Quantum de afecto
Al.: Affektbetrag.
Fr.: quantum d'affect.
Ing.: quota of affect.
It.: importo o somma d'affetto.
Por.: quota o soma de afeto.
     
fuente(1)
Factor cuantitativo postulado como substrato del afecto vivido subjetivamente, para designar lo
que permanece invariable en las diversas modificaciones de éste: desplazamiento, separable de
la representación, transformaciones cualitativas.
El término «quantum de afecto» es uno de los que expresan la hipótesis económica de Freud. El
mismo substrato cuantitativo se designa igualmente por términos tales como los de «energía de
catexis», «fuerza pulsional», «empuje de la pulsión», o «libido», cuando la pulsión sexual es la
única que interviene. El término «quantum de afecto», Freud lo utiliza casi siempre, cuando trata
del destino del afecto y de su independencia con respecto a la representación: «En las
funciones psíquicas es posible diferenciar algo (quantum de afecto, suma de excitación) que
posee todas las propiedades de una cantidad (aun cuando no estemos en condiciones de
medirla), algo que puede aumentar, disminuir, desplazarse, descargarse, y que se extiende
sobre las huellas mnémicas de las representaciones como una carga eléctrica por la superficie
de los cuerpos».
Como indica Jones, «la concepción de un afecto independiente y capaz de separarse difiere
mucho de la antigua creencia en un «tinte "afectivo(2)"». El concepto de quantum de afecto no
es descriptivo, sino metapsicológico: «El quantum de afecto corresponde a la pulsión en la
medida en que ésta se ha separado de la representación y encuentra una expresión adecuada a
su magnitud en los procesos que percibimos como afectos». No obstante, se encuentran en
Freud ejemplos de utilización más laxa de los dos términos (afecto y quantum de afecto), en la
que desaparece su oposición, que es esquemáticamente la que existe entre cualidad y cantidad.


Racionalización
Racionalización
Racionalización
Al.: Rationalisierung.
Fr.: rationalisation.
Ing.: rationalization.
It.: razionalizzazione.
Por.: racionalizaoção.


     
fuente(3)
Procedimiento mediante el cual el sujeto intenta dar una explicación coherente, desde el punto de
vista lógico, o aceptable desde el punto de vista moral, a una actitud, un acto, una idea, un
sentimiento, etc., cuyos motivos verdaderos no percibe; especialmente se habla de la
racionalización de un síntoma, de una compulsión defensiva, de una formación reactiva. La
racionalización interviene también en el delirio, abocando a una sistematización más o menos
marcada.
Este término fue introducido en el lenguaje psicoanalítico corriente por E. Jones, en su artículo La
racionalización en la vida cotidiana (Rationalization in everyday life, 1908).

La racionalización constituye un procedimiento muy corriente, que abarca un amplio territorio que
se extiende desde el delirio hasta e¡ pensamiento normal. Dado que toda conducta puede admitir
una explicación racional, a menudo resulta difícil decidir si ésta es insuficiente. Especialmente en
la cura psicoanalítica, se encuentran todos los grados intermedios entre dos extremos: en
algunos casos, resulta fácil mostrarle al paciente el carácter artificial de las motivaciones
invocadas, incitándole así a no contentarse con ellas; en otros casos, los motivos racionales son
particularmente sólidos (los analistas conocen las resistencias que pueden ocultarse, por
ejemplo, bajo «el recurso a la realidad»), pero incluso entonces puede resultar útil ponerlos
«entre paréntesis» para descubrir las satisfacciones o las defensas inconscientes que se
sobreañaden.
Como ejemplo del primer caso, se encuentran racionalizaciones de síntomas, neuróticos o
perversos (por ejemplo, conducta homosexual masculina que se intenta explicar por una
superioridad intelectual y estética del hombre), de compulsiones defensivas (ceremonial
alimentario que se explica, por ejemplo, por preocupaciones higiénicas).
En el caso de rasgos de carácter o de comportamientos muy integrados al yo, resulta más difícil
hacer que el sujeto se dé cuenta del papel desempeñado por la racionalización.
Habitualmente la racionalización no se clasifica entre los mecanismos de defensa, a pesar de su
función defensiva patente. Ello es debido a que no se dirige directamente contra la satisfacción
pulsional, sino que viene más bien a disimular secundariamente los diversos elementos del
conflicto defensivo. Así, pueden racionalizarse defensas, resistencias en el análisis,
formaciones reactivas. La racionalización encuentra firmes apoyos en ideologías constituidas,
moral común, religiones, convicciones políticas, etc., viniendo el superyó a reforzar aquí las
defensas del yo.
La racionalización es equiparable a la elaboración secundaria, que somete las imágenes del
sueño a un guión coherente.
En este sentido limitado intervendría, según Freud, la racionalización en la explicación del delirio.
Freud, en efecto, le niega la función de crear temas delirantes, oponiéndose así a una
concepción clásica que considera, por ejemplo, la megalomanía como una racionalización del
delirio de persecución («debo ser un gran personaje para merecer ser perseguido por seres tan
poderosos»).
Intelectualización es un término afín al de racionalización. Sin embargo, deben diferenciarse
entre sí.
Racionalización
Racionalización
     
fuente(4)
Cuando una sugestión hecha durante la hipnosis tiene efecto a posteriori y provoca un acto
sorprendente en un sujeto, éste da a menudo como pretexto un motivo plausible, a fin de
aparentar coherencia en su conducta. El mismo fenómeno se produce cada vez que una
explicación de apariencia racional sirve para justificar un propósito o un acto cuya determinación
inconsciente permanece desconocida. Esto es lo que se llama racionalización, desde que Jones
utilizó este término en 1908, en su primer artículo psicoanalítico, «La racionalización en la vida
cotidiana». Se trata por lo tanto de un procedimiento de camuflaje que, como la elaboración
secundaria del sueño, sería el resultado de una coacción tendiente a sostener la unificación del
yo: el sujeto intenta en efecto establecer el dominio sobre sus pensamientos y sus síntomas, lo
que enmascara la causa inconsciente de estos últimos, e instituye una lógica de apariencia.
Esta razón impuesta se opone entonces al reconocimiento de la racionalidad de los fenómenos
ligados al saber inconsciente, que supera al sujeto o se le escapa. Y, desde luego, la
construcción de una teoría es propicia a la racionalización: la racionalización no puede
desbaratarse en la elaboración analítica mas que en cuanto esta elaboración es capaz de poner
en cuestión lo que en ella misma hace huella de los efectos del inconsciente.



