siendo un significante enigmático
que plantea un interrogante
al que nada viene a responder y que por lo tanto se repite indefinidamente. El
riesgo del
tratamiento de la fobia consiste en que se limite a desplazar ese significante
necesario, que
volverá a formarse con más firmeza en otra parte. Pues el objeto
fóbico es necesario. Aunque
indefinidamente enigmático, se le impone al sujeto como un real más
duro que todo real Y muy a
menudo le asegura una vida normal, organizada y mantenida en su coherencia vital
en torno de
ese «cristal significante». Más o menos bien, se crea un puente frágil
entre un mundo interior y
un mundo exterior violentamente discordantes. Esta discordia es todo el drama
del fóbico, pero,
precisamente porque él supo crear ese puente frágil que preserva
como la niña de sus ojos, a
menudo mantiene secreta esa discordia y mata a los seres más próximos
a él. Se trata de una
cuestión entre él y su deseo, una cuestión más íntima
incluso que Dios para su existencia de
sujeto. Una cuestión escrita en rasgos de fuego (los «blasones de la fobia»,
dice Lacan) sobre
lo que a los ojos del propio fóbico no es más que una pared de papel,
más difícil de atravesar,
sin embargo, que la muralla china.
Los objetos fóbicos son concreciones de lenguaje que tienen por función
crear un borde más
consistente para lo sexual, cuando lo sexual se le ha revelado al sujeto como
terrorífico,
enigmático o inasible. El síntoma no se proyecta sobre escenas extrañas,
como en la neurosis
obsesiva o la paranoia, sino que se trata directamente con él en la escena
del yo. Por eso la
fobia tiene menos que ver con lo extraño que con lo desconocido, que a
cada paso se abre ante
el sujeto como un abismo. «Hace diez años que avanzo en lo desconocido»,
dice un analizante.
En efecto, todo ocurre como si sin cesar se abriera de nuevo una alteridad dramática,
un hiato
irreductible entre el lenguaje y lo sexual. El significante fóbico ofrece
el lugar de un encuentro
entre ambos términos, sin cesar remitido a lo imposible. Crea una pared
que aísla lo sexual
dejándolo cautivo de un lenguaje proyectado al exterior. Este joven describe
como sigue la
formación de su síntoma agorafóbico: durante una época
de su vida frecuentó regularmente a
prostitutas, en impulsos compulsivos que a veces lo llevaban a correr en busca
de su
satisfacción cuando el deseo se apoderaba de él, dejando a un lado
todo lo demás. Era un
deseo absolutamente incontrolable, que él pagaba después con prolongadas
angustias pobladas
con el pensamiento de las enfermedades que podía haber contraído.
Después, el mismo día del
nacimiento de su hijo, decidió bruscamente renunciar de modo definitivo
a esta práctica. Se
acuerda muy bien de la última vez que cedió a la tentación:
fue precisamente cuando su mujer
estaba en la clínica, el día anterior al parto. Desde esa vez, nunca
volvió a tocar a una prostituta.
No obstante, al cabo de algún tiempo de latencia, desarrolló una
muy fuerte agorafobia. Se le
volvió imposible salir solo, sin hacerse acompañar por su esposa.
Naturalmente, se advierte de
entrada de qué modo la angustia ante la tentación puede desempeñar
el papel de
desencadenante, puesto que la esposa engañada se convirtió desde
ese momento en la
persona auxiliadora, de presencia indispensable para remontar la agorafobia. Pero
también se ve
que la fobia se construye sobre el doble sentido del verbo «salir», puesto que
salir es también
«salir con», en el sentido sexual. De hecho, el peligro pulsional del que la agorafobia
protege al
sujeto es menos la supuesta falta con respecto a la esposa (la culpa), que el
goce compulsivo
en sí, experimentado como una esclavitud. De modo que la barrera fóbica
le pone un límite a esta
fuerza ingobernable y peligrosa; sin la fobia, este límite no existiría.
Por ello Freud habla
legítimamente de angustia real (real Angot), en cuanto para el sujeto no
hay nada más real que
esta fuerza que se le impone, invencible, sin el contrapeso del significante fóbico.
La palabra en
sí, el verbo «salir» en este ejemplo, adquiere entonces un curioso estatuto:
es la misma palabra,
pero no la misma cosa. Las dos cosas (salir con prostitutas y no poder salir solo)
se encuentran
como disyuntas bajo el mismo vocablo. El joven subraya que conoce ambas cosas,
que no ha
olvidado nada. Lo que olvidó es el vínculo entre ambas. Así,
el significante fóbico crea un puente
que separa lo que une. Y lo sexual es como rechazado a las antípodas del
significante que lo
representa en lo imposible. Sólo quedan entonces la inhibición del
acto y las limitaciones del
campo de la existencia.
Finalmente, en este ejemplo se advertirá que el momento en que se tomó
la decisión de romper
con las prostitutas es rico en significación: la apuesta de la paternidad
tacha directamente el
deseo sexual, en una oposición que permite vislumbrar que el registro de
lo simbólico en sentido
amplio (la transmisión de las generaciones) viene a inscribirse en discordancia
con relación al
registro del deseo amenazado de desaparición. El significante fóbico
se erige entonces en
memorial de lo que lo simbólico prohibe en su ley general: la singularidad
más extrema que lleva
consigo la sexualidad, oculta en adelante bajo el cuadriculado de las limitaciones
fóbicas. Frente
a su propia sexualidad, el sujeto está infinitamente solo, y el contrato
fóbico con el objeto de su
reaseguro vuelve aún más infinita tal soledad (si ello es posible)
y como irremediable. En la fobia
hay una desesperación que no conoce el fetichismo.
Que la angustia real pueda escribirse y encontrar una forma de sublimación
tocando al Otro -con
la punta de la lanza- en el punto mismo de la falta que hace la desesperación
del sujeto,
delimitando ese vacío con un fantasma, tal parece la salida posible de
la fobia. Ésta es la razón
que lleva de buena gana a los fóbicos a las vanguardias del descubrimiento
y la creación. Se
encuentran donde hacen falta para sostener «la insoportable levedad del ser»,
que es la del
lenguaje mismo. El ejemplo de Kafka, una vez más, lo atestigua magistralmente.
Pero se plantea
un interrogante. ¿Hasta qué punto la salida de la fobia, cuando ésta
tiende a resolverse, no pone
el cuerpo en peligro, bajo la forma insidiosa de la enfermedad, de la tuberculosis,
de la crisis
cardíaca, etc., que aparecen en el momento preciso, interrumpiendo el combate
del sujeto con su
propia desesperación y supliendo el significante fóbico en sí
cuando éste a su turno desfallece,
habiendo agotado sus efectos de fragmentación y de escritura? Sin duda
es éste un problema
que toca a los límites del psicoanálisis, y del cual dan testimonio
cierto número de casos. ¿Cuál
es el sentido de la enfermedad de Kafka con relación al combate que él
libra en su escritura? Si
es cierto, como escribe Lacan con respecto a Juanito, que el sujeto «desarrolla
en tomo al cristal
significante de su fobia, bajo una forma mítica, todas las permutaciones
posibles de un número
limitado de significantes», ¿hay que admitir que todo análisis de fóbico
va a recorrer esta forma
mítica? Sin duda. Pero ¿cuál será su límite o su agotamiento?
¿Qué advendrá cuando la última
permutación lleve inscrita en ella de antemano, con la insoportable realización
del fantasma, la
última huida a la muerte? «El agotamiento de todas las formas posibles
de imposibilidades »
(Escritos), ¿no irá él mismo a morir sobre la interrupción
brutal de una muerte súbita o
anunciada? ¿Cómo evitar, si no mediante la más extrema prudencia
al modificar el equilibrio del
sujeto con su fobia, que la implosión del cuerpo venga a poner un término
al agotamiento de lo
imposible?
¿Estás desesperado?
¿Sí? ¿Estás desesperado?
¿Emprendes la huida? ¿Quieres ocultarte?
F. KAFKA, Diario.
Ocultarse en lo imposible: con esta tangencia mortal, la fobia no ilustra sólo
la naturaleza más
radical del síntoma; concierne a la forma más arriesgada del mito
que todo sujeto humano debe
elaborar para sí ante el enigma de su existencia.
Fobia
fuente(53)
s. f. (fr. phobie; ingl. phobia; al. Phobie). Ataque de pánico
ante un objeto, un animal, una
disposición del espacio, que actúan como señales de angustia.
Este síntoma, que puede aparecer durante la primera infancia y en ciertos
estados de neurosis y
de psicosis, no excluye que se pueda hablar de estructura fóbica, que se
podrá definir, con Ch.
Melman, como una enfermedad de lo imaginario.
Situación freudiana de la cuestión de la fobia: la angustia de la
castración. La fobia es desde el
comienzo una cuestión psicoanalítica. S. Freud la llama histeria
de angustia. A pesar del estallido
de esta noción en síntomas diversos que surgen en la histeria, la
neurosis obsesiva y la psicosis
misma, se puede esbozar una especificidad estructural de la fobia. En ella está
en juego la
simbolización misma, en su difícil lazo con lo imaginario; esto
se puede estudiar en la muy
frecuente y pasajera fobia infantil.
La histeria de angustia, en Freud, se opone a la histeria de conversión,
en la que grandes
formas de excitación ligadas al investimiento libidinal de una representación
reprimida conducen
a una sintomatología somática. En la histeria de angustia, la angustia
debida a una
representación angustiante ligada a la sexualidad aparece por sí
misma y produce una fuga que
orienta el investimiento hacia una representación sustitutiva que desempeña
el papel simultáneo
de señal de angustia y de pantalla ante la verdadera razón de esta
angustia, que es preciso
encontrar y definir.
El interés de esta cuestión reside en que ni Freud ni Lacan, en
sus elaboraciones tan novedosas
acerca de ella, han tenido una posición teórica inmutable. Y se
podría decir que, en Freud, a
pesar de la cura del caso llamado «el pequeño Hans» [Juanito] (1905), la
situación de la fobia fue
renovada en 1920 en Inhibición, síntoma y angustia sin que
por ello quedara concluida. ¿Cuál
es, por consiguiente, la situación específica de la fobia? ¿Puede
extraerse de la exposición de la
elaboración necesaria de este tema algo que nos guíe hacia lo que
la fobia tiene de original? Con
el análisis del pequeño Hans, Freud expone un caso que anuda la
cuestión de la fobia, al caballo
en este caso, con la llamada fobia infantil, es decir, con ese momento de la infancia,
de los 3 a
los 5 años quizá, en que a menudo el sujeto siente miedo, irracionalmente,
frente a ciertos
animales y ciertos espacios, y en el que surge de esta manera la señal
de lo que Freud teoriza
como la angustia de castración. Esta fobia se resuelve la mayoría
de las veces cuando el niño
toma en cuenta el orden que rige no sólo su sexualidad, sino también
la trasmisión y la filiación.
El pequeño Hans no se atrevía a salir afuera: tenía miedo
de que un caballo atado a un
carricoche lo mordiese. Sobre todo parecía temer que el caballo cayese
e hiciese un «tumulto»
[al. «Krawall», alboroto, ruido fuerte, discordante]. Freud no condujo directamente
la cura, sino
indirectamente, a través de los padres de Hans, que eran sus alumnos. Esto
no es indiferente
respecto de la interrogación fundamental del fóbico sobre la trasmisión
del saber concerniente al
deseo y al goce. El «pequeño Hans», como todo fóbico, por «invalidado»
que estuviese en su
enclaustramiento, era vivaz, inteligente, lúcido y demistificador. Con
facilidad se muestra irónico
ante las teorizaciones paternas que caricaturizan torpemente las teorías
freudianas sobre el
complejo de Edipo y la angustia de castración, aunque reconociendo, por
otra parte, su justeza.
En efecto, todo el trabajo que Hans hace sobre la diferencia sexual, sobre el
nacimiento de los
niños, particularmente el de su hermana Anna tan celada, sobre su renegacíón
(al. Verleugnung)
ante el sexo de su hermana, todo ese trabajo elabora paso a paso algo diferente
del pánico ante
ese sustituto fálico que es el caballo en la realidad exterior. Hans admite
poco a poco lo que la
angustia de castración prescribe simbolizar, y de ese modo se ve conducido
a una cierta
curación.
Sin embargo, el resorte de su cura -¿y no es esto acaso una indicación
para las curas de las
fobias?- es el momento en que Freud le dice a Hans: «Mucho antes de que él
viniera al mundo,
yo sabía que un día nacería un pequeño Hans que amaría
tanto a su madre que por ello tendría
miedo de su padre, y se lo conté a su padre». Lo que Freud llama con humor
su «fanfarronada
bromista» corresponde a una intervención, que no es una predicción
religiosa, aun cuando el
pequeño Hans le pregunte luego bruscamente al padre: «¿Acaso el profesor
habla con el buen
Dios para que pueda saber todo por adelantado?». Ciertamente, Freud indica el
lugar justo del
miedo de Hans: el caballo era un sustituto del padre en el triángulo edípico,
pero hacía falta
además que esta historización del conflicto pudiese situar un saber
inconciente como un
conjunto [sometido a una falta]. Lacan llamará S(A)[A
barrada] [significante de la falta en el Otro,
véase «El grafo» en matema] a ese lugar del lenguaje en el que Hans tiene
su sitio en la
trasmisión significante. Si el caballo (al. Pferd) está en
asonancia con Freud, ya no se trata sólo
de ese pedazo de espacio [y de carne] que surge del horizonte y cae brutalmente,
en su
crudeza no simbolizable, sino de que el pequeño Hans ha entrado en el nudo
que liga filiación,
nominación y trasmisión por medio de las redes simbólicas
del lenguaje.
A partir de allí va a poder reencontrar el lugar ficcional de las teorías
sexuales infantiles donde
pueden historizarse como un juego serio los diferentes lugares que un sujeto puede
ocupar y
donde la castración toma un sentido distinto al de un peligro de mutilación.
Curación imperfecta,
dirá Lacan, en la medida en que encontrará el tercero que no encontraba
en su padre del lado de
una abuela, y que la paternidad que allí situará será sobre
todo una paternidad imaginaria. Esto
no quita que la cuestión del falo y de sus leyes pudo ser planteada y que
la respuesta dada toma
su sitio en un lugar dialectizado y no proyectado en la realidad exterior del
espacio como la
inminencia de un peligro que, no obedeciendo a ninguna ley, puede surgir en cualquier
momento
de cualquier lado.
En Inhibición, síntoma y angustia (1920), Freud remite la
fobia a una angustia del yo y sitúa así
la angustia de la fobia directamente en relación con la amenaza de castración,
en tanto que la
angustia histérica se manifiesta por la pérdida del amor del lado
del objeto y la angustia de la
neurosis obsesiva se juega con relación al superyó. No parece sin
embargo que estas
precisiones invaliden la idea de una moción pulsional reprimida que retornaría
como una
percepción del exterior. Pues se puede decir que la fobia plantea la cuestión
misma de la
represión en la medida en que la oposición del interior y el exterior
remite a una pregnancia
imaginaria que no puede sino llevar a un callejón sin salida la organización
de los lazos entre el
lenguaje y la manera en que el sujeto allí se sitúa, aun cuando
el concepto freudiano de
proyección, inventado y operatorio para la paranoia, no conviene verdaderamente
a la fobia. Sin
embargo, establecida la represión originaria en la fobia, parece que el
lazo entre las palabras y lo
imaginario, que concierne al espacio y la mirada, constituye en este caso una
solución original.
Se agrega entonces la cuestión de saber si la cura de un fóbico
debe conducir a una
neurotización. Aunque es verdad que el fóbico ha inventado todo
un montaje para evitar la
castración y la neurotización producida por la simbolización
que ella engendra, ¿debe por ello
eludirse la razón de la neurotización y su beneficio, sin intentar
repensar la cuestión y las
posturas en juego en la castración?
La idea lacaniana del significante fóbica. Lacan, en el seminario sobre
La relación de objeto
(1956-57), estudia casi palabra por palabra el análisis del pequeño
Hans relatado por Freud. Nos
hace pasar de la consideración estéril del objeto fóbico
a la idea operatoria de significante
fóbico. Este significante fóbico, tal el «Pferd» para Hans, se define
como un significante para
todo uso, verdadera metáfora del padre que permite al niño simbolizar
lo Real del goce fálico, que
descubre y hace surgir las posturas edípicas.
El objeto fobígeno es situado entonces por Lacan como aquello que en el
espacio sirve para
ocultar la angustia fundamental del sujeto. «Para satisfacer algo que no puede
resolverse en el
nivel del sujeto, en el nivel de la angustia intolerable, el sujeto no tiene otro
recurso que
inventarse el miedo de un tigre de papel». La cuestión es entonces
saber qué liga al objeto
fobígeno con el significante fóbico; pero esto no parece haber sido
abordado directamente en
Lacan, aunque sólo a partir de la teoría lacaniana del objeto
a, y en particular de lo que dice de la
mirada, puede resolverse el problema de esta articulación, En el Seminario
XVI «De un otro al
Otro» [debemos advertir que el establecimiento del título de este seminario
es polémico,
habiéndose propuesto también el de «De un Otro al otro»] (1968-69),
Lacan toma posición sobre
la cuestión de saber si se puede hablar de una «estructura fóbica»:
«No se puede ver allí una
entidad clínica -dice-, sino más bien una plataforma giratoria,
algo que debe ser dilucidado en
sus relaciones con aquello a lo que más comúnmente vira, a saber,
los dos grandes órdenes de
la neurosis, la histeria y la obsesión, pero también en el punto
de juntura que establece con la
perversión».
Efectivamente, se plantea una cuestión: ¿cómo distinguir el objeto
fóbico del objeto fetiche?
Ambos mantienen una relación directa con la angustia de castración,
tienen valor de
significantes, pero ambos son imaginarizados; ambos representan una cierta positivización
del
falo y procuran un acceso al goce fálico.
Con todo, puede encontrarse en Lacan, desde 1963, en un único seminario,
El Seminario de los
Nombres-del-Padre (véase Nombre-del-Padre), una indicación
que quizá va a especificar al
objeto fóbico: «No es verdad que el animal aparezca como metáfora
del padre en el nivel de la
fobia; la fobia no es más que un retorno». ¿Retorno a un tótem?
No es seguro: si Lacan vuelve
sobre este tema, es para afinar la cuestión del lazo entre Nombre-del-Padre
y falo en el objeto
fóbico: pues parece, como lo subraya Melman, que el animal fóbico
representa al falo y no al
padre. ¿Diremos que el objeto fóbico produce una especie de «crasis» [capacidad
de detener
hemorragias, de coagulación. en términos médicos, y contracción
de las vocales, en griego 1
entre el valor significante del falo y un llamado al Nombre-del-Padre simbólico
que se resuelve a
menudo bajo la forma de una paternidad imaginaria?
Estas cuestiones tomarán un giro importante en el seminario R.S.I. (1974-75),
en el que
justamente lo imaginario es situado de pleno derecho, en pie de igualdad con los
otros dos
registros Real y Simbólico, indispensable como ellos para el anudamiento.
El 17 de diciembre de
1974, Lacan redefine la angustia como «aquello que ex-siste del interior del cuerpo
(...) cuando
se hace sensible la asociación a un cuerpo (...) de un goce fálico».
Y dice todavía: «Si el
pequeño Hans se sumerge en la fobia, es evidentemente para darle cuerpo
al embarazo
[embarras: estorbo, molestia, impedimento; también alusión
a la barra de la división del sujeto, y
en castellano asociable con el embarazo femenino; sentimiento trabajado por Lacan
en el
Seminario XI que tiene a causa de ese falo, para el que se inventa toda
una serie de
equivalentes diversamente piafantes bajo la forma de la llamada fobia a los caballos
(...) es
devolviéndole esta angustia pura, se puede decir (...) como se logra acomodarla
a ese falo». Se
indica aquí una dirección de la cura: pasar de una positivización
del falo a lo que es exactamente
su función, el operador simbólico (Dx, que marca y hace funcionar
al mismo tiempo el hiato
radical entre los sexos desde que se trata del sujeto hablante.
Las consecuencias clínicas y teóricas de la obra de Lacan sobre
la concepción de la fobia. La
obra de Lacan permite avanzar sobre las diferentes cuestiones planteadas por la
fobia y, sin
duda, plantear la hipótesis de una estructura propia de la fobia; hipótesis
importante puesto que,
con bastante frecuencia, los grandes fóbicos son situados y tratados como
psicóticos.
Existen fobias a los animales y fobias espaciales (agorafobia, claustrofobia).
Parece que Lacan puede ayudarnos a resolver esta distinción. Esta es una
de las propuestas
del estudio de Melman (op. cit.), que plantea la fobia como «una enfermedad de
lo imaginario».
Retomando las antiguas descripciones de M. Legrand du Saulle (1878), destaca,
en efecto, que
los espacios organizados por la perspectiva son fobígenos: lugares desiertos
donde nada
detiene la mirada, miradores, puntos de vista vertiginosos. Notemos entonces que
el animal, ese
«automaton», surge a menudo a partir de lo que tiene función de punto de
fuga, como si ese
punto (inducido por una relación con el espacio regulada por la imagen
especular, vista y
articulada por una palabra, en el espejo) no fuese ya vinculable a una geometrización
sino que
pudiese surgir como un jirón de espacio, dotado de su propia autonomía.
El psicoanálisis
lacaniano, a partir del Seminario X, 1963-64, «Los cuatro conceptos fundamentales
del
psicoanálisis» (1973), sabe reconocer en el punto de fuga de un
cuadro el lugar de la mirada.
Pues bien, de eso se trata expresamente en la fobia: el espacio produce un peligro
amenazante,
lo real mismo de la mirada y no ya su lugar. ¿Por qué razón?
Se puede argumentar una relación
con lo imaginario: la inteligente agudeza de las fobias, tan notable y tan impotente
para curarlas,
puede entenderse así. De este modo, Melman puede oponer el fóbico
al neurótico, que paga con
la castración un tributo simbólico al gran Otro por el goce: «Es
(...) como si el sujeto le pagase al
Otro (...) un tributo del orden de lo imaginario con la invención del animal
fobígeno (...) la fobia se
presenta entonces como si la amputación del espacio viniese de modo inesperado
a constituir el
tributo que el fóbico se ve llevado a pagar». Todo neurótico, por
cierto, conoce lugares
inaccesibles, marcados por una prohibición; «pero el problema es que, para
el fóbico, este
tributo no tiene límite nunca: puede extenderse hasta el umbral de su domicilio;
en otras palabras,
en cierto modo, puede darlo todo». Lo que le permite a Melman decir, retomando
la problemática
borromea de Lacan, que hay una relación singular en la fobia entre lo Imaginario
y lo Real.
Mientras que habitualmente es el redondel de lo Simbólico el que hace agujero,
el de lo Imaginario
el que hace consistencia, y el de lo Real el que funda la «ex-sistencia», en la
fobia todo pasa
como si fuese lo imaginario lo marcado por la dimensión del agujero. Lo
que no carece de
consecuencias: esto explica el juego, el equívoco en el fóbico entre
el carácter finito o infinito del
goce con el que se las tiene que ver, sea goce fálico, sea goce del Otro.
Y demuestra la
pregnancia de la relación yoica con el semejante, en particular con el
acompañante necesario,
desde que hay esta suspensión, esta economía de la castración
en la relación con el falo que no
plantea verdaderamente la diferencia de los sexos. Esta relación con la
infinitud, pagada con la
angustia, es verdad, le da al fóbico esa agudeza sobre sí mismo
y el mundo que es su encanto,
aunque esta agudeza no baste para curarlo. Esta es la dificultad de la cura de
los fóbicos, y los
éxitos verdaderos aunque temporarios de las reeducaciones conductistas
encuentran ahí sus
argumentos. Pero dejan intacto el problema ético planteado por su curación:
¿pasa esta por una
neurotización? Como lo dice Melman: «¿El Nombre-del-Padre es el pivote
necesario para obtener
la castración o es el pivote del síntoma?».
Fobia
Fobia
Alemán: Phobie.
Francés: Phobie.
Inglés: Phobia.
fuente(54)
Término derivado del griego phobos y utilizado en lengua francesa
como sufijo para designar el
terror de un sujeto frente a un objeto, un ser vivo o una situación.
Utilizado en psiquiatría como sustantivo hacia 1870, el término
designa una neurosis cuyo
síntoma central es el terror continuo e inmotivado del sujeto ante un ser
vivo, un objeto o una
situación que en sí mismos no presentan ningún peligro real.
En psicoanálisis, la fobia es un síntoma y no una neurosis; de allí
la utilización en su lugar de la
expresión histeria de angustia. Introducida por Wilhelm Stekel en 1908,
y retomada por Sigmund
Freud, la histeria de angustia es una neurosis de tipo histérico que convierte
una angustia en un
terror inmotivado ante un objeto, un ser vivo o una situación que en sí
mismos no presentan
ningún peligro real.
Entre los sucesores de Freud, la palabra tiende a representar el concepto de histeria
de
angustia.
Conocida desde la noche de los tiempos, esta repulsión que afecta a ciertos
individuos en
situaciones particulares ha suscitado numerosos comentarios. Para conjurar el
miedo al
combate, los griegos habían divinizado a Fobos, y los guerreros lo honraban
antes de partir a la
guerra. Si bien ese miedo remitía a un peligro muy real que el siglo XX
volvió a encontrar con las
neurosis de guerra, las enfermedades de ese tipo fueron tratadas en Occidente
con los
recursos de las medicinas tradicionales: hierbas y pociones mágicas, collares
de ajo, crímenes
rituales, fetiches, etcétera. Algunas afecciones no identificadas, como
por ejemplo la hepatitis,
denominada ictericia, entraron durante mucho tiempo en la categoría de
los trastornos debidos al
miedo. Se suponía que el enfermo cambiaba de color por efecto de un pánico
interno o externo,
ligado en general a una manifestación diabólica o divina. Son muchas
las supersticiones que
siguen expresando la angustia: por ejemplo, el miedo al número 13.
Se han identificado decenas de enfermedades del miedo, entre las cuales algunas
se hicieron
célebres: la hidrofobia (miedo al agua), la agorafobia (miedo a los lugares
abiertos), la
claustrofobia (miedo a los lugares cerrados), etcétera. En el centro de
este universo del miedo
suelen ser las representaciones de la animalidad las que revelan la esencia de
la fobia. Desde
los frescos infernales de Jerónimo Bosch (1450-1516) hasta La metamorfosis
de Franz Kafka
(1883-1924), pasando por el Drácula del escritor irlandés
Bram (Abraham) Stocker (1847-1912),
se expresa el terror a la transformación del ser humano en bestia, del
ángel en demonio, del alma
en cuerpo. El evolucionismo darwiniano le dio consistencia científica a
este fantasma, como lo
subraya Freud en Tótem y tabú, basándose en el caso
del pequeño Arpad, el niño analizado por
Sandor Ferenczi en razón de su fobia a los gallos.
Lo que le permitió al saber psiquiátrico de fines del siglo XIX
convertir la fobia en una verdadera
entidad nosográfica, fue que se extirpara el terror en el universo del
pensamiento religioso. Al
convertirse en una neurosis, la fobia accedió a un estatuto estructural,
mientras que el bestiario,
síntoma de los antiguos pánicos sagrados, quedó convertido
en un mal ineluctable que destruía
el alma desde el interior. En esta configuración, el sujeto podía
ser designado como fóbico sin
que se identificara el objeto de su fobia. De allí la confusión
entre la fobia y la angustia en sentido
existencial.
Se entiende por qué Freud prefirió la expresión histeria
de angustia, creada por Stekel: ella le
permitía ubicar la sexualidad en el centro del síntoma fóbico.
En un primer momento, en
1894-1895, constató que había síntomas fóbicos en
todo tipo de trastornos neuróticos o
psicóticos, pero particularmente en la neurosis obsesiva y la neurosis
de angustia (o neurosis
actual). Ellos revelaban la conversión de la angustia en terror en los
pacientes que practicaban
la continencia y se mostraban fanáticos de la limpieza porque los horrorizaban
las cosas de la
sexualidad.
Después, en el análisis de Juanito (Herbert Graf) en 1909, Freud
observó que hay por lo menos
una neurosis en la cual el síntoma fóbico es central. La llamó
histeria de angustia. En este caso,
la libido no es convertida sino liberada en forma de angustia. Observemos que
la fobia es uno de
los síntomas que la cura psicoanalítica permite dominar con mayor
facilidad, reemplazándola por
la angustia.
Los sucesores de Freud se interesaron mucho en las fobias infantiles y, en consecuencia,
esencialmente en los terrores inspirados por animales. Como en el arte y la literatura,
son casi
siempre el principal vector del síntoma fóbico y, por lo tanto,
de la angustia. Por otra parte, se
encuentra su huella en los otros dos grandes casos freudianos: el Hombre de los
Lobos
(Serguei Constantinovich Pankejeff) y el Hombre de las Ratas (Ernst Lanzer).
Pero, después de Freud se modificó la terminología, y la
fobia terminó por ser aceptada menos
como síntoma que como una verdadera entidad clínica. De allí
la desaparición progresiva de la
expresión histeria de angustia. Si Melanie Klein disolvió la fobia
en la angustia, haciendo de ella
un mecanismo arcaico integrado en la posición esquizoparanoide, Anna Freud,
por el contrario,
la consideraba una neurosis de transferencia, en la cual el objeto fobógeno
se convierte en el
símbolo de todos los peligros ligados a la sexualidad, al que hay que rechazar
mediante
mecanismos de defensa. De allí la aparición de una defensa maníaca
o la adopción en ciertos
individuos de una actitud llamada contrafóbica. Desde el punto de vista
de la teoría clásica
(freudiana y annafreudiana), la claustrofobia debe interpretarse como deseo de
masturbarse y
miedo a hacerlo, y la agorafobia, como expresión de un fantasma de prostitución.
Y así
sucesivamente. Según la óptica kleiniana, la claustrofobia es un
deseo de escapar a la
protección asfixiante del objeto bueno, mientras que la agorafobia correspondería
al deseo de
evadirse de un mundo poblado de objetos malos.
Gran clínico de los estados de terror ligados al surgimiento de lo real,
Jacques Lacan fue el único
autor que desarrolló una concepción francamente estructural de la
fobia en general. De allí la
idea, en su seminario La relación de objeto, de que el objeto de
la fobia es un significante, es
decir, un elemento significativo de la historia del sujeto que vendría
a enmascarar su angustia
fundamental: "Para taponar algo que no se puede resolver en el nivel de la angustia
intolerable
del sujeto, éste no tiene más recurso que fomentarse un tigre de
papel". Lacan compara ese
significante con letras de fuego, o "blasones de la fobia", verdaderas paredes
de papel que para
el sujeto se vuelven tan inatravesables como la Muralla China. Desde esta perspectiva,
es
preciso distinguir el objeto significante (o significante fóbico) del objeto
fetiche, para demostrar
que el primero corresponde a una sintomatología neurótica (histeria,
neurosis obsesiva), y el
segundo a una clínica de la perversión. Si el fetiche satisface
la condición absoluta de un goce,
el significante fóbico protege contra la desaparición del deseo.
,
Diccionario / Desde "Forclusión" hasta "Guilbert,
Yvette"
Diccionario / Desde "Forclusión" hasta "Guilbert, Yvette" / Forclusión
Forclusión
Forclusión
fuente(55)
La noción de «forclusíón» ha sido estudiada por Damourette
y Pichon, en su obra Des Mots à la
Pensée. Essai de Grammaire de la langue française, en oposición
al modo «discordancial». El
idioma francés, señalan estos autores, «dispone de una negación
en dos partes»: «nepas,
ne-jamais, ne-rien» (no, nunca, nada). La primera de esas partes se denomina «discordancial».
Se emplea en las proposiciones completivas regidas por verbos que expresan temor,
precaución
o impedimento. En el temor, por ejemplo, hay discordancia entre el deseo del sujeto
de la principal
y la posibilidad que encara; en el impedimento, hay discordancia entre el fenómeno
que debería
producirse y la fuerza que lo impide.
«La segunda parte de la negación francesa, constituida por palabras como
rien, jamais, aucun,
personne, plus, guére, se aplica a los hechos que el locutor no encara
como formando parte de
la realidad. Esos hechos están de alguna manera forcluidos, de modo que
a esa segunda parte
de la negación le damos el «nombre de forclusiva». «Con los verbos défier,
défendre, prévenir,
désespérer, garder -continúan los autores-, el forclusivo
excluye el hecho subordinado de las
posibilidades futuras, pero la lengua sabe dar un giro aún más audaz
y particularmente
interesante desde el punto de vista psicológico: un hecho que ha existido
en realidad es
efectivamente excluido de pasado. El siguiente ejemplo ha sido tomado de un libro
cuyo título es
Esterhazy est mort: «"Para mí -dijo-, el affaire Dreyfus es desde ahora
un libro cerrado". Hasta la
hora de su muerte tuvo que arrepentirse de haberlo abierto alguna vez.»
Desde esa época, los autores tuvieron la presciencia de que esta noción
de forclusión tenía la
vocación de insertarse en el aparato conceptual del psicoanálisis;
esa presciencia se basaba,
no sólo en consideraciones generales, sino también en su propia
elaboración del proceso de la
«escotomización». «El lenguaje -escriben- es un mavarilloso espejo de las
profundidades del
inconsciente para quien sabe descifrar sus imágenes. El arrepentimiento
es el deseo de que una
cosa pasada, y por lo tanto irreparable, no haya existido nunca; la lengua francesa,
mediante el
forclusivo, expresa ese deseo de escotomización, traduciendo así
el fenómeno normal del que la
escotomización -descrita en la patología mental por Laforgue y uno
de nosotros- es la
exageración patológica» (cf. E. Pichon y R. Laforgue, «La notion
de Schizonoya», en le Rêve et
la Psychanalyse).
Siguen una serie de empleos, y los ejemplos son entonces comentados en términos
que
convergen en la idea de una exclusión de la realidad.
«En todos estos ejemplos se puede descubrir la forclusión. Thérése
piensa que experimentar la
embriaguez soñada está fuera de las posibilidades de este mundo.
Hablar de otra cosa que no
sea la muerte de Mallarmé es imposible para el señor A. Gide en
el momento en que escribe. Está
excluido que las criaturas de los bosques tengan el prurito de tomar prestada
la razón del
hombre. Platón puede ver que la exageración es extraña al
decir de Germain Nouveau.
Finalmente, la señora A. cree que el fenómeno del que habla ha sido
siempre tan excesivo.»
Ahora bien, el uso francés del término «forclore» [forcluir] coincide
con el comentario
desarrollado por Brentano en su Psychologie du point de vue empirique con respecto
a la
función de la Verwerfung en su aplicación al juicio.
En efecto, el capítulo VII del libro II de la obra, «la representación
y el juicio considerados como
cláusulas fundamentales distintas», se refiere en particular al reconocimiento
(Anerkennung) y el
rechazo (Verwerfung), en tanto que posicionamientos existenciales distintos de
la ligazón
predicativa. Ahora bien, en 1915 y 1920 varios textos de Freud nos confirman,
por el empleo que
él hace de esos términos, la influencia profunda que ejerció
sobre el desarrollo de su
pensamiento su asistencia asidua a los cursos de Brentano.
En 1915, en el artículo sobre la represión, se tratará de
situar la noción de Verwerfung con
relación a ese proceso. En 1917, las Conferencias de introducción
al psicoanálisis retoman su
interpretación en la exploración general de la resistencia y la
regresión. Esos primeros enfoques
reciben el respaldo del artículo sobre la negación en 1921. El problema
consiste entonces en
captar en qué medida resultó determinante para la cuestión
el desplazamiento del centro de la
teoría, desde la interpretación de las neurosis a la interpretación
de las psicosis.
La noción de Verwerfung fue introducida en 1915 en el artículo dedicado
a la represión, sobre la
base de una distinción entre las reacciones respectivamente oponibles a
las estimulaciones
internas y externas. Mientras que estas últimas se pueden eludir por medio
de la fuga, las
primeras (estimulaciones pulsionales que provienen del interior del organismo)
no son
susceptibles de una evitación de ese tipo.
Por lo tanto, Freud buscará con empeño un equivalente, y lo encontrará
en ese repudio por el yo
que es la Verwerfung.
El análisis más sugerente será realizado en las Conferencias
de introducción al psicoanálisis, y
es especialmente significativo por cuanto se desarrolla en el capítulo
sobre la regresión,
anunciando así la interpretación que propondrá Lacan de la
regresión psicótica con el título de
«forclusión del Nombre-del-Padre».
Para Freud la forclusión, que se define como la incapacidad del yo para
huir de sí mismo, entraña
en efecto el repudio de la identificación, en cuanto ella se basa en la
asunción del patronímico, tal
como Freud lo enunciará explícitamente en Moisés y la religión
monoteísta.
«La represión -escribe Freud- es la condición preliminar de la formación
de síntomas, pero es
también algo de lo que no conocemos nada análogo. Tomemos un impulso,
un proceso psíquico
dotado de una tendencia a transformarse en acción: sabemos que ese impulso
puede ser
descartado, rechazado, condenado. De tal modo la energía de que dispone
le es sustraída; se
vuelve impotente, pero puede subsistir en calidad de recuerdo. Todas las decisiones
cuyo objeto
es ese impulso se toman bajo el control consciente del yo. Las cosas deberían
suceder de otro
modo cuando el mismo impulso sufre una represión. Conservaría su
energía, pero sin dejar junto
a ella ningún recuerdo. El proceso mismo de la represión se realizaría
sin que el yo lo notase. Se
advierte que esta comparación no nos acerca en absoluto a la comprensión
de la naturaleza de
la represión.»
Así, el repudio al que se refiere la Verwerfung encontrará sus raíces
en la expulsión de un
contenido de experiencia fuera del yo, en función del principio de placer.
Esto es lo que Freud recuerda en 1925, en su artículo sobre la negación.
La existencia en la
realidad encontraba negada su representación. «El estudio del juicio nos
revela y quizá por vez
primera nos permite penetrar en el modo en que se engendra una función
intelectual a partir del
juego de las mociones pulsionales primarias. El juzgar es el desarrollo ulterior,
adecuado a un fin,
de la inclusión en el yo o de la expulsión fuera del yo que, originalmente,
se rigieron por el
principio de placer. Su polaridad parece corresponder a la oposición de
los dos grupos de
pulsiones cuya hipótesis hemos aceptado, La afirmación -como sustituto
de la unión- pertenece
al Eros; la negación -sucesora de la expulsión- pertenece a la pulsión
de destrucción. Es
verosímil que el gusto generalizado por la negación, el negativismo
de muchos psicóticos, tenga
que comprenderse como indicio de la desmezcla de pulsiones por retiro de los componentes
libidinales. Pero la operación de la función del juicio sólo
resulta posible por la creación del
símbolo de la negación que le ha permitido al pensamiento un primer
grado de independencia con
respecto a las consecuencias de la represión y, por ello, con respecto
a la coacción del principio
de placer.»
Antes de haber sido ilustrado por Lacan con la expresión «forclusión
del Nombre-del-Padre» en
la teoría de la psicosis, el alcance operatorio de esta noción se
puso de manifiesto en Moisés y
la religión monoteísta, por la extensión que allí
recibe al orden del desarrollo histórico.
Forclusión
Forclusión
Alemán: Verwerfung.
Francés: Forclusion.
Inglés: Foreclosure.
fuente(56)
Concepto elaborado por Jacques Lacan para designar un mecanismo específico
de la psicosis
por el cual se produce el rechazo de un significante fundamental, expulsado afuera
del universo
simbólico del sujeto. Cuando se produce este rechazo, el significante está
forcluido. No está
integrado en el inconsciente, como en la represión, y retorna en forma
alucinatoria en lo real del
sujeto.
El término forclusión fue introducido por Jacques Lacan el 4 de
julio de 1956, en la última sesión
de su seminario dedicado a la psicosis, y a la lectura del comentario de Sigmund
Freud sobre la
paranoia del jurista Daniel Paul Schreber.
Para comprender la génesis de este concepto, hay que relacionarlo con la
utilización por
Hippolyte Bernheim, en 1895, de la noción de alucinación negativa:
ésta designa la falta de
percepción de un objeto presente en el campo del sujeto, después
de la hipnosis. Freud retomó
el término, pero dejó de emplearlo en 1917, en cuanto había
propuesto en 1914 una nueva
clasificación de las neurosis, las psicosis y las perversiones en el marco
de su teoría de la
castración. Le dio entonces el nombre de Verneinung al mecanismo
verbal mediante el cual lo
reprimido es reconocido de manera negativa por el sujeto, sin ser no obstante
aceptado: "No es
mi padre". La expresión fué traducida al francés en 1934
como négation (negación). En cuanto a
la renegación (Verleugnung), Freud la caracterizó como la
negativa del sujeto a reconocer la
realidad de una percepción negativa: por ejemplo, la ausencia de pene en
la mujer.
Paralelamente, en Francia, Pichon, introducía el término escotomización
para designar el
mecanismo de ceguera inconsciente mediante el cual el sujeto hacía desaparecer
hechos
desagradables de su memoria o su conciencia. En 1925 una polémica opuso
a Freud y René
Laforgue a propósito de esta palabra. Laforgue proponía traducir
por escotomización tanto la
renegación (Verleugnung) como otro mecanismo, propio de la psicosis
y sobre todo de la
esquizofrenia. Freud se negó a seguirlo, y distinguió la Verleugnung
respecto de la Verdrüngung
(represión). La situación que describía Laforgue suscitaba
la idea de una anulación de la
percepción, mientras que la expuesta por Freud mantenía la percepción
en el marco de una
negatividad: actualización de una percepcion consistente en una renegación.
Desde el punto de vista clínico, la polémica entre los dos hombres
reveló que faltaba crear un
término específico para designar el mecanismo de rechazo propio
de la psicosis: esa palabra, en
efecto, no figuraba en el vocabulario freudiano, aunque Freud intentó elaborar
su concepto.
Ése era el estado de cosas cuando Édouard Pichon publicó,
en 1928, en colaboración con su tío
Jacques Damourette, un artículo titulado "Sur la signification psychologique
de la négation en
français". A partir de la lengua, y no ya de la clínica, tomaba
del discurso jurídico el adjetivo
"forclusivo" para significar que el segundo miembro de la negación en francés
se aplica a
hechos que la persona que habla ya no encara como formando parte de la realidad.
Son hechos
de alguna manera forcluidos. El ejemplo que dan los autores no carece de humor,
tratándose de
dos miembros de la Acción Francesa.
En efecto, citan las palabras de un periodista, extraídas del Journal
del 18 de agosto de 1923, a
propósito de la muerte de Esterhazy: "El affaire Dreyfus, dijo [Esterhazy],
es un libro en adelante
cerrado. Debió arrepentirse de haberlo abierto". En francés: "de
Favoir jamais ouvert";
literalmente, "de haberlo abierto nunca". Los autores subrayaban que el empleo
del verbo
"arrepentirse" implicaba que un hecho ocurrido en realidad era efectivamente
excluido del
pasado. Y relacionaban la escotomización con el forclusivo: "La lengua
francesa, mediante el
forclusivo, expresa el deseo de escotomización, traduciendo de tal modo
el fenómeno normal del
cual la escotomización descrita en patología mental por M. Laforgue
y uno de nosotros [Pichon]
es la exageración patológica".
El 3 de febrero de 1954 Lacan comenzó a actualizar la cuestión del
forclusivo y la
escotomización en oportunidad de un debate con el filósofo hegeliano
Jean Hyppolite
(1907-1968), que por su parte encaraba la cuestión a través de la
Verneinung, palabra que
proponía traducir como denegación, y no como negación. Lacan
se inspiro en el trabajo de
Maurice Merleau-Ponty (1908-1961), Phénoménologie de la perception,
sobre todo en las
páginas de la obra consagradas a la alucinación como "fenómeno
de desintegración de lo real",
componente de la intencionalidad del sujeto.
En el análisis del caso del Hombre de los Lobos, publicado en 1918, Freud
explicó que la génesis
del reconocimiento y el no reconocimiento de la castración en su paciente
pasaba por una
actitud de rechazo (o Verwerfung) consistente en ver sólo la sexualidad
desde el ángulo de una
teoría infantil: el comercio por el ano. Para ilustrar su idea, evocaba
una alucinación que Serguei
Constantinovich Pankejeff había tenido en la infancia: se había
"visto" el dedo meñique cortado
por su cortaplumas, advirtiendo después la inexistencia de la herida. A
propósito del "rechazo de
una realidad presente como no existente", Freud subrayó que no se trataba
(le una represión,
pues "eine Verdrängung ist etwas anderes als eine Verwerfung" (una
represión es algo distinto
de un rechazo).
Al comentar este texto en su diálogo de 1954 con Hyppolite, Lacan dio como
equivalente francés
de Verwerfung la palabra retranchement (supresión). Dos años
más tarde retomó la distinción
freudiana entre neurosis y psicosis, para aplicar la terminología según
la cual, en la psicosis, la
realidad no es nunca verdaderamente escotomizada. Por último, después
de haber comentado
intensamente la paranoia de Schreber, y más tarde elaborado el concepto
de nombre-del -padre,
propuso traducir Verwerfung por forclusión. Entendía por
tal el mecanismo específico de la
psicosis, definido a partir de la paranoia, consistente en el rechazo primordial
de un significante
fundamental, expulsado afuera del universo simbólico del sujeto. Lacan
distinguió este
mecanismo de la represión, subrayando que, en el primer caso, el significante
forcluido o los
significantes que lo representan no pertenecen al inconsciente, sino que retornan
(en lo real)
con una alucinación o delirio que invade la palabra o la percepción
del sujeto.
Más tarde, el concepto de forclusión adquirió una extensión
considerable en la literatura
lacaniana, al punto de que los discípulos del maestro francés terminaron
por ver (o acaso
alucinar) su existencia en el corpus freudiano. No obstante, Freud no conceptualizó
nunca ese
fenómeno de rechazo (Verwerfung), aunque, como lo demuestra su polémica
con Laforgue,
siempre buscó la definición de un mecanismo de este tipo propio
de la psicosis.
Forclusión [o preclusión]
Forclusión [o preclusión]
Forclusión
[o preclusión]
fuente(57)
s. f. (fr. forclusion; ingl. repudiation o foreclosure; al. Verwerfung).
Según J. Lacan, «defecto
que le da a la psicosis su condición esencial, en la estructura que la
separa de la neurosis» (De
una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, 1957).
El funcionamiento del lenguaje y las categorías topológicas de lo
real, lo simbólico y lo imaginario
permiten especificar este defecto de la siguiente manera: el significante que
ha sido rechazado
del orden simbólico reaparece en lo real, por ejemplo alucinatoriamente.
Las perturbaciones que
se siguen de ello en los tres registros de lo real, lo simbólico y lo imaginario
(R.S.I.) dan a las
psicosis sus diferentes configuraciones. El efecto radical de la forclusión
sobre la estructura se
da no sólo en el cambio de lugar del significante, sino también
en el estatuto primordial de lo que
es excluido: el padre como símbolo o significante del Nombre-del-Padre,
cuyo significado
correlativo es el de la castración. Por eso es que, en ciertas condiciones,
el sujeto psicótico se
encuentra enfrentado con una castración no simbólica, sino real.
El hombre de los lobos. La alucinación del dedo cortado, referida por el
Hombre de los Lobos en
su psicoanálisis, permitió a Freud poner en evidencia un mecanismo
distinto tanto de la represión
neurótica como de la desmentida perversa: la Verwerfung, que está
en la base de la psicosis. El
término freudiano significa «rechazo». Lacan terminó por traducirlo
como «forclusión». Esta
opción tiene el mérito de poner el acento, con una gran precisión,
sobre esta característica: lo
que ha sido rechazado no puede retornar al mismo lugar de donde ha sido excluido.
Este
proceso se distingue, por consiguiente, de la represión, pues lo reprimido
retorna en su lugar de
origen, lo simbólico, donde primitivamente fue admitido.
La forclusión recae entonces sobre el significante. En el texto de Freud,
la Verwerfung marca
cada vez la relación del sujeto con la castración: «La rechazó
y se mantuvo en el statu quo del
comercio por el ano. Cuando digo: la rechazó, el sentido inmediato de esta
expresión es que no
quiso saber nada de ella en el sentido de la represión. Esto quiere decir
que propiamente no se
formuló ningún juicio sobre su existencia, sino que fue como si
ella nunca hubiera existido».
Ya con ocasión de su análisis del mecanismo de la paranoia, en el
caso Schreber, Freud se
había visto llevado a precisar que la alucinación no era un mecanismo
proyectivo: «Más bien
reconocemos que lo que ha sido abolido en el interior vuelve del exterior».
La interpretación de Lacan. El episodio alucinatorio del Hombre de los
Lobos autoriza varias
observaciones. Como este fenómeno está sustraído de las posibilidades
de la palabra, se
acompaña de efectos cuyos rasgos principales fueron señalados por
Lacan: el embudo
temporal en el que se hunde el sujeto, su mutismo aterrado, su sentimiento de
irrealidad. El sujeto
choca con el símbolo cercenado, que por ello no entra en lo imaginario
-donde su posición
femenina le quita todo sentido a su mutilación alucinatoria- sino que constituye
para él algo que
no existe.
Este es un modo de interferencia entre lo simbólico y lo real.
Lacan se sirvió del artículo de Freud sobre la denegación
para aislar el proceso de la forclusión
en una de las dos fases de la dialéctica que es propia de la denegación:
la primera, de
simbolización o Bejahung -admisión que consiste en una «introducción
en el sujeto»-, no ha
tenido lugar. La segunda, «de expulsión fuera del sujeto», constituye lo
real en tanto subsiste
fuera de la simbolización. La forclusión «es exactamente lo que
se opone a la Bejahung primaria
y constituye como tal lo que es expulsado». De allí, en ese mismo texto
de los Escritos, la
formulación de Lacan: «Lo que no ha nacido a la luz de lo simbólico
aparece en lo real».
La relación del sujeto con el significante. Si la castración se
produce en lo real, ¿en qué registro
se sitúa el agente? Mientras que Freud considera la relación del
sujeto con el padre, Lacan, en el
caso Schreber, aborda la cuestión de la relación del sujeto con
el significante: «La atribución de
la procreación al padre no puede ser sino el efecto de un significante
puro, de un reconocimiento
no del padre real, sino de lo que la religión nos ha enseñado a
invocar como el nombre del
padre». Es el padre en su función simbólica de castración.
Dicho de otro modo, en el orden del
lenguaje, él instaura el limite, el corte y al mismo tiempo la vectorización
de la cadena o de su
sentido (fálico). Que un sujeto en condiciones electivas se encuentre con
«un padre real» que
«llegue a ese lugar en el que no ha podido llamarlo antes» es desencadenante de
la psicosis.
Pues, en lugar de encontrar correlativamente el apoyo del símbolo, no encuentra
en ese lugar
sino el agujero abierto en lo simbólico por el efecto de la forclusión.
«En el punto donde (...) es
llamado el padre real, puede por lo tanto responder en el Otro un puro y simple
agujero, el que,
por carencia del efecto metafórico, provocará un agujero correspondiente
en el lugar de la
significación fálica».
En esta coyuntura, puesto que el padre no es un significante, sólo puede
ser una figura
imaginaria a la que el símbolo carente no puede hacer límite. Por
lo tanto, la relación
inconmensurable del sujeto con él termina situada «en el orden de la potencia
y no en el orden
del pacto».
La marca de la forclusión. La forclusión de ese significante primordial
se registra por sus
efectos en el decir de un paciente psicótico. En ninguna otra parte, dice
Lacan, el síntoma está
tan claramente articulado en la estructura misma. La cadena hablada se presenta
sin límite y sin
vectorización. La perturbación de la relación con el significante
se manifiesta en los trastornos
del lenguaje como los neologismos, las frases estereotipadas, la ausencia de metáforas.
Al
haber cedido o no haberse establecido nunca los puntos de «capitonado» del discurso
-puntos
de enlace fundamental entre el significante y el significado-, ocurre su desarrollo
separado, con
la preeminencia del significante como tal, vaciado de significación. Se
da la emergencia de
fenómenos automáticos en los que el lenguaje se pone a hablar solo,
alucinatoriamente.
Es entonces lo real mismo lo que se pone a hablar.
La regresión «no genética, sino tópica al estadio del espejo»,
sitúa al sujeto en la alienación de
una captura imaginaria radical, reduciéndolo a una posición intimidada.
Pero este registro le
ofrece también al sujeto una muleta. Pues, como dice Lacan en el Seminario
III, 1955-56, «Las
psicosis» (1981), «tendrá que llevar la carga [de la aniquilación
del significante], y asumir su
compensación por medio de una serie de identificaciones puramente conformistas».
Es así como la forclusión declina sus efectos de estructura en los
tres registros,
real/imaginario/simbólico.
Forel August
(1848-1931) Psiquiatra suizo
fuente(58)
Higienista, fundador de una liga antialcohólica (la Orden de los Buenos
Templarios), August Forel
fue uno de los mejores representantes de la tradición suiza y protestante
de la psiquiatría
dinámica que, a fines del siglo XIX, contribuyó a transformar totalmente
el tratamiento de la locura
y la internación.
Nacido en Morges, sobre el lago Leman, en su infancia se apasionó por la
entomología, y estudió
particularmente la vida de las hormigas. Después se orientó hacia
la medicina, y preparó su tesis
en Viena bajo la dirección de Theodor Meynert. Más tarde obtuvo
un cargo de profesor en
psiquiatría en Zurich, lo que en 1879 le permitió ser nombrado director
de la prestigiosa Clínica
del Burghölzli, cuyo renombre aseguró rodeándose de alumnos
brillantes: sobre todo Eugen
Bleuler (quien iba a sucederlo) y Adolf Meyer (que desarrolló las teorías
higienistas en los
Estados Unidos).
En el tratamiento de los alcohólicos abandonó las tesis organicistas
y comprendió que, en el
ámbito del psiquismo, la eficacia terapéutica depende de la calidad
de la relación entre paciente y
médico. En consecuencia, se interesó por la hipnosis, visitó
a Hippolyte Bernheim en Nancy e
introdujo su método en Zurich. En el Burghölzli organizó consultorios
externos, tanto para los
trastornos físicos como para las afecciones mentales, y experimentó
con la hipnosis sobre el
personal de atención. Por otra parte, luchó por una reforma del
Código Penal y los asilos, y por la
abolición de la prosti.tución.
Formación de
compromiso o transaccional
Formación de compromiso o transaccional
Formación de compromiso o transaccional
Al: Kompromissbildung.
Fr.: formation de compromis.
Ing.: compromiseformation.
It.: formazione di compromesso.
Por.: transação o formação de compromisso.
fuente(59)
Forma que adopta lo reprimido para ser admitido en lo consciente, retornando en
el síntoma, en el
sueño y, de un modo más general, en toda producción del inconsciente:
las representaciones
reprimidas se hallan deformadas por la defensa hasta resultar irreconocibles.
De este modo, en
la misma formación, pueden satisfacerse (en un mismo compromiso) a la vez
el deseo
inconsciente y las exigencias defensivas.
Basándose en el estudio del mecanismo de la neurosis obsesiva, Freud dedujo
la idea de que los
síntomas llevan en sí mismos la huella del conflicto defensivo del
cual resultan. En las Nuevas
observaciones sobre las psiconeurosis de defensa (Weitere Benlerkungen über
die
AbivehrNeuropsychosen, 1896), Freud indica que el retorno del recuerdo reprimido
tiene lugar
de un modo deformado en las representaciones obsesivas; éstas constituyen
«[...] formaciones
transaccionales entre las representaciones reprimidas y represoras».
Esta idea de transacción o compromiso se amplió rápidamente
a todo síntoma, al sueño, al
conjunto de las producciones del inconsciente. Se encuentra desarrollada en el
capítulo XXIII de
las Lecciones de introducción al psicoanálisis (Vorlesungen zur
Einführung in die
Psychoanalyse, 1916-1917). Freud subraya que los síntomas neuróticos
«son el resultado de un
conflicto [...]. Las dos fuerzas separadas se encuentran de nuevo en el síntoma
y se
reconcilian, por así decirlo, mediante el compromiso que representa la
formación de síntomas.
Esto explica la resistencia del síntoma: éste es mantenido desde
ambos lados».
Toda manifestación sintomática, ¿es un compromiso? El valor de esta
idea es indiscutible. Pero
clínicamente se encuentran casos en los que se manifiestan de forma predominante,
unas veces
la defensa, otras el deseo, hasta el punto de que, por lo menos en un primer análisis,
parece
tratarse de defensas no contaminadas absolutamente por aquello contra lo que actúan
y, a la
inversa, otras veces parece tratarse de un retorno de lo reprimido en el que el
deseo se
expresaría sin compromiso. Tales casos constituirían los extremos
de una gradación en el
compromiso que debe entenderse como una serie complementaria: «[...] los síntomas
tienen por
fin, ya sea una satisfacción sexual, ya sea una defensa contra ésta
y, de un modo general, el
carácter positivo de la realización de deseo predomina en la histeria,
y el carácter negativo,
ascético, en la neurosis obsesiva».
Formación reactiva
Formación reactiva
Formación reactiva
Al.: Reaktionsbildung.
Fr.: formation réactionnelle.
Ing.: reaction-formation.
It.: formazione reattiva.
Por.: formaráo reativa o de reação.
fuente(60)
Actitud o hábito psicológico de sentido opuesto a un deseo reprimido
y que se ha constituido
como reacción contra éste (por ejemplo, pudor que se opone a tendencias
exhibicionistas).
En términos económicos, la formación reactiva es una contracatexis
de un elemento consciente,
de fuerza igual y dirección opuesta a la catexis inconsciente.
Las formaciones reactivas pueden ser muy localizadas y manifestarse por un comportamiento
particular, o generalizadas hasta constituir rasgos de carácter más
o menos integrados en el
conjunto de la personalidad.
Desde el punto de vista clínico, las formaciones reactivas pueden adquirir
valor de síntoma por lo
que representan de rígido, de forzado, de compulsivo, por sus fracasos
accidentales, y por el
hecho de que a veces conducen directamente a un resultado opuesto al que conscientemente
se busca (summum jus, summa injuria).
Desde que efectuó las primeras descripciones de la neurosis obsesiva, Freud
puso en evidencia
un mecanismo psíquico particular que consiste en luchar directamente contra
la representación
penosa, substituyéndola por un «síntoma primario de defensa» o «contrasíntoma»
consistente
en rasgos de personalidad (escrupulosidad, pudor, desconfianza de sí mismo)
que se hallan en
contradicción con la actividad sexual infantil a la que en un principio
se había entregado el sujeto
durante un primer período llamado «de inmoralidad infantil». Se trata de
una «defensa exitosa»,
en la medida en que los elementos que intervienen en el conflicto, tanto la representación
sexual
como el «reproche» que ésta suscita, han sido globalmente excluidos de
la conciencia en favor
de virtudes morales llevadas al extremo.
A partir de entonces, el psicoanálisis seguirá confirmando la importancia,
dentro del cuadro
clínico de la neurosis obsesiva, de las citadas defensas, cuyo calificativo
de «reactivas»
subraya el hecho de que se hallan directamente en oposición con la realización
del deseo, tanto
por su significación como desde el punto de vista económico-dinámico.
En la neurosis obsesiva las formaciones reactivas adquieren la forma de rasgos
de carácter, de
alteraciones del yo, que constituyen dispositivos de defensa en los que desaparece
la
singularidad de las representaciones y de las fantasías implicadas en el
conflicto: así, un
determinado individuo mostrará, en general, compasión por
los seres vivos, mientras que su
agresividad inconsciente se dirige a algunas personas determinadas. La formación
reactiva
constituye una contracatexis permanente. «El sujeto que ha elaborado formaciones
reactivas no
desarrolla ciertos mecanismos de defensa para utilizarlos cuando amenaza un peligro
pulsional;
ha cambiado la estructura de su personalidad, como si este peligro se hallara
siempre presente,
para estar preparado en cualquier momento en que el peligro aparezca». Las formaciones
reactivas son especialmente manifiestas en el «carácter anal» (véase:
Neurosis de carácter).
El mecanismo de la formación reactiva no es específico de la estructura
obsesiva. Se encuentra
también de un modo especial en la histeria, pero «[...] debe subrayarse
que, a diferencia de lo
que sucede en la neurosis obsesiva, estas formaciones reactivas no presentan [entonces]
el
aspecto general de rasgos del carácter, sino que se limitan a relaciones
totalmente electivas.
Así, por ejemplo, la mujer histérica que trata a sus hijos, que
en el fondo odia, con excesiva
ternura, no por ello se vuelve, en conjunto, más amante que otras mujeres,
ni tampoco más
cariñosa hacia los demás niños».
La palabra misma, formación reactiva, invita a relacionarla con
otros modos de formación de
síntoma: formación substitutiva y formación de compromiso.
En teoría, la distinción es fácil de
establecer: así como en la formación de compromiso se encuentra
siempre la satisfacción del
deseo reprimido conjugada con la acción de la defensa (por ejemplo, en
una obsesión), en la
formación reactiva sólo aparece, y de un modo singularmente manifiesto,
la oposición a la
pulsión (por ejemplo, actitud de extrema limpieza que oculta por completo
la tendencia del
erotismo anal). Pero aquí se trata más bien de modelos de
mecanismo. De hecho, en una
determinada formación reactiva, puede apreciarse la acción de la
pulsión contra la cual se
defiende el sujeto: por una parte, dicha pulsión irrumpe con brusquedad
en determinados
momentos o en ciertos sectores de la actividad del sujeto, y precisamente estos
flagrantes
fracasos, que contrastan con la rigidez de la actitud mostrada por el sujeto,
permiten atribuir al
correspondiente rasgo de personalidad un valor sintomático; por otra parte,
en el ejercicio de la
virtud que ostenta, el sujeto, impulsando sus actos hasta sus últimas consecuencias,
satisface
también la pulsión antagonista, que termina infiltrando todo el
sistema defensivo. El ama de casa
apasionada por la limpieza ¿no centra su existencia en torno al polvo y a la suciedad?
El jurista
que lleva al extremo y de forma escrupulosa su ansia de equidad puede mostrarse,
por esto
mismo, sistemáticamente indiferente a los problemas reales que le plantea
la defensa de quienes
recurren a él, satisfaciendo así, bajo la máscara de la virtud,
sus tendencias sádicas...
Yendo más lejos, puede insistirse aún más sobre la relación
existente entre la pulsión y la
formación reactiva y ver en ésta una expresión casi directa
del conflicto entre dos mociones
pulsionales opuestas, conflicto ambivalente en su raíz: «[...] una de las
dos mociones que se
enfrentan, por lo general la moción amorosa, se ve enormemente reforzada,
mientras que la otra
desaparece». Según esto, la formación reactiva podría
definirse como una utilización por el yo
de la oposición inherente a la ambivalencia pulsional.
¿Puede extenderse este concepto más allá del ámbito claramente
patológico? Freud, cuando
introduce el término en los Tres ensayos sobre la teoría sexual
(Drei Abhandlungen zur
Sexualtheorie, 1905), establece el papel que desempeñan las formaciones
reactivas en el
desarrollo de todo individuo humano, en cuanto se construyen durante el período
de latencia: «
[...] las excitaciones sexuales despiertan contrafuerzas (mociones reactivas),
que, para poder
reprimir eficazmente este displacer (resultante de la actividad sexual) establecen
los diques
psíquicos [...]; repugnancia, pudor, moralidad». En este sentido,
pues, Freud subrayó el papel
que desempeña el proceso de formación reactiva, junto a la sublimación,
en la edificación de las
características y de las virtudes humanas. Cuando se introduzca
el concepto de superyó, una
parte importante en su génesis se atribuirá al mecanismo de la formación
reactiva.
Formación de síntoma
Formación de síntoma
Formación de síntoma
Al.: Symtombildung.
Fr.: formation de symptome.
Ing.: symptom-formation.
It.: formazione di sintomo.
Por.: formação de sintoma.
fuente(61)
Término utilizado para designar el hecho de que el síntoma psiconeurótico
es el resultado de un
proceso especial, de una elaboración psíquica.
Este término, que se encuentra repetidas veces a lo largo de toda la obra
de Freud, subraya el
hecho de que la formación de los síntomas psiconeuróticos
debe considerarse como una fase
específica en la génesis de la neurosis. Al principio, Freud parece
haber dudado en considerarla
como fase esencialmente diferente a la de defensa, pero, finalmente, asimila la
formación de
síntoma al retorno de lo reprimido y la considera como un proceso distinto;
siendo los factores
que dan al síntoma su forma específica relativamente independientes
de los factores que se
hallan en juego en el conflicto defensivo «[...] coincide el mecanismo de la formación
de síntoma
con el de la represión? Es más probable que sean muy diferentes
y que no sea la represión en sí
la que produce formaciones substitutivas y síntomas, sino que éstos
sean los indicios de un
retorno de lo reprimido y deban su existencia a otros procesos completamente
distintos»
(véase: Retorno de lo reprimido; Elección de la neurosis).
En sentido amplio, la formación de síntoma comprende no sólo
el retorno de lo reprimido en forma
de «formaciones substitutivas» o de «formaciones de compromiso», sino también
las
«formaciones reactivas».
En relación con estos varios términos, hagamos observar que la palabra
alemana Bildung
(formación) designa, en el empleo freudiano, tanto el proceso como el resultado
de éste.
Formación sustitutiva
Formación sustitutiva
Formación sustitutiva
Al.: Ersatzbildung.
Fr.: formation substitutive.
Ing.: substitutive formation.
It.: formazione sostitutiva.
Por.: formação substitutiva.
fuente(62)
Designa los síntomas o formaciones equivalentes, como los actos fallidos,
los chistes, etc., en
tanto que reemplazan los contenidos inconscientes.
Esta sustitución debe entenderse en un doble sentido: económico,
por cuanto el síntoma aporta
una satisfacción que reemplaza al deseo Inconsciente; simbólico,
al ser sustituido el contenido
inconsciente por otro siguiendo ciertas líneas asociativas.
Cuando Freud, en Inhibición, síntoma y angustia (Hemmung, Symptom
und Angst, 1926) vuelve
a examinar en su conjunto el problema de la formación de los síntomas
neuróticos asimila éstos a
formaciones sustitutivas «[...] que reemplazan el proceso pulsional que ha sufrido
la acción [de
la defensa]». Esta idea es muy antigua en Freud; se encuentra ya en sus primeros
trabajos,
expresada también por el término Surrogat (sucedáneo),
por ejemplo, en Las psiconeurosis de
defensa (Die Abw,ehr-Neuropsychosen, 1894).
¿En qué consiste la sustitución? Ante todo puede entenderse, dentro
de la teoría económica de
la libido, como sustitución de una satisfacción, ligada a una reducción
de las tensiones, por otra.
Pero no puede comprenderse esta sustitución dentro de un registro puramente
cuantitativo; en
efecto, el psicoanálisis muestra la existencia de conexiones asociativas
entre el síntoma y lo que
éste sustituye: Ersatz adquiere entonces el sentido de sustitución
simbólica, producto del
desplazamiento y de la condensación que determinan la singularidad del
síntoma.
El término «formación sustitutiva» debe relacionarse con los de
formación transaccional y
formación reactiva. Todo síntoma, en cuanto es producto del conflicto
defensivo, constituye una
formación transaccional. En la medida en que es principalmente el deseo
el que busca su
satisfacción en el síntoma, éste aparece sobre todo como
formación sustitutiva; por el contrario,
en las formaciones reactivas lo que prevalece es el proceso defensivo.
Formaciones del inconciente
fuente(63)
(fr. formations de l'inconscient; ingl. unconscious formations; al.
Bildungen des Unbewußten).
Irrupciones involuntarias en el discurso, que siguen procesos lógicos e
internos al lenguaje, y
que permiten registrar el deseo.
El sueño, el chiste o la agudeza [en francés, «mot d'esprit», palabra
ingeniosa, y «trait d'esprit»,
rasgo de ingenio, respectivamente], el lapsus, el olvido de nombre, el acto fallido,
el síntoma en
tanto depende del significante -como metáfora significante-, todas estas
formaciones tienen en
común provenir del mismo lugar tópico, a saber, «esa parte del discurso
concreto en tanto
transindividual, que hace falta a la disposición del sujeto para restablecer
la continuidad de su
discurso conciente» (J. Lacan, Escritos, 1966). Se trata del «Otro, lugar de esa
memoria que
Freud ha descubierto bajo el nombre de inconciente». No se trata de encontrar
el inconciente en
alguna profundidad sino de registrarlo en su pluralidad formal, allí donde,
sin haberlo querido,
algo se le escapa al sujeto, un fonema, una palabra, un gesto, un sufrimiento
incomprensible que
lo deja en lo inter-dicto [inter-dit: entre-dicho /inter -dicción].
Con El chiste y su relación con lo inconciente (1905), ayudado por numerosos
ejemplos, Freud
descubre y explicita estas manifestaciones que hacen ruptura siguiendo procesos
formales.
«Estos casos se dejan explicar por el encuentro, la interferencia de las expresiones
verbales de
dos intenciones (...) En algunos de ellos, una intención remplaza enteramente
a otra
(sustitución), mientras que en otros casos se produce una deformación
o modificación de una
intención por otra, con producción de palabras mixtas más
o menos dotadas de sentido».
Sustitución y deformación, condensación y desplazamiento,
son dos mecanismos indicados ya
por Freud en La interpretación de los sueños de 1900. Desde 1953,
en el Discurso de Roma,
Lacan presenta la metáfora y la metonimia como los dos polos fundamentales
del lenguaje; y en
el Seminario V, 1957-58, «Las formaciones del inconciente», hace una relectura
del chiste.
La proposición principal es que el inconciente está estructurado
como un lenguaje: dos ejemplos
de reestructuración de la cadena significante, considerada ante todo desde
el punto de vista
formal, le permiten a Freud seguir al deseo en su huella. El primer ejemplo es
el de la agudeza
[trait d'esprit] tomada de una historia de H. He¡ne: Hirsch-Hyacinthe, vendedor
de lotería [y
pedicuro al paso, razón esta por la que habría sido recibido, según
su relato, por Rothschild] de
pobre pasar, es recibido por Salomon. Rothschild, quien lo habría tratado
«totalmente de igual a
igual, de una manera muy famillonaria».
Freud representa su ejemplo así:
fami li
ar
mi lion
ar
fami lion
ar
Favorecido por una homonimia parcial entre «milionär» y «familiän»,
el mecanismo de la
condensación hace surgir en este chiste la técnica del significante.
Se puede considerar la
condensación como un caso particular de la sustitución, por lo tanto
de la metáfora, y a partir del
posicionamiento de las letras se ve aparecer la elisión, el resto y el
surgimiento del sentido. El
otro ejemplo de Freud es del olvido de nombre, que se puede considerar como la
otra cara del
primer ejemplo: lo que es olvidado, en cierto modo un resto, va a hacer surgir
toda una cadena
de nombres sustitutivos. En lugar del nombre olvidado, Signorelli, autor de frescos
que ilustran el
Juicio Final, aparecen Botticelli, Boltraffio, Trafoi. Por medio de la asociación
libre, Freud rescata
lugares de viaje, de encuentros. Al final de la cadena significante, Bosnia, luego
Herzegovina, le
dan a entender que, bajo Signor, el Herr alemán (recuerdo de una conversación
muy relacionada
con la muerte y la sexualidad) había permanecido interdicto, rechazado
(Sobre el mecanismo
psíquico de la desmemoria, 1898). La dificultad de las definiciones
retóricas de la metáfora y la
metonimia se pone aquí de relieve: en la condensación, una parte
caída en el subsuelo de la
memoria permite producir una metáfora metonímica; en la sustitución
de nombres, metafórica,
una cadena de nombres va a hacer surgir la metonimia, significante del deseo imposible
de decir.
Dos ejes han sido necesarios para los lazos de significante a significante: el
del paradigma, la
sustitución, la metáfora; el del sintagma, la concatenación,
la contigüidad, la metonimia. «Es en
efecto una estructura única y homogénea la que encontramos en los
síntomas, los sueños, los
actos fallidos, los chistes, y las mismas leyes estructurales de condensación
y desplazamiento:
un proceso "atraído" por el inconciente es estructurado según sus
leyes. Pues bien, estas son
las mismas leyes que el análisis lingüístico nos permite reconocer
como los modos de
engendramiento del sentido por la ordenación del significante» (Lacan,
Seminario V, 1957-58,
«Las formaciones del inconciente»).
Algo se ha producido en la ordenación de estos significantes, y plantea
la cuestión de un sujeto
que funcionaría más allá de una pareja yo-otro. Para que
el deseo alcance su objetivo, es
necesario ser tres: el que habla, aquel al que se habla y el Otro, inconciente,
que para hacerse
oír trasforma el poco sentido en un «pasaje-desentido» [juego de palabras
lacaniano entre «peu
de sens» y «pas de sens»: «sin sentido» pero también literalmente legible
como «paso de
sentido»], siendo el Otro, por lo tanto, ese lugar que ratifica y complica el
mensaje. «Es necesario
que algo me haya sido extraño en mi hallazgo para que encuentre en él
mi placer, pero (...) es
necesario que permanezca así para que resulte» (Lacan, Escritos, 1966).
El deseo se expresa por medio de un resto metonímico alienado en una demanda
materializada
por la cadena significante que estructura nuestras necesidades. Una nueva composición
significan -te produce mensaje en el lugar del código: el surgimiento de
un nuevo sentido es la
dinámica misma de la lengua.