Racker Heinrich (o Enrique)
(1910-1961) Médico y psicoanalista argentino
     
fuente(5)
De origen polaco, Heinrich Racker estudió en Viena, donde practicó también el arte de la música.
Analizado primero.por Jeanne Lampi-De Groot, emigró a la Argentina en 1939, instalándose en
Buenos Aires, donde retomó su formación didáctica, primero con Ángel Garma y después con
Marie Langer. Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) desde 1947, se interesó
por la antropología, la filosofía, la estética y la historia de las religiones, antes de convertirse en
un teórico de la contratransferencia y llamar la atención -desde una perspectiva bastante
cercana a la de Paula Heimann y Margaret Little- sobre la necesidad de analizarla bien en el
curso de la cura didáctica. Cuando murió, se le puso su nombre a un centro de investigaciones y
formación en el análisis didáctico, donde también se han estudia do las grandes obras de la
historia del movimiento psicoanalítico.


Rado Sandor (1890-1972)
Psiquiatra y psicoanalista norteamericano
     
fuente(6)
Amigo de Sandor Ferenczi y cofundador, en 1913, de la Sociedad Psicoanalítica de Budapest,
Sandor Rado perteneció a la generación de los pioneros del freudismo. Amante de la buena
mesa y gran seductor de mujeres, le gustaba conquistar a las de su entorno inmediato. Por otra
parte, tenía una concepción antiigualitaria de la diferencia de los sexos, y llegó incluso a retomar
de manera caricaturesca la tesis del falocentrismo, afirmando que las niñas renunciaban a la
masturbación porque reconocían la superioridad del pene, o incluso que transformaban la
decepción ligada a la falta del órgano masculino en una propensión al masoquismo. En virtud de
esta tesis fue atacado por Karen Horney.
En 1915, después de estudiar medicina y derecho, descubrió la obra de Sígrnund Freud, de
quien se convirtió en un discípulo fanático. Viajó entonces a Viena para escuchar las lecciones
del maestro, y muy pronto participó en la vida del movimiento psicoanalítico de Europa central.
Analizado por Erzsebet Revesz (1887-1923), a su vez analizada por Freud, se enamoró de ella
en el curso de la cura, y la desposó después de divorciarse de su primera mujer. En 1922 llegó a
Berlín, donde inició un segundo análisis con Karl Abraham. Desempeñó entonces un papel
importante en el seno del comité de formación del Instituto Psicoanalítico, y muy pronto se
convirtió en uno de los didactas brillantes de la International Psychoanalytical Association (IPA).
Formó a numerosos psicoanalistas, entre ellos Wilhelm Reich, Otto Fenichel y Heinz Hartmann. En
Berlín conoció a Helene Deutsch, con quien tuvo una relación tempestuosa cuando él acababa
de enterarse de la muerte brutal de su esposa. Afectada de una anemia perniciosa, Erzsebet
había sido atendida por Felix Deutsch, quien en esa ocasión dio libre curso a los celos que le
provocaba su rival.
Después de haberse casado con su primera analista, Rado también lo hizo con una de sus
analizantes, Emmy, lo que constituye un caso bastante raro de doble transgresión en la historia
de las filiaciones psicoanalíticas.
Apoyado por Freud, en 1924 pasó a ser redactor en jefe del Internationale Zeitschrift für Ps
ychoanalyse, y tres
años más tarde, de la revista Imago. En 1931, por invitación de Abraham
Arden Brill, se instaló en los Estados Unidos para organizar el nuevo Instituto de la New York
Psychoanalytic Society (NYPS) siguiendo el modelo del instituto de Berlín, y cuando el nazismo
se impuso en Alemania, ayudó a muchos psicoanalistas de Europa a emigrar al continente
americano. En esa época comenzó a distanciarse del freudismo.
Adepto de un biologismo radical y partidario de una integración pura y dura del psicoanálisis a la
medicina, se convirtió en uno de los grandes especialistas norteamericanos en toxicomanía,
alcoholismo, diversas adicciones y trastornos depresivos. De tal modo renunció a los principios
clásicos de la cura, para desarrollar una técnica activa, de tipo conductista, basada en la
reeducación emocional y en la renuncia al análisis de los mecanismos de represión y a la
rememoración del pasado. En septiembre de 1935 comenzó a criticar a la ciudad de Viena, a los
vieneses en el exilio y sobre todo a Anna Freud, al punto de que Helene Deutsch se inquietó por
la salud mental de Rado y pensó que estaba volviéndose psicótico.
Después de conflictos incesantes, sobre todo con Karen Horney, la dirección de la NYPS le
rehusó el título de didacta. Con Abram Kardiner, que no tenía la misma orientación que él pero
cuyos cursos eran tan seguidos como los de Rado, creó entonces, en 1942, una Asociación de
Medicina. Psicoanalítica. Cinco años más tarde los dos hombres fundaron un segundo instituto
psicoanalítico de formación, integrado a la facultad de medicina de Columbia. Éste fue más tarde
reconocido por la American Psychoanalytical Association (APsaA). Rado se apartó entonces
claramente de la ortodoxia freudiana norteamericana, para organizar en la New York School of
Psychiatry un programa de enseñanza clínica de inspiración biológica.
En sus recuerdos inéditos, depositados en la Universidad de Columbia, afirmó que Max Eitingon
era medio hermano de Leonid Eitingon, coronel de la KGB, lo que es falso.


Raknes Ola
(1887-1975) Psicoanalista noruego

     
fuente(7)
Filólogo y universitario, traductor de una parte de la obra de Henri Bergson (18591941), Ola
Raknes vivió en varios países de Europa y, contrariamente a su compatriota Harald Scbjelderup,
fue un freudiano siempre en disidencia. Después de algunos años de estudio en París, y más
tarde en Londres, volvió a Noruega. En 1927 presentó su tesis de doctorado en Oslo sobre el
tema del encuentro con lo sagrado, poniendo ya de manifiesto un interés muy vivo por el
freudismo. Al año siguiente, en Berlín, se orientó hacia el psicoanálisis después de una cura en
el diván de Karen Horney, cuyas tesis, en esa época, comenzaban a distanciarse M freudismo
clásico.
A principio de la década de 1930, junto a Schjelderup, con quien compartía el interés por la
psicología de las religiones, participó en el debate organizado en el ámbito psiquiátrico de Oslo,
acerca de la utilidad del psicoanálisis en el tratamiento de las neurosis y las psicosis. En 1933,
cuando Otto Fenichel se refugió en Noruega durante dos años, Raknes realizó con él un
segundo análisis. Después de haber participado en 1934 en la fundación de la Sociedad
Psicoanalítica Danesa-Noruega, se acercó a Wilhelm Reich, entonces inmigrante en Oslo. Se
convirtió en su amigo y colaborador. Lo mismo que otros terapeutas noruegos, fue apartándose
progresivamente del psicoanálisis y del freudismo. En 1947 renunció a la Norsk Psykoanalytisk
Forening (NPF) para practicar la orgonoterapia.


Rambert Madeleine
(1900-1979) Psicoanalista suiza
     
fuente(8)
Hija de un pastor, Madeleine Rambert comenzó a practicar el psicoanálisis de niños en el período
de entreguerras. Respaldada por Philipp Sarasin, se incorporó a la Sociedad Suiza de
Psicoanálisis (SSP) en 1942. Tres años más tarde publicó un libro con prefacio de Jean Piaget
(1896-1980), titulado La vie affective et morale de l'enfant. A través de relatos de casos, expuso
de qué modo la terapia con marionetas podía enriquecer la técnica psicoanalítica.


Ramos de Araújo Pereira
Arthur (1903-1949). Psiquiatra brasileño
Ramos de Araújo Pereira Arthur (1903-1949). Psiquiatra brasileño
Ramos de Araújo Pereira Arthur
(1903-1949) Psiquiatra brasileño
     
fuente(9)
Nacido en Alagoas, Arthur Ramos estudió en la Facultad de Medicina de Salvador de Bahía, y
después se orientó hacia la psiquiatría y la criminología, antes de interesarse por la antropología,
las medicinas tradicionales afro-brasileñas, y finalmente la doctrina freudiana. En 1926 publicó
una tesis sobre la locura en la cual citó a los principales representantes de la psiquiatría
dinámica moderna, criticando el pansexualismo de Sigmund Freud. Esto no le impidió intercambiar
con el maestro vienés algunas cartas entre 1927 y 1932, ni tampoco ser uno de los pioneros de
la introducción del psicoanálisis en su país, particularmente en Bahía, como antes de él lo había
sido Juliano Moreira.


Rank Otto, nacido Rosenfeld
(1884-1939). Psicoanalista austríaco
Rank Otto, nacido Rosenfeld (1884-1939). Psicoanalista austríaco
Rank Otto
Nacido Rosenfeld (1884-1939)
Psicoanalista austríaco
     