Esta dificultad del deseo para hacerse oír nace del fenómeno intersubjetivo,
momento en que el
niño tiene que vérselas con la represión originaria, primera
metaforización, puesto que debe
renunciar a ser el objeto del deseo de la madre para advenir como sujeto. «Así
el símbolo se
manifiesta en primer lugar como asesinato de la cosa, y esta muerte constituye
en el sujeto la
eternización de su deseo».
Lacan escribe todavía, a propósito del síntoma: «Si, para
admitir un síntoma en la psicopatología
psicoanalítica (...) Freud exige el mínimo de sobredeterminación
que constituye un doble sentido,
símbolo de un conflicto difunto más allá de su función
en un conflicto presente no menos
simbólico, si nos ha enseñado a seguir en el texto de las asociaciones
libres la ramificación
ascendente de este linaje simbólico, para descubrir, en los puntos en que
las formas verbales se
entrecruzan, los nudos de su estructura, queda totalmente claro que el síntoma
se resuelve
enteramente en un análisis de lenguaje, porque él mismo está
estructurado como un lenguaje,
porque es lenguaje cuya palabra debe ser liberada».
Formaciones sintomales
fuente(64)
Definición
En todo vínculo de pareja y de familia
se despliega una trama donde los sujetos, incluidos en una
singular estructura de parentesco se posicionarán escénica y argumentalmente
y donde los
síntomas emergerán como formaciones del inconsciente de esa estructura.
Propongo denominar formaciones sintomales en lugar de síntoma a
esas modalidades
patológicas de vincularse, para aludir en forma más abarcativa a
las condiciones intersubjetivas
y transubjetivas que son causa de producción de las mismas.
Es en el seno de la estructura vincular, según sus peculiaridades y potencialidades
que se
puede generar tanto la repetición como la elaboración tendiente
a la complejización. En este
último caso, la palabra circulará con su valor simbólico
de intercambio. En forma diferente operan
las formaciones sintomales que son intentos de dotar al sufrimiento de una valor
relacional que
no puede tramitarse por vía de la palabra. Las mismas contienen un mensaje
de la estructura
inconsciente y su aparición denuncia una disfunción.
Origen e historia del término
Los valiosos aportes que el psicoanálisis
individual ofrece acerca de estas formaciones del
inconsciente, al conjugarlos dentro del marco del psicoanálisis de familia
y de pareja, nos
posibilita pensar también si el síntoma no es uno de los resultados
de los particulares modos en
que se constituyen los vínculos. He decidido rastrear algunos conceptos
en Freud, Klein y Lacan
sobre el síntoma con la intencionalidad de rescatar ideas y aportes que
puedan funcionar como
articuladores y puentes para pensarlo desde el psicoanálisis de las configuraciones
vinculares.
A) De la obra freudiana voy a comentar básicamente dos trabajos importantes
que a mi entender
marcan dos momentos respecto del tema:
1) 1917 en las "Conferencias de introducción al psicoanálisis" Freud
plantea la idea de que el
síntoma tiene un sentido inconsciente particular, de origen sexual y que
contiene una verdad
histórica. El análisis de todo síntoma nos lleva tanto al
complejo de Edipo como a la vida sexual
del enfermo. La formación del síntoma es un sustituto de algo que
está interceptado, de ciertos
procesos anímicos que habrían debido desplegarse normalmente hasta
que la conciencia
recibiese noticia de ellos. Pero ha ocurrido una permutación, una satisfacción
nueva o
sustitutiva. En la conferencia nro. 23 hace la comparación entre síntoma
y sueño por la
cooperación de los procesos inconscientes y los mecanismos de condensación
y
desplazamiento propios del proceso primario.
El síntoma se presenta como extraño al sujeto irreconocible como
satisfacción; la persona siente
que sufre y padece a causa del mismo. El monto de displacer que genera y el gasto
de energía
por la lucha pulsional que el yo debe emprender es muy alto pero también
lo es el ahorro de
trabajo de aquello que el yo siente como penoso (beneficios primario y secundario
del síntoma).
Freud se pregunta aquí por el desde dónde, hacia dónde y
el para qué del síntoma.
2) 1926 en 1nhibición, síntoma y angustia" nos muestra cómo
el yo debe hacer reconciliaciones
para ligar el síntoma, proceso que denomina compulsión a la síntesis
dado que se muestra
impotente frente a la fuerza pulsional del ello. La lucha contra dicha fuerza
pulsional se
transforma en lucha contra el síntoma que goza de cierta extraterritorialidad
y surge para evitar
la angustia que en última instancia remite a la angustia de castración.
En el capítulo IV nos va a
decir que la incomprensible angustia de Juanito frente al caballo es el síntoma,
la incapacidad de
andar por la calle un fenómeno de inhibición, una limitación
que el yo se impone para no provocar
el síntoma-angustia. La formulación del síntoma que tiene
por resultado cancelar una situación de
peligro, posee dos caras, una oculta por la cual el yo se sustrae del peligro
y otra que nos
muestra lo que ella ha creado en reemplazo del proceso pulsional modificando la
formación
sustitutiva. El síntoma es señal y sustituto de una satisfacción
pulsional que no se realizó y es
también el resultado del proceso represivo. Partiendo de estas postulaciones
sobre el síntoma
rescato la idea de síntoma como resultado de conflictos vinculares, construcción
singular y
única. Todo niño se insertará, en el mejor de los casos,
en una trama fantasmática y en un
mundo simbólico donde jugará su drama edípico. El complejo
de Edipo es el complejo nodular de
las neurosis, motivo generador de todos los síntomas; es una estructura
y a la vez es
estructurante del sujeto.
B) Retomo de los aportes de Melanie Klein la idea de que la vida mental tiende
a organizarse y
presentarse en configuraciones vinculadas entre sí, en una dramática
que supone relaciones de
objeto, ansiedades y defensas.
Estas configuraciones tienen lugar en un espacio mental al que ella denomina mundo
interno, el
cual se halla poblado por ¡magos y partes del self en constante conexión
con lo biológico y
alimentado por las fantasías inconscientes. El interjuego entre identificación
proyectiva-introyectiva tiene aquí un papel protagónico. A partir
de la teoría y la técnica del
análisis de niños que Melanie Klein implementó se incluyen
síntomas que anteriormente a sus
aportes y desarrollos no eran considerados como tales.
C) De Jacques Lacan me interesaron los conceptos de cadena significante, la relación
entre
síntoma - fantasma y el goce del síntoma. El síntoma es una
construcción significante que tiene
una dimensión simbólica y opera por sustitución. Nos introduce
a una problemática terapéutica,
se trata del inicio del análisis, de la articulación del síntoma
con el significante. El displacer del
síntoma es la razón por la que se consulta y funciona como recuerdo
encubridor de esas otras
escenas infantiles. Se suele hablar de levantamiento o desaparición del
síntoma. El fantasma, en
cambio, es una estructura imaginaria en la cual va a tomar forma el deseo inconsciente
que
organiza el aparato. Éste viene a fijar al sujeto a una determinada significación;
regula deseo y
goce. Allí donde el deseo es enigma para el sujeto, el fantasma le proporcionará
una respuesta
fálica; ésta es la clave de la cura y marcará la finalización
del análisis (atravesamiento o travesía
del fantasma). Travesía implica atravesar y continuar, no es una idea elaborativa,
significa
padecerlo, soportarlo y enterarse de qué es lo que nos mueve alrededor
de lo cual pasamos la
vida haciendo estrategias.
Desarrollo desde la perspectiva vincular
A) Formaciones sintomales en psicoanálisis
de pareja
Los cuatro parámetros que definen el vinculo conyugal: cotidianeidad, tendencia
monogámica,
relaciones sexuales y proyecto vital compartido, son el escenario sobre el que
se monta, entre
otras cosas, la historia sintomática de la pareja.
Dichos parámetros pueden ser tanto facilitadores de zonas de encuentro,
así como también de
zonas de desencuentro. Estas últimas abonan el ambiente propicio para la
instalación del síntoma
en cada singular relación. Allí se enraíza lo no acordable
o lo acordable conflictivo, aquello que
no puede ser absorbido por la estructura.
Las formaciones sintomales en la pareja pueden tener distintas vías de
expresión: a) Un primer
caso sería el de su canalización en la intraterritorialidad de un
aparato psíquico. Aquél que reúna
las "condiciones más aptas" para ello. Ese cónyuge será el
portador del síntoma, cargando con
él hasta que la estructura vincular logre metabolizarlo.
b) Aquello que la pareja no puede reacordar o actualizar, y que la vida en común
necesariamente requiere cierta reformulación, va a generar formaciones
sintomales diversas.
Esto cobra mayor relevancia cuando la pareja reprime el conflicto y el malestar
que produce el
desencuentro, en una suerte de "hacer como que no pasa nada", mientras subyace
un clima de
reproches, maltrato, violencia y resentimientos mutuos.
c) La situación vincular se transforma en sintomática de prevalecer
disfuncionados los
parámetros ya mencionados. Las fantasías incestuosas que cada cónyuge
trae de su
respectiva historia familiar, será el telón de fondo donde se instalan
las perturbaciones sexuales
de la pareja. A lo que se suman conflictos generados en el devenir de la cotidianeidad
así como
también el lugar asignado o no al tercero real o simbólico.
d) Otra manera de manifestarse las formaciones sintomales en la pareja es a través
de su
aparición en los hijos. Lo que las parejas niegan, escinden o desmienten
retornará como síntoma
en algún hijo, quien corre el riesgo de convertirse en soporte carnal de
aquello que la pareja
imaginariamente creyó haber expulsado.
B) Formaciones sintomales en psicoanálisis de familia
El enfoque familiar nos permite observar las redes de determinación de
un argumento
inconsciente transmitido intergeneracionalmente. El síntoma es al mismo
tiempo causa y efecto
de esa trama familiar, porta un saber inconsciente que le atañe pero que
a su vez le excede
formulándose en el discurso del grupo en tanto verdad del conjunto.
En algunos casos que por lo general suelen ser derivados a la consulta por otros
profesionales,
el paciente designado es el depositario absoluto del conflicto familiar. Un segundo
grupo nos
presenta mayor conciencia de los conflictos. Se trata de familias que deciden
consultar, no
obstante lo cual necesitan que alguien se haga cargo y encame a través
de su síntoma la
disfunción familiar. Por último, debemos considerar aquellas familias
que se presentan a la
consulta con mayor conciencia de sus configuraciones sintomales y de los procesos
detenidos
que los atan patológicamente. Son ellos mismos quienes suelen expresar
que la problemática
que les atañe pertenece al orden de lo familiar.
¿Qué relación hay entre formaciones sintomales y estructura?
Dice 1. Berenstein: "¿Cuándo comienza una enfermedad mental? Por lo general
la familia del
mismo modo que la sociedad, se guía por un criterio sintomático
por lo convencionalmente
definido como transtorno mental. El punto de referencia son las normas y convenciones
y no la
estructura subyacente". Durante un periodo variable, el trastorno es contenido
en la mente del
sujeto. Cuando éste fracasa, el nuevo continente es el grupo familiar y
cuando la enfermedad
mental sobrepasa la capacidad de continencia familiar se hace convencionalmente
sintomática.
Como la relación convencional de causa a efecto se basa en la inmediatez,
la causa señalada
para explicar un transtomo mental es un motivo actual y contingente. La etiología
real ha
sucumbido a la expresión conjunta de todo grupo familiar. Entre el efecto
actual y la causa actual
se establece una falsa conexión.
Problemáticas conexas
Las formaciones sintomales y su articulación
con las organizaciones dualistas, los mitos
familiares, las crisis vitales y la estructura familiar inconsciente.
Me pareció interesante articular este tema con las denominadas organizaciones
dualistas que se
presentan como un modo paradojal de dar sentido y a su vez congelar, mostrándonos
de qué
modo se organiza el conflicto familiar permitiéndonos analizar las diversas
formas que una
familia encontró como intento de resolver conflictos a través de
divisiones y distorsiones tras las
cuales encontramos otras organizaciones más complejas y más profundas
de orden estructural.
"La familia se organizará en forma dualista cuando fracasa en reducir los
funcionamientos
anómalos dentro del sistema, al no ser posible superarlos con otros recursos.
Traspasado el
umbral de las organizaciones dualistas, los síntomas familiares se expresarán
de múltiples
modos" (Abellera y otros, 1989). Es la expresión que el inconsciente encuentra
insistiendo,
develando y ocultando al mismo tiempo. Se trataría de momentos de ruptura
y al mismo tiempo de
sutura. Dichas formaciones sintomales tienen varias posibilidades de lectura;
la
sobredeterminación del síntoma pone de manifiesto en sus despliegues
la dimensión histórica
familiar.
En este sentido el síntoma podría ser interpretado como una brecha,
como un momento de
ruptura que permite el acceso a la construcción, posibilitando así
formular hipótesis sobre los
mitos familiares dado que él está organizado desde una estructura
simbólica transubjetiva
(Merea y otros; 1987).
El mito, anulando el tiempo, hace aparecer como ahistórica la creencia
que lo sustenta negando
así la falta, la finitud y la sexualidad, núcleo central del complejo
de Edipo.
La patología grupal produciría sufrimiento vincular obstaculizando
el natural atravesamiento de
las crisis vitales individuales y familiares así como también
la posibilidad de diferenciación y
discriminación subjetiva. Es el analista quien deberá intentar descongelar
la rigidez defensiva
sintomal, poniendo en marcha la temporalidad (función de historiar).
Fornari Franco
(1921-1985) Psiquiatra y psicoanalista italiano
fuente(65)
Nacido en la Emilia, cerca de Piacenza, este médico neuropsiquiatra fue
formado en el
psicoanálisis por Cesare Musatti.
Muy pronto puso de manifiesto su interés por las ideas de Melanie Klein
y Wilfred Ruprecht Bion.
Sin dejar de ser fiel a las instituciones psicoanalíticas ortodoxas -fue
presidente de la Societá
Psicanalitica Italiana (SPI) entre 1974 y 1978-, Fornari trató durante
toda su vida de confrontar el
psicoanálisis con los otros modos de conocimiento de los fenómenos
psíquicos y sociales. En
este sentido, participó desde 1962, en el marco de la Universidad Católica
de Milán dirigida por
Leonardo Ancona, en las actividades del Centro di Studi di Psicoterapia Critica,
lugar de
encuentro del psicoanálisis con las ciencias humanas en pleno desarrollo,
y con las corrientes
existencialistas que comenzaban a revelarse en el seno de la psiquiatría
italiana.
En 1968 lo llamó Francesco Alberoni, entonces rector de la Universidad
de Trento, para que
diera "contracursos" de psicoanálisis, por pedido de los estudiantes del
departamento de
sociología que frecuentaba Renato Curcio, uno de los fundadores de las
Brigadas Rojas. Más
tarde fue designado profesor en la facultad de letras y filosofía de la
Universidad de Milán.
Teórico audaz, clínico volcado al psicoanálisis de niños
y admirador de la práctica de Donald
Woods Winnicott, autor de una veintena de obras, entre ellas una novela, Fornari
era también un
ciudadano deseoso de movilizar el saber psiquiátrico para enfrentar los
problemas de su tiempo.
Preocupado por la geopolítica de la guerra fría, desarrolló
una reflexión psicopolítica que
abordaba en particular la transformación de la concepción de la
guerra como resultado de la
aparición de las armas nucleares. Señaló que la eventualidad
de la destrucción de la humanidad
privaba a la guerra de su clásica función paranoide de apropiación
y conservación de objetos de
amor tales como la tierra o la patria.
Más tarde, su encuentro con la semiología, la lingüística,
la epistemología y la obra de Jacques
Lacan lo llevaron a emprender una reevaluación de la obra de Freud, de
la cual conservó no
obstante los conceptos principales, principalmente el de pulsión de muerte.
Desde la perspectiva
de una investigación de los fundamentos de una teoría psicoanalítica
del lenguaje, retomó La
interpretación de los sueños y elaboró un sistema según
el cual el lenguaje del inconsciente
está constituido por un conjunto de componentes ligados al parentesco y
al cuerpo erótico, que
él denomina koinemes. Sometió esta tesis a prueba en diversos
ensayos críticos sobre obras
artísticas, entre ellos el que dedicó a la novela Agostino de
Alberto Moravia. Ampliando su campo
de aplicación, Fornari trató de demostrar que, identificando los
elementos de un código
constituido por partículas que remiten a las figuras parentales, es posible
señalar las
manifestaciones del inconsciente en todo enunciado o acción de la vida
humana.
Al final de su vida, en una obra dedicada al redescubrimiento del alma, este psicoanalista
italiano
intentó la reinterpretación de los grandes mitos de la filosofía
griega refiriéndolos a la vida
intrauterina.
Forsyth David
(1877-1941). Médico inglés
Forsyth David (1877-1941). Médico inglés
Forsyth David
(1877-1941) Médico inglés
fuente(66)
Médico jefe del Charing Cross Hospital de Londres, y cofundador, con Ernest
Jones y David
Eder, de la London Psychoanalytic Society, David Forsyth participó en el
Congreso Internacional
de Medicina de Londres del 7 al 12 de agosto de 1913, y, contra Pierre Janet,
asumió la defensa
de las ideas freudianas. Más tarde fue analizado por Sigmund Freud, que
lo citó en 1932 en su
conferencia "El sueño y el ocultismo", narrando al respecto un caso de
transmisión de
pensamiento producido en 1919.
En el otoño de ese año, Forsyth había dejado su tarjeta de
visita en la casa de Freud mientras
éste atendía a un paciente, el cual, en el curso de su análisis,
había tomado la costumbre de
llevarle los volúmenes de una ficción del escritor John Galsworthy
(18671963) sobre una
dinastía familiar: los Forsyte. El día que había pasado Forsyth,
el paciente le contó a Freud que
una joven a la que quería seducir lo llamaba Herr von Vorsicht, esto
es, Señor de la Precaución;
"precaución" podía traducirse al inglés como foresight.
La semana anterior, después de que Freud hubiera visitado a su amigo Anton
von Freund, ese
paciente lo llamó Freund. Por último, en la misma sesión,
también había narrado una pesadilla,
subrayando su olvido de la correspondiente palabra inglesa (nightmare), y
después, al salir del
consultorio, se había cruzado con Ernest Jones, precisamente autor de un
libro sobre la
pesadilla.
En 1932 Freud analizó este ejemplo, que habría podido figurar en
Psicopatología de la vida
cotidiana. Puesto que no encontraba una explicación exhaustiva del
fenómeno, llegó a la
conclusión de que existía la telepatía, a la cual, en 1921,
había dado el nombre de "transferencia
de pensamiento".
Fort-da.
fuente(67)
Pareja simbólica de exclamaciones elementales, destacada por S. Freud en
el juego de un niño
de dieciocho meses, y retomada desde entonces no sólo para aclarar el más
allá del principio de
placer sino también el acceso al lenguaje con la dimensión de pérdida
que este implica.
Los psicoanalistas han denominado «fort-da» a un momento constitutivo de la historia
del sujeto,
sustantivando estas manifestaciones de lenguaje centrales en una observación
de Freud (Más
allá del principio de placer, 1920).
La observación freudiana en sí misma es sucinta: un niño
de dieciocho meses, uno de sus
nietos, de un carácter excelente, tenía la costumbre de arrojar
lejos de sí los pequeños objetos
que le caían entre manos pronunciando el sonido prolongado o-o-o-o, que
constituía un esbozo
de la palabra fort («lejos» en alemán). Además, Freud observa
un día en el mismo niño un juego
aparentemente más completo. Teniendo en su mano la punta de un hilo de
un carretel, el niño lo
arrojaba a su cuna pronunciando el mismo o-o-o-o, luego lo volvía a traer
hábilmente hacia él
exclamando: «Da!» («acá» en alemán). Freud remite con facilidad
este juego a la situación en la
que se encontraba el niño en esa época. Estando su madre ausente
por largas horas, nunca se
quejaba, pero muy probablemente sufría mucho por ello, tanto más
cuanto que estaba muy ligado
a esta madre que lo había educado ella sola. El juego reproducía
la desaparición y la reaparición
de la madre.
Más interesantes son las cuestiones y las hipótesis que siguen a
este primer nivel de
elaboración. Freud le da un lugar importante a la idea de que el niño,
que ante el acontecimiento
se encuentra en una actitud pasiva, asume en el juego un papel activo, haciéndose
dueño de él.
Mejor aún, se venga con él de la madre. Es como si le dijese «sí,
sí, vete, no te necesito, yo
mismo te echo».
El punto esencial sin embargo está en otro lado. ¿Está de acuerdo
este juego de ocultamiento
con la tesis por la cual la teoría psicoanalítica admite sin reservas
que la evolución de los
procesos psíquicos está regida por el principio de placer» o, dicho
de otro modo, que toda
actividad psíquica tiende a la sustitución de un estado penoso por
otro agradable? No es este el
caso aquí. Aun cuando el niño obtenga alegría del retorno
del carretel, la existencia de otra
forma de juego donde los objetos no son recuperados prueba que el acento debe
ser puesto en
la repetición de una separación, de una pérdida. Por ello
el juego del niño es una de las
introducciones a la pulsión de muerte.
También de la pérdida parte Lacan (Seminario I, 1953-54, «Los escritos
técnicos de Freud»;
1975), pero esta pérdida es más estructuralmente pérdida
de la relación directa con la cosa,
contemporánea del acceso al lenguaje («la palabra es el asesinato de la
cosa»). Desde el
momento en que habla (y el niño de dieciocho meses ya dispone de lo esencial,
de una pareja de
fonemas en oposición), el sujeto renuncia a la cosa, especial aunque no
exclusivamente a la
madre como primer objeto de deseo. Su satisfacción pasa por el lenguaje
y se puede decir que
su deseo se eleva a una potencia segunda, puesto que de ahí en adelante
es su acción misma
(hacer aparecer y desaparecer) la que constituye al objeto. Esta es la raíz
de lo simbólico, donde
«la ausencia es evocada en la presencia, y la presencia, en la ausencia».
En la presentación lacaniana del fort-da hay que conceder un lugar particular,
por otra parte, al
carretel. «Este carretel (...) es algo pequeño del sujeto que se desprende,
al mismo tiempo que
todavía es de él, que todavía está retenido (...)
A este objeto daremos luego el nombre de
álgebra lacaniana: pequeño a» (Seminario XI, 1963-64, «Los cuatro
conceptos fundamentales
del psicoanálisis», 1973). Véanse goce, objeto a.
Francia
fuente(68)
Aunque la creación de la primera sociedad psicoanalítica fue más
tardía (1926) que en las otras
grandes áreas geográficas de implantación freudiana de principios
de siglo (Gran Bretaña,
Estados Unidos), Francia es el único país del mundo donde se reunieron
a lo largo de un lapso
prolongado (desde 1914 hasta fines del siglo XX), y sin ninguna interrupción,
las condiciones
necesarias para la implantación del psicoanálisis en todos los sectores
de la vida cultural y
científica, tanto por la vía médica y terapéutica
(psiquiatría, psicología, psicología clínica) como
por la vía intelectual (literatura, filosofía, política,
universidad). Esta implantación exitosa no se
realizó sin convulsiones y, en este sentido, conviene observar que Francia
es también uno de
los países donde la resistencia patriotera al psicoanálisis y el
odio a Sigmund Freud fueron más
virulentos.
Desde este punto de vista, existe una evidente "excepción francesa". Sus
orígenes se
encuentran en la Revolución de 1789 (que dotó de legitimidad científica
y jurídica a la mirada de la
razón sobre la locura, firmando así el acta de nacimiento institucional
de la psiquiatría), y
después en el affaire Dreyfus, que le permitió tomar conciencia
de sí misma a la clase intelectual.
Al designarse "vanguardia", podía apropiarse de las ideas más innovadoras
y hacerlas
fructificar a su manera. A esto se añade el nacimiento de una modernidad
literaria en la que -a
través de Charles Baudelaire (1821-1867), Arthur Rimbaud (1854-1891) y
Lautréamont
(1846-1870)- se enunció la idea de cambiar al hombre a partir del "yo es
un otro".
La excepción tiene también que ver con el estatuto acordado desde
el Antiguo Régimen a la
gramática, las palabras, el vocabulario, el léxico. Lejos de considerar
su idioma como un puro
instrumento de comunicación, las elites francesas siempre lo valorizaron,
haciendo de su forma
escrita el símbolo de una nación homogénea, y después,
símbolo de la República. La lengua
francesa era el ideal al fin alcanzado de la lengua. De allí la importancia
atribuida no sólo a la
Academia, cuya función es legislar sobre el "bien hablar" y el "bien escribir",
sino a los
escritores en general. Esta concepción de la lengua es totalmente extraña
a la mayoría de los
otros países de Europa. En todo caso, explica que un gramático (Édouard
Pichon) haya podido
desempeñar un papel tan importante en la génesis de la conceptualización
francesa del
freudismo, y tener tanta influencia sobre los dos grandes maestros del psicoanálisis
de este
país: Jacques Lacan, formalista mallarmeano de una lengua del inconsciente,
y Françoise Dolto,
vocera de un léxico del terruño perfectamente adaptado a la identidad
nacional.
Es conocido el mito de la abolición de las cadenas de los alienados, creado
por Scipion Pinel
(1795-1859) y Jean-Étierme Esquirol (1772-1840) bajo la Restauración.
Ese mito presenta a
Philippe Pinel (1745-1826), fundador de la psiquiatría en Francia, como
un antijacobino, opuesto a
los señores del terror, cuando en realidad debía su designación
en el Hospicio de Bicétre a un
decreto de la Convención montagnarde del 11 de septiembre de 1793.
Según el mito, en esa
época Pinel recibió la visita de Couthon (1756-1794), miembro del
Comité de Salud Pública, que
buscaba sospechosos entre los locos. Todos temblaron ante el aspecto del fiel
de Robespierre
(1758-1794), quien había abandonado su silla de paralítico para
hacerse llevar a pulso. Pinel lo
condujo a ver a los agitados, lo que le provocó pánico. Recibido
con insultos, se volvió hacia el
alienista y le dijo: "Ciudadano, ¿estás tú mismo loco, que quieres
liberar a semejantes animales?"
El médico respondió que los insensatos eran tanto más intratables
cuanto que se encontraban
privados de aire y libertad. Couthon aceptó entonces la eliminación
de las cadenas, pero puso en
guardia a Pinel contra su presunción. Lo llevaron a su carroza, y el filántropo
pudo comenzar su
obra: había nacido el alienismo.
Lo mismo que el mito de la peste, el de la abolición de las cadenas ha
sido cuestionado por todos
los historiadores de la psiquiatría, quienes dicen que este gesto simplemente
no existió. Pero los
mitos fundadores tienen la característica de pesar más que la realidad
de las cosas.
Contemporáneo de William Tuke (1732-1822) en Inglaterra, y de Benjamin
Rush (1746-1813) en
los Estados Unidos, Pinel creó de hecho el tratamiento moral a partir de
la idea de que la locura
contiene siempre un resto de razón. Cien años más tarde,
en el Hospital de la Salpêtrière, Jean
Martin Charcot adujo ese mito al recurrir a la hipnosis para demostrar que la
histeria era una
enfermedad funcional, y liberar así a las mujeres de la acusación
de que simulaban.
En la historia de los orígenes del psicoanálisis, los mitos ligados
a la liberación, la servidumbre, la
Revolución y la abolición de las cadenas desempeñan un papel
considerable. En su viaje de
1885 a París, donde conoció a Charcot, y después en su estada
en Nancy, donde visitó a
Hippolyte Bernheim, Sigmund Freud fue impregnado por esos mitos fundadores, a
los cuales él
mismo recurrió muchos años más tarde.
Después del derrumbe de la doctrina de la herencia-degeneración
y del desmembramiento de la
enseñanza de Charcot realizado por Joseph Babinski, fue Pierre Janet quien
encarnó, a
continuación de Théodule Ribot (1839-1916), la tradición
francesa en psiquiatría dinámica. Ribot
fue el promotor de la psicología experimental, cuyo heredero sería
Alfred Binet (1857-1911), a su
vez asociado con Henri Beaunis (1830-1921), mientras que Janet fue el artífice
de la psicología
clínica, en la que se basarían Daniel Lagache y Juliette Favez-Boutonier.
Partidario de la idea del automatismo mental, en el congreso de medicina de Londres
de 1913
Janet pronunció su famosa conferencia sobre el "psicoanálisis",
con la cual popularizó la idea de
que éste era un producto puro de la sensualidad y la inmoralidad de la
ciudad de Viena.
Asociado a la germanofobia, en una Francia obsesionada por el nacionalismo y el
antisemitismo,
esa convicción iba a alimentar los ataques contra el pansexualismo de Freud.
Caracterizada
entonces como fruto de la barbarie alemana, la doctrina de la sexualidad fue considerada
poco
compatible con la bella latinidad francesa, símbolo del espíritu
cartesiano. De allí la reacción de
los pioneros, por ejemplo Angelo Hesnard, que intentaron "afrancesar" la doctrina
de Freud y
asimilarla a los ideales de lo que entonces se llamaba "el genio latino".
Después de la Primera Guerra Mundial, y con la intensificación del
odio a Alemania, el
psicoanálisis fue calificado de "ciencia boche", ciencia alemana,
lo mismo, por otra parte, que la
teoría de la relatividad de Albert Einstein (1879-1955). A las reacciones
virulentas de la prensa
se sumó el antifreudismo salvaje de dos grandes figuras de la psicopatología
francesa: Georges
Dumas (1866-1946) y Charles Blondel. Alumno de Janet, Y célebre por sus
notables
presentaciones de enfermos, seguidas por los estudiantes de filosofía,
Dumas no cesó de
atacar la nueva doctrina "sexual". En cuanto a Blondel, amigo del historiador
Marc Bloch
(1886-1944) y profesor en Estrasburgo, en 1924 dedicó todo un estudio al
psicoanálisis,
tratándolo de "obscenidad científica". En un artículo de
la misma época, un miembro del Instituto
escribió lo siguiente: "Sus ideas [las de Freud] se aplican a los judíos,
sus hermanos de raza,
particularmente predispuestos al pansexualismo libidinoso congénito, por
fatalidad étnica".
Uno de los pocos autores que se sustrajeron a esta visión chovinista era
médico en Poitiers:
Pierre Ernest Morichaut-Beauchant (1873-1951). Freud, en una carta a Carl Gustav
Jung del 3 de
diciembre de 1910 lo reconoció como el primer francés que había
adherido abiertamente a la
"causa" del psicoanálisis. Entre 1912 y 1922, Morichaut-Beauchant publicó
cuatro artículos, en
los cuales enfrentó las tesis vigentes sobre el pansexualismo freudiano.
Por otra parte,
reconocía explícitamente el papel de la sexualidad en los vínculos
que unen al paciente con el
médico, y tradujo por primera vez al francés el concepto freudiano
de transferencia como
rapport affectif (relación afectiva).
En general patriotero, el ambiente médico sólo adhirió a
una concepción terapéutica del
psicoanálisis. El ambiente literario, por su parte, acogió de buen
grado la doctrina ampliada de la
sexualidad, negándose a considerar el freudismo como "cultura germánica",
y defendiendo de
buena gana el análisis profano. Entre los escritores de todas las tendencias
se veía al sueño
como la gran aventura del siglo, se inventó la utopía de un inconsciente
hecho de lenguaje y
abierto a la libertad y la subversión, y se admiraba por sobre todo el
coraje con el que un sabio
austero se había atrevido a escandalizar, desafiando a lo más íntimo
del conformismo burgués.
A partir de 1920, el psicoanálisis logró un éxito considerable
en los salones literarios
parisienses, y numerosos escritores hicieron la experiencia de una cura, en particular
Michel
Leiris (1901-1990), René Crevel (1900-1935), Antonin Artaud (1896-1948),
Georges Bataille
(1897-1962) y Raymond Queneau (1903-1976).
El descubrimiento vienés contó con el apoyo de las revistas, entre
ellas la Nouvelle Revue
française (NRF), grupo que rodeaba a André Gide (1869-1951)
y Jaeques Rivière (1886-1925);
La Révolution surréaliste, en la que desempeñaba un
papel determinante André Breton
(1896-1966), y finalmente Philosophies, donde Georges Politzer (1903-1942)
concibió su
psicología concreta, inspirándose en el freudismo antes de renegar
de él en nombre del
comunismo, y después comprometerse en la lucha antinazi. Otros dos escritores
que se
volvieron hacia el freudismo fueron Romain Rolland, quien mantuvo correspondencia
con Freud,
y Pierre Jean Jouve (1887-1976), cuya esposa, Blanche Reverchon-Jouve (1897-1974),
fue
psicoanalista y traductora de los Tres ensayos de teoría sexual. Jouve
utilizó el método
psicoanalítico en su obra en prosa, basándose en el material clínico
que le proporcionaba la
mujer. De tal modo construyó sus grandes novelas a partir de figuras femeninas
cuyo modelo
eran mujeres locas. En cuanto a su poesía, la concebía como "una
catástrofe" directamente
inspirada por el inconsciente según Freud.
Formado como psiquiatra, e interno de Joseph Babinski, André Breton descubrió
la fuerza del
automatismo mental con los soldados afectados de neurosis de guerra. A partir
de esa
experiencia clínica concibió la existencia de una "sobrerrealidad".
Después trató de alcanzarla
mediante la escritura automática, publicando con Philippe Soupault (1897-1990),
en 1919, el
primer gran texto surrealista: Les champs magnétiques. En 1921 viajó
a Viena para encontrarse
con Freud, pero la visita resultó decepcionante. Apegado a una visión
tradicional de la literatura,
y poco abierto a la vanguardia francesa, Freud no comprendió en absoluto
la apertura
surrealista, ni la concepción del inconsciente defendida por Breton. En
1932, los dos hombres
intercambiaron una correspondencia que atestigua ese malentendido.
En 1925 se organizó el primer grupo freudiano francés en torno a
la revista L'Évolution
psychiatrique. Entre sus diferentes guías figuraron tanto psicoanalistas
(por ejemplo, René
Laforgue, Sophie Morgenstern y Rudolph Loewenstein) como psiquiatras marcados
por la
tradición dinámica o la fenomenología (por ejemplo, Eugéne
Minkowsk¡, Paul Schiff, y más tarde
Henri Ey). La revista y el grupo iban a convertirse en uno de los altos niveles
de difusión del
freudismo médico en Francia.
En noviembre de 1926 se creó la primera asociación de psicoanálisis:
la Société psychanalytique
de Paris (SPP), compuesta por doce miembros: René Laforgue, Marie Bonaparte,
Édouard
Pichon, Charles Odier, Raymond de Saussure, Rudolph Loewenstein, René Allendy,
Georges
Parcheminey (1888-1953), Eugénie Sokolnicka, Angelo Hesnard, Adrien Borel,
Henri Codet
(1889-1939). Al año siguiáte apareció el primer número
de la Revue française de psychanalyse.
Hubo que aguardar hasta 1934 para que, gracias al aporte financiero de Marie Bonaparte,
se
formara un instituto según el modelo del Berliner Psychoanalytisches Institut
(BPI).
Con una quincena de años de atraso respecto de los otros pioneros europeos
y
norteamericanos, la primera generación psicoanalítica francesa (segunda
en el plano mundial) se
integró a la International Psychoanalytical Association (IPA) en el momento
en que ésta acababa
de imponer reglas precisas para el acceso al análisis didáctico
y al control. Ahora bien, los
franceses no estuvieron dispuestos a adaptarse a ese funcionamiento burocrático,
cuya
necesidad no advertían. La SPP se escindió entonces en dos fracciones:
por un lado, los
internacionalistas, formados fuera de Francia y conducidos por Marie Bonaparte,
Loewenstein y
Saussure, y por otro lado los patrioteros, apegados al terruño psiquiátrico
francés, y animados
por Pichon, Borel, Codet y Hesnard. Los primeros se manifestaban favorables a
una adaptación
rápida del movimiento a la ortodoxia de la IPA, mientras que los segundos
eran partidarios de la
conservación de una identidad francesa en el movimiento, y pretendían
"afrancesar" el
vocabulario y los conceptos del psicoanálisis. En el corazón del
dispositivo, René Laforgue no
logró ocupar el lugar de un jefe de escuela, ni unificar un movimiento
víctima de una disputa
insuperable.
En realidad, ninguno de los miembros de esta primera generación tuvo la
envergadura de un
Ernest Jones, un Sandor Ferenczi, un Otto Rank, o incluso de un Wilhelm Reich.
Ninguno de ellos
produjo una obra innovadora, y ninguno fue capaz de unificar el movimiento en
torno a una
doctrina, una palabra, una política, una enseñanza o una filiación.
Por ello, en 1932 ese papel
pasó a manos de la segunda generación (la tercera en el plano mundial):
Sacha Nacht, Daniel
Lagache, Maurice Bouvet, Jacques Lacan, Françoise Dolto.
Ahora bien, en el seno de esta nueva generación, que emergió en
vísperas de la Segunda
Guerra Mundial, Lacan fue el único que se impuso como iniciador de un sistema
de pensamiento
original, basado en el freudismo y la filosofía hegeliana. Ni chovinista
ni internacionalista, fue
dándole progresivamente al movimiento una solución que no era la
búsqueda de una identidad
imposible. Proveniente de la tradición psiquiátrica, formado por
Gaétan Gatian de Clérambault,
analizado por Loewenstein y marcado por el surrealismo, él fue además
el único, en el período
de preguerra, que logró sintetizar las dos vías de implantación
del psicoanálisis (la médica y la
intelectual). De allí la posición única que ocuparía
durante cincuenta años, junto con Françoise
Dolto, quien en 1945 surgió como fundadora del psicoanálisis de
niños, después de las
experiencias desdichadas de SokoInicka y Morgenstern.
Gracias a Marie Bonaparte, que interrumpió las actividades de la SPP en
1939, y gracias también
a Henri Ey y al grupo de L'Évolution psyquiatrique, partidario de
la resistencia, el movimiento
francés se sustrajo a cualquier compromiso bajo la Ocupación. Marginado
desde 1935, René
Laforgue trató solitariamente de instaurar en París un instituto
"arianizado", según el modelo de
Matthias Heinrich Góring. No logró hacerlo. En cuanto a Georges
Mauco, el único psicoanalista
francés partidario del nazismo, fue también el único colaboracionista.
De modo que el movimiento
francés salió indemne del período de la Ocupación.
Pudo entonces expandirse en el momento en
que, en Europa, sólo Gran Bretaña se encontraba a la vanguardia
del freudismo internacional,
sobre todo gracias a la solidez de su escuela clínica, que aunque escindida
en tres corrientes (el
kleinismo, el annafreudismo y los Independientes), pertenecía totalmente
a la IPA.
Como en todos los otros países, la expansión del psicoanálisis
se tradujo en Francia en un
fenómeno de escisiones en cadena, en las que estaban en juego la cuestión
del análisis profano
y la formación didáctica.
La primera escisión se produjo en 1953, en torno a la creación de
un nuevo instituto de
psicoanálisis. Los representantes de la profesión médica
se opusieron a los universitarios
liberales, partidarios del análisis profano. Agrupados alrededor de Nacht
y Serge Lebovici, los
primeros quisieron asegurar el dominio del poder médico sobre la formación
de los
psicoanalistas. Representados por Dolto, Lagache y Lacan (y apoyados por los alumnos
en
rebelión contra la autoridad), los segundos fueron protegidos por Marie
Bonaparte. Asustada por
el desorden (y sobre todo muy hostil a Lacan), esta última apoyó
finalmente al grupo de Nacht,
provocando el éxodo de los liberales, que fundaron la Société
française de psychanalyse (SFP),
arrastrando con ellos a la mayoría de los alumnos de la SPP, es decir,
a la tercera generación
francesa (cuarta en el plano mundial).
Durante diez años, en torno a Dolto, Lagache y Lacan, la SFP se convirtió
en el lugar de una
formidable expansión del freudismo francés: implantación
universitaria, traducción de los textos
de la escuela inglesa y norteamericana, creación de colecciones de psicoanálisis
en las
editoriales parisienses, y sobre todo de una revista prestigiosa, La Ps ychanalyse.
Durante este
período nació el lacanismo, verdadera escuela francesa del freudismo.
Lacan no sólo formó a
los mejores alumnos de esta generación, sino que también elaboró
los grandes conceptos que
harían de él un maestro de pensamiento, a la vez adulado y odiado.
Desde su fundación, la SFP trató de hacerse reconocer como sociedad
componente de la IPA.
Ahora bien, a pesar de los esfuerzos de WIadimir Granoff, Serge Leclaire y Franlois
Perrier, que
consagraron los mejores años de sus vidas a esa política de reintegración,
la dirección de la IPA,
después de años de negociación, se negó a acordar
el título de didactas a Lacan y Dolto. A
Lacan se le reprochaban sus innovaciones técnicas, y sobre todo la práctica
de las sesiones
breves, no conformes a la duración normalizada (cincuenta minutos), y a
Dolto, una práctica
demasiado "carismática,'.
En el verano de 1964, la SFP estalló, escindiéndose en dos grupos:
la École freudienne de Paris
(EFP), fundada por Lacan, y la Association psychanalytique de France (APF), donde
se
encontraban, en torno a Lagache, Didier Anzieu, Juliette Favez Boutonier y WIadimir
Granoff,
algunos de los mejores alumnos de Lacan, sobre todo Jean Laplanche y Jean-Bertrand
Pontalis
(quien publicaría en Gallimard la Nouvelle
Revue de psychanalyse), así como Daniel Widlöcher. Frente a la
SPP, la APF se convirtió en la
segunda componente francesa de la IPA. Más intelectual y más liberal,
realizó una reforma del
cursus, suprimiendo la distinción entre psicoanálisis didáctico
y psicoanálisis personal. En
cuanto a la EFP, también la integraban una cantidad importante de clínicos
franceses de la misma
generación: Moustapha Safouan, Octave Mannoni, Maud Mannoni, Jenny Aubry,
Ginette
Raimbault, Lucien Israél (1925-1996), Jean Clavieul, y otros.
Contrariamente a sus homólogos norteamericanos e ingleses, los terapeutas
franceses, de
todas las tendencias, nunca constituyeron una escuela homogénea que pudiera
acoger a las
grandes corrientes del freudismo internacional: la Ego Psychology, el kleinismo,
el annafreudismo
o la Self Psychology. Durante cincuenta años, fue el lacanismo,
y sólo el lacanismo, el que dividió
en dos polos opuestos al campo psicoanalítico francés: los antilacanianos
de un lado, y los
lacanianos del otro. En cuanto a los "neutrales", seguirán siendo
antes que nada clínicos
independientes (por ejemplo, André Green o Conrad Stein), sin pertenencia
precisa, deseosos
sin embargo de afirmar su propia concepción del psicoanálisis. Se
puede citar en tal sentido a
Michel de M’Uzan, notable teórico de la perversión, a Joyce MacDougall,
especialista en estados
límite y trastornos de la identidad sexual, a Nicolas Abraham y, finalmente,
a Julia Kristeva, a la
vez psicoanalista, novelista y ensayista, cuyas tesis fueron retomadas por las
feministas
norteamericanas.
Rechazada en el movimiento psicoanalítico internacional, la obra lacaniana
ocuparía en adelante
un lugar central en la historia del estructuralismo. Diez años después
del momento fecundo de su
elaboración, el retorno lacaniano a Freud salió en efecto al encuentro
de las preocupaciones de
una especie de filosofía de la estructura derivada de los interrogantes
de la lingüística
saussureana y convertida ella misma en punta de lanza de una oposición
a la fenomenología
clásica. La efervescencia doctrinaria, que se concretó en torno
a los trabajos de Louis
Althusser (1918-1990), Roland Barthes (1915-1980), Michel Foucault (1926-1984)
y Jacques
Derrida, y que tomaba como objetos de estudio la primacía del lenguaje,
el antihumanismo, la
desconstrucción o la arqueología, se desplegó en el interior
de la institución universitaria,
preparando el terreno para la rebelión estudiantil de mayo de 1968. La
revista Tel Quel,
impulsada por Philippe Soler, desempeñó un papel idéntico
al de la vanguardia surrealista en el
período de entreguerras.
En 1969, la aplicación en la EFP del procedimiento del pase dio lugar a
una nueva escisión, la
tercera en la historia del movimiento francés. Hostiles a ese sistema,
François Perrier, Piera
Aulagnier, Cornelius Castoriadis y Jean-Paul Valabrega renunciaron, para fundar
la Organisation
psychanalytique de langue française (OPLF) o Quatriéme Groupe. De
inspiración freudiana, este
grupo no se unirá a las filas de la IPA, sino que se organizó en
torno a una nueva revista:
Topique.
Esta última escisión marcó la entrada del lacanismo en un
proceso de burocratización y
dogmatismo, y fue totalmente distinta de las anteriores. En efecto, hasta entonces
Lacan había
encarnado la renovación de la doctrina freudiana, y las escisiones se realizaban
con él. En este
caso, se abandonaba a Lacan para fundar una escuela más liberal.
La crisis que afectó a la EFP después de 1968 fue el signo de una
masificación del movimiento.
Contrariamente a lo que sucedió en otros países, donde el psicoanálisis
soportó en este período
la competencia de múltiples escuelas de psicoterapia en expansión,
Francia siguió siendo casi
exclusivamente freudiana. De pronto, la expansión se produjo en el interior
mismo del freudismo,
mientras que, en otras partes, se desplegaba fuera del psicoanálisis o
en sus márgenes. A partir
de 1970 los grupos psicoanalíticos se vieron afectados por un formidable
gigantismo. Los
estudiantes formados en psicología clínica en la universidad fueron
convirtiéndose
progresivamente en la base de las escuelas psicoanalíticas. Este fenómeno
gravitó aún más en
la EFP que en las otras asociaciones.
Mientras que la APF lograba mantener una jerarquía sólida, negándose
a acordar a los alumnos
en formación el estatuto de miembros, la SPP, por el contrario, chocó
de frente con una crisis
institucional que duraría diez años. Miembro de la SPP, René
Major abrió entonces una vía teórica
y política a la disidencia de los años 1975-1980, y de tal modo
influyó sobre los cuatro grandes
grupos freudianos. Basándose en las tesis de Jacques Derrida, creó
una nueva revista y un
grupo que tomaron el nombre de Confrontation. De allí la emergencia
de una corriente derridiana
de psicoanálisis, que se utilizará para criticar todas las formas
del dogmatismo institucional.
Después de la disolución de la EFP y la muerte de Lacan, el paisaje
de la Francia freudiana fue
transformándose radicalmente a lo largo de un proceso infinito de estallidos
y atomización de los
grupos lacanianos.
A fines de la década de 1990, junto a dos sociedades componentes de la
IPA y de la OPU,
diecisiete asociaciones provenientes de la EFP se dividen el campo freudiano francés:
École de
la Cause freudienne (ECF, 1981), Association freudienne internationale (AFI, 1982),
Cercle
freudien (CF, 1982), Cartels constituants de l'analyse freudienne (CCAF, 1983),
École freudienne
(EF, 1983), Fédération des ateliers de psychanalyse (FAP, 1983),
Convention psychanalytique
(CP, 1983), Coût freudien (1983), Errata (1983), École lacanienne
de psychanalyse (ELP, 1985),
Psychanalyse actuelle (1985), Séminaires psychanalytiques de Paris (SéPP,
1986), Association
pour une instance des psychanalystes (Apui, 1990), Analyse freudienne (1992),
École de
psychanalyse Sigmund Freud (1994), Espace analytique (EA, 1994), Société
de psychanalyse
freudienne (SPF, 1994). A estos grupos se suman dos sociedades de historia (la
Société
international d'histoire de la psychiatrie et de la psychanalyse, SIHPP, 1983,
y la Association
internationale d'histoire de la psychanalyse, AIHP, 1985), una escuela (la École
propédeutique á
la connaissance de I'inconscient, EPCI, 1985), numerosos grupos provinciales,
y varias
asociaciones de tipo federativo que aspiran a reunir a otros grupos de Europa
o del mundo.
Observemos que el lacanismo ha producido una sola asociación internacional
comparable a la
IPA: la Association mondiale de psychanalyse (AMP).
A fines del siglo, el número de los psicoanalistas franceses de todas las
tendencias se eleva a
aproximadamente cinco mil, para una población de cincuenta y ocho millones
de habitantes; mil
de esos profesionales (incluidos los alumnos) están alineados con las dos
sociedades
pertenecientes a la IPA, de modo que hay ochenta y seis psicoanalistas por millón
de habitantes,
el porcentaje más alto del mundo. Puede decirse que, Jacques Lacan, ayudado
por Françoise
Dolto, logró hacer de Francia el país más freudiano: el único,
inmediatamente antes de la
Argentina, donde el psicoanálisis se ha convertido a la vez en una componente
principal de la
vida intelectual y en una verdadera terapia de masas.
Freud Adolfine, llamada
Dolfi (1862-1943), hermana de Sigmund Freud
Freud Adolfine, llamada Dolfi (1862-1943), hermana de Sigmund Freud
Freud Adolfine
Llamada Dolfi (1862-1943), hermana de Sigmund Freud
fuente(69)
Nacida en Viena, sexto vástago de Jacob y Amalia Freud, Dolfi era la cuarta
hermana de
Sigmund Freud, que la quería mucho. No se casó nunca, y sirvió
como ama de llaves de la
madre, quien siguió considerándola una adolescente y le infligió
numerosas humillaciones.
Deportada al campo de Theresienstadt con Mitzi y Paula en el convoy del 28 de
agosto de 1942,
murió allí el 5 de febrero de 1943, por hemorragias internas debidas
a una desnutrición extrema.
Freud Alexander
(1866-1943), hermano de Sigmund Freud
Freud Alexander (1866-1943), hermano de Sigmund Freud
Freud Alexander
(1866-1943), hermano de Sigmund Freud
fuente(70)
Nacido en Viena, Alexander fue el octavo y último vástago de Jacob
y Amalia Freud, su tercer
hijo varón y el hermano más joven de Sigmund Freud, quien siempre
se mostró muy paternal con
él y nunca dio muestras de tenerle celos. De carácter jovial, se
parecía a la madre. Como experto
en transportes, a menudo se ocupaba de los viajes que realizaban él y su
hermano, y acompañó
a Sigmund a sus dos países predilectos: Italia y Grecia. En 1909 se casó
con Sophie Schreiber,
de la que tuvo un único hijo, Harry. Fue designado profesor en la Exportakademie,
una escuela
de comercio ubicada en la Berggasse, y dirigió la revista Tarifanzeiger.
En marzo de 1938 logró
salir de Austria hacia Suiza, y después emigró con su mujer a Canadá,
donde ya se encontraba
Harry Freud. Éste, naturalizado norteamericano, volvería a Europa
en las filas del ejército de
liberación para ocupar Berlín. Después vivió en Nueva
York y siguió muy apegado a su tfa Anna
Freud.
Fue Sigmund, a la edad de 10 años, quien eligió el nombre de Alexander
para ese hermano, en
recuerdo de Alejandro de Macedonia (cuando el propio Freud se convirtió
en padre, a sus los
hijos les puso nombres de héroes que admiraba). Esa elección había
tenido su significado. En
primer lugar, porque Alejandro Magno era el hijo de Felipe de Macedonia, y el
medio hermano de
Sigmund se llamaba Philipp Freud, y en segundo término, porque confirmaba
la identificación de
Freud con conquistadores: Aníbal, Alejandro, Napoleón, Cristóbal
Colón.
En una carta enviada a Romain Rolland en 1936, cuando éste cumplía
sesenta años, Freud narró
un recuerdo de juventud relacionado con un viaje que había hecho a Atenas
acompañado por
Alexander, en 1904. En esa jornada había experimentado un sentimiento de
inquietante
extrañeza al descubrir que la ciudad no era un fantasma. En otro tiempo,
en la escuela, se había
negado a admitir la realidad histórica de la Acrópolis, y el encuentro
con las piedras del Partenón
le reveló la naturaleza de la represión. La perturbación
experimentada era comparable a la de
una persona que se enferma porque se ha realizado su deseo: el éxito era
de algún modo la
marca de un fracaso. Freud le explicó a Rolland que en su juventud había
dudado de la
existencia de Atenas porque tenía miedo de no ver nunca la Acrópolis.
Al relatar ese recuerdo,
Freud señalaba que el hijo debe superar al padre, incluso que Aníbal
tuvo que vengar a Amílcar,
humillado por los romanos: Jacob Freud, humillado en otro tiempo por un antisemita,
nunca había
tenido acceso a la cultura griega. Ante el Partenón, Sigmund, convertido
en un intelectual que
dominaba a la perfección la cultura predominante (grecolatina), pudo entonces
volverse hacia
Alexander y preguntarle: "¿Qué habría dicho nuestro padre?"
Ese gesto era idéntico al de
Bonaparte, que también se había vuelto hacia su hermano en el momento
de la coronación,
pronunciando las mismas palabras.
Finalmente, ese pensamiento expresaba de modo condensado la historia misma de
esa judeidad
vienesa que estaba en el corazón del nacimiento del psicoanálisis,
la historia de esos hijos de la
burguesía comerciante judía que se emanciparon de su condición
y su familia, convirtiéndose en
intelectuales y adoptando una nueva cultura, extraña al judaísmo.
Freud Amalia, nacida
Malka Nathanson (1835-1930), madre de Sigmund Freud
Freud Amalia, nacida Malka Nathanson (1835-1930), madre de Sigmund Freud
Freud Amalia
Nacida Malka Nathanson (1835-1930), madre de Sigmund
Freud
fuente(71)
Tercera esposa de Jacob Freud, Amalia Nathanson nació en Brody, en una
familia judía de
Galitzia oriental, provincia polaca incorporada a Austria. Pasó una parte
de su infancia en
Odesa, y era aún muy joven cuando sus padres se instalaron en Viena. Su
matrimonio fue
celebrado en 1855 por el rabino lsaac Noali Mannheimer según el rito reformado-,
la joven tenía
veinte años menos que el marido. Un año más tarde dio a luz
al primero de sus ocho hijos, al que
puso el nombre de su abuelo paterno (Schlomo), muerto tres meses antes del nacimiento
del
nieto. Sigmund Freud nunca usó ese nombre.
Ernest Jones da un retrato preciso de esa mujer vivaz, bella, narcisista, tiránica
con los hijos,
egocéntrica, dotada de un humor mordaz, y capaz de pasar sus veranos en
Ischl, jugando a las
cartas con sus amigas, hasta una hora avanzada de la noche: "A los noventa años,
se negó a
recibir un magnífico chal que le querían regalar, diciendo que «la
envejecería» [ ... ]. Cuando
apareció una fotografía suya en un periódico, comentó:
«Qué mal retrato, tengo el aspecto de
una centenaria»." Los jóvenes visitantes se sorprendían al oírla
hablar del maestro venerado
llamándolo mein goldener Sigi ("mi Sigi de oro"). Por su parte,
Martin Freud describió a su abuela
como "una «judía polaca típica con todos los defectos que esto puede
suponer» [ ... ]. Tenía un
carácter dominante y se expresaba con fluidez, era una mujer resuelta,
con poca paciencia y
extremadamente inteligente".
De modo que Freud fue adorado por la madre, y tuvo con ella una relación
privilegiada. A su
contacto construyó su teoría del complejo de Edipo, según
el recuerdo que se puede encontrar
en La interpretación de los sueños. Deslumbrado por la desnudez
de ella cuando él tenía cuatro
años, seis años más tarde tuvo un célebre sueño
de angustia: "Mi querida madre, con una
expresión del rostro particularmente tranquila y dormida, llevada a su
habitación y tendida en la
cama por dos (o tres) personajes con pico de pájaro".
Según su propia interpretación, los picos de pájaro eran
la representación visual de vögeln
(atornillar), palabra alemana vulgar que designa las relaciones sexuales, por
analogía con Vogel
(pájaro). Esos pájaros remitían además a la divinidad
egipcia reproducida en la Biblia familiar que
el pequeño Sigmund tenía la costumbre de hojear. De modo que el
sueño traducía el deseo
sexual del niño, dirigido a la madre. Observemos que Freud retomó
esta temática en 1910, en
otra forma, en Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci.
Consciente del amor que le tenía la madre, Freud declaró a menudo,
y sobre todo a propósito de
Goethe, que "cuando uno ha sido el favorito incuestionable de la madre, se conserva
para toda
la vida un sentimiento conquistador, la seguridad de éxito que no es poco
frecuente que arrastre
efectivamente el éxito tras de sí". Nada es más cierto, y
el vínculo que muy a menudo une a todo
creador (escritor o artista) con la madre está allí para demostrarlo,
especialmente en los casos
de homosexualidad exitosa. El propio Freud fue, por otra parte, la prueba viviente
de esta
verdad. El amor de la madre lo proveyó de todos los corajes: no sólo
supo enfrentar la
adversidad con una seguridad increíble, sino que incluso adoptó
respecto de la muerte esa
actitud de aceptación típica de quienes se sienten inmortales porque
han podido hacer el duelo
del primer objeto de amor: la madre amante.
Se comprende entonces la angustia que experimentaba ante la idea de morir antes
que Amalia.
Se la hizo conocer a Karl Abraham en una carta del 29 de mayo de 1918: "Mi madre
cumplirá 83
años este año, y ya no está muy firme. Se me ocurre pensar
que si muere, ello me dará un poco
más de libertad, pues la idea de que habría que decirle que yo he
muerto tiene algo que hace
retroceder". Debido a esta angustia, Amalia fue mantenida en la ignorancia respecto
de los
decesos que habían golpeado a su descendencia. Y cuando ella murió,
en Viena, a los 95 años,
Freud, afectado de cáncer y ya inválido, se sintió aliviado.
Opuesto a los ritos religiosos, y
agotado por su propio sufrimiento físico, no asistió a los funerales:
"Nada de dolor, nada de
duelo", le dijo a Sandor Ferenczi. Pero agregó de inmediato que, en las
capas profundas del
inconsciente, esa muerte iba a trastornar su vida. Fue lo que realmente ocurrio,
aunque la muerte
de Jacob Freud, en 1896, había tenido aún más efectos sobre
él.
Se puede agregar que la observación de Freud sobre "el hijo preferido"
fue corroborada de
manera negativa por los descubrimientos de Melanie Klein acerca de la primera
infancia.
Inspirándose en su propia relación detestable con la madre, Klein,
en efecto, señaló que el odio
primordial que liga al hijo con la madre es la fuente de todas las perturbaciones
psicóticas y
neuróticas ulteriores, así como la causa primera e inconsciente
de todos los fracasos amorosos
y profesionales con los que se tropieza en la edad adulta. De allí la necesidad
de un análisis
precoz.
Ferenczi fue el primero en subrayar, en 1930, lo que la doctrina freudiana de
la sexualidad
femenina le debía a esa relación entre Amalia y su hijo: "Se observa
la ligereza con la que él
sacrifica los intereses de las mujeres a los pacientes masculinos. Esto corresponde
a la
orientación unilateral, andrófila, de su teoría de la sexualidad.
En este punto ha sido seguido por
casi todos sus alumnos, incluso yo [ ... ]. Es posible que el autor tenga una
repugnancia personal
ante una sexualidad espontánea de la mujer, de orientación femenina:
idealización de la madre.
Retrocede ante la tarea de tener una madre sexualmente exigente, y de tener que
satisfacerla.
En un momento dado, debió de verse ante esa tarea, por el carácter
apasionado de la madre. (La
escena primitiva puede haberlo vuelto relativamente impotente.) [ ... ]. En su
conducta, Freud
desempeña sólo el papel de dios castrador, no quiere saber nada
del momento traumático de su
propia castración en la infancia; él es el único que no debe
ser analizado."
Lo que revela el pobre conocimiento que Freud tenía de la feminidad no
es tanto el monismo
sexual (libido única), como la incapacidad (señalada por Ferenczi)
en que se encontraba para
enfrentar la sexualidad de la mujer, y en consecuencia de la madre. Por otro lado,
fue su nodriza
(Monica Zajic, llamada Nannie), y no la madre, quien lo inició en ese ámbito.
Respecto de la
sexualidad, Freud adoptó en su vida una actitud contraria a la que preconizaba
en su teoría.
Nunca fue el amante de las mujeres que lo seducían por su inteligencia
llamada "rnasculina", y
con las cuales mantenía relaciones transferenciales apasionadas (Marie
Bonaparte, Ruth
Mack-Brunswick, Jeanne Lampl-De Groot, etcétera), y se casó con
una mujer cuya sexualidad
se reducía a cumplir con el papel para el cual estaba biológicamente
constituida: el de madre.
Peter Gay ha puesto de manifiesto este último punto. Con sus hijas, Freud
repitió ese clivaje:
para él, Anna Freud llegó a ser objeto de una verdadera pasión
intelectual, mientras que Mathilde
Hollitscher y Sophie Halberstadt tenían el único destino de convertirse
en madres. Una sola mujer
logró romper el espejo: Lou Andreas-Salomé.
Freud Anna (1895-1982),
hija de Sigmund Freud. Psicoanalista inglesa
Freud Anna (1895-1982), hija de Sigmund Freud. Psicoanalista inglesa
Freud Anna
(1895-1982), hija de Sigmund Freud. Psicoanalista inglesa
fuente(72)
Nacida en Viena, Anna Freud fue el sexto y último vástago de Sigmund
y Martha Freud. No era
deseada por la madre ni por el padre, el cual, puesto que no había anticonceptivos,
decidió
permanecer casto después de ese parto. De modo que la niña debió
luchar para hacerse
reconocer, con las cualidades de que disponía: valentía, tenacidad,
gusto por las cosas del
espíritu. Sin la belleza de su hermana Sophie Halberstadt ni la elegancia
de Mathilde Hollitscher,
se sentía inferior en su familia. Por otra parte, en esa familia sólo
de los herederos varones se
esperaba que estuviesen dotados para el estudio.
Rival desde la infancia de su tía Minna Bernays, pasó la adolescencia
celando a la doctrina que
la privaba de su padre adorado. En la edad adulta, para acercarse a él,
optó por entrar en el
círculo de sus discípulos. Pero como no estaba previsto que fuera
a la universidad o estudiara
medicina, se convirtió en maestra. Siguió siéndolo durante
toda la Primera Guerra Mundial,
exactamente entre 1914 y 1920.
Su primer contacto con el movimiento psicoanalítico se produjo en 1913:
en oportunidad de un
viaje a Londres, se encontró implicada sin previo aviso en el núcleo
de las relaciones de su
padre con Ernest Jones. En compañía de Loe Kann, que en ese entonces
estaba en análisis con
Freud y era la amante de Jones, Anna fue cortejada por este último. Advertido
por Loe, a Freud
le cayó muy mal, y envió a Jones una firme reprimenda, mientras
prohibía a la hija que se
comprometiera en una aventura sin futuro con un "solterón" astuto. No contento
con ponerse en
el papel de padre autoritario, adujo la cura de Loe para interpretar el comportamiento
de su
discípulo: "Jones -dijo en sustancia- corteja a Anna para vengarse del
hecho de que su amante
quiere dejarlo, gracias al éxito de su cura". A partir de ese momento,
Freud comenzó a
desalentar a todos los pretendientes que se atrevían a cortejar a su hija
(sobre todo, a Hans
Lampl). Jones aguardó unos cuarenta años para defender su causa
ante Anna, y confesarle
que seguía amándola.
Después de la muerte prematura de Sophie y el matrimonio de Mathilde, Anna
Freud se convirtió
en la Antígona del hogar paterno, a la vez discípula, confidente
y enfermera. En cuanto a Freud,
no vaciló en tomarla en análisis en dos oportunidades: entre 1918
y 1920, primero, y después
entre 1922 y 1924. Dos años más tarde trató de justificarse:
"Con mi propia hija he tenido éxito,
con un hijo uno tropieza con escrúpulos particulares". En realidad, Freud
no se engañaba con
esta explicación edípica. Sabía muy bien que ese análisis
había tenido el efecto de reforzar el
amor que Anna le tenía, y que la afirmación del "éxito- de
la cura sólo expresaba una pasión
imposible de desanudar. Con toda franqueza le confesó a Lou Andreas-Salomé
sus verdaderos
sentimientos: él era tan incapaz de renunciar a Anna como de privarse del
tabaco.
Por su lado, Anna sufría el escándalo suscitado por esa pasión
en el movimiento psicoanalítico.
Por ello tomó como confidentes a Max Eitingon y Lou Andreas-Salomé.
Los dos desempeñaron
un papel analítico, el primero tratando de desprenderla del padre, y la
segunda impulsándola, por
el contrario, a asumir esa situación transgresiva: "Poco importa el destino
elegido -dijo Lou-,
siempre y cuando uno lo cumpla hasta el final". Lou tenía razón,
puesto que fue con el pleno
desarrollo de esa piedad filial como Anna pudo dar una verdadera significación
a su existencia
de mujer y jefa de escuela en el movirniento freudiano. Mantuvo con su padre una
correspondencia de aproximadamente trescientas cartas (de una y otra parte), aún
no
publicada, pero que se puede consultar en la Library of Congress de Washington.
Anna entró en el movimiento a través del psicoanálisis de
niños: en 1922 presentó ante la Wiener
Psychoanalytische Vereinigung (WPV) un primer trabajo titulado -Fantasmas y ensueños
diurnos
de un niño golpeado". Cinco años más tarde se publicó
su obra principal, El tratamiento
psicoanalítico de niños. Paralelamente asumió la edición
de las obras del padre, los
Gesammelte Schriften, completados en 1924. Al año siguiente fue
elegida directora del nuevo
instituto de psicoanálisis de Viena, que acababa de abrirse. Así
comenzó a asumir las
responsabilidades institucionales que iban a hacer de ella la gran representante
de la ortodoxia
vienesa, en una época en que Melanie Klein, su terrible rival, emprendía
la gran reestructuración
teórica de la obra freudiana. Estas mujeres, representantes de dos corrientes
divergentes en el
seno de la International Psychoanalytical Association (IPA), nunca pudieron llegar
a un acuerdo.
Rodeada por los más notables discípulos vieneses de la primera hora
-Siegfried Bernfeld,
August Aichhorn, Wilhelm (Willi) Hoffer (1897-1967)-, Anna creó en 1925
el Kinderseminar
(Seminario de Niños), que se reunía en el departamento de la Berggasse.
Después de las
experiencias desdichadas de Hermine von Hug-Hellmuth, se trataba de formar terapeutas
capaces de aplicar los principios del psicoanálisis a la educación
infantil.
El mismo año conoció a Dorothy Burlingham, quien iba a ser su querida
y tierna amiga de toda la
vida. A través de esa mujer, Anna realizó su propio deseo de maternidad.
Con una especie de
abnegación mística, se ocupó en efecto de los cuatro hijos
de Dorothy: Bob (Robert), Mabbie
(Mary), Tinky (Katrina), Michael (Mickey). Todos padecían trastornos psíquicos
más o menos
graves, y Anna les sirvió de madre, educadora y analista.
Para ellos, Anna creó, junto con Erik Erikson, Peter Blos y Eva Rosenfeld
(1892-1977), la sobrina
de Yvette Guilbert, una escuela especial a la que después concurrieron
otros hijos de pacientes
en análisis: "Para los analistas que giraban en torno a Freud y la familia
Burlingham en Viena
-escribe Peter Heller-, el psicoanálisis era una religión, un culto,
una Iglesia [ ... ]. Mi vida
transcurría en la escuela muy privada de los Burlingham-Rosenfeld, marcada
por la personalidad
de Anna Freud y la concepción de una pedagogía psicoanalítica.
Entre otras cosas, la escuela,
aunque más tarde se lo haya negado, consistía en una experiencia
progresista y elitista de la
educación de hijos [de padres] en análisis [ ... ]. Una experiencia
privilegiada, muy promisoria,
inspirada y animada por un ideal de humanidad más puro y sincero que el
de todos los otros
establecimientos a los que yo he asistido. Allí se difundía un auténtico
sentido de la comunidad."
Mientras que Melanie Klein creó una nueva práctica del análisis
de niños, Anna Freud siguió la
vía indicada por el padre desde la cura de Herbert Graf (Juanito). Anna
consideraba que el niño
es demasiado frágil para someterlo a un verdadero análisis (con
exploración del inconsciente), y
sostenía el principio de la cura bajo la responsabilidad de la familia
y los padres y, más en
general, bajo la tutela de las instituciones educativas. Según ella, el
complejo de Edipo no debía
ser examinado con demasiada precisión en el niño, en razón
de la falta de madurez del superyó.
En este ámbito, el enfoque analítico debía por lo tanto integrarse
a la acción educativa.
La debilidad de la doctrina annafreudiana provenía de la falta de reflexión
sobre los vínculos
entre el niño y la madre. A los ojos de Anna sólo contaba la relación
con el padre. De allí la
prevalencia acordada a la pedagogía del yo, en detrimento de la exploración
inconsciente.
Después de la ruptura con Otto Rank, Anna Freud fue admitida en el Comité
Secreto, ocupando
el lugar de aquél. Tuvo entonces la impresión de contarse por fin
entre los paladines de la
"causa" analítica, lo que la acercaba aún más al padre. Desde
entonces se convirtió en custodio
de la ortodoxia freudiana.
En 1937, gracias al dinero de una rica norteamericana, Edith Jackson (1895-1977),
quien viajó a
Viena para analizarse con Freud, abrió un pensionado para niños
pobres, al cual dio el nombre
de Jackson Nursery. La experiencia se inspiraba en la de Maria Montessori. La
interrumpió la
implantación del nazismo en Austria.
Obligada a emigrar con toda la familia, Anna se instaló en Londres en 1938,
acompañada por
numerosos vieneses que después se exiliaron en los Estados Unidos. Los
kleinianos
experimentaron ese desembarco de la Iegitimidad freudiana- como una verdadera
intrusión. En
efecto, desde muchos años antes, en la British Psychoanalytical Society
(BPS) prevalecían las
tesis kleinianas, que habían transformado totalmente el freudismo clásico.
No sólo los
psicoanalistas ingleses se habían alejado de sus colegas del continente,
sino que su práctica, su
mentalidad, sus orientaciones clínicas, incluso sus conflictos (sobre todo
en torno a Edward
Glover), no tenían ya nada que ver con las disputas del mundo de lengua
alemana. Ahora bien,
en ese momento Anna acababa de publicar su obra principal, El , Yo - Y
los mecanismos de
defensa, opuesta a las investigaciones de la escuela inglesa. El conflicto
era por consiguiente
inevitable, y se produjo después de la muerte de Freud, con el desencadenamiento
de las
Grandes Controversias en 1941.
Cercana a las posiciones de la Ego Psychology, Anna Freud retomaba la noción
de defensa
para convertirla en el pivote de una concepción del psicoanálisis
ya no centrada en el ello, sino
en la adaptación posible del yo a la realidad. De allí la gran importancia
atribuida a los
mecanismos de defensa, más bien que a la defensa propiamente dicha. La
obra tuvo un enorme
éxito en los Estados Unidos, y marcó el nacimiento del annafreudismo,
segunda gran corriente
representada en la International Psychoanalytical Association (IPA).
Agotada por las controversias, y decepcionada por la evolución del movimiento
analítico, que ella
encontraba cada vez más alejado del freudismo original, Anna Freud conservó
no obstante a
muchos amigos de antaño, que la amaban por su abnegación, su generosidad
y su sentido de la
fidelidad, y con los cuales podía evocar nostálgicamente el antiguo
esplendor vienés. Entre ellos
estaban Ernst Kris, Marianne Kris, Heinz Hartmann, René Spitz, Richard
Sterba, y otros. Aislada
en Londres, pero instalada en la magnífica residencia de 20 Maresfield
Gardens que iba a
convertirse en el Freud Museum, prosiguió sin descanso sus actividades
en favor de la infancia,
creando las Hampstead Nurseries, siempre con la ayuda de Dorothy Burlingham. En
1952 fundó
la Hampstead Child Therapy Clinic, un centro de terapia e investigación
psicoanalíticas donde
aplicó sus teorías en estrecha colaboración con los padres
de los niños asistidos.
Garante de la herencia freudiana, no sólo se ocupó de la publicación
de las obras del padre y de
sus archivos, sino también de los miembros de la familia, sobre todo los
sobrinos. En la década
de 1970 continuó desempeñando el papel de madre con los hijos de
su amiga Dorothy. Dos de
ellos tuvieron un fin dramático: Bob murió de una crisis de asma
después de haber atravesado
varios episodios depresivos, y Mabbie terminó por suicidarse ingiriendo
una fuerte dosis de
medicamentos.
En 1990, convertido en profesor de literatura, Peter Heller publicó un
conmovedor testimonio: sus
recuerdos del análisis con Anna Freud. Nacido en Viena en 1920, había
sido tratado por ella
entre 1929 y 1932. Después se casó con Tinky, la hija de Dorothy
Burlingham, y a continuación
pasó muchos años más en el diván de Kris. El relato
de su cura, acompañado por las notas que
Anna le cedió, permite revivir el extraño enredo de los años
1920-1935, durante los cuales Anna
y el padre mezclaron tan estrechamente el diván, la familia y la vida privada.
Principalmente,
Peter Heller ha señalado el carácter asfixiante de la posición
materna ocupada por Anna,
mientras que, en su doctrina, ella no tenía en cuenta el vínculo
arcaico con la madre.