fuente(10)
Teórico de la renovación de la técnica psicoanalítica que cuestionó de modo radical la cura
clásica en provecho de una terapia llamada "activa", brillante especialista en filosofía, literatura y
psicoanálisis aplicado, clínico notable, Otto Rank fue el único autodidacto de los discípulos
freudianos de la primera generación. Espíritu independiente, hostil a todos los dogmatismos, fue,
lo mismo que Sandor Ferenczi, un artífice de la primera gran disidencia interna en la International
Psychoanalytical Association (IPA). Contrariamente a Alfred Adler, Carl Gustav Jung o Wilhelm
Stekel, él siguió siendo freudiano. Su posición crítica se afirmó a partir de 1923, una época en la
que el movimiento psicoanalítico, ansioso de conformismo, normalización y pragmatismo, estaba
adoptando ideales adaptativos contrarios a los del freudismo original.
Nacido en Leopoldstadt, en la periferia de Viena, Rank fue el tercero y último hijo de Simon
Rosenfeld, un joyero judío originario del Burgenland, y Karoline Fleischner, cuya familia provenía
de Moravia. A pesar de sus buenos antecedentes escolares, a los 14 años se vio obligado a
ingresar en un colegio técnico, a fin de adquirir una formación que lo destinaría a trabajar en una
fábrica: "Así crecí -escribió Rank en su Diario de un adolescente, inédito-, librado a mí mismo,
sin educación, sin amigos, sin libros".
Afectado muy pronto de un reumatismo articular agudo, el joven Otto sufría tanto por esa
dolorosa enfermedad como por su fealdad física y por la relación violenta que tenía con el padre,
alcohólico inveterado y predipuesto a graves crisis de cólera. Además, víctima en su infancia de
un intento de abuso sexual por parte de un adulto de su entorno, hacia los 20 años presentó
signos de neurosis: "Sufría una fobia -escribe James Lieberman, su biógrafo- que le impedía
tocar nada sin llevar guantes. Este miedo patológico a los microbios y las relaciones sexuales se
debía probablemente a su primera y traumática experiencia sexual"
Convertido en aprendiz de tornero, Otto Rosenfeld continuó solo su formación intelectual,
apasionándose por la literatura y la filosofía. Entre sus autores predilectos figuraban Friedrich
Nietzsche (1844-1900), Arthur Schopenhauer (1788-1860) y Henrik lbsen (1828-1906). En 1903
adoptó el seudónimo "Rank", tomado de un personaje de Casa de muñecas. Al adoptar esa
nueva identidad quería afirmar su independencia respecto del padre, a quien detestaba. Más
tarde se convirtió al catolicismo para legalizar su nuevo apellido. No obstante, totalmente ateo y
desprovisto de cualquier sentimiento de auto-odio judío, muy pronto renunció a renegar de su
origen y, en vísperas de su primer matrimonio, se reconvirtió al judaísmo para asumir su judeidad.
Comenzó a interesarse por las cuestiones que planteaba el psicoanálisis al leer la obra de Otto
Weininger Sexo - y carácter. En 1905, después de descubrir La interpretación de los sueños,
conoció a Alfred Adler, lo que le permitió tomar contacto con Sigmund Freud e integrarse muy
pronto a la Sociedad Psicológica de los Miércoles.
En 1906 pasó a ser el secretario de la sociedad, después de haber presentado una exposición
inaugural sobre el tema del incesto en la que ya aparecía la problemática de la novela familiar
desarrollada en su gran libro de 1909: El mito del nacimiento del héroe. El interés apasionado
que le suscitó el psicoanálisis y el encuentro con Freud, quien lo consideró de entrada como su
"hijo adoptivo", decidieron el destino del joven
Rank. Comenzó a escribir, se convirtió en intelectual, ingresó en la universidad y obtuvo en 1912
un doctorado en filosofía. A los 28 años había ya publicado cuatro libros sobre literatura, los
mitos y el incesto. Además fue de alguna manera el primer archivista de la historia del freudismo:
en efecto, se encargó de transcribir, a lo largo de la semana, las actas de las reuniones de la
Sociedad Psicológica de los Miércoles. Ese trabajo considerable sería publicado en cuatro
volúmenes por Hermann Nunberg entre 1962 y 1975.
Movilizado en 1915 (sin ningún entusiasmo de su parte), sirvió como redactor en un periódico de
Cracovia, ciudad del este del Imperio Austro-Húngaro. Allí conoció a Beata Mincer, una joven
polaca estudiante de psicología, de sobrenombre Tola. En octubre de 1918 se casó con ella, que
se convertiría en psicoanalista con el nombre de Tola Rank (1896-1967) y le daría una hija.
Al finalizar la Primera Guerra Mundial, Rank se había transformado en otro hombre. El antiguo
obrero autodidacto vivía en el centro de Viena y practicaba el psicoanálisis gracias a Freud, a
quien veneraba como a un padre, y quien le enviaba pacientes. Por lo demás, formaba parte del
pequeño círculo de los elegidos en el seno del Comité Secreto, y dirigía la Verlag, la editorial del
movimiento psicoanalítico creada gracias al dinero de Anton von Freund.
La derrota de los imperios centrales y la victoria de la Europa occidental sobre la Europa central
tuvo el efecto de reducir a nada la posición preponderante ocupada hasta entonces por Viena y
Budapest en la dirección de la IPA. Apoyado por los berlineses (Karl Abraham, Max Eitingon),
Ernest Jones se aplicó entonces a imponer los principios de una ortodoxia psicoanalítica.
En este contexto surgieron graves conflictos entre Rank, por un lado, y Jones y Abraham por el
otro. Melancólico desde muchos años antes, Rank atravesaba a menudo crisis depresivas
seguidas de estados de exaltación. Los notables del movimiento lo consideraron un "enfermo
mental", afectado de psicosis maníaco-depresiva. Celoso del afecto que le tenía Freud, y
preocupado por normalizar las modalidades del análisis didáctico, Jones se convirtió en el
principal adversario de Rank en el Comité Secreto. Ahora bien, en esa época Rank comenzó a
distanciarse de la doctrina freudiana clásica, al publicar, a principios de 1924, un libro
iconoclasta que lo haría célebre: El trauma del nacimiento. Allí sostenía que en el nacimiento todo
ser humano sufre un trauma principal que más tarde trata de superar, aspirando a volver al útero
materno. En otras palabras, convertía la primera separación biológica de la madre en el prototipo
de la angustia psíquica. Esta tesis, cercana a la que comenzaba a elaborar Melanie Klein, iba a
ser adoptada, con algunas variantes, por todos los representantes de la escuela inglesa: no sólo
por los kleinianos, que le dieron un contenido diferente, situando la angustia de separación en la
relación ambivalente del niño con el seno de la madre, sino también por los Independientes,
desde Donald Woods Winnicott hasta John Bowlby, quienes no cesaron de examinar el aspecto
biológico y existencial del fenómeno de la separación. Lejos de atenerse a una concepción
clásica del complejo de Edipo, Rank se interesó ya por la relación precoz (y preedípica) del niño
con la madre, y en la especificidad de la sexualidad femenina. Del interés por el padre, el
patriarcado y el Edipo clásico, pasó a una definición de lo materno y lo femenino, y por lo tanto a
una crítica radical del sistema de pensamiento del primer freudismo, demasiado basado a sus
ojos en el lugar del padre y el falocentrismo.
Ese mismo año, junto con Ferenczi, Otto Rank, en Perspectivas del psicoanálisis, atacó la
rigidez de las reglas psicoanalíticas y, dos años más tarde, en 1926, propuso una teoría llamada
de "terapia activa", preconizando curas cortas y limitadas de antemano en el tiempo, así como un
recentramiento en el presente: en lugar de llevar sin cesar al paciente a su historia pasada y a
su inconsciente, interpretando los sueños y el complejo de Edipo, Rank consideraba preferible
apelar a la voluntad consciente del analizante y aplicarla a su situación presente, a fin de
agudizar su deseo de curarse: única manera de hacerlo salir de la pasividad masoquista en la
cual se refugiaba de buena gana, Freud se opuso a la tesis de Rank en Inhibición, síntoma , y
angustia,
pero revisaría su posición en 1933, en las Nuevas conferencias de introducción al
psicoanálisis,
subrayando que Rank había tenido el mérito de poner de manifiesto la importancia
de la separación primera respecto de la madre.
No se necesitaba tanto para provocar la cólera de Jones, quien sin embargo en esa misma
época no vacilaba en respaldar las tesis kleinianas. Como Rank no era médico ni había sido
analizado, Jones y Abraham se precipitaron a explicar que sus teorías eran la consecuencia de
un conflicto no resuelto con el padre. Freud se complicó en el asunto, obligando a su discípulo a
realizar algunas sesiones.
Después de haber fingido someterse, y de iniciar una carrera fulgurante en los Estados Unidos,
donde formó a psicoanalistas y discípulos presentándose como freudiano, Rank fue llevado a
romper con su venerado maestro. En abril de 1926 lo visitó por última vez, llevándole las obras
completas de Nietzsche: veintitrés volúmenes encuadernados en cuero blanco. Abrumado de
dolor, pero siempre tan feroz en su manera de romper con sus mejores amigos, Freud escribió lo
siguiente en una carta a Ferenczi: "Le hemos dado mucho, pero en compensación él hizo mucho
por nosotros. Por lo tanto, estamos en paz. En su última visita no tuve la oportunidad de
expresarle el afecto particular que le tengo. Fui honesto y duro. Podemos hacerle la cruz.
Abraham tenía razón."
Víctima de una formidable campaña de calumnias orquestada por Jones, Harry Stack Sullivan y
sobre todo Abraham Arden Brill, quien lo trató públicamente de desequilibrado, el 10 de mayo de
1930 Rank fue excluido de la American Psychoanalytic Association (APsaA) y por lo tanto de la
IPA, en condiciones dramáticas. El ataque se produjo en Washington, en medio de una brillante
asamblea de psicoanalistas mudos e indiferentes, entre ellos Helene Deutsch, Sandor Rado y
René Spitz. Ese día, sólo Franz Alexander se negó a participar en el ajusticiamiento del gran
discípulo vienés. Más tarde, todos los alumnos norteamericanos formados por Rank fueron
conminados a volver al diván.
Convertido en Independiente, Rank continuó su trabajo de analista sin volverse antifreudiano.
Instalado en París con su mujer y su hija, conoció a Anais Nin (1903-1977), de la que fue el
segundo analista. Gracias al trabajo de Deirdre Bair, biógrafa de Anais Nin, en 1995 se conoció
la historia de esa relación.
Cuando Anais Nin fue a ver a Rank, salía de una cura desastrosa con René Allendy, que había
terminado en un acto de incesto: Anais se había convertido en la amante de su padre, Joaquín
Nin.
En un primer momento, Rank, mediante sus interpretaciones, le permitió sacar a luz la culpa
inconsciente que ella experimentaba por ese incesto, y desprenderse de su Diario, que le servía
de opio. Pero muy pronto se enamoró perdidamente de ella, y se convirtió en su amante. La
cubrió de regalos y le ofreció, en prenda de fidelidad, el famoso anillo con la piedra grabada que
Freud le había entregado en el momento de la creación del Comité Secreto. Después de partir a
Nueva York, donde atravesó una terrible crisis depresiva, Rank le suplicó que lo siguiera a
América. Ella se le unió y trató de hacer carrera como analista, con el deseo perverso de
destruir a Rank y al psicoanálisis. Instalada en el mismo departamento que él, recibía pacientes y
se acostaba con algunos de ellos en el diván, mientras Rank se ocupaba de sus propios
analizantes en la habitación contigua. La aventura terminó en una ruptura cuando Rank,
separado de Tola, se dio cuenta de que Ana»is no abandonaría a su marido. Ella volvió a París y
renunció al psicoanálisis.
Unas semanas después de la muerte de Freud, Rank falleció también, como consecuencia de
una septicemia consecutiva a una agranulocitosis debida a los efectos secundarios de las
sulfamidas con las que había sido tratado. Casado por segunda vez, feliz y definitivamente
instalado en los Estados Unidos, quería vivir en California, pero murió antes de obtener la
ciudadanía norteamericana.
En el tercer volumen de su biografía de Freud, Jones continuó persiguiéndolo con sus
imprecaciones, tratándolo de psicótico, maníaco y ciclotímico, abriendo de tal modo el camino a la
propagación de una leyenda según la cual habría muerto de locura en un asilo norteamericano. A
pesar de las refutaciones de su discípula Jessie Taft, publicadas en 1958, hubo que aguardar
los trabajos de la historiografía moderna, en particular los de Henri F. Ellenberger y sus
sucesores, para que se le restituyera a Rank el lugar eminente que le corresponde en la historia
del psicoanálisis.