Colmada de honores, pero incapaz de comprender la evolución del movimiento
psicoanalítico,
Anna Freud murió en Londres después de haber enfrentado la tempestad
provocada por los
partidarios de la historiografía revisionista a propósito de la
publicación de las cartas de su padre
a Wilhelm Fliess.
A un joven analista que en 1979 le había enviado un artículo en
el que se preveía la muerte del
psicoanálisis, ella le respondió lo siguiente: "Predecir la muerte
del psicoanálisis está quizá de
moda. La única respuesta inteligente es la de Mark Twain cuando un periódico
anunció por error
que él había muerto: «Las noticias de mi muerte son muy exageradas».
En todo caso, usted dice
que a los viejos los ha dejado muy indiferentes, lo que es normal, pues están
acostumbrados a
los ataques. En muchos sentidos, el psicoanálisis da lo mejor de sí
cuando es atacado."
Freud Anna.
Psicoanalista británica de origen austríaco
Freud Anna. Psicoanalista británica de origen austríaco
Freud Anna
Psicoanalista británica de origen austríaco
fuente(73)
(Viena 1895 - Londres 1982).
Es la menor de los hijos de S. Freud. Presidenta del Instituto de Formación
Psicoanalítica de Viena
de 1925 a 1938, se refugia en Londres en 1938 con su padre y funda, en 1951, la
Hampstead
Clinic, centro de tratamiento, de formación y de investigación en
psicoterapia infantil. Es una de
las primeras en emprender psicoanálisis de niños. A sus concepciones
se opondrán las de M.
Klein, en particular del lado de la exploración del complejo de Edipo,
porque A. Freud temía el
deterioro de las relaciones del niño con sus padres si se analizaban sus
sentimientos negativos
frente a ellos. Ha publicado Einführung in die Technik der Kinderanalyse
(1927), El yo y los
mecanismos de defensa (1937), Normalidad y patología en el niño
(1965).
Freud Emanuel
(1833-1914), medio hermano de Sigmund Freud
Freud Emanuel (1833-1914), medio hermano de Sigmund Freud
Freud Emanuel
(1833-1914), medio hermano de Sigmund Freud
fuente(74)
Nacido en Tysmenitz, Emanuel era el hijo mayor de Jacob Freud y su primera mujer,
Sally Freud
(nacida Kanner). Lo mismo que Sigmund Freud, su medio hermano, y Como Rosa Graf,
su media
hermana, era de humor neurasténico. Casado en 1852 con Maria Rokach (1834-1921),
nacida en
Milow, Rusia, e hija de un rabino, dos años más tarde él
sucedió a su padre en el comercio de
textiles. En 1859, lo mismo que su hermano Philipp, fue a establecerse en Manchester,
Gran
Bretaña, con su mujer y sus tres hijos: Johann, llamado John (1855-?),
Pauline y Bertha
(1859-1944), nacidos todos en Freiberg. En Manchester tuvo otros dos hijos: Samuel
(1860-1945) y Matilda, que murió a temprana edad. En esa ciudad, Emanuel
encontró el
desahogo económico que el padre no había alcanzado. Formaba parte
de la buena burguesía
judía comerciante, y figuró con su hermano, en 1872, entre los fundadores
de la South
Manchester Synagogue. Se mató accidentalmente al caer de un tren. Su hija
Bertha también
murió por una caída accidental, al pie de una escalera.
Freud siempre sintió mucho afecto por ese medio hermano que habría
podido ser su padre y que
siempre lo exhortó a la piedad filial, recordándole que él
pertenecía a la tercera generación
después de la del padre. En 1908 lo visitó en Inglaterra. En su
infancia, Sigmund tuvo por
compañero de juego a su sobrino John, sólo ocho meses mayor que
él, y que a los 18 años
desapareció sin dejar huellas. En 1979, Marianne Krüll formuló
la hipótesis de que, en su
infancia, John y Sigmund habían tratado de deflorar a su joven prima Pauline
Freud.
Freud Ernst (1892-1966),
hijo de Sigmund Freud
Freud Ernst (1892-1966), hijo de Sigmund Freud
Freud Ernst
Freud Ernst (1892-1966), hijo de Sigmund Freud
fuente(75)
Nacido en Viena, Ernst, el cuarto vástago de Sigmund y Martha Freud, tercero
y último hijo varón,
después de Martin y Oliver, no fue el preferido del padre ni de la madre,
de modo que se
convirtió en el más independiente de los hermanos: lo llamaban "el
hijo afortunado" y, por cierto,
se parecía mucho al padre. Cuando más tarde se le preguntó
por qué era arquitecto, dijo haber
elegido esa profesión porque ni el padre ni los otros miembros de la familia
sabían nada de
arquitectura.
Dotado de un verdadero talento de artista, emprendió muy pronto ese camino.
Así pudo adquirir
una verdadera profesión, conquistar una identidad, y sobre todo no depender
económicamente
del padre. Estudió en Múnich y se instaló en Berlín,
donde conoció a Lucie Brasch, con quien se
casó en 1920. Después de una crisis grave, de la que Freud fue mantenido
a distancia, la pareja
se asentó y vivió unida durante cincuenta años. El matrimonio
tuvo tres hijos: Stefan, Lucian,
Klemens.
Cuando Ernst cumplió treinta años, recibió una carta en la
cual el padre lo felicitaba por su éxito:
Tú eres el único de mis hijos que tiene ya todo lo que un hombre
puede desear a tu edad: una
mujer amante, un soberbio hijo, trabajo, ingresos y amigos. Mereces todo esto,
y como nada en
la vida corresponde a los méritos, permíteme expresar el voto de
que la suerte te siga siendo
fiel"
En 1933, con la llegada de Hitler al poder, Ernst emigró a Londres con
su familia.
Puesto que en su profesión la movilidad era una costumbre, y él
ya tenía experiencia con los
viajes, se integró muy bien a la sociedad británica. Ernest Jones
lo ayudó, pidiéndole que
acondicionara un ala de su casa de campo. A Jones le pareció sumamente
competente: "Su
reconocimiento a la competencia de Ernst -subrayó Freud- es un bálsamo
para mi corazón de
padre. Lamento que mi otro hijo [Oliver], que está en Niza, no haya encontrado
patria ni
situación.-
En 1938, Ertist organizó la recepción a sus padres y su hermana
Anna en Londres, instalando
en 20 Maresfield Gardens una "Berggasse reconstruida" y deliciosamente acondicionada
según
sus planes. Él fue el ejecutor testamentario del padre, y el encargado
de la publicación de sus
obras, a la cabeza de la Sigmund Freud Copyright Ltd.
Cuando murió, Lucie ocupó su lugar, después de haber casi
sucumbido a un intento de suicidio.
Entonces, con llse Grubrich-Simitis, dedicó toda su energía al último
proyecto de Ernst: la
realización de un magnífico álbum ilustrado, el primero de
ese tipo, consagrado a la vida de
Freud, titulado Sigmund Freud. Su vida en imágenes y textos, que
iba a ser traducido en todo el
mundo.
Amigo de Francis Bacon (1909-1992), Lucian Freud se convirtió en uno de
los pintores más
importantes de la escuela neofigurativa inglesa, y realizó sorprendentes
retratos de la madre. En
cuanto al tercer hijo de Ernst, Sir Klemens Freud, recibió un título
de nobleza, y tuvo una brillante
carrera de político liberal y cronista radiofónico de temas culinarios.
Freud Eva (1924-1944),
nieta de Sigmund Freud
Freud Eva (1924-1944), nieta de Sigmund Freud
Freud Eva
(1924-1944), nieta de Sigmund Freud
fuente(76)
Nacida en Berlín, Eva fue la hija única de Oliver Freud y su mujer
Henny. Emigró con ellos a
Francia a fines del mes de abril de 1933. Después de una corta estada en
París, siguió a sus
padres a Niza, donde se inscribió en el liceo.
Para Sigmund Freud, que había sufrido tanto la pérdida de su nieto
Heinerle (hijo de Sophie
Halberstadt), Eva se convirtió en la deliciosa Evehen. Sabiendo que no
volvería a verla, se
mostró particularmente tierno con ella cuando recibió su visita,
por última vez, el 24 de agosto de
1939.
A fines del verano de 1940 Eva conoció a un joven judío nacido en
San Petersburgo de unos 30
años de edad. Cuando él decidió entrar en la Resistencia,
ella se convirtió en su compañera.
Para no dejarlo, se negó a emigrar a los Estados Unidos con sus padres,
en 1943. Asistida por
René Laforgue, con quien había comenzado un análisis, Eva
se encontró muy aislada en Niza,
donde, muy pronto, para sustraerse a las persecuciones antisemitas, se vio obligada
a vivir con
una identidad falsa. Ante un embarazo no deseado, se sometió a un aborto
clandestino, seguido
de una infección; atendida en Marsella en el Hospital de la Timone, murió
de septicemia el 4 de
noviembre de 1944, después de una prolongada agonía, en el curso
de la cual pidió el
sacramento del bautismo católico. Al volver de los maquis, el novio
la hizo enterrar en el
cementerio Saint-Pierre. En 1948 sus padres visitaron su tumba y, en 1962, volvieron
a
encontrarse con el novio y algunos de sus amigos.
Durante muchos años, la muerte de Eva Freud fue atribuida por la historia
oficial a una epidemia
de gripe. Un psicoanalista francés, Pierre Segond, reveló la verdad
en 1993, a continuación de
una extensa investigación realizada en el sur de Francia.
Freud Josef (1825-1897),
tío de Sigmund Freud
Freud Josef (1825-1897), tío de Sigmund Freud
Freud Josef
(1825-1897), tío de Sigmund Freud
fuente(77)
En el periódico vienés Neue Freie Press del 23 de febrero
de 1866 aparece relatado el
procesamiento a Josef Freud, por tráfico de billetes falsos: "Según
la pericia del Banco Imperial
Ruso de San Petersburgo, los billetes falsos hallados en posesión de Josef
Freud fueron
grabados a punta seca y litografía sobre papel ordinario, y son del tipo
de los que inundan todos
los mercados de Europa". Josef Freud fue condenado a diez años de cárcel.
En La interpretación de los sueños Sigmund Freud evoca la
figura de ese tío malhechor en "el
sueño del tío": "Mi amigo R. es un tío. Siento una gran ternura
por él. Veo su rostro ante mí un
poco cambiado. Advierto claramente una barba amarilla que lo enmarca.
Según Freud, Jacob consideraba a su hermano un imbécil, y no un
mal hombre. Este asunto le
provocó mucha pena, y al cabo de pocos días encaneció.
La historia ha suscitado múltiples interpretaciones, a veces bastante caprichosas,
de los
especialistas en la historia del freudismo.
Freud Julius
(1857-1858), hermano de Sigmund Freud
Freud Julius (1857-1858), hermano de Sigmund Freud
Freud Julius
(1857-1858), hermano de Sigmund Freud
fuente(78)
Nacido en Freiberg, Julius era el segundo vástago de Jacob y Amalia Freud,
y el primer hermano
menor de Sigmund Freud, que desde su nacimiento le tuvo fuertes celos. Julius
murió a los 8
meses. En una carta a Wilhelm Fliess del 3 de octubre de 1897, Freud dice haber
experimentado
"malos deseos" respecto de ese hermano. Después de que muriera, sintió
remordimientos y
culpabilidad. Más tarde habló de su rivalidad con la hermana mayor,
Anna Bernays. En esos días
descubrió el conflicto edípico, es decir, que la rivalidad con el
padre generaba deseos de muerte.
En La interpretación de los sueños sostuvo que un niño
pequeño cuyo hermano (o hermana)
menor ha muerto puede, después del nacimiento de otro hermano, albergar
el anhelo de que el
nuevo rival sufra la misma suerte.
En 1917, en un artículo dedicado a la autobiografía de Goethe, "Poesía
y verdad", se refirió a esa
cuestión., señalando que el poeta había experimentado un
sentimiento idéntico en ocasión del
nacimiento y la muerte ulterior de un hermanito.
Después de Freud, la cuestión del lugar del niño muerto en
el grupo de hermanos ha sido objeto
de una abundante literatura, producida sobre todo por psicoanalistas de niños.
Freud Kallamon Jacob
(1815-1896), padre de Sigmund Freud
Freud Kallamon Jacob (1815-1896), padre de Sigmund Freud
Freud Kallamon Jacob
(1815-1896), padre de Sigmund Freud
fuente(79)
Nacido en Tysmenitz, Galitzia oriental, provincia polaca incorporada a Austria
en 1772, Jacob (o
Jakob) Freud era el hijo mayor de una familia de comerciantes judíos que
tenía en total cuatro
hijos, entre ellos Josef Freud, cuya historia es ahora conocida. Fue Marianne
Krüll quien sacó a
luz en 1979 la genealogía familiar de los Freud, a continuación
de Renée Gicklhorn y Josef
Sajner. En este sentido, es interesante citar una carta de Sigmund Freud a Martha
Freud del 10
de febrero de 1886, en la cual describe como sigue la tragedia de uno de sus tíos,
llamado Abac:
"Es comerciante, y la historia de su familia es muy triste. De sus cuatro hijos,
sólo una hija es
normal y está casada en Polonia. Un hijo es hidrocéfalo y débil
mental; otro, que prometía algo en
su juventud, se volvió loco a los 19 años, y una hija a los 20 años."
El apellido Freud, que significa "alegría" en alemán (Fretide),
derivaba de Freide, nombre de la
bisabuela materna de Jacob. La familia lo había adoptado en 1789, cuando
el emperador José II
promulgó una carta de tolerancia que emancipaba a los judíos y les
reconocía los mismos
derechos y privilegios que a los demás súbditos del Imperio. No
obstante, esa carta los obligaba
a adoptar un apellido, y por lo tanto a renunciar a la organización comunitaria.
Separado del jasidismo, la religión mística de sus antepasados,
Jacob Freud fue un judío de la
Ilustración, que adhirió a las ideas de la Haskalá poco después
de su matrimonio con Sally Freud.
Contrariamente a lo que diría su hijo, siguió apegado a los valores
tradicionales del judaísmo y le
transmitió a su prole una sólida cultura judía, haciéndoles
leer la Biblia en la edición bilingüe
ilustrada (hebreo-alemán) de Ludwig Philippsohn. Su primera esposa tuvo
cuatro hijos, de los
cuales sólo sobrevivieron dos: Emanuel Freud y Philipp Freud. En 1848,
la pareja se instaló en
Freiberg (Pribor), en la parte noroeste de la Moravia integrada al Imperio Austro-Húngaro,
cuya
población checa hablaba oficialmente el alemán. Negociante en textiles,
poco dotado para el
mando, Jacob no hizo fortuna en el comercio, y siguió siendo pobre toda
su vida.
Después de un segundo matrimonio con Rebekka Freud, Jacob se casó
en Viena, en terceras
nupcias, con una joven de 20 años, Amalia Nathanson (Amalia Freud), originaria,
como él, de una
familia judía de la Galiztia oriental que hablaba fluidamente el ídish.
Ella le dio ocho hijos, entre
ellos Sigismund-Schlomo, el mayor, en 1856, que se haría llamar Sigmund.
En agosto de 1859 la familia se trasladó de Freiberg a Lcipzig, donde permanecieron
algún
tiempo, antes de instalarse definitivamente en Viena, en marzo de 1860, momento
en que Philipp
y Emanuel Freud, los dos medio hermanos de Sigmund, emigraron a Gran Bretaña.
Así como Amalia era una mujer enérgica y tiránica, de gran
vivacidad de espíritu, Jacob era un
hombre simple, tranquilo y aparentemente poco autoritario: "Optirnista inveterado
-escribe Peter
Gay-, al menos en apariencia, era un pequeño comerciante mal preparado
para enfrentar la
industrialización de su mundo. Simpático, generoso, de buena disposición,
estaba íntimamente
convencido de los dones eminentes de su hijo Sigismund.-
De modo que Freud fue el hijo querido de sus padres. Es decir que construyó
una teoría
subversiva de la familia patriarcal a partir de una familia atípica para
la época, por los tres
matrimonios sucesivos del padre, y a la vez casi "normal" desde el punto de vista
afectivo. Si el
psicoanálisis nació de la sensación de la declinación
del patriarcado (experimentada por la
sociedad vienesa a fines de siglo) y de un intento de revalorizar simbólicamente
la figura del
Padre, puede decirse que Jacob Freud fue la encarnación misma de la flaqueza.
Las relaciones de Freud con su padre fueron comentadas muchas veces, por el propio
Freud,
por sus discípulos y por historiadores o filósofos, entre ellos
Henri F. Ellenberger, Ernest Jones,
Max Schur, Jean-Paul Sartre (1905-1980), Carl Schorske, Marianne Krüll, Élisabeth
Roudinesco,
Peter Gay, Yosef Hayim Yerushalmi. Respecto de la teoría freudiana de la
paternidad, hay que
destacar dos acontecimientos principales. El primero se refiere al sentimiento
de culpa del hijo
(Sigmund) en el momento de la muerte del padre (Jacob). Se encuentra su huella
en la
correspondencia (1897) con Wilhelm Fliess. Al renunciar en 1897 a la idea de que
en el origen de
la neurosis estaba la seducción sexual del niño por el adulto, Freud
confesaba su propia culpa:
en efecto, había sospechado de su propio padre como seductor, y lamentaba
amargamente que
éste hubiera muerto antes de que él abandonara esa teoría.
El segundo acontecimiento se refiere a la diferencia entre la judeidad del padre
y la del hijo. Es
evocada en La interpretación de los sueños en la forma de
un célebre recuerdo de infancia. Un
día, cuenta el narrador, Jacob le relató al hijo una anécdota
antigua, para demostrarle que los
tiempos habían cambiado para bien. En otro tiempo, le dijo, un cristiano
le había arrojado el gorro
de piel al albañal, gritándole: -Judío, baja de la acera".
El niño preguntó qué había hecho
entonces, y el padre respondió: "Recogí el gorro". A esa escena,
que le disgustaba, el pequeño
Sigmund opuso otra, más adecuada a sus aspiraciones: el episodio histórico
en el cual Amílcar
hizo jurar a su hijo Aníbal que lo vengaría de los romanos y defendería
a Cartago hasta la
muerte.
Este recuerdo contiene a la vez la posición débil del padre ante
el antisemitismo, y el itinerario de
un hijo que se atribuye la misión de revalorizar la función paterna
mediante un acto de rebelión
anibaliana. Desde esta perspectiva, no sólo había que superar al
padre para convertirse en el
héroe o el jefe de escuela de una nueva doctrina, sino también cambiar
de cultura sin traicionar
la judeidad: ése era por cierto el destino de los hijos de la burguesía
comerciante judía del Imperio
Austro-Húngaro, obligados a "desjudaizarse" para existir: es decir,
adoptar la cultura griega,
latina y alemana, la única capaz de sacarlos del gueto.
Freud Marie, llamada
Mitzi (1861-1942), hermana de Sigmund Freud
Freud Marie, llamada Mitzi (1861-1942), hermana de Sigmund Freud
Freud Marie
Llamada Mitzi (1861-1942), hermana de Sigmund Freud
fuente(80)
Nacida en Viena, Mitzi era el quinto vástago de Jacob y Amalia Freud, y
la tercera hermana de
Sigmund Freud. En 1886 se casó con un primo lejano de Bucarest, Moritz
Freud, que falleció en
1920. Tuvieron cinco hijos, de los cuales uno nació muerto. La menor, Martha
Gertrud, fue una
artista dotada, que escribió libros ilustrados para niños. Padecía
problemas de identidad, y no
toleraba ser mujer, de modo que se hacía llamar Tom. Se casó con
Jacob Seidmann, quien se
lanzó al negocio editorial, fracasó y se suicidó en octubre
de 1929. Un año más tarde, afectada
por una depresión profunda, Martha se dejó morir en un hospital
berlinés a la edad de 37 años.
Tenía una hija de 7 años, Angela, la cual, con su abuela, quedó
a cargo de Freud.
El 29 de junio de 1942, Mitzi fue deportada con sus hermanas Pauline Winternitz,
llamada Paula, y
Adolfine Freud, llamada Dolfi, al campo de Theresienstadt. Desde allí fue
transportada el 23 de
septiembre al campo de exterminio de Maly Trostinec, donde desapareció,
sin duda asesinada en
la cámara de gas al mismo tiempo que Paula.
Freud Martha, nacida
Bernays (1861-1951), esposa de Sigmund Freud
Freud Martha, nacida Bernays (1861-1951), esposa de Sigmund Freud
Freud Martha
Nacida Bernays (1861-1951), esposa de Sigmund Freud
fuente(81)
Nacida en Wandsbeck, cerca de Hamburgo, Martha era hermana de Minna Bernays y
de Efi
Bernays, el cual se casó con Anna (Bernays), la primera de las cinco hermanas
de Sigmund
Freud, y la única que pudo escapar al exterminio nazi.
Proveniente de una familia de estudiosos judíos, Martha era hija de Berman
Bernays (
1826-1879), quien fue comerciante antes de convertirse, una vez instalado en Viena
en 1868,
en el secretario de Lorenz von Stein, profesor de derecho y economía. El
abuelo, Isaac Bernays
(1792-1849), había sido el gran rabino de Hamburgo. En cuanto a los tíos
paternos, Jacob
Bernays (1824-1881) y Michael Bernays (1834-1897), fueron eminentes intelectuales.
Primer
judío de renombre en el ámbito de los estudios clásicos (la
Grecia aristotélica y la Antigüedad
tardía), Jacob fue también el primer judío practicante que
obtuvo un puesto universitario (en
Bonn) en la Alemania del siglo XIX. Michael, por su lado, enseñó
literatura en Múnich y fue lector
del rey Luis II de Baviera.
En las familias de obediencia religiosa estricta, las mujeres eran educadas de
manera estrecha,
y Martha no escapó a la autoridad de la madre, Emilie Philipp (1830-1910),
una mujer llena de
prejuicios, que se asemejaba a esas madres descritas por Freud y Josef Breuer
en los Estudios
sobre la histeria. Ya viuda desde 1879, ella se mostró hostil a la
elección de Martha: el joven
Sigmund no tenía fortuna ni posición social.
En abril de 1882, a la edad de 26 años, Freud conoció a Martha en
una visita que ella le hizo a
Anna, la hermana de él. La joven era morena, esbelta, pálida, reservada,
con grandes ojos
expresivos. Freud se enamoró de ella de inmediato, lo mismo que diez años
antes de Gisela
Fluss. Comenzó entonces a cortejarla según las convenciones admitidas
en su ambiente social.
El compromiso se celebró el 27 de junio de 1882. Un año más
tarde, Martha dejó Viena para
instalarse en Wandsbeck con la madre y la hermana Minna. Los novios vivieron separados
durante tres años, hasta la fecha de su matrimonio, el 13 de septiembre
de 1886. A lo largo de
ese período, Freud escribió aproximadamente mil cartas a Martha;
sólo un centenar de ellas se
publicaron en 1960. Kurt Eissler, en efecto, custodio de los Archivos Sigmund
Freud en la
Library of Congress desde 1945, las vedó a los investigadores, y Harold
Blum, su sucesor,
siguió la misma política.
Martha era virgen en el momento del compromiso, y lo siguió siendo hasta
su matrimonio, pero
Freud había tenido al menos una experiencia sexual en su juventud, según
se lo confió a Marie
Bonaparte, quien se apresuró a anotar ese detalle en su diario íntimo,
sin precisar la fecha, ni la
naturaleza, ni la duración de dicha experiencia. Subsiste el hecho de que
Freud se vio obligado
durante cuatro años a someterse a un duro régimen de abstinencia,
contentándose con
intercambiar con su novia cartas y besos. Con la ayuda de Minna, ayudó
a Martha a
desprenderse de la influencia de la madre y sobre todo de las prácticas
religiosas en las que
estaba encerrada, y que él consideraba "pamplinas". Y sólo poniendo
de manifiesto cierto
disgusto aceptó una ceremonia religiosa de casamiento en Wandsbeck y recitar
las respuestas
en hebreo. Hay que decir que la ley austríaca, contrariamente a la alemana,
no le dejaba otra
opción. En el primer viernes que siguió a la boda, le prohibió
a su joven esposa que encendiera
las velas del sábado. Después trató de apartarla de la familia,
para hacer de ella una burguesa
modelo a su gusto. Y ella aceptó ese papel, que le convenía a las
mil maravillas.
Martha era una notable mujer de hogar y una madre atenta a la que no le interesaban
las cosas
intelectuales: "En lo que concierne al psicoanálisis -dijo Anna-, mi madre
nunca cooperó... Ella
creía en mi padre y no en el psicoanálisis." En Martha eran visibles
una calma y una suavidad
que contrastaban singularmente con el carácter violento e intrusivo de
Freud. En esto no se
parecía a su hermana Minna, ni a Amalia Freud, la madre de Sigmund, aunque
la amaba con
mucha fuerza. Y en razón de esta diferencia Freud se felicitó siempre
de haber realizado una
buena elección: En este cruce, nos entendemos mejor -le dijo un día-.
Dos seres parecidos como
Minna y yo no habrían armonizado, y dos personas de carácter fácil
no pueden atraerse una a
otra."
Al contrario del padre, Freud fue un patriarca autoritario. Estrictamente monógamo,
no era
misógino como se ha dicho a menudo. Él consagraba una especie de
pasión a las mujeres
intelectuales y no conformistas, al punto de anudar con algunas de ellas (por
ejemplo, Marie
Bonaparte) relaciones viriles o fraternales. En su vida privada, adoptó
algunos de los prejuicios
victorianos de su época, sobre todo en lo concerniente a la educación
de las niñas. También
entró con frecuencia en contradicción con las tesis que él
mismo desarrollaba en su doctrina,
según lo atestiguan sus vacilaciones a propósito de la sexualidad
femenina. Con Martha, durante
su prolongado noviazgo, demostró unos celos y una posesividad dignas de
los más célebres
amantes románticos M siglo XIX.
Después M nacimiento de Anna Freud, su sexto vástago, Martha quedó
agotada, y Sigmund, de
apenas 40 años, decidió vivir en continencia. De modo que ese gran
teórico de la sexualidad,
que pasaba su tiempo observando la libido humana, se obligó a una abstinencia
que contradecía
sus propios principios terapéuticos. Esta actitud no carecía de
relaciones con el gusto por la
sublimación que él atribuía a uno de sus creadores preferidos:
Leonardo da Vinci (1452-1519).
A partir de 1920, Freud se comportó con Anna como en otro tiempo lo había
hecho con Martha.
Sus celos respecto de la hija repetían sin duda los que había puesto
de manifiesto durante el
noviazgo. Sea como fuere, Anna fue la "hija del psicoanálisis" y tuvo
que luchar en su infancia
contra ese temible rival que le sustraía al padre; en efecto, Freud comparó
el psicoanálisis con
una mujer, en una carta a Stefan Zweig de julio de 1938, al final de su vida:
"El análisis es como
una mujer que quiere ser conquistada, pero que sabe que se la estimará
poco si no opone
resistencia".
Freud (Jean) Martin
(1889-1967), hijo de Sigmund Freud
Freud (Jean) Martin (1889-1967), hijo de Sigmund Freud
Freud (Jean) Martin
(1889-1967), hijo de Sigmund Freud
fuente(82)
Nacido en Viena, Martin fue el segundo vástago de Sigmund Freud y su mujer
Martha, y por lo
tanto el primero de sus tres hijos varones, anterior a Oliver y Ernst. Le pusieron
esos nombres
como homenaje a Jean Martin Charcot, pero lo llamaban Martin. Como sus otros hermanos,
no
fue circuncidado. En efecto, Freud se negó a imponer a sus hijos los ritos
religiosos. Educado en
la tradición de la burguesía vienesa, Martin habría debido
convertirse en un patriarca.
Tiránico con sus hijas, Freud no fue autoritario con los hijos, y les permitió
elegir sus destinos.
No obstante, los tres fueron víctimas de la dureza de la época y
del fin de la monarquía de los
Habsburgo. Movilizados durante la Primera Guerra Mundial, humillados después
por la derrota de
1918, que redujo a la nada al Imperio Austro-Húngaro y sus estructuras
patriarcales, expulsados
finalmente de Alemania y Viena por el nazismo, padecieron un destino difícil.
Más abrumado que
sus hermanos y hermanas por la imagen paterna, poco amado por la madre, que prefería
a
Oliver, Martin siguió dependiendo de la fortuna del padre, y después
de su herencia, durante
más tiempo que los otros.
Freud le dio un día una explicación a Carl Gustav Jung sobre la
difícil relación de Martin con la
madre. Esa relación, según Freud, era el resultado del conflicto
que se había generado en la
familia Bernays, sobre todo con Efi, hermano de Martha y esposo de Anna Bernays,
la hermana
de Freud: "Él [Martin] no es el preferido de la madre -escribió-,
sino que, al contrario, ella lo trata
de una manera casi injusta. Se resarce con él de su excesiva complicidad
con su propio
hermano, al cual [Martín] se parece, mientras que yo, cosa notable, compenso
con él mi dureza
respecto de la misma persona.-
En el grupo de hermanos, Martin tuvo que desempeñar el papel de hijo mayor,
ocupando
respecto de su hermana menor Anna el lugar muy paternal que en otro tiempo habría
sido el de
Sigmund Freud con su hermano menor Alexander. Igual que Anna, Martin sufría
por su físico
ingrato, y tenía celos de la apostura y el encanto de su hermano Oliver.
Estaba dotado de un
espíritu cáustico, gran inteligencia y una maravillosa capacidad
para las bromas. Un día se
disfrazó de astrólogo y se presentó en el domicilio del padre,
quien le dirigió una mirada tan
furibunda que el joven quedó petrificado. Al autor de El chiste y su
relación con lo inconsciente
no le gustaba ser objeto de tales burlas.
Con la excepción de Mathilde, todos los hijos de Freud padecieron dificultades
de pronunciación,
lo mismo que el padre en su infancia: "tenían un pelo en la lengua",
como suele decirse. También
ellos debieron recurrir a un fonoaudiólogo.
Cuando era estudiante, Martin se hizo sionista, adhiriendo a la Kadimah, organización
de
duelistas creada en 1883 para defender el honor de los judíos, y de la
cual el propio Freud llegó
a miembro honorario. Después de realizar estudios de derecho, Martin prefirió
dedicarse a los
negocios, lo que lo llevó a ocuparse de los del padre y, más particularmente,
de la Verlag, la
editorial del movimiento freudiano, cuyas finanzas ordenó. Administró
muy bien el dinero de
Freud, sobre todo en el momento de la toma del poder por los nazis en Alemania.
En 1919 se casó con Ernestine Drucker (de sobrenombre Esti), una fonoaudióloga
con la que
tuvo dos hijos: Walter y Sophie. Esti era una mujer emancipada que no se comportaba
como las
burguesas de Viena y, en particular, organizaba veladas teatrales. No le gustaba
a Freud: él la
encontró primero demasiado linda para entrar en la familia y, más
tarde, la tomó por loca: "Su
mujer [la mujer de Martini no está sencillamente chiflada por maldad, sino
verdaderamente loca,
en el sentido médico de la palabra", dijo. Ese matrimonio fue un desastre
para Martin. Seductor, él
coleccionaba mujeres, lo que exasperaba al padre: "En mi vida privada -le comentó
un día a
Marie Bonapartesoy un pequeño burgués, no me gustaría que
uno de mis hijos se divorciara o
una de mis hijas tuviera un enredo amoroso. Por lo demás, Freud fue a tal
punto tradicionalista en
lo concerniente a la educación de sus hijos, que les hizo creer, sin que
Martha lo desmintiera,
que los bebés nacían de repollos.
En mayo de 1938, Martin logró salir de Viena, mientras que su hijo Walter
partía hacia Australia
en un barco que estuvo a punto de no llegar a destino. En Inglaterra, Martin tropezó
con muchas
dificultades para ubicarse en una actividad. Se lanzó a la producción
de artículos de tocador y
de un dentífrico que fue comercializado con el nombre de Martin A. Después
de la guerra se
empleó como experto contable, y más tarde abrió una tabaquería,
cuya trastienda estaba
alquilada a un peluquero. En el momento de la celebración del centenario
del nacimiento de Freud,
contra la opinión de su hermana Anna, él escribió un libro
de recuerdos lleno de anécdotas
apasionantes sobre los diferentes miembros de su familia. Se acostumbró
a desplazarse en una
Vespa, y tuvo un accidente del que nunca se repuso verdaderamente. Murió
en una casa del
sur de Inglaterra, a la que se había retirado con su segunda esposa.
En cuanto a Esti, emigró con su hija Sophie. En septiembre de 1940 las
dos llegaron en bicicleta a
Niza, y después a París, para encontrarse con Oliver Freud y su
familia. Allí Sophie conoció a
Paul Loewenstein, su futuro esposo. Originario de Alemania, éste había
estado internado en el
campo de Milles, del que había huido. En julio de 1942
Sophie y Esti lograron llegar a Tánger, y a continuación se embarcaron
con destino a Baltimore.
Considerada la---oveja negra de la familia---, Esti conservó el apellido
Freud, y se instaló en
Nueva York en un modesto departamento, donde continuó ejerciendo la profesión
de
fonoaudióloga. Su hija, Sophie Freud, sería asistente social y maestra
en Boston. A menudo
puso de manifiesto una actitud hostil hacia el freudismo.
Freud Museum
fuente(83)
En 1938, después de la anexión de Austria por la Alemania nazi,
Sigmund Freud se vio obligado
a exiliarse en Londres. En el mes de septiembre de ese mismo año se instaló
con su familia en 20
Maresfield Gardens, Hampstead, en una hermosa casa que su hijo Ernst Freud, arquitecto,
refaccionó siguiendo el modelo del departamento vienés de 19 Berggasse.
Allí pasó Freud el
último año de su vida, y allí murió el 23 de septiembre
de 1939. Su hija Anna Freud habitó en esa
casa hasta su propia muerte en 1982, y en su testamento incluyó disposiciones
para que
después fuera convertida en museo.
En 1980, los Archivos Signiund Freud compraron el terreno y la casa, con recursos
que la
New-Land Foundation, creada por Muriel Gardiner, había puesto a disposición
de Anna. En 1986
inauguró el Freud Museum. Abierto a los visitantes, que pueden ver allí
el diván de Freud, su
biblioteca, su colección de antigüedades, contiene también
un riquísirno archivo: veinticinco mil
documentos en total, que incluyen fotografías, cartas y fotocopias de manuscritos
y
correspondencia cuyos originales se conservan en la Library of Congress de Washington.
Freud Oliver
(1891-1969), hijo de Sigmund Freud
Freud Oliver (1891-1969), hijo de Sigmund Freud
Freud Oliver
(1891-1969), hijo de Sigmund Freud
fuente(84)
Oliver era el tercer vástago de Sigmund y Martha Freud, y por lo tanto
su segundo hijo varón,
nacido en Viena después de Martin y antes de Ernst. Le pusieron ese nombre
en homenaje a
Cromweil (1599-1658), jefe militar y puritano que había condenado a muerte
a un rey y
derrocado a la dinastía de los Estuardos, proclamado la República
y permitido que los judíos
volvieran a Inglaterra. Freud admiraba tanto a Cromwell como a Alejandro Magno,
Aníbal y
Cristóbal Colón (1450-1506). Pero esa elección expresaba
también su anglofilia, que se puede
rastrear hasta la época en que sus hermanastros Philipp y Emanuel se instalaron
en aquel país.
Oliver fue siempre el hijo preferido de la madre. De joven era un perfeccionista,
apasionado por
las cifras, la mecánica y el bricolage, pero nunca encontró
una verdadera profesión, y siguió
dependiendo económicamente del padre. A principios de la Primera Guerra
Mundial, cuando fue
movilizado, a continuación de estudiar ingeniería en el cuerpo civil,
se casó con Ella Haim, una
estudiante de medicina. Ella lo siguió a los Cárpatos, quedó
encinta y abortó en marzo de 1916.
En septiembre se divorciaron. Según Freud, ese divorcio se debió
al carácter de la joven,
incapaz de conciliar sus estudios de medicina con la vida de ingeniero de él".
Después de la
derrota de los imperios centrales, Oliver se instaló en Berlín.
En esa época Freud analizaba a su
hija Anna, pero en ningún momento pensó en hacer lo mismo con sus
hijos varones. En efecto,
en ese tipo particular de relación transferencial siempre se corría
el riesgo de que el paciente
fuera más hostil al progenitor del mismo sexo. Esto se había observado
en la cura de Herbert
Graf, realizada bajo la dirección de Freud por el propio padre del niño.
Cuando Oliver expresó el deseo de iniciar un análisis, se dirigió
a Max Eitingon, que vivía en
Berlín. Éste se excusó, por sentirse demasiado próximo
a la familia. "Para mí es particularmente
difícil ser objetivo -le dijo Freud-, porque él [0liver] fue durante
mucho tiempo mi orgullo y mi
esperanza secreta, hasta que apareció claramente su organización
anal-masoquista [ ... ]. Sufro
mucho rni sensación de impotencia. Finalmente fue Franz Alexander quien
analizó al hijo de
Freud, en 1921.
En 1923 Oliver se casó con Henny Fuchs, hija de un médico berlinés.
La pareja sólo tendría una
hija, Eva Freud. A pesar de una relativa felicidad conyugal, Oliver no logró
una situación estable
en Alemania. Viéndose obligado a emigrar en 1933, probó suerte en
Francia, con su familia. Vivió
durante algún tiempo en Bretaña, en la encantadora aldea de Saint-Briac,
y después en París,
donde no consiguió hacer pie. Arnold Zweig, que lo visitó antes
de partir a Palestina, fue testigo
de sus dificultades: -Pienso mucho en su hijo -le escribió a Freud- Tiene
sentimientos demasiado
generosos como para cargar con la adaptación a la vida [...]. Era casi
conmovedor verlo poner
de manifiesto un máximo de vida y calor al hablarme de sus años
de guerra, igual que otros
hombres de su generación, quienes advierten ahora que tienen que empezar
todo de nuevo, en
una época en la que están firmemente comprometidos con su manera
de pensar."
En el curso del año 1934, después de una breve estada en París,
Oliver partió a Niza, donde
asumió la dirección de un comercio de fotografía. Cuatro
años más tarde obtuvo la nacionalidad
francesa. Con el dinero del padre pudo comprar una tienda, y se interesó
en ese nuevo trabajo.
En la región frecuentó a intelectuales exiliados de Alemania y Austria.
A partir de noviembre de 1942, después de la invasión de esa parte
de la zona libre por las
tropas italianas, Oliver y Henny tuvieron que pensar en una nueva tierra de exilio.
Gracias a
René Laforgue pudieron salir de Francia por España, cuando sus bienes
ya habían sido
confiscados en el marco de la política de "arianización" de las
empresas judías. Emigraron a los
Estados Unidos sin la hija. De novia con un joven militante de la Resistencia,
Eva, en efecto, se
negó a seguirlos, y más tarde murió en Marsella en circunstancias
dramáticas.
Después de haber vivido el derrumbe de Austria, Oliver Freud escapó,
como sus hermanos y
hermanas, al exterminio de los judíos por el nazismo. Pero su fragilidad
y suavidad no
concordaron nunca con la dureza de una época que lo condenaba a un exilio
perpetuo. Del otro
lado del Atlántico no encontró el impulso necesario para una nueva
existencia.
Freud Pauline
(1856-1944), sobrina de Sigmund Freud
Freud Pauline (1856-1944), sobrina de Sigmund Freud
Freud Pauline
(1856-1944), sobrina de Sigmund Freud
fuente(85)
Nacida en Freiberg cinco meses después que Sigmund Freud, Pauline era hija
de Emanuel Freud
y hermana de John (1855-?), compañero de juegos de Sigmund. Aparentemente
Pauline padeció
sordera y confusión mental. En una carta a Wilhelm
Fliess, Freud le contó que en su infancia, con Johri, a veces había
tratado cruelmente a la
pequeña.
En 1899, en un artículo titulado "Sobre los recuerdos encubridores---,
narró en parte la historia
de sus relaciones "de a tres", llamando a John y Pauline "primo" y "prima",
y evocando entre
líneas una escena de connotación sexual: dos niños le arrancan
las flores a una niñita que tiene
en la mano un ramo más lindo que el de ellos. Siegfried Bernfeld fue el
primero en señalar, en
1946, que ese artículo contenía un fragmento autobiográfico
sobre Gisela Fluss, y a la vez sobre
la infancia de Freud. El texto fue después comentado por diversos autores,
de manera más o
menos caprichosa. En 1978, Marianne Krüll interpretó el recuerdo como
huella de una escena de
seducción que se habría producido hacia 1859: John y Sigmund, que
entonces tenían poco más
de tres años, habrían intentado "deflorar" a Pauline, o al menos
mirar o tocar su sexo.
Freud Philipp
(1836-1911), medio hermano de Sigmund Freud
Freud Philipp (1836-1911), medio hermano de Sigmund Freud
Freud Philipp
(1836-1911), medio hermano de Sigmund Freud
fuente(86)
Nacido en Tysmenitz, Philipp era el hijo menor de Jacob Freud y su primera mujer,
Sally Freud,
nacida Kanner. Se instaló en Manchester con su hermano Emanuel Freud, donde
se casó en
1873 con Matilda Bloomath, o Bloome (1839-1925), quien le dio dos vástagos:
una hija, Pauline
(1873-1951), que se casaría con Frederick Hartwig, y un hijo, Morris (1876-1938).
Compañero de juegos de Sigmund Freud, John Freud (1855-?), el hijo de Emanuel,
lo llamaba "tío
Philipp". Sigmund Freud hacía lo mismo. Lleno de humor y naturalmente cáustico,
Philipp era a sus
ojos un "hermano malo", al que no atribuía la misma autoridad que a Emanuel.
Un día, Philipp
sorprendió a Monika Zajic, la niñera a la que llamaban Nanie, mientras
estaba robando. La hizo
"encajonar" (poner presa), en el mismo momento en que Amalia Freud daba a luz
a Anna (la
futura Anna Bernays), hermana de Sigmund. Éste sufrió cruelmente
la ausencia de su Nanie,
que coincidía con la imposibilidad de ver a la madre. Buscó a Amalia
(la madre) por todo el
departamento.
Philipp abrió entonces un "cajón", para demostrarle que no estaba
encerrada. En 1897, en su
autoanálisis, Freud analizó ese episodio, explicándole a
Wilhelm Fliess que él había tenido miedo
de que también la madre hubiera sido "encajonada".
En su infancia, Freud sospechó que este hermanastro tenía relaciones
sexuales con su madre,
sólo un año mayor que Philipp. (En efecto, el patriarca, Jacob Freud,
habría podido ser el padre
de su tercera mujer, Amalia, y el abuelo de Sigmund.) En La interpretación
de los sueños Freud
hace una alusión vaga a esta angustia, al narrar un sueño en el
que aparecen un personaje,
Philippe, hijo de un conserje, que le revela la naturaleza del coito, y un objeto,
la Biblia de Ludwig
Philippsohn, antiguo regalo de su padre. En cuanto al tema del "cajón"
como símbolo del vientre
materno, habla de él en Psicopatología de la Oda cotidiana, atribuyendo
la fechoría de la
doméstica "encajonada" a un niño de tres años.
En 1978, Marianne Krüll dio por seguro que Philipp había sido el amante
de su madrastra. Nada
permite demostrarlo.
Morris Freud, hijo de Philipp, emigró a Sudáfrica en 1910, y murió
en un accidente automovilístico.
En cuanto a su hermana, Pauline Hartwig, de sobrenombre Polly, conservó
las cartas que
Sigmund Freud le escribió a su familia de Manchester, y sobre todo a su
sobrino Samuel Freud
(1860-1945), el hijo de Emanuel. El marido de Polly, Frederick, las legó
a la biblioteca de la
Universidad John Rylands.
La hipótesis de un segundo matrimonio de Jacob Freud fue formulada por
primera vez en 1968
por Josef Sajner, y retomada por Marianne Krüll en 1979, a partir de documentos
incuestionables, sin que sea posible precisar los hechos. Se ignora la fecha exacta
del
matrimonio de Jacob con Sally Kanner (de la que tuvo dos hijos, Emanuel, en 1833,
y Philipp, en
1834), así como la de su matrimonio con Rebekka (respecto de la cual no
se sabe lo que ocurrió,
si acaso no murió entre 1852 y 1855).
Lo seguro es que Sigmund Freud ignoró siempre ese segundo matrimonio de
su padre. En 1926,
cuando el psiquiatra peruano Honorio Delgado le envió la obra biográfica
que acababa de
publicar sobre él, y en la cual mencionaba los tres matrimonios del padre,
Freud le pidió que
corrigiera "el error": "Mi padre sólo se casó dos veces, y no tres".
En 1979, Marie Balmary se entregó a frágiles especulaciones que
intentaron "cristianizar" el
destino de Freud en su relación con el padre. Balmary descubría
-Una supuesta "falta oculta" de
este último. Inventó que Rebekka se había suicidado saltando
de un tren, y que Amalia
Nathanson, la madre de Sigmund, ya estaba encinta al casarse con Jacob, el 29
de julio de 1855.
Para fundamentar esta hipótesis se basó en el rumor de que Sigmund
Freud habría corregido la
fecha de su nacimiento: el 6 de mayo en lugar del 6 de marzo. Ahora bien, Sigmund
Freud nació
realmente el 6 de mayo de 1856, y nunca tergiversó esa fecha, como pudo
establecerlo Renée
Gicklhorn en 1969.
Freud Sally, nacida
Kanner, primera esposa de Jacob Freud, madre política de Sigmund Freud
Freud Sally, nacida Kanner, primera esposa de Jacob Freud, madre política
de
Sigmund Freud
Freud Sally
Nacida Kanner, primera esposa de Jacob Freud, madre
política de Sigmund Freud
fuente(87)
De Sally Kanner sólo se sabe que se casó con Jacob Freud a mediados
del año 1832, cuando él
no tenía aún 17 años. Emanuel Freud, su primer hijo, nació
poco después de ese matrimonio, y el
segundo, Philipp Freud, un año y medio después. A continuación
llegaron otros dos hijos, un
varón y una niña, que murieron en la primera infancia.
Freud Schiomo
Sigismund, llamado Sigmund (1856-1939). Médico vienés, fundador
del
psicoanálisis
Freud Schiomo Sigismund, llamado Sigmund (1856-1939). Médico vienés,
fundador
del psicoanálisis
Freud Schiomo Sigismund
Llamado Sigmund (1856-1939)
Médico vienés, fundador del psicoanálisis
fuente(88)
Sobre Sigmund Freud se han escritos centenares de obras en todo el mundo, y se
le han
dedicado algunas decenas de biografías, desde la de Fritz Wittels hasta
la de Peter Gay,
pasando por las de Lou Andreas-Salomé, Thomas Mann, Siegfried Bernfeld,
Ernest Jones, Ola
Andersson, Henri F. Ellenberger, Max Schur, Kurt Eissler, Didier Anzieu y Carl
Schorske. En
cuanto a su obra, traducida a una treintena de idiomas, la componen veinticuatro
libros
propiamente dichos (dos en colaboración: uno con Josef Breuer y el otro
con William Bullitt), y
ciento veintitrés artículos. A este conjunto hay que añadir
prefacios, notas necrológicas,
intervenciones diversas en congresos y contribuciones a enciclopedias. En este
diccionario
catalogamos los veinticuatro libros.
Kurt Eissler ha estimado en quince mil las cartas escritas por Freud, y aproximadamente
en diez
mil las depositadas en la Library of Congress: se han perdido aproximadamente
cinco mil piezas.
El historiador alemán Gerhard Fichtner propuso otras cifras. Según
él, Freud habría escrito
aproximadamente veinte mil cartas. Diez mil habrían sido destruidas o se
habrían extraviado,
cinco mil se conservaron, y cinco mil tendrían que encontrarse en el siglo
XXI: diez mil en total.
Observemos que el propio Freud destruyó, perdió o extravió
una parte de las cartas recibidas de
sus corresponsales, sobre todo las de Wilhelm Fliess.
Se han publicado tres mil doscientas cartas de Freud, entre ellas las dirigidas
a Eduard
Silberstein, Wilhelm Fliess, Lou Andreas-Salomé, Ernest Jones, Carl Gustav
Jung, Sandor
Ferenczi, Romain Rolland, Arnold Zweig, Stefan Zewig, Edoardo Weiss, Oskar Pfister
(expurgadas), Karl Abraham (expurgadas).
Hay dos ediciones completas de la obra de Freud en alemán. Una en vida
del autor, los
Gesammelte Schrffiten, y la otra después de su muerte, las Gesammelte
Werke (GW),
publicadas primero en Londres, y después en Francfort. Las GW se
han convertido en la
edición de referencia en el mundo entero, complementadas con otros dos
volúmenes: un índice,
y un tomo de suplementos (Nachtragsband) realizado por Angela Richard
e llse Grubricli-Sirnitis.
A esto hay que añadir una edición llamada de estudio, la Studienalisgabe,
iniciada por Alexander
Mitscherlich, y compuesta por textos escogidos. A pesar de todos los esfuerzos
de Mitscherlich
e llse Grubrich-Simitis, en Alemania no ha podido ver la luz ninguna edición
"crítica" de las GW
(con notas, comentarios, presentaciones, etcétera).
La edición inglesa, realizada por James Strachey con el título de
Standard Edition qf the
Complete Psychological Works of Sigmund Freud (SE), es la única edición
crítica de la obra de
Freud. Por ello, más aún que las Gesaminelte Werke, se le
atribuye autoridad en el mundo
entero.
En razón de la oposición de los herederos (Ernst Freud y Anna Freud),
ninguno de los textos de
Freud anteriores a 1886 forma parte de las diversas ediciones de las obras completas.
Ahora
bien, en ese período llamado prepsicoanalítico, que se extiende
desde 1877 hasta 1886, Freud
publicó veintiún artículos sobre temas diversos: neurología,
medicina, histología, cocaína,
etcétera. Esos artículos fueron inventariados en 1973 por Roger
Dufresne.
En 1967, Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis aislaron aproximadamente noventa
conceptos
estrictamente freudianos en el seno de un vocabulario psicoanalítico compuesto
por
cuatrocientos treinta términos. Esos conceptos fueron objeto de revisiones
múltiples, realizadas
por los grandes teóricos y clínicos del freudismo: Sandor Ferenczi,
Melanie Klein, Jacques
Lacan:, Donald Woods Winnicott, Heinz Kohut, y otros.
Observernos que Freud publicó cinco grandes historiales clínicos,
que fueron comentados o
revisados por sus sucesores: Ida Bauer (Dora), Herbert Graf (Juanito), Ernst Lanzer
(el Hombre
de las Ratas), Daniel Paul Schreber, Serguei Constantinovich Pankejeff (el Hombre
de los Lobos).
Según el cuadro de las filiaciones establecido por Ernst Falzeder en 1994,
Freud formó en el
análisis didáctico a más de sesenta profesionales, en su
mayoría alemanes, austríacos,
ingleses, húngaros, holandeses, norteamericanos, suizos, a los cuales habría
que añadir los
pacientes cuya identidad se ignora.
Fue sin duda Stefan Zweig quien, en 1942, trazó uno de los retratos más
realistas de Freud: "No
se podría imaginar un ser de espíritu más intrépido.
Instante tras instante, Freud se atrevía a
expresar lo que pensaba, aun cuando sabía que inquietaba y perturbaba con
sus declaraciones
claras e inexorables; nunca trató de hacer menos difícil su posición
recurriendo a concesiones,
así fueran mínimas o puramente formales. Estoy convencido de que
Freud habría podido exponer
las cuatro quintas partes de sus teorías sin encontrar ninguna resistencia
de la universidad, si
hubiera estado dispuesto a cubrirlas prudentemente, a decir «erótico» en
lugar de «sexual»,
«Eros» en lugar de «libido», y no ir siempre al fondo de las cosas, sino limitarse
a sugerirlas.
Pero cuando se trataba de su enseñanza y de la verdad, no abandonaba la
intransigencia;
cuanto más firme era la resistencia, más se afirmaba él en
su resolución. En los momentos en
que busco un símbolo del coraje moral (el único heroísmo
del mundo que no exige víctimas), veo
siempre ante mí el hermoso rostro de Freud con su claridad masculina, sus
ojos oscuros y la
mirada directa y viriV'
Nacido en Freiberg, Moravia (o Pribor, en la República Checa), el (a de
mayo de 1856, recibió
como nombres de pila SchIomo (Salomón) Sigismund. Era el hijo de Amalia
Freud y Jacob Freud,
el mayor del tercer matrimonio del padre, comerciante en lana y textiles. Del
primer matrimonio de
Jacob con Sally Freud, Sigmund tenía dos hermanos: Emanuel Freud y Philipp
Freud. Del
matrimonio de Jacob y Amalia nacerían siete hijos más: Julius, Anna,
Debora (Rosa), Marie
(Mitzi), Adolfine (Dolfi), Pauline (Paula) y Alexander.
Circuncidado poco después de nacer, el joven Sigmund recibió una
educación judía no
tradicionalista y abierta a la filosofía de las Luces. La madre, que lo
llamaba "mi Sigi de oro", lo
adoraba, y también lo amaba el padre, que le transmitió los valores
del judaísmo clásico. Él sentía
un afecto particular por su nodriza checa y católica, Monika Zajic, llamada
Nannie, que lo llevaba
a visitar iglesias, le hablaba del "buen Dios" y le reveló un mundo distinto
del mundo del judaísmo
y la judeidad. Sin duda, ella desempeñó también un papel
en su aprendizaje de la sexualidad.
En octubre de 1959 Jacob dejó Freiberg, donde sus negocios declinaban debido
a la introducción
del maquinismo y el desarrollo de la industrialización. Se instaló
entonces en Leipzig, esperando
encontrar en esa ciudad mejores condiciones para el comercio de textiles. Emanuel
y Philipp, por
su lado, emigraron a Manchester. Un año después, sin haber podido
mejorar su mala situación
económica, Jacob decidió establecerse en Leopoldstrasse, el barrio
judío de Viena. Entre 1865 y
1873 el joven Sigmund asistió al Realgymnasium, y después al Obergymnasium,
donde conoció a
Eduard Silberstein, con el cual mantuvo su primera gran correspondencia intelectual,
sobre todo
a propósito de Franz Brentano. En esa época se enamoró de
Gisela Fluss, hija de un
comerciante amigo de su padre. Más tarde se hizo amigo de Heinrich Braun
(1854-1927), quien
suscitó en él un interés por la política (más
tarde, Braun se orientó hacia el socialismo).
En el otoño de 1873 Freud comenzó sus estudios de medicina. Lo apasionó
la ciencia positiva, y
sobre todo la biología darwiniana (que le serviría de modelo en
todos sus trabajos). En 1874
pensó en viajar a Berlín para asistir a los cursos de Hermann von
Helmholtz. Un año después,
impulsado por Carl Claus, su profesor de zoología, obtuvo una beca que
le permitió estudiar en
Trieste la vida de las anguilas macho de río. Publicado en 1877, ese texto
demuestra que Freud
trabajaba en la elaboración de una teoría del funcionamiento específico
de las células nerviosas
(las futuras neuronas), teoría cuyas huellas se encontrarán en el
"Proyecto de psicología" de
1895.
Después de esa experiencia, Freud pasó del instituto de zoología
al de fisiología, para
convertirse en alumno de Ernst Wilhelm von Brücke, eminente representante
de la escuela
antivitalista fundada por Helmholtz. En ese instituto, donde permaneció
seis años, se vinculó con
Josef Breuer. Entre 1879 y 1880, obligado a pedir licencia para cumplir con su
servicio militar, se
distrajo traduciendo cuatro ensayos de John Stuart Mill (1806-1873), bajo la dirección
Theodor
Gomperz (1832-1912), escritor y helenista austríaco, responsable de la
publicación alemana de
las obras completas de ese filósofo inglés, teórico del liberalismo
político.
En 1882, después de haberse recibido, se comprometió con Martha
Bernays (Martha Freud),
quien sería su mujer. Por razones económicas, renunció entonces
a la carrera de investigador, y
decidió ejercer la medicina. Los tres años siguientes trabajó
en el Hospital General de Viena,
primero en el servicio de Hermann Nothnagel, y después con Theodor Meynert.
Allí conoció a
Nathan Weiss (1851-1883), y cuando ese nuevo amigo se suicidó, ahorcándose,
Freud quedó
profundamente conmovido: "Su vida -le escribió a Martha- parece haber sido
la de un personaje
de novela, y su muerte una catástrofe inevitable".
Soñando con lograr celebridad y dejar de ser pobre para poder casarse,
creyó descubrir las
virtudes de la cocaína, y la administró a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow,
afectado de una
enfermedad incurable. No advirtió la dependencia inducida por la droga,
e ignoró su acción
anestésica, que iba a ser descubierta por Carl Koller.
En 1885, designado Privatdozent en neurología, Freud obtuvo una
beca para viajar a París. Ardía
en deseo de conocer a Jean Martin Charcot, cuyas experiencias sobre la histeria
lo fascinaban.
Esa primera estada en Francia marcó el inicio de la gran aventura científica
que lo llevaría a la
creación del psicoanálisis. En el teatro Saint-Martin, Freud asistió
maravillado a la representación
de una obra de Victorien Sardou interpretada por Sarah Bernhardt: Nunca una actriz
me ha
hecho dudar tan poco, yo estaba dispuesto a creer todo lo que ella dijera". Después
de París, se
dirigió a Berlín, donde siguió la enseñanza del pediatra
Adolf Baginsky.
De retorno en Viena, inició la práctica privada, abriendo su consultorio
en la Rathausstrasse.
Tres tardes por semana trabajaba también como neurólogo en la clínica
Steindlgasse, primer
instituto público de pediatría dirigido por el profesor Max Kassowitz
(1842-1913). En septiembre
de 1886 se casó con Martha, y el 15 de octubre dio una conferencia sobre
la histeria masculina
en la sociedad de médicos, donde tuvo una acogida glacial: no en razón
de sus tesis
(etiológicas), según él dijo más tarde, sino porque
le atribuyó a Charcot la paternidad de ideas ya
conocidas por los médicos vieneses.
En 1887, un mes después del nacimiento de su hija Mathilde (Hollitscher),
Freud conoció a
Wilhelm Fliess, brillante médico judío berlinés que realizaba
amplias investigaciones sobre la
fisiología y la bisexualidad. Ése fue el comienzo de una larga amistad
y una excepcional
correspondencia íntima y científica. A pesar de haber realizado
varios intentos, Fliess nunca
logró curar a Freud de su pasión por el tabaco: "Comencé
a fumar a los 24 años -escribió en
1929-, primero cigarrillos y muy pronto exclusivamente cigarros [ ... ]. Estimo
que le debo al
cigarro un gran crecimiento de mi capacidad de trabajo y un mejor dominio de mí
mismo."
En septiembre de 1891, Freud se instaló en un departamento ubicado en 19
Berggasse. Allí
permaneció hasta su exilio en 1938, rodeado de sus seis hijos (Mathilde,
Martin, Oliver, Ernst,
Sophie Halberstadt y Anna) y su cuñada Minna Bernays. En su práctica
se ocupaba
esencialmente de mujeres de la burguesía vienesa calificadas de .'enfermas
nerviosas" y
afectadas de trastornos histéricos. Dejando de lado el nihilismo terapéutico
tan corriente en el
ambiente médico vienés de la época, trataba ante todo de
atender y curar a sus pacientes,
aliviarlas de sus sufrimientos psíquicos. Durante un año utilizó
los métodos terapéuticos
aceptados en la época: masajes, hidroterapia, electroterapia. Pero pronto
constató que esos
tratamientos no tenían ningún efecto. Empezó entonces a emplear
la hipnosis, inspirándose en
los métodos de sugestión de Hippolyte Bernheim, a quien visitó
en ocasión del primer congreso
internacional de hipnotismo realizado en París en 1889. En 1891 publicó
una monografía, "Sobre
la concepción de las afasias", en la cual se basaba en las tesis de Hughlings
Jackson para
proponer una comprensión funcional, y no sólo neurofisiológica,
de los trastornos del lenguaje.
Reemplazaba la doctrina de las localizaciones cerebrales" por la del asociacionismo,
preparando
el camino para la definición de un "aparato psíquico" tal como se
lo encuentra en la
metapsicología: lo formuló por primera vez en 1896 y postuló
sus fundamentos en el capítulo VII
de La interpretación de los sueños.
Trabajando junto a Breuer, Freud abandonó progresivamente la hipnosis en
beneficio de la
catarsis, y después creó el método de la asociación
libre, para desembocar en el psicoanálisis:
la palabra fue empleada por primera vez en 1896, y su creación se atribuye
a Breuer. En 1897,
sobre la base de un informe favorable de Nothnagel y Richard von Kraffi-Ebing,
Freud fue
propuesto para recibir el título prestigioso de profesor extraordinario.
Su designación fue
ratificada por el emperador Francisco José el 5 de marzo de 1902.
Contrariamente a muchos intelectuales vieneses marcados por el "auto-odio judío",
Freud, judío
infiel e incrédulo, hostil a todos los rituales y a la religión,
nunca renegó de su judeidad. Como lo
ha subrayado Manes Sperber, siguió siendo un "judío consciente,
que nunca disimulaba su
origen ante nadie; por el contrario, lo proclamaba con dignidad, a menudo con
orgullo. Muchas
veces dijo que detestaba a Viena y que se sentía liberado siempre que se
alejaba de esa ciudad
en la que había crecido y a la que debía seguir ligado por vínculos
indestructibles. Su conciencia
de la identidad judía no se eclipsó nunca, porque su origen no fue
jamás para él una fuente de
sentimientos de inferioridad, aunque le creara problemas y le causara dificultades
adicionales,
sobre todo en su vida profesional"
En el marco de su amistad con Fliess se produjeron varios acontecimientos principales
de la vida
de Freud: su autoanálisis, la derivación de una paciente (Emma Ekstein),
la publicación de un
primer gran libro, Estudios sobre la histeria, en el que se relataban varias
historias de mujeres
(Bertha Pappenheim, Fanny Moser, Aurelia Ohm, Anna von Lieben; Lucy, Elisabeth
von R.,
Mathilde H., Rosalie H.), y finalmente el abandono de la teoría de la seducción,
según la cual toda
neurosis se podría explicar por un trauma real. Esta renuncia, fundamental
para la historia del
psicoanálisis, se produjo el 21 de septiembre de 1897. Freud se la comunicó
a Fliess en un tono
enfático, en una carta que iba a hacerse célebre: "Ya no creo en
mi neurótica".
Comenzó entonces a elaborar su teoría del fantasma, y después
concibió una nueva teoría del
sueño y del inconsciente, centrada en la represión y el complejo
de Edipo. Su interés por la
tragedia de Sófocles fue contemporáneo de su pasión por Hamlet.
En efecto, Freud era un gran
lector de literatura inglesa, y se nutrió particularmente en la obra de
Shakespeare:---Unaidea me
ha cruzado por la mente -le escribió a Fliess en 1897-, la de que el conflicto
edípico puesto en
escena en el Oedilnis Rex de Sófocles podría estar también
en el corazón de Hamlet. No creo
en una intención consciente de Shakespeare, sino más bien que un
acontecimiento real impulsó
al poeta a escribir ese drama, y que su propio inconsciente le permitió
comprender el
inconsciente de su héroe."
Después de 1926, y a pesar de una larga discusión con James Strachey,
Freud terminó por
ceder a la creencia de que Shakespeare no era el autor de su obra. Este tema del
desplazamiento de la atribución de una paternidad o de una identidad fue
retomado varias veces
por Freud, sobre todo en Moisés Y la religión monoteísta,
donde convierte a Moisés en un
egipcio.
De la nueva teoría del inconsciente nacerá un segundo gran libro,
publicado en noviembre de
1899, La interpretación de los sueños, donde se narra el
sueño de Ia inyección a Irma---, que se
produjo cuando Freud se encontraba en Bellevue, en julio de 1895, en un pequeño
castillo de los
bosques de Viena: -¿Crees tú -le escribió a Fliess el 12 de junio
de 1900-, que algún día habrá
en esta casa una placa de mármol en la que podrá leerse: «En esta
casa, el 24 de julio de 1895
le fue revelado el misterio del sueño al doctor Sigmund Freud»? Hasta hoy,
tengo pocas
esperanzas."
Entre 1901 y 1905, Freud publicó su primer caso clínico (Dora),
y otras tres obras:
Psicopatologia de la vida cotidiana (1901), El chiste , N, su
relación con lo inconsciente (
1905), y Tres ensayos de teoría sexual (1905). En 1902, con
Alfred Adler, Wilhelm Stekel, Max
Kahane (1866-1923) y Rudolf Reitler (1865-1917), fundó la Sociedad Psicológica
de los
Miércoles, primer círculo de la historia del freudismo. En los años
que siguieron, numerosas
personalidades del mundo vienés se unieron al grupo: Paul Federn, Otto
Rank, Fritz Wittels, Isidor
Sadger. En el curso de esas reuniones, él elaboró la idea de una
posible aplicación del
psicoanálisis a todos los ámbitos del saber: la literatura, la antropología,
la historia, etcétera. El
propio Freud defendió la ideadel psicoanálisis aplicado, publicando
una fantasía literaria: El
delirio y los sueños en la "Gradiva" de Jensen ( 1907).
En 1907 y 1908, el círculo de los primeros discípulos freudianos
se amplió aún más con la
adhesión al psicoanálisis de Hamis Sachs, Sandor Ferenczi, Karl
Abraham, Ernest Jones,
Abraham Arden Brill y Max Eitingon.
Durante el primer cuarto de siglo, la doctrina freudiana se implantó en
varios países: Gran
Bretaña, Hungría, Alemania, la Costa Este de los Estados Unidos.
En Suiza se produjo un hecho
principal en la historia del movimiento psicoanalítico: Eugen Bleuler,
médico jefe de la Clínica del
Burghölzli en Zurich, comenzó a aplicar el método psicoanalítico
al tratamiento de las psicosis,
mientras elaboraba la noción de esquizofrenia. De tal modo se abrió
una nueva -tierra prometida-
a la doctrina freudiana: en adelante ella pudo incorporarse también al
saber psiquiátrico, y tratar
de solucionar el enigma de la locura humana.
El 3 de marzo de 1907, Carl Gustav Jung, alumno y asistente de Bleuler, viajó
a Viena para
encontrarse con Freud. Después de una entrevista de varias horas, ese nuevo
maestro vienés
lo conquistó. Jung fue el primer discípulo no judío de Freud.
En 1909, por invitación de Grandville Stanley Hall, Freud, en compañía
de Jung y Ferenczi, viajó a
los Estados Unidos, para dar cinco conferencias en la Clark University de Worcester,
Massachusetts. Esas conferencias fueron reunidas y publicadas con el título
de Cinco
conferencias sobre psicoanálisis. A pesar del encuentro fructífero
con James Jackson Putnam
y de un éxito considerable, Freud no apreciaba mucho al continente americano.
Durante toda su
vida desconfió del espíritu pragmático y puritano de los
Estados Unidos, un país que acogió sus
ideas con un entusiasmo ingenuo y desconcertante.
En vista del antisemitismo, y temiendo que el psicoanálisis fuera asimilado
a una "ciencia judía",
Freud decidió "desjudaizarlo", ubicando a Jung a la cabeza del joven movimiento.
Después de un
primer congreso que reunió en Salzburgo, en 1908, a todas las sociedades
locales, él creó con
Ferenczi, en Nuremberg, en 19 10, una asociación internacional: la Internationale
Psychoanalytische Vereinigung (IPV). En 1933 fue abandonada la sigla alemana.
La IPV se
convirtió entonces en la International Psychoanalytical Association (IPA).
Entre 1909 y 1913 Freud publicó otras dos obras: Un recuerdo infantil
de Leonardo da Vinci
(1910) y Tótem , y tabú (1912-1913). A partir de 1910 la
expansión del movimiento se tradujo en
disidencias en las que estaban en juego disputas personales y a la vez cuestiones
teóricas y
clínicas. Las rivalidades narcisistas se mezclaban con críticas
sobre la duración de las curas, la
cuestión de la transferencia y la contratransferencia, el lugar de la sexualidad
y la definición del
inconsciente. En 1911 Adler y Stekel se separaron del grupo freudiano. Dos años
más tarde,
Jung y Freud interrumpieron toda relación entre ellos. Freud, que no soportaba
las desviaciones
respecto de su doctrina, publicó en vísperas de la Primera Guerra
Mundial un verdadero
panfleto, -Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico---,
en el cual denunció las
traiciones de Jung y Adler. Después creó un Comité Secreto,
compuesto por sus mejores
paladines, entre los cuales distribuyó un anillo de fidelidad.
Lejos de impedir las disidencias, esta iniciativa generó nuevas disputas.
Apoyados por Jones,
los berlineses (Abraham y Eitingon) preconizaban la ortodoxia institucional, mientras
que los
austro-húngaros (Rank y Ferenczi), se interesaban más por las innovaciones
técnicas. Una
nueva disidencia marcó también la historia de ese primer freudismo:
la de Wilhelm Reich.
Alrededor de 1930, el fenómeno de la disidencia fue reemplazado por el
de las escisiones,
característico de la transformación del psicoanálisis en
un movimiento de masas. En adelante se
enfrentaron grupos, y no ya los discípulos o los pioneros en rivalidad
con su maestro. Aislado en
Viena, pero célebre en todo el mundo, Freud continuó su obra sin
poder controlar la política de
su movimiento. Entre 1919 y 1933, la IPA se transformó en una verdadera
máquina burocrática,
encargada de regular todos los problemas técnicos relativos a la formación
de los
psicoanalistas.
Al final de la Primera Guerra Mundial, con la aparición de las neurosis
de guerra, se reinició la
discusión sobre el carácter traumático de las afecciones
psíquicas. Freud se vio entonces
enfrentado a su viejo rival Julius Wagner-Jauregg, acusado de haber sometido a
inútiles
tratamientos eléctricos a soldados a los que se le atribuía simulación.
En ese debate Freud
intervino de manera magistral para demostrar la superioridad del psicoanálisis
sobre todos los
otros métodos.
Con el derrumbamiento del Imperio Austro-Húngaro, Berlín se convirtió
en la capital del freudismo,
según lo atestiguan la creación del Berliner Psychoanalytisches
Institut (BPI) y las numerosas
actividades del Instituto de Francfort en torno a Otto Fenichel y la "izquierda
freudiana". Mientras
que a Viena afluían los norteamericanos para formarse en el diván
del maestro, éste tomó en
análisis a su propia hija, Anna Freud. Anna no tardaría en convertirse
en jefe de escuela y
oponerse a Melanie Klein, su principal rival en el dominio del psicoanálisis
de niños. En este
sentido, la oposición entre la escuela inglesa y la escuela vienesa, que
se desarrolló en la IPA a
partir de 1924, y que giraba en torno a la cuestión de la sexualidad femenina,
puso de manifiesto
el lugar cada vez más importante que ocupaban las mujeres en el movimiento
psicoanalítico. En el
corazón de esa polémica, Freud mantuvo su teoría de la libido
única y del falocentrismo, pero sin
mostrarse misógino. Apegado en su vida privada a una concepción
burguesa de la familia
patriarcal, en sus amistades con las mujeres intelectuales adoptaba sin embargo
una actitud
perfectamente cortés, moderna e igualitaria. Por su doctrina y su lugar
de terapeuta, desempeñó
un papel en la emancipación de las mujeres.
En la década de 1920, Freud publicó tres obras fundamentales, a
través de las cuales definió su
segunda tópica y reestructuró totalmente su teoría del inconsciente
y del dualismo pulsional: Más
allá del principio de placer (1920), Psicología de masas
- y análisis del yo (1921), y El yo y el
ello (1923). Este movimiento de refundición conceptual ya había
comenzado en 1914, con la
publicación de un artículo dedicado a la
cuestión del narcisismo. Se había confirmado en 1915, con la elaboración
de una metapsicología
y la aparición de un ensayo sobre la guerra y la muerte, en el cual Freud
subrayaba la necesidad
que tiene el sujeto de "organizarse con vistas a la muerte a fin de soportar mejor
la vida". De tal
refundición, centrada en la dialéctica de la vida y la muerte, y
en una acentuación de la oposición
entre el yo y el ello, nacerán las diferentes corrientes del freudismo
moderno: el kleinismo, la Ego
Psychology, la Self Psychology, el lacanismo, el annafreudismo, los
Independientes.
Para postular la existencia de una pulsión de muerte, Freud revaloriza
dos grandes figuras de la
mitología griega: Eros y Tánatos. Esta revisión de la doctrina
original se produjo en un momento
en que la sociedad vienesa, ya obsesionada por su propia muerte desde fines de
siglo, enfrentó
la negación absoluta de su identidad: la Austria de esa época, como
lo ha subrayado Stefan
Zweig, no era ya en el mapa de Europa más que "una luz crepuscular", una
"sombra gris,
incierta y sin vida de la antigua monarquía imperial".
En febrero de 1923 Freud descubrió en el lado derecho de su paladar un
pequeño tumor que
debió ser extirpado de inmediato. En un primer momento, Felix Deutsch,
su médico, le ocultó la
naturaleza maligna de ese tumor. Freud se malquistó con él. Seis
meses más tarde, Hans Pichler,
cirujano vienés, procedió a una intervención radical: la
resección parcial de los maxilares y de la
parte derecha del paladar. Después, bajo el control de Max Schur, Freud
debió soportar treinta y
una operaciones. Se vio obligado a llevar una prótesis, a la que llamaba
"el monstruo": "Con su
paladar artificial -escribió Zweig-, era visible que le costaba hablar
[ ...]. Pero no abandonaba a
sus interlocutores. Su alma de acero ponía una ambición particular
en demostrar a sus amigos
que su voluntad seguía siendo más fuerte que los tormentos mezquinos
que le infligía el cuerpo
[... ]. Éste era un combate terrible, y cada vez más sublime, a
medida que se prolongaba. Cada
vez, que yo volvía a verlo, la muerte había arrojado una sombra
más nítida sobre su rostro [ ... ].