Rank Otto Rosenfeld (llamado
Otto). Psicoanalista austríaco
Rank Otto Rosenfeld (llamado Otto). Psicoanalista austríaco
Rank Otto Rosenfeld
(llamado Otto) Psicoanalista austríaco
     
fuente(11)
(Viena 1884 - Nueva York 1939).
Uno de los primeros discípulos de S. Freud, orienta sus trabajos hacia los mitos y las leyendas.
Luego, muy ligado a Ferenczi, Rank contribuye con él a ampliar a las psicosis el campo del
psicoanálisis. La publicación, en 1924, de El trauma del nacimiento marca el principio de sus
divergencias con la ortodwda freudiana; recusa en ellas en efecto la función central del
complejo de Edipo en provecho de la angustia del nacimiento. En el plano de la técnica analítica,
Rank es partidario de las curas cortas, donde la rememoración cede su lugar en favor de una
operación de renacimiento.


Rascovsky Arnaldo
(1907-1995). Médico y psicoanalista argentino
Rascovsky Arnaldo (1907-1995). Médico y psicoanalista argentino
Rascovsky Arnaldo
(1907-1995) Médico y psicoanalista argentino
     
fuente(12)
Nacido en Córdoba en una familia de judíos rusos emigrados a la Argentina, Arnaldo Rascovsky
vivió en Buenos Aires desde 1914. Allí se orientó hacia la medicina, y después hacia la pediatría
y la endocrinología. En 1936 comenzó a interesarse por el psicoanálisis, leyendo las obras de
Sigmund Freud en alemán y, dos años más tarde, conoció a Enrique Pichon-Rivière, con quien
trabajaba en el Hospicio de Las Mercedes. Entusiasmados por el psicoanálisis, y con la idea
obsesiva de salvarlo del peligro fascista ofreciéndole una nueva tierra prometida, reunieron a su
alrededor a una familia de elegidos y pioneros, que constituyó el núcleo fundador del
psicoanálisis en la Argentina: entre ellos Luis Rascovsky, hermano de Arnaldo; Matilde
Wencelblat, su esposa; Simon Wencelblat, hermano de ésta; Arminda Aberastury, esposa de
Pichon-Rivière, Guillermo Ferrari Hardoy y Luisa Gambier Alvarez de Toledo.
Analizado en 1939 por Ángel Garma, Rascovsky fue uno de los fundadores de la Asociación
Psicoanalítica Argentina (APA). Allí presentó un trabajo sobre la sexualidad infantil. Más tarde
desempeñó numerosas funciones en la COPAL (futura FEPAL, o Federación Psicoanalítica de
América Latina), elaboró el concepto de psiquismo fetal y se interesó particularmente en el
filicidio, inspirándose en las tesis de Hermann Nunberg.