Un día, en una de mis últimas visitas, llevé conmigo a Salvador
Dalí, para mí el pintor más dotado
de la joven generación, que tenía por Freud una veneración
extraordinaria. Mientras yo hablaba,
él hizo un dibujo. Nunca tuve el valor de mostrárselo a Freud, pues
Dalí, con su clarividencia,
había ya figurado la muerte en la obra."
La enfermedad no le impidió a Freud continuar con sus actividades, pero
lo mantuvo alejado de
los asuntos del movimiento psicoanalítico, y fue Jones quien presidió
los destinos de la IPA a
partir de 1934, fecha en la que Max Eitingon se vio obligado a abandonar Alemania.
Apasionado de la telepatía, Freud, entre 1921 y 1933, no vaciló
en entregarse con Ferenczi a
experiencias llamadas "ocultas" que iban en dirección opuesta a la política
de Jones, quien
apuntaba a darle al psicoanálisis una base racional, científica
y médica. En 1926, a continuación
de un proceso seguido a Theodor Reik, Freud asumió vigorosamente la defensa
de los
psicoanalistas no médicos, publicando ¿Pueden los legos ejercer el análisis?
Al año siguiente
mantuvo una polémica con su amigo Oskar Pfister, al publicar El porvenir
de una ilusión, obra en
la que comparaba la religión con una neurosis. Finalmente, en 1930, con
El malestar en la
cultura, examinó la capacidad de las sociedades democráticas
modernas para dominar las
pulsiones destructivas que llevan a los hombres a perderse. Dos años más
tarde, en un
intercambio epistolar con Albert Einstein (1879-1955), subrayó que el desarrollo
de la cultura es
siempre un modo de trabajar contra la guerra. Entre 1929 y 1939 llevó una
crónica de sus
entrevistas (Kürzeste Chronik, crónica mínima) que iba
ser publicada por Michael Molnar en
Londres, en 1992.
Cada vez más pesimista sobre el futuro de la humanidad, Freud no se hacía
ninguna ilusión
acerca de la manera en que el nazismo trataba a los judíos y al psicoanálisis:
"Como un hombre
verdaderamente humanitario -escribió Zweig-, estaba profundamente conmovido,
pero el
pensador no se sorprendía en absoluto de la espantosa irrupción
de la bestialidad". No obstante,
el día siguiente al incendio del Reichstag decidió con Eitingon
mantener la existencia del BPI.
Aunque no aprobaba la política de "salvamento" del psicoanálisis
preconizada por Jones,
cometió el error de privilegiar la lucha contra los disidentes (Reich y
los adierianos), en lugar de
rechazar cualquier compromiso con Matthias Heinrich Göring, lo que habría
llevado a suspender
todas las actividades psicoanalíticas desde la llegada de Hitler al poder.
No obstante, en marzo de 1938, en el momento de la invasión de Austria
por las tropas
alemanas, Richard Sterba actuó en otro sentido; decidió rechazar
la política de Jones y no crear
en Viena un instituto "arianizado" según el modelo del de Göring en
Berlín. Se tomó entonces la
decisión de disolver la Wiener Psychonalytische Vereinigung (WPV) y llevarla
a "donde Freud
resida". Gracias a la intervención del diplomático norteamericano
William Bullitt (1891-1967) y a
un rescate pagado por Marie Bonaparte, Freud pudo abandonar Viena con su familia.
En el
momento de partir lo obligaron a firmar una declaración en la cual afirmaba
que ni él ni sus
allegados habían sido importunados por los funcionarios del Partido Nacionalsocialista.
En
Londres se instaló en una hermosa casa de 20 Maresfield Gardens, futuro
Freud Museum. Allí
redactó su última obra, Moisés y la religión monoteísta.
No llegó a conocer la suerte reservada
por los nazis a sus cuatro hermanas, exterminadas en campos de concentración.
A principios del mes de septiembre de 1939 escuchaba radio todos los días.
A quienes a su
alrededor le preguntaron si ésa sería la última guerra, él
respondió simplemente: "Mi última
guerra". Inició entonces la lectura de La piel de Zapa, de Honorato
de Balzac (1799-1850): "Es
precisamente lo que necesito -dijo-; este libro habla de encogimiento y muerte
por inanición". El
21 de septiembre tomó la mano de Max Schur y le recordó lo que habían
convenido en su primer
encuentro: "Usted me prometió entonces que no me abandonaría cuando
llegara el momento.
Ahora, esto es sólo una tortura, y ya no tiene sentido." Después
añadió: "Háblele de esto a
Anna, y si ella piensa que es justo, terminemos". Consultada, Anna quiso posponer
el instante
fatal, pero Schur insistió, y ella aceptó su decisión. Le
aplicó a Freud tres inyecciones
espaciadas de tres centigramos de morfina. El 23 de septiembre, a las tres de
la madrugada,
después de dos días de coma, el anciano se extinguió apaciblemente:
"Fue la conclusión sublime
de una vida sublime -escribió Zweig-, una muerte memorable en medio de
la hecatombe de esa
época asesina. Y cuando nosotros, sus amigos, depositamos su féretro,
sabíamos que
abandonábamos a la tierra inglesa lo que nuestra patria tenía de
mejor."
Las cenizas de Freud reposan en el crematorio de Golder's Green.
Freud Sigmund. Médico
austríaco
Freud Sigmund. Médico austríaco
Freud Sigmund
Médico austríaco
fuente(89)
(Freiberg, hoy Pribor, Moravia 1856 - Londres 1939).
Con el descubrimiento del psicoanálisis, Freud inaugura un nuevo discurso
que procura dar un
estatuto científico a la psicología. En realidad, lejos de agregar
un capítulo nuevo al dominio de
las ciencias llamadas positivas, introduce una ruptura radical con lo que después
se llamará las
ciencias humanas y también con lo que constituía hasta entonces
el centro de la reflexión
filosófica, es decir, la relación del hombre con el mundo.
Algunos elementos biográficos. Se tiende a creer que el psicoanálisis
ha renovado el interés
tradicionalmente atribuido a los acontecimientos de la existencia para comprender
o interpretar el
comportamiento y las obras de los hombres excepcionales. Esto no es así,
y Freud es
categórico al respecto: «Quien quiere hacerse biógrafo se compromete
con la mentira, con el
disimulo, con la hipocresía, e incluso con el disimulo de su incomprensión,
pues la ver -dad
biográfica no es accesible, y si lo fuera, uno no podría servirse
de ella» (carta a A. Zweig, autor
de La confusión de los sentimientos, del 31 de mayo de 1936).
Freud nació en una familia de comerciantes judíos bastante acomodados.
Siempre se señala la
complejidad de las relaciones intrafamiliares. Su padre, Jakob Freud, se había
casado por
primera vez a los diecisiete años y había tenido dos hijos, Emmanuel
y Philippe. Viudo, se vuelve
a casar con Amalia Nathanson, que tiene veinte años, edad del segundo hijo
de Jakob. Freud
será el mayor de los ocho hijos del segundo matrimonio de su padre y su
compañero de juegos
preferido, apenas un año mayor que él, es su sobrino. Cuando tiene
tres años, la coyuntura
económica provoca una caída de los ingresos familiares y la familia
debe dejar Freiberg para
instalarse en Viena, donde nunca volverá a encontrar la holgura anterior.
Esta partida será
siempre dolorosa para Freud. Un punto que él mismo destacó merece
ser recordado: el amor sin
desfallecimientos que su madre le dedicó siempre, al que atribuyó
la confianza y la seguridad de
las que dio pruebas en todas las circunstancias. Fue muy buen alumno durante sus
estudios
secundarios y, sin una vocación particular, se puso a estudiar medicina.
Dos cosas deben
destacarse: una ambición precozmente formulada y reconocida y «la aspiración
de aportar algo,
durante su vida, al conocimiento de la humanidad» (Sobre la psicología
del colegial, 1914). Su
curiosidad, «que apuntaba más a las cuestiones humanas que a las cosas
de la Naturaleza»
(Presentación autobiográfica, 1925), lo lleva a seguir al
mismo tiempo, durante tres años, las
conferencias de F. Brentano, varias de ellas dedicadas a Aristóteles. En
1880 publica la
traducción de varios textos de J. S. Mill: Sobre la emancipación
de la mujer Platón, La cuestión
obrera, El socialismo. En setiembre de 1886, después de un
noviazgo de varios años, desposa
a Martha Bernays, de la que tendrá cinco hijos. En 1883 es nombrado
privatdozent (profesor
libre, dictante de conferencias), y en 1902, profesor honorario. A pesar
de la hostilidad y las
dificultades de toda índole, Freud rehusará siempre dejar Viena.
Sólo bajo la presión de sus
alumnos y amigos, y tras el Anschluss de marzo de 1938, se decide
al fin, dos meses después,
a partir para Londres.
El neurólogo. En 1876, después de cursar tres años
de estudios médicos, Freud ingresa en el
Instituto de Fisiología dirigido por E. Brücke. Su primera publicación
aparece en 1877: Sobre el
origen de las raíces nerviosas posteriores en la médula espinal
del amocetes (Petrornyzon
planeri); la última, concerniente a La parálisis cerebral infantil,
es de 1897. En el lapso de esos
veinte años, pueden contarse cuarenta artículos (fisiología
y anatomohistología del sistema
nervioso).
El trabajo de Freud sobre la afasia (Una concepción de la afasia, estudio
crítico [Zur Auffassung
der Aphasien], 1891) permanecerá en las sombras, aunque ofrece la elaboración
más acabada
y más notable de la afasiología de la época. Sus esperanzas
de notoriedad tampoco fueron
satisfechas por sus trabajos sobre la cocaína publicados de 1884 a
1887. Había descubierto las
propiedades analgésicas de esta sustancia, descuidando las propiedades
anestésicas, que
serán utilizadas con éxito por K. Koller. El recuerdo de este fracaso
será uno de los elementos
de la elaboración de un sueño de Freud, el de la «monografía
botánica».
Las circunstancias inmediatas del descubrimiento del psicoanálisis. A comienzos
de la década
de 1880, Freud se encontraba en la posición de investigador en neurofisiología
y de autor de
trabajos de valor, pero que no podían permitirle, en ausencia de toda fortuna
personal, asegurar
la subsistencia de una familia, A pesar de sus reticencias, la única solución
que se le ofrecía era
abrir un consultorio privado como neurólogo, lo que hizo sorpresivamente
el domingo de Pascuas
del 25 de abril de 1886. Algunos meses antes había obtenido
una beca gracias a la cual pudo
realizar uno de sus sueños, el de ir a París. Fue así como
tuvo en la Salpêtrière un encuentro
determinante: conoció a J. M. Charcot. Debe destacarse que Charcot no se
mostró interesado ni
por los cortes histológicos que le aportó Freud como testimonio
de sus trabajos, ni por el relato
del tratamiento de Anna O., cuyos elementos principales le había comunicado
su amigo Breuer
desde 1882. Charcot no se preocupaba casi por la terapéutica, sino
por describir y clasificar los
fenómenos para intentar dar cuenta de ellos racionalmente.
Freud comenzó utilizando los medios entonces a su disposición: la
electroterapia de W. H. Erb, la
hipnosis y la sugestión. Las dificultades encontradas lo llevaron a acercarse
a A. A. Liébault y
H. M. Bernheim en Naney durante el verano de 1889, Por otra parte tradujo
las obras de este
último al alemán, encontrando allí la confirmación
de las reservas y las decepciones que él mismo
experimentaba frente a esos métodos.
En 1890, logra convencer a su amigo Breuer para escribir en conjunto una
obra sobre la histeria.
Su trabajo en común dará lugar a la publicación en 1893
de la «Comunicación preliminar» que
servirá luego de introducción a los Estudios sobre la histeria,
ya se encuentra allí la idea
freudiana de la defensa para proteger al sujeto de una representación «insoportable»
o
«incompatible». El mismo año, en un artículo titulado «Algunas consideraciones
para un estudio
comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas»,
publicado en francés en los
Archives Neurologiques, Freud afirma que «la histeria se comporta en sus
parálisis y otras
manifestaciones como si la anatomía no existiese, o como sí no tuviese
ningún conocimiento de
ella».
Los Estudios sobre la histeria, obra común de Breuer y Freud, aparecen
en julio de 1895.
Además de la «Comunicación preliminar», comprenden cinco observaciones
de enfermos: la
primera, la de Anna O. (Bertha Pappenheim), está redactada por Breuer,
encontrándose allí la
tan feliz expresión de talking cure propuesta por Anna O.; las cuatro
siguientes se deben a
Freud. La obra termina con un texto teórico de Breuer y un texto sobre
la psicoterapia de la
histeria de Freud, en el que puede verse esbozado lo que separará a los
dos autores el año
siguiente. En La herencia y la etiología de las neurosis, publicada
en francés en 1896 en la
Revue Neurologique, Freud afirma en efecto: «Una experiencia de pasividad
sexual antes de la
pubertad; esta es la etiología específica de la histeria». El término
psicoanálisis es empleado allí
por primera vez. También en el trascurso de esos años, la reflexión
de Freud sobre la
interrupción brutal por Breuer del tratamiento de Anna O. lo lleva a concebir
la trasferencia.
Hay que señalar, por último, la redacción en algunas semanas,
a fines de 1895, del Proyecto de
psicología (Entwurf einer Psychologie), que Freud no publicará nunca
y que constituye en
principio su última tentativa para asentar la psicología sobre los
enunciados más recientes de la
neurofisiología. En esta época, entonces, Freud ha abandonado la
hipnosis y la sugestión, en
tanto que inaugura la técnica de la asociación libre. Su posición
doctrinal está centrada en la
teoría del núcleo patógeno constituido en la infancia con
ocasión de un trauma sexual real
resultante de la seducción por un adulto. El síntoma es la consecuencia
de la represión de las
representaciones insoportables que constituyen este núcleo, y el tratamiento
consiste en volver
a traer a la conciencia sus elementos como se extrae un «cuerpo extraño»,
siendo la
desaparición del síntoma la consecuencia del levantamiento de la
represión.
Los tres libros fundamentales sobre el inconsciente. Durante los años que
preceden a la
publicación de La interpretación de los sueños, Freud introduce
en la nosografia, a la que no es
indiferente, algunas entidades nuevas. Describe la neurosis de angustia separándola
de la
categoría bastante heteróclita de la neurastenia. Aísla por
primera vez la neurosis obsesiva (al.
Zwangsneurose) y propone el concepto de psiconeurosis de defensa en el que es
integrada la
paranoia.
Pero la tarea principal es la de su autoanálisis, término que no
empleará durante mucho tiempo.
He aquí lo que dice de él en la carta a W. Fliess del 14 de noviembre
de 1897: «Mi autoanálisis
sigue interrumpido. He echado de ver por qué. Sólo puedo analizarme
a mí mismo con los
conocimientos adquiridos objetivamente (como a un extraño). Un autoanálisis
genuino es
imposible, de lo contrario no habría enfermedad».
El encuentro con Fliess se remonta a 1887. Freud comienza a analizar sistemáticamente
sus
propios sueños a partir de julio de 1895. Todo pasa como si Freud, sin
darse cuenta, hubiese
usado a Fliess como intermediario para su propio análisis. El 23 de octubre
de 1896 muere su
padre. Puede pensarse que este acontecimiento no es extraño al descubrimiento
del complejo de
Edipo, del que, un año después, en la carta a Fliess del 15 de octubre
de 1897, encontramos la
siguiente formulación: «Sólo se me ha ocurrido una idea de valor
general. He encontrado en mí,
como por otra parte en todos, sentimientos de amor hacia mi madre y de celos hacia
mi padre,
sentimientos que son, pienso, comunes a todos los niños, aunque su aparición
no es tan precoz
como en los niños que se han vuelto histéricos (de una manera análoga
a la "novela de los
orígenes" en la paranoia -héroes y fundadores de religiones-). Si
esto es así, se comprende, a
pesar de todas las objeciones racionales que se oponen a la hipótesis de
una inexorable
fatalidad, el poder cautivante del Edipo rey. También se comprende
por qué tenían que fracasar
miserablemente todos los posteriores dramas de destino (...) pero la leyenda griega
ha captado
una compulsión que todos reconocen porque todos la han sentido. Cada espectador
fue un día
en germen y en su fantasía un Edipo, y se espanta retrospectivamente ante
el cumplimiento de
su sueño traspuesto en la realidad, con todo el aporte de la represión
que separa su estado
infantil de su estado actual». La ruptura definitiva con Fliess ocurrirá
en 1902. En 1900 aparece
La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung). El postulado
de partida introduce una
ruptura radical con todos los discursos anteriores. El absurdo, la incongruencia
de los sueños
no es un accidente de orden mecánico, el sueño tiene un sentido,
ese sentido está oculto y no
se desprende de las figuras que utiliza el sueño, sino de un conjunto de
elementos propios del
soñante mismo, es decir que dependemos, para descubrir ese sentido oculto,
de las
«asociaciones» producidas por el sujeto. Queda entonces excluido que ese sentido
pueda ser
determinado sin la colaboración del soñante.
Debemos ocuparnos, pues, de un texto. Sin duda el sueño está constituido
principalmente por
imágenes, pero no hay otro acceso a ellas que el relato del soñante,
que constituye el
«contenido manifiesto» que se trata de descifrar, como lo hizo Champollion con
los jeroglíficos
egipcios, para descubrir el «contenido latente». El sueño está constituido
con ayuda de los
«sueños diurnos», a los que son trasferidos los investimientos afectados
a las representaciones
de deseo. Así, al mismo tiempo que protege el dormir, el sueño asegura,
bajo una forma
camuflada, cierto «cumplimiento de deseo». La elaboración del sueño
se efectúa con ayuda de
técnicas especiales, extrañas al pensamiento conciente: la condensación
(un mismo elemento
representa varios pensamientos del sueño) y el desplazamiento (un elemento
del sueño es
puesto en lugar de un pensamiento latente).
De esta concepción del sueño resulta una estructura particular del
aparato psíquico que es
objeto del séptimo y último capítulo.
Más que la división en tres instancias, conciente, preconciente
e inconciente, que especifica lo
que se llama la primera tópica, conviene retener la idea de una división
del psiquismo en dos
tipos de instancias, que obedecen a leyes diferentes y separadas por una frontera
que no es
franqueable sino en condiciones particulares: de un lado, conciente-preconciente,
del otro,
inconciente. Este corte es radical e irreductible, jamás puede haber allí
síntesis, sino «tendencia
a la síntesis». Por lo tanto, el sentimiento de la unidad de lo mental
que es propio del yo no es
sino una ilusión. Este aparato hace problemática la aprehensión
de la realidad, que tiene que ser
constituida por el sujeto. La posición de Freud aquí es la misma
que la expresada en el Proyecto:
«Lo inconciente es lo psíquico mismo y su esencial realidad. Su naturaleza
íntima nos es tan
desconocida como la realidad del mundo exterior, y la conciencia nos informa sobre
ello de una
manera tan incompleta como nuestros órganos de los sentidos sobre el mundo
exterior».
El sueño, para Freud, resulta ser una encrucijada entre lo normal y lo
patológico, y las
conclusiones concernientes al sueño serán consideradas por él
como válidas para dar cuenta
de los estados neuróticos.
La Psicopatologia de la vida cotidiana (Zur Psychopathologie des AlItagslebens)
aparece al
año siguiente, en 1901. Se abre con el ejemplo de un olvido de nombre,
el de Signorelli, análisis
ya publicado por Freud en 1898; este olvido asocia en sus determinaciones
motivos sexuales y
la idea de la muerte. La obra reseña toda una serie de pequeños
accidentes, a los que de
ordinario apenas se les presta atención, como los olvidos de palabras,
los «recuerdos
encubridores», los lapsus del habla o de la escritura, las torpezas, los actos
fallidos, etc. Estos
hechos pueden considerarse manifestaciones del inconciente bajo las siguientes
tres
condiciones: 1) no deben superar cierto límite fijado por nuestro juicio,
es decir, lo que llamamos
«los límites del acto normal»; 2) deben tener el carácter de un
trastorno momentáneo; 3) sólo
pueden ser caracterizados así si sus motivos se nos escapan y nos vemos
reducidos a invocar
el «azar» o la «inatención».
«Al poner a los actos fallidos en el mismo nivel que las manifestaciones de las
psiconeurosis, les
damos un sentido y una base a dos afirmaciones que a menudo escuchamos repetir,
a saber,
que entre el estado nervioso normal y el funcionamiento nervioso normal no existe
un límite nítido
y tajante (...) Todos estos fenómenos, sin excepción alguna, se
dejan reducir a materiales
psíquicos incompletamente rechazados que, aunque reprimidos por la conciencia,
no han
perdido toda posibilidad de manifestarse y expresarse».
El tercer texto, El chiste y su relación con lo inconciente (Der Witz
und seine Beziehung zum
Unbewuflten), se publica en 1905. Ante este largo y difícil
texto, algunos se han preguntado por
qué juzgó Freud necesario acumular una cantidad tan grande de ejemplos
a través de una
complicada clasificación. Sin duda, porque sus tesis eran difíciles
de demostrar. He aquí las
principales. «La gracia sólo reside en la expresión verbal». Los
mecanismos no son otros que
los del sueño, la condensación y el desplazamiento. El placer que
el chiste engendra está ligado
a la técnica y a la tendencia satisfecha, hostil u obscena. Pero, sobre
todo, «el tercero» ocupa
en el chiste un papel preferencial, cosa que lo distingue de lo cómico.
«El chiste necesita en
general la intervención de tres personajes: el que lo produce, el que paga
el gasto de la verba
hostil o sexual, y por último aquel en el que se realiza la intención
del chiste, que es producir
placer». Finalmente, «sólo es chiste el que acepto como tab. Se comprende
entonces la dificultad
de traducir la palabra alemana Witz, pero también la dificultad
de su manejo en alemán, por lo
que se acaba de mencionar y la diversidad de los ejemplos utilizados: historias
extrañas,
chistes, retruécanos, juegos de palabras, etc. La especificidad del Witz
explica la atención que
Freud pone en distinguirlo de lo cómico, distingo que se resume así:
«el chiste es para lo cómico,
por así decir, la contribución que le viene del inconciente».
El mismo año aparecen los Tres ensayos de teoría sexual (Drei
Abhandlungen zur
Sexualtheorie), donde se afirma e ilustra la importancia de la sexualidad
infantil y se propone un
esquema de la evolución de la libido a través de fases caracterizadas
por la dominancia
sucesiva de las zonas erógenas bucal, anal y genital. En este texto es
donde, respecto de la
sexualidad, el niño es definido como un «perverso polimorfo» y la neurosis
es situada como
«negativo de la perversión». Entre 1905 y 1918, aproximadamente,
van a sucederse un gran
número de textos concernientes a la técnica, por una parte, y a
su ilustración a través de la
presentación de casos clínicos, por otra. Entre estos últimos
figuran los clásicos cinco
historiales clínicos psicoanalíticos:
1905, Fragmento de análisis de un caso de histeria: es la observación
de una paciente llamada
Dora, centrada en dos sueños principales cuyo trabajo de interpretación
ocupa la mayor parte;
1909, Análisis de lafobia de un niño de cinco años (el
pequeño Hans o Juanito): Freud verifica
allí la exactitud de las «reconstrucciones» efectuadas en el adulto;
en 1909 también, A propósito de un caso de neurosis obsesiva
(el Hombre de las Ratas): el
análisis está dominado por un deseo de muerte inconciente y Freud
se sorprende de verificar
«aún mejor» en un obsesivo sus descubrimientos hechos en el estudio de
la histeria;
1911, Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia descrito
autobiográficamente
(el presidente Schreber): la particularidad de este análisis consiste en
el hecho de que Freud
nunca se encontró con el paciente, conformándose con trabajar sobre
las Memorias escritas por
este para exponer su enfermedad y hacer valer su interés científico;
1918, finalmente, De la historia de una neurosis infantil (el Hombre de los Lobos):
esta
observación presentaba para Freud una importancia muy particular. Aportaba
la prueba de la
existencia, en el niño, de una neurosis perfectamente constituida, patente
o no; y la del adulto es
sólo la exteriorización y la repetición de la neurosis infantil;
demostraba la importancia de los
motivos libidinales y la ausencia de aspiraciones culturales, contra Jung; daba
una ilustración
precisa de la constitución del fantasma y del lugar de la escena primaria.
Conviene señalar que la soledad de Freud, que duró muchos años,
cesó cerca de 1906 con la
constitución de la Sociedad de los Miércoles, día de reunión
de los primeros adeptos,
rápidamente trasformada en Sociedad Psicoanalítica de Viena.
En 1910, Freud funda la Sociedad Internacional de Psicoanálisis, cuyo primer
presidente es Jung.
Los complementos necesarios. Intentemos reunir bajo este título algunos
temas que, aunque
presentes muy a menudo en los primeros escritos, fueron elaborados por Freud bastante
tardíamente. En primer lugar, la cuestión del padre, tratada con
una amplitud excepcional en
Tótem Y tabú de 1912-13 y retomada para un ejemplo particular en
Moisés y la religión
monoteísta (1932-38). Este es uno de los puntos más difíciles
de la doctrina de Freud, debido al
polimorfismo de la función paterna en su obra. Luego, está el concepto
de narcisismo, que es el
objeto del gran artículo de 1914 Introducción del narcisismo, necesario
para superar las
dificultades encontradas en el análisis de Schreber e intentar dar cuenta
de las psicosis, pero
también para esbozar una teoría del yo. Lo siniestro (Das Unheimliche),
publicado en 1919, atañe
más especialmente a la problemática de la castración. Pero
la conmoción más importante viene
de la conceptualización del automatismo de repetición y del instinto
de muerte, que son el tema
de Más allá del principio de placer (Jenseits des Lusiprinzips,
1920). La teoría del yo y la
identificación serán los temas centrales de Psicología de
las masas y análisis del yo
(Massenpsychologie und Ich-Analyse, 192 l).
La negación (Die Verneinung, 1925), por último, viene a subrayar
la primacía de la palabra en la
experiencia psicoanalítica, al mismo tiempo que define un modo particular
de presentificación del
inconciente.
Las modificaciones doctrinales. Freud nunca dejó de intentar reunir, en
una perspectiva que él
denominaba metapsicológica, los descubrimientos que su técnica le
permitió hacer y las
elaboraciones que no dejaron nunca de acompañar su práctica, subrayando
al mismo tiempo que
este esfuerzo no debía ser interpretado como la tentativa de constitución
de una nueva «visión
del mundo» (Weltanschauung).
Ciertas modificaciones valen como correcciones de posiciones anteriores. Este
es el caso de la
teoría del fantasma, que remplazará alrededor de 1910 a la
primera teoría traumática de la
seducción precoz (Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, 1907; Formulaciones
sobre los
dos principios del acaecer psíquico, 1911; «El Hombre de los Lobos»,
1918).
Este es el caso también del masoquismo, considerado primero como una inversión
del sadismo.
Las tesis de Más allá del principio de placer harán
concebible la idea de un masoquismo
primario que Freud se verá llevado a hacer equivaler, en El problema
económico del
masoquismo (1925), al instinto de muerte y al sentimiento de culpa irreductible
e inexplicado que
revelan ciertos análisis.
De un modo sin duda arbitrario, se puede contar entre las modificaciones requeridas
por el
desgaste de los términos (sobrentendiendo que muchos otros motivos las
justifican) la
introducción de la segunda tópica, constituida por tres instancias:
ello, yo y superyó (El yo y el
ello [Das Ich und das Es], 1923), las nuevas consideraciones sobre la angustia
como señal de
peligro (Inhibición, síntoma y angustia [Hemmung, Symptom und
Angst], 1926), y el último texto,
inacabado, de La escisión del yo en el proceso defensivo (Die Ichspaltung
im Abwehrvorgang,
1938). En este texto, Freud anuncia que, a pesar de las apariencias, lo que
va a decir,
retornando la observación del artículo de 1927 sobre el fetichismo,
es, también en este caso,
totalmente nuevo. En efecto, las formulaciones que allí se proponen se
presentan como el
esbozo de una remodelación del conjunto de la economía de su doctrina.
Dos textos tienen aparentemente un estatuto un poco particular en la obra de Freud.
Son El
porvenir de una ilusión (Die Zukunft einer Illusion), publicado en
1927, y que examina la
cuestión de la religión, y El malestar en la cultura (Das Unbehagen
in der Kultur, 1929),
dedicado al problema de la felicidad lo el bien-estar], considerada por Freud
inalcanzable, y a las
exigencias exorbitantes de la organización social hacia el sujeto humano.
Se trata, en efecto, de la consideración de los fenómenos sociales
a la luz de la experiencia
psicoanalítica. En realidad, como siempre en Freud, el ángulo elegido
para tratar cualquier
cuestión le sirve ante todo para aportar precisiones o para poner a punto
aspectos importantes
de la experiencia. En El porvenir, es la cuestión del padre y de Dios como
su corolario; en El
malestar, es la maldad fundamental del ser humano y la comprobación paradójica
de que cuanto
más satisface el sujeto los imperativos morales del superyó, más
exigente se muestra este.
Freudismo
Alemán: Freudianismus.
Francés: Freudisme.
Inglés: Freudianism.
fuente(90)
En la historia de la psiquiatría dinámica, se llama freudismo a
la escuela de pensamiento fundada
por Sigmund Freud. El freudismo incluye el conjunto de las corrientes que se basan
en él, sean
cuales fueren sus divergencias. La historia del freudismo y su identificación
teórica, sociológica
y política, se confunde entonces con la historia de las interpretaciones
sucesivas de la doctrina
original estructurada por Freud.
Sus herederos, a quienes se llama "freudianos", la han modificado a lo largo de
por lo menos
cuatro generaciones de pensadores, comentadores, intérpretes, terapeutas
o jefes de escuelas,
agrupados o no en diversas instituciones, entre las cuales la más antigua
y de lejos la más
poderosa es la International Psychoanalytical Association (IPA). Desde su creación
en 1910, ella
se asignó la tarea de redefinir las tareas de la enseñanza teórica
y de la formación llamada
didáctica de los terapeutas denominados psicoanalistas, con independencia
de su otra
formación (médica, psiquiátrica, profana).
El freudismo es la alianza de un sistema de pensamiento y un método terapéutico.
El sistema
freudiano se basa en: 1) una concepción del inconsciente que excluye toda
idea de
subconciencia y supraconciencia; 2) una teoría de la sexualidad extendida
a todas las formas
sublimadas de la actividad humana, y por lo tanto irreductible a la actividad
sexual y sus
transgresiones; 3) finalmente, a una aprehensión de la relación
terapéutica en términos de
transferencia. Aunque haya nacido de la medicina y la psiquiatría (y a
menudo sea practicado
por médicos o psiquiatras), el método terapéutico freudiano
es el psicoanálisis, y únicamente el
psicoanálisis. Se caracteriza por tratar mediante la palabra, y únicamente
mediante la palabra,
las enfermedades del alma (psicosis, melancolía), de los nervios (neurosis)
y la sexualidad
(perversión), excluyendo deliberadamente cualquier otra forma de intervención
-como el análisis
clínico y los cuidados corporales adaptados a cada parte del organismo,
los masajes, la cirugía,
la hipnosis, la hidroterapia, la farmacología, la sugestión, el
encierro, las terapias conductistas y
cognitivas, la presión moral mediante la persuasión o la autopersuasión,
la confesión, el trance o
el exorcismo, la coacción física y moral (con o sin abuso sexual)
basada en el reclutamiento, la
alienación, el delirio (sectas), la homeopatía, la bioenergía
(medicinas paralelas y parapsicología)
y, finalmente, los métodos ligados al ocultismo (astrología, videncia,
espiritismo, telepatía).
Con respecto a las otras medicinas del alma y del psiquismo que se basan también
en la cura
mediante la palabra, y que se agrupan en diversas escuelas de psicoterapia, el
psicoanálisis es
la única exclusivamente fundada en el sistema de pensamiento freudiano,
y la única que aplica
una técnica de la cura y de la transmisión de la clínica
erigida sobre la transferencia y sobre la
obligación del terapeuta de recurrir él mismo al psicoanálisis
(llamado didáctico, y después de
control o supervisión), así como sobre una concepción del
psiquismo en la que entran en juego
las definiciones freudianas del inconsciente y la sexualidad.
En este sentido, el freudismo está dividido en seis grandes componentes
principales que se
originaron entre 1930 y 1960: el annafreudismo, el kleinismo, la Ego Psychology,
los
Independientes, la Self psychology y el lacanismo. Las cinco primeras están
en gran medida
admitidas y diseminadas en la IPA, mientras que la sexta creó, a partir
de 1964, su propio modelo
institucional (la École freudienne de Paris). En 198 1, ésta se
atomizó en una multitud de
corrientes, entre las cuales sólo una ha fundado una nueva internacional:
la Association
mondiale de psychanalyse (AMP).
Otros métodos psicoterapéuticos, escuelas o corrientes, dicen basarse
más o menos en el
freudismo, sin adoptar su sistema de pensamiento, ni su técnica, ni su
principio didáctico. En
algunos casos han surgido de una escisión, de una disidencia o de una colaboración
con el
freudismo, conservando o no las huellas de esa pertenencia (psicología
individual, psicología
analítica, neofreudismo, terapia guestáltica, neopsicoanálisis,
análisis existencial,
etnopsicoanálisis, psicología de las profundidades, etcétera),
y otras veces son independientes
del freudismo y se desarrollaron en sus márgenes, según una dialéctica
de la interioridad y la
exterioridad (psicodrama, psicología clínica, medicina psicosomática,
psicoterapia institucional,
terapia familiar).
Como sistema de pensamiento, el freudismo ha influido sobre las artes y sobre
los ámbitos del
saber preexistentes a él (psicología, psiquiatría, filosofía,
historia, religión, literatura, pintura);
también sobre todos los que se constituyeron al mismo tiempo que él,
planteándose interrogantes
comparables (antropología, sexología, criminología, lingüística).
Habiendo atravesado el siglo XIX,
el freudismo se cruzó por otra parte con la historia de dos grandes corrientes
de pensamiento
que se desarrollaron mundialmente y dieron forma a movimientos: el marxismo y
el feminismo.
También atravesó la historia del cinematógrafo, nacido al
mismo tiempo que él.
En tanto que escuela de pensamiento que realiza la alianza de un saber clínico
con una teoría y
un movimiento institucional, el freudismo ha producido una historiografía
oficial basada en la
idealización de sus orígenes (idolatría del maestro fundador),
y un dogmatismo. Por las mismas
razones, debido a la diversidad de sus escuelas y sus corrientes, suscitó
en su propio seno las
condiciones para una crítica de ese dogmatismo.
Freudomarxismo
Alemán: Freudomarxismus.
Francés: Freudo-marxisme.
Inglés: Freudian marxism.
fuente(91)
El freudomarxismo es una corriente intelectual que atraviesa toda la historia
del pensamiento
freudiano entre 1920 y 1975, tanto desde el punto de vista doctrinario (vínculo
entre el freudismo
y el marxismo) como desde un punto de vista político (relaciones entre
el comunismo y el
psicoanálisis, en Rusia, Alemania, Hungría, Francia, Brasil, la
Argentina, Italia, los Estados
Unidos). Los representantes de esta corriente tuvieron enfoques muy diversos.
Los filósofos de
la Escuela de Francfort, y sobre todo Max Horkheimer (1895-1973) criticaron el
pesimismo
freudiano, incompatible a su juicio con las esperanzas revolucionarias suscitadas
por el
marxismo, pero lograron vincular las dos doctrinas de una manera muy fructífera.
Desde Wilhelm Reich (a la vez marxista, freudiano y comunista) hasta Otto Fenichel
o Marie
Langer (representantes de una izquierda freudiana marxista y socialdemócrata)
hasta los
artífices del neofreudismo (menos marxistas que culturalistas), pasando
por Joseph Wortis (que
fue estalinista y después antifreudiano) y por Herbert Marcuse (que reactivó
el debate a
mediados de la década de 1960, con tina virulenta crítica a sus
predecesores neofreudianos),
todos los freudomarxistas han sostenido que el freudismo y el marxismo son dos
doctrinas de
liberación del hombre articuladas con el paradigma de la Revolución.
La primera apunta a
transformar el sujeto mediante la exploración singular de su inconsciente,
y la segunda, a
cambiar la sociedad a través de la lucha colectiva, y tomando en cuenta
los trastornos
generados por el movimiento de la economía.
Todos los freudianos que adherían al marxismo fueron perseguidos, excluidos
o marginados por
la International Psychoanalytical Association (IPA), sobre todo bajo la dirección
de Ernest Jones,
quien prefirió pactar con el nazismo, en nombre de una política
de "salvamento" del psicoanálisis
en Alemania, antes que interesarse por los freudianos de izquierda y de extrema
izquierda. Esos
mismos freudianos marxistas fueron también rechazados por el movimiento
comunista
internacional, que no cesó de condenar al freudismo, asimilado hasta 1940
a una biología de los
instintos, decadente y mortífera, y después, a partir de 1948, a
una "ciencia burguesa".
Por otra parte, los miembros de la antigua izquierda freudiana alemana, agrupados
en torno a
Fenichel, se vieron obligados, desde su exilio en los Estados Unidos (entre 1933
y 1938), a
disimular primero su antigua adhesión al marxismo, y después, en
un segundo momento, a
renunciar a él, y someterse a la americanización del psicoanálisis
y al ideal adaptativo.
Freund Anton von,
nacido Antal Freund von Tbszeghi (1880-1920)
Freund Anton von, nacido Antal Freund von Tbszeghi (1880-1920)
Freund Anton von
Nacido Antal Freund von Tbszeghi (1880-1920)
fuente(92)
Este rico cervecero húngaro, nacido en Budapest, realizó estudios
de filosofía y se convirtió en
uno de los amigos más íntimos de Sigmund Freud después de
que éste lo curara de una neurosis
consecutiva a un tumor maligno de testículo. Participaba en las reuniones
de la Wiener
Psychoanalytische Vereinigung (WPV), y recibió el anillo que Freud entregó
a sus discípulos
fieles en el momento de la creación del Comité Secreto.
Freund ayudó económicamente a la causa psicoanalítica, permitiéndole
a Freud fundar la editorial
del movimiento, la Internationaler Psychoanalytischer Verlag (o Verlag), cuyo
primer director fue
Otto Rank. A principios de 1919 viajó a Viena para hacerse curar con radio
de la recidiva de su
cáncer. Freud admiró su heroísmo y su~rayó que había
terminado con su neurosis, y que en ese
momento era razonable, intuitivo, sabio y realista.
Murió el 21 de enero de 1920, con perfecta conciencia de su estado, después
de haberle hecho
abonar 11.000 coronas a Freud. Según su última voluntad, su anillo
debía ser devuelto a Freud,
pero la viuda no quiso separarse de la sortija. Entonces Freud le entregó
a Max Eitingon, que
sucedió a Freund en el Comité, su propia piedra grabada (con la
cabeza de Júpiter).
Freud se sintió conmovido por la muerte del amigo (que se produjo inmediatamente
antes del
fallecimiento de su hija Sophie), y redactó sobre él un artículo
necrológico.
Friedländer Kate, nacida
Franki (1903-1949). Psiquiatra y psicoanalista inglesa
Friedländer Kate, nacida Franki (1903-1949). Psiquiatra y psicoanalista inglesa
Friedländer Kate
Nacida Franki (1903-1949). Psiquiatra y psicoanalista
inglesa
fuente(93)
Gran especialista en delincuencia juvenil, Kate Friedländer era una mujer
muy hermosa,
inteligente, deportista y ambiciosa, dotada para las cosas del espíritu
y amante del riesgo:
practicaba danza, tenis, alpinismo, patín sobre hielo, y durante toda su
vida enfrentó los múltiples
sufrimientos de una juventud arrastrada a la rebelión y el rechazo de los
valores de la sociedad
occidental.
Nació en Innsbruck en una familia judía de la clase media austríaca,
y se orientó muy pronto
hacia la medicina. En Berlín, en 1929-1930, cuando era psiquiatra en el
tribunal de menores, fue
donde se cruzó con la historia del freudismo. Sin duda realizó un
análisis con Hanns Sachs, y
después anudó una amistad con Otto Fenichel y el círculo
de la "izquierda freudiana", del que
formó parte, lo mismo que Bárbara Lantos (1894-1962), una psicoanalista
húngara que sería su
compañera de trabajo en Londres.
Emigrada a Gran Bretaña en 1933, se integró a la British Psychoanalytical
Society (BPS), gracias
a Ernest Jones y Edward Glover. Pero se vio obligada a revalidar todos sus diplomas
de
medicina (recibió, entre otros, el prestigioso diploma in psychological
medicine). Cercana a
Anna Freud, se alineó junto a ella en el momento de las Grandes Controversias,
y la tuvo como
analista de control. Después de la guerra, la convenció de que creara
la célebre Hampstead
Child Therapy Clinic.
Fue entonces cuando Kate Friedländer se consagró plenamente a su profesión,
escribiendo
varias obras sobre la delincuencia, en las cuales diferenciaba claramente la asocialidad
y la
neurosis. Durante la guerra había trabajado en Londres, mientras habitaba
con su esposo,
profesor de sociología en Oxford, y la hija de ambos, Sybil, en una granja
de la región de
Chilterns. Esa experiencia de la vida rural la ayudó a crear, en 1946,
un centro de guidance, el
West Sussex Child Guidance Service, donde recibía a niños perturbados
y formaba a
psicoterapeutas en el enfoque psicoanalítico de la delincuencia. Afectada
de metástasis
cerebrales a continuación de un cáncer de pulmón, murió
a los 46 años, en plena actividad, sin
haber podido completar su obra.
Aunque Kate Friedländer había sido amiga de Anna Freud, sus trabajos
fueron acogidos con
mucha hostilidad en el ambiente psicoanalítico británico. Su independencia,
el hecho de que no
se sometiera a las normas de la International Psychoanalytical Association (IPA),
su libertad de
espíritu, su compromiso de izquierda y, finalmente, su concepción
no adaptativa del psicoanálisis
de adolescentes, hicieron de ella una marginal.
Frinl Horace W.
(1883-1935) Psiquiatra y psicoanalista norteamericano
fuente(94)
Si Sigmund Freud fue muchas veces acusado injustamente de todo tipo de torpezas
imaginarias,
y sobre todo de haber disfrazado de éxitos los fracasos terapéuticos,
o de haber "explotado" a
pacientes, es preciso reconocer que con Horace Frink se comportó de una
manera
verdaderamente desastrosa. En el encuentro con este hombre afectado de una grave
psicosis
maníaco-depresiva cristalizó sin duda todo el horror consciente
e inconsciente que a Freud le
inspiraban la sociedad norteamericana, su puritanismo respecto de la sexualidad,
sus dólares, y
esa manera de transformar el psicoanálisis en higienismo psiquiátrico
("la criada para todo
servicio de la psiquiatría", como dijo en el curso del debate sobre ¿Pueden
los legos ejercer el
análisis?). Fue Paul Roazen quien narro por primera vez la historia
de esa triste experiencia
analítica.
Psiquiatra brillante, Horace Frink, primero analizado por Abraham Arden Brill,
viajó a Viena en
1920 para realizar una nueva cura con Freud, quien, en esa época, vivía
en gran parte del
dinero de los norteamericanos que llegaban para hacerse analizar por 61: Clarence
Oberndorf,
Leonard Blumgart (1881-1959), Monroe Meyer (18921939), Albert Polon, y otros.
Muy pronto
Freud depositó en Frink una confianza desmesurada, al punto de querer convertirlo
en su
principal delegado en los Estados Unidos: se trataba entonces de contrapesar el
poder excesivo
de Brill en Nueva York.
Durante la cura, Frink se enamoró de una de sus ex pacientes, rica heredera
y millonaria:
Anjelika Bijur. Apoyado por Freud, se casó con ella, después de
divorciarse de su primera mujer,
y a continuación la llevó a Viena. Freud la recibió y le
explicó que existía el peligro de que Frink
se convirtiera en homosexual si ella lo abandonaba. Después le propuso
a Frink que participara
económicamente en la expansión del movimiento psicoanalítico.
Estalló el escándalo: el marido de
Anjelika estuvo a punto de demandar a Freud por haber manipulado a su mujer y
roto su
matrimonio, pero murió antes de hacerlo, en el mismo momento en que fallecía
la primera esposa
de Frink.
Frink cayó pronto en la melancolía, y fue atendido por Adolf Meyer,
quien lo hizo hospitalizar y
aconsejó a Anjelika que le diera su apoyo. Anjelika se negó, y se
separó de él, reprochándole
retroactivamente a Freud que la hubiera manipulado. En 1935 Frink se casó
por tercera vez.
Pero, después de un nuevo ataque melancólico, fue internado de nuevo
y murió en el hospital. El
diagnóstico de Freud había sido erróneo; no advirtió
la locura del paciente, a quien tomaba por
homosexual reprimido. Molesto, le costó reconocer francamente su error.
Este asunto demuestra
la dificultad que experimentaba para enfrentar la psicosis. En todo caso, esa
dificultad
contribuyó a desacreditar el psicoanálisis en los Estados Unidos.
Cuando Abram Kardiner le habló de Frink a Freud, éste respondió
con su lucidez habitual: "Usted
dijo un día que el psicoanálisis no podía hacerle mal a nadie.
Y bien, permítame mostrarle algo."
Sacó entonces dos fotografías de Frink, una tomada antes del análisis,
y la otra después. En la
primera, tenía un aspecto normal, mientras que en la segunda se lo veía
extraviado, demacrado,
devastado.
En 1988 la hija de Frink encontró entre los papeles de Adolf Meyer la correspondencia
de su
padre con Freud, y varios documentos cuyo contenido reveló en una revista,
acusando al
maestro de Viena de haber sido un charlatán. Muchos partidarios de la historiografía
revisionista
aprovecharon el hecho para acusar a Freud de haber manipulado a todos sus pacientes,
convertidos de pronto en víctimas de la perfidia del psicoanálisis.
Fromm Erich
(1900-1980) Psicoanalista norteamericano
fuente(95)
Proveniente de una familia de judíos alemanes apegados a la tradición
ortodoxa, Erich Fromm
militaba a los 15 años en el movimiento de la juventud sionista, antes
de emprender estudios de
derecho y filosofía en la Universidad de Francfort. Alrededor de 1922 se
volcó hacia el
psicoanálisis, y después recibió su formación didáctica
en Berlín, en los divanes de Harms
Sachs y Theodor Reik. De retorno en Francfort, realizó un análisis
fragmentario con Karl
Landauer y comenzó una carrera universitaria, vinculándose con los
filósofos de la Escuela de
Francfort: Herbert Marcuse, Theodor Adorno (1903-1969) y Max Horkheimer (1895-1973).
Lo
mismo que Otto Fenichel y Wilhelm Reich, se integró entonces a esa "izquierda
freudiana" que
dio origen al freudomarxismo. En ese movimiento conoció a Frieda Reichmann,
quien sería su
cuarta analista, antes de convertirse en su esposa, con el nombre de Frieda Fromm-Reichmann.
En el período de entreguerras criticó la tesis clásica del
complejo de Edipo, y valorizó el
matriarcado, en detrimento del patriarcado, inspirándose en los trabajos
de Johann Jakob
Bachofen (1815-1887), con un enfoque cercano al de Friedrich Engels (1820-1895).
En 1946 lo
atacó duramente Theodor Adorno, por su "revisionismo" antifreudiano; más
tarde, también lo
atacó Marcuse.
En 1934, huyendo del nazismo, se instaló en los Estados Unidos, donde fue
compañero de Karen
Horney y, después, el analista de su hija. Enseñó en numerosas
universidades, mientras se
acercaba a la corriente psicoanalítica de inspiración culturalista.
Sin adherir a ningún grupo o
escuela, practicó el psicoanálisis en Nueva York, renunciando a
la mayoría de las reglas
técnicas en vigor en la International Psychoanalytical Association (IPA),
y sobre todo al diván. De
modo que, lo mismo que todos los artífices de las escuelas de psicoterapia,
privilegió la técnica
cara a cara y las experiencias de grupo. A partir de 1951, como Igor Caruso, se
instaló en la
ciudad de México, una ciudad en la que el freudismo no se había
implantado, a tal punto se lo
consideraba una doctrina imperialista importada de los Estados Unidos.
Cosmopolita, culturalista, apasionado de la historia de las religiones y siempre
tentado por el
sincretismo mesiánico, el único capaz a su juicio de permitir la
emancipación individual, Erich
Fromm. publicó muchas obras. Presentó el psicoanálisis como
la expresión última de una crisis
espiritual del hombre occidental, deseoso de liberarse de su inconsciente; cuestionó
radicalmente el universalismo freudiano Y la filosofía de las Luces en
nombre del relativismo
cultural, y propugnó los valores de un humanismo individualista. En consecuencia,
se mostró
hostil a todas las formas de tiranía y autoritarismo, fueran ellas políticas
o familiares, mientras
hacía de la técnica de la cura un instrumento de la adaptación
a la sociedad.
Fromm (Erich).
Psicoanalista norteamericano de origen alemán
Fromm (Erich). Psicoanalista norteamericano de origen alemán
Fromm (Erich)
Psicoanalista norteamericano de origen alemán
fuente(96)
(Francfort del Meno 1900 - Muralto, Tesino, 1980).
Siendo docente, desde la década de 1930, en el Instituto de Psicoanálisis
de Francfort, se asocia
a las investigaciones de la escuela de Francfort, donde se relaciona especialmente
con H.
Marcuse y con T. Adorno. Desde esa época, se empeña en conciliar
a K. Marx y a S. Freud y
trata de integrar los factores socioeconómicos a la explicación
de la neurosis. En 1934, tras el
ascenso de Hifier al poder, emigra a los Estados Unidos. Pronto será considerado,
junto con K.
Horney, H. S. Sullivan y otros, representante de la tendencia culturalista del
psicoanálisis. En
1962, es nombrado profesor de psiquiatría en la Universidad de Nueva York.
La obra de Fromm
es una protesta vigorosa contra las formas más diversas de totalitarismo
y de alienación social.
Opone la moral de una «planificación humanista» a la ideología del
rendimiento económico y del
consumo. Fromm ha publicado en especial: El miedo a la libertad (194l); Psicoanálisis
y religión
(1950); Sociedad alienada, sociedad sana (1955); El arte de amar (1956); Ensayos
sobre Freud,
Marx y la psicología (197l); La pasión de destruir (1975).
Fromm - Reichmann
Frieda, nacida Reichmann (1889-1957). Psiquiatra y psicoanalista norteamericana
Fromm - Reichmann Frieda, nacida Reichmann (1889-1957). Psiquiatra y
psicoanalista norteamericana
Fromm - Reichmann Frieda
Nacida Reichmann (1889-1957)
Psiquiatra y psicoanalista norteamericana
fuente(97)
Originaria de Alemania, y miembro del Instituto Psicoanalítico de Francfort,
donde conoció a Erich
Fromm, que fue su analizante antes de convertirse en su esposo, Frieda Reichmann
dirigió
también en Heidelberg un sanatorio para jóvenes judías ortodoxas.
Huyendo del nazismo emigró
a los Estados Unidos, pasando por Estrasburgo y Palestina. En virtud de sus funciones
en la
prestigiosa Chestriut Lodge Clinic, se convirtió allí en una de
las principales introductoras del
psicoanálisis en el saber psiquiátrico norteamericano de posguerra.
Desempeñó un papel
importante junto a Harry Stack Sullivan en oportunidad de la creación de
la Washington-Baltimore
Psychoanalytic Society. Adicta al tabaco, alcohólica, y próxima
a los pacientes psicóticos de los
que se ocupó durante toda su vida, tuvo una existencia con mucho movimiento
y poco
conformista. Murió a los 68 años, de un ataque cardíaco masivo.
Frustración
Frustración
Frustración
fuente(98)
s. f. (fr.frustration; ingl.frustration; al. Versagung).1191 Estado de un sujeto
que se encuentra en
la incapacidad de obtener el objeto de satisfacción que codicia.
El término frustración es entendido a menudo, en un sentido muy
amplio, como toda imposibilidad,
para un sujeto, de apropiar -se de lo que desea. Así, las vulgarizaciones
de la psicología o del
psicoanálisis dejan pensar fácilmente que las dificultades de cada
uno remiten a alguna
frustración. Porque habría sido frustrado en su infancia, un sujeto
sería neurótico.
Hay que reconocer sin embargo que en los mismos textos psicoanalíticos
encontramos a veces
formulaciones de este tipo. Este es, por ejemplo, el caso cuando la práctica
analítica es
concebida como una práctica de la frustración. El analista rehusa
responder a la demanda del
paciente, y así haría retornar demandas más antiguas, induciría
a la revelación de deseos más
verdaderos.
Tal concepción tiene el inconveniente de confundir varias modalidades de
la falta. J. Lacan, por
su parte, distingue tres: la privación, la frustración y la castración.
Estos tres términos son
especificados partiendo de una distinción del agente de la falta, del objeto
de la falta y de la falta
misma como «operación». Lacan destaca así que para el niño,
aun en una etapa anterior al
Edipo, no podemos conformarnos, para situar la frustración, con pensar
en los objetos reales
que podrían faltarle. La falta misma, en la frustración, es imaginaria:
la frustración es el campo
de las exigencias sin límite, sin duda porque acompaña la tentativa
siempre vana de restaurar
una completud del yo, según el modelo de la completud de la imagen del
cuerpo. Pero no
podemos quedarnos ahí: en el mundo humano, en el que el niño constituye
su deseo, la
respuesta es escondida por un Otro, Otro paterno o materno que da o rehusa, y
ante todo da o
rehusa su presencia. Es esta alternancia de la presencia y de la ausencia, formalizable
como
alternancia de un más y de un menos, de un 1 y de un 0, la que da al agente
de la frustración su
dimensión simbólica.
Frustración
Frustración
Al.: Versagung.
Fr.: frustration.
Ing.: frustration.
It.: frustrazione.
Por.: frustração.
fuente(99)
Condición del sujeto que ve rehusada o se rehusa la satisfacción
de una demanda pulsional.
El uso, reforzado por el auge del concepto de frustración en la literatura
de lengua inglesa, ha
hecho que el término alemán Versagung se traduzca la mayoría
de las veces por frustración.
Pero esta traducción requiere algunas observaciones:
1) La psicología contemporánea, de modo especial en las investigaciones
acerca del
aprendizaje, tiende a asociar frustración y gratificación y a definirlas
como la condición de un
organismo sometido respectivamente a la ausencia o a la presencia de un estímulo
agradable.
Esta concepción puede relacionarse con algunos puntos de vista de Freud,
especialmente
aquellos en los que parece asimilar la frustración a la ausencia de un
objeto externo susceptible
de satisfacer la pulsión. En este sentido, en su trabajo Formulaciones
sobre los dos principios
del funcionamiento psíquico (Formulierungen über die zwei Prinzipen
des psychischen
Geschehens, 1911), contrapone las pulsiones de autoconservación, que
reclaman un objeto
exterior, a las pulsiones sexuales, que pueden satisfacerse durante mucho tiempo
en forma
autoerótica y en forma de fantasías: solamente los primeros podrían
ser frustrados.
2) Pero la mayoría de las veces el término freudiano Versagung
posee otras implicaciones:
designa, no solamente un dato fáctico, sino una relación que implica
el acto de rehusar (como
indica la raíz sagen, que significa decir) por parte del
agente y una exigencia más o menos
formulada como demanda por parte del sujeto.
3) El término «frustración» parece indicar que el sujeto es frustrado
pasivamente, mientras que
Versagung no designa en absoluto quién rehusa. En algunos
casos parece predominar el
sentido reflexivo de privarse de (renunciar).
Estas reservas(100) nos parecen justificadas por los diversos textos que Freud
dedicó al
concepto Versagung. En Sobre los tipos de adquisición de las
neurosis (über neurotische
Erkrankungstypen, 1912), Freud habla de Versagung para designar todo
obstáculo (externo o
interno) a la satisfacción libidinal. Diferenciando entre el caso en el
que la neurosis es
desencadenada por una carencia en la realidad (por ejemplo, pérdida de
un objeto amoroso) y
aquel en que el sujeto, a consecuencia de conflictos internos o de una fijación,
se rehusa a las
satisfacciones que la realidad le ofrece, Freud considera que Versagung es
un concepto capaz
de englobarlos. Relacionando los distintos modos de formación de la neurosis,
se deduciría, por
consiguiente, la idea de que lo que se ha modificado es una relación,
un cierto equilibrio que
dependía a la vez de las circunstancias exteriores y de las peculiaridades
de la persona.
En las Lecciones de introducción al psicoanálisis (Vorlesungen
zur Einfürhung in die
Psychoanalyse, 1916-1917) Freud subraya que una privación externa no
es por sí misma
patógena, salvo cuando afecta a «la única satisfacción que
el sujeto exige».
Los casos paradójicos de «individuos que enferman en el momento de alcanzar
el éxito»
patentizan el papel preponderante de la «frustración interna»; aquí
se ha dado un paso más: lo
que el sujeto se rehusa es la satisfacción efectiva de su deseo.
De estos textos se desprende que lo que interviene en la frustración, según
Freud, no es tanto
la carencia de un objeto real como la respuesta a una exigencia que implica una
determinada
forma de satisfacción o que no puede recibir satisfacción de ninguna
clase.
Desde un punto de vista técnico, la idea de que la neurosis viene condicionada
por la Versagung
constituye la base de la regla de abstinencia; conviene rehusar al paciente las
satisfacciones
substitutivas que podrían apaciguar su exigencia libidinal: el analista
debe mantener la
frustración.
Frustración
Frustración
fuente(101)
En un texto tardío (El porvenir de una ilusión, 1925), Freud bosqueja
en los términos siguientes
una definición comparada de la frustración, la prohibición
y la privación: «A fin de unificar
nuestro vocabulario, designaremos el hecho de que una pulsión (Trieb) no
sea satisfecha
(befriedigt) con el término frustración (Versagung); al medio por
el cual esa frustración es
impuesta lo denominaremos prohibición (Verbot), y al estado producido por
la prohibición lo
llamaremos privación (Entbehrung)».
Posteriormente, la «satisfacción» fue relacionada con la pulsión,
más exactamente con la pulsión
sexual: sólo entonces la «frustración» encuentra su definición
en la incapacidad de la pulsión
para satisfacer su meta mediante el apaciguamíento de las tensiones internas;
entonces también,
en el contexto de una teoría de la psicosis -y bajo la presión de
la polémica con Jung-, se
planteará el problema de la parte de la «realidad» en ese desasimiento
y se relacionarán las
nociones de frustración y privación.
Pero lo que caracteriza la pulsión, a diferencia del instinto, es su plasticidad.
En consecuencia, la
frustración misma participará del «destino» de las pulsiones; la
realidad de la existencia humana
es la civilización; la frustración -en su relación con la
privación- será entonces parte integrante
de una teoría del desarrollo social.
Por todas estas razones, la noción de frustración no aparece sólo
como una categoría
fundamental de la metapsicología; ella sostendrá toda reflexión
sobre la posible elaboración de
una sociología psicoanalítica.
Al principio, la definición freudiana de la frustración resulta
entonces producto de la elaboración
a la cual dio material el análisis de la satisfacción.
En la perspectiva común a Breuer y Freud, la satisfacción expresa
la abreacción de la energía.
«Cuando la persona auxiliadora -escribe Freud en 1895- ha ejecutado para el ser
impotente el
trabajo de la acción específica necesaria, éste, gracias
a sus posibilidades reflejas, está en
condiciones de consumar de inmediato, en el interior de su cuerpo, lo que exige
la supresión del
estímulo endógeno. El conjunto de este proceso constituye una "vivencia
de satisfacción" que
tiene las consecuencias más importantes en el desarrollo funcional del
individuo.»
En La interpretación de los sueños, lo que se toma en cuenta es
la satisfacción del deseo, que
implica, con la repetición alucinatoria de la satisfacción originaria,
la de la presencia gratificante.
No se evocan, en cambio, la noción de pulsión ni la de insatisfacción.
Si bien la noción de pulsión surge en los Tres ensayos de teoría
sexual, sólo adquirirá valor
operatorio en el psicoanálisis por su asociación con la noción
de zonas erógenas, que la
determina en tanto que pulsión sexual. «Junto a una pulsión no sexual,
surgida de fuentes de
impulsión motriz», se leía en la primera edición, bajo el
título de «Pulsiones parciales y zonas
erógenas», «se distinguirán, como pulsiones parciales, las contribuciones
de los órganos
susceptibles de excitación [Reiz, y no Erregung, estimulación].
Lo son la piel, las mucosas, los
órganos de los sentidos. El órgano sensorial debe definirse como
zona erógena en tanto su
estimulación [Erregung] le presta a la pulsión un carácter
sexual.»
Al pasar al estudio de la «meta sexual de la sexualidad infantil», Freud subraya
la excitación del
dominio en el cual se impone la afinidad de la satisfacción con la excitación.
Finalmente, al
abordar las transformaciones de la pubertad, aporta una determinación nueva
a la satisfacción,
en favor de la distinción entre el placer preliminar y el placer final,
relacionándola con este último.
Aporte de la psicosis
¿Es decir que podemos pasar directamente de la
noción de satisfacción a la de frustración? En
realidad, este desarrollo favoreció la extensión del campo teórico
de la neurosis a la psicosis.
Desde el punto de vista de la psicosis, caracterizada por el desasimiento del
sujeto respecto del
campo de la realidad, la frustración se produce en efecto en relación
con esta última, y en la
medida en que la realidad hace obstáculo.
En este caso Freud está en deuda con Jung, de quien, aproximadamente en
1911, toma la noción
de introversión. No por ello disentía menos acerca de un punto esencial:
mientras que en la
acepción de Jung la realidad hace obstáculo a la reivindicación
del sujeto, en Freud hace
fracasar el trabajo de la pulsión.
Desde el origen, se observa la asociación de la privación (Entbehrung)
con la frustración
(Versagung). «Añadiría aún unas palabras -escribe Freud a
propósito de Schreber- con relación
a las causas de este conflicto que estalló con motivo de una fantasía
optativa femenina. Lo
sabemos: cuando una fantasía optativa se manifiesta, nuestra tarea consiste
en relacionarla con
alguna privación impuesta por la vida real. Ahora bien, Schreber reconoce
haber sufrido una tal
privación. Su matrimonio, que él por otra parte califica de feliz,
no le dio hijos, y en particular no le
dio el hijo que lo hubiera consolado por la pérdida de su padre y su hermano,
y con el cual habría
podido dar salida a su ternura homosexual insatisfecha.»
En los años siguientes, varios textos extraerán las consecuencias
de esas primeras
sugerencias: ellas permiten que aparezcan a su vez, en la concepción propiamente
freudiana de
la pulsión sexual, la integración del tema junguiano de la introversión
-derivada del fracaso del
sujeto en la asunción de la realidad-, y su desarrollo en función
del enriquecimiento interno del
pensamiento de Freud, con la contribución que le aporta el narcisismo.
En «Sobre los tipos de contracción de neurosis» (1912), Freud pone en relación
la frustración
con las limitaciones impuestas por la cultura. El efecto patógeno de la
frustración reside en
«otorgar vigencia a los factores predisponentes hasta entonces inactivos» (por
lo cual
entendemos los residuos pulsionales heredados enraizados en zonas erógenas
arcaicas). Así
propone Freud su interpretación de la introversión junguiana: el
caso particular en que la
frustración de ciertas aspiraciones del yo conduce a la inhibición
del desarrollo.
De modo que pueden distinguirse cuatro tipos de entrada en la neurosis, según
que la
frustración implique: abstinencia, fracaso del intento de cumplir la exigencia
de la realidad,
inhibición del desarrollo, o estasis libidinal.
Se observará además que esta última clasificación
se basa en una concepción todavía bastante
vaga de «las aspiraciones del yo» que invoca. Se siente la influencia de Jung,
pero sigue
insuficientemente elaborada la noción propiamente freudiana de narcisismo.
«Por cierto, en este
caso -nos dice Freud-, lo que la realidad rehúsa no es cualquier tipo de
satisfacción, sino muy
precisamente el único tipo que el individuo declara que le es posible,
y la frustración no proviene
directamente del mundo exterior sino, en el nivel primario, de ciertas aspiraciones
del yo; no
obstante, la frustración sigue siendo el factor común y el más
comprehensivo. Como
consecuencia del conflicto que se instaura de entrada en el segundo tipo, son
igualmente
inhibidas las dos clases de satisfacción: tanto aquella a la cual uno estaba
acostumbrado, como
la que uno trata de alcanzar; se desemboca en el estancamiento de la libido. con
todas las
consecuencias que se desprenden de ella, como en el primer caso.»
Cuatro años más tarde, se realizará un progreso en el artículo
«Algunos tipos de carácter
dilucidados por el trabajo psicoanalítico» (1916): en el intervalo había
aparecido «Introducción del
narcisismo» (1914). Freud sigue fiel a la primera definición del yo por
las pulsiones de
autoconservación.
Incluso anticipa desarrollos ulteriores, al evocar el valor «ideal» de una satisfacción
otorgada al
yo. «El trabajo psicoanalítico nos procura la tesis siguiente: los seres
humanos se vuelven
neuróticos como consecuencia de la frustración (Versagung). Se trata
de la frustración de la
satisfacción de sus deseos libidinales, y para comprender esta tesis hay
que dar un rodeo
bastante largo. Pues, para que se constituya la neurosis, tiene que haber un conflicto
entre los
deseos libidinales de un hombre y esa parte de su ser, que nosotros llamamos su
«yo», que es
la expresión de sus pulsiones de autoconservación e incluye los
ideales que él tiene de su
propio ser. Ese conflicto patógeno sólo se produce si la libido
quiere lanzarse en vías y hacia
metas desde mucho antes superadas y proscriptas por el yo, y que él ha
prohibido para
siempre; la libido sólo hace esto si le es retirada la posibilidad de una
satisfacción ideal acorde
con el yo.»
Así se introducirá la distinción entre la frustración
externa y la interna: «Si el objeto por el cual la
libido puede encontrar su satisfacción desaparece en la realidad, hay una
frustración externa.
En sí misma no tiene consecuencias, permanece no patógena mientras
una frustración interna
no se asocie con ella. Esta última, la frustración interna, debe
emanar necesariamente del yo, y
disputar a la libido otros objetos de los que ahora ella quiere apoderarse. Sólo
entonces se
originan un conflicto y la posibilidad de contraer una afección neurótica,
es decir, la posibilidad
de una satisfacción sustitutiva por el desvío a través del
inconsciente reprimido. De modo que la
frustración interna entra en la cuenta en todos los casos; sólo
que ella no entra en acción antes
de que la frustración externa real le haya preparado el terreno».
No obstante, el alcance de estas sugerencias sólo se advertirá con
el análisis del Hombre de los
Lobos (1918). «Se podría decir -escribe Freud- que la infancia de nuestro
enfermo se había
caracterizado por oscilaciones entre la actividad y la pasividad; su pubertad,
por una lucha por
la virilidad, y el período que siguió a la contracción de
la enfermedad, por la lucha en torno del
objeto de sus deseos viriles. La causa ocasional de su enfermedad no entra en
los tipos de
contracción de neurosis que he podido agrupar como casos particulares de
reacción a la
"frustración", de modo que nuestra atención se ve atraída
hacia una laguna que presenta esa
clasificación. El paciente se quebrantó cuando una afección
orgánica de los genitales hizo
revivir en él la angustia de castración, derrotando su narcisismo
y obligándolo a abandonar la
esperanza de ser un favorito del destino. Cayó entonces enfermo de una
"frustración"
narcisista. Ese narcisismo, en él excesivo, estaba en perfecto acuerdo
con los otros indicios
que presentaba de un desarrollo sexual inhibido: con el hecho de que fueran tan
pocas las
tendencias psíquicas que se concentraban en su elección heterosexual
de objeto, a pesar de
toda su energía, y también con el otro hecho de que la actitud homosexual,
tanto más próxima al
narcisismo, había persistido en él con tal tenacidad como fuerza
inconsciente.»
De modo que el análisis de la frustración aprovecha plenamente la
elaboración del narcisismo.
Fue por completo natural que la perspectiva abierta por la segunda tópica
le aportara un nuevo
retoque. La etiología de la neurosis sigue basándose en la frustración
de un deseo infantil, y esa
frustración proviene del afuera. «No obstante, las exigencias de la realidad
son representadas
por el superyó, el cual "reúne" en sí, según un encadenamiento
que falta dilucidar, influencias
provenientes tanto del ello como del mundo exterior, y de algún modo constituye
un modelo ideal
de aquello a lo que apuntan todas las tendencias del yo, a saber: la conciliación
de sus múltiples
alianzas. El comportamiento del superyó, contrariamente a lo ocurrido hasta
ahora, debería
tomarse en consideración en todas las formas de enfermedad psíquica.
Mientras tanto, cabe
postular que tiene que haber afecciones que se basan en un conflicto entre el
yo y el superyó.
El análisis nos autoriza a admitir que la melancolía es un caso
ejemplar de ese grupo; nos
gustaría darle a este tipo de trastornos el nombre de "psiconeurosis narcisistas".»
De la frustración freudiana al «daño»
imaginario de Lacan
Llegamos así a la definición de
la frustración dada por Freud en 1927 en El porvenir de una
ilusión, en comparación con la prohibición y la privación.
Veamos, por otro lado, la
caracterización que hace de ella Lacan. En Freud, la frustración
es el hecho (Tatsache) de que
una pulsión no pueda ser satisfecha. Se observará que en ese momento
de la elaboración la
pulsión debe entenderse según la acepción de la segunda tópica,
en las condiciones que le
impone la organización del ello por el yo, bajo la coacción del
superyó. En otras palabras, la
frustración, si seguimos a Freud, implica una identificación cuyo
fracaso consagra. Queda por
precisar el estatuto del yo así implicado: yo narcisista investido -heredero,
si seguimos a Lacan,
del estadio del espejo- y desde esta perspectiva se comprenderá la fórmula
de Lacan: la
frustración entendida como «daño imaginario de un objeto real».
Daño imaginario: la primera parte
de la fórmula reinterpreta la referencia freudiana al yo y a la frustración
interna en tanto que ese
yo, heredero del estadio del espejo, aparece precisamente en Lacan como el núcleo
de lo
imaginario.
Objeto real: la indicación concuerda con la frustración externa
de Freud.
Desde el primer punto de vista se perfila el objeto a del deseo, y desde el segundo
punto de
vista, la dependencia en la que se encuentra la demanda del sujeto con relación
al Otro. Así se
nos orienta hacia la representación topológica de la frustración,
en tanto que lo imaginario, orden
del que ella participa, se sostendrá en su articulación con lo simbólico
del ideal del yo y con lo
real, en una representación «borromea».
Frustración
Frustración
Alemán: Versagung.
Francés: Frustration.
Inglés: Frustration.
fuente(102)
Estado en el que se encuentra un sujeto cuando se le niega o se le prohíbe
la satisfacción de
una demanda de origen pulsional.
En el lenguaje corriente, la utilización del término frustración
para designar indiferentemente el
displacer, la insatisfacción, incluso la contrariedad, tiende a ocultar
el alcance conceptual de la
palabra en la doctrina freudiana y en la teorización lacaniana..
Para Sigmund Freud, y esto desde el artículo de 1912 titulado "Sobre los
tipos de contracción de
neurosis", la frustración (Versagung) no implica necesariamente
la idea de pasividad. Freud
agrupa en esta categoría tanto la insatisfacción debida a que un
agente exterior se niega a
responder a una exigencia libidinal, como la ligada a factores internos, a la
inhibición, las
defensas yoicas, que desembocan en formulaciones vacilantes, torpes o imposibles
de la
demanda.
Después de la importante modificación metapsicológica introducida
por el concepto de
narcisismo, Freud, en 1916, en el artículo "Algunos tipos de carácter
dilucidados por el trabajo
psicoanalítico", traza una distinción entre la frustración
externa y la frustración interna. "E]
trabajo psicoanalítico nos ha proporcionado esta tesis: los seres humanos
se vuelven neuróticos
a continuación de la frustración." La neurosis resulta del
conflicto entre los deseos libidinales del
ser humano y esa parte de él, su yo, sede de las pulsiones de autoconservación
y de sus
ideales, que vela por evitarle el displacer que le ocasionarían los estados
de excitación
excesiva. La frustración de una satisfacción muy real constituye
entonces una de las causas de
la neurosis.
¿Cómo explicar los casos en que el sujeto enferma en el momento mismo en
que su deseo está a
punto de realizarse? Más allá de los ejemplos clínicos que
presenta Freud, se puede evocar el
de los atletas de pronto afectados por lo que se denomina corrientemente el miedo
a ganar. En
apariencia hay una contradicción con la tesis de la frustración
como causa de la afección
neurótica. Resolver este obstáculo supone distinguir entre una frustración
externa y una
frustración interna. "Si, en la realidad -escribe Freud-, el objeto mediante
el cual la libido puede
encontrar su satisfacción desaparece, hay una frustración externa.