Rasgo [o trazo] unario
Rasgo [o trazo] unario
Rasgo [o trazo] unario
     
fuente(13)
(fr. trait unaire; al. einziger Zug). Concepto introducido por J. Lacan, a partir de Freud, para
designar al significante en su forma elemental y dar cuenta de la identificación simbólica del
sujeto.
Según Freud, cuando el objeto se pierde, el investimiento que se dirigía a él es remplazado por
una identificación que es «parcial, extremadamente limitada y que toma solamente un rasgo (al.
einziger Zug) de la persona objeto» (Psicología de las masas y análisis del yo, 1921). A partir de
esta noción freudiana de identificación con un rasgo único, y apoyándose en la lingüística de F.
de Saussure, Lacan elabora el concepto de rasgo unario.
Según Saussure, la lengua está constituida por elementos discretos, por unidades que sólo
valen por su diferencia. En ese sentido, Lacan habla de «ese uno al que se reduce en último
análisis la sucesión de los elementos significantes, el hecho de que ellos sean distintos y de que
se sucedan». El rasgo unario es el significante en tanto es una unidad y en tanto su inscripción
hace efectiva una huella, una marca. En cuanto a su función, está indicada por el sufijo «-ario»,
que evoca, por una parte, el conteo (este sufijo se emplea para formar sustantivos de valor
numeral) y, por otra parte, la diferencia (los lingüistas hablan de «rasgos distintivos binarios»,
«terciarios»).
Para explicar cómo entra en juego el rasgo unario, Lacan utiliza el siguiente ejemplo: ha
observado en el museo de Saint-Germain-en-Laye una costilla de animal prehistórico cubierta de
una serie de marcas, de rasgos que supone han sido trazados por un cazador, representando
cada uno de ellos un animal muerto. «El primer significante es la muesca, con la que por ejemplo
queda marcado que el sujeto ha matado un animal, por lo cual no lo confundirá en la memoria
cuando haya matado otros diez. No tendrá que acordarse de cuál es cuál, y los contará a partir
de este rasgo unario» (seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, 1964).
Que cada animal, cualesquiera que sean sus particularidades, sea contado como una unidad,
significa que el rasgo unario introduce un registro que se sitúa más allá de la apariencia sensible.
En ese registro, que es el de lo simbólico, la diferencia y la identidad ya no se basan más en la
apariencia, es decir, en lo imaginario. La identidad de los rasgos reside en que estos sean leídos
como unos, por irregular que sea su trazado. En cuanto a la diferencia, es introducida por la
seriación de los rasgos [o trazos]: los unos son diferentes porque no ocupan el mismo lugar.
Esta diferencia del significante consigo mismo cuando se repite es considerada por Lacan como
una de sus propiedades fundamentales. Ella hace que la repetición significante (el concepto
freudiano de repetición) no sea un eterno retorno.
El rasgo unario, en tanto permite el conteo, es el soporte de la identificación del sujeto. El niño,
efectivamente, no cuenta sólo objetos, se cuenta a sí mismo y muy pronto. «El sujeto, cuando
opera con el lenguaje, se cuenta, esta es su posición primitiva». Está implicado «de una manera
radicalmente constitutiva» en una actividad inconciente de conteo (seminario La identificación).
De este modo, si el niño se incluye en el número de sus hermanos diciendo, por ejemplo: «Tengo
tres hermanos, Pablo, Ernesto y yo», es porque «antes de toda formación de un sujeto, de un
sujeto que piensa, que se sitúa, ello cuenta, está contado, y en lo contado ya está incluido el que
cuenta» (Los cuatro conceptos fundamentales...). Sólo en un segundo tiempo se reconoce como
el que cuenta y que, por ello, puede descontarse. Estas operaciones, y particularmente su
capacidad para descontarse, hacen que el sujeto se identifique como uno.
A modo de ejemplo de las relaciones entre el conteo y la identificación, podemos citar un pasaje
de las Historias del buen Dios de R. M. Rilke. Una mujer termina así la carta dirigida al narrador:
«Yo y cinco niños más, incluyéndome». El narrador le responde: «Yo que también soy uno,
porque me incluyo».
El sujeto no es por lo tanto uno en el sentido en que el círculo o la esfera simbolizan la
unificación, sino uno corno el «vulgar palito» que es el trazo. La unificación, desde el punto de
vista psicoanalítico, es un fantasma, y la identificación no tiene nada que hacer con ella. Debe
destacarse también que la elaboración del rasgo unario es concomitante del trabajo de Lacan
sobre superficies de propiedades topológicas diferentes a las de la esfera: toro, cross-cap, etc.
(Seminario IX, 1961-62, «La identificación»).
La identificación con el rasgo unario es la identificación mayor. Freud, como se ha visto, muestra
que el sujeto se identifica con un rasgo único del objeto perdido. Lacan agrega que, si el objeto
es reducido a un rasgo, esto se debe a la intervención del significante. El rasgo unario por lo
tanto no es solamente lo que subsiste del objeto, también es lo que lo ha «borrado» (a este
respecto, es la encarnación del significante fálico, y también, por otra parte, su imagen). La
identificación con el rasgo unario, que es entonces correlativa de la castración y del
establecimiento del fantasma, constituye la columna vertebral del sujeto.
Identificado con el rasgo unario, el sujeto es un uno, idéntico en esto a todos los otros unos que
han pasado por la castración, incluido con ellos en el mismo conjunto. Pero ha adquirido también
la capacidad (de la que en general no se priva) de distinguirse de los otros haciendo valer su
singularidad a través de un solo rasgo, de un rasgo cualquiera. Es el «narcisismo de la pequeña
diferencia» descrito por Freud.
El rasgo unario, jalón simbólico, sostiene la identificación imaginaria. Cierto que la imagen del
cuerpo le es dada al niño en la experiencia del espejo, pero, para que pueda apropiársela,
interiorizarla, es necesario que entre en juego el rasgo unario, lo que requiere que pueda ser
captado en el campo del Otro. Lacan ilustra esta captación evocando el momento en que el niño
que se mira en el espejo se vuelve hacia el adulto en busca de un signo que venga a autentificar
su imagen. Este signo dado por el adulto funciona como un rasgo unario. A partir de él se
constituirá el ideal del yo.