En sí misma no tiene
efectos, sigue siendo no patógena mientras no se asocie a ella una frustración
interna."
La frustración interna está siempre presente, como marca de la permanencia
del conflicto entre
el yo y la libido, pero "no entra en acción antes que la frustración
externa real le haya preparado
el lugar". En las situaciones contradictorias a las que acabamos de referirnos,
la frustración
interna aparece después de que "la frustración externa haya dado
lugar a la realización del
deseo". En tanto ese deseo, el deseo de ganar, de tener éxito, etcétera,
permanecía en el
registro del fantasma, el yo lo toleraba: el yo interviene para inhibir, anular
la operación en el
momento en que se aproxima la realización, en que el fantasma está
a punto de sufrir una
transformación real.
En 1927, en El porvenir de una ilusión, Freud da una definición
muy precisa de la palabra
frustración, que relaciona con interdicción y privación.
La frustración es caracterizada como
resultado de la insatisfacción de una pulsión; la interdicción,
como el medio por el cual se inflige
la frustración, y la privación, como el estado producido por la
interdicción. La frustración, explica
Freud, en la medida en que es el resultado de una insatisfacción libidinal,
es también el producto
de esa limitación general que constituye la cultura, modalidad de socialización
del ser humano. La
frustración aparece así como un estado inherente a la condición
humana.
El estado de frustración es una dimensión esencial en la cura psicoanalítica.
El analista debe
mantenerlo, sobre todo respetando la regla de abstinencia, pues la frustración
constituye uno de
los motores del despliegue de la cura, un medio importante para luchar contra
las resistencias.
Jacques Lacan inscribe el concepto de frustración en su tópica de
lo real, lo simbólico y lo
imaginario. La frustración constituye la modalidad en la que el infante
vive la segunda fase del
despliegue del Edipo. La intrusión paterna priva a la madre del falo y
frustra al niño, separándolo
de la madre.
En su seminario de los años 1956-1957, La relación de objeto,
Lacan determina los registros
específicos de la frustración, la privación y la castración.
Establece el carácter primordial de la
relación con el objeto, la naturaleza de la falta así constituida,
para distinguir esos tres procesos.
Si bien la frustración, definida por Lacan como la falta imaginaria del
objeto real, especifica la
vivencia de un momento de la fase edípica, su origen está en "traumas,
fijaciones, impresiones,
provenientes de experiencias preedípicas. Por tal razón, constituye---elterreno
preparatorio, la
base y el fundamento- del Edipo.
Lacan volvió a esta inscripción de la frustración en el campo
imaginario en el seminario del año
siguiente, Las formaciones del inconsciente. La frustración es estudiada
allí como el efecto de
una demanda excesiva, en el límite de lo formulable, a propósito
de un objeto real, y como tal,
imposible. El pene, objeto de la frustración de la niña, constituye
el modelo original de ese objeto
imposible, y el descubrimiento por el infante de su ausencia en la mujer provoca
la frustración,
punto de anclaje de manifestaciones neuróticas, como lo atestigua la observación
clínica del
caso de "Juanito" (Herbert Graf).
Fuente de la pulsión
Fuente de la pulsión
Fuente de la pulsión
Al: Triebquelle.
Fr.: source de la pulsion.
Ing.: source of the instinct.
It.: fonte dell'istinto o della pulsione.
Por.: fonte do impulso o da pulsâo.
fuente(103)
Origen interno específico de cada pulsión determinada, ya sea el
lugar donde aparece la
excitación (zona erógena, órgano, aparato), ya sea el proceso
somático que se produciría en
aquella parte del cuerpo y se percibiría como excitación.
El sentido de la palabra fuente se va diferenciando, dentro de la obra
de Freud, a partir de su
empleo metafórico corriente. En los Tres ensayos sobre la teoría
sexual (Drei Abhandlungen
zur Sexualtheorie, 1905), Freud enumera, bajo el epígrafe «fuentes
de la sexualidad infantil»,
fenómenos muy distintos, pero que finalmente se clasifican en dos grupos:
excitación de zonas
erógenas por diversos estímulos, y «fuentes indirectas», tales como:
«la excitación mecánica»,
«la actividad muscular», «los procesos afectivos», «el trabajo intelectual». Este
último tipo de
fuentes no da origen a una pulsión parcial determinada, sino que contribuye
a aumentar «la
excitación sexual» en general.
Dado que Freud efectúa en este artículo una enumeración exhaustiva
de los factores internos y
externos que desencadenan la excitación sexual, parece perder validez la
idea de que la pulsión
corresponde a una tensión de origen interno. Esta última idea se
hallaba presente desde el
Proyecto de psicología científica (Entwurf einer Psychologie,
1895): el aflujo de excitaciones
endógenas (endogene Reize) somete al organismo a una tensión
de la cual no puede escapar,
como escapa, por medio de la huida de las excitaciones externas.
En Las pulsiones y sus destinos (Triebe und Triebschicksale, 1915), Freud
procede a un
análisis más metódico de los diversos aspectos de la pulsión
parcial: fuente y empuje, fin y
objeto. Esta distinción es válida para todas las pulsiones, pero
se aplica especialmente a las
pulsiones sexuales.
Aquí, la fuente-adquiere un sentido preciso que enlaza con los puntos de
vista del primer escrito
metapsicológico de 1895: es la fuente interior del organismo, la «fuente
orgánica» (Organquelle),
«fuente somática» (somatische Quelle). Entonces el término
«fuente» designa, en ocasiones, el
órgano mismo que es asiento de la excitación. Pero, de un modo más
preciso, Freud reserva
este término para designar el proceso orgánico, físico-químico,
que se encuentra en el origen de
esta excitación. La fuente es, por consiguiente, el momento somático,
no psíquico, «[...] cuya
excitación [Reiz] está representada en la vida psíquica
por la pulsión». Este proceso somático
es inaccesible a la psicología y casi siempre desconocido, pero sería
específico de cada pulsión
parcial y determinaría su fin particular.
Freud se propone asignar a cada pulsión una fuente determinada: además
de las zonas
erógenas, que constituyen las fuentes de pulsiones bien definidas, la musculatura
sería la fuente
de la pulsión de apoderamiento, el ojo, la fuente de la «pulsión
de ver» (Schautrieb.
Dentro de esta evolución, el concepto de fuente se fue precisando cada
vez más hasta volverse
unívoco: la especificidad de las pulsiones sexuales se atribuye, en último
análisis, a la
especificidad de un proceso orgánico. En una sistematización coherente,
sería preciso asimismo
atribuir cada pulsión de autoconservación a una fuente distinta.
Cabe preguntarse si esta fijación
de la terminología no ha zanjado al mismo tiempo en forma unilateral el
problema teórico del origen
de las pulsiones sexuales. Así, en los Tres ensayos, la enumeración
de las «fuentes de la
sexualidad infantil» conducía al concepto de que la pulsión sexual
surge como efecto paralelo,
como producto marginal (Nebenwirkung, Nebenprodukt) de diversas actividades
no sexuales:
tal es el caso de las fuentes llamadas «indirectas», pero lo mismo sucede en el
funcionamiento
de las zonas erógenas (a excepción de la zona genital), en las que
la pulsión sexual se apoya
(véase: Apoyo) en un funcionamiento ligado a la autoconservación.
El carácter común a todas
estas «fuentes» lo constituye, por tanto, el hecho de que no engendran la pulsión
sexual como
su producto natural y específico, en forma similar a como un órgano
segrega su producto, sino
como un efecto sobreañadido de una función vital. Es el conjunto
de esta función vital (que a su
vez puede comprender una fuente, un empuje, un fin y un objeto) lo que constituiría
el origen, la
«fuente», en sentido amplio, de la pulsión sexual.
La libido se califica de oral, anal, cte., por el modo de relación que
le proporciona una
determinada actividad vital (así, por ejemplo, amar, en la fase oral, se
constituye en la forma
comer-ser comido).
Fuerza
fuente(104)
La prevalencia de la consideración de las fuerzas en la investigación
psicoanalítica aparece
subrayada en la cuarta de las Conferencias de introducción al Psicoanálisis,
como conclusión
del estudio de los actos fallidos.
«Por lo tanto -escribe Freud-, vamos a abandonar aquí el análisis
de los actos fallidos. Sólo
quiero recomendarles lo siguiente. Conserven en su memoria, como modelo, el modo
en que
hemos tratado estos fenómenos. Por este ejemplo podrán colegir los
propósitos de nuestra
psicología. No queremos solamente describir y clasificar los fenómenos;
deseamos también
concebirlos como indicios de un juego de fuerzas que tiene lugar en el alma, como
la
manifestación de tendencias que aspiran a alcanzar una meta y que trabajan
en la misma
dirección o en direcciones opuestas. Tratamos de formarnos una concepción
dinámica de los
fenómenos psíquicos. En nuestra concepción, los fenómenos
percibidos tienen que ceder el
paso a tendencias sólo supuestas.»
El estatuto epistemológico y la significación operatoria del concepto
de fuerza quedan entonces
claramente enunciados.
Desde el punto de vista epistemológico, Freud insiste en el carácter
de construcción del
concepto, y por lo tanto recusa toda interpretación realista y dogmática
de la fuerza. Además
rechaza derivar su representación de la experiencia interna.
El concepto extraerá más bien sus determinaciones de las respuestas
que es capaz de dar a los
problemas específicos del psicoanálisis,
-En primer lugar, apunta a las características de un proceso, y no a las
cualidades de un dato.
-Tiene por función sacar a luz los indicios (Anzeichen) de este proceso.
Dicho de otro modo, el
alcance constructivo del concepto representa el aspecto epistemológico
de la situación
psicológica del proceso en tanto que inconsciente.
-Esa inconciencia del proceso tiene que ver más exactamente con su relación
con una meta y
con los factores que rigen otros procesos. Es un rasgo esencial de la fuerza que
se relacione
con una exigencia, con una orientación, y con la concurrencia compleja
de exigencias a las
cuales se responde con procesos diversamente orientados. En estas condiciones,
es propio de
la fuerza que realice un cierto «trabajo».
Función anafórica o
gestual
Función anafórica o gestual
Función anafórica o gestual
fuente(105)
Definición
Esta noción apunta en un plano descriptivo,
a relevar una complejidad en el entrelazamiento
entre el plano simbólico del discurso y su producción en una situación
vincular. La función
gestual o anafórica es pensada como trabajo de semiosis desde
la mutua apelación encarnada
de los sujetos de una configuración vincular dada. En un nivel metapsicológico
propone la
enunciación de una función, condición constructiva, configurante
del vínculo en su singularidad.
Se sitúan dos principios de semiotización suplementarios y heterogéneos
en la situación de
discurso vincular: 1) una función gestual o anafórica, previa
lógicamente, condición de
producción de sentido; y 2) la emergente de la relación entre signos.
Se trata de un función
designante, diseñante " del espacio semántico (contexto)
en que advendrá la significación. La
condición de suplementarios, se refiere a que ambos principios se
enhebran en una
generatividad siempre abierta, por oposición a la idea de complementación,
en el sentido de
conformar una "buena forma". Son pensados como heterogéneos, en
tanto radicalmente no
reducibles uno al otro.
Origen e historia del término
"Gesto" proviene
del latín: "expresión o ademán del rostro según los
distintos estados de ánimo,
Movimiento exagerado del rostro por hábito o enfermedad. Mueca. Semblante,
cara, rostro. Acto
o hecho. Rasgo notable de carácter o conducta". Ya la acepción coloquial
de la familia de
términos de la misma raíz (gestar, gestación, gesticular,
gestionar, gestión, gestor, gestudo)
cubre significaciones en torno al movimiento humano, pero, nótese, no como
motricidad
mecánica. Incluye un nivel de trascendencia, un engendrar en un más
allá.. Etimológicamente,
anáfora, del griego, es lo que remite hacia atrás. Es
un término usado en ciencias del lenguaje
en relación a las relaciones semánticas entre frases. La elección
de términos para nominar esta
función reúne esa característica de trascendencia puntuada
para el gesto como movimiento, con
la cualidad descripta para la anáfora de no significar por si misma,
de requerir de un más allá, de
otro tramo de discurso, para entrar en significación.
Esta noción retorna para el plano de lo vincular la cuestión de
la producción pre-representativa,
pensada por Freud en el capítulo VI de La interpretación de los
Sueños ("el trabajo del sueño
no piensa ni calcula: de manera más general, no juzga, se contenta con]
transformar").
Reconoce como antecedente, también dentro de los desarrollos psicoanalíticos,
la particular
modalidad en que Julia Kristeva reelabora la noción lacaniana de lo
imaginario. A partir de
proponer un otro orden de representación: representación semiótica,
terciando en la díada
representación cosa - representación palabra, sitúa lo imaginario
como la manifestación
fenomenológica de una inter-fase, de tránsito; como "la semiotización
primaria de las pulsiones
en un registro infralinguístico", registro al que denomina semiótico.
El aporte de Bateson al describir el doble vínculo desde una perspectiva
vincular no
psicoanalítica constituye un antecedente de otro orden, al incluir fuertemente
esta imbricación de
una heterogeneidad de niveles de lenguajes, simultáneos, en las situaciones
multipersonales. Es
retrabajado por Berenstein (1976) desde una perspectiva psicoanalítica
vincular al situarlo en
relación a una matriz simbólica determinante del modo de subjetivación.
Este acento puesto en la
capacidad determinante de tal matriz simbólica, dejó en ese momento
sin cubrir otros órdenes de
determinación, ligados a lo situacional. Sin embargo, más tarde,
(1991), refiriéndose a los
intercambios emocionales corporales y de palabras propios de los vínculos
familiares,
Berenstein abre la cuestión, pero no la desarrolla. Dice allí que
su significado dependerá de las
peculiares especificaciones contextuales en que se darán, y denomina la
función por la cual se
registran los índices que marcan la especificidad de cada contexto como
función de indicación,
adscribible al lugar del padre.
Este concepto surge de la específicidad de esta clínica, que al
reincluir la cuestión de la mirada,
de la corporalidad, en donde la sucesividad de un discurrir está complejizado
por la
simultaneidad de un "nosotros" en un "cara - a - cara" problematiza una decisión
metateórica
previa: el estructuralismo como posición epistemológica, que define
su objeto exclusivamente en
el orden de las relaciones entre signos, Hasta ese momento, la apelación
a otras disciplinas
había sido congruente con esta postura (Saussure, Greimas, Lévi-Strauss).
Resultaba imposible
nombrar desde allí un orden de determinación que fuera por otra
vía, la del orden del gasto
libidinal implicado en un "hacerse" mutuamente. El problema era cómo nombrar
la específica
actividad, el trabajo por el que se construye cada vez ese "nosotros". Señas,
contraseñas,
tensiones -expresadas en la postura, en la tonicidad muscular-, miradas, alguna
frase particular,
al modo de juntar cada vez las piezas de un rompecabezas generan un efecto de
conjunto,
"nosotros", instituyendo o cuestionando las particulares condiciones de producción
de discurso
para esa situación. La interrogación a la semiología se orientó
entonces hacia teóricos que
sitúan su objeto en la intersección de lenguaje y acción.
Es así como se toma y se trabaja el
término función anafórica o gestual de la obra de Julia Kristeva
en el campo de la semiología. Ello
implicó desde el punto de vista epistemológico un desplazamiento
a una postura que considera
inherente a la definición de su objeto una relación de los signos
con un campo de
indeterminación, una productividad heterogénea a ellos.
Desarrollo desde la perspectiva vincuklar
Este término se introduce en 1992 en un
trabajo de corte teórico -metodológico, en el que
tomando como referencia los soportes que toma Piera Aulagnier para el dispositivo
analítico
bipersonal (atención parejamente flotante - derecho al silencio, del lado
del analista; asociación
libre y diván del lado del paciente) se propone problematizar y dar cuenta
de la posición del
analista en cada uno de esos ejes para la especificidad del dispositivo analítico
familiar. A partir
de la propuesta de pensar la repetición en familia como "texto semiótico"
diseñado a través de
una práctica de designación, se formula como gestual o anafórica
a aquella función que designa
el espacio semántico (contexto) en que advendrá la significación.
Implica un gasto libidinal tanto
para sostenerse en el "texto" familiar conocido, como para atravesarlo, hacia
lo nuevo. La
abstinencia complejizada por la corporeidad mirada del analista, lleva
a distinguir a partir de una
heterogeneidad en los principios de semiotización, dos facetas en las intervenciones
del
analista: la actividad diseñante cada vez del dispositivo,
allí, la función anafórica. Por otro lado,
desde esa actividad de creación de las peculiares condiciones que hacen
el dispositivo,
escucha, descifra, interpreta.
En las publicaciones posteriores que se citarán, el trabajo de este concepto
está asociado a una
revisión epistemo-filosófica de la teoría. Al quedar relativizado
el determinismo estructuralista, y
al ser reconocido y enfatizado el valor de la presencia del otro, pone
en un plano destacado la
cuestión del gesto en su posibilidad instauradora, constructiva, e invita
a profundizar esta línea
de indagación. Se despliega la función anafórica o gestual
en tanto constructiva de las
condiciones de producción de discurso en situación. La intervención
del analista es pensada
desde su dimensión de acto. al analista en su función, y en el modo
de concebir su intervención.
Problemáticas conexas
Al estar enunciada como gasto libidinal, roza
la noción de pulsión, e invita a revisar la definición
de vínculo. Si se toma pulsión como lo que va del bios a
la producción representacional, en el
vínculo lo pulsional estaría incluido sólo indirectamente,
indicado a través de cómo trabaja esta
función en el aparato psíquico. Si lo pulsional está tomado
ya no desde una concepción cerrada
de aparato psíquico, sino un psiquismo pulsado también desde
el otro presente, en alguna
relación con un tope o ley (ligando, haciendo marca; o bien no ligando,
ya por defecto, ya por
exceso) la función anafórica o gestual correspondería
a ese trabajo pre-representacional de
base del, vínculo pulsando a ese otro que se presenta.
Es importante seguir estudiando para su precisión y fundamentación,
el valor de este matiz de la
intervención del analista como herramienta, especialmente en relación
a la clínica en que el
sufrimiento está asociado a la inhibición, al impedimento, o a la
acción.
Función continua
Función continua
Función continua
fuente(106)
Dados dos espacios topológicos X e Y, la función f:X® Y se dice
continua en un punto a Î X si
dado un entorno V del punto f(a) Î Y, existe un entorno U
de a tal que f(U) Ì V, es decir, f(x) Î V
para todo x Î U. Esto puede expresarse mediante la noción de límite:
f es continua en a si
En la topología usual, la noción de continuidad
en a equivale a la propiedad de que si {xn}es
cualquier sucesión en X que converge a a,
entonces la sucesión {f(xn)} converge a f(a).
Intuitivamente, podemos decir: cuanto más se acerca xn a a,
más se acerca f(xn) a f(a). f se
dice continua cuando es continua en todos sus puntos. Equivalentemente, f es continua
si y sólo
si la imagen inversa de un abierto cualquiera es un conjunto abierto.
Función materna
Función materna
Función materna
fuente(107)
Función: (Del lat. functio, cumplir, or. de "fungible") (Desempeñar,
tener, Asignar, Atribuir:
Corresponer"). Capacidad de acción o acción de un ser apropiada
a su condición natural (para
lo que existe) o al destino dado por el hombre (para lo que se usa). Capacidad
de acción o
acción propia de los seres vivos y de sus órganos y de las maquinas
o instrumentos.
Madre: (Del lat. "mater, -tris", del gr. "metro", v.: "matern..., matricaria,
matrícula, ( ... » Mujer que
tiene o ha tenido hijos, con respecto a estos. "Hembra de cualquier animal, con
respecto a sus
crías. ( ... )
( ... ) Hembra que ha parido, respecto de sus hijos. ( ... ) Matriz, útero.
( ... ) Causa, origen raíz
de donde proviene una cosa.
Definición: Capacidad de acción propia de quien ocupa el
lugar de la madre. En las primeras
interacciones es capaz de narcisizar el cuerpo del bebe, semantizar, decodificar
lo que este
expresa a través de su cuerpo. Posibilita la evolución somatopsíquica,
al suministrarle los
elementos necesarios para su desarrollo. Apuntala sus funciones de autoconservación
y
formación del aparato psíquico. Transmite la intuición de
una presencia por fuera de los dos, el
lugar del padre, simbólicamente presente en la madre.
Origen e historia del término
Freud en su obra hace referencia a la madre como
objeto de las pulsiones de conservación,
madre nutricia, y como objeto de las pulsiones sexuales, estimuladora de la libido.
En el recién nacido alude a su indefensión, dada su incapacidad
de emprender una acción
coordinada y eficaz por si mismo.
A la situación del bebé en su incapacidad física y psíquica
la describe como desamparo
(Hilflosigkeit). El lactante necesita de un otro para satisfacer sus necesidades
(sed, hambre),
poner fin a la tensión interna, dando lugar a la acción específica,
que lo podrá investir
narcisísticamente.
"El estado de desamparo, inherente a la dependencia total del pequeño ser
con respecto a su
madre, implica la omnipotencia de ésta. Influye así en forma decisiva
en la estructuración del
psiquismo, destinado a constituirse enteramente en la relación con el otro".
Winnicott hace la distinción entre la función madre-ambiente y madre-objeto
de la pulsión o
instinto.
Destaca la función madre-ambiente: Postula que el bebé es parte
de una relación, necesita de
una "madre suficientemente buena" en el inicio de su proceso de desarrollo.
A la primera fase de unidad madre-bebé la denomina de "dependencia absoluta".
Es la madre
quien constituye el medio ambiente posibilitador, para lo cual necesita apoyo,
(el padre, abuela
materna, la familia y el medio ambiente social mas inmediato).
Llama a las primeras interacciones "preocupación materna primaria", comprendida
durante las
últimas semanas del embarazo, el final del mismo y semanas después
del parto.
Con el refuerzo del yo de la madre, el hijo fortalece el yo y pasa a tener una
identidad propia.
Sus funciones las agrupa en tres categorías:
1) Sostenimiento (holding): En relación a la capacidad de identificarse
con su bebé.
2) Manipulación: Contribuye al desarrollo psicosomático del bebé
que le permitirá percibir lo "real"
como contrario a lo "irreal".
3) Presentación de objetos: En el bebé promueve la capacidad de
relacionarse con objetos.
Bion (1966) representa la función materna como el modelo del tubo digestivo,
en tanto función.
La describe como una "clase de órgano receptivo psicológico" al
que denomina "reverie":
capacidad materna de estar abierta a las proyecciones-necesidades de su bebé.
Grinberg, en
1985 señala que la principal capacidad materna es poder "contener" la angustia
del bebé. Se
basa en la teoría de la identificación proyectiva. La madre: "funciona
como un continente efectivo
de las sensaciones del lactante, y con su madurez logra transformar exitosamente
el hambre en
satisfacción, el dolor en placer, la soledad en compañía,
el miedo de estar muriendo en
tranquilidad". P. Castoriadis-Aulagnier plantea que en el infans la vida depende
de "una situación
de encuentro". La primera representación se realizará en el encuentro
con el cuerpo y
producciones de la psique materna. La madre anticipa en actos y palabras, dando
significados,
aún antes que su bebé sea capaz de reconocer su significación
y tomarla por sí mismo. En su
función de "portavoz", "la madre posee el privilegio de ser para el infans
el enunciante y el
mediador privilegiado de un 'discurso ambiental', del que le transmite, bajo una
forma predigerida
y premodelada por su propia psique( ... )". A las acciones, palabras, significados
que la psique
materna impone, motivado en su deseo, pero a su vez apoyado en lo que corresponde
a la
necesidad de su hijo, es lo que llama esta autora como "violencia primaria", necesaria
y
constitutiva del sujeto psíquico. De las primeras experiencias quedaran
huellas a modo de
escritura ideográfica, un afecto ligado a la representación y una
representación del afecto:
"pictograma" correspondiente al estado originario regido por el proceso originario.
La
antropología estructural cuyo representante es Lévi Strauss hace
referencia a que los etnólogos
se inclinan a opinar que la familia basada sobre la unión más o
menos durable "de dos individuos
de sexos diferentes que fundan un matrimonio, procrean y crían hijos",
surge como un fenómeno
prácticamente universal presente en todo tipo de sociedades. Como excepción
se describe el
caso de los nayares. Por instinto o tradición ancestral "la madre cuida
de sus hijos y es feliz de
hacerlo". Disposiciones psicológicas explican que el hombre que viva en
intimidad con una mujer
manifieste afecto por sus hijos. Algunas sociedades buscan unificar los sentimientos
gracias a
costumbres como la "covada" (donde el hombre comparte simbólicamente los
malestares de la
mujer encinta), por la necesidad de consolidación de actitudes que por
sí mismas probablemente
no una homogeneidad. En este análisis de la familia hace alusión
a que ninguna sociedad se
mantendría en el tiempo si no existieran reglas precisas para reproducir
los lineamientos de la
estructura social, generación tras generacion; dando las mujeres a luz
y criando a sus hijos,
mientras se benefician de la protección masculina durante dicho periodo.
En un relato indígena, la mujer es como "el juego de una aguja al coser
los tejidos y que unas
veces fuera y otras dentro, lleva y vuelve a llevar siempre la misma liana que
fija la paja".
Desarrollo desde la perspectiva vincular
Madre en su raíz etimológica está
asociada a lo biológico, como mujer que "ha parido", "que tiene
o ha tenido hijos". La función materna desde lo intersubjetivo surge de
la posibilidad de construir
un útero-nido, claustro afectivo necesario para el desarrollo y crecimiento
del niño. El bebé nace
en un vínculo. Madre implica hijo, e hijo implica madre. No hay mamá
sin bebé, ni bebé sin mamá.
Nace un bebé y al mismo tiempo nace una mamá y un papá. En
la E.F.I. puede ser adscrito al
lugar, espacio virtual a ser ocupado por el yo materno, con capacidad de acción,
Se es sujeto en relación con un otro. No puede construirse en ausencia
del otro.
I. Berenstein dice: "Es una condición inherente al ser humano: si otro
no se ocupa de satisfacer
sus necesidades no sobrevivirá o, dicho de otra manera, la sobrevida depende
de que otro
satisfaga las necesidades primordiales: hambre, sed, contacto, etcétera.
Pero lo que hace del
hombre un ser humano es solamente aquello que apoyado en lo biológico se
diferencia
constituyéndose como campo de significación. (... ) Y continúa
"La madre, a través de la
satisfacción de las necesidades, se va constituyendo para el niño
en la persona que lo solicita y
lo marca, indicándole que logra satisfacción con él. Desde
la investidura narcisista del pequeño,
éste es tomado como objeto deseado por la madre, lo que promueve a su vez
el deseo hacia
ella".
La relación con la madre-pecho permite el pasaje del desamparo al amparo.
Sostiene al bebé, le
da placer a través de la transitoria cesación de las necesidades
básicas, contacto que narcisiza
e inviste libidinalmente.
J. Puget de I. Berenstein denominan como "Objeto Unico" al vínculo con
un otro estable, basado
en la necesidad, polaridad vida-muerte. Lo describen como la primera organización
objetal
investida de narcisismo originario, dotado con cualidades de amparador, omnipotente,
omnipresente, omnisciente. Es quien inicialmente provee la acción específica,
con aptitud de
anticiparse al deseo, al suministrar al yo inerme y desamparado un yo auxiliar
capaz de
significar". Discrimina mundo interno y mundo externo, yo/no-yo, al dar los primeros
índices de
realidad.
La madre y el hijo desarrollan un lenguaje especial. El bebé responde de
acuerdo a sus
potencialidades, con lo que trae constitucionalmente y con lo que la propia interacción
con su
madre va creando.
Intervienen gestos, caricias, contacto piel a piel, miradas como forma de dar
expresión a los
afectos en juego entre ambos. Hay una realimentación constante.
La madre semantiza al bebé y en un encuentro de deseos decodifica lo que
el hijo expresa a
través de su cuerpo, de sus señales y gestos. Capacidad de semantizar
y decodificar
impregnadas por su historia, por sus vínculos familiares de origen (al
resignificar el vínculo de
ella como bebé con su madre y padre de la infancia), y actuales. La voz
materna, su cadencia,
tono y ritmo arrullan al bebé y ponen en palabras sentimientos, emociones
e historia. Le
transfiere su propia historia infantil, derivada a su vez de la inscripción
de lo familiar
inconsciente. Proyecta sus vivencias infantiles, identificaciones y afinidades
con determinados
valores, vinculados a su historia familiar, de pareja y realidad actual. Desde
el diseño del vínculo
originario-dual, la madre en su efecto anticipatorio, como "portavoz", pennitirá
al bebé ir
entretejiendo a modo de matriz, fantasías, deseos, sueños, así
como novelas familiares.
Quedarán inscriptos significantes y significados socioculturales inconscientes
que atraviesan
las subjetividades y los vínculos. De este particular vínculo, diferente
y nuevo, se irán
construyendo nuevas significaciones, que serán significaciones singulares
del mismo. La madre,
como "portavoz" a modo de lectura, significa el cuerpo del bebé, que no
es cuerpo biológico sino
corporeidad. Al narcisizar el cuerpo del hijo, de acuerdo a su propia representación
fantasmática, deja en él huellas y marcas. Cuerpo que, a modo de
soporte de significantes,
llevará inscripta la historia libidinal y su historia identificatoria.
La función de "portavoz" materno
puede tomarse excesiva sin la intervención de la función paterna.
Esta, al producir el corte,
separación, discriminación, impide la dependencia de la madre con
su hijo y viceversa, más allá
de lo contextualmente apropiado. En el vínculo madre-hijo, el padre podrá
estar presente en la
pareja interna de la madre, y desde su función, apoyar y apuntalar a ésta
en la ocupación de su
lugar. El hijo iniciará el proceso de diferenciación, como resultado
de que su madre dará cabida a
su pareja, al operar desde adentro de ella la función de indicación.
Hijo que en lugar de tercero,
es parte de una cadena de significantes abierta a nuevas significaciones. "El
vínculo de filiación
está ocupado por el yo del hijo, lugar de un tercero que primero fue denominación
de pareja
como ese punto virtual ampliado, luego espacio virtual delimitado por los modelos
identificatorios
apoyados en la relación de pareja y regulado por la ley del padre". Hijo,
que debería nacer
simbólicamente en el proyecto-vital de la pareja, en el espacio-tiempo
de ésta, recorrido por
significantes y significados socioculturales inconscientes de la misma. La función
materna ligada
al lugar simbólico de la E.F.I., puede ser ocupado en mayor o menor medida
por el yo de la madre.
La misma implica la capacidad de construir un nido o claustro afectivo, en donde
amparar al bebé
y permitirle el proceso de desarrollo como sujeto. En el ejercicio de la función
incidirán creencias,
mitos, los paradigmas de cada cultura en relación a la maternidad.
Problemáticas conexas
Las diferentes líneas teóricas
plantean a la función materna como: "continente", con capacidad
de "reverie " (Bion); "medio ambiente posibilitador", "holding" (Winnicott);
"fenómeno
prácticamente universal presente en todo tipo de sociedades ( ... ) dando
las mujeres a luz y
criando a sus hijos, mientras se benefician de la protección masculina
durante dicho período"
(Lévi Strauss); "una situación de encuentro" significado por el
cuerpo y la psique de la madre (P.
Castoriadis-Aulagnier).
En el psicoanálisis de las configuraciones vinculares la función
materna es el lugar en la E.F.I.,
espacio virtual a ser ocupado por el yo materno. Desde su función, el despliegue
de sus
capacidades estarán atravesadas por contenidos transubjetivos, significantes
y significados
socioculturales inconscientes. Contenidos que se irán entretejiendo en
el proyecto-vital de
pareja, presentes en la inauguración del nacimiento simbólico del
hijo y que conformarían la
psique del infans desde el inicio. Por otra parte, a fines de este siglo, se han
desarrollado una
serie de técnicas: Aquellas que permiten al médico y por consecuencia
a la mujer embarazada,
una percepción y "peculiar contacto" con el feto, lo cual podríamos
considerar como un
"encuentro" con su bebé a través de la audio-visión.
En la esterilidad surge entre otras técnicas la de fertilización
asistida o bien la posibilidad de
adopción. Ante estas experiencias: ¿se modifican las representaciones intrasubjetivas
y
vinculares? ¿Cómo se entretejen los contenidos transubjetivos?
I. Berenstein plantea que "aunque el corrimiento de los yoes respecto de los lugares
es una
posibilidad y un hecho observable hay un algo que hace a la soldadura del yo con
su lugar y lo
hace intransferible". ¿Qué es lo intransferible de este lugar?
¿Sería la voz, el ritmo, lo anafórico* aquello que singulariza a
cada yo en su función? ¿Lo
particular y característico de cada mujer embarazada, de ese "peculiar
encuentro audio-visual"
con su bebé? A modo de escritura ideográfica, ¿quedarían
en el psiquismo del infans, huellas,
marcas intransferibles?
Función objetalizante,
desobjetalizante
Función objetalizante, desobjetalizante
Función objetalizante, desobjetalizante
fuente(108)
Definición
La función objetalizante es
partícipe de¡ proceso de estructuración del aparato psíquico,
y hace
que determinados aspectos del funcionamiento del mismo, las investiduras, alcancen
el rango de
objetos. Es una de las vicisitudes de la experiencia de continuidad del yo. Es
creadora de objetos
y está sostenida por la pulsión de vida.
La función desobjetalizante actúa por desligazón,
impide la función objetalizante y ataca a la
relación de objeto, al yo y al investimiento. Está sustentada por
la pulsión de muerte.
Origen e historia del término
Una noción muy general de función
como "actividad" u "operación" se encuentra en numerosos
filósofos.
André Green utiliza los términos "función" y "factores" tomándolos
de Bion, quien a su vez los
toma de la matemática y de la filosofía.
Función es el nombre para la actividad mental propia de un número
de factores operando en
consonancia.
Factor es el nombre para una actividad mental, que opera en consonancia con otras
actividades
mentales, produciendo una función.
André Green intenta explicar su concepción del psiquismo construyendo
una metapsicología
propia, cuya urdimbre incluye tres vectores esenciales: Freud, la clínica
y el diálogo con Lacán,
Bion y Winnicott.
Dice Green que ya Freud en "El Proyecto" echó las bases de su concepción
del objeto,
sustentándola en indicadores kantianos, o sea entre una fracción
constante predicativa, y una
fracción variable referida a sus atributos.
El objeto es entre todos los elementos de la teoría psicoanalítica
el que sobrevivió a todos sus
desarrollos, aún habiendo cambiado de sentido y función, en los
diferentes virajes que tomaron
los subconjuntos teóricos a partir de Freud.
¿Qué es un objeto?. El itinerario de las diferentes acepciones nos hace
atravesar las obras de
Freud, Abraham, Klein, Fairbain, Winnicott, Lacan... Ninguna de ellas logra proponer
una
concepción unificante del objeto. Siempre será necesario referirlo
a la teoría que se tome, es
decir como un elemento exclusivamente de ella, o sea dentro de su específico
contexto
conceptual.
Green le otorga al objeto la acción de un agente inductor o catalizador
de la ligazón, que permite
transferir a la actividad interna los cambios ocasionados por los encuentros del
yo y el objeto. El
objeto es sexual, es de placer, y cuando falta, lo es de deseo. La tarea del aparato
psíquico es
diferenciar entre la percepción del objeto y su representación ilusoria.
El objeto es revelador de
las pulsiones, no las crea, pero es la condición de su advenimiento a la
existencia; y por esta
existencia (de las pulsiones), él mismo será creado aún estando
ya allí.
Green apoya la posición de Winnicott en cuanto a la creación de
un espacio potencial o área
intermedia creadora de los objetos transicionales.
Critica el nominalismo de Lacán; apoya la posición de Bion en cuanto
al postulado de la función
alfa (transformación del material bruto de los sentidos en productos psíquicos).
La satisfacción depende en gran medida del objeto externo, el único
que posee el medio para
realizar la meta de la pulsión. El autoerotismo y el narcisismo no alcanzan
para la satisfacción.
Así Green recalca la importancia del objeto externo.
La teoría de las pulsiones pertenece al orden de los conceptos que nunca
son totalmente
demostrables por la experiencia, pero a la vez no pueden ser disociadas de ella.
Las pulsiones
son entidades primeras, originarias. Toda pulsión es activa y su objeto
sustituible. En su fuente
no es somática ni psíquica; pero, en el recorrido de la fuente a
la meta, se hace efectiva
psíquicamente.
Las representaciones no nacen de entrada. El plazo impuesto a la satisfacción
obliga al aparato
a transformar la pulsión en representación, y el algo representable
es el objeto. Decir que el
objeto es ante todo objeto de deseo es plantear la existencia de un sujeto que
no adviene sino
por el movimiento que lo lleva fuera de sí, hacia otro, para llevarlo otra
vez a él mismo. Sujeto de
una búsqueda.
No hay un objeto propiamente externo, sino un objeto reexternalizado después
de haber sido
internalizado. El resto depende del destino de la internalización.
¿Cuál es la paradoja? El objeto externo crea una internalización
fijadora, constituye una
estructura encuadrante que acogerá a todas las formas consecutivas
de la objetalidad y al
mismo tiempo será incitadora al desplazamiento. Este desplazamiento es
una propiedad
fundamental de la objetalización sustitutiva en cuanto no sólo puede
proceder a transformación
de objetos, sino a creaciones de objetos en virtud de soportes que originariamente
no están en
relación directa con el objeto.
Desarrollo de la perspectiva vincular
Toda investidura encierra en germen la materia
prima de la elaboración de una función
objetalizante. La libido está siempre en busca de nuevos objetos e
investiduras.
La función objetalizante debe ser distinguida de la relación
de objeto que se limita a los vínculos
que implican al objeto como tal. La función objetalizante, por el
contrario, interesa al proceso por
el cual hacemos que aspectos del funcionamiento psíquico alcanzan el rango
de objetos.
Cualquier investidura puede transformarse en objeto. La función objetalizante
es la que estudia
las transformaciones pero también las transferencias de investidura, de
modalidad, de régimen y
de reglas que rigen los diferentes modos de funcionamiento del aparato psíquico.
Cualquier funcionamiento del aparato puede sufrir la objetalización. La
función objetalizante es
una de las vicisitudes de la experiencia de continuidad del yo. Su función
consiste en la creación
ininterrumpida de formas objetales que alimentan la realidad psíquica.
Tal vez se trata entonces
de asegurarse, mediante estos anclajes, la sustitución de un modo sin fin
del necesario
desprendimiento de los objetos primarios.
El objeto aparece en la teoría con motivo de los efectos de su pérdida.
El yo es alimentado por el
objeto que forma parte de su estructura. La función del objeto es fundamentalmente
nutricia. El
objeto es más importante para las pulsiones que para el yo, pues ellas
siempre encuentran en él
con qué satisfacer su apetito. Todo es transformable en objeto y las pulsiones
tienen una
función objetalizante, es decir son creadoras de objetos.
Las pulsiones de vida tendrían una función objetalizante (creadoras)
y las pulsiones de muerte
una función desobjetalizante (destructoras). Ejemplo de desobjetalización
es la melancolía.
El objeto ayuda a la transformación de las pulsiones.
La función objetalizante, es una función de las pulsiones
que consiste no sólo en ligarse a los
objetos sino también en crearlos, es decir en hallarlos. El campo de lo
objetalizable es infinito.
La función objetalizante no se limita a las transformaciones del
objeto, puede hacer advenir al
rango de objetos a lo que no posee atributos o cualidades de tal, a condición
de que una sola de
las características se mantenga en el trabajo propuesto, y esta característica
es el investimiento
significativo. De allí la paradoja de la teoría clásica que
dice que el yo mismo puede devenir en
objeto o que se pueden hallar "objetos sí mismo" (self objects). Este
proceso de objetalización o
de transformación puede caer en formaciones no tan organizadas como el
yo, sino referirse a
otros modos de la actividad psíquica de manera que el investimiento mismo
puede ser
objetalizado.
La pulsión de muerte cumple la función desobjetalizante por
la desligazón. No es sólo la relación
de objeto la que se ve atacada, el yo y el investimiento mismo también
sufren. La manifestación
propia de la destructividad de la pulsión de muerte es el desinvestimiento.
La función desobjetalizante se opone al trabajo de duelo. El duelo,
por el contrario, está en el
centro de los procesos de transformación característicos de la
función objetalizante.
De ahí, la oposición entre libido de objeto y libido narcisista.
Green sostiene la hipótesis de un
narcisismo negativo, como aspiración al cero absoluto. Es la máxima
expresión de la función
desobjetalizante que no se dirige contra los objetos sino que ataca al proceso
objetalizante (de
investimiento).
Cuanto más nos alejamos de la represión más aparecen los
otros mecanismos primarios que la
desligazón tiende a imponer, limitando o impidiendo la religazón.
Green describe una función destinada a asegurar al yo posesiones internas
para que no quede
atrapado en un narcisismo girando en falso sobre sí mismo. La función
objetalizante transforma
las investiduras ligadas a objetos, y las hace devenir objetos a ellas mismas.
Las investiduras
quedan con una cualidad objetal que en caso de insatisfacción brindarán
la memoria (huella) de
la actividad funcional. Le actualizará al yo los libretos de los intercambios
anteriores. La función
objetalizante puede contribuir a hacer emerger del objeto el límite
que deberá reconocer el yo.
Para Green se trata de articular los vínculos que unen para un sujeto su
afuera y su adentro. La
percepción del objeto nunca está exenta del fantasma y lo que reúne
o separa no es nuestra
divergencia perceptiva con la de otro, sino lo que en cada cual depende del vínculo
objeto
interno-objeto externo.
¿Qué función principal cumple el objeto externo?. El vínculo
primario con el objeto es el del apego
pulsional al cuerpo de la madre, cuerpo ligado a su vez a otro objeto y al cuerpo
de éste (el otro
del objeto: el padre).
Es necesario recordar que el objeto es investido por pulsiones, y por otros objetos
investidos
ellos mismos de pulsiones. Green dice que lo más revolucionario de Freud
fue haber colocado el
mito de la pulsión en la teoría de la subjetividad y haber hecho
del sujeto, el sujeto de la pulsión.
La subjetividad se manifiesta a raíz de una meta pulsional y de un objeto
que se ha de
conquistar.
Problemáticas conexas
Pulsión de vida. Pulsión de muerte.
Metapsicología. Estructuración del aparato psíquico: objeto,
pulsión, representación, investidura, vínculos.
Función paterna
Función paterna
Función paterna
fuente(109)
Definición
Se sitúa a la función paterna constituyéndose
como presentificación y representación de la ley
en la familia. Desde el punto de vista de la trama vincular se desglosan cuatro
enunciados para
la prohibición; una referida a la alianza en relación a la familia
de origen, dos refieren al vínculo
filial y la cuarta es una auto prohibición. Así queda asociada a
la normatización de los espacios
(íntimo-privado-público) y de la sexuación en cuanto a la
elaboración vincular del intercambio. En
este último sentido se describen modalidades diferentes en su ejercicio:
renuncia y cesión.
Definirla como función implica enfatizar el requerimiento de encarnadura.
Para que la ley haga
marca eficaz no basta con su mero enunciado, sino también de un
acto de separación. A ello
aún hay que agregar que se trata de un saber partir en relación
al trabajo implicado en el
registro de la operatoria y la modelización de la marca pertinente a cada
contexto vincular.
Esta relación con la relativización del saber permite asociar la
función paterna con el registro de
diferencias entre tener, saber, el conocer y el pertenecer.
La función se sitúa entre un ideal y una encarnadura posible, siempre
fallida. Precisamente, por
lo fallido del vínculo es por donde el hijo encuentra un nuevo lugar para
hacer un camino, el
suyo.
Pensamos siempre la función paterna como operatoria de marca, separación,
relativización
contextual, subjetivación. Precisando, la función paterna instituye
subjetividad anudándola a la
cultura,
Origen e historia del término
El tema del lugar del padre ha sido tratado de
un modo extenso y peculiar por cada una de las
perspectivas teóricas psicoanalíticas. Desde una perspectiva freudiana,
le otorga un lugar
necesario central en la formulación del complejo de Edipo. Puede rastrearse
a través de toda su
obra. Sin embargo, especialmente queda reflejado el lugar central que le otorga
en Tótem y Tabú.
Uno de los tres los relatos míticos en que se apoya el psicoanálisis.
Dos de origen griego
-Narciso y Edipo-, y el tercero enunciado por él mismo. Las vicisitudes
de la relación del padre de
la horda con sus hijos y mujeres, su asesinato y el pacto fraterno es retomado
luego en tanto
relato mítico por Lacan en relación a una lógica subyacente
a la sexuación.
Desde los desarrollos en psicoanálisis vincular la hipótesis de
una Estructura Familiar
Inconsciente constituía un modelo teórico que permitía una
nueva y rica lectura de los vínculos
familiares. Esta hipótesis facilitaba visualizar a la familia de origen
materno como referente casi
obligado de las distintas vicisitudes familiares, El papel del representante materno
(padre o
hermano maternos preferentemente), como una transformación desde la antropología
estructural, era el que marcaba el destino de la nueva alianza.
La investigación sobre el tema comenzó con un interrogante en la
teoría entonces vigente: la
clínica nos planteaba nuevos problemas. Desde lo transferencial y desde
el lugar del analista
surgía la necesidad de una ampliación en relación al lugar
del padre, no solo en la cesión de la
hija sino en la constitución de la alianza y sus destinos.
Desarrollo desde la perspectiva vincular
Con la perspectiva vincular se crea una diferencia
en la teorización acerca de la función
paterna. El padre no es simplemente un término de un discurso, una representación,
sino que se
nos presenta allí, con la complejización implicada con esa presencia:
denominación y
encarnadura
En una primera elaboración a partir de situar la función paterna
como representante de la
prohibición en la familia se centra en la especifidad del vínculo
paterno-filial, en relación a la
posesividad, describiéndolo como configuraciones vinculares distintas:
retención-devenir. La
primera toma como ejemplo paradigmático la relación Schreber padre-hijo.
La segunda el devenir,
padre en tanto este devenir opera en la relativización contextual (saber
partir).
Queda así asociada la función paterna a la normatización
de la sexuación en cuanto a la
especificidad vincular del intercambio (renuncia y cesión). En este trabajo
se anticipa el valor de
encarnadura de la función no como meramente simbólico sino produciendo
efectos diferenciales
en la clínica vincular, de acuerdo a quién en la familia la ejerza,
quién la encarne,
A partir de la inclusión de la noción de deuda en una metapsicología
vincular (ver Deuda) se
complejiza el concepto pensándolo como función siempre fallida con
una tensión entre un ideal y
una encarnadura posible. En este sentido siempre fallida.
Precisamente, por lo fallido del vínculo es por donde el hijo encuentra
un nuevo lugar para hacer
un camino, el suyo.
Para el psicoanálisis clásico la casa como espacio es pensada predominantemente
en relación al
cuerpo materno. Desde la perspectiva vincular se complejiza la cuestión
en relación a la
normatización de los espacios (íntimo, privado y público).
A esa modalidad configuraste del
trabajo vincular se la denominó Casa Paterna.
La noción de Casa Paterna remite a una raíz tronco identidad,
a emblemas que atraviesan el
hogar insertándolo en la cultura y haciendo significante la cultura para
el adentro, a partir de una
raíz histórica que los atraviesa, que se entretejen y codeterminan,
complejizándose el nivel de
sostén, afecto y palabra.
Como espacio intermediario es una instancia particular. En este espacio lo publico
se metaboliza,
de tal manera que la resignificación habilita a la circulación en
el afuera, es una instancia de
articulación de las diferencias, un lugar de transformación, de
simbolización. Se trata de la
adquisición de un saber, marca, en presencia, resultado de haber atravesado
un entramado que
haga verosímil la pulsión, un entramado de la ley que de un lugar
y una significación para el sexo
y la muerte. Es decir, se trata de un espacio intermediario, de metabolización,
de transformación,
de elaboración simbolizante, de ligadura de lo pulsional, de modo de habilitar
a la circulación en el
afuera.
En una posterior elaboración sobre este concepto se parte de la siguiente
cuestión: Así como la
maternidad se asocia con uno de los términos de la ecuación pecho
- heces - niño - dinero; ¿por
qué se hace padre un hombre? Si el orden simbólico constituye un
universo en el cual todo lo
que es humano es ordenado: ¿Cuál es la posible ubicación de la función
paterna entre el orden
simbólico y una familia singular?
Convergentemente con Piera Aulagnier enfatizamos un doble deseo de muerte (del
hijo hacia su
padre y de éste en posición de hijo hacia su propio padre) solamente
tramitable, reprimible
eficazmente cuando se establece una conexión simbólica entre muerte
y sucesión y transmisión
de la ley y aceptación de la muerte.
Lo que ofrece el padre a través de su ley, es un derecho de herencia para
que se los legue a
otro hijo. El asesinato mítico inaugura en un solo acto alianza, muerte
y sucesión. Para que haya
sucesión hace falta un recorrido desde el deseo de muerte del padre hacia
la aceptación de la
propia muerte.
Este trabajo enfatiza el requerimiento de encarnadura en la definición
de función. Para que esa
ley haga marca eficaz, no basta con su mera enunciación, sino también
de un acto de
separación En cuanto significante, la muerte es ausencia, falta. El saber
es concebido como algo
siempre incompleto. Como un acceso siempre posible a una pregunta, una apertura
a nuevas
significaciones. Esta relación con la relativización del saber permite
asociar la función paterna
con el registro de diferencias entre el tener, el saber, el conocer y el pertenecer.
Problemáticas conexas
- Trabajar sobre este término requirió
hacer precisiones terminológicas. Una es la diferenciación
entre lugar, función y posición paterna. La tendencia fue
la de reservar el término lugar, como
lugar virtual, simbólico, aún no encamado. Función agrega
la encarnadura del lugar. La Posición,
alude a la particular escena vincular en que la función se realiza.
- Hay argumentos desde el imaginario social actual, que tienden a relativizar
el valor del adjetivo
"paterno" para la función descripta (adopciones por parejas homosexuales,
o por un solo
progenitor; técnicas de fertilización asistida, etc.). En la misma
línea, también hay estudios
históricos que profundizaron la relativización de la relación
entre cuerpo biológico y los modos
de constitución subjetiva. Un camino sería el de una propuesta de
denominación para la función
en un nivel más abstracto (función de corte, marca, separación
... ).
Otro argumentos llevarían a conservarla. Aún cuando complejizado
con las posibilidades que da
la ciencia actual, aún entre otras, la díada padre - madre, como
términos del universo simbólico,
seguirán presentes, desde lo transubjetivo, en tanto humanos ya habitados
por esa triada de
mitos que argumentan las operaciones básicas de la constitución
subjetiva Narciso, Edipo, y el
del asesinato del Padre Primordial. Ninguna elaboración puede prescindir
de este nivel
argumental. De modo que, siendo congruentes con la clínica vincular, la
operatoria con cada
familia implicará el trabajo sobre las relaciones entre lugar simbólico,
función y posición en
relación a la denominación "paterna".
- Desarrollos posteriores llevaron a asociar esta función en relación
al despliegue u obturación
del vínculo fraterno en tanto constructividad.
- Una precisión realizada últimamente, llevó a trabajar aquella
primera enunciación según la cual
la función paterna, a través de la encarnadura de la prohibición,
constituiría el polo de los
intereses de la tribu (exogámicos) frente a los intra-familiares (endogámicos).
Enunciado así,
podría interpretarse que está concebida "adaptativamente". También
puede haber una alienación
en particulares intereses que vienen de lo transubjetivo, lo que implicaría
una muerte subjetiva.
Función paterna implica siempre una operatoria de separación, relativización
contextal,
subjetivación. Precisando, la función paterna instituye subjetividad
anudándola a la cultura.
Gaddomo Eugenio
(1916-1985). Médico y psicoanalista italiano
Gaddomo Eugenio (1916-1985). Médico y psicoanalista italiano
Gaddomo Eugenio
(1916-1985) Médico y psicoanalista italiano
fuente(110)
Nacido en Cerignola, en la provincia de Foggia, Eugenio GaLldini estudió
medicina en Rorna.
Analizado a partir de 1951 por Emilio Servadio, se convirtió en analista
en 1956. Presidente de la
Societá Psicanalitica Italiana (SPI) entre 1978 y 1982, Gaddini dedicó
gran parte de su actividad a
la promoción y el reconocimiento del psicoanálisis italiano en el
seno de la International
Psychoanalytical Association (IPA). Sus trabajos, entre ellos varios artículos
publicados en el
International Journal of Psycho-Analysis, abordan principalmente los procesos
psíquicos de la
primera infancia desde la perspectiva abierta por Donald Woods Winnicott.
Gardiner Muriel, nacida
Morris (1901-1985). Psiquiatra y psicoanalista norteamericana
Gardiner Muriel, nacida Morris (1901-1985). Psiquiatra y psicoanalista
norteamericana
Gardiner Muriel
Nacida Morris (1901-1985)
Psiquiatra y psicoanalista norteamericana
fuente(111)
Esta bella y generosa norteamericana, militante del antifascismo y de los derechos
de la mujer,
especialista después en niños criminales, es un personaje de novela.
Debido a esto, por otra
parte, Lillian Hellman, la compañera del escritor Dashiell Haminett, se
apropió de su vida en el
relato autobiográfico Pentimento, llevado al cine por Fred Zinnernarin
en una película magnífica,
Julia, con Vanessa Redgrave y Jane Fonda.
Nacida en Chicago, Muriel Morris provenía de dos ricas familias de empresarios
ganaderos y de
la industria frigorífica de la ciudad. Sus padres eran cultivados, y ella
estudió en uno de los
mejores colegios de Nueva Inglaterra: el Wellesley College, cerca de Boston. Convertida
en
pacifista, asistió al proceso de Sacco y Vanzetti, y se movilizó
en favor de ellos. Llegó a
presentar su tesis de letras, cuyo tema era Mary Shelley, pero en 1926, después
de un fracaso
en el examen oral, renunció a la enseñanza y se orientó hacia
el psicoanálisis.
Como muchos norteamericanos de esa época, viajó entonces a Viena
para hacerse analizar por
Sigmund Freud, quien la derivó a Ruth Mack-Brunswick. Instalada en la capital
de Austria durante
varios años, se casó con Julian Gardiner (de quien iba a divorciarse
más tarde), antes de iniciar
estudios de medicina. En la casa de su analista conoció a Serguei Constantinovich
Pankejeff (el
Hombre de los Lobos), quien le dio lecciones de ruso y con el cual ella simpatizó,
al punto de
cuidar de él.
En 1934 se comprometió en la lucha antifascista, junto a los socialistas,
y militó en la
clandestinidad contra el régimen del canciller Dollfuss, haciéndose
llamar Mary. Con este nombre
transportó fondos y contribuyó a la fabricación de pasaportes
falsos, mientras se convertía en
psicoanalista y educaba a su hija. Dedicó una parte de su fortuna a salvar
judíos y ayudarlos a
escapar. Así conoció a Joseph Buttinger, jefe del Partido Socialdemócrata
Austríaco,
responsable de las relaciones clandestinas con Otto Bauer y Viktor Adler, exiliados
en Brno y
París. Buttinger iba a convertirse en su compañero y esposo.
En 1939, los dos salieron de Austria para huir de la Gestapo. Se refugiaron en
Francia, donde
Joseph fue internado en un campo de concentración. Finalmente, lograron
llegar a los Estados
Unidos. Muriel Gardiner se dedicó después a los niños criminales
y a los delincuentes. En un libro
de éxito que publicó en 1976, explicaba la combinación de
elementos trágicos que llevaban a los
adolescentes a convertirse en asesinos o parricidas.
Con Samuel Guttman, creó en Aspen la fundación Psychoanalytic Studies.
En esa antigua ciudad
minera de Colorado (convertida en un centro muy apreciado de deportes de invierno,
y de la
música clásica), en los veranos, cada dos años, se reunían
psicoanalistas reputados. Iban a
discutir libremente sobre su práctica y sobre la evolución de la
teoría. Los encuentros
continuaban durante el invierno en Princeton, en grupos libres de cualquier afiliación
institucional.
Muy cercana a Anna Freud, Muriel Gardiner se mostró generosa con el movimiento
psicoanalítico
al crear la New-Land Foundation, que contribuyó a la compra y publicación
de las
correspondencias de Freud (sobre todo con Eduard Silberstein), y de una casa londinense,
en
12 Maresfield Gardens, destinada a convertirse en una escuela maternal piloto,
que ofrecía
consultas psicoanalíticas. La fundación también participó
en la creación del Freud Museum. Con
el mismo enfoque, Muriel Gardiner continuó interesándose por el
Hombre de los Lobos. Lo ayudó
económicamente, haciéndole redactar sus Memorias, que fueron traducidas
en todo el mundo;
en ese volumen se encuentra asimismo el texto de Freud sobre este caso, y el de
Ruth
Mack-Brunswick. Después aparece el propio testimonio de Gardiner.
Consciente del destino excepcional de esta mujer que había hecho tanto
por "la causa", Anna
Freud le escribió lo siguiente en 1972: "Amo mucho mi propia vida, pero
si yo no hubiera podido
vivirla, y hubiera tenido que elegir otra, creo que habría sido la suya".
Garma Ángel, nacido
Ángel Juan Garma Zubizarreta (1904-1993). Psiquiatra y psicoanalista argentino
Garma Ángel, nacido Ángel Juan Garma Zubizarreta (1904-1993). Psiquiatra
y
psicoanalista argentino
Garma Ángel
Nacido Ángel Juan Garma Zubizarreta
(1904-1993) Psiquiatra y psicoanalista argentino
fuente(112)
Nacido en Bilbao, Ángel Garma tenía cuatro años cuando sus
padres dejaron España para
instalarse en Buenos Aires, donde se produjo la tragedia que marcó toda
su infancia y de la que
no hablaba nunca: el padre, rico comerciante en porcelanas, fue asesinado a tiros
de fusil en
circunstancias misteriosas. Poco después la madre se casó con el
hermano del marido muerto,
como en la tradición del levirato. Garma fue entonces educado por su tío,
convertido en
padrastro, con las dos hermanastras, hijas de ese matrimonio.
A los 17 años viajó a Madrid para realizar estudios de psiquiatría
bajo la dirección de Gregorio
Marañón. Frecuentó el Hospital de Ciempozuelos, donde trabajaba
Miguel Sacristán (1887-1956),
discípulo y amigo de Emil Kraepelin. A través de esa enseñanza
se inició en la nosografía
alemana y, en 1927, pasó un año en Tubinga, donde tuvo por maestro
a Robert Gaupp
(1870-1953), especialista en paranoia y autor del célebre Cas Wagner,
en el cual se narraba el
crimen delirante de un maestro de escuela que había asesinado a toda su
familia.
Un año más tarde, con una sólida formación en psiquiatría,
Garma se instaló en Berlín, donde se
cruzó con la aventura del freudismo, del que pronto se convirtió
en un defensor ferviente.
Analizado por Theodor Reik en el marco del prestigioso Berliner Psychoanalytisches
Institut (BPI),
tuvo varios análisis de control: con Karen Horney, Otto Fenichel, e incluso
el peligroso Jeno
Harnik, afectado de paranoia. En 1932 se convirtió en miembro de la Deutsche
Psychoanalytische Gesellschaft (DPG), después de haber presentado en el
BPI un estudio sobre
"La realidad y el ello en la esquizofrenia".
No esperó que lo incorporaran a la DPG para abandonar Alemania y volver
a Madrid en
noviembre de 1931. Fue el primer freudiano que practicó el psicoanálisis
en España, a veces
como terapeuta, a veces como didacta. Lo hizo durante cinco años. De allí
su título de "primer
psicoanalista español". En tal carácter, chocó con la
viva oposición del ambiente psiquiátrico
madrileño, hostil a las teorías de Sigmund Freud. A pesar de
las críticas, Garma publicó su primer libro, El psicoanálisis,
la neurosis , y la sociedad, en las
ediciones de la revista Archivos de neurobiología, realizando de
tal modo una efímera irrupción
en el saber psiquiátrico de la época, cerrado al psicoanálisis
después de haber manifestado. un
gran interés por la obra de Freud en el primer cuarto de siglo.
Convertido en miembro de la Asociación de Neuropsiquiatría y de
la Liga de Higiene Mental, tenía
la intención (le fundar en Madrid la primera sociedad psiquiátrica
española. Pero se lo impidió la
guerra civil.
En 1936 abandonó el país, para no volver nunca. Después de
pasar por París, donde conoció a
Celes Cárcamo, volvió a Buenos Aires y preparó activamente
la creación de un grupo argentino.
En 1942, junto a Enrique Pichon-Riviere, Marie Langer, Celes Cárcamo y
Arnaldo Raskovsky,
fundó la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), a la
que consagró toda su vida, primero
como principal didacta de la primera generación argentina, y después
como formador de
alumnos. Militó en el seno de la International Psychoanalytical Association
(IPA) en favor del
reconocimiento y agrupamiento federativo de todas las sociedades latinoamericanas.
Interesado a la vez en la medicina psicosomática, la clínica de
la psicosis y el sueño, para
elaborar su obra se basó en la Ego Psychology y el kleinismo. Desde
sus primeros trabajos tomó
distancia respecto del freudismo clásico, sosteniendo que la neurosis y
la psicosis expresan un
conflicto entre el yo y el ello que nutre al superyó. En consecuencia,
los trastornos somáticos
(úlceras, dolor de cabeza, etcétera) debían interpretarse
como consecuencia de frustraciones o
agresiones que el sujeto no logra superar porque, en su infancia, se vio obligado,
bajo la presión
del orden parental, a someterse a ellas en detrimento de su equilibro psíquico:
de allí el
masoquismo.
Con el mismo enfoque, Garma revisó la doctrina freudiana del sueño,
restableciendo la idea del
trauma. Formuló entonces la hipótesis de que los sueños son
alucinaciones surgidas de
situaciones traumáticas reprimidas o enmascaradas, el equivalente de una
pesadilla permanente.
Gatian de Clérambault
Gaëtan (1872-1934). Psiquiatra francés
Gatian de Clérambault Gaëtan (1872-1934). Psiquiatra francés
Gatian de Clérambault Gaëtan
(1872-1934) Psiquiatra francés
fuente(113)
Gaëtan (o Gaétan) Gatian de Clérambault, a quien Jacques Lacan
mencionó en 1966 como "su
único maestro en psiquiatría", fue el clínico francés
más brillante de los años 1920-1930.
Después de realizar estudios de medicina y derecho, se enroló en
el ejército de Marruecos, y se
apasionó por la "vestimenta árabe---, describiendo con minuciosidad
el arte de las mujeres
orientales para anudar las telas o hacerlas deslizar a lo largo del cuerpo. Pasó
los años de la
Gran Guerra confeccionando figurines de madera recubiertos de tela, que conservó
durante
toda su vida, y que en la actualidad forman parte del patrimonio del Museo del
Hombre en París.
De modo que Clérambault fue un colonialista apasionado por la etnología.
Misógino convencido, conservador, hostil al freudismo y al surrealismo,
como médico jefe de la
enfermería especial de alienados de la Prefectura de Policía de
París, siguió siendo custodio de lo
que entonces se llamaba el constitucionalismo. En efecto, a su juicio la enfermedad
mental se
debía a una organo-génesis: era de naturaleza constitucional, es
decir, tenía un sustrato
hereditario. Pero, para la generación francesa de los psiquiatras del período
de entreguerras,
partidarios de las concepciones de Sigmund Freud y Eugen Bleuler, Clérambault
era un clínico
moderno. Redactó certificados de internación célebres por
su formalismo, y definió el síndrome
de automatismo mental para caracterizar los trastornos de origen orgánico
que afectaban al
sujeto y entrañaban en él la condición delirante de pérdida
de la voluntad y alienación en manos
de una fuerza exterior que actuaba en su lugar como un automatismo. Basándose
en este
síndrome, distinguió las psicosis alucinatorias de los delirios
pasionales, y clasificó entre estos a
esa locura del amor casto denominada erotomanía, cuya fuente principal
está en el orgullo
sexual. La historia, constató Clérambault es siempre la misma: el
héroe se cree amado por la
mujer o el hombre a quienes desea castamente, y que en general es un personaje
célebre
(actor, rey o académico). Por ejemplo, Mme. Dupont estaba persuadida de
que el príncipe de
Gales le hacía insinuaciones, la acosaba, la citaba en distintos lugares
a los cuales después no
concurría. Ella se resintió con él, lo acusó de engañarla,
y finalmente cruzó el Canal de la
Mancha para sorprenderlo en flagrante delito de traición. De retorno en
París, agredió en la vía
pública a un policía, quien la llevó a la oficina del jefe
de la enfermería especial para un ingreso
de oficio. En 1932 Lacan utilizó la noción de erotomanía
para describir el caso de Marguerite
Anzieu, lo que a continuación le permitió construir una teoría
de la paranoia en la que vinculaba
las tesis de la escuela alemana (en la que el propio Freud se había inspirado)
con las de la
escuela francesa.
En 1934, afectado de glaucoma y con peligro de quedar ciego, Clérambault
se dio muerte.
Sentado en un sillón frente a un espejo, se disparó un pistoletazo
en la boca.
Generación
Generación
Generación
fuente(114)
El estudio de las generaciones es común a diferentes ciencias humanas y
sociales: en particular
a la antropología y la historia. En la historiografía psicoanalítica,
esta herramienta sociológica
permite establecer la genealogía de los sucesores de Sigmund Freud, el
encadenamiento de las
diversas interpretaciones de la obra original, la sucesión de las escuelas
y la dialéctica de los
conflictos que llevaron a escisiones. Desde este punto de vista, la enumeración
puede realizarse
de dos maneras: una, de enfoque mundial e internacional, se refiere a los diferentes
miembros
de la diáspora freudiana esparcidos por el mundo, y la otra, de enfoque
nacional, permite
inscribir la filiación de los psicoanalistas a partir de un grupo pionero
(que puede reducirse a una
sola persona en ciertos países), considerado el introductor del psicoanálisis
en un país
determinado.
La primera generación internacional está compuesta por los primeros
discípulos de Freud
reunidos en Viena en el seno de la Sociedad Psicológica de los Miércoles:
Alfred Adler, Wilhelm
Stekel, Sandor Ferenczi, Otto Rank, Paul Federn, Siegfried Bernfeld, Hermann Nunberg,
Hamis
Sachs, Theodor Reik. A ellos hay que sumar los discípulos no vieneses:
Max Eitingon, Karl
Abraham, Ernest Jones, Carl Gustav Jung.
La segunda generación internacional, representada por Ernst Kris, Heinz
Hartmann, Rudolph
Loewenstein, Wilhelm Reich, Otto Fenichel, Melanie Klein, etcétera, es
la que comenzó a
formarse a partir de 1918, directamente con Freud, o en el diván de sus
allegados. Ya alejada
del espíritu de conquista que caracterizaba a la anterior, esta generación
fue la componente
esencial del aparato de la International Psychoanalytical Association (IPA) desde
la década de
1930. Tenía, como verdadero puerto de matriculación (con unas pocas
excepciones), no una
ciudad o un maestro, sino una organización legitimista (la IPA), que encarnaba
al movimiento y la
doctrina original.
Esta generación tuvo que enfrentar, sobre todo en Alemania, Austria y Hungría,
el
desencadenamiento del nazismo, que la empujó al exilio. De allí
que la IPA se convirtiera para ella
en un símbolo de la resistencia a la barbarie, y al mismo tiempo en la
sede de todos los conflictos
doctrinarios. A veces los hombres y las mujeres de esa generación encontraron
en la IPA una
nueva patria freudiana y fueron los artífices del legitimismo, y otras
veces, por el contrario, se
orientaron hacia la impugnación del aparato, lo que desembocaba en la disidencia,
el exilio
interior, o bien en una nueva práctica clínica.
Esta segunda generación transformó la doctrina original a partir
de una lectura centrada en la
segunda tópica, sea orientándose hacia la clínica de la psicosis
y pasando del interés por la
paternidad y la sexualidad a una elucidación de la relación arcaica
con la madre (Melanie Klein,
Karen Horney), sea desarrollando una teoría adaptativa del yo (Ego Psychology,
annafreudismo).
La tercera generación internacional fue instruida por los representantes
de la segunda, accedió
al freudismo a través de la lectura de los textos; sufrió las grandes
escisiones provocadas entre
1950 y 1970 por el cuestionamiento de las modalidades de la formación didáctica
en la IPA, y por
las disputas de escuela en torno a la interpretación de la obra freudiana
y la técnica
psicoanalítica (Self Psychology, Jacques Lacan, Heinz Kohut, Donald
Woods Winnicott, Wilfred
Ruprecht Bion, Marie Langer, Igor Caruso). La historia de esta tercera generación
se vincula con
la emergencia de una historiografía freudiana, primero oficial (Jones y
sus herederos), después
experta (Ola Andersson, Henri F. Ellenberger), y finalmente revisionista. En tal
sentido, esta
generación quedó marcada por luchas intensas acerca de la traducción
y publicación de las
obras y la correspondencia del maestro, así como por un estallido irreversible
de todas las
formas de legitimidad organizativa. De allí la confrontación con
una multitud de escuelas de
psicoterapia.
La cuarta generación, anónima e impersonal, es la de los diferentes
grupos freudianos de todas
las tendencias distribuidos en el mundo desde 1970, sean ellos federativos, independientes,
vinculados a la IPA o en transición a psicoterapias no freudianas.
Género
Género
Género
fuente(115)
Definición
El concepto de Género, según T.
De Barbieri define "el conjunto de prácticas, símbolos,
representaciones, normas y valores que las sociedades elaboran a partir de la
diferencia
anatomo -fisiológica que dan sentido a la relación entre las personas",
es decir, tramas de
relaciones sociales en tanto personas sexuadas. Por su parte G. Rubin propone
la idea del
sistema sexo-género como "el dispositivo mediante el que una
sociedad transforma la
sexualidad biológica en productos de la actividad humana y mediante el
cual se satisfacen
esas necesidades humanas transformadas".
Origen e historia del término
En 1955, John Money, médico e investigador
de problemas de hermafroditismo en el Hospital de
la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.) traslada la palabra género de la
gramática a las ciencias
de la vida y la salud, alertado por la sobresignificación que pesaba sobre
el término sexo.
Efectivamente existe un sexo genético, gonadal, hormonal, anatómico,
fisiológico, psíquico,
social, además de la importancia fundamental y la significación
especial que el psicoanálisis
otorga a la sexualidad como determinante de la conducta humana. A partir de una
importante
casuística, Money y otros comprueban la fuerza determinante que la asignación
de un
determinado sexo tiene sobre la futura identidad. Efectivamente, tanto los casos
de ambigüedad
anatómica en relación a trastornos genéticos, como los casos
de anatomía normal no calificada o
no promovida debidamente por los criadores primarios, muestran el valor decisivo
de la creencia
y el deseo parental en la experiencia temprana del sexo de crianza, más
allá de la determinación
biológica. Desde el campo del psicoanálisis, Stoller, R. y otros
corroboran los hallazgos de
Money, J., es decir la fijeza que adquiere el sentimiento de ser nene o nena una
vez establecida
esa categorización: "Bajo el sustantivo Género se agrupan los
aspectos psicológicos, sociales
y culturales de la femineidad/masculinidad. Reservándose Sexo para los
componentes
biológicos, anatómicos y para el intercambio sexual en sí
mismo ". Laplanche, J. prefiere
llamar Género a "las determinaciones físicas, psíquicas,
fantasmáticas que conducen a la
distinción masculino-femenino. Y Sexo, a las mismas determinaciones orientadas
por el
placer sexual. Stoller denomina "experimentos de la naturaleza " los raros
casos de
ambigüedad anatómica, en relación a trastornos genético-hormonales,
casuística en que la
asignación de un sexo se ve dificultada. Y el ordenador de la futura identidad
de género es el
deseo parental. Otros casos son los denominados "transexuales primarios", estos
niños crecen
en la siguiente constelación familiar: madre que no promueve la masculinidad
de sus hijos, padre
ausente afectiva y sexualmente. La narcisización materna se vehiculiza
a través de elogios a un
niño suave, bello y encantador. La prolongada permanencia con esta madre
fortifica un ideal de
femineidad, no interceptada por ningún tercero. Freud describía
la duradera e íntima relación
amorosa con la madre en la historia de los homosexuales. En el caso de los transexuales,
se
habla de madres que feminizan sin erotizar. Ambos observables -anatomía
ambigua, o anatomía
no calificada- enfatizan la fuerza decisiva de la creencia, del deseo, del fantasma
en la
determinación del género. Y armonizan con la idea freudiana de un
cuerpo erógeno cuya
anatomía no es necesariamente su destino. R. Stoller introduce entre naturaleza
y cultura, un
tercer término: período crucial, en el que la asignación
de un sexo imprime un sello a la identidad
de género que difícilmente pueda revertirse pasados los tres años.
Y sostiene una serie de
proposiciones:
Los aspectos de la sexualidad que caen bajo el dominio del género son determinados
por la
cultura. La madre es el agente cultural privilegiado, luego el padre y la sociedad.
Las fuerzas biológicas reforzarán o perturbarán una identidad
de género ya estructurada.
La identificación es la operación psíquica que lidera este
proceso.
Este núcleo genérico se establece antes de la etapa fálica.