Reacción terapéutica negativa
Reacción terapéutica negativa
Reacción terapéutica negativa
Al: negative therapeutische Reaktion.
Fr.: réaction thérapeutique négative.
Ing.: negative therapeutic reaction.
It.: reazione terapeutica negativa.
Por.: reação terapéutica negativa.
     
fuente(14)
Fenómeno observado en algunas curas psicoanalíticas y que constituye un tipo de resistencia a
la curación singularmente difícil de vencer: cada vez que cabría esperar, del progreso del
análisis, una mejoría, tiene lugar una agravación, como si ciertos individuos prefirieran el
sufrimiento a la curación. Freud atribuye este fenómeno a un sentimiento de culpabilidad
inconsciente inherente a ciertas estructuras masoquistas.
En El yo y el ello (Das Ich und das Es, 1923) Freud dio la descripción y el análisis más completos
de la reacción terapéutica negativa. En algunos pacientes «[...] toda resolución parcial que
debería tener como consecuencia (y la tiene realmente en otros) una mejoría o una desaparición
pasajera de los síntomas, provoca en ellos un aumento momentáneo de su sufrimiento; su
estado se agrava durante el tratamiento, en lugar de mejorar».
Ya anteriormente, por ejemplo, en Recuerdo, repetición y trabajo (Erinnern, Wiederholen und
Durcharbeiten, 1914),
Freud habia Ilamado la atención acerca del problema de «la agravación
durante el tratamiento». La proliferación de los síntomas puede explicarse por el retorno de lo
reprimido, lo cual viene favorecido por una actitud más tolerante respecto a la neurosis, o
también por el deseo del paciente de demostrar al analista los peligros del tratamiento.
En Historia de una neurosis infantil (Aus der Geschichte einer infantilen Neurose, 1918) Freud
habla también de «reacciones negativas»:
«Cada vez que se había resuelto radicalmente un síntoma, él [el hombre de los lobos] intentaba
negar por un momento el efecto mediante una agravación del síntoma»; pero sólo en El yo y el
ello
se propone una teoría más específica. Conviene distinguir entre la reacción terapéutica
negativa y otras formas de resistencia que podrían ser invocadas para explicar aquélla:
viscosidad de la libido, es decir, una particular dificultad para el sujeto de renunciar a sus
fijaciones, transferencia negativa, deseo de demostrar su propia superioridad frente al analista,
«inaccesibilidad narcisista», de algunos casos graves, e incluso beneficio de la enfermedad.
Según Freud se trata de una reacción invertida, prefiriendo el paciente, en cada etapa del
análisis, la persistencia del sufrimiento a la curación. Freud ve en ella la expresión de un
sentimiento de culpabilidad inconsciente muy difícil de sacar a luz: «[...] este sentimiento de
culpabilidad es mudo para el enfermo, no le dice que es culpable, el sujeto no se siente culpable,
sino enfermo».
Freud vuelve a ocuparse de esta cuestión en El Problema económico del masoquismo (Das
ökonomische Problem des Masochismus, 1924):
si, a propósito de la reacción terapéutica
negativa, es posible hablar de un beneficio de la enfermedad, ello se debe a que el masoquista
encuentra su satisfacción en el sufrimiento e intenta mantener a cualquier precio «cierto grado
de sufrimiento».
¿Es posible considerar la reacción terapéutica negativa como el efecto de una resistencia del
superyó? Tal parece ser la opinión de Freud, por lo menos en los casos en que se aprecia, en el
sentimiento de culpabilidad, algo « [...] tomado, es decir, el resultado de la identificación con otra
persona que previamente había sido objeto de una catexis erótica». En Inhibición, síntoma y
angustia (Hemmung, Symptom und Angst,
1926), Freud alude a la reacción terapéutica negativa
cuando invoca la resistencia del superyó.
Sin embargo, desde el comienzo Freud reservó un lugar para algo que no siempre es reductible
al papel del superyó y del masoquismo secundario, idea que encuentra su más clara expresión
en Análisis terminable e interminable (Die endliche und die unendliche Analyse, 1937), donde
la reacción terapéutica negativa se pone directamente en relación con la pulsión de muerte
(véase este término). Los efectos de ésta no se podrían localizar totalmente en el conflicto del
yo con el superyó (sentimiento de culpabilidad, necesidad de castigo); esto sería sólo «[...] la
parte que, por así decirlo, está ligada psíquicamente por el superyó y de este modo se vuelve
reconocible; otras cantidades de la misma fuerza pueden actuar, no se sabe dónde, en forma
libre o ligada». El hecho de que la reacción terapéutica negativa no pueda en ocasiones ser
superada ni incluso interpretada adecuadamente se explicaría porque su motivo último se hallaría
en el carácter radical de la pulsión de muerte.
Como se ve, la expresión «reacción terapéutica negativa» designa, por lo menos en la intención
de Freud, un fenómeno clínico específico en el cual la resistencia a la curación no puede
explicarse por los conceptos habitualmente invocados. Su carácter paradójico, irreductible al
funcionamiento (tan complejo como se lo suponga) del principio de placer, fue uno de los motivos
que condujo a Freud a la hipótesis del masoquismo primario (véase: Masoquismo).
Con todo, los psicoanalistas utilizan a menudo la expresión «reacción terapéutica negativa» de
forma más descriptiva y en un sentido menos limitado, para designar toda forma particularmente
intensa de resistencia al cambio en la cura.
Reacción terapéutica negativa
Reacción terapéutica negativa
     