La angustia de castración y la
envidia del pene complejizaran esta estructura,
Plantea la existencia de una protofemineidad, para varones y mujeres, consecuencia
de esa
relación fundadora con la madre. De esta forma la constitución de
la masculinidad presenta
dificultades especiales: el niño deberá hacer una fuerte formación
reactiva para desligarse de
esa identificación y del miedo a la pasividad. Equivalente de lo que la
envidia del pene es para la
mujer (Freud, S.).
Parte importante de las conductas ligadas a la "masculinidad": temeridad, riesgo,
sobreexigencia,
hiperactividad, pueden resignificarse como compensación a la tendencia
a la pasividad. Por otro
lado, desarrollos recientes de la biología corren parejos con estas ideas.
No solo que,
embriológicamente, el clítoris no es masculino. La fórmula
XY como figura cromosómica del
macho posee todos los genes presentes en la XX de la hembra y además el
Y, que debe revertir
la tendencia gonádica a producir un ovario. Los embriones masculinos tienen
más dificultades
para el desarrollo y evolución.
Desarrollo desde la perspectiva vincular
El vínculo es la estructura fundante de
la subjetividad. Es una trama intersubjetiva la que tramita
el pasaje del prematuro que vio la luz al sujeto con cierto grado de autonomía.
Sujeto sujetado al
orden del inconsciente, del parentesco y de la lengua. En ellos se incluye, complejizándolos,
el
hecho de que, desde la gestación, ingresamos en una bipartición
planetaria que divide a los
seres humanos en mujeres y varones. Una determinación tan universal como
el tabú del incesto
como precondición de la cultura. Soporte, límite y organizador de
la subjetividad, las
prescripciones de lo masculino y lo femenino producen lugares psíquicos,
modalidades
vinculares, no reductibles a las diferencias sexuales. Desde la perspectiva del
Psicoanálisis de
las Configuraciones Vinculares se destaca, entre otros aspectos, el origen grupal
de la
conformación psíquica. Antes que sujetos, somos inter-sujetos, lo
que desbarata toda
presunción de autonomía. La primera formulación freudiana
en su división tripartita (consciente,
preconsciente, inconsciente) así como el desarrollo de la segunda tópica
(ello-yo-superyo) -esa
grupalidad del adentro- definen un aparato pulsional que se va armando en un constante
ida y
vuelta entre estímulos internos y externos. El complejo de Edipo, aun pensado
como un
preformado o estructura potencial es impensable sin la argamasa de conflictos
e intercambios
que en cada contexto socio-histórico configurarán una escena particular
para cada sujeto. Pero
no hay un aparato psíquico al que luego una sociedad imprimirá su
marca, sino que es esta
sociedad, a través de sus instituciones, la que posibilitará un
aparato psíquico. La intrincación
entre mociones pulsionales y representaciones , articuladas fantasmáticamente,
producen ese
sujeto humano. El Complejo de Edipo tiene un valor estructurante como organizador
y tope de la
sexualidad. Según Freud, la fase fálica signada por el complejo
de castración no reconoce más
que un órgano genital, el masculino, y la diferencia de los sexos equivale
a la oposición
fálico-castrado. El niño, que asienta en el pene su completamiento
fálico, debe renunciar al objeto
sexual -su madre- para resguardar su integridad, por la amenaza de castración,
y así sale del
Edipo. La niña, desprovista del atributo privilegiado, desgracia que atribuye
a su madre -ahora
odiada- ingresa al Edipo ya castrada y se dirige al padre con el anhelo de una
restitución bajo la
forma de un hijo, que no hace desaparecer totalmente la envidia del pene. Su salida
del Edipo es
menos definida. En ambos, la salida de esta conflictiva es diferente, y la entrada
también. Los
núcleos de género ya están instalados en el tiempo pre-edípico.
A partir de la igualación en el eje fálico-castrado -teorías
sexuales infantiles- Freud plantea una
masculinidad primaria. La niña es un varoncito, el clítoris es un
sustituto abreviado del pene. Los
autores que plantean una femineidad primaria (Homey, K., Klein, M., Jones, E.)
la basan en un
conocimiento intuitivo de la cavidad vaginal y consideran la lógica fálica
como una formación
defensiva y secundaria. J. Lacan centra su teoría en la noción de
falo como significante del
deseo. Así, el Complejo de Edipo consistirá en una dialéctica
cuyos tiempos se centran en el
lugar que ocupa el falo en el deseo de los tres protagonistas. Nociones que habilitan
para
comprender la investidura erógena que la mujer hace de su cuerpo todo.
Y el centramiento
narcisístico del varón en el pene -su funcionamiento y tamaño-
sustento visible y arriesgable de
su investidura fálica. Este autor no considera a la libido como masculina.
El falo, como puro
significante, iguala a los dos sexos. Esta concepción no está ligada
a lo anatómico sino al deseo
que estructura la identidad sexual. Lo masculino y lo femenino son posiciones
respecto a la
función fálica. No hay inscripción inconsciente del hombre
y de la mujer, lo hay de la castración.
En su vuelta a Freud, Lacan destaca que la mujer se ofrece como objeto de deseo
del hombre. Y
éste, en posición de sujeto, se percibe como instrumento de satisfacción
de la mujer.
Imaginariamente, el hombre " ... tiene que dar lo que no tiene (el falo), a
un ser que no lo es (el
falo) ". Tanto el hombre como la mujer podrán normalizar su posición
natural, a condición de
reconocer que no son el falo, atravesando la castración simbólica.
En desarrollos posteriores,
Lacan propone la idea de un "plus de goce" como privativo de la mujer, cuya posición
en relación
a la Ley le abriría un campo de actividad sexual y erógena más
allá del orden fálico. Diversos
autores describen el trayecto teórico del psicoanálisis en relación
al posicionamiento sexuado de
mujeres y varones como una epistemología de "lo mismo", una igualación
a partir de una insignia.
A la lógica binaria (falo o no falo), Laplanche, J. agrega a la diferencia
el concepto de diversidad,
que puede producirse entre dos términos, pero también entre "n"
términos, Dice: "Si tomamos los
colores, tenemos, verde, rojo, azul, etcétera. Por el contrario si utilizamos
tina clasificación
binaria, que existe desde Platón, diríamos hay verde y no verde:
la lógica de la diferencia es a
la vez la lógica castratoria". Autores como Fernández, A. desde
la perspectiva de la correlación
entre estudios de la mujer y psicoanálisis plantea que 'Va sexualidad
femenina es pensada en
los textos freudianos desde el apriori de lo mismo. Un ordenamiento que pierde
la positividad
de la diferencia", lo que no exime a la mujer del régimen de la falta,
sino que la inscribe en una
economía deseante propia. En relación al Complejo de Edipo, la salida
es diferente para niñas y
niños, pero el ingreso también. El tiempo preedípico, además
de permitirnos conocer el recorrido
libidinal anterior, será determinante para el establecimiento de lo que
Laplanche llama
femineidad-masculinidad pre-castratoria. En el período preedípico
predomina en ambos sexos, el
lazo con la madre. Se lo define como un tiempo dual, en que la madre representa
al gran Otro,
figura excluyente de identificación primaria y/o especular. Dice E. Bleichmar
"Femineidad
primaria que goza de las licencias de lo imaginario, del fantasma, ya que en la
intimidad de los
cuidados, del placer, del amor, en que la madre reina, el niño puede edificar
la idea de una
femineidad a la cual nada le falta "(madre fálica). En "Psicología
de las masas y análisis del yo"
Freud define a la identificación como el más antiguo enlace afectivo,
"identificación previa e
inmediata que se sitúa antes de toda catexis de objeto". Ambas citas
delinean la identificación
como operación constitutiva de una relación de "ser" que por nuestro
sistema de crianza
siempre es una relación íntima, fusional, con una mujer constituida
en ideal primario. Que en el
mejor de los casos establecerá pautas diferenciales en la crianza de niños
y niñas. Será la que
brinde significantes esenciales. Si el ingreso al Edipo es diferente es porque
hay núcleos ya
constituidos, previos a la resolución genital. Y que constituyen el núcleo
de la 1dentidad de
género", diferenciable de la posterior elección de objeto sexual.
El "sistema sexo-género", dará
cuenta de complejas articulaciones entre el sentimiento de "ser" y "sentirse"
varón o mujer y la
orientación erótica hétero u homosexual. Así es que
para describir el perfil psicosexual de una
persona se requieren tres especificaciones: sexo anatómico, género
y tipo de sexualidad en
relación al objeto. Freud llamó "Sobre la sexualidad femenina"
y "La femineidad " a dos trabajos
para referirse a la mujer. Los títulos esbozan que los conceptos no son
superponibles.
El concepto de género nos habilita básicamente para comprender la
dimensión simbólica de la
femineidad/masculinidad fuera de todo resabio naturalista. Y para entender hasta
que punto la
naturalización de las diferencias propició la subestimación
de la mujer en relación al hombre,
como los sistemas de poder trocaron diferencias en desigualdades.
El movimiento feminista, en su crítica al modelo patriarcal de dominación
masculina, ha resaltado
la distribución desigualitaria de las expectativas y roles de género.
Desde el uso de "el hombre"
para referirse al ser humano en general, hasta las prácticas discriminatorias,
sociales,
científicas, jurídicas, económicas, que transforman a la
mitad de la humanidad en "el segundo
sexo" (De Beauvoir, S.). Este aprendizaje social da lugar al llamado "yo del logro"
-destreza,
poder, realización- como inherente a varones. Y el "yo en relación"
-afectos, vínculos,
sentimentalidad- propio de mujeres. La "ética de la ley" frente a la "ética
del cuidado". Según
Stembach S. "El psicoanálisis de las configuraciones vinculares se ubica
en el nudo de
convergencia entre la conflictiva intrapsíquica, el plano de lo vincular
y el atravesamiento
sociocultural. Esta aproximación nos permite pensar al Sistema sexo-género
como un capítulo
importante en la articulación de los distintos planos. Correlacionar, por
ejemplo, espacio
intrasubjetivo con la plataforma que implica el núcleo de la Identidad
de género. Los espacios
intersubjetivo y transubjetivo con los conceptos de Asignación y Rol de
género también pueden
aportar visibilidad a las complejas confluencias entre estructura e historia.
Los elementos del
sistema sexo-género se caracterizan por su grado de relacionalidad. Hablamos
de "expectativas
de género": se esperan conductas "propias" de mujeres o varones.
Rol de género: lugar que se define en relación a su opuesto
y que marca características y
desempeños inherentes a cada uno. Así, se dice "los hombres no lloran"
ó "las mujeres son
intuitivas". La "identidad de género " se constituye por precipitación
del deseo de otros. En
cualquier caso, la vincularidad como condición, distribuyendo lugares y
fijando polaridades.
Problemáticas conexas
Las rígidas prescriptivas genéricas
ocasionan que varones y mujeres vean recortadas sus
vidas en lo corporal, la identidad, en el trabajo, en la sexualidad, en la educación,
en la
expresión, etcétera. Así, la política sexista, además
de cercenar potencialidades, genera
situaciones paradojales: si bien las formulaciones en salud mental prescriben
el uso pleno de las
capacidades funcionales, una mujer debiera acotar sus experiencias sexuales para
no ser
calificada como promiscua. O un hombre debe arriesgar su vida, para sostener el
ideal heroico.
La determinación genérica se opone a la salud. El narcisismo y el
género a la sexualidad. La
autonomía a los ideales. El concepto de género necesariamente implica
una reformulación y
complejización del trabajo clínico en dispositivos un¡ y multipersonales.
Si las determinaciones de
género contribuyen al síntoma, o aún no teniendo ese status
de egodistonía, cuando colaboran
en la formación de pautas rígidas, caracteriales merecen ganar un
lugar en la etiología. Y formar
parte de lo que entendemos por material clínico. Además del conocimiento
de la vasta bibliografía
al respecto, para todo psicoanalista se torna imprescindible reflexionar sobre
los supuestos,
prejuicios e ideologías en relación a su propia posición
como ser genérico. Ser mujer o varón es
el resultado de construcciones familiares, históricas, contingentes a cada
cultura. La
naturalización de estas posiciones genéricas favorece los escotomas
en la decodificación del
material clínico o su lectura ideológica a modo de certezas que
no merecen ser analizadas. Y
particularmente en el campo del psicoanálisis vincular en sus distintas
variantes, ámbitos
propiciantes de las formas en que las representaciones sociales (como el género)
generan
formas de subjetividad e intercambios de distinto grado de complejidad. Las vicisitudes
de la
resolución sexual, las identificaciones pre y postedípicas y los
intentos para diferenciarse de
ellas ocurren en culturas con representaciones determinadas para delinear atribuciones
de lo
femenino y lo masculino. Esta sexuación de las habilidades y la división
binaria de atributos
produce subjetividades al precio de la alienación de sí mismo de
aspectos denegados o
delegados en la otra/el otro. Estas formas de vivir, también producen formas
de padecer. Todo
un capítulo en desarrollo es el de la psicopatología diferencia]
en relación al género y la revisión
de las categorías diagnósticas y pronosticas habitualmente manejadas
en salud mental. Y esto
particularmente en un tiempo en que las caracterizaciones de lo femenino y lo
masculino están
expuestas a profunda revisión y modificación.
Género
Género
Francés: Gender (genre).
Inglés: Gender.
fuente(116)
Término derivado del latín genus y utilizado habitualmente
para designar cualquier categoría,
clase, grupo o familia que presenta los mismos signos de pertenencia. Empleado
como concepto
técnico por primera vez en 1964 por Robert Stoller, sirvió primeramente
para distinguir el sexo
(en el sentido anatómico) de la identidad (en el sentido social
o psíquico). En esta acepción, el
género designa el sentimiento (social o psíquico) de la identidad
sexual, mientras que el sexo
define la organización anatómica de la diferencia entre el varón
y la mujer.
A partir de 1975, el término fue utilizado en los Estados Unidos y en los
trabajos universitarios de
lengua inglesa para estudiar las formas de diferenciación que el estatuto
y la existencia de la
diferencia de los sexos inducen en una determinada sociedad. Desde este punto
de vista, el
género es una entidad moral, política y cultural, es decir, una
construcción ideológica, mientras
que el sexo sigue siendo una especificidad anatómica.
Robert Stoller dio una definición nueva de la palabra género desde
la perspectiva del kleinismo y
la Self Psychology, para estudiar el transexualismo y las perversiones
sexuales. Según él, al
freudismo clásico le faltaba una categoría que permitiera diferenciar
radicalmente la pertenencia
anatómica (el sexo) de la pertenencia a una identidad social o psíquica
(el género), siendo que
entre ellas podía existir una relación de asimetría radical,
como lo demostraba el estudio del
transexualismo masculino y femenino.
En 1975, según lo ha señalado la historiadora Natalie Zemon Davis,
se hizo sentir la necesidad
de una nueva interpretación de la historia qué tuviera en cuenta
la diferencia entre hombres y
mujeres, hasta ese momento "ocultada": "No deberíamos trabajar sólo
con el sexo oprimido, así
como un historiador de las clases sociales no fija exclusivamente su mirada en
los campesinos [
... ]. Nuestro objetivo consiste en descubrir la ex~ tensión de los roles
sexuales y del simbolismo
sexual en diferentes sociedades y períodos."
Más tarde, la noción de género se generalizó en los
trabajos universitarios norteamericanos, y
sobre todo en las feministas, que volvieron al kleinismo, y después al
lacanismo (con una
perspectiva diferencialista), para afirmar que el sexo es siempre una construcción
cultural (un
género) sin relación con la diferencia biológica. De allí
la idea de que cada individuo puede
cambiar de sexo según el género o el rol que se asigna a sí
mismo para salir del sometimiento
que le impone la sociedad. La primera obra representativa de este enfoque fue
la de Nancy
Chodorow, de 1978. A partir de un estudio dedicado al quehacer materno, Chodorow
retomó la
tesis clásica del objeto bueno y el objeto malo, para afirmar que la distribución
entre ambos
sexos de las tareas habitualmente asignadas a las mujeres (cuidados maternales
y de crianza,
educación, cocina, etcétera) conducía a una transformación
radical y positiva para el niño de
sus identificaciones, y por lo tanto de su identidad sexual (género), que
ya no sería determinada
por las desigualdades culturales.
A continuación, en 1990, se publicó el libro de Judith ButIer. Basándose
en los trabajos de
Jacques Lacan, Michel Foucault (1926-1984) y Jacques Derrida, esta autora preconizó
el culto
del borderline (los estados límite), afirmando que la diferencia
era siempre vaga y que, por
ejemplo, el transexualismo podía ser una manera, sobre todo para la comunidad
negra, de
subvertir el orden establecido, negándose a aceptar a la diferencia biológica
construida por los
blancos. Desde esta perspectiva, el derecho a la diferencia, mitificado, se convierte
en deseo de
encierro, sea para defender una "no-diferencia" (la vaguedad transexual, el lesbianismo,
la
inversión hombre/mujer en la pareja, etcétera), sea para valorizar
la cultura de la identidad
propia, en detrimento de todo sujeto universal.
Los trabajos más interesantes en el ámbito de los gender studies
no fueron producidos por los
partidarios de una concepción radical de la diferencia de los sexos, sino
por historiadores y
filósofos más moderados, que han estudiado a veces la construcción
de las nociones de género
y sexo en la obra de Freud, y otras veces un objeto (período, texto literario,
acontecimiento) al
que podía aplicarse el género. En el primer grupo hay que ubicar
la obra ejemplar de Thomas
Laqueur titulada La Fabrique du sexe, que se inspira en el trabajo de Michel
Foucault para
estudiar el pasaje de la bisexualidad platónica al modelo de la unisexualidad
creado por Galeno, a
fin de describir las variaciones históricas de las categorías de
género y sexo desde el
pensamiento griego hasta las hipótesis freudianas; en el segundo grupo,
podemos incluir el libro
de Lynn Hunt titulado Le Roman familial de la Révolution française,
que se basa en el mito
forjado por Otto Rank (novela familiar) para presentar el asesinato del rey como
el acta de
nacimiento de una nueva sociedad basada en las desigualdades entre los hombres
y las
mujeres.
En Francia, la noción de género no se ha impuesto, y se prefiere
hablar más bien de identidad
sexual. A Élisabeth Badinter, filósofa y especialista en el siglo
XVIII, se le deben los mejores
trabajos sobre el tema, abordado con un enfoque universalista. En psicoanálisis,
es Joyee
McDougall quien ha desarrollado esta cuestión.
Genital
(amor)
fuente(117)
(fr. amour génital; ingl. genital love, al. genitale Liebe).
Forma del amor a la que llegaría el sujeto
al término de su desarrollo psicosexual.
Una de las causas frecuentes para recurrir al análisis reside en la dificultad,
para el sujeto, de
vivir su existencia afectiva y sexual como él desearía. Las inhibiciones,
las insatisfacciones y
las contradicciones experimentadas en este plano se soportan cada vez menos en
cuanto se
considera que el mundo moderno asegura a cada uno un derecho igual al disfrute,
al goce.
Freud, sin embargo, ha destacado que este tipo de dificultades no es sólo
referible a las
contingencias de la historia individual, sino que reposa en escisiones inducidas
por la estructura
subjetiva misma, En su artículo Sobre la más generalizada degradación
de la vida amorosa
(1912), señala el hecho bien conocido de que ciertos hombres sólo
pueden desear a mujeres
que no aman. Aman a su mujer legítima -o, más generalmente, a una
mujer idealizada- y desean a
mujeres que ven como degradadas; por ejemplo, las prostitutas. Freud explica esta
escisión por
el hecho de que la mujer amada, demasiado próxima a la madre, se encuentra
prohibida. En
cuanto a las mujeres, agrega Freud, si bien se observa menos en ellas la necesidad
de tener un
objeto sexual rebajado, la sensualidad a menudo permanece ligada para ellas a
la condición de lo
prohibido, o al menos del secreto. Sin embargo, Freud menciona también,
siempre en el mismo
artículo, lo que sería una «actitud completamente normal en el amor»,
actitud en la que vendrían a
unirse la corriente sensual y la corriente tierna. ¿Podría entonces el
psicoanálisis prometer, tanto
al hombre como a la mujer, una armonía del deseo y del amor? Esto es lo
que se ha creído poder
teorizar bajo el nombre de amor genital.
M. Balint es sin duda el autor que ha propuesto el análisis más
elaborado sobre este punto (Amor
primario y técnica psicoanalítica). El amor genital, para él,
se define ante todo en términos
negativos. Estaría depurado de todo rasgo pregenital, ya se trate de rasgos
orales (avidez,
insaciabilidad, etc.), de rasgos sádicos (necesidad de humillar, de mandar,
de dominar al
compañero), de rasgos anales (necesidad de ensuciarlo, de despreciarlo
por sus deseos y
placeres sexuales), como también de particularidades en las que se hacen
sentir los efectos de
la fase fálica o del complejo de castración. Debe notarse, sin embargo,
que este despojamiento
le parece difícilmente concebible.
¿Puede arriesgarse entonces una definición positiva? El amor genital, en
tanto fase cumplida de
una evolución, supondría una relación armoniosa entre los
participantes, y esto, para Balint,
necesita de un trabajo de conquista más un trabajo de adaptación
que tengan en cuenta los
deseos del otro. Pero Balint reconoce que la acomodación a la realidad
del otro no puede ser la
última palabra del amor genital. «Ciertamente -escribe-, el coito es al
principio un acto altruista;
pero, a medida que la excitación crece, la atención acordada al
compañero disminuye, de tal
suerte que al final, durante el orgasmo y los momentos que lo preceden, los intereses
del
compañero se olvidan totalmente».
Hay, sin embargo, una última paradoja. Para Balint, en el momento mismo
en que el sujeto se
encuentra arrastrado por una satisfacción que sólo le concierne
a él, puede experimentar el
sentímiento de una armonía perfecta, la de gozar del placer supremo
juntamente con su
compañero,
La teoría del amor genital ha tenido un papel nada despreciable en el psicoanálisis:
llegar a él ha
podido aparecer como uno de los objetivos concebibles de la cura. Pero hay que
señalar que
Balint no explicita verdaderamente esta «convicción de estar unido al compañero
en una armonía
completa». De ahí que parezca más ligada a una representación
imaginaria del amor como
reciprocidad que a lo que se presenta de hecho en el acto sexual. Freud, en cierto
modo,
refutaba por adelantado la teoría de Balint cuando consideraba «la posibilidad
de que algo en la
naturaleza misma de la pulsión sexual no sea favorable a la realización
de la plena satisfacción».
Para ello se fundaba en la diferencia entre el objeto originario y el objeto final
de la pulsión,
debido a la barrera del incesto, y también en el hecho de que la pulsión
sexual se constituye
desde un gran número de componentes que no pueden ser integrados todos
en la configuración
ulterior. Del mismo modo, Lacan ha podido subrayar que «en el hombre (...) las
manifestaciones
de la pulsión sexual se caracterizan por un desorden eminente. No hay nada
allí que se adapte».
Esta inadaptación, indudablemente, debe ser referida, en última
instancia, a la posición distinta
de los hombres y las mujeres en la sexuación.
Genital (amor)
Genital
(amor)
Al.: genitale Liebe.
Fr.: amour génital.
Ing.: genital love.
It.: amore genitale.
Por.: amor genital.
fuente(118)
Término frecuentemente utilizado en el lenguaje psicoanalítico contemporáneo
para designar la
forma de amor a la que llegaría el sujeto al completar su desarrollo psicosexual,
lo que supone no
solamente la entrada en la fase genital, sino también la superación
del complejo de Edipo.
La expresión «amor genital» no se encuentra en los trabajos de Freud. En
cambio, sí se halla la
idea de una forma completa de la sexualidad e incluso de una «actitud completamente
normal en
el amor» (1 a), en la cual confluyen la corriente de la sensualidad y la
de la «ternura»
(Zärtlichkeit). Su separación viene ilustrada, según
Freud, por el ejemplo, trivial en clínica
psicoanalítica, del hombre incapaz de desear a la mujer que ama (a la cual
idealiza) ni amar a la
que desea (prostituta).
La evolución de la corriente sensual, descrita en los Tres ensayos sobre
la teoría sexual (Drei
Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905) conduce a la organización
genital: con la pubertad «[...]
aparece un nuevo fin sexual, a cuya realización contribuyen todas las pulsiones
parciales,
mientras que las zonas erógenas se subordinan a la primacía de la
zona genital [...]. La pulsión
sexual se pone ahora al servicio de la función de reproducción».
En cuanto a la ternura Freud hace remontar su origen a la relación primitiva
del niño con la
madre, a la elección de objeto primaria, en la cual la satisfacción
sexual y la satisfacción de las
necesidades vitales funcionaban indisolublemente en apoyo (véase: Ternura).
M. Balint, en un artículo dedicado al amor genital, hace observar
que se habla del mismo sobre
todo en términos negativos, de igual modo que para la fase post-ambivalente
de Abraham, que
se define fundamentalmente por la ausencia de rasgos de las fases anteriores.
Si se intenta definir positivamente el amor genital, resulta difícil escapar
a los criterios normativos
e incluso a un lenguaje claramente moralizante: comprensión y respeto del
otro, ofrecimiento
ideal del matrimonio, etc.
El concepto de amor genital, desde el punto de vista de la teoría psicoanalítica,
plantea cierto
número de preguntas y observaciones:
1) La satisfacción genital (la del sujeto, del compañero o recíproca)
no implica en modo alguno la
existencia de amor. Y a la inversa, ¿no supone el amor un lazo que sobrevive a
la satisfacción
genital?.
2) Una concepción psicoanalítica del amor, aunque excluya toda referencia
normativa, no debe
ignorar lo que el psicoanálisis ha descubierto sobre la génesis
del amor:
- en cuanto a la relación de objeto: incorporación, control, unión
con el odio;
- en cuanto a los modos de satisfacción pregenitales, con los que se halla
indisolublemente
mezclada la satisfacción genital;
- en cuanto al objeto: el «pleno amor de objeto» del que habla Freud ¿no va siempre
marcado por
el narcisismo originario, tanto si se trata del tipo de elección objetal
anaclítica como del tipo de
elección objetal propiamente narcisista? No olvidemos que es «la vida amorosa
del género
humano» la que proporcionó a Freud un motivo para introducir el concepto
de narcisismo.
3) La utilización actual del término «amor genital» se acompaña
a menudo de la idea de una
satisfacción completa de las pulsiones, e incluso de la resolución
dé todo conflicto (se ha llegado
a escribir: «La relación genital, para decirlo de una vez, carece de historia»).
A esta concepción
se opone indiscutiblemente la teoría freudiana de la sexualidad; véanse,
por ejemplo, las
siguientes líneas: «Hemos de contar con la posibilidad de que exista, en
la naturaleza misma de
la pulsión sexual, algo desfavorable a la realización de la satisfacción
completa».
4) De un modo general, con el término «amor genital», ¿no se confunden
varios planos cuya
concordancia no está garantizada: el del desarrollo libidinal, que debe
conducir a la síntesis de
las pulsiones parciales bajo la primacía de los órganos genitales;
el de la relación de objeto, que
supone la superación del Edipo; y, finalmente, el del encuentro singular?
Por lo demás, sorprende
que los autores que invocan el amor genital no escapan a la siguiente contradicción:
el objeto de
amor se concibe a la vez como intercambiable (puesto que lo «genital» encuentra
necesariamente un objeto amoroso) y único (dado que lo «genital» toma en
consideración la
singularidad del otro).
Geometría proyectiva
Geometría proyectiva
Geometría proyectiva
fuente(119)
Rama de la matemática originada a partir de consideraciones relativas al
estudio de la
perspectiva. Se trata de una geometría menos cuantitativa que la común,
aunque más que la
topología. En la geometría proyectiva, dos figuras son equivalentes
cuando se puede pasar de
una a la otra por medio de una transformación proyectiva. A grandes rasgos,
ésto significa que
una es una perspectiva de la otra (ver también: plano proyectivo).
Geometrías no
euclidianas
Geometrías no euclidianas
Geometrías no euclidianas
fuente(120)
Se suele conocer con este nombre a las geometrías que satisfacen todos
los postulados de
Euclides, excepto el quinto, denominado de las paralelas. La versión más
conocida de este
postulado dice quepor un punto exterior a una recta se puede trazar una y sólo
una paralela a
dicha recta. La negación de este postulado permite su reemplazo por cualquiera
de estos otros:
1. Por un punto exterior a una recta no se puede trazar ninguna
paralela a dicha recta
2. Por un punto exterior a una recta se puede trazar más
de una paralela a dicha recta
El primer caso (geometría elíptica), fue desarrollado por Riemann,
y admite una interpretación
sencilla, tomando como plano a la superficie de la esfera, y considerando como
rectas a los
círculos máximos (geodésicas). En rigor, para que se cumplan
los demás postulados de
Euclides, es preciso identificar los puntos antipódicos de la esfera, considerándolos
como un
único punto.
El segundo caso (geometría hiperbólica) corresponde a la geometría
de Gauss, Bolyai y
Lovachevski. Un modelo posible consiste en tomar el interior de una elipse, y
definir allí una
noción de distancia. Las rectas de este modelo serán las rectas
del plano, pero limitándolas a la
porción que atraviesa el interior de la elipse. Es evidente que dos de
estos segmentos pueden no
cortarse, sin ser por ello paralelos en el sentido euclidiano.
Glassco Gerald Stinson
(1871-1934) Psiquiatra y psicoanalista canadiense
fuente(121)
Fundador, con Ernest Jones, en 1911, de la American Psychoanalytic Association
(APsaA),
Gerald Glassco fue también uno de los pioneros del psicoanálisis
en Canadá. Ejerció en Hamilton,
después de haber recibido su formación en Londres, en las filas
de la British Psychoanalytic
Society (BPS).
Glover Edward
(1888-1972). Médico y psicoanalista inglés
Glover Edward (1888-1972). Médico y psicoanalista inglés
Glover Edward
(1888-1972) Médico y psicoanalista inglés
fuente(122)
Pionero del psicoanálisis en Gran Bretaña, a la vez conservador
y rebelde, marginal y ortodoxo,
Edward Glover, junto con Ernest Jones, fue el clínico más poderoso
de la British
Psychoanalytical Society (BPS), pero también el principal responsable de
su estallido, pues él
desencadenó en 1942 las Grandes Controversias que desembocarían
en la división de la
sociedad en tres grupos: los annafreudianos, los kleinianos y los Independientes.
Notable
técnico de la cura, Glover manejaba el humor con ferocidad, y el idioma
inglés con un verdadero
don de comediante. Creó el concepto de núcleo del yo para definir
el esquema conductal del
lactante, ligado con los reflejos afectivos, y el de sexualización de la
angustia, para designar un
proceso de erotización, propio de la perversión, que permite anular
los temores del self mediante
una experiencia orgástica.
Nacido en Lesmaagow, cerca de Glasgow, en una familia presbiteriana, fue un escolar
"vacilante, rebelde, insolente y obstinado", antes de convertirse en médico,
lo mismo que su
hermano mayor, James Glover (1882-1926), a quien él admiraba y que era
el preferido de sus
padres. Por otra parte, Edward se interesó en la psiquiatría y la
criminología por consejo de
James. En 1920 viajó a Berlín para realizar su formación
didáctica con Karl Abraham. Acababa
entonces de perder a su primera esposa, después de dieciocho meses de matrimonio.
Cuando el hermano murió accidentalmente en 1926, esto lo afectó
tanto que cayó en una
especie de melancolía. Le pidió entonces a Jones autorización
para retomar sus tareas de
secretario científico, que realizaba en el seno de la Asociación.
Presidente primero del comité
científico, en 1934 Edward Glover accedió al prestigioso puesto
de secretario del comité de
formación de la International Psychoanalytical Association (IPA), donde
se mostró muy activo en
la ayuda a los freudianos que huían del nazismo.
Junto con Jones, presidente de la BPS, aplicó una política conservadora
en el interior de la
sociedad, pretendiendo mantener el psicoanálisis al margen de las instituciones
donde se
practicaban diversas formas de psicoterapia, sobre todo la prestigiosa Tavistock
Clinic. Esta
actitud aislacionista le sería reprochada por los kleinianos, con los cuales
estaba en conflicto
permanente. En 1933, en su obra Guerra, sadismo , y pacifismo, su rigor lo llevó
a interpretar los
conflictos políticos en términos de neurosis, y a preconizar, para
evitar la guerra, el psicoanálisis
masivo de los diplomáticos, y el reconocimiento oficial por los Estados
del carácter
psicopatológico de la guerra en sí. Criticado por Otto Fenichel,
quien le reprochó que
"psicologizara" el ámbito de las luchas sociales y económicas, atacó
violentamente a la
"izquierda freudiana", acusándola de querer anexar el psicoanálisis
al marxismo y al comunismo.
Entusiasmado primeramente por las innovaciones kleinianas, las rechazó
del mismo modo radical
en 1933, a partir del momento en que, convertido en analista de Melitta Sclhideberg,
abrazó la
causa de la rebelión de esta paciente contra su madre. Llamó entonces
"especulación estéril" a
las hipótesis kleinianas sobre la psicosis infantil, sosteniendo que no
se las podía considerar
validadas mientras no se demostrara que se aplicaban también a los adultos.
Estas reservas
tenían un objetivo preciso: en efecto, para Glover se trataba de mantener
el ámbito de la psicosis
bajo el dominio de los analistas médicos, y de bloquear el camino a la
influencia que Melanie Klein
(quien no tenía formación médica) comenzaba a tener sobre
la BPS a través de sus discípulos.
Pero Glover no era sólo un estratega. Tenía también la pasión
del psicoanálisis, y sufría
sinceramente al verlo atascarse en la rigidez del dogma kleiniano. Por ello elaboró
un
"Cuestionario sobre la técnica", para comprender lo que sucedía
en la cabeza de los
psicoanalistas cuando se acusaban recíprocamente de todas las torpezas,
blandiendo los
conceptos freudianos a diestro y siniestro.
En plena guerra mundial puso en el orden del día la evaluación de
las tesis kleinianas en el seno
de la BPS. Ése fue el inicio de las Controversias, que lo marcaron irremisiblemente.
Desde 1935,
no cesó de tratar a Melanie Klein de "cismática" y "desviacionista",
de acusarla de no ser ya
freudiana, y de denunciar la idolatría de sus discípulos respecto
de ella. Con ese combate
trataba de defender, no a los annafreudianos, ni siquiera a la propia Anna Freud,
a quien
consideraba incapaz de retomar la antorcha del "verdadero" psicoanálisis,
sino una especie de
utopía. En efecto, soñaba con el viejo mundo vienés, ya enterrado,
y combatía a la burocracia de
la IPA, que había terminado por excluir la autenticidad del análisis
didáctico: "Los sistemas de
formación -dijo en 1956- se habían convertido en una forma de poder
político, apenas disfrazada
con racionalizaciones..."
En febrero de 1944 renunció a la BPS, prediciéndole un futuro lúgubre
bajo el reinado de un
kleinismo y un poskleinismo que él calificaba de "Junguismo", rótulo
infamante a sus ojos. No
obstante, siguió siendo miembro de la IPA a través de una afiliación
a la Société suisse de
psychanalyse (SSP), lo que le permitió conservar sus funciones de secretario
de la IPA.
No contento con perseguir con sus invectivas a Melanie Klein, en 1944, en el curso
de emisiones
radiofónicas, no vaciló en criticar la famosa selección mediante
los tests de aptitudes (puestos a
punto sobre todo por John Rickman), que habían trastornado la psiquiatría
inglesa durante la
guerra. Consideraba que esos métodos eran impracticables en tiempos de
paz, subrayando que
no se basaban en criterios capaces de determinar las competencias profesionales
de un sujeto
"normal", funcionario u obrero de fábrica: Los psiquiatras del ejército
se hacen ahora los
sabiondos -dijo- [ ... ]. Una medida de precaución podría ser someterlos
a un curso de
rehabilitación (como se llaman estos cursos cuando ellos los aplican a
otros), para hacerles
recuperar una perspectiva correcta en cuanto a los derechos de los civiles. Sin
defensas
adecuadas, este sistema bien podría llevar en sí los gérmenes
del nazismo." Glover no se
equivocaba. El test de selección, ingenuamente aplicado por John Rickman
en 1946 en el marco
de la comisión de investigación de la IPA encargada de evaluar las
degradaciones de la
personalidad en los psicoanalistas alemanes colaboradores de Matthias Heinrich
Göring, permitió
considerar al ex nazi Werner Kemper perfectamente apto para el ejercicio del psicoanálisis
didáctico.
Habiendo provocado de tal modo un escándalo en la BPS, al atacar de manera
iconoclasta tanto
al inmovilismo annafreudiano como al sectarismo kleiniano y su más hermoso
florón (la
sacrosanta psiquiatría militar y su batería empírica de tests
y mediciones), Glover se volcó hacia
lo que en realidad más le interesaba a él, el rebelde ortodoxo,
Ya copresidente desde veinticinco
años antes del Institute for the Scientific Treatment of Delinquency, se
dedicó en adelante a la
rehabilitación de drogadictos y criminales. En 1963 fue designado presidente
del comité científico
del gran Instituto de Criminología de Londres.
Cuando murió Melanie Klein, él le rindió homenaje, como si
el furor que había puesto de manifiesto
mientras ella vivía no hubiera sido más que el signo de una herida
secreta.
Sin ninguna duda, la actitud cáustica de este hombre es inseparable de
la tragedia que
ensombreció su vida después del nacimiento de su hija, en 1926,
afectada de trisomía. Era su
hija única, y la llevaba a todas partes con él, a los viajes y a
los Congresos de la IPA. En el
período de entreguerras, la niña asistió junto a Glover a
las feroces disputas que oponían a las
diferentes corrientes de la escuela inglesa, acerca de la manera de atender y
cuidar a los niños
psicóticos y discapacitados.
Goce
fuente(123)
s. m. (fr. jouissance, ingl. use o enjoyment; al. Genießen, Genuß,
Befriedigung; Lust designa el
placer). Diferentes relaciones con la satisfacción que un sujeto deseante
y hablante puede
esperar y experimentar del usufructo de un objeto deseado.
Que el sujeto descante hable, que sea, como dice Lacan, un ser que habla, un «ser-hablante»,
implica que la relación con el objeto no es inmediata. Esta no inmediatez
no es reductible al
acceso posible o imposible al objeto deseado, así como la distinción
entre goce y placer no se
agota en que a la satisfacción se mezclen la espera, la frustración,
la pérdida, el duelo, la
tensión, el dolor mismo. En efecto, el psicoanálisis freudiano y
lacaniano plantea la originalidad
del concepto de goce en el hecho mismo de que nuestro deseo está constituido
por nuestra
relación con las palabras. Se diferencia así del uso común
del término, que confunde el goce con
las suertes diversas del placer. El goce concierne al deseo, y más precisamente
al deseo
inconciente, lo que muestra que esta noción desborda ampliamente toda consideración
sobre los
afectos, emociones y sentimientos para plantear la cuestión de una relación
con el objeto que
pasa por los significantes inconcientes.
Este término ha sido introducido en el campo del psicoanálisis por
Lacan; continúa la elaboración
freudiana sobre la Befriedigung, pero difiere de ella. Quizás el término
jouissance [goce] podría
aclararse con un recurso a su etimología posible (el joy medieval designa
en los poemas
corteses la satisfacción sexual cumplida) y por su uso jurídico
(el goce de un bien se distingue
de su propiedad [lo que se llama «usufructo». Véase Seminario XX, 1972-73,
«Aún»]).
Desde el punto de vista del psicoanálisis, el acento recae en la compleja
cuestión de la
satisfacción y, en particular, en su relación con la sexualidad.
El goce se opone entonces al
placer, que disminuiría las tensiones del aparato psíquico al nivel
mínimo. Sin embargo, es posible
preguntarse si la idea de un placer puro de este tipo conviene para hablar de
lo que experimenta
el ser humano, dado que su deseo, sus placeres y displaceres están capturados
en la red de
los sistemas simbólicos que dependen todos del lenguaje, y que la idea
de la simple descarga es
una caricatura, en la medida en que lo reclamado radicalmente para la satisfacción
es el sentido.
Aun la masturbación, que se podría tomar como modelo de este goce
singular, este goce del
«idiota» [cita de Lacan, Seminario XX, «Aún»], en el sentido de la etimología
griega idiôtês
(«ignorante»), está capturada en las redes del lenguaje, al menos a través
del fantasma y de la
culpa. Desde aquí, puede preguntarse si esta tensión particular
indicada por el concepto de goce
no se debe pensar, dejando de lado el principio más imaginario de la termodinámica,
con arreglo
a los juegos de concatenación de la cadena significante en la que el hombre
se encuentra
comprometido por el hecho de que habla. El goce sería entonces el único
término conveniente a
esta situación. La satisfacción o la insatisfacción no dependerían
sólo de un equilibrio de las
energías, sino de relaciones diferentes, con lo que ya no puede concebirse
como una tensión
domesticada, sino con el campo del lenguaje y las leyes que lo regulan: «j’ouissens»
[homofonía
de «jouissance» que significa «yo-oigo-siento» y también, «¡goza (de tu)
- sentido!», refiriéndose
tanto a la orden del superyó como al sentido implicado en el goce]. Es
un juego de palabras de
Lacan que rompe con la idea mítica de un animal monádico que goza
solo y sin palabras, sin la
dimensión radicalmente intersubjetiva del lenguaje. Por el hecho de que
habla, por el hecho de
que «el inconciente está estructurado como un lenguaje», como lo demuestra
Lacan, el goce no
puede ser concebido como una satisfacción de una necesidad aportada por
un objeto que la
colmaría. Unicamente cabe allí el término goce y como goce
interdicto, no en el sentido fácil de
que estaría tachado Ibarré: barrado] por censores, sino porque
está inter-dicto [entre-dicho], es
decir, está hecho de la materia misma del lenguaje donde el deseo encuentra
su impacto y sus
reglas. A este lugar del lenguaje Lacan lo denomina el gran Otro. Toda la dificultad
de este
término goce viene de su relación con ese gran Otro no representable,
ese lugar de la cadena
significante. Pero a menudo este lugar es tomado como el de Dios o el de alguna
figura real
subjetivada, y la intricación del deseo y su satisfacción se piensa
entonces en una relación tal
con ese gran Otro que no se puede pensar el goce sin pensarlo como goce del Otro,
como lo
que hace gozar al Otro, que entonces toma consistencia subjetiva, y a la vez como
aquello de lo
que gozo.
Se puede decir que la trasferencia, en una cura analítica, se juega, a
partir de estos dos límites,
hasta llegar al punto en que este Otro puede ser pensado como lugar y no como
sujeto. Y si se
demanda al psicoanalista que nos haga acceder a un saber sobre el goce, esta manera
de
concebir a este Otro como el lugar de los significantes, marcada por una falta
estructural,
permite al psicoanálisis pensar el goce tal como se le presenta: no según
un ideal de plenitud
absoluta, ni según la inclinación perversa de intentar capturar
el goce imaginado de un Otro
subjetivado, sino según una incompletud ligada al hecho de que el lenguaje
es una textura y no
un ser.
El principio de placer y el más allá del principio de placer. La
cuestión de la satisfacción no basta
para plantear la del goce. La filosofía antigua, en Platón y Aristóteles
en particular, pone en
evidencia la variabilidad de lo que parece agradable o desagradable, y los complejos
lazos entre
placer y dolor. Así, el diferimiento de un placer, que causa dolor, Puede
permitir acceder a un
placer más grande y más durable. La única cuestión
entonces es saber orientarse hacia el
verdadero Bien, que puede ser definido de manera distinta según cada filosofía.
Es decir que la
cuestión de la satisfacción está en el fundamento de lo que
podemos llamar una sabiduría. Pero,
¿el psicoanálisis promueve una sabiduría?
Para S. Freud, la complejidad de esta cuestión está dictada por
la clínica misma: se pregunta por
qué algunos sueños, especialmente en los casos de neurosis traumáticas
de guerra, repiten con
insistencia el acontecimiento traumático, cuando desde 1900 él
ha fundado su teoría de «la
interpretación de los sueños» en la satisfacción de un deseo
inconciente. ¿A qué principio
obedece esta repetición del dolor, cuando el principio de placer explicaba
bastante bien el
mecanismo de la descarga de la tensión, haciendo de la satisfacción
el cese de esta tensión
llamada «dolorosa»? Aparte de esto, ¿cómo explicar los numerosos fracasos
en las curas
histéricas emprendidas bajo la idea del principio de placer, aun si es
retomado por el principio de
realidad, que exige diferir la satisfacción?
Del texto de Más allá del principio de placer (1920), interesa
que comience con el «fort-da».
Estas dos sílabas acompañan el juego de un niño que hace
aparecer y desaparecer un carretel:
el juego, así inventado, en el ritmo de esta oposición de fonemas,
simboliza la desaparición y el
retorno de su madre. Es el lazo de la oposición de dos sílabas del
lenguaje con la repetición de la
pérdida y la aparición del objeto deseado, dolor y placer, el que
puede definir el goce (véase
fort-da). El lenguaje, en esta repetición, no está interesado como
instrumento de descripción de
la pérdida o del reencuentro; tampoco los mima, sino que es su textura
misma la que teje la
materia de este goce, en la repetición de esta pérdida y de este
retorno del objeto deseado.
Este juego es de un alcance simbólico más fuerte que el que trasmite
la idea de dominar la pena
y la emoción de la pérdida. Por el contrario, en lugar de disminuir
la tensión, la hace resurgir sin
cesar y la liga con el lenguaje, con la repetición y la oposición
de los fonemas. Ya para Freud, la
materia del goce era la misma que la del lenguaje. Lo que hace también
que no podamos
jerarquizar consecutivamente un yo-placer (Lust-Ich) y un yo-realidad (Real-Ich):
toda idea de
génesis y de jerarquización manifiesta un ideal de dominio opuesto
a la ética del psicoanálisis en
la medida que tal saber sobre el goce permitiría gozar del síntoma
del otro y utilizarlo.
Freud nos plantea también varios otros problemas importantes: ¿cómo
concebir por ejemplo lo
que se llama la satisfacción alucinatoria? Esto no concierne solamente
a la alucinación
patológica sino también a esa manera tan común de renegar,
rechazar, la pérdida del objeto
deseado, o, más precisamente, de rechazar que nuestra relación con
el objeto sea una relación
de otro orden que la relación con un objeto consumible, es decir, siempre
renovable. Se puede
pensar en el problema contemporáneo de la toxicomanía, tal como
lo plantea Ch. Melman, en
relación con lo que supone la economía de mercado.
Sin hablar siquiera de sustancias tóxicas, ¿qué decir de la manera
en que el sueño suscita al
objeto deseado, o al acontecimiento feliz o doloroso?
El texto freudiano de Más allá del principio de placer anuda
la oposición del principio de placer y
la repetición con la oposición de la pulsión de vida y la
pulsión de muerte. Nuestro goce es
contradictorio, descuartizado como está entre lo que «satisfaría»
a los dos principios.
El goce definido por su relación con el significante de la falta en el
Otro: S(A). [A barrada] El
texto de Lacan «Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en
el inconciente freudiano»
(1960), publicado en Escritos (1966), invierte la perspectiva habitual
en la que se sitúan a
menudo las relaciones entre el sujeto y el objeto.
Lacan desplaza la perspectiva filosófica, que plantea para el sujeto un
ideal a alcanzar, el goce
de la perfección de la totalidad del ser, trastornando así la relación
tradicional del sujeto con el
goce: el sujeto no es ni una esencia ni una sustancia, es un lugar.
El lenguaje mismo no está marcado por una positividad sustancial; es un
defecto en la pureza
muda del No-Ser [paráfrasis de un verso de Valéry citado por Lacan
en «Subversión del sujeto y
dialéctica del deseo», Escritos, 1966]. Desde el principio, el goce
intricado en el lenguaje está
marcado por la falta y no por la plenitud del Ser. Esta falta no es insatisfacción,
a la manera de la
reivindicación histérica; signa el hecho de que la materia del goce
no es otra cosa que la textura
del lenguaje y que, si el goce hace «languidecer» al Ser, es porque no le da la
sustancia
esperada y no hace del Ser más que un efecto de «lengua» [juego de palabras
entre languir:
languidecer y langue: lengua, que son parcialmente homofónicos],
de dicho. La noción de Ser
queda así desplazada. A partir del momento en que habla, el hombre ya no
es para Lacan ni
esencia ni existencia, sino «serhablante» [parlêtre]. Si el goce
fuera una relación o una relación
posible con el Ser, el Otro sería consistente: se confundiría con
Dios, y la relación con el
semejante estaría garantizada por él. Para el «serhablante», en
cambio, todo enunciado no tiene
otra garantía que su enunciación: no hay Otro del Otro. El goce,
precisamente, tiene una relación
radical con ese significante de la falta en el Otro, S(A). [A
barrada]
Que no haya Otro del Otro, que la función del Otro tachado sea la de ser
el tesoro de los
significantes fundamenta empero lo que los analistas escuchan de la neurosis.
Así, a la
ignorancia del lugar desde donde desea, que marca al hombre, Lacan responde planteando
que
el inconciente es el discurso del Otro, que el deseo es el deseo del Otro. Lo
que hace que el
hombre plantee al Otro la pregunta «¿qué quieres?» [de mí] como
sí el Otro tomase consistencia
subjetiva, reclamando su tributo.
Este tributo parece ser la castración. El neurótico «se figura que
el Otro demanda su
castración», escribe Lacan, y se dedica a asegurar el goce del Otro en
el que quiere creer,
haciéndolo «consistir» así en una figura superyoica que le ordenaría
gozar haciéndolo gozar.
Así, la teoría lacaniana, después de Freud, desplaza la noción
de castración hacia una función
simbólica que no es la de un sacrificio, de una mutilación, de una
reducción a la impotencia, como
se figura el neurótico. Se trata, con todo, de un tributo a pagar por el
goce sexual en la medida
en que está sometido a las leyes del intercambio, dependientes de sistemas
simbólicos que lo
sacan de un autoerotismo mítico. La misma elección del falo como
símbolo del goce sexual hace
entrar a este en una red de sentido en la que la relación con el objeto
del deseo está marcada
por una falta estructural, tributo a pagar para que el goce sea humano, regulado
por el pacto del
lenguaje. El fantasma, en particular, ese escenario del goce $àa,
no es solamente fantasía
imaginaria en la relación del deseo con el objeto; obedece a una lógica
que limita el investimiento
objetal pulsional al objeto, por medio de lo que Lacan llamará después
la función fálica.
Goce fálico y goce del Otro. En el seminario Aún (1972-73), Lacan
va a especificar la diferencia
entre goce masculino y goce femenino, diferencia que no se regula necesariamente
por la
anatomía: todo «serhablante» tiene una relación con el falo y la
castración, pero estas relaciones
son diferentes. El cuadro de las fórmulas de la sexuación propone
una combinatoria ordenada
por lo que Lacan llama la función fálica. (según las fórmulas
de la sexuación del seminario Aún.)
El cuadro citado en el artículo sobre el materna ha sido también
comentado en el artículo sobre el
falo, ese significante del goce, El significante, por otra parte, en ese texto,
es designado «causa
del goce» al mismo tiempo que su término. Así, si el objeto a
es causa del deseo, el significante,
por su parte, es causa de goce.
Mientras que en el texto de los Escritos «Subversión del sujeto y dialéctica
del deseo en el
inconciente freudiano», el goce era situado en la relación con el significante
del Otro tachado
S(A), en la segunda parte de su obra, Lacan pone más particularmente
en relación con S(A) al
goce femenino: «El Otro no es simplemente ese lugar en el que la verdad balbucea.
Merece
representar aquello con lo que la mujer forzosamente tiene relación (...)
Por ser radicalmente el
Otro en la relación sexual, respecto de lo que puede decirse del inconciente,
la mujer es lo que
tiene relación con ese Otro» (seminario Aún, 1972-73).
Así, es no-toda en el goce fálico, en esa misma medida en que tiene
relación con el Otro, lo que
no significa que pueda decir algo de ello; mientras que su compañero masculino
sólo puede
alcanzarla por medio de lo que, a través del fantasma, pone en escena la
relación del sujeto con
el objeto a.
Hay por lo tanto un hiato radical entre los sexos. La separación entre
lo que está inscrito a la
izquierda como un campo finito en el que el universal se sitúa respecto
de una excepción, y lo
que está inscrito a la derecha como un campo infinito en el que el no-todo
toma otro sentido, es
lo que hace que el goce humano, en todas sus formas, incluyendo el goce sublimado
de la
creación y el goce místico, esté marcado por una falta que
no es pensable en términos de
insatisfacción con respecto a un «buen» goce: no hay «buen» goce, pues
no hay un goce que
convendría a una relación sexual verdadera, a una relación
que resolviera el hiato entre los
sexos.
«No hay relación sexual porque el goce del Otro tomado como cuerpo es siempre
inadecuado,
perverso de un lado -en tanto el Otro se reduce al objeto a - y yo diría
loco, enigmático, del otro.
¿No es por el enfrentamiento de esta impasse, de esta imposibilidad por donde
se define un real,
como el amor se pone a prueba?».
En el seminario Aún, Lacan profundiza de otra manera el término
gran Otro. Antes designaba al
tesoro de los significantes; ahora designa al Otro sexo. Lo que no es contradictorio
en la medida
en que el Otro sexo, en Lacan, es aquello que puede inscribirse a la derecha del
cuadro de la
sexuación (véase matema), y que marca una relación directa
con S(A), es decir, una relación
directa con la cadena significante en su infinitud, cuando no está marcada
por la castración.
¿Qué significa entonces el goce Otro, o goce del Otro, en esta nueva formulación
de Lacan?
Si no hay relación sexual inscribible como tal, si no se puede escribir
entre hombre y mujer x R y,
si, por lo tanto, no hay goce adecuado, si el goce está marcado por este
apartamiento entre
goce fálico, del lado masculino, y goce del Otro, del lado femenino, ¿cuál
es el estatuto de este
goce del Otro, puesto que la función fálica es el único operador
con el cual podemos pensar la
relación del goce con el lenguaje? ¿El goce del Otro, del Otro sexo y de
lo que lo simboliza, el
cuerpo del Otro, está fuera del lenguaje, fuera de la inscripción
fálica que anuda el goce con las
leyes del significante? Lacan escribe lo siguiente: «Voy un poco más lejos:
el goce fálico es el
obstáculo por el cual el hombre no llega, diría yo, a gozar del
cuerpo de la mujer, precisamente
porque de lo que goza es del goce del órgano. Por eso que el superyó,
tal como recién lo
puntualicé con el ¡Goza!, es correlativo de la castración, que es
el signo con el que se adorna la
confesión de que el goce del Otro, del cuerpo del Otro, sólo es
promovido por la infinitud».
A este respecto, Lacan retoma la paradoja de Zenón, en la que Aquiles no
puede superar a la
tortuga y sólo puede alcanzarla en el infinito.
¿Cómo se articulan los dos goces, goce fálico y goce del Otro? «El
goce, en tanto sexual, es
fálico -escribe Lacan-, es decir que no se relaciona con el Otro como tab.
El goce femenino, si
bien tiene relación con el Otro, con S(A), no deja de
tener relación tampoco con el goce fálico.
Este es el sentido de la formulación según la cual la mujer es no-toda
en el goce fálico: que su
goce está esencialmente dividido. Aun si es imposible, aun si las mujeres
son mudas al respecto,
es necesario que el goce del Otro sea planteado, tenga un sentido, para que el
goce fálico,
alrededor del cual gira, pueda ser planteado de otro modo que según una
positividad absoluta,
para que pueda ser situado sobre ese sin fondo de falta que lo liga al lenguaje.
Consecuencias clínicas de la articulación del goce fálico
y del goce del Otro. Esta relación con
un goce Otro que el goce fálico, aunque el goce fálico sea el único
que hace límite para el
«serhablante», es de una gran importancia teórica y clínica. Este
goce enigmático puede aclarar
el goce de los místicos, hombres o mujeres. Lo que justamente es esencial
para situar al goce
fálico mismo. No como positividad esencial -esta es precisamente la tentativa
perversa-, sino
como marca del significante sobre una hiancia, cuyo lugar central en su función
de indicación
hace «existir» la posibilidad de Otro goce, que Lacan continuará llamando
así goce del Otro.
¿Arriesgaremos decir que la toxicomanía, a través de un objeto oral
que no pasa por lo que la
función fálica plantea en términos de semblante y no de esencia,
quizá busca dar consistencia al
goce del Otro, colmar la hiancia que este indica en una infinitud no limitada
ya por el goce fálico
sino por la muerte? El aspecto de la hiancia será elaborado directamente
con el nudo borromeo,
puesto que los redondeles de hilo anudados de a tres marcan, incluso en su rebatimiento
sobre
un dibujo, la función primordial del agujero en la articulación
de estas nociones. Uno de los
últimos seminarios de Lacan, el Sinthome [neologismo de Lacan, en
lugar de la grafía francesa
«symptôme», que juega con la idea de «santo hombre» y Santo Tomás
(de Aquino), promoviendo
así otra nueva función del síntoma, que suple la función
del padre] (1976), anudará con un
cuarto nudo, el del «sinthome», los tres redondeles de lo Real, lo Imaginario
y lo Simbólico, y, a
propósito de la escritura de Joyce, planteará el lazo entre la escritura
y el goce. Véase síntoma.
El goce, para el psicoanálisis, es por lo tanto una noción compleja
que sólo encuentra su
rigurosidad al ser situada en la intricación del lenguaje con el deseo
en el «serhablante». Este
lazo funda un hiato radical entre el hombre y la mujer. Hiato que no es reductible
a algún
conflicto; es la imposibilidad misma de escribir la relación sexual como
tal. Por eso el goce
humano está irreductiblemente marcado por la falta y no por la plenitud,
sin que esto dependa
sólo de la problemática de la satisfacción o la insatisfacción
-simplificación propuesta por la
histeria-. Del lado del goce masculino, en efecto, el falo es el significante
de ese hiato; del lado
del goce femenino, hay una división entre la referencia fálica y
un goce del Otro, es decir, de la
cadena significante en su infinitud, que no puede sin embargo «ex-sistir» (partición
lacaniana de
la palabra existir que enfatiza, al demarcar sus morfemas, el sentido de «estar
afuera» de lo
real, y su oposición conceptual con el «insistir» de lo simbólico
y el «consistir» de lo imaginario]
sino porque el lenguaje y el significante fálico permiten situar su sentido
y su alcance, aun si es
imposible. Esta hiancia del goce humano está en el nudo mismo de lo que
Freud y Lacan sitúan
como represión originaria, en el nudo de lo que se puede llamar simbolización
primordial.
Goce
Goce
fuente(124)
Lo que está en juego en el goce no es de ningún modo reductible
a un naturalismo; se trata, por
el contrario, del punto en el que el ser vivo se conjuga con el lenguaje.
Así como Goethe llama al amante del arte der lebendig geniessende Mensch
-literalmente, "el
hombre que se entrega al goce vivo"-, Freud utiliza el término Genuss según
su uso frecuente
en la lengua alemana, es decir, para designar lo que se experimenta gracias a
la representación
estética. Los Tres ensayos de la teoría sexual, que multiplican
los sustantivos correlacionados
con el adjetivo «sexual» (objeto, meta, pulsión, satisfacción, placer,
etcétera), sólo una vez
presentan el término Genuss, para indicar al pasar que, en el invertido
absoluto, no hay goce en
el acto realizado con un partenaire del sexo opuesto. En cambio, en la obra El
chiste y su
relación con lo inconsciente, publicada también en 1905, la aparición
del vocablo Genuss merece
que se le acuerde el lugar de primera conceptualización del goce en Freud.
Cuando Freud, en el capítulo «Los motivos del chiste. El chiste como proceso
social», examina la
transmisión del chiste entre la primera y la tercera persona, sostiene
que « ... la comunicación
con otra persona procura goce», y unas líneas más adelante, que
por el efecto desencadenado
en un novicio (ein Neuling) « ... se recupera un fragmento de posibilidad de goce
(ein Stück der
Genussmóglichkeit) ausente como consecuencia de la falta de novedad». La
repetición no es
reproducción de lo mismo, pues en tal caso el chiste se extingue; la repetición
necesita lo nuevo.
Así se sostiene a la vez que el discurso posee los medios de gozar en cuanto
implica al sujeto,
pero que el sujeto sólo puede estar implicado por lo que excede al discurso,
en ese pasar de un
chiste. La risa es el signo del sujeto, pero en adelante el sujeto deja de ser
idéntico a sí mismo, y
no goza más; sólo puede tratar de recuperar «un fragmento de posibilidad
de goce». De este
modo fueron formuladas en 1905 las premisas de lo que en Freud iba a encontrar
su plena
explicitación en 1920, en Más allá del principio de placer,
en el capítulo sobre la repetición;
descubrimiento freudiano fundamental, que dice que, originalmente, el sujeto,
con respecto a lo
que lo relaciona con cualquier caída del goce, sólo puede manifestarse
como repetición, y
repetición inconsciente. Se apunta al goce en un esfuerzo de reencuentro,
pero, «en virtud del
signo, algo distinto viene en su lugar, un rasgo (trait), una marca, y en esta
falla cae el objeto
siempre ya perdido».
Ahora bien, para fundar el significante de la relación sexual no podemos
partir de ningún rasgo,
de ninguna huella. Para poder sostener el goce sexual como goce absoluto, Freud
debe recurrir
a un mito, un mito desconocido hasta entonces, un mito que él crea: el
padre de la horda primitiva
« ... se reserva para sí un libre goce sexual (freien Sexualgenus) y por
ello permanece
desligado. Freud, retornando en Psicología de las masas y análisis
del yo lo que había
desarrollado en Tótem y tabú, propone al padre de la horda primitiva
como el que goza de todas
las mujeres. Este padre originario (Urvater) obliga a todos los hijos a la abstinencia
y a
establecer lazos en los que sus aspiraciones sexuales están inhibidas en
su meta. Ese tiempo
originario del mito freudiano es un tiempo anterior al Edipo, un tiempo en el
que el goce es
absoluto, puesto que no se distingue de la ley. Al matar al padre y comerlo, al
incorporarlo, los
hijos abren un tiempo histórico, el tiempo del Edipo, del héroe
trágico, que realiza una repetición
tendencial del acto, en la cual quedan interesadas las tendencias agresiva y erótica,
en su
disyunción misma. A consecuencia de esta repetición tendencial el
goce es en adelante distinto
de la ley; gozar de la madre está prohibido.
De este modo el mito viene al lugar en que, en el sistema simbólico, en
el sistema del sujeto, el
goce sexual no está simbolizado ni es simbolizable. Es real. En este sentido,
no hay sujeto del
goce sexual. ¿Se podrá decir que hay sexo sin sujeto? Sin duda se lo podría
sostener, dando
prevalencia a lo simbólico sobre lo real, pero, desde 1969, ésta
es la pendiente por la que Lacan
decide no deslizarse.
En 1960, en el seminario La ética del psicoanálisis, Lacan había
mostrado que el campo del goce
se podía definir como sigue: todo lo que corresponde a la distribución
del placer en el cuerpo.
Con el «Proyecto», el texto de Freud, Lacan había discernido el límite
íntimo de esta distribución,
límite que marca lo intolerable de ese vacío central, y sin embargo
totalmente exterior, de la Cosa
(das Ding) a-sexuada, vacuola del goce. El hecho de que esta vacuola tuviese borde
«éxtimo»
hacía posible que un goce de borde equivaliera al goce sexual (borde de
los orificios
concerniente al objeto a, que la pulsión contornea en su recorrido). Lacan
mostró entonces de
qué modo la sublimación intentaba con la pulsión concertar
con la Cosa, en el arte, la religión y la
ciencia. Pero estrictamente hablando, no extrajo consecuencias del hecho, no obstante
ya
patente, de que lo que le falta a esta lógica es el significante sexual.
Su fórmula-ritornelo «no hay
relación sexual», desde 1969 funcionará como un verdadero recordatorio
permanente de esta
ausencia de significante sexual. A partir de allí habrá que reelaborar
las relaciones entre el goce,
el Otro y el objeto a. En efecto, surge un problema cuando Lacan sostiene, por
una parte, que no
podemos partir de ninguna huella para fundar el significante de la relación
sexual, y que, por ello,
todo se reduce a ese significante, el Falo (que no está en el sistema del
sujeto, puesto que no
representa al sujeto, sino al goce sexual en tanto que fuera del sistema, es decir,
absoluto), y
cuando por otra parte, agrega inmediatamente después, que el goce sexual
« ...tiene, con
relación a todos los otros, el privilegio de que algo en el principio de
placer, del que se sabe que
constituye la barrera ante el goce, algo en el principio de placer le da sin embargo
acceso».
Cuestión decisiva acerca de esta función fálica que en consecuencia
no regularía, por sí sola,
aquello en lo que consiste el goce.
Decir que no hay significante sexual es una de las maneras de situar al Otro como
lugar de la
Urverdrängung, de la represión originaria.
El Otro es postulado como lugar de la palabra como tal (es allí donde el
inconsciente está
estructurado como un lenguaje), pero también, por este hecho, como un terreno
«limpiado de
goce». Al poner en correlación la curiosidad sexual con el deseo de saber,
Freud atravesó un
umbral decisivo. Tratar de desenmascarar en qué consiste el goce en tanto
excluido, lleva a
frecuentar al Otro como lugar donde eso se sabe. La neurosis interroga esa frontera
entre el
saber y el goce. Acerca de este punto, Lacan puede entonces precisar que, para
el obsesivo,
todo goce sólo puede encararse como un convenio con el Otro, que sólo
se autoriza por un
pago siempre renovado, y que, para la histérica, el goce está planteado
como un absoluto a
partir del cual se despliegan las variaciones de su deseo insatisfecho. En ese
pasaje
goce-saber un objeto es perdido, pero hasta ese momento Lacan había designado
ese objeto
como agujero en el nivel del Otro en su relación con el sujeto.
Al volver una vez más a lo que Freud elabora en El chiste y su relación
con lo inconsciente,
Lacan, en 1968, tratará de situar el objeto a, no sólo como objeto
causa del deseo, sino también
como objeto perdido en la relación del goce con el saber. Lo hace con un
pequeño hallazgo
realizado en El capital, tercera parte, capítulo V: «El trabajo y su valorización».
Pues allí la pluma
de Marx genera una curiosa anotación. En ese capítulo el capitalista
despliega su alegato para
demostrarle al trabajador que el mercado es honesto: él, el capitalista,
aporta los medios de
producción, y el trabajador su fuerza de trabajo. Pero al decir esto, en
un momento dado el
capitalista ríe. Lacan atríbuye esa risa al efecto de lo que es
eludido en el discurso, a lo que
pasa en silencio, la plusvalía que el intercambio produce al paso. «Es
ese "escamoteo" lo que les
cosquillea el vientre en el efecto del chiste», dice enseguida Lacan, que añade:
«Yo reemplazo
la energética de Freud por la economía política» y establece
una relación de homología entre la
plusvalía, tal como la define Marx, y el nuevo nombre que él le
da a partir de ese momento al
objeto a: el plus-de-gozar. En el discurso, el sujeto es lo que un significante
representa ante otro
significante. Para seguir el modo con que Marx descifra la realidad económica,
es lo que
representa el valor de cambio ante el valor de uso. En esa falla entre el primero
y el segundo
significante algo cae, pasa la trampa, la plusvalía, el plus-de-gozar.
El saber es el precio de la renuncia al goce, y el punto vivo que el discurso
analítico permite
descubrir, es ese punto de empalme del objeto a --en el que el sujeto puede encontrar
su
esencia real, un representante con el cual designarse luego- con el campo del
Otro, en el que se
ordena el saber, y que es dominio interdicto para el goce (Lacan, D'un Autre à
l'autre).
Puesto que el goce sexual está marcado por la imposibilidad de establecer
en lo enunciable el
Uno de la relación sexual, puesto que no hay significante del goce sexual,
se deduce que el
goce es fálico, es decir, que no se relaciona con el Otro como tal. Es
goce de lo que ocupa ese
lugar, de lo que suple; es goce de la palabra, fuera del cuerpo. Y para el hombre,
en tanto está
provisto del órgano llamado fálico, el partenaire sexual, que representa
el cuerpo del Otro, será,
en ese punto del objeto que agujerea a ese Otro, objeto causa del deseo que es
también plus de
gozar, imposibilidad de sobrepasar un límite en el goce. Este límite
orgánico, portado por el
principio de placer, hace barrera, fallo y necesidad de recomenzar, «aún»,
con este objetivo del
goce que el sujeto hombre sostiene al encontrar en el acto sexual a una mujer
como objeto de su
fantasma.
En tanto que ser hablante, una mujer también está sujeta al significante
Falo, significante del
goce sexual en tanto excluido. En su encuentro con el hombre, ella busca este
significante. Pero
¿se sostiene allí la meta de su goce?
Con respecto a la castración no hay equivalencia del hombre y la mujer,
puesto que, si el falo es
elevado al rango de significante y simboliza el sexo del hombre, para simbolizar
el sexo de la
mujer «lo simbólico carece de material». Del lado del hombre, la función
del padre de la horda que
gozaba de «todas las mujeres» asegura una función de excepción,
Uno, que no está sometido a
la castración y a partir del cual se puede fundar lo universal, de la ley.
Del lado de la mujer no
sucede lo mismo. No hay un conjunto finito de significantes como en el caso del
hombre: los
significantes y el falo como significante de la no-relación con el Otro.
Para la mujer hay un punto
de indeterminación que tiene que ver con la ausencia.de significante sexual.
Con su fórmula «la
mujer no existe», Lacan ha subrayado esta imposibilidad del universal de la mujer.
Y extrajo la
consecuencia de ello diciendo que, para la mujer, hay un goce «más allá
del falo», que el
«no-todo» de la mujer tiene una relación con el goce fálico. Más
allá, ella tiene relación con un
goce «suplementario», un goce infinito, que tiene que ver con el significante
de esta falla del
lugar del Otro.
Ante este goce infinito que la hace «ausente de sí», ausente en tanto que
sujeto, ¿tiene la mujer
el recurso de taponar esa falla gracias al objeto del fantasma, objeto causa del
deseo, gracias al
objeto plus-de-gozar inscribible en el discurso? No, puesto que se trata de recursos
del sujeto,
en tanto tachado. Para taponar este goce infinito que la ubica fuera de sujeto,
la mujer tiene otro
recurso. Los objetos a de una mujer, dirá Lacan en el seminario de 1975,
R.S.L, son sus hijos, y
como ya lo había hecho en el seminario Aun dos años antes, emplea
en este sentido la
expresión «tapón del goce». De modo que el niño es específicamente
objeto a en relación con
este goce femenino del significante de la falla en el Otro, lo que también
llevará a Lacan a decir
que «la mujer sólo entra en función en la relación sexual
en tanto que madre», siendo que el
hombre entra en esa relación en tanto que castrado, es decir, en tanto
que tiene relación con el
goce fálico.
Finalmente, en el nivel de este goce infinito, no hay saber en el Otro, sino una
imposibilidad de
acceder al saber de este goce, puesto que es un saber que sólo podría
saberse desde el lugar
de la falla. No obstante, la falla se escribe, con las pequeñas letras
de Lacan, como una raya
sobre la A: A/. De ello se deduce que este saber que no se sabe, que está
en lo real, puede no
obstante relacionarse con ese rasgo de escritura, y de tal modo acceder a una
posibilidad de
objetivación. Ésa es la apuesta de Lacan en la escritura topológica
de la nodalidad.
Goce
Goce
Alemán: Genuss.
Francés: Jouissance.
Inglés: Enjoyment, jouissance.
fuente(125)
Raramente utilizado por Sigmund Freud, el término goce aparece como concepto
específico en la
obra de Jacques Lacan.
Ligado primeramente al placer sexual, el concepto de goce implica la idea de una
transgresión de
la ley: desafío, sumisión o burla. El goce participa así
de la perversión, teorizada por Lacan como
una de las componentes estructurales del funcionamiento psíquico, distinta
de las perversiones
sexuales.
Posteriormente, el goce fue repensado por Lacan en el marco de una teoría
de la identidad
sexual, expresada en fórmulas de la sexuación, las cuales llevan
a distinguir el goce fálico y el
goce femenino (o goce llamado suplementario).
En francés, el término jouissance apareció en el siglo
XV para designar la acción de usar un
bien a fin de obtener de él las satisfacciones que se considera que procura.
En este marco, la
palabra tiene una dimensión jurídica, ligada a la idea de usufructo,
que define el derecho de goce
sobre un bien perteneciente a otro. En 1503 se enriqueció con una dimensión
hedonista,
convirtiéndose en sinónimo de placer, gozo, bienestar y voluptuosidad.
La lengua alemana distingue entre Genuss, término que abarca las
dos acepciones francesas
de la palabra jouissance, y Lust, que expresa las ideas de placer, deseo
y ganas. Esta distinción
era imposible de establecer en inglés, idioma en que sólo existía
la palabra enjoyment hasta la
aparición, en 1988, del vocablo.jouissance en el Shorter Oxfort English
Dictionary.