fuente(15)
El desarrollo dedicado por Freud en 1923 a la reacción terapéutica negativa (negative
therapeutische Reaktion) en el capítulo V de El yo y el ello, titulado «Los vasallajes del yo» (Die
Abhüngigkeiten des Ichs) presenta esta noción quizá como más importante en cuanto a su
función operatoria en la economía de conjunto del pensamiento freudiano, y más precisamente
en la segunda tópica, que en cuanto a su significación práctica en lo que se puede denominar la
clínica de la cura. Desde este último punto de vista, «algunas personas -escribe Freud- se
comportan, en el curso del trabajo analítico, de una manera totalmente singular. Cuando uno les
da esperanzas y les demuestra que está satisfecho con la marcha del tratamiento, ellas parecen
descontentas y por lo común se agrava su estado. Al principio, atribuimos este hecho a una
manifestación de su espíritu de contradicción y al deseo de demostrar su superioridad sobre el
médico. Pero no se tarda en verificar que se trata de un fenómeno mucho más profundo. Se
advierte que no sólo estas personas son incapaces de elogiar y de reconocer, sino también que
reaccionan al progreso del tratamiento de una manera opuesta a la que se podría esperar con
toda lógica. Todo progreso parcial que debería tener como consecuencia (y que efectivamente la
tiene en otros) una mejoría o una desaparición pasajera de los síntomas, provoca en ellos un
agravamiento momentáneo de su dolencia, y su estado, en lugar de mejorar, empeora en el
curso del tratamiento. Ellas presentan pues lo que se llama «reacción terapéutica negativa». Los
análisis que siguen iluminan ciertos aspectos esenciales de funcionamiento del superyó.
Son, en efecto, abordados sucesivamente en una determinación conceptual progresiva del
fenómeno, los casos siguientes: «la hipermoralidad» del superyó por la agresividad vuelta desde
afuera hacia el sujeto; la identificación con el prototipo paterno; la desexualización e incluso la
sublimación concomitante. «Nuestras ideas acerca del yo comienzan a aclararse y sus
diferentes relaciones empiezan a aparecernos con más nitidez. Ahora conocemos al yo con
toda su fuerza y con todas sus debilidades. Está encargado de funciones importantes; por sus
relaciones con el mundo de la percepción, regula la sucesión de los procesos psíquicos en el
tiempo, y los somete a la prueba de realidad. Al hacer intervenir los procesos intelectuales,
obtiene un aplazamiento de las descargas motrices y controla las vías que conducen a la
motilidad. Esta última función es, no obstante, más formal que efectiva; el yo juega con respecto
a la acción el papel de un monarca constitucional cuya sanción se necesita para que una ley
pueda entrar en vigor, pero un monarca que vacila y reflexiona mucho antes de oponer su veto
a una propuesta del Parlamento. El yo se enriquece con todas las experiencias que recibe del
exterior. Pero el ello constituye su otro mundo exterior, al que intenta someter a su poder, Le
sustrae al ello la mayor cantidad posible de su libido, transforma los objetos de fijación libidinal
del ello en otros tantos avatares del yo. Con la ayuda del superyó, de una manera que para
nosotros es aún oscura, accede a las experiencias prehistóricas acumuladas en el ello.»
Así, en efecto, se encuentra abierta la vía para el estudio de la reacción terapéutica negatíva, en
la dirección de nuevas relaciones del superyó: relación con el ello, con la angustia, con la pulsión
de muerte, con la castración, con el masoquismo. El problema será retomado en 1937 en el
artículo «Análisis terminable e interminable», sobre la base del dualismo pulsional, sin que la
reacción terapéutica negativa intervenga explícitamente en su formulación. En esa fecha, en
efecto, las discusiones de las que esta noción representa una de las piezas más interesantes,
se anudan en torno a la innovación preconizada por la «técnica activa» de Ferenczi, desde la
perspectiva de la ambivalencia de la transferencia.


Reactiva (formación)
Reactiva (formación)
Reactiva
(formación)
     
fuente(16)
(fr.formation réactionnelle; ingl. reaction-formation; al. Reaktionsbildung). Comportamiento o
proceso psíquico de defensa, con valor de síntoma, movilizado por el sujeto como reacción a
ciertos contenidos o deseos inconcientes.
La formación reactiva expresa sobre todo de una manera manifiesta el componente defensivo
del conflicto. Mientras que, en la formación de compromiso, las dos fuerzas que se han
separado se encuentran de nuevo en el síntoma, en la formación reactiva es el proceso de
defensa el que predomina en su oposicion sistemática al surgimiento de mociones pulsionales
reprimidas. En este sentido, la formación reactiva tiene su origen esencialmente en el superyó.


Real
     
fuente(17)
El problema de la realidad aparece en Freud, desde una perspectiva biológica, en 1895, en la
sección 15 de la primera parte del texto de publicación póstuma titulado «Proyecto de
psicología». Se trata entonces de caracterizar simplemente la clave perceptiva por la cual el
organismo estaría en condiciones de asegurar una situación favorable a la descarga. «La fuerza
del deseo y la producción de displacer pueden por igual tener efectos biológicamente
perjudiciales cuando se renueva la investidura del recuerdo. Esto es lo que sucede en cuanto la
fuerza del deseo supera ciertos límites favoreciendo de tal modo una descarga. Es también lo
que sucede siempre que hay desprendimiento de displacer cuando la investidura de la imagen
mnérnica hostil emana (por asociación) del propio
Y, y no del mundo exterior. En este último
caso, es también un signo, el que debe permitir distinguir entre una percepción y un recuerdo (o
representación). Muy probablemente son las neuronas perceptivas las que proveen este signo:
un «signo de realidad». Toda percepción exterior produce siempre en o) una cierta excitación
cuantitativa que por sí misma no tiene ninguna acción sobre
Y. Por lo tanto, hay que añadir que
la excitación perceptual conduce a una descarga perceptual y que el anuncio de esta última (así
como de todos los otros tipos