Freud utiliza una sola vez el término goce en sus Tres ensayos de teoría
sexual: a propósito de
los "invertidos" (homosexuales) que, debido a su aversión al objeto del
sexo opuesto, no pueden
obtener "ningún goce" de una relación con él. Se lo vuelve
a encontrar en el capítulo VI del
ensayo El chiste y su relación con lo inconsciente. Allí
Freud examina la situación en la que el
chiste, al ser repetido, corre el riesgo de no hacer reír, porque se ha
suprimido el resorte de la
sorpresa. Cabe no obstante pensar, dice, que en tal caso "se recupera una parte
de la
posibilidad de goce que falta cuando se ha perdido novedad, extrayéndolo
de la impresión
producida por el chiste sobre el nuevo oyente". En ese marco, el goce no es sólo
sinónimo de
placer, sino que lo subtiende una identificación y está articulado
con la idea de repetición, tal
como será aplicada más tarde en Más allá del principio
de placer, al elaborarse el concepto de
pulsión de muerte.
Aunque no se lo mencione explícitamente en esa elaboración, la idea
de goce se puede vincular
con el proceso de apuntalamiento, que lleva a la emergencia de la pulsión
sexual. Retornando el
ejemplo de Jean Laplanche acerca de la satisfacción de la necesidad de
nutrirse mediante la
succión del seno materno, es posible identificar -precisamente en el momento
en que el infante,
con su necesidad orgánica satisfecha, no se entrega ya tanto a la succión
como al chupeteo- el
nacimiento de esa actividad repetitiva del registro del goce que marca la entrada
en la fase del
autoerotismo.
Esta misma fase del desarrollo psíquico, repensada por Lacan a fines de
la década de 1950, lo
condujo a las primeras formulaciones de su concepto de goce. Elaborando la distinción
entre
necesidad, demanda y deseo, Lacan señaló que es el otro, la madre
o su sustituto, quien
confiere un sentido a la necesidad orgánica expresada sih intencionalidad
por el lactante. En
consecuencia, el infante se encuentra inscrito, sin saberlo, en una relación
de comunicación en
la que ese otro (pequeño otro), en virtud de la respuesta que aporta a
la necesidad, instituye la
existencia presupuesta de una demanda. En otros términos, desde ese momento
el infante es
referido al discurso de ese otro cuya posición ejemplar contribuye a la
constitución del Otro
(gran otro). La satisfacción obtenida por la respuesta a la necesidad induce
la repetición del
proceso, subtendido por la investidura pulsional: la necesidad se vuelve entonces
demanda
propiamente dicha, sin que por ello pueda recuperarse el goce inicial, el del
pasaje de la succión
al chupeteo. El Otro originario sigue siendo inalcanzable, bloqueado por la demanda
que se ha
vuelto ilusoriamente primera. Este Otro, objeto de esa demanda imposible, se convierte,
en el
seminario de 1959-1960, La ética del psicoanálisis, en la
cosa (das Ding), objeto imposible,
"fuera de significado".
Lacan traza entonces una distinción esencial entre placer y goce; el goce
reside en el intento
permanente de exceder los límites del principio de placer. Este movimiento,
ligado a la búsqueda
de la cosa perdida, que falta en el lugar del Otro, es causa de sufrimiento, pero
el sufrimiento no
erradica nunca por completo la búsqueda del goce.
Nutrida por la frecuentación y la lectura de Georges Bataille (1897-1962),
esta reflexión lleva a
Lacan, en 1962, a establecer un cotejo, durante mucho tiempo incomprendido, aunque
se
encuentre en el fundamento de su teoría de la perversión. En el
artículo titulado "Kant con Sade",
desarrollando la idea de una equivalencia entre el bien kantiano y el mal
sadeano, Lacan
pretende demostrar que el goce se sostiene en la obediencia del sujeto a un mandato,
sean
cuales fueren su forma y su contenido, lo que lo lleva, al abandonar lo que hay
allí de su deseo,
a destruirse en la sumisión al Otro (gran otro).
Desde el seminario de 1969-1970 (El reverso del psicoanálisis) hasta
el de 1972-1973 (Aun),
pasando por De un discurso que no fuese semblante (1970-1971), y ... O peor
(1971-1972),
Lacan elaboró su teoría del proceso de la sexuación, que
él expresa por medio de un conjunto
de fórmulas lógicas.
En un primer momento, destacó el atolladero de la idea de complementar¡
edad resultante de la
tesis freudiana de la libido única, tesis falocéntrica que se puede
resumir en dos axiomas:
"Todos los hombres tienen el falo" y "Ninguna mujer tiene el falo". Esa posición,
explica Lacan,
conduce a lo uno, es decir, a la negación de la diferencia y, de
tal modo, a la negación de la
función de la castración".
Retornando el mito freudiano del padre originario, el padre de la horda primitiva
de Tótem y tabú,
Lacan subrayó que si el conjunto constituido por los hijos sometidos a
la castración (la
interdicción de la posesión de las mujeres del jefe de la horda)
tiene sentido, es porque,
lógicamente, hay "al menos uno" de ellos que no es sometido a la castración.
Lacan fabrica en
esa oportunidad una palabra compactada, como las que produce el fenómeno
de la
condensación, y a ese "al menos uno" (au moins un) lo denomina un
"hommoinzin" (homme
moins un, hombre menos uno). Este "hommoinzin", que funda la posición
de la existencia del
conjunto de los otros, ese padre originario, padre simbólico según
la conceptualización
lacaniana, no sometido a la castración, es entonces el soporte del fantasma
de un goce
absoluto, tan inalcanzable como el padre originario. De modo que para el hombre
no existe más
goce que un goce fálico, es decir, limitado, sometido a la amenaza de la
castración, goce fálico
que constituye la identidad sexual del hombre.
Para las mujeres no hay un equivalente del padre originario, no hay "hommoinzin"
que escape a
la castración: el goce del Otro, goce esperado, goce con el que se cuenta,
y fuera del alcance
de ese padre originario, a pesar de ser igualmente imposible para la mujer, no
sufre sin embargo
la interdicción de la castración. El goce femenino es por lo tanto
distinto, y sobre todo no tiene
límites. Es un "goce suplementario" (un suplemento), enunciado como
tal en el flamígero
seminario Aun, cuyo perfil parece haber sido bosquejado algunos años
antes por WIadimir
Granoff y François Perrier, en 1960, en un informe presentado al
Congreso de Amsterdam sobre
la sexualidad femenina. La existencia de este goce suplementario, inconocible
por y para el
hombre, pero indecible para las mujeres, funda el aforismo lacaniano, a menudo
prostituido,
según el cual "no hay relación sexual", desarrollado en el
marco del seminario ... o peor.
Al teorizar de tal modo un goce femenino desprendido de toda referencia biológica
o anatómica,
Lacan no se contenta con responder a las interpelaciones a las que lo sometían
los movimientos
feministas de la época. Lacan se vuelve hacia los místicos, tomando
el ejemplo de la Santa
Teresa de Bernini que está en Roma, y constata: "No hay dudas" (de
que ella goza). "Y ¿de qué
goza? Está claro que el testimonio esencial de los místicos consiste
justamente en decir que lo
experimentan, pero no saben nada de ello."
Con referencia a la teoría lacaniana, el concepto de goce es entonces utilizado
en una
perspectiva diferencialista, principalmente por autores -Mujeres en general y
psicoanalistas- que
intentan elaborar los marcos teóricos de una identidad femenina. Este enfoque,
que disfrutó de
un éxito importante en Francia a principios de la década de 1970
(con los trabajos de Luce
Irigaray, Julia Kristeva, Michéle Montrelay), particularmente en los Estados
Unidos tomará la
forma de una corriente radical inspirada en el culturalismo y volcada a investigaciones
centradas
en la noción de género.
Göring Matthias Heinrich
(1879-1945). Psiquiatra alemán
Göring Matthias Heinrich (1879-1945). Psiquiatra alemán
Göring Matthias Heinrich
(1879-1945) Psiquiatra alemán
fuente(126)
Luterano y pietista convencido, primo del mariscal Hermann Göring, Matthias
(o Mathias) Heinrich
Göring nació en Wuppertal-Eberfeld. Después de estudiar derecho,
se orientó hacia la
neuropsiquiatría; fue asistente en Múnich de Emil Kraepelin, se
apasionó por la hipnosis, y más
tarde adoptó las tesis de la psicología individual de Alfred Adler.
El 1 de mayo de 1933 adhirió al
Partido Nacionalsocialista; fue hasta su muerte un militante modelo de la doctrina
nazi, y el "gran
patrón" de la psicoterapia alemana "arianizada", es decir, desembarazada
no sólo de sus
profesionales judíos, sino del "espíritu judío" en general.
Göring no era temido por sus aliados ni por sus adversarios, quienes le pusieron
el sobrenombre
de Papy o Papá Noel, en razón de su larga barba y su generosidad
aparente. Ocultaba muy bien
su dureza detrás de un aspecto de niño tímido afectado de
tartamudeo. Fascinado por los
fenómenos ocultos, alababa sin cesar los méritos de la religión
y del amor al prójimo, y no se
movía sin llevar consigo su Biblia.
Pero Göring era sobre todo un oportunista. Sólo abrazó la causa
hitleriana porque la instauración
del nuevo régimen le daba la oportunidad de una promoción institucional
a la cual, en tiempos
normales, no habría podido jamás acceder, en vista de su mediocridad
profesional. Lo mismo que
Felix Boehm o Harald Schultz-Hencke, igual que Werner Kemper o Carl Müller-Braunschweig,
sentía celos de sus brillantes colegas judíos, médicos, psiquiatras,
psicoterapeutas, quienes,
antes de 1933, tenían una situacion mejor que la de él. Fue entonces
un verdadero antisemita,
tanto porque se convenció de la influencia perniciosa que podría
ejercer el pretendido "espíritu
judío" sobre las diferentes ramas de la psicoterapia (incluido el psicoanálisis),
como porque se
sentía intelectualmente inferior a esos judíos, en su mayoría
freudianos, en cuyas manos
estaban las riendas de las principales instituciones alemanas, desde Berlín
hasta Franefort: Max
Eitingon, Emst Simmel, Otto Fenichel, Erich Fromm, Karl Landauer, y otros. Desde
las sombras, él
contribuyó primero a expulsarlos del país, y después al exterminio.
Como todos los antisemitas, le explicaba a quien quisiera oírlo que tenía
"amigos judíos" o incluso
que "protegía" de la Gestapo a las esposas judías de algunos de
sus colaboradores. Incluso en
1937 reveló que antes de la llegada del nazismo había tenido en
tratamiento a once pacientes
judíos por los que sentía un respeto profundo. Lamentablemente,
añadía, no había podido hacer
nada por ellos, en razón de la "diferencia racial". Después
de 1933 deificó al Führer, al punto de
pedirles a todos los psicoterapeutas que estaban a su cargo que hicieran de Mein
Kampf la
biblia de la nueva ciencia psicológica del Reich.
Éste era entonces el hombre con el cual, a través de Boehm, Ernest
Jones aceptó negociar en
1936 para poner en marcha, en nombre de la International Psychoanalytical Association
(IPA), la
política llamada de "salvarnento" del psicoanálisis en Alemania,
cuya historia completa sólo se
conoció públicamente a partir de la década de 1980: en Alemania
la revelaron Regine Lockot y
diversos trabajos realizados en el exterior y el interior de la IPA; en Francia,
lo hizo el
psicoanalista René Major; en los Estados Un¡dos, el historiador Geoffrey
Cocks.
En 1928, Göring comenzó a infiltrar la AlIgerneine Árzliche
Gesellschaft für Psychotherapie
(AÁGP), sociedad alemana compuesta por psiquiatras, psicoterapeutas y psicoanalistas,
presidida por Ernst Kretschmer hasta 1933, y después por Carl Gustav Jung,
durante un año.
Más tarde, mientras Jones aceptaba en 1935 la exclusión de todos
los miembros judíos de la
Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG), él procedió a la
nazificación completa de la
AÁGP. Finalmente, en mayo de 1936, creó su obra maestra institucional,
el Deutsche Institut für
Psychologische Forschung (Instituto Alemán de Investigación Psicológica
y Psicoterapia), que no
tardó en tomar el nombre de Göring-Institut. Un mes más tarde,
después de haberse encontrado
en Basilea con Jones, Abraham Arden Brill, Boelim y Carl Müller-Braunschweig,
obtuvo la
incorporación a su instituto de la difunta DPG, y la reconversión
del Berliner Psychoanalytisches
Institut (BPI) en un instituto "arianizado". Como suprema humillación,
confiscó en beneficio propio
los locales del BPI y el Policlínico, cuya arquitectura había sido
concebida por Ernst Freud.
Agrupó entonces bajo su batuta a diversos miembros de escuelas de psicoterapia
que
aceptaron la nazificación de su doctrina y su práctica. Entre ellos
había adlerianos, junguianos y
terapeutas independientes (por ejemplo Joannes Schultz, el creador del entrenamiento
autógeno).
Oficializado en 1938 en presencia de altos dignatarios del régimen, el
Göring-Institut fue
colocado bajo la protección directa de Hitler, y hasta 1945 se benefició
con medios económicos
considerables para cumplir con la misión principal de determinar las leyes
del desarrollo de la
personalidad humana y de los fenómenos colectivos, conforme a la política
de la "Jerarquía de
razas" aplicada por el nazismo. En ese marco, Felix Boelim realizó sus
"trabajos" sobre la
homosexualidad, enviando a campos de concentración a los sujetos considerados
ineptos para
la integración, y Werner Keniper se ocupó personalmente de la selección
de los neuróticos en el
ejército de tierra. En cuanto a Schultz-Hencke, hizo su aporte al mejoramiento
de la capacidad de
resistencia y mando de los cuadros militares, mientras que Schultz experimentó
terapias breves
con oficiales del ejército del aire traumatizados por los bombardeos.
Por otra parte, el Güring-Institut pudo jactarse de asegurar, después
del antiguo BPI, el
tratamiento psicoanalítico o psicoterapéutico gratuito o pago de
numerosos pacientes comunes,
provenientes de todas las clases sociales y afectados de simples neurosis, o de
enfermedades
mentales (psicosis, epilepsia, retraso). Desde luego, exceptuando a los judíos.
Todas esas
personas fueron "curadas", con vistas a su adaptacíón a la política
vülkisch del Gran Reich,
basada en la idea de la supremacía del alma germana. Con el mismo espíritu,
el instituto formó a
numerosos psicoterapeutas y psicoanalistas, que más tarde se convertirían
en los profesionales
reconocidos de la Alemania de posguerra. Se volvió incluso a constituir
un vínculo "de familia"
semejante al de los primeros discípulos: Erna, la mujer de Göring,
se analizó con Kemper, quien
después pretendió que la había espiado para salvar a John
Rittmeister, y su hijo Ernst fue
formado en el análisis didáctico, contra la opinión de su
padre, por Müller-Braunschweig. De
modo que el psicoanálisis fue "salvado" por este grupo de hombres que además
aceptaron
modificar su terminología, considerada demasiado "judía", y hacer
desaparecer el nombre
deshonrado de Freud de todas las publicaciones y todas las reuniones oficiales.
La palabra
psicoanálisis fue reemplazada por psicoterapia de las profundidades; el
Edipo fue sencillamente
barrido, y la sexualidad suprimida.
En 1945 los bombardeos aliados destruyeron totalmente el Instituto. De tal modo
desaparecieron
de un golpe las huellas del pasado: el hermoso instituto de 1920, y a la vez,
el siniestro recuerdo
de su "arianización". Sobre sus escombros simbólicos, y sin ninguna
depuración, Kemper y
Schultz-Hencke hicieron reconstruir, en la zona occidental de Berlín, el
Instituto Central de
Psicoterapia, financiado por las cajas de seguros contra enfermedad.
Tomado prisionero por las tropas rusas, Göring murió de tifus en algún
lugar del Este, en un
campo de internación.
Graf Herbert
(1903-1973) Caso "Juanito"
fuente(127)
Hasta 1972, fecha de la aparición de las "Memorias de un hombre invisible",
transcripción de las
cuatro entrevistas acordadas por Herbert Graf al periodista Francis Rizzo, no
se conocía la
identidad de ese "niño de cinco años" que con el nombre de "Juanito"
había alcanzado la
celebridad gracias al relato de Sigmund Freud sobre su análisis, efectuado
por Max Graf, su
padre.
Considerado uno de los grandes casos del psicoanálisis, el tratamiento
de Juanito ocupó muy
pronto un lugar particular en los anales del freudismo, primero porque el paciente
(por primera
vez) era un niño, y en segundo término porque Freud, en lugar de
ocupar la posición de analista,
intervino como supervisor.
El análisis propiamente dicho de Juanito se desarrolló en el curso
del primer semestre de 1908.
Fue contemporáneo del análisis de Ernst Lanzer, el Hombre de las
Ratas. Freud, con
autorización el padre, publicó el historial en 1909, pero ya se
había referido a Juanito en dos
artículos sobre la sexualidad infantil aparecidos en 1907 y 1908. En realidad,
desde 1906,
cuando el niño no tenía aún tres años, el padre, conquistado
por el psicoanálisis a través de los
relatos de su esposa, que le hablaba de su cura con Freud, tomó notas sobre
todo lo que tenía
que ver con la sexualidad del niño, para transmitirlo al maestro, que se
había convertido en una
persona de la familia. Max Graf no fue el único en entregarse a este tipo
de obsevaciones:
Freud, como lo recuerda al principio de su relato, había exhortado a sus
colegas de la Sociedad
Psicológica de los Miércoles a realizar ese tipo de ejercicio, para
aportarle pruebas bien
fundadas de sus tesis sobre la sexualidad infantil, expuestas algún tiempo
más tarde en los Tres
ensayos de teoría sexual.
Desde las primeras anotaciones del padre, Juanito aparece muy preocupado por esa
parte de su
cuerpo que él llama su "hace pipí". Sucesivamente le pregunta a
la madre si ella tiene uno, le
atribuye uno a la vaca que se ordeña, a la locomotora que desprende agua,
al perro y al caballo,
pero no a la mesa ni a la silla. Este interés, como lo observa Freud con
humor, no se limita a la
teoría: Juanito es sorprendido por la madre cuando se entrega a tocamientos
de su pene. La
mujer lo amenaza con hacerle cortar el "hace pipí" si continúa ese
tipo de actividad; esto no
genera ningún sentimiento de culpa -sigue observando Freud- pero le hace
adquirir el complejo
de castración. Continuando con sus exploraciones, el niño quiere
saber si también el padre tiene
un "hace pipí", y se sorprende de que la madre, adulta, no tenga un "hace
pipí" del tamaño del
que tiene el caballo.
En este período, "el gran acontecimiento de la vida de Juanito es el nacimiento
de su hermanita
Anna, cuando él tiene exactamente tres años y medio". Las observaciones
del padre revelan un
distanciamiento entre los dichos del niño, que parecen dar crédito
a la fábula de la cigüeña, y la
atención que presta al maletín del médico y a las palanganas
de agua sanguinolenta en el
dormitorio del parto, lo que parece indicar -señala Freud la presencia
de las primeras sospechas
acerca de la falsedad de la fábula. A Juanito le llevará aproximadamente
seis meses superar
sus celos y convencerse de su propia superioridad sobre la hermana menor. Al asistir
al baño
de la niña, constata que ella tiene un "hace pipí [...] todavía
pequeño" y predice con
condescendencia que será más grande cuando Anna crezca. Comentando
las observaciones
siguientes, Freud toma nota de manifestaciones de autoerotismo, pronto seguidas
de una
"elección de objeto como en el adulto". Juanito da entones muestras
de inconstancia,
predisposición a la poligamia, pero presenta también rasgos de homosexualidad,
todo lo cual
lleva a Freud a decir, manifiestamente satisfecho por haber seguido paso a paso
la verificación
de su teoría, "Nuestro Juanito parece verdaderamente un modelo de todas
las perversiones".
Juanito atravesó más tarde un período marcado por la búsqueda
de emociones eróticas (se
enamoró de una niñita e insistió con los padres para que
le permitieran llevarla a la casa y
acostarse con ella), prolongación de las que había experimentado
en sus incursiones al lecho de
los progenitores. Cuando tenía cuatro años y medio, un sueño
tradujo su deseo, en ese momento
reprimido, de entregarse de nuevo al exhibicionismo ante las niñitas, como
lo había hecho el
verano anterior. Este período se cerró con el reconocimiento por
el niño, al presenciar de nuevo
el baño de la hermanita, de la diferencia entre los órganos genitales
masculinos y femeninos.
Unos días después de ese sueño y de esa observación,
se declaró la "enfermedad" de Juanito.
Los diálogos entre el padre y el niño, transcritos fielmente por
el primero y transmitidos a Freud,
le permitieron a éste conducir la cura y, más tarde, reconstruir
la evolución de los trastornos y
su desaparición, confirmatoria de la "curación" anunciada desde
la primera línea del relato.
Ese período se inició con una carta del padre, inquieto por la agitación
nerviosa que ha afectado
súbitamente al niño, y dispuesto a atribuir ese estado al exceso
de ternura de la madre. Freud,
que en todos los casos defiende a su ex paciente, la "linda madre" de Juanito,
"tan buena y tan
devota", rechaza ese punto de vista. En el análisis, subraya, no se trata
de "comprender de
entrada un caso patológico"; la comprensión sólo es posible
"más tarde", si uno se ha dado
tiempo para observar, acumular impresiones.
Inmediatamente antes de la explosión del estado ansioso, Juanito había
tenido un sueño, un
"sueño de castigo" dice Freud, en el cual se había ido la madre
amada, la que le "hacía mimos".
Ese sueño era un eco de las ventajas obtenidas cuando la madre, durante
el verano anterior, lo
había llevado a su lecho cada vez que él manifestaba ansiedad y
también cada vez que estaba
ausente el padre. Unos días más tarde, Juanito, de paseo con la
criada, comenzó a llorar y quiso
volver a la casa para "recibir mimos de su rnamá". Al día siguiente
la madre decidió sacarlo a
pasear ella misma. El niño empezó por negarse, llorar, y después
se dejó llevar pero poniendo de
manifiesto un miedo intenso, del que sólo habló a la vuelta: "Tenía
miedo de que me mordiera un
caballo". Por la noche tuvo una nueva crisis de angustia ante la idea del próximo
paseo, y miedo
a que el caballo se metiera en su dormitorio. La madre le preguntó si acaso
se había tocado el
"hace pipí" con la mano. Después de la respuesta afirmativa de Juanito,
le ordenó que dejara de
hacerlo, orden que más tarde el niño confesó que no siempre
había cumplido.
"Tenemos aquí -comenta Freud- el inicio de la angustia y de la fobia",
que era preciso distinguir
entre sí. La ternura creciente por la madre traducía una aspiración
libidinal reprimida,
determinante de la angustia. Esa transformación de la libido en angustia
es irreversible, y la
angustia debe encontrar un objeto sustitutivo que pasará a ser el material
fóbico. En ese punto
era aún demasiado pronto para comprender el origen del material de la fobia
de Juanito: los
caballos y el riesgo de su mordedura. En esa etapa, Freud le aconsejó al
padre que le dijera a
Juanito que esa historia de caballos era una "tontería" (tal era la
palabra que el padre y el hijo
emplearon en adelante para designar la fobia), y que su miedo provenía
del excesivo interés por
el "hace pipí- de los caballos. Freud sugirió además que
se iniciara la educación sexual del niño,
para que él pudiera sobre todo admitir que la madre y todas las otras criaturas
femeninas -tal
como podía darse cuenta por la pequeña Anna- no tenían un
«hace-pipí» en absoluto".
Algún tiempo más tarde, la fobia volvió, extendiéndose
a todos los animales grandes (jirafas,
elefantes, pelícanos). Después de una observación de Juanito
sobre el arraigo de su "hace-pipí",
al que esperaba ver crecer junto con él, Freud explica que los animales
grandes le daban miedo
porque ellos lo hacían pensar en la dimensión presente, insatisfactoria,
de su órgano peneano.
En cuanto al arraigo, era una respuesta -sigue diciendo Freud- a la amenaza de
castración
expresada mucho antes por la madre, y cuyo efecto se manifestaba con posterioridad,
en el
momento en que había crecido la inquietud del niño, después
del anuncio oficial de la ausencia
de "hace-pipí" en las mujeres.
Una mañana, Juanito justificó su incursión nocturna a la
cama de los padres explicando que en
su propio dormitorio había una jirafa grande y una jirafa arrugada. "La
grande -dijo- gritó que yo
le había quitado la arrugada. Entonces dejó de gritar, y yo me senté
sobre la jirafa arrugada." El
padre relacionó este fantasma con una situación recurrente: mientras
que él se oponía a que el
niño estuviera en el lecho conyugal, la madre respondía que en ello
no había nada grave,
siempre y cuando fuera breve. La jirafa grande era entonces el gran pene paterno,
mientras que
la jirafa arrugada representaba los órganos genitales femeninos. Freud
añade que el "sentarse"
sobre la jirafa arrugada representaba "una toma de posesión", basada
en un fantasma de
desafío al padre, y en la satisfacción de haber enfrentado su interdicción;
el conjunto encubría el
miedo a que la madre encontrara el "hace-pipí" de Juanito muy pequeño
en comparación con el
del padre. Se producen entonces una serie de fantasmas de fractura y violación
de las
interdicciones, en los cuales el padre aparece asociado al niño, indicio
de la sospecha de Juanito
en cuanto a que el padre hace con la madre cosas de las que quiere privarlo a
él.
El 30 de marzo de 1908 Juanito visita a Freud con el padre. La entrevista es breve.
Freud le
pregunta al niño, que ha hablado de lo negro alrededor de la boca de los
caballos, si esos
animales llevan anteojos. Después de la respuesta negativa de Juanito,
Freud le hace la misma
pregunta respecto del padre. Contra toda evidencia, la respuesta es también
negativa. Freud
explica entonces que el niño tiene miedo del padre, "Justamente porque
ama tanto a la madre".
Después de esta entrevista se produce una mejoría. La explicación
que se le ha dado al niño
-dice Freud- ha debilitado sus resistencias, y esto debe permitirle poner nombre
a sus temores.
En efecto, en el curso de una conversación con el padre, Juanito manifiesta
su miedo a que se
caigan los caballos uncidos a un ómnibus, y explica que un día en
el que, a pesar de "la tontería",
había salido a pasear con la madre, vio realmente caer en la calle a dos
caballos que tiraban de
un ómnibus, creyendo que uno de ellos estaba muerto. La madre confirmó
la veracidad del
relato.
Esta información genera un punto de inflexión en el análisis.
La fobia se declaró cuando la
angustia, que originariamente no tenía nada que ver con los caballos, se
traspuso a esos
animales, de tal modo elevados, comenta Freud, "a la dignidad de objeto de angustia",
por
razones vinculadas con la historia del niño: Juanito, siendo más
pequeño, había sentido pasión
por los caballos, había visto a uno de sus compañeros caerse M caballo
y recordaba la historia
de un caballo blanco que mordía los dedos. La eclosión de la fobia
databa del incidente real del
caballo caído: Juanito había entonces experimentado el deseo (y
al mismo tiempo el temor) de
que el padre cayera y muriera de ese modo, lo que le habría dejado el camino
libre para la
posesión de la madre, pero exponiéndolo a los riesgos de una comparación
poco ventajosa para
él. Desde ese día, Juanito se tomó más libertades
con el padre, al que quería incluso morder,
prueba de que lo había identificado con el caballo tan temido. Pero esto
no impidió que el miedo a
los caballos persistiera.
El análisis dio entonces otro giro. La madre, momentáneamente olvidada,
volvió al primer plano a
través de fantasmas excremenciales y reacciones fóbicas a la vista
de calzones amarillos y
negros. Sigue el fantasma de un plomero que perfora el estómago de Juanito
con una
agujereadora, y el miedo a bañarse en una gran bañera. El fantasma
del plomero, fantasma de
procreación, encontrará su significación más tarde,
cuando resulte claro que el niño jamás había
creído en la historia de la cigueña, sino que estaba resentido con
el padre por el hecho de que le
contara semejantes mentiras.
Freud lleva el análisis más lejos, insistiendo en la yuxtaposición
de ese miedo a la bañera con los
fantasmas excremenciales (el interés, y después el asco de Juanito
por las heces, a las que él
llama "lumfs"), a su vez vinculados con el placer que obtenía el niño
al acompañar a la madre al
baño. Surge que para Juanito (y Freud se felicita de encontrar una vez
más la confirmación de lo
que había escrito unos años antes) los carruajes, lo mismo que los
vientres de las madres, están
cargados de niños-excrementos: la caída de los caballos, así
como la de los "lumfs", es la
representación de un nacimiento, y Freud subraya en esa oportunidad el
carácter significante de
la expresión "descargar" (mettre bas en la versión francesa).
El caballo que cae no es sólo el
padre que muere, sino también la madre que da a luz. Juanito podrá
verbalizar su deseo de que
el padre se vaya, y reconocer su deseo de poseer a la madre. Con todo, encuentra
con todo un
acomodamiento en esa situación aún generadora de angustia: el padre
será el abuelo de los
hijos que él, Juanito, tendrá con la madre. Para apaciguar la cólera
siempre posible de ese padre
desalojado, el niño lo imagina casado con la abuela paterna, es decir,
con la madre del padre. Un
último fantasma, en el cual un plomero le cambia su "hace-pipí"
por uno más grande, marca su
salida del Edipo y su victoria sobre el miedo a la castración.
A diferencia de los otros casos princeps expuestos por Freud, Juanito no
fue objeto de ninguna
revisión historiográfica exhaustiva. No obstante, dio lugar a numerosas
lecturas críticas.
En un primer momento, cuando era impensable acercarse demasiado a la legendaria
"inocencia
infantil", los psicoanalistas hicieron de este caso el paradigma de todas
los psicoanálisis de
niños. Fueron necesarios los primeros pasos que dio en este ámbito
Hermine von Hug-Hellmuth,
y sobre todo la revolución de Melanie Klein, para que se superara esta
concepción en el
movimiento psicoanalítico.
Por otra parte, algunas lecturas adoptaron como ángulo de ataque la interpretación
freudiana,
desarrollando una reflexión nueva sobre el estatuto de la fobia. Finalmente,
otros trabajos
optaron por reinscribir la cura y el personaje de Juanito en el decurso de su
historia y su
identidad: las de Herbert Graf, hijo de Max Graf y Olga König-Graf, amigos
de Sigmund Fred.
Jacques Lacan dedicó la segunda parte de su seminario de 1956-1957, titulado
La relación de
objeto, al caso de Juanito. Su objetivo era elaborar una clínica lacaniana
del análisis de niños, de
la cual Jenny Aubry y Françoise Dolto eran los maestros de obra: una clínica
capaz de rivalizar
con la escuela inglesa, enriquecida con los aportes contradictorios de Melanie
Klein, Anna Freud
y Donald Woods Winnicott. Para Lacan, la fobia de Juanito se había producido
con el
descubrimiento de su pene real y con el terror consecutivo de ser devorado por
la madre,
investida de una omnipotencia imaginaria. La fobia sólo podía entonces
superarse, si no curarse,
mediante la intervención del Padre real (Max Graf), sostenido por el Padre
simbólico (Freud), lo
que tuvo el efecto de separar al niño de la madre y asegurar su avance
desde lo imaginario
hacia lo simbólico. Lacan interpreta los mitos animalistas activos en la
cura en los términos de
Lévi-Strauss. Lejos de buscar en cada uno de ellos una significación
particular, los relaciona
entre sí para captar la recurrencia de lo semejante en un sistema. El caballo
remite a veces al
padre, a veces a la madre, y funciona como elemento significante desprendido del
significado.
La torsión a la que Lacan somete de este modo a la teoría freudiana
del Edipo está vinculada con
su idea de la declinación de la función paterna en la sociedad occidental,
que él había expuesto
en 1938 en su artículo sobre la familia. Ante esa decadencia, que él
considera la causa esencial
de la aparición del psicoanálisis en Viena, Lacan intenta revalorizar
una idea de la paternidad
basada en la intervención de la palabra, y denunciar el peligro de la omnipotencia
materna, que él
estigmatiza hablando de una "madre no saciada e insatisfecha", pronta a devorar
al niño.
En 1987, el psicoanalista francés Jean Bergeret relacionó las dificultades
de Juanito con las que
el propio Freud habría experimentado en su infancia. Observando que los
únicos dos textos que
Freud no publicó en vida (el dedicado a los personajes psicopáticos
en el escenario, cuyo
manuscrito había entregado a Max Graf al principio del análisis
de Juanito, y el que fue hallado y
publicado por llse Grubrich-Simitis con el título de Vista de conjunto
de las neurosis de
transferencia) tienen en común el tema de la violencia irrepresentable,
indecible, producto de una
incitación sexual precoz demasiado intensa, Bergeret formula la hipótesis
de que la cura de
Juanito se construyó sobre la base de la renegación de un trauma
sufrido.
En 1993, en ocasión de la aparición de las traducciones realizadas
por el psicoanalista francés
François Dachet del artículo de Freud sobre los personajes psicopáticos
en el teatro, el texto de
Max Graf dedicado a Freud y las Memorias de Herbert Graf -traducciones presentadas
como
suplementos de la revista L'Unebévue- el propio Dachet publicó
en esa misma revista un estudio
que apuntaba a dilucidar la compleja relación de Freud con Max Graf. Observó
sobre todo que
Max Graf es invocado por Freud como el padre de Juanito, como el discípulo
y el amigo que le
reconocía un talento artístico de que carecían los "chapuceros
de almas", y como el destinatario
competente de un manuscrito sobre problemas teatrales, pero nunca se lo menciona
como
marido de la madre de Juanito, que a su vez había sido paciente de Freud.
En consecuencia,
concluye François Dachet, la lectura lacaniana del caso tendría
que "ser reconsiderada".
En 1996, Peter L. Rudnytsky, universitario norteamericano, propuso que el caso
de Juanito se
viera más como un ejemplo de "terapia familiar" que como análisis
de un niño. Su enfoque se
remite a las tesis feministas desarrolladas principalmente por Luce Irigaray.
Ellas lo llevan a
discernir en este análisis los elementos básicos de la concepción
freudiana de la diferencia de
los sexos y de la sexualidad femenina que aparecerían con su forma definitiva
en 1933, en las
Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. La
conclusión de Rudnytsky es
inapelable. Estigmatiza "los prejuicios burgueses" que según él
subtienden las posiciones
teóricas de Freud acerca de la homosexualidad y la sexualidad femenina.
Volviendo a este caso en su seminario de 1968-1969, titulado De un otro al
Otro, Lacan evoca la
curación proclamada por Freud, y se pregunta: "...Juanito ya no tiene miedo
a los caballos, ¿y
después?"
¿Después? En 1922, Freud añade un "epílogo" a su texto de
1909: en él relata brevemente la
visita que le había hecho ese mismo año un joven que se presentó
como Juanito. Para Freud,
esa visita constituía en primer lugar una desmentida drástica de
las siniestras predicciones
enunciadas en la época de la cura. Para su alegría, se felicita,
en una frase ambigua, de que el
joven hubiera podido superar dificultades inherentes al divorcio y los nuevos
matrimonios de sus
padres, y observa finalmente, con una avidez teórica no disimulada, que
Juanito/Herbert ha
olvidado totalmente el análisis, incluso su existencia.
No obstante, la lectura del texto de Max Graf titulado "Reminiscencias sobre el
profesor Sigmund
Freud", aparecido en 1942, y de las Memorias (en forma de entrevista) de Herbert
Graf, aporta
algunas informaciones capaces de relativizar la satisfacción de Freud y
de constituir los
primeros elementos para una revisión del caso.
En su artículo, Max Graf evoca, de manera a la vez afectuosa y crítica,
la atmósfera de las
reuniones de los miércoles a las cuales él había sido invitado
por Freud, la personalidad de este
último, los odios, las pasiones y los conflictos que su intransigencia
podía suscitar. Aunque en la
época del análisis de Juanito éste había sido un tema
frecuente en esas reuniones de los
miércoles por la noche, Max Graf no hace la menor alusión al respecto.
Es más prolijo cuando se
trata de lo que el analista holandés Harry Stroeken propone denominar 1a
relación de la familia
Graf y Freud". Nos enteramos entonces, entre otras cosas, de que Freud, que solía
concurrir a
las fiestas familiares de los Graf, le había regalado al futuro Juanito,
en su tercer cumpleaños ¡un
caballito para balancearse!
En sus Memorias, Herbert Graf pone de manifiesto en el ocaso de su vida un fervor
y una
admiración por el padre tanto más sorprendentes cuanto que, a lo
largo de esas cuatro
entrevistas, no dice ni una sola palabra sobre la madre. Este clivaje parece ilustrar
bien lo que
fue la vida de Juanito al convertirse en adulto, caracterizada por el contraste
entre su éxito
profesional y sus fracasos afectivos.
Herbert Graf, en efecto, conoció en su juventud, a través del padre,
a todas las personalidades
del mundo artístico de la Viena de la época. Gustav Mahler, que
fue su padrino, Arnold
Schónberg (1874-1951), Richard Strauss (1864-1949) y Oskar Kokoschka (1886-1980)
se
contaron entre quienes frecuentaban la casa de los Graf. Cuando, ante las risas
de los demás
estudiantes, que inscribirían el episodio en el libro de las "estupideces
del año" (¿una "tontería"
más?), Herbert Graf anunció su deseo de convertirse en metteur
en scéne de ópera, oficio que
él mismo iba a crear, su padre lo sostuvo económicamente. En continuidad
con los que habían
sido los primeros pasos de ese padre, Herbert presentó una tesis sobre
la escenografía
wagneriana que le valió el reconocimiento oficial de la familia del autor
de Los maestros
cantores. Después de haber intentado, sin éxito, desempeñarse
como artista lírico, se ocupó de
las puestas de la ópera de Münster. Posteriormente emigró a
los Estados Unidos, donde fue
metteur en scéne titular de la Metropolitan Opera House de Nueva
York, colaborando
estrechamente con Arturo Toscanini y Bruno Walter, entre otros. Su renombre lo
llevaría a
Salzburgo y.a Italia, su país predilecto, donde realizó más
de sesenta producciones en Verona,
Milán, Venecia y Florencia (allí trabajó con María
Callas). Más tarde asumió la dirección de la
Opera de Zurich, puesto al que renunció por falta de medios, y después
la dirección del Gran
Teatro de Ginebra hasta su muerte, en 1973.
Junto a esta brillante carrera (puntuada por algunos textos audaces y siempre
de actualidad
sobre la cuestión de la ópera popular), la vida privada de Herbert
Graf estuvo aparentemente
jalonada de sufrimientos. Contrariamente a lo que creyó percibir Freud,
parece que nunca se
repuso por completo del choque ocasionado por el divorcio y los nuevos casamientos
de sus
padres. Atormentado por conflictos conyugales, volvió a analizarse con
Hugo Solms, quien en
1970, cuando se realizaba en Ginebra un congreso de psicoanálisis, lo indujo
a presentarse a
Anna Freud, visita que no tuvo consecuencias.
Afectado de un cáncer de riñón que se revelaría incurable,
murió el 5 de abril de 1973 como
consecuencia de una caída, probablemente debida a vértigos provocados
por su estado.
Graf Max (1873-1958).
Crítico y musicólogo austríaco
Graf Max (1873-1958). Crítico y musicólogo austríaco
Graf Max
(1873-1958) Crítico y musicólogo austríaco
fuente(128)
Nacido en Viena, en una familia judía originaria de Galitzia, Max Graf
era hijo de un periodista
conocido, Josef Graf, quien se había casado con su prima Regina Lederer.
En 1898, después de realizar estudios de derecho y música, se casó
con la actriz de teatro Oiga
König. La pareja tendría dos hijos, un varón (Herbert) nacido
en 1903, y una niña (Hanna) nacida
tres años y medio más tarde, que se suicidó en los Estados
Unidos a principios de la década de
1950.
Convertido en musicólogo, Max Graf escribió en especial dos obras
sobre Richard Wagner. La
segunda, dedicada a El buque fantasma, fue publicada por Sigmund Freud
en 1911, en la serie
Schriften zur angeivandten Seelenkunde. Traductor de Romain Rolland y de
varias obras de
historia de la música, Max Graf intentó componer, pero renunció
rápidamente, por consejo de
Johannes Brahms (1833-1897). Enseñó historia de la música
y estética musical en Viena, y
después, al exiliarse en los Estados Unidos durante el período del
nazismo, en la New School for
Social Research de Nueva York, y en la Universidad de Filadelfia. Intervino también
en la política,
como editorialista de la Neue Frei Press.
Conoció a Freud en 1900, por intermedio "de una dama que yo conocía"
(explicará de manera
enigmática), y que Freud tenía en tratamiento en esa época.
"Después de sus sesiones con
Freud -continúa Max Graf-, esta dama me hablaba de ese notable tratamiento
realizado con
preguntas y respuestas. Sobre la base de los relatos de esas entrevistas, yo me
familiaricé con
la nueva manera de considerar Jos fenómenos psicológicos, con el
desanudamiento artístico del
tejido del inconsciente, y con la técnica del análisis de los sueños.-
Todo lleva a pensar que esa
"dama" que le presentó a Freud era Oiga, su mujer, a quien Freud, en su
relato del "Análisis de la
fobia de un niño de cinco años", llama la "linda madre- de Juanito
(Herbert Graf), precisando que
él, Freud, pudo aportarle alguna ayuda para aliviarla de la neurosis de
la que era víctima".
En 1902 Freud le propuso a Max Graf que participara en las reuniones de la Sociedad
Psicológica de los Miércoles. Graf aceptó, y asistió
regularmente a esas veladas. Allí tendría la
ocasión de presentar varias comunicaciones originales; en la del 11 de
diciembre de 1907
subrayó que "la técnica de Freud por sí sola no vuelve a
nadie inteligente o profundo---, y que no
le servía de nada "a un chapucero de almas". En ese período, a fines
del año 1905, Freud le
confió el manuscrito del artículo "Personajes psicopáticos
en el escenario", del que no volvió a
hablar nunca. Max Graf tradujo ese texto al inglés, realizando en él
cortes inexplicables, y lo
publicó en los Estados Unidos en 1942, acompañado de sus -Reminiscencias
sobre el profesor
Freud".
En 1908 Max Graf, con el control de Freud, analizó a su hijo Herbert. El
historial del caso sería
publicado al año siguiente.
Una frase de Freud, en una carta del 2 de febrero de 1910, dirigida a Carl Gustav
Jung, permite
pensar que, después del análisis de su hijo, Max Graf realizó
la segunda cura de su mujer: "Yo
habría considerado que analizar a la propia esposa es absolutamente imposible.
El padre de
Juanito me ha demostrado que funciona muy bien. La regla técnica que sospecho
desde hace
poco, «superar la contratransferencia», se vuelve con todo demasiado difícil
en este caso.- Más
tarde la pareja se divorció, y Max Graf se casó otras dos veces.
En su libro El taller interior del músico, publicado en 1910, Graf
se inspiró en las tesis
freudianas para explicar ciertas diferencias entre el clasicismo y el romanticismo
en la historia de
la música. A sus ojos, el compositor romántico deja que hablen en
él los vestigios de su infancia,
mientras que el músico clásico domina su inconsciente.
En 1947, en su retorno a Viena, retomó sus actividades de crítico
en Die Weltpress, hasta 1957.
En diciembre de 1952, le concedió a Kurt Eissler, responsable de los Sigmund
Freud Archives
(SFA) depositados en la Library of Congress, una prolongada entrevista sobre su
familia y sus
hijos. Dejó numerosas obras dedicadas a la vida musical vienesa.
Graf Rosa, nacida
Regina Debora Freud (1860-1942), hermana de Sigmund Freud
Graf Rosa, nacida Regina Debora Freud (1860-1942), hermana de Sigmund Freud
Graf Rosa
Nacida Regina Debora Freud (1860-1942), hermana de Sigmund
Freud
fuente(129)
Nacida en Viena, tercer vástago de Jacob y Amalia Freud, Rosa era la segunda
hermana de
Sigmund Freud, después de Anna Bernays (nacida Freud). Era también
su preferida, y tenía
como él (y como Emanuel Freud, su medio hermano) una tendencia a la neurastenia.
Su destino
fue trágico.
En mayo de 1896 se casó con Heinrich Graf, un célebre jurista vienés,
que falleció poco tiempo
después. Su hijo único, Hermann, murió en combate durante
la Primera Guerra Mundial, y su hija
Caecilia (de sobrenombre Mausi), amiga de Hans Lampl y muy vinculada con su prima
Anna
Freud, se suicidó en 1922, a los 23 años, tomando veronal, cuando
se encontraba encinta sin
estar casada.
En los juicios de Nuremberg, el 26 de febrero de 1946 un testigo narró
que Rosa Graf había
muerto en la cámara de gas en el campo de exterminio de Treblinka, hacia
el mes de octubre de
1942: "Una mujer de cierta edad se acercó a Kurt Franz [comandante delegado
del campo],
presentó un Ausweis y dijo ser hermana de Sigmund Freud. Rogó
que se la empleara en un
trabajo fácil de oficina. Franz examinó con cuidado el Ausweis,
y dijo que probablemente se
trataba de un error; la llevó hasta la señal ferroviaria, y agregó
que en el término de dos horas
habría un tren que volvía a Viena. Ella podía depositar todos
sus objetos de valor y documentos,
ir a las duchas y, después del baño, tendría a su disposición
los documentos y el pasaje para
Viena. La mujer entró en las duchas y no volvió nunca.
Grafo
fuente(130)
El grafo es un esquema construido por Lacan en el curso de sus seminarios V (les
Formations
de l'inconscient, 1957-1958) y VI (le Désir et son interprétation,
1958-1959), donde continúa su
introducción de la función simbólica en psicoanálisis:
desarrolla así el discurso programa
constituido por el escrito «La instancia de la letra en el inconsciente o la razón
desde Freud», y
ordena el conjunto de los términos por los cuales el sujeto se inscribe
como efecto del
significante.
De este modo realiza una «relectura» de Freud (sobre todo del chiste, del complejo
de Edipo, de
la función del falo en los dos sexos, del deseo y del fantasma), y propone
un avance
relacionado con algunos puntos de la teoría freudiana. Paralelamente aporta
una crítica de las
prácticas analíticas entonces en boga, mostrando las simplificaciones
teóricas o los
deslizamientos que las sostienen y sus inconvenientes en la clínica.
Aquí no podemos sino retomar de modo muy sucinto ciertos puntos de la enseñanza
de Lacan, y
sobre todo mostrar de qué manera el grafo se fue construyendo por etapas,
justificadas con
mucho cuidado, todas ellas relacionadas con problemas de la clínica psicoanalítica:
esos dos
seminarios incluyen muy numerosas referencias a casos clínicos y a aspectos
de la «técnica»
psicoanalítica.
Se verá que el grafo constituye de hecho la primera topología completa
de Lacan, cuya
elaboración abarcó una decena de años (1956-1966). Sólo
la función simbólica puede dar
cuenta de la aparición del sentido en el discurso concreto: «algo semejante
a la palabra ha sido
anudado, y por ello el discurso puede desanudarlo».
El sujeto es aquel que habla, y su palabra se produce en necesaria referencia
al Otro (cf. el
esquema L).
«El objeto es siempre metonímico»: es objeto del deseo del Otro, y el deseo
es siempre deseo de
otra cosa (de lo que le falta al objeto primordialmente perdido).
«El sentido es siempre metafórico», resultante de la sustitución
de un significante por otro en la
cadena significante.
Constitución metonímica del objeto
En primer lugar, Lacan construye el esquema mínimo
de la producción de sentido: sólo un
esquema tal puede explicar el mecanismo del chiste (Witz) según Freud.
En Freud, el chiste tiene
la misma estructura que el lapsus y el olvido de nombre propio, y más en
general, Freud subraya
su homogeneidad con lo que encuentra en los síntomas en tanto que modelados
por el proceso
primario.
El chiste es un mensaje incongruente, insólito en la lengua, y que hace
reír. Lacan toma como
primer ejemplo el chiste metafórico que Freud recoge en Heine: Salomón
Rotschild lo ha recibido
«por entero famillonarmente» (Heine: Reisenbilder).
La explicación exige el esquema siguiente:
Dos líneas se cruzan en sentido inverso.
DS es la cadena significante, «permeable a los efectos de la metáfora y
la metonimia, es decir,
constituida en el nivel de los fonemas». d'd
es la línea de los empleos ya recibidos del
significante (semantemas): es el discurso concreto, con la mayor frecuencia vacío
de sentido.
Esas dos líneas se cortan en A (el lugar del código existente, el
diccionario) y en y (donde
aparece el mensaje: allí el discurso se une con el significante, y «el
sentido puede surgir y la
verdad alojarse en el mensaje»).
Pero lo más frecuente es que el discurso esté vacío de sentido
(molino de palabras) y que se
permanezca en un cortocircuito b b'.
b indica en el discurso
el lugar del que habla.
b' corresponde al
objeto metonímico del Otro sobre el que se acomoda el yo [je], pues es
su
imagen en el otro representable por i(a).
En g el inconsciente
puede hacer surgir un sentido inédito cuya conexión está
en relación con la
subjetividad como tal. Freud elabora el chiste como una técnica verbal,
significante, analizable en
el plano más formal.
«Famillonario» muestra una condensación (Verdichtung) en la que se embuten
en el material
significante «familiar» y «millonario». Ese mensaje puede componerse en cuatro
tiempos o
segmentos significantes:
1) El discurso va del yo [je] al código en uso A.
2) El significante no figura en el código recibido: el discurso se refleja
desde el Otro hacia el yo
[je], y vuelve a pasar por el Otro para ir a constituir retroactivamente el mensaje.
En, g el trazado
«quiebra la cadena significante», pero se refleja sobre el objeto metonímico,
pues el mensaje no
puede ser sancionado en ese nivel.
3) En efecto, lo que es soportado por la línea b
b' es el «millonario» que posee el propio Heine.
4) En el cuarto tiempo, característico del chiste, «millonario» y «familiar»
vuelven a pasar por el
código, se combinan y son ratificados en y bajo la forma «famillonario».
El mensaje incongruente «viola el código» y sólo puede ser sancionado
por un tercero, en este
caso el Otro (esta sanción del Otro es figurada por la línea de
puntos).
El chiste apunta «hacia un sentido profundo, enigmático», pero trae consigo
como contragolpe el
surgimiento de un «sin-sentido», de un «objeto de irrisión» (el «famillonario»).
Las ligaduras significantes implican dos dimensiones distintas:
-La combinación, continuidad, concatenación, que emana de la diacronía
de la batería
significante o de la función metonímica; es la Entstellung (desplazamiento)
de Freud.
-La posibilidad de sustitución implicada por cada fonema: función
metafórica en relación con la
sincronía; es la Verdiclitung (condensación) freudiana.
El sentido del chiste estudiado surge de la represión de «familiar», que
supone algo demasiado
insoportable para Heine.
Hay pues aspiración hacia un sentido, pero correlativamente, en el circuito
de retomo, aparición
de un objeto metonímico siempre fragmentado, «presentificando aquello que,
de necesidad,
pulula en torno de un objeto» (en este caso, fama, fámulo, infamia, faim
[hambre],
femme-illonnaire [mujer-illonario]): no hay metáfora, entonces, sin el
correlato de una
descomposición metonímica, y ese movimiento doble supone siempre
un resto reprimido (familiar)
que circula entre código y mensaje y puede volver a surgir en ocasión
de un lapsus o de un
sueño (o de un síntoma).
«La metáfora es la operación esencial de la inteligencia, cuya propiedad
consiste en poder
concebir el correlativo de la x de una proporción.»
Hay por ejemplo un chiste metonímico en el diálogo con el poeta
Frédéric Soulié, también relatado
por Heine, y citado por Freud en El chiste y su relación con lo inconsciente:
«Ya lo ve usted, el siglo XIX adora al becerro de oro.
-iOh! Éste ya no debe ser tan joven».
Una misma palabra aparece en dos contextos diferentes: «el chiste emplea aquí
combinaciones
horizontales que asocian elementos ya conservados» en el «tesoro de las metonimias»;
una
ligera transposición a nivel del código hace aparecer un nuevo valor,
«dirigiendo el dicho del Otro
hacia la captación de un sentido nuevo».
f (S ... S') S -= S (-) s (notación de la metonimia en «Instancia ... »)
El chiste tiende a la anulación de la ambigüedad propia de la metáfora,
puesto que parte de un
término ya metafórico (el becerro de oro), pero como efecto de sentido
aparece una caída del
valor metafórico al valor metonímico, o de lo simbólico a
lo imaginario: el becerro de oro es de
pronto reducido al precio de una res en el mercado. De modo que corresponde diferenciar
la
agudeza metafórica como creación de sentido, y la agudeza metonímica,
que «juega sobre una
caída de valor, yendo más allá de las equivalencias de valor,
lo que marca el abandono de una
parte importante del sentido», y esboza la cuestión que el sujeto le plantea
al Otro acerca de lo
que aloja todo ese discurso.
De la necesidad al deseo: posición del Otro
Esto ilustra la relación entre la demanda
y el deseo: ningún deseo puede ser recibido por el Otro
sino al precio de «transformaciones que hacen de él algo distinto de lo
que es», que hacen de él
un objeto de intercambio; ello permite advertir que el proceso de la demanda está
sometido a una
«necesidad de rechazo por parte del Otro» (sobre lo cual volveremos).
«Freud ha captado las leyes primordiales del discurso en nivel del proceso primario:
ese campo
circunscrito, lo que está más allá de todas nuestras conquistas
conceptuales.» Freud puso de
manifiesto la distancia que media entre la estructuración de nuestros deseos
y la de nuestras
necesidades, las que sólo llegan fragmentadas por mecanismos del proceso
primario que Lacan
elabora como leyes del significante.
El placer que genera el chiste es esencialmente ambiguo; está ligado al
aspecto formal,
puramente significante, del Witz.
Según Freud, el chiste haría resurgir el placer por oposición
a las coacciones de la educación,
pero al mismo tiempo y en otro aspecto «evoca la estructura de toda formación
del inconsciente:
hay autonomía de las leyes del significante con relación a la aparición
del sentido», y el sentido
se produce siempre sobre un fondo de sin-sentido. Mediante un sin-sentido inicial,
el chiste
anonada durante un lapso suficiente para hacer aparecer un sentido secreto siempre
difícil de
definir.
«El significante como tal sirve para expresar una demanda»: ahora bien, no hay
que res-
ponder a esa demanda pues ella entra en el lenguaje para ser en él remodelada.
Por otra parte,
la relación del significante con el deseo implica que «el deseo sea subvertido,
sufra un cambio
de acento por el hecho de su pasaje por el significante»: la satisfacción
sólo es acordada en
nombre de cierto registro que hace intervenir al Otro más allá de
aquel que demanda: la demanda
supone algo que hace que el Otro deba oponerse a ella y rehusarla.
Pensemos en el llamado del niño: al encontrar el lugar del código,
«demanda siempre más y
menos de lo que cree». En g
aparece el sentido de la demanda, donde «el Otro coexiste con su
realización de mensaje».
Admitamos un tiempo ideal en el que la demanda encontraría en g
lo que podría prolongarla, como
si el Otro ratificara plenamente el mensaje: eso no sena en absoluto una satisfacción
de la
demanda, pues la necesidad ha pasado por el significante y se ha transformado
en él; en el
significado ha entrado algo que remodela la necesidad, y hay allí «creación
de un deseo, que es
la necesidad más o menos un significante».
El chiste encuentra efectivamente algo de un pleno acuerdo del Otro, y «el uso
real del
significante se realizará sobre el fondo de esa referencia a un primer
éxito mítico».
Más exactamente, el juego verbal conduce a un placer original, pero contiene
también «una
novedad enmascarada que se opone a él»: la demanda verbalizada hace aparecer
la dimensión
del deseo como desfasada de toda necesidad; ella interesa en el significado a
lo simbólico como
tal.
«El deseo pasa entonces al inconsciente»: por su conexión con el símbolo,
«conserva de la
estructura de la cadena significante su forma como huella indestructible; se ha
convertido en
deseo inusable» del cual el significante circula entre código y mensaje.
Correlativamente, el circuito de retorno ubica al objeto metonímico como
correlativo del yo [je] y
como objeto admisible por el Otro.
La meta del chiste es entonces «volver a evocar el deseo en tanto que él
trata de recuperar todo
lo que ha perdido en el camino».
Esta pérdida nos remite a la metonimia: la cadena metonímica tiende
sin cesar a «igualar, a
reducir a equivalencias», lo que implica una reducción de la dimensión
del sentido; «se dirige al
equívoco, hacia el poco de sentido», y por ello el yo [je] es llevado a
interrogar al Otro acerca de
ese poco sentido, «a requerir que realice la dimensión del valor como tal».
Ahora bien, en el chiste, en esa pregunta sobre el poco de sentido, el Otro oye
una demanda de
sentido o la evocación de un sentido más allá de lo que queda
de él. Sin autentificar el no sentido
como tal, «el Otro hace de él un sin sentido-paso de sentido [pas de sense]
o, para decirlo desde
el punto de vista del sujeto, la intención o la necesidad crean aquí
una metáfora: el chiste
«introduce el paso [pas] vaciado de toda necesidad, apto en adelante para soportar
lo que resta
necesariamente latente del deseo del sujeto».
Referencia al falo
La revisión del mito edípico es
lo que va a introducir ahora la necesidad clínica de un
redoblamiento del grafo que permitirá captar de qué modo se constituye
para el sujeto el término
esencial del ideal del yo.
El primer Otro del niño es la madre. Desde sus primeros llamados él
la ha simbolizado, como
presencia sobre un fondo de ausencia y como potencia dadora. Pero la madre no
puede
responder a su demanda, que es siempre demanda de otra cosa, y por otro lado la
relación
madre-niño no es nunca dual: supone ese tercer término imaginario
que es el falo. La madre
desea algo que está más allá del niño.
M E
j
En esa relación ya triple (esbozo de simbolicidad),
el deseo de la madre está referido al padre,
que se introducirá como cuarta función para dar al niño su
lugar en el mundo simbólico y situarlo
a él mismo como efecto del símbolo.
«Toda aspiración de satisfacción del deseo dependerá del
acuerdo entre el sistema significante
como articulado en la palabra del sujeto y el sistema como reposando sobre el
código»: conviene
ver aquí de qué modo el Otro instaura la legitimidad del código.
Ésta es la función del padre en el
complejo de Edipo, en cuanto él adquiere para el niño el valor estructurante
de ser el más allá del
deseo de la madre.
Al término del complejo de Edipo, «algo da autoridad a la ley: hay un Otro
en el Otro que puede
promulgar la ley como ley del significante».
El mito freudiano del asesinato del padre indica que el que promulga la ley está
muerto: es el
símbolo del Padre, es decir, en el nivel del significante, el Nombre-del-Padre.
El chiste ha hecho surgir la evocación de una satisfacción ideal:
para el deseo no se trata de
esto, pues él ha pasado por el Otro y sólo llega transformado, en
g.
Lo legitimante en el Otro es lo que constituye al Otro, no sólo como lugar
del código, sino como
«pudiendo escuchar el más allá de lo que hay en un llamado»: hay
llamado al Otro como llamado
a «escuchar más de lo que puedo significar». El otro tiene que poder en
este caso «señalar que
es el Otro como Otro, es decir, que él también tiene un más
allá» -dimensión significante que
hace pasar del padre real al Nombre-del-Padre que se articula en el significante
como una
metáfora-
Lacan construye aquí los dos ternarios del esquema R y utiliza la serie
privación, frustración,
castración.
El niño simboliza a la madre pero es preciso introducir todo el orden simbólico
del que la madre
misma depende y que permite que se emplace la función del deseo: se demostrará
que esto es
impensable sin la prevalencia del término fálico. «El complejo de
Edipo está ligado a esta génesis
que hace de la posición del padre en lo simbólico el fundamento
de la posición del falo para el
niño en el plano imaginario.»
El padre priva a la madre de ese objeto (el falo) de su deseo, y allí está
la clave de bóveda de
complejo de Edipo: «todo sujeto tiene que tomar partido ante el hecho de que la
madre no tiene el
falo y que el padre tiene un rol»; el sujeto debe aceptar, simbolizar la privación
real de que es
objeto la madre: «ésta es la cuestión crucial del desarrollo humano;
ser o no ser el falo materno».
Si el niño permanece identificado con el falo materno, según la
importancia de ese sostén
identificatorio, habrá neurosis o perversión. El niño habrá
de reconocer que se puede no tenerlo,
y el complejo de castración representará el paso [pas] que le permita
la asunción de su sexo.
El deseo del sujeto es portado por su discurso, su mundo es un mundo de palabra,
y su deseo
está sometido al deseo del Otro.
El grafo muestra la necesidad de su redoblamiento:
el Otro en el Otro oye más allá
En 1, la demanda atraviesa la cadena significante en A: el niño puede hacerse
valer ante su
madre pero está sometido a la voluntad de ella, que es la ley que lo sujeta:
el niño está aquí
sometido.
Pero la madre tiene una relación con el padre, y normalmente «emplaza al
padre como mediador
del más allá de su propia ley»: de este modo introduce la ley como
tal y al padre como
Nombre-del-Padre.
El Edipo masculino puede así inscribirse en tres tiempos:
1) El niño como yo [Je] introduce su demanda con referencia a un yo [Je]
que es el objeto del
deseo materno: busca ser la otra cosa que la satisface. La cuestión del
falo se plantea en el
mas allá del deseo de la madre.
2) Si el nombre del padre tiene su función en el discurso, el padre interviene
en el plano
imaginario como privador de la madre: lo que se dirige al Otro como demanda es
«relevado,
reenviado a un tribunal superior».
La demanda encuentra aquí al Otro del Otro, es decir, a la ley que llega
al niño como ley del
padre que priva a la madre: aparece en y como mensaje a la madre: «no» («no reintegrarás
tu
producto»); «momento negativo y nodal que desprende al sujeto de su objeto» apoyándose
en el
lazo entre dos puntos:
-«La madre es remitida a una ley que no es la suya».
-En la realidad, el objeto es el de ese mismo Otro del Otro.
3) Ese tiempo negativo gobierna la salida: el padre puede dar el falo en tanto
que portador de la
ley, pero tiene que demostrar que «si él no es el falo, lo tiene».
La identificación con el padre puede realizarse como identificación
con el ideal del yo (expresión
a precisar). En el ocaso del complejo de Edipo, el niño parece destituido,
pero «tiene sus títulos
en el bolsillo: la metáfora paterna actúa como un significante con
significaciones a desarrollar
más tarde y que el niño tendrá que descubrir». De ello resulta
además que, en tanto que viril, «el
hombre es más o menos su propia metáfora, lo que implica una sombra
de ridículo».
M Realidad
N P IV SY
La salida del Edipo es más simple para la niña, que no tiene necesidad
de una garantía fálica: ella
sabe dónde él está y dónde ir a tomarlo, en paralelo
con «una dimensión de coartada o de
extravío».
A partir de estas consideraciones se puede aclarar «la cuestión de la génesis
y el estatuto del
objeto».
El niño se interesa espontáneamente por todo tipo de objetos antes
de hacer «la experiencia
privilegiada del estadio del espejo, que le abre posibilidades nuevas»: la de
situar al falo como
objeto imaginario se encuentra «enriquecida por esta cristalización del
yo bajo la forma de
imagen del cuerpo»; a partir de esa demarcación, el niño emprende
una serie de identificaciones
«que utilizan la imagen como significante». En tanto la intervención del
Nombre-del-Padre lo ha
desunido del objeto materno, la búsqueda se realiza en la dirección
simbólica en la que el yo se
convierte en elemento significante.
«La introducción en la realidad no podría realizarse en términos
de frustración.» El deseo está
alienado de entrada en el significante: los objetos primordiales reconocidos por
Melanie Klein
como buenos o malos «constituyen una especie de batería en la que se dibujan
varias series de
equivalencias»; la relación con el objeto materno se realiza desde el origen
«sobre los signos, y
sobre la moneda del deseo del Otro».
La relación con lo real es dominada por la localización del sujeto
por relación al deseo del Otro;
hay allí una dependencia primordial, y «el deseo es modelado por las condiciones
de la demanda:
es una demanda significada». Más allá de la relación dual
cautivante se introduce un tercer
término, por el cual el sujeto demanda ser significado: el símbolo
de lo que falta del deseo que
hace que el significado esté siempre al lado es el falo.
Su función podrá precisarse a propósito del complejo de Edipo
femenino. Se sabe que Freud
siempre sostuvo que al principio la niña desea a la madre, lo mismo que
el varón, pero la
decepción inherente a la fase fálíca hará que ella
tome al padre como objeto de amor, y así será
introducida en el Edipo. «Es por el fracaso de la relación con la madre
por lo que la niña
descubre la relación con el padre, y la equivalencia resultante del pene
que ella no tiene con el
niño que anhela del padre.»
El Penisneid, articulación esencial de la entrada de la mujer en el Edipo,
«tiene varios sentidos
según que se lo encare desde el ángulo de la privación, de
la frustración o de la castración». Se
recordará el rigor estructural de lo que Freud designa como correspondiente
en la niña a la
castración en el varón: «una relación con un fantasma en
tanto que ella adquiere valor
significante».
La niña es llevada a una posición normativa por la experiencia de
la decepción: prevalece aquí la
dimensión del deseo y de la demanda, y el falo entra en función
como «significante de la falta o
de la distancia entre la demanda del sujeto y su deseo».
El término del Edipo, en los dos sexos, resulta de una identificación
muy particular, que es la del
ideal del yo, identificación que se puede decir «orientada hacia lo que
en el deseo desempeña un
papel tipificante en la asunción de su sexo por el sujeto»: hay que captarla
como puesta en
relación del sujeto, no con la persona del padre, sino con «ciertos elementos
significantes de los
que él es el soporte y que se pueden denominar las insignias del padre».
Esta identificación
incluye la relación con la privación, puesto que el deseo se dirige
al pene del padre en tanto que
puede ser demandado, simbolizado: el sujeto, confrontado al objeto del que está
privado, lo
constituye como significante, es decir, como su propia metáfora.
Al mismo tiempo, «la castración no es real: está ligada a un deseo
y concierne a un órgano». El
deseo sigue su camino en cuanto «el falo debe estar marcado por haber atravesado
la amenaza
de castración»: es «en la relación del deseo con la marca» donde
corresponde finalmente
buscar lo esencial de la castración (ritos de circuncisión o de
pubertad, por ejemplo).
El descubrimiento freudiano puso el acento en el deseo, pero en el deseo «tal
como aparece en
el síntoma o en el sueño, problemático, ligado a una apariencia,
a una máscara». El síntoma va
hacia el reconocimiento del deseo bajo la forma de una máscara, de algo
ilegible. Supone la
dimensión del «reconocimiento del deseo, pero reconocimiento por nadie»;
es entonces «deseo
de reconocimiento, pero reprimido, excluido y, finalmente, deseo de nada».
La intervención del analista es por lo tanto «siempre más que una
simple lectura». Se pierde la
dimensión del deseo al designar el objeto al analizante. Lacan se refiere
a Freud cuando le dice a
Elizabeth von R.: «Usted ama a su cuñado». La interpretación es
un tanto forzada y no surte
efecto, pues esta histérica se interesa por su cuñado desde el punto
de vista de su hermana, y
a la inversa. «El deseo no es deseo de un objeto, sino deseo de esa falta que
en el Otro designa
un otro deseo.»
«¿Por qué, en la evolución del deseo, encontramos ese desfiladero
necesario que es la relación
con el falo, en tanto que amenazado en el hombre, faltante en la mujer?» Lo que
caracteriza al
significante no es que sustituya a un objeto que satisfaría una necesidad,
sino «poder ser
reemplazado él mismo, lo que supone una concatenación, una ley que
ordena los significantes».
El significante no es la huella: supone como propiedad esencial «poder siempre
ser tachado,
anulado, destituido de su función». Así se precisa la función
del falo, que no es imagen ni
fantasma, sino el significante del deseo (formulacion aun provisional). En la
intrusión del impulso
vital como tal, el falo representa «lo que no puede entrar en el dominio del significante
sin ser
anulado, recubierto por la castración».
Es en el nivel del Otro, en el lugar donde se manifiesta la castración
en el Otro, es en la madre
donde se instaura el complejo de castración: es el deseo del Otro que está
marcado por la raya
y tendrá que escribirse A/.
¿Por qué hay un deseo más allá de la demanda? La demanda
al articularse «transpone la
necesidad tan radicalmente que sólo se tiene que ver con una necesidad
refractada por los
mecanismos del significante»: el deseo es por lo tanto el residuo irreductible
de la distancia entre
la exigencia de la necesidad y la demanda articulada, «que es fundamentalmente
demanda de
amor»; algo se pierde que hay que volver a encontrar más allá de
la demanda. Ahora bien, la
demanda se dirige al Otro, se suspende a su respuesta.
El deseo que está más allá de la demanda «anula esa prevalencia
del Otro y se convierte en
condición absoluta con relación al Otro»: el deseo en tanto que
está en cuestión no puede
articularse en demanda. Por ello se plantea la cuestión del significante
del deseo: «el falo es ese
significante pero, en tanto que tal, siempre velado, enmascarado, mortificado».
El deseo es la esencia del hombre, ha dicho Spinoza, y es también el problema
fundamental,
tanto de la teoría como de la práctica psicoanalíticas. Si
el falo, significante del deseo, es el
objeto central de la economía libidinal, se advierte que la necesidad de
construir un segundo piso
del grafo, en primer lugar motivado por la consideración de la ley del
Otro como instaurando el
registro simbólico, tiende ahora a resultar de la dimensión misma
del deseo: esto va a ser
acentuado en el Seminario VI y radicalizado en el escrito «Subversión del
sujeto y dialéctica del
deseo en el inconsciente freudiano»: «El deseo es autónomo con relación
a esta mediación de la
Ley, puesto que invierte lo incondicional de la demanda de amor y lo lleva a la
potencia de la
condición absoluta: por esta razón él mismo origina la ley».
Presentación global. Del grafo a las
superficies (subversión del sujeto)
He aquí cómo introduce Lacan el
grafo completo en tres tiempos.
Se trata de una progresión no psicológica, sino puramente lógica.
El esquema 1 fue planteado al principio: es la topología de la relación
del sujeto con el
significante, reducida a lo observable en el campo lingüístico. El
sujeto parte de un estado
informulado à
se compromete en la demanda en el lugar del código, y la cadena intencional
termina en 1, precursor del ideal del yo.
Esquema 2: el estudio del complejo de Edipo preparó el segundo piso del
grafo, al mostrar la
necesidad de algo que, en el Otro, lo autentifique como Otro. El lugar del código
se escribe aquí
A à D: el sujeto
«encuentra primero a su madre en el capricho de su buena voluntad e inicia allí
su referencia al deseo».
El punzón à
es primero presentado por Lacan en el lugar de la Z del esquema L. Más
tarde se
descompone en una serie de operadores lógicos: mayor que, menor que, que
incluye, que
excluye (inclusión, exclusión, disyunción), antes de leerse,
«corte de».
La línea D'S' representa el inconsciente. «Una demanda puede persistir
en su sucesión
articulada sin ninguna intención consciente.» Es la línea de la
enunciación, siendo DS la del
enunciado.
El encuentro del sujeto con D'S' supone ese lugar del código redoblado
que designa lo que el
sujeto no sabe.
El deseo del sujeto es alcanzado como el margen de lo que hace surgir la demanda
en tanto que
ella aliena la necesidad, pero la demanda hace pasar al Otro a la potencia de
lo simbólico y
«perfila por lo tanto más allá de toda satisfacción la presencia
del Otro y el amor como signo de
esa presencia».
El deseo se organiza en la retroacción de la demanda sobre la necesidad,
y se identifica primero
con «el enigma que constituye para el sujeto la decisión del Otro en el
lugar del mensaje», en el
significante S(A). Ese puro significante es muy distinto del efecto de significado
s(A): entre
estos dos puntos hay una distancia que permite a la conmutación del significante
«profundizar
su dimensión metafórica»; lo que atraviesa la raya de
S
s
- como efecto sintomático
(los síntomas) es del orden de la metáfora.
Asimismo, la prevalencia del discurso del Otro entraña una atomización
de la demanda en
elementos discretos abiertos a los efectos metonímicos.
Esquema 3: el grafo así modificado figura el conjunto de los efectos subjetivos
ligados a la
cadena significante.
El discurso del Otro funciona ahora como el inconsciente del sujeto: que la demanda
le sea
acoplada en $àD
«le confiere una intencionalidad cuyo efecto se ve en una especie de
respuesta anticipada a toda interrogación del sujeto concerniente a la
realización de su deseo».
En esta vía, el Otro le dirige el temible «Che vuoi?» que Lacan extrae
de «El diablo enamorado»
de Cazotte: ¿qué quieres tú entonces, qué puedes decir de
tu deseo? De modo que el sujeto
recibe su propio mensaje en forma invertida.
Las dos líneas de retorno de orientación inversa indican los puntos
de referencia imaginarios
con los cuales se identifica el sujeto.
Sobre la línea del enunciado, y designa al yo del sujeto como identificándose
con el otro
imaginario i(a) (identificación especular ligada al estadio del espejo).
Sobre la línea de la enunciación, àE'
representa el lugar del inconsciente del sujeto que no puede
«abrirse al otro más que en la transferencia».
Se puede ahora precisar la función del deseo en su relación con
el fantasma y con el objeto a.
La función del deseo aparece en el trayecto donde el yo [Je] se constituye
en el lugar del Otro
bajo la forma «de una respuesta que sigue siendo pregunta»: el «Che vuoi?» del
Otro es «una
respuesta antes de la pregunta» en el momento en que el sujeto es confrontado
a la pendiente
deseante de su propia vivencia.
«El deseo está ligado a ese punto problemático en que el sujeto
responde a un llamado del ser
con una forma opaca después de no haber podido decir lo que anhela y lo
que quiere»: el deseo
(d) va por lo tanto a situarse en un punto de retrogradación homóloga
a la del punto y en el piso
inferior. El correlato imaginario que regula su nivel es el fantasma $àa,
que hay que definir como
«la relación en eclipse del sujeto con un objeto cuya función simbólica
se caracteriza por su
aspecto de parcial»: es el objeto designado por Freud como el objeto de las pulsiones
parciales
(pecho, escíbalo, a los cuales Lacan añade la mirada y la voz, y
después el nada, en el
Seminario XI), caracterizado en todos los casos por su vínculo con un orificio
del cuerpo, y por
lo tanto con un trazo de corte simbolizado aquí por el à
(Lacan produce una lectura de la teoría
de las pulsiones en el Seminario XI). En el Seminario IX, Lacan teoriza al sujeto
como siendo él
mismo el corte del objeto a.
Aquí, el trayecto del discurso intencional forma una especie de signo de
interrogación del cual
«el fantasma representa el tope enigmático».
Sólo «una reconstitución interpretativa de la cadena significante»
permite definir en el punto del
código la relación $àD
que «liga ese momento de eclipse o de fading del sujeto en el fantasma
con una demanda oral o anal» escópica o invocante.
Ahora bien, encontramos aquí un punto esencial: el mensaje del Otro como
respondiendo a $àD
hace aparecer en ese Otro «un defecto del significante para revelar el ser del
que sin embargo
ha hecho surgir la pregunta»: S(A/) significa como mensaje que «el significante
no produce más
que efectos de sentido, que no define ninguna relación con el ser». No
hay ninguna posibilidad
de metalenguaje, no hay matematización concebible del lenguaje más
allá de sus propias leyes
intrínsecas. Ante esta falta en ser del Otro (escrito A/), el sujeto queda
sin recursos, hilflos dice
Freud, y allí está la dimensión del trauma.
El deseo es esencialmente «el movimiento que organiza en su fuga metonímica
el ser que llama el
lenguaje»: es aquí donde el falo adquiere su función de significante,
especialmente destinado a
designar las relaciones del sujeto con el significante; más precisamente
aún, es el significante
encargado de organizar el conjunto de las relaciones del significante con el significado
y «por
ello representa la metonimia del sujeto en el ser».
Precisaremos estos puntos evocando el deseo en el sueño.
El sueño de la pequeña Anna (fresas, fresas silvestres, huevos,
papilla) representaría un
estado espontáneo del sueño, antes de la intervención de
la censura. Pero Anna sueña con todo
lo que le ha sido prohibido, lo cual hace ya aparecer al sueño como mensaje
que depende del
significante.
Lacan se refiere a continuación al sueño mencionado por Freud en
«Formulaciones sobre los
dos principios del acaecer psiquico». Un hijo ha cuidado al padre durante toda
su enfermedad.
Después de su muerte, sueña que [su padre] «estaba muerto y él
no lo sabía». El sueño es
enigmático, dice Freud, a menos que a su texto se añada «según
su deseo». Ahora bien, ese
anhelo de muerte ha sido consciente en el soñante. «Es la sustracción
significante en sí» (del
«según su deseo») lo que da el sentido del sueño, y se ve que ella
tiene lugar en el nivel mismo
de la enunciación. Al mismo tiempo, se advierte que la interpretación
está fundada en una elisión
del significante que produce un efecto metafórico. Si la línea DS
es la del enunciado, los
progresos de la represión y el establecimiento de la censura en el sueño
marcan la distancia
entre el enunciado y la enunciación àE':
«la represión apunta al proceso de la enunciación, y hay
que reconocer un hecho fundamental: hay lo no-dicho por el sujeto en el nivel
de su
enunciación».
Ésta es una paradoja, y sólo se la puede resolver postulando que
«la represión está ligada al
borramiento del sujeto en el proceso de la enunciación».
Lacan apela a la Verneinung freudiana: «no digo que ... » [«je ne dis pas que
... »]. El «ne»
discordancial francés, señalado como tal en la gramática
de Damourette y Pichon, muestra la
propiedad más esencial del significante: «el ne marca el lugar del sujeto
de la enunciación en
tanto que éste puede ser borrado de la cadena del significante y subsistir
por ese mismo
borramiento».
Correlativamente, el objeto parcial es «lo que da soporte al sujeto en el momento
mismo en que él
tiene que ver con su existencia y en el que él ex-siste en el lenguaje
no pudiendo sino borrarse
detrás de un significante»: en el momento pánico del «Che vuoi?»
se aferra al objeto parcial del
deseo para responder falsamente a la pregunta del Otro sobre el deseo.
El sueño del padre muerto se ubica en el grato como sigue:
-«Él no sabía»: de hecho, el sujeto tiene que constituirse completamente
como no sabiendo.
-Pero no ve que al asumir la muerte del padre en el nivel del enunciado («estaba
muerto»),
apunta a mantener ante sí en ese momento de angustia aquello que lo separa
de su propia
muerte (y es allí donde puede ubicarse la resurgencia del conflicto infantil
con el padre y los
fantasmas ligados a aquél): en síntesis, el soñante «vuelve
a rechazar y a echar sobre el Otro
su propia ignorancia».
Se puede así abordar la función de la castración en el deseo
humano. El deseo está siempre
alienado en «una anticipación que implica una pérdida posible»,
y por ello el sujeto puede, si llega
el caso, «temer ante la satisfacción de su deseo, pues teme que el Otro
lo marque con los
signos de su capricho». Ahora bien, no existe ningún signo de ese tipo,
sino la totalidad de los
signos que constituyen al Otro, cuya presentificación lo aboliría
como sujeto. Pero él no confiere
al Otro ninguna consistencia de ser: allí reside el sentido del algoritmo
S(A) que vamos a
encontrar más adelante.
En el sueño evocado, el sentido es que «el Otro está muerto y no
es necesario decírselo», y de
allí el repliegue sobre un objeto imaginario que sirve de soporte al deseo.
En análisis, «se le
posibilita al sujeto reconocer el código correspondiente a ese repliegue,
pero no se responde
sobre el deseo, pues, de ser eficaz, una respuesta semejante borraría al
sujeto como tal».
De allí además la prevalencia de las fases pregenitales que suponen
un objeto amovible. El falo
no lo es después de la fase fálica y el complejo de castración,
y la realización del deseo es
justamente lo que no puede demandarse. También por ello en las neurosis
«todo lo que se dice
del orden del deseo se formula en el registro de la demanda».
Siempre «el sujeto intenta reconquistar su originalidad de ser más allá
de aquello que la demanda
ha coagulado en él»: lo que se articula en los significantes reprimidos
que retornan es del
registro de la demanda. Pero el deseo es aquello en virtud de lo cual el sujeto
se sitúa en
fantasma allí donde suspende su relación con el ser: allí
reside el enigma que constituye el
fantasma y el llamado a su interpretación».
«El falo es el significante del deseo en tanto que es deseo del Otro: el deseo
no tiene otro objeto
que el significante de su reconocimiento.»
En su escrito «Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el
inconsciente freudiano», Lacan
realiza en 1960 una relectura del grafo, utilizando los términos que ha
desarrollado, en particular
los concernientes a la pulsión y la dimensión del goce.
En el Seminario IX ha demostrado además de qué modo el grafo puede
integrarse a la topología
desarrollada en ese año de enseñanza. El grafo es «una topología
que muestra la cinética
significante».
Por tratarse de la relación del sujeto con el significante, el grafo se
presta para mostrar «la
diferencia esencial entre el mensaje y la pregunta que se inscribe en la hiancia
en la que el
sujeto se empalma al discurso».
Topológicamente, si el discurso universal es figurado por un plano infinito,
en ese plano se
puede recortar un agujero circular y suturar allí la parte central:
Se obtiene entonces un túnel, es decir un asa que transforma el plano infinito
en toro, y el grafo
implica esa topología tórica. La hiancia de la que se trata, concerniente
a la demanda hecha al
Otro para que responda sobre el deseo, «oscila en una serie de reenvíos
entre función de esa
demanda «por la mediación del el ¿nada quizás? y el quizás
nada».
«Quizás nada» es un mensaje «abierto por la entrada del sujeto en lo real».
Es el nivel (le las
posibilidades, fundadas en el lugar del código sobre la nada que es el
sujeto en tanto que se
constituye como excluido por la repetición del rasgo unario. Este mensaje
no es la respuesta a la
pregunta «¿nada quizás?».
En el nivel de la enunciación, el quizás «se sitúa en el
nivel de la demanda puesta en pregunta»
(¿qué quiero al interrogar al Otro?); el nada [le rien] se sitúa
en el nivel del mensaje S(A): «hay
no lugar de concluir, sustantivación de la nada [du néant] de la
pregunta misma». ¿Nada [Rien]
quizás?, en el nivel de la pregunta, «sólo da una metáfora,
a saber: que toda potencia de ser es
del más allá, y que sólo hay efecto de sentido, remisión
indefinida del sentido al sentido».
La posibilidad del nada [rien] en A debe ser preservada para mantener «la hiancia
que encarna
el pasaje del signo al significante».
Lo que allí distingue al sujeto es «que él no es signo de nada [rien]»:
«El significante representa
al sujeto para otro significante, y esto significa algo porque lo que el significante
significa, es esa
cosa privilegiada que es el sujeto en tanto que nada [rien]» (seminario del 22
de marzo de 1962).
Se advertirá además, en el sentido de una topologización
del grafo, que Lacan pudo indicar que
éste se organiza en torno de un agujero real (el objeto a como imposible)
enmarcado por la línea
de enunciado (imaginario) y la de la enunciación (simbólica):
En su relación con el Otro, el sujeto trata de hacerse reconocer más
allá de su demanda «en un
punto donde intenta afirmarse como ser»; pero lo que finalmente encuentra es sólo
S(A/): el Otro
está también marcado por el significante y hay que decir que, muy
exactamente, le falta un
significante.
Este punto importantísimo de la teoría era ya perceptible cuando
Lacan, en el Seminario 1,
formulaba, en lugar de la represión primaria de Freud, una forclusión
estructura], que ponía en el
mismo plano la alucinación del dedo cortado del Hombre de los Lobos y el
olvido de Signor en
Signorelli, de Freud.
En el escrito «Subversíón del sujeto ... », ese punto es formulado
como «la inmanencia de un
menos uno en el conjunto de los significantes».
Ese testimonio es después desarrollado con la forma de «no hay relación
sexual inscribible RxY
como tal».
En el Seminario XX, es referido a los matemas de la sexuación femenina
con la forma de «la
mujer es no toda [n'est pas toute] (goce fálico); el «la» de la mujer debe
escribirse lá: allí está el
significante que falta.
En el masoquismo (cf. el artículo de Freud titulado «Pegan a un niño»)
se ve con claridad que el
ser del sujeto reside en «una posibilidad de anulación subjetiva» (ser
tratado como un objeto). En
el sadismo, «el sujeto es idéntico al objeto de la sevicia»: es bajo ese
significante como puede
abolirse en tanto que se capta en su ser de deseo.
La trilogía R.S.I. aparece claramente implicada en la construcción
del grafo en sus diferentes
tiempos, como se lo ha podido señalar al pasar.
Lo que produce el pasaje del grafo a las superficies topológicas es la
profundízación de la
cuestión de lo real.
Finalmente, hay que señalar que el grafo contiene los elementos de lo que
Lacan presentó
después como la escritura de los cuatro discursos (Seminario XVII). A partir
de la introducción
de par ordenado SI -S2 convertido en la implicación significante SI -->S2,
se puede mostrar que
los cuatro discursos representan de algún modo una escritura nueva cuyos
gérmenes están en
el trabajo de Lacan sobre el grafo.
Grafo
Grafo
fuente(131)
Un grafo es una terna G = (V,A,j ), en donde V y A son conjuntos finitos, y j
es una aplicación
que hace corresponder a cada elemento de A un par de elementos de V. Los elementos
de V y
de A se llaman, respectivamente, vértices y aristas de G, y j asocia entonces
a cada arista con
sus dos vértices. Esta definición da lugar a una representación
gráfica, en donde cada vértice
es un punto del plano, y cada arista es una línea que une a sus dos vértices.
Si el dibujo puede
efectuarse sin que haya superposición de líneas, se dice que G es
un grafo plano. Por ejemplo,
el siguiente es un grafo plano:
puesto que es equivalente a este otro:
Gran Bretaña
Gran Bretaña
Gran Bretaña
fuente(132)
Fue la importancia atribuida en el siglo XVIII a la libertad individual lo que
llevó a William Tuke
(1732-1822) a idear el "tratamiento moral". Inspirado en el ideal filosófico
que en la misma época
impulsaba al francés Philippe Pinel (1745-1826), reformador del Asilo de
Bicétre, y al
norteamericano Benjamin Rush (1746-1813), Tuke fundó en York, en 1796,
un establecimiento de
atención a los insensatos, al cual dio el nombre de York Retreat. La experiencia
se hizo célebre
en todo el mundo. Su principio terapéutico se desprendía del ideal
de los cuáqueros, según el
cual cada ser humano tiene en el fondo de sí una chispa divina que se trata
de volver a
encontrar y cultivar. Esta tesis era próxima a la de Pinel, quien definió
el tratamiento moral como
la búsqueda de un resto de razón en el corazón de la locura.
Basado en el respeto a la dignidad humana y en el autocontrol, el tratamiento
moral practicado
por Tuke consistía en socializar al enfermo mental, integrándolo
coactivamente en una estructura
jerárquica de tipo familiar. De allí la aplicación de un
modelo comunitario o de "ambiente" que más
tarde se encontrará en todas las experiencias terapéuticas inglesas,
tanto entre los clínicos de
la antipsiquiatría (desde David Cooper hasta Ronald Laing) como en los
grandes representantes
de la escuela psicoanalítca inglesa (desde John Rickman hasta Wilfred Ruprecht
Bion, pasando
por Michael Balint y John Bowlby).
Adepto del espiritismo y representante de la psiquiatría dinámica,
Frederick Myers fue el primero
que mencionó el nombre de Sigmund Freud en Inglaterra, al presentar, en
1893, ante la Society
for Psychical Research, una exposición dedicada a la "comunicación
preliminar" de los Estudios
sobre la histeria. Havelock Ellis, por su lado, también hizo conocer
las tesis freudianas,
presentándolas en las revistas norteamericanas de neurología, leídas
por los médicos ingleses.
Sin embargo, debe considerarse a Ernest Jones el verdadero introductor del psicoanálisis
en
Gran Bretaña. Alumno de John Hughlings Jackson, descubrió los primeros
escritos de Freud
gracias a su cuñado, Wilfred Ballen Lewis Trotter (1872-1939), cirujano
honorario del rey Jorge
V, erudito distinguido y apasionado de la filosofía. Éste lo exhortó
a aprender el alemán y
estudiar La interpretación de los sueños y el caso de Ida
Bauer (Dora).
En septiembre de 1907 Jones viajó a Amsterdarri, Holanda, para asistir
al Primer Gran Congreso
de Psiquiatría, Neurología y Asistencia a los Alienados. Allí
se encontró con todos los grandes
nombres de la psiquiatría europea: Otto Gross, Theodor Ziehen (1862-1950),
Hermann
Oppenheim (1858-1919), Ludwig Binswanger, Pierre Janet y sobre todo Carl Gustav
Jung. En
una carta a Freud del 11 de septiembre de 1907, este último lo describió
como sigue: "Para mi
gran sorpresa, había entre los ingleses un joven de Londres, el doctor
Jones (un celta del país
de Gales), que conocía muy bien sus escritos y que trabaja él mismo
psicoanalíticamente. Es
probable que él lo visite más adelante."
Invitado por Jung a trabajar en la Clínica del Burghölzli, entonces
dirigida por Eugen Bleuler,
Jones se vio con Freud por primera vez en abril de 1908 en Salzburgo, en oportunidad
de un
congreso que reunía a todas las sociedades psicoanalíticas ya constituidas
en Europa. Al mes
siguiente viajó a Viena y, en septiembre, después de haber tenido
problemas con pacientes, se
instaló en Canadá. Ése fue el inicio de una larga amistad
y de una vasta correspondencia entre
el maestro y su primer discípulo inglés: seiscientos setenta y una
cartas.
Trabajador encarnizado, político hábil, desplegó entonces
una actividad extraordinaria para
instalar la causa freudiana en todos los países de lengua inglesa: Canadá,
los Estados Unidos, la
India y Gran Bretaña. Apasionado de la psicología de los pueblos
y del folclore, participó muy
pronto en los debates de la antropología inglesa acerca de Tótem
y tabú. Después de haber
creado la American Psychoanalytic Association (APsaA) permaneció un año
más en Toronto, en
condiciones difíciles, y volvió a Londres, para viajar posteriormente
a Budapest en junio de 1913.
Allí se analizó durante dos meses con Sandor Ferenczi. En agosto
se estableció definitivamente
en Londres.
Junto con Jung, participó entonces en el Congreso Internacional de Medicina
de Londres, que
reunió a los principales representantes de la psiquiatría dinámica
europea y norteamericana:
entre ellos, Adolf Meyer, Isador Coriat, David Eder, David Forsyth, y otros. Lo
que estaba en
juego era importante: en la duodécima sesión del congreso se decidió
incluir en el orden del día
un debate muy esperado sobre el psicoanálisis, y se sabía que Pierre
Janet, que estaba muy de
moda en esa época, iba a presentar en esa oportunidad un informe hostil
a lo que entonces se
llamaba el pansexualismo freudiano. "Hay en Viena -dijo- una atmósfera
sexual especial, una
especie de genio, de demonio local, que reina como una epidemia sobre la población
y en ese
ambiente. Un observador se ve fatalmente llevado a atribuir una importancia excepcional
a las
cuestiones relacionadas con la sexualidad."
Muy mal recibida por la opinión científica inglesa, la tesis de
Janet sobre el origen de la doctrina
sexual de Freud no encontró mucho eco en la comunidad científica
angloamericana: la hostilidad
de los protestantes y los puritanos al pansexualismo era de otro carácter.
La conferencia de
Janet también contribuyó a reforzar el impacto de las tesis freudianas
en el mundo
angloamericano. De pronto, Jones pudo permitirse estigmatizar los celos del psicólogo
francés,
denunciando como absurdo su razonamiento. Tres semanas más tarde, en Múnich,
en el
Congreso de la International Psychoanalytical Association (IPA), se consumó
el divorcio entre
Zurich y Viena, entre Jung y Freud.
En adelante, después de esa tercera disidencia de la historia del psicoanálisis,
y en vísperas de
la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña comenzó a desempenar un
papel central en Europa en
cuanto a la difusión del freudismo. En octubre de 1913 Jones fundó
la London Psychoanalytic
Society (LPS), compuesta por catorce miembros, entre ellos un canadiense, Frederic
Davidson
(1870-1946), y tres psiquiatras coloniales: el capitán Owen Berkeley-Hill
(1879-1944) y el
coronel W. D. Sutherland (?- 1920), ambos residentes en la India, y Watson Smith,
en funciones
en Beirut. A ellos se sumaban un irlandés de Belfast, el doctor Graham,
y nueve ingleses: David
Eder, Douglas Bryan, David Forsyth, Bernard Hart (1879-1966), Constance Long,
Leslie
Mackenzie (Edimburgo), Maurice Nicoll, Maurice Wright y el doctor Devine. Invitado
a unirse al
grupo, Havelock Ellis se negó, pues prefería mantenerse a una cierta
distancia de las
instituciones.
Jones siguió siendo el principal organizador del movimiento psicoanalítico
en el ambiente médico,
pero dos de los más grandes representantes del freudismo inglés,
Alix Strachey y James
Strachey, se formaron en el grupo de Bloomsbury, a partir de 1905. Reunidos en
torno a Lytton
Strachey (1870-1932), Leonard y Virginia Woolf (18821941), Dora Carrington (1893-1932),
Roger Frey (1856-1934) y John Maynard Keynes (1883-1946), los escritores del grupo
adoptaron las teorías freudianas un poco a la manera de los surrealistas
franceses. Hostiles a la
"dictadura" puritana, combatieron el espíritu victoriano, preconizando
el "amor libre- y haciendo
ostentación de su bisexualidad y su homosexualidad. Frente a Jones y los
médicos, ellos
encarnaban el inconformismo. El hermano de Virginia Woolf, Adrien Stephen (1883-1948),
y su
esposa, Karin Stephen (1889-1953), se convertirían en psicoanalistas. En
cuanto a Leonard
Woolf, fundó en 1917 la prestigiosa Hogarth Press, editorial que no sólo
publicó las obras
completas de Freud en la traducción de Strachey, sino también numerosas
obras de miembros
de la escuela psicoanalítica inglesa. Durante los años de la guerra,
Jones continuó su obra de
propagandista, pero no pudo evitar los conflictos internos en la asociación
londinense, en
especial con los partidarios de Jung (Long y Nicoll), y sobre todo con Eder, de
cuyo renombre
Jones tenía celos, y que también se volvió hacia el junguismo.
Para salir del atolladero, Jones
decidió disolver el grupo y formar otro: a algunos antiguos se sumaron
terapeutas ya formados
en el psicoanálisis.
El 20 de febrero de 1919 fundó la British Psychoanalytical Society (BPS),
que pronto contaría
con muchos adherentes, entre ellos las principales figuras de la primera generación
psicoanalítica inglesa (segunda en el plano mundial): Edward Glover, James
Glover (1882-1926),
Barbara Low (1877-1955), John Rickman, W.H.B. Stoddart, John Carl Flugel (1884-1955),
Eric
Hiller, Sylvia Payne (1880-1976), Joan Riviere, Ella Sharpe, Susan Isaacs y los
dos Strachey. Un
aflo mAs tarde cre6 el International Journal of Psycho-Analsis (IJP)
primera revista de
psicoanálisis en lengua inglesa, que se convertiría en una especie
de órgano oficial de la IPA.
En 1924, John Rickman creó un instituto de psicoanálisis siguiendo
el modelo del Berliner
Psychoanalytisches Institut (BPI) y, dos años más tarde, la BPS,
gracias al aporte de un
mecenas americano, logró establecer una clínica psicoanalítica
(la London Clinic of
Psycho-Analysis) en la que se realizaban curas gratuitas. Durante cincuenta años,
más de tres
mil personas se beneficiaron con la atención de la clínica: "Había
un acuerdo mutuo -escribió
Pearl King-, según el cual los profesionales debían dedicar una
sesión gratuita por día a la
clínica, o bien realizar otro trabajo equivalente". A partir de 1930, la
segunda generación
psicoanalítica inglesa (tercera en el plano mundial) adhirió a la
BPS: Marjorie Brierley
(1893-1984), John Bowlby, William Gillespie, Donald Woods Winnicott, Wilfred Ruprecht
Bion.
Hacia 1926 Jones y Glover enfrentaron la cuestión del análisis profano,
cuando la Asociación de
Médicos Británicos decidió investigar la validez del ejercicio
del psicoanálisis por los no-médicos.
Tres años más tarde se llegó a una solución positiva.
En efecto, el comité de la asociación
adoptó la idea de que el psicoanálisis podía ser reconocido
como una disciplina independiente,
capaz de regular por sí misma, y en su propias instituciones, sus conflictos
y sus problemas de
formación.
Después de la Primera Guerra Mundial, la aparición de las neurosis
de guerra reactivó el debate
sobre los orígenes traumáticos de los trastornos psiquicos, y condujo
a innovaciones en el
ámbito de las psicoterapias. En este contexto, Hugh Crichton-Miller fundó,
en 1920, la prestigiosa
Tavistock Clinic, destinada a tratar los que se denominaban shell-shocks, es
decir, los traumas
nerviosos provocados por los obuses: temblor incontrolable, parálisis,
alucinaciones, etcétera. A
partir de 1930, bajo la dirección de John Rees, las actividades de la Tavistock
se ampliaron al
tratamiento de delincuentes, mediante terapias individuales, o con la creación
de comunidades
terapéuticas, grupos, etcétera. Progresivamente, la Tavistock se
fue convirtiendo en uno de los
bastiones del desarrollo de las tesis psicoanalíticas: freudianas primero,
y después kleinianas,
sobre todo bajo la influencia de Rickinan y Bion. Después de la Segunda
Guerra Mundial, a partir
de 1946, John Bowlby le dio a la Tavistock una nueva orientación, conforme
al espíritu del grupo
de los Independientes. Introdujo la terapia familiar, y Balint desarrolló
allí su técnica de los grupos.
Muy diferente por un lado del freudismo berlinés, y por el otro de la tradición
vienesa, la escuela
inglesa adquirió desde 1920 una gran autonomía en el interior de
la IPA. Si bien contaba con
notables clínicos y aplicó una política de formación
y una técnica de la cura de tipo pragmático,
carecía no obstante de una sólida armadura teórica. Jones
lo sabía, y por ello, en 1924,
comprendió que las innovaciones kleinianas podían aportarles a los
profesionales ingleses el
sistema conceptual que tanto necesitaban.
Y no se equivocó. En 1926, la instalación de Klein en Londres trastornó
totalmente la situación
del psicoanálisis en Gran Bretaña. Melanie no sólo generó
una expansión considerable del grupo
ya constituido, sino que también formó a su alrededor una nueva
corriente. En adelante, la BPS
fue mayoritariamente kleiniana. En 1929, las divergencias entre Viena y Londres
(sobre todo
acerca del psicoanálisis de niños, la sexualidad femenina, las relaciones
arcaicas con la madre,
el complejo de Edipo, el fantasma, el narcisismo o la realidad psíquica)
adquirieron tal magnitud
que Jones se inquietó. Entonces, a través de Paul Federn, decidió
organizar intercambios con la
Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), para facilitar la comprensión
mutua de las
divergencias. En 1935 y 1936, dos exposiciones trataron de explicar la postura
de uno y otro
grupo: la de Robert Wälder (futuro Waelder, 1900-1967), sobre la psicología
del yo, y la de Joan
Riviere, dedicada a la génesis del conflicto psíquico en la primera
infancia. Estos "intercambios
de conferencias", como se los llamaba, no evitaron las oposiciones ni la continuación
de las
disputas entre los partidarios de Anna Freud y los de Melanie Klein.
La llegada del nazismo transformó aún más la situación
de la BPS. Entre 1933 y 1940
desaparecieron todas las grandes sociedades psicoanalíticas europeas. En
los países donde no
las destruyó el fascismo, quedaron al margen, reducidas al mínimo
de supervivencia u obligadas
a cesar provisionalmente en sus actividades. En consecuencia, la BPS era el único
bastión
psicoanalítico todavía vivo en el Viejo Continente: en todo caso,
el único que podía asegurar la
continuidad del freudismo ante la pujante escuela norteamericana.
Una primera brecha se abrió en la BPS con la llegada en 1932 de Melitta
Schmideberg. Apoyada
por Glover, ella comenzó a atacar las tesis de la madre, Melanie Klein.
Al año siguiente se produjo otra división con la llegada de nuevos
exiliados. Paula Heimann fue la
primera en ingresar en la sociedad, seguida por Barbara Lantos (18881962) y Kate
Friedlander.
En Londres, estas mujeres llegadas de Berlín descubrieron otro discurso
psicoanalítico, otra
conceptualización, un vocabulario distinto de la lengua freudiana en la
cual ellas habían sido
formadas.
La llegada de los vieneses (Willi Hoffer [1897-1967] y Hedwig Hoffer [1888-1961],
y después de
la familia Freud, agravó considerablemente la situación: "Viejo
y frágil, él [Freud] se sentía tan
feliz en su casa de Hampstead -escribió Melitta Sclímideberg-, y
tan contento de la acogida que
le había brindado Inglaterra, que cuando mi marido lo visitó, lo
saludó con un Heil Hitler [ ... ].
Cada movimiento de la mandíbula lo hacía sufrir. Pero realizó
una observación que no olvidaré
nunca. Era la época de Múnich, y yo le dije: «¿No es extraño
que nosotros podamos pasar años
tratando de ayudar a un paciente, mientras que una bomba puede matar a miles de
seres
humanos en un segundo?» La respuesta de Freud me dejó muda: «No se podría
decir cuál de
estos destinos es el que el hombre merece más». [ ... ] El propio Freud
ya no se interesaba en
absoluto en la BPS. Murió el 23 de septiembre de 1939. Anna estaba decidida
a establecerse y a
devolver la BPS al freudismo. Los pocos analistas alemanes refugiados se unieron
al grupo
vienés."
Decidida a no dejar la BPS en manos de los kleinianos, pero sensible a la acogida
que los
psicoanalistas ingleses le habían brindado a su familia, Anna Freud trató
de evitar la escisión a
cualquier precio. Pero su deseo de pacificación no concordaba con los sentimientos
de los
vieneses frente a las innovaciones kleinianas: todos tenían la impresión
de que el grupo
kleiniano, al difundir sus teorías sobre la destrucción, el odio,
la envidia, la fragmentación, la
agresión, etcétera, contribuía a malograr totalmente el freudismo
que ellos amaban. Ahora bien,
éste acababa justamente de ser destruido ante sus propios ojos por la peste
parda.
La mirada de los kleinianos era también severa: en efecto, ellos veían
al grupo vienés como una
tribu estática, apegada al pasado e identificada con el cadáver
del padre muerto. Pero, desde
luego, nadie pensaba en excluir de las filas de la BPS a esos inmigrantes a los
que se acababa
de acoger tan generosamente, y que encarnaban la legitimidad freudiana.
Ante estas dos tendencias surgió un tercer camino, el middle group,
cuya orientación fue muy
bien expresada por Strachey en una carta a Glover de julio de 1940: "Estas actítudes
de ambas
partes son por supuesto puramente religiosas, y en consecuencia en sí mismas
antitéticas a la
ciencia. En ambos lados las inspira, creo, un deseo de dominar la situación
y en particular el
futuro -por ello cada uno asigna tanta importancia a la formación de los
candidatos-; en realidad,
desde luego, es una ilusión megalómana pensar que se pueden controlar
las opiniones de
quienes analizamos más allá de un límite muy estrecho [ ...
]. De todas maneras, creo que
cualquier sugerencia de una escisión en la sociedad debe ser condenada,
y hay que oponerse a
ella hasta el punto más alto."
En realidad, cada una de las tres corrientes reivindicaba una lectura de la obra
freudiana, y una
manera diferente de formar a los psicoanalistas. Todas se pretendían freudianas,
y ninguna
tenía la intención de abandonar la IPA.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a la comunidad psicoanalítica
inglesa a
comprometerse contra la Alemania nazi. De tal modo, antes incluso de que la BPS
hubiera tenido
tiempo para asimilar a los recién llegados, debió enfrentar la dispersión
de sus miembros. Las
incursiones aéreas alejaron de Londres a varios profesionales, y otros
se sumaron a la lucha.
Anna Freud y Dorothy Burlingham abricron las Hampstead War Nurseries, mientras
que Glover
creó, en la London Clinic, un centro de ayuda psicológica para los
tratamientos de urgencia.
Otros profesionales se unieron al Emergency Medical Service para atender a las
víctimas de los
bombardeos aéreos. Por su lado, Rees, Rickman, Bion, Ronald Hargreaves,
Jock Sutherland, y
muchos otros, se desempeñaron como consejeros del comando del ejército
de tierra, para
reorganizar la psiquiatría de guerra bajo la dirección de la War
Office Selection Board (WOSB).
Allí se elaboraría la teoría de los pequeños grupos
tan admirada por Jacques Lacan y más tarde
retomada por Bion.
En medio de los combates, los miembros de la comunidad psicoanalítica inglesa,
de todas las
tendencias, comprendieron que su país estaba cambiando, y que de la guerra
emergería un
mundo diferente. Se impuso entonces la necesidad de hacer estallar los conflictos
teóricos y
clínicos entre los diversos grupos: si el mundo iba a cambiar, la BPS también
debía preparar su
futuro.
En este contexto, en octubre de 1942 se puso en movimiento la pelota de las Grandes
Controversias (Controversial Discussins), que desembocaron en el reconocimiento
legal de tres
tendencias: los annafreudianos, los kleinianos, los Independientes.
Este rechazo de la escisión, esta preservación de las apariencias,
puede por cierto atribuirse a
una concepción de la política que tiene su fuente en la tradición
inglesa tan admirada por Freud.
En efecto, ese país supo reformarse y conservar su ritual monárquico
sin recurrir, como
Francia, a la revolución. Pero así como el hecho de no haber atravesado
una revolución no le
ahorró a Inglaterra sus violentos desórdenes sociales, tampoco evitar
una escisión impidió que la
BPS se hundiera de modo permanente en conflictos interminables, que se tradujeron
en una
esclerosis institucional, en renuncias individuales (las de Charles Rycroft, Ronald
Laing o Donald
Meltzer, por ejemplo), en el desinterés o el ausentismo (Bion, Bowlby,
etcétera), y, finalmente, en
exclusiones (Masud Khan).
En una carta del 3 de junio de 1954, dirigida simultáneamente a Anna Freud
y Melanie Klein,
Winnicott denunció con ferocidad la esclerosis de la BPS: "Considero -escribió-
que tiene una
importancia vital absoluta para la Sociedad que ustedes dos destruyan sus grupos
en lo que
tienen de oficiales No tengo razones para pensar que viviré más
que ustedes, pero tener que
tratar con los agrupamientos rígidos que cuando ustedes mueran se convertirán
automáticamente en una institución de Estado, es una perspectiva
que me horroriza."
Hay por lo tanto una gran paradoja en la situación inglesa del psicoanálisis.
No debe su
notoriedad internacional a una institución más poderosa o mejor
organizada que las otras, sino a
los talentos individuales de los miembros que terminaron por desertar de la BPS
para ocuparse
de otra cosa que de la formación y la trasmisión de la doctrina.
Después de la Segunda Guerra
Mundial, Jones reunió los archivos y se convirtió en el historiador
del movimiento y el biógrafo de
Freud; Strachey emprendió la producción de la Standard Edition;
Bowlby, Winnicott y Bion
continuaron con sus trabajos clínicos, a distancia de las cuestiones institucionales.
Melanie Klein, por su lado, verá implantarse su doctrina en casi todos
los países del mundo,
sobre todo en la Argentina y Brasil. Varios de sus alumnos desarrollaron sus tesis:
Susan
Isaacs, Herbert Rosenfeld, Hanna Segal, Esther Bick (1904 -1983).
A partir de la década de 1970, lo mismo que en otros países, el
psicoanálisis británico enfrentó el
desarrollo de diversas psicoterapias, algunas de las cuales se pretendían
freudianas (como la
Philadelphia Association o la Guild of Psychotherapists). Ante esta eclosión,
la escuela
psicoanalítica inglesa optó por abrirse a algunas de esas doctrinas,
con peligro de transformarse
radicalmente. Ciertos grupos lacanianos lograron implantarse en el terreno de
los estudios de
psicología: el Center for Freudian Analysis and Researchs (CFAR) y el London
Circle.
A fines del siglo XX, la BPS cuenta en sus filas con cuatrocientos cinco miembros
(más
cincuenta y siete alumnos) para una población de cincuenta y ocho millones
de habitantes: ocho
psicoanalistas (IPA) por millón de habitantes, una de las densidades más
bajas del mundo, para
la única escuela capaz de conquistar el conjunto del planeta. En efecto,
los autores ingleses son
traducidos a todos los idiomas, y sus obras se estudian en todas las universidades.
La clínica
inglesa se ha convertido además en un modelo principal de referencia para
la mayor parte de las
instituciones de psicoanálisis. Los planes de estudio han conservado una
gran rigidez:
obligación de cuatro o cinco sesiones por semana y vigilancia estricta
de todos los candidatos
considerados "marginales" (por ejemplo, los homosexuales).
Grandes controversias
(controversial discussions)
fuente(133)
Se ha denominado Grandes Controversias o Controversial Discussions a un
episodio del
movimiento psicoanalítico inglés que se desarrolló en Londres
entre noviembre de 1940 y febrero
de 1944, en cuyo transcurso, a lo largo de prolongadas discusiones, se opusieron
los
freudianos dc todas las tendencias reunidos en Gran Bretaña en el seno
de la British
Psychoanalytical Society (BPS).
Después de la destrucción por el nazismo de las sociedades psicoanalíticas
del Continente, la
BPS se convirtió en el último bastión del psicoanálisis
en Europa. Entre 1933 y 1939 acogió a
numerosos inmigrantes, entre ellos los vieneses, y particularmente la familia
Freud. Ahora bien,
desde 1926 la escuela vienesa (y sobre todo los partidarios de Anna Freud) se
oponían a
Melanie Klein y su grupo, que representaban la corriente mayoritaria de la escuela
inglesa.
Partidarios de una concepción llamada ortodoxa (o continental) del psicoanálisis,
, los
annafreudianos pretendían ser los voceros de la tradición del padre
fundador: un freudismo
clásico centrado en la primacía del patriarcado, el complejo de
Edipo, las defensas y el clivaje del
yo, la neurosis, y una práctica del psicoanálisis de niños
ligada a la pedagogía.
Frente a este freudismo, que ya se deslizaba hacia el annafreudismo, los freudianos
llamados
kleinianos eran los artífices de una clínica moderna de las relaciones
de objeto, centrada en las
psicosis y los trastornos narcisistas, en los fenómenos de regresión,
las relaciones arcaicas e
inconscientes con la madre, y la exploración del estadio preedípico.
Pero las Controversias no opusieron sólo al kleinismo y al annafreudismo.
También pusieron en
escena un asunto de familia. Hija de Melanie Klein, y analizada en su infancia
por la madre,
Melitta Schmideberg había emprendido el combate contra su progenitora antes
de la llegada de
los vieneses a Londres, respaldada entonces por Edward Glover, uno de los fundadores
de la
BPS. A la vez conservador y no conformista, Glover, contra el annafreudismo y
el kleinismo,
defendía "otro" freudismo: el de la primera generación inglesa,
que iba a zozobrar con la guerra.
Las Grandes Controversias se iniciaron cuando los miembros de la comunidad psicoanalítica
reunidos en la BPS tomaron conciencia del cambio que tenía lugar en el
país. Puesto que la
guerra iba a dar origen a un mundo diferente del que ellos habían conocido,
se impuso la
necesidad de hacer estallar los conflictos teóricos y clínicos entre
los diversos grupos. En
consecuencia, se creó un comité para examinar las cuestiones de
la formación (training
committee).
Ya entonces emergió otra tendencia, que se definió como el middle
group. Ella reunía a los
grandes clínicos de la segunda generación inglesa (Donald Woods
Winnicott, John Bowlby), que
aceptaban a la vez el freudismo y el kleinismo, pero se negaban a plegarse a ningún
dogma. Los
acompañaba un "antiguo", James Strachey, analizado por Freud y proveniente
de la tradición
literaria de los victorianos del Bloornsbury. Hasta el fin, Strachey encarnaría
las virtudes de un
justo medio, preocupado por la estética e inconformista. Otros clínicos
de la misma generación
se alineaban en esa tendencia: Ella Sharpe, Silvya Payne (1880-1976), Marjorie
Brierley
(1893-1984).
Primero kleiniano, John Rickman, reformador de la psiquiatría inglesa,
apoyó después al middle
group, antes de ser violentamente atacado por Glover. En esta otra controversia
se oponían
también dos concepciones del psicoanálisis: una (la de Glover) rebelde
a toda psicologización
del freudismo, y la otra (la de Rickman) proveniente del pragmatismo adaptativo,
llevaría, es
preciso decirlo, a algunas aberraciones.
Ernest Jones, el padre fundador de la escuela inglesa, controlaba la situación,
a veces
ausentándose de los debates, a veces organizándolos con paciencia
y equidad. Partidario de un
compromiso, fue él quien, contra la opinión de Sigmund Freud, favoreció
la llegada de Malenie
Klein a Londres. Pero, cercano a Anna Freud, encarnaba con ella la legitimidad
familiar, mientras
trataba de salvaguardar el poder de los ingleses, que corrían el riesgo
de ser desbordados por
la expansión de las corrientes norteamericanas.
Durante cuatro años, las Controversias desgarraron la BPS. La escisión
se evitó por un pelo, al
precio de la denuncia espectacular de Glover, la emigración de Melitta
Schmideberg a los
Estados Unidos, y la renuncia de Anna Freud al training committee. El grupo
británico se
organizó entonces alrededor del reconocimiento oficial de tres tendencias:
los annafreudianos,
los kleinianos y los Independientes (ex middle group). De modo que la BPS
tomó el partido de
conservar una fachada de unidad para preservar la pertenencia común a la
IPA, que
garantizaba la internacionalización de las diversas corrientes.
En noviembre de 1946 se firmó un compromiso que establecía dos tipos
de formación: una rama
A, mayoritaria, agrupaba a los kleinianos y los Independientes; una rama B reunía
a los
annafreudiamos. En realidad, se trataba de una victoria de los kleinianos: el
poder volvió de facto
a quienes dirigían la BPS antes de la llegada de los vieneses.
Compiladas y publicadas en 1991 por Pearl King y Riccardo Steiner, las Grandes
Controversias
constituyen uno de los documentos de archivo más apasionantes de la historia
del freudismo.
Groddeck Walter Georg
(llamado Georg).
fuente(134)
Médico alemán (Bad Kösen 1866 - Zurich 1934).
Es alumno y luego asistente de E. Schweninger, médico personal de Bismarck.
En el sanatorio
que abre en 1900 en Baden-Baden, Groddeck aplica los métodos de
su maestro Schweninger,
quien, despreciando las terapéuticas tradicionales, preconiza la dieta,
la hidroterapia y los
masajes. Afirma la importancia de los factores psíquicos en las enfermedades
orgánicas; los
síntomas de estas tienen un valor simbólico. Desde 1913, toma
contacto con la obra de Freud,
que lo alienta en su abordaje de los fenómenos inconcientes en las enfermedades
somáticas.
Publica Determinación psíquica y tratamiento psicoanalítico
de las afecciones orgánicas
(1917). Das Buch vom Es (El libro del ello), que da a la luz en 1923, es
testimonio de su deseo
de hacer entender el psicoanálisis a todos.
Desde 1926, Groddeck se aleja de Freud, cuyas especulaciones psicológicas
critica, pues para
él el inconciente es somático, el cuerpo está en las palabras,
y a la inversa. Su última obra, Der
Mensch als Symbol (El ser humano como símbolo, 1933), es, por lo demás,
un estudio sobre el
simbolismo del cuerpo y del hombre.
Groddeck Walter Georg
(1866-1934). Médico alemàn
Groddeck Walter Georg (1866-1934). Médico alemàn
Groddeck Walter Georg
(1866-1934) Médico alemàn
fuente(135)
El hombre a quien Sigmund Freud calificó un día de "soberbio analista",
y que se reivindicaba a sí
mismo como "analista salvaje", tenía el temperamento de un Wilhelm Fliess
o un Wilhelm Reich.
Pertenecía a ese largo linaje de médicos herederos de la tradición
romántica, cuyas teorías
estaban impregnadas de cientificismo, iluminismo y Naturphilosophie. Thomas
Mann se inspiró
en él para crear el personaje del doctor Edhin Krokovski en La montaña
mágica. Médico de
Berghof, Krokovski es presentado como un hipnotizador a la antigua, que aún
no había accedido
a las luces de la razón, y que, lo mismo que Freud, estaba obsesionado
con la cuestión de la
sexualidad humana: "Aquí pasa -escribe el narrador-, él, que conoce
todos los secretos de
nuestras damas. Se ruega observar el simbolismo refinado de su vestimenta. Se
viste de negro,
para indicar que el dominio particular de sus estudios es la noche." Krokovski
profesa un
pesimismo radical respecto de la salud humana, al punto de no ver en el hombre
más que un
sujeto habitado por la enfermedad. Maniobrando entre materialismo y ocultismo,
se entrega a
experiencias de telepatía que lo hunden en el universo fáustico
de un subconsciente
desordenado.
Al irrumpir en el movimiento psicoanalítico hacia 1920, enarbolando una
palabra que haría
carrera, el ello (Es), Groddeck trastornó el conformismo de los discípulos
de Freud, mantuvo con
éste una relación de fascinación y rechazo, y compartió
después con Sandor Ferenczi una larga
complicidad basada en la creencia común en los beneficios "maternantes"
de la naturaleza
biológica del hombre. Con su doctrina creó una medicina psicosomática
de inspiración
psicoanalítica, en la que, después de él, se nutrieron sin
decirlo numerosos herederos de Freud.
Nacido en Bad Kösen, Georg Groddeck era el hijo de Carl Theodor Groddeck,
un médico
reputado que dirigía un establecimiento de baños salinos. Después
de los acontecimientos de
1848, Carl Theodor había redactado un libro ultraconservador, De morbo
democrático, nova
insaniae forma (La enfermedad democrática, una nueva especie de locura),
del que se decía
que había influido sobre la obra de Nietzsche. El autor asimilaba la idea
democrática a una plaga,
una epidemia capaz de "contaminar" a Europa, hacer desaparecer en los individuos
toda forma
de conciencia de sí. Esta tesis, que se vuelve a encontrar en los sociólogos
de las multitudes y
sobre todo en Gustave Le Bon (1841-1931), convertía a Carl Theodor Groddeck
en partidario del
canciller Bismarck.
-La madre de Georg, Caroline, era hija de August Koberstein, historiador conocido
por sus
trabajos sobre la literatura alemana. Ella lo admiraba a tal punto que educó
a sus cinco hijos de
manera fría y distante, en el culto del abuelo venerado. Georg sufrió
esa educación y ese poder
materno que, a sus ojos, eclipsaba la figura del padre. Freud no dejó de
señalárselo en el curso
de su correspondencia. El joven Georg iba a ser el único sobreviviente
de esa familia numerosa:
sus hermanos y su hermana murieron prematuramente de diversas enfermedades orgánicas.
Impulsado por el padre, ingresó en la carrera médica, convirtiéndose
en asistente de Ernst
Schweninger (1850-1924), que se había hecho célebre atendiendo con
éxito al canciller
Bismarck. También ultraconservador, Schweninger había traspuesto
a la medicina los principios
del autoritarismo prusiano, instaurando con sus pacientes una relación
de sugestión y sumisión
absoluta, de la cual hacía depender el tratamiento y la naturaleza misma
de la curación. Su divisa
"Natura sanat, medicus curat" ("la naturaleza sana, el médico cura)
fue retomada por Groddeck
en 1913, cuando publicó su primera obra, Nasamecu.
En 1900, con su hermana Lina y su primera mujer, Else von Goltz-Neumann, Groddeck
abrió en
Baden-Baden un sanatorio de quince camas. Allí aplicó de inmediato
los principios de su
maestro, y puso a punto un método original de tratamiento basado en la
hidroterapia, el régimen
alimentario, los masajes, las entrevistas entre enfermos y curadores. A su manera,
combatía, lo
mismo que Freud, el nihilismo terapéutico de una medicina exclusivamente
centrada en el
diagnóstico, y sin ninguna compasión por el sufrimiento del paciente.
Igual que Freud, trataba de
captar al ser humano en su totalidad. De allí la elección de una
medicina psicosomática atenta a
la palabra del sujeto.
En 1913, en Nasamecu, Groddeck rindió un vibrante homenaje a la
enseñanza de Schweninger,
mientras se entregaba a consideraciones higienistas que se sumaban a las tesis
conservadoras
del padre. En la más pura tradición de la herencia-degeneración
y de la creencia a los valores de
la nación y la sangre, reivindicaba la "pureza de las razas" y proponía
que todo ciudadano
alemán con cónyuge extranjero fuera privado de sus derechos cívicos.
En 1929, en sus
Lebenserinnerungen (Recuerdos de vida), lamentó su actitud de entonces,
y la rectificó, sin
renunciar jamás a la utopía higienista que la subtendía.
En ese mismo libro atacó vivamente al
psicoanálisis, poniendo en guardia al lector contra los peligros de una
técnica a menudo no
dominada por profesionales incompetentes. En 1915 conoció a una mujer sueca,
Emmy von Voigt
(1874-1961), que iba a ser su analizante antes de convertirse en su segunda mujer
y su
asistente. Ella fue también una de las primeras traductoras de la obra
freudiana en Suecia.
Muy pronto Groddeck dio un giro de ciento ochenta grados y se dirigió directamente
a Freud, por
medio de un primer intercambio de cartas. La correspondencia entre ellos iba a
extenderse entre
1917 y 1934. De entrada, Groddeck interpretó su hostilidad al psicoanálisis
como una expresión
de los celos que le suscitaba el fundador de la doctrina. Más tarde se
acercó a las tesis
psicoanalíticas sobre la resistencia, la sexualidad y la transferencia,
sin dejar de preservar la
originalidad de su propio trayecto. Se creó entonces entre los dos hombres
una especie de
vínculo de hierro. En la medida en que Groddeck se dirigía a Freud
como un discípulo que espera
que un maestro lo apruebe y reconozca su singularidad, Freud se comportaba como
un
soberano preocupado ante todo por hacer ingresar a ese recién llegado en
la "borda salvaje":
"Es evidente de que yo le daría un gran placer si lo alejara de mí,
empujándolo hacia donde se
encuentran los Adler, Jung y otros. Pero no puedo hacerlo. Debo afirmar que usted
es un
soberbio analista que ha captado la esencia de la cosa y ya no puede perdería.
Quien reconoce
que la transferencia y la resistencia son los ejes del tratamiento, esa persona,
qué quiere usted,
pertenece irremediablemente a la horda salvaje. Y el hecho de que llame «ello»
al inconsciente
no hace ninguna diferencia."
Freud apreciaba mucho a ese médico inconformista adorado por sus pacientes,
pero
considerado un curandero por la medicina oficial. Lo invitó entonces a
participar en las
actividades del movimiento psicoanalítico, y después a inscribirse
en la asociación berlinesa,
publicar sus artículos en las revistas de la International Psychoanalytical
Association (IPA), y
finalmente a editar sus libros en la Psychoanalytischer Verlag de Viena. No obstante,
no
compartía su concepción de la ciencia, ni su técnica terapéutica:
en efecto, a su juicio el
científico debía distanciarse de la desmesura narcisista y de los
impulsos del principio de placer,
para adherir a un ideal de cientificidad externa a la subjetividad. Asimismo,
el psicoanalista debía
distinguirse del magnetizador renunciando a toda forma de poder oculto o autoritario:
"La
experiencia ha demostrado -le escribió en una oportunidad a Groddeck- que
un ambicioso
indomable salta [ ... ] en un momento dado y se convierte, para mal de la ciencia
y de su propio
desarrollo, en un solitario". En tal sentido, nunca se disipó el malentendido
entre los dos hombres.
Uno seguirá siendo partidario de la medicina paralela y la psicoterapia,
mientras que el otro
querrá siempre inscribir al psicoanálisis en el dominio de la ciencia.
En el sanatorio de Baden-Baden, Groddeck recibía a pacientes afectados
de todo tipo de
enfermedades orgánicas que la medicina de la época no sabía
tratar. Para hacerlos participar en
su cura, en 1916 tuvo la idea de dar conferencias para ellos, y después
crear una revista,
Satanarium, en la cual podían expresarse al mismo título que el
terapeuta. Groddeck atendía
cánceres, úlceras, reumatismos, diabetes, pretendiendo encontrar
en el perfil de la enfermedad
la expresión de un deseo orgánico. En el bocio veía el deseo
de tener un hijo, y en la diabetes, el
deseo del organismo de ser azucarado. Con el mismo enfoque sexualizaba los órganos
del
cuerpo, alineando el nervio óptico con la masculinidad, y las cavidades
cardíacas con la
feminidad.
Ese deseo derivaba de lo que él llamaba el "ello". Con ese pronombre neutro
(el Es alemán),
tomado de Nietzsche (1844-1900), Groddeck designaba una sustancia arcaica, anterior
al
lenguaje, una especie de naturaleza salvaje e irredentista que sumergía
a las instancias
subjetivas. La curación consistía en dejar actuar en el sujeto el
fluir del ello, fuente de verdad.
En el contacto con el psicoanálisis, Groddeck modificó sus teorías
y tomó en cuenta la eficacia
simbólica de la cura por la palabra. Pero conservó lo esencial de
su doctrina del ello, optando por
expresarla con métodos narrativos tomados a la literatura.
En 1921 publicó una "novela psicoanalítica", El buscador de almas,
en la que narraba la
epopeya de un hombre transfigurado por la revelación de su inconsciente,
y que a través del
mundo perseguía chinches e "imágenes del alma". Freud admiró
el estilo picaresco del autor, que
te recordaba al Don Quijote de Cervantes. No obstante, la obra escandalizó,
sobre todo al
pastor Oskar Pfister, quien la consideró demasiado rabelaisiana.
Dos años más tarde, Groddeck publicó el famoso Libro del
ello, en el cual puso en escena su
relación epistolar con Freud, a través de cartas ficticias dirigidas
por un narrador, Patrick Troll, a
una amiga. De tal modo quería popularizar los conceptos del psicoanálisis,
y su propia doctrina.
En 1923 Freud retomó el término "ello" en el marco de su segunda
tópica, pero cambiando
radicalmente la definición.
En 1931 Groddeck publicó un curioso texto, "El doble sexo del ser humano",
donde se expresaba
un antijudaísmo ya visible en El buscador de almas, y que remitía
a ciertos aspectos invertidos
del "autoodio judío" de los vieneses de fines de siglo, desde Karl Krauss
hasta Otto Weininger.
Mientras que estos últimos asimilaban la judeidad a una esencia femenina
responsable de la
decadencia de la civilización patriarcal, Groddeck preconizaba, por el
contrario, la necesidad de
encontrar en cada s¿r humano una bisexualidad original, reprimida en la religión
judía por la
práctica de la circuncisión. A sus ojos, esta práctica habría
favorecido la afirmación de una
unisexualidad del hombre, y el rechazo de su esencia femenina frente a un Dios
bisexual y
omnipotente. Con esta hostilidad a la religión del padre, y en nombre de
una búsqueda mesiánica
de la feminidad, única capaz de salvar a la humanidad, Groddeck rechazaba
la judeidad por
razones opuestas a las de Weininger. No obstante, la problemática era la
misma: por un lado, el
judío era asimilado a una mujer, y todo el mal de la civilización
provenía de la feminidad; por el
otro, el judío encarnaba el mal por rechazar los beneficios de lo femenino.
Desde el punto de vista clínico, Groddeck prefiguró a los posfreudianos
que se interrogaron
sobre el origen de la psicosis, la naturaleza de la bisexualidad y la forma preedípica
de la
relación con la madre. De allí la proximidad de su trayecto con
el de los culturalistas
norteamericanos especialistas en esquizofrenia, como Harry Stack Sullivan.
En 1934, después de haber criticado severamente al régimen hitlerista,
Groddeck abandonó
Alemania para dirigirse a Suiza, y murió cerca de Zurich, asistido por
el psiquiatra Maeder Boss.
Los grandes representantes freudianos de la medicina psicosomática, como
Franz Alexander y
Alexander Mitscherlich, no retuvieron nada de la doctrina de Groddeck, considerada
extravagante e incompatible con los desarrollos de la biología moderna.
Y fue en Francia, entre
1975 y 1980, donde se exhumó finalmente a este personaje romántico,
gracias el inmenso
trabajo de su traductor, Roger Lewinter, que debió enfrentar una polémica
injusta sobre el
supuesto racismo de su héroe. Así, en pleno período de crisis
interna en el movimiento
psicoanalítico francés, Groddeck resurgió con los rasgos
de un simpático disidente entrampado
en la temible tiranía del maestro. En cuanto a sus teorías, fueron
curiosamente aproximadas a las
de Jacques Lacan sobre el lenguaje y la palabra. Más tarde se les dejó
de prestar atención.
Gross Otto (1877-1920).
Psiquiatra austríaco
Gross Otto (1877-1920). Psiquiatra austríaco
Gross Otto
(1877-1920) Psiquiatra austríaco
fuente(136)
Las relaciones de Sigmund Freud con Wilhelm Fliess y Hermann Swoboda demuestran
hasta qué
punto el movimiento psicoanalítico, sobre todo en los inicios, estuvo marcado
por la temática del
plagio, el robo de ideas, la droga y la locura. El "affaire Otto Gross", así
como los que implicaron
a Viktor Tausk y Sabina Spielrein, se contaron entre los más violentos
de estos episodios.
Nacido en Feldbach, en Estiria (Austria), Otto Gross era hijo del jurista Hans
Gross 1847-1915),
uno de los fundadores de la criminología. Desde su infancia presentó
signos de desequilibrio
mental, a los cuales el padre, muy rígido, no supo aportar ninguna respuesta.
Soñando con
hacer de su hijo un partidario de sus teorías sobre el diagnóstico
antropológico precoz de los
criminales, lo orientó hacia el estudio de la psiquiatría. Pero
al día siguiente de obtener su
doctorado, Otto Gross se alistó como médico de a bordo en los paquebotes
de la línea
Hamburgo-América del Sur. En busca de identidad, se entregó a diversas
drogas: cocaína, opio,
morfina. Al volver, después de diferentes períodos de práctica
en clínicas neurológicas de
Múnich y Graz, se sometió a una primera cura de desintoxicación
en la Clínica M Burghölzli,
donde trabajaba Carl Gustav Jung bajo la dirección de Eugen Bleuler.
En 1903 se casó con Frieda SchIoffer y, a través de ella, conoció
a Marianne Weber, la esposa
del sociólogo Max Weber (1864-1920), y a las dos hermanas Von Richtofen,
Else y Frieda. Una
estaba casada con el economista Edgar Jaffé, y la otra con el filósofo
francés Ernest Weekley, a
quien dejó en 1912 para casarse con el escritor David Herbert Lawrence
(1885-1926).
Designado Privatdozent y agregado de psicopatología, Gross se convirtió
en asistente de Emil
Kraepelin en Múnich, y se entusiasmó con la obra freudiana. Después
de conocer a Freud, se
orientó hacia la práctica del psicoanálisis, frecuentando
el ambiente intelectual del barrio de
Schwabing, donde se mezclaban a principios de siglo los discípulos de Stefan
George
(1868-1933) y de Ludwig Mages (1872-1956): "El nietzscheanismo tomaba allí
la forma de una
metafísica del «eros cosmogóñico» -escribió
Jacques Le Rider- en el que se ponía de manifiesto
la nostalgia de un dionisismo arcaico inspirado en las investigaciones mitológicas
de Bachofen
sobre el «matriarcado» de las culturas anteriores al surgimiento del racionalismo
griego.
Gross se sumó a la causa del psicoanálisis a través de este
culto, y preconizando el inmoralismo
sexual. En esa época tenía relaciones simultáneas con las
dos hermanas Richtofen. En 1906, en
Ascona, se vio mezclado en el suicidio de Lotte Chattemer, una militante anarquista.
Se
sospechó que había proporcionado drogas a la joven, y que la había
alentado en su proyecto de
quitarse la vida. En 1907, tres años después de su primer encuentro
con Freud, publicó una
obra, La ideogenidad freudiana - Y su significación en la alienación
maníaco-depresiva de
Kraepelin, en la cual relacionaba el concepto freudiano de clivaje (Spaltung)
con el de
disociación de Kraepelin. Propuso asimismo reemplazar la expresión
dementia praecox por
dementia sejunctiva, tomada al psiquiatra Karl Wernicke ( 1848-1905), para
expresar la idea de
disyunción, abriendo así el camino al concepto bleuleriano de esquizofrenia.
Un año más tarde,
por pedido del padre, fue internado en la Clínica del Burghölzli,
para una segunda cura de
desintoxicación.
En realidad, Gross era visto a la vez como un discípulo de la tribu freudiana
y como un enfermo
peligroso. Por pedido de Freud, Jung lo tomó en análisis y, a lo
largo de sus cartas, fue dándole
cuenta del desarrollo de esa extraña cura. Sin dejar de elogiar los méritos
de Gross como
teórico, Jung formuló dos diagnósticos sucesivos: neurosis
obsesiva y demencia precoz. Ernest
Jones, por su parte, habló más tarde de esquizofrenia. Rotulado
entonces -como enfermo
mental, Gross se convirtió en un cobayo entrampado entre un maestro y un
discípulo que a su
vez era un futuro disidente. Él le permitió a Jung sostener ante
Freud la validez de la noción de
demencia precoz, a la cual el maestro se resistía. El tratamiento terminó
en un desastre: Gross
huyó de la clínica y se hizo atender, sin más éxito,
por Wilhelm Stekel. Muy pronto los partidarios
de la causa freudiana pasaron a considerarlo un extremista peligroso, capaz de
perjudicar al
movimiento: disoluto, inmoral, anarquista, violentamente apegado a la temática
de la revolución
por la sexualidad. Freud lo dejó sin miramientos: "Lamentablemente, no
hay nada que decir de él;
ha caído, y sólo le hará mucho daño a nuestra causa".
A pesar de ese rótulo, Gross continuó practicando el psicoanálisis
y pretendiéndose freudiano.
En 1908, después de escandalizar atendiendo a una joven rebelada contra
la autoridad de los
padres, vivió con Sophie Benz, pintora y anarquista que se suicidó
en 1911. Nuevamente
acusado de incitación al suicidio, después internado varias veces,
y finalmente perseguido por la
policía, que no dejó de acosarlo por "actividades subversivas",
Otto Gross terminaría su vida
errante en una calle de Berlín, muerto de frío y hambre.
Ninguno de los grandes personajes de la "izquierda freudiana" (desde Wilhelm Reich
hasta Otto
Fenichel) habría de rendir homenaje a esta figura maldita de la rebelión
antiautoritaria. Fueron
escritores como Max Brod (1884-1968), Blaise Cendrars (1887-1961), y en particular
Franz
Kafka (1883-1924), más sensible que otros a la relación padre/hijo,
quienes iban a saludar la
memoria de ese hombre que había perturbado tanto el orden moral del freudismo
naciente, y
cuya obra reflejaba el trastorno sufrido por la sociedad occidental a principios
de siglo: "Yo he
conocido muy poco a Otto Gross -escribió Kafka- pero sentí que algo
importante me tendía la
mano sobre un fondo de ridículo, El aspecto desamparado de su familia y
sus amigos (su mujer,
su cuñada e incluso el niño de pecho misteriosamente silencioso
en medio de las bolsas de viaje
-no había riesgo de que se cayera de la cuna cuando estaba solo-, que bebía
café negro, comía
fruta y todo lo que uno quisiera) me hacía pensar un poco en el desconcierto
de los discípulos
de Cristo al pie del crucificado."
Grupo analítico de
reflexión
Grupo analítico de reflexión
Grupo analítico de reflexión
fuente(137)
Definición
El Grupo Analítico de Reflexión
se presenta como un espacio para dilucidar y conceptualizar los
procesos inconscientes que se juegan en los grupos, en su atravesamiento institucional.
Se crean condiciones que hacen posible la observación y experimentación
de conductas
vinculadas a la pertenencia a grupos en instituciones.
La función del coordinador consiste en interpretar los dinamismos grupales
que irán surgiendo.
En ciertos casos lo acompaña un observador no participante que integra
el equipo de
coordinación, cuya tarea será devolver al grupo, en los momentos
finales de la sesión, una
síntesis de su observación.
"El foco está puesto en lo que el agrupamiento produce en los agrupantes,
más que en lo que
éstos llevan al grupo en función de su experiencia individual".
(M. Bernard).
Origen e historia del término
Recurriendo a los antecedentes del Grupo Analítico
de Reflexión, encontramos una vertiente en
Estados Unidos, en los desarrollos de los Laboratorios Nacionales de Entrenamiento,
que surgen
en la década del 40'.
Dice Kenneth Benne, al respecto: "Si se lograba que los miembros de un grupo se
enfrentaran
de manera más o menos objetiva con los datos acerca de su propia conducta
y con sus efectos,
y que participaran despojados de defensas en la reflexión de esos datos,
podrían llegar a
aprender cosas muy significativas sobre ellos mismos, sobre las respuestas de
los demás y
sobre la conducta y evolución del grupo en general".
Otros tipos de talleres fueron los llamados Grupos de Entrenamiento de Habilidades
Básicas
(Basic Skills Training Grotips) o Grupos BST, cuyo objetivo era ofrecer un espacio
para el
aprendizaje y conceptos inherentes al agente de cambio, para después trasladarlas
a sus
estructuras organizacionales o comunitarias.
Luego los Training Groups (Grupos T) pusieron el acento en los sucesos
interpersonales que
tenían lugar entre los integrantes. "El lenguaje de interpretación
usado para el esclarecimiento de
los hechos se volvió más psicoanalítico y menos sociológico".
(K. Benne). En Argentina, un
antecedente importante es el de los Grupos Operativos que surgen con Pichon Rivière,
en la
década del 50', definidos como grupos centrados en la tarea. El objetivo
era la elaboración de las
ansiedades generadas en el trabajo con pacientes psiquiátricos y la elaboración
de los
conflictos surgidos en el ámbito asistencial.
Relata A. Dellarossa que por esa época "un conjunto de psicoanalistas de
Buenos Aires había
realizado una experiencia con los médicos residentes de Psiquiatría
del Instituto Borda,
consistente en formar con ellos grupos especiales que se denominaron Grupos de
Reflexión.
El objetivo de la formación de estos grupos era que permitieran elaborar
las tensiones que se
generaban en la labor con los pacientes psiquiátricos y en las distintas
actividades con los
profesores y coordinadores de la institución asistencial.
Dos de los coordinadores de esos grupos, M. Bernard y F. Ulloa, que integraban
también la
Comisión Directiva de la Asociación Argentina de Psicología
y Psicoterapia de Grupo,
propusieron la aplicación de un programa similar para el Curso de Formación
sistemática en la
Coordinación de grupos en general y Grupos terapéuticos en particular.
Esta experiencia formativa fue retomada entonces por G. Ferschtut, N. Helman y
A. Dellarossa.
El objetivo fue "permitir la elaboración de las tensiones engendradas por
todas las actividades
del curso, y por lo tanto no debía esperarse que los Grupos de Reflexión
cumpliesen funciones
terapéuticas". El material de las reuniones no debía ser divulgado
por los coordinadores, para
ofrecer a sus integrantes el mayor grado de libertad. Estos grupos no tenían
un fin evaluativo.
En este contexto, el trabajo en equipo con A. Dellarossa comienza con la fundación
del Instituto
de Técnicas Grupales de la AAPPG, donde se desarrollaron los Grupos de
Reflexión con un
objetivo formativo a partir de 1972.
últimamente en Francia, el grupo del C.E.F.F.R.A.P., que integran entre
otros D. Anzieu, R. Kads,
J. Missénard, surgen los Grupos de diagnóstico que forman parte
de los seminarios de
Formación en tanto tienden hacia un diagnóstico de la percepción
de los fenómenos de grupo.
Desde hace varios años, el Grupo de Reflexión constituye uno de
los pilares de la Formación, en
el Instituto de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares de la Asociación
Argentina de
Psicología y Psicoterapia de Grupo. El objetivo es el trabajo con la subjetividad
del analista inserto
en una configuración vincular.
Desarrollo desde la perspectiva vinvular
En un Grupo de Reflexión no hay un tema
prefijado. El tema lo va construyendo el grupo mismo.
La ausencia de una situación estructurada se constituirá en el motor
a través del cual el grupo
se irá creando a sí mismo.
Sus integrantes son sujetos y objetos de la experiencia de estar insertos en una
configuración
vincular y esto les permite captar las vicisitudes por las que atraviesa la pertenencia
a un grupo.
El encuadre da lugar a un espacio poco definido que promueve la regresión.
Las distintas
intervenciones del coordinador desde su función interpretante, dan lugar
a un análisis del
desarrollo grupal y a la elaboración de las tensiones que resultan del
agrupamiento.
Es decir que el coordinador centra su interpretación en los dinamismos
vinculares que se
desarrollan en el grupo. Si en algún momento surgen elementos de la historia
personal, éstos
serán entendidos a la luz de lo que está sucediendo en el grupo.
Esto implica que no hay temas
que resulten no pertinentes, para este instrumento.
El objetivo-tarea del Grupo de Reflexión es aprehender el funcionamiento
vincular. Es inherente a
estas situaciones la movilización de fantasías relacionadas con
la construcción y reconstrucción
de la propia identidad. Se inscriben así fantasías vinculadas con
los orígenes.
La articulación de los polos de fusión y discriminación que
se pone en juego en la pertenencia
institucional muestra un despliegue de la fantasmática originaria que,
al presentar un carácter
universal (ver "Fantasías Originarias"), se constituye fácilmente
en un organizador grupal.
L. Edelman y D. Kordon diferencian distintos tipos de Grupos de Reflexión:
-Grupos cuyos miembros comparten una tarea en un ámbito físico o
institucional formalizado.
-Grupos cuyos miembros comparten una problemática determinada.
-Grupos cuyos miembros comparten una problemática y abordan una tarea común
en función de
ella, habitualmente a partir de una crisis social.
-Grupos que permiten el entrenamiento e investigación de la grupalidad
en sí misma (grupos de
formación).
En la constitución de un Grupo Analítico de Reflexión confluyen
la demanda de los participantes
y el deseo del coordinador.
En la demanda de los participantes podemos detectar, más allá del
objetivo consciente que los
reúne, una demanda de reconocimiento de un lugar en el grupo, (el "contrato
narcisista", en Piera
Aulagnier) y al mismo tiempo los conflictos frente a las exigencias que implica
la vincularidad.
El coordinador, a través de su deseo, es instituyente del grupo. Ocupará
un lugar peculiar,
distinto, según pertenezca a la Institución o sea externo a la misma,
lugar que también deberá
ser objeto de análisis.
El Grupo Analítico de Reflexión ofrece la posibilidad de observar
el interjuego de los dinamismos
tanto en lo que hace al dispositivo analítico en sí como al lugar
que ocupa ese grupo en el
contexto y en el imaginario de la institución o comunidad en donde está
inscripto. La pertenencia
a un sistema social, a través de las instituciones que lo conforman, estructurantes
pero también
a veces alienantes, implica necesariamente un cierto grado de renuncia, un borramiento
de una
parte de sí mismo. Se manifiesta una tendencia a buscar un ilusorio estado
a-conflictivo.
En ciertos casos, este "borramiento" resulta excesivo, en tanto se pierde la capacidad
no sólo
de sostener las propias ideas, sino hasta de reconocer o registrar ciertas situaciones
de
malestar.
La sensación de malestar puede volverse un ingrediente "natural" de la
tarea, y deja de ser
registrada como tal, como modo de negar conflictos en una pertenencia que a veces
resulta
imprescindible sostener. Esto tiene que ver con la identidad de pertenencia.
En efecto, en las instituciones quedan depositados los aspectos más indiferenciados
de sus
integrantes, a modo de un encuadre mudo que irrumpe en situaciones de crisis.
Sin embargo, las cuestiones vinculadas a la pertenencia grupal e institucional
pueden trabajarse
antes de que surjan situaciones catastróficas.
En ese sentido, el Grupo de Reflexión es un dispositivo especialmente indicado
para el trabajo
analítico en los grupos inscriptos en forma relativamente estable en una
institución, donde las
vicisitudes de la pertenencia revisten una especial importancia (grupos de formación,
equipos
que comparten una actividad o un trabajo en las más variadas instituciones).
La posibilidad de que lo implícito institucional se vuelva explícito
en el grupo, puede dar lugar a la
resignificación de situaciones conflictivas "naturalizadas" al servicio
de no alterar la pertenencia.
Esto constituye una verdadera "puesta en crisis", una "desnaturalización",
que lleva a trabajar el
entrecruzamiento de los distintos planos de la trama institucional que se juegan
en la pertenencia
a un grupo.
Puede tener el efecto de cese de una continuidad nociva, alienada, poniendo en
juego la
posibilidad de un resquicio, de una interrogación. A su vez, da lugar a
la recuperación en el
espacio simbólico de los elementos no simbolizados o desimbolizados que
se encuentran
sumergidos o enquistados. Estos "restos" no metabolizados, si quedan enquistados
pueden
resultar "tóxicos" y actuar como elementos potencialmente destructivos.
Pero su toxicidad no
depende de su contenido sino justamente del hecho de quedar escindidos" (Roussillon).
El Grupo Analítico de Reflexión permite revisar los efectos de una
pertenencia grupal e
institucional a veces cercana al polo de la alienación, enfrentando ese
cambio dentro de un
marco de contención representado por el grupo.
Este puede constituirse entonces en una red de sostén virtual que
dará lugar a una pertenencia
más autónoma, a modo de un efecto aparentemente paradójico
ligante-desligante: sentirse
perteneciente para poder individualizarse.
Efectos positivos de la pertenencia
Esta red de sostén virtual implica no
necesitar tener el grupo siempre presente para sentirse
perteneciente a él. Es una modalidad de pertenencia que da lugar al surgimiento
y la aceptación
de diferencias, pero que también favorece el reconocimiento de los vínculos
y su carácter
permanentemente estructurante.
En la Formación en Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares,
el Grupo de Reflexión da
lugar al trabajo con la subjetividad del analista y le permite captar las vicisitudes
de estar inserto
en una de ellas: el grupo.
"...el objetivo formativo de los métodos de grupo es una meta individual
para una mejor
realización de las propias potencialidades" (D. Anzieu).
El trabajo con Grupos de Reflexión en las Instituciones, favorece el despliegue
de la
potencialidad vincular y el sostenimiento de un lugar subjetivo para sus integrantes.
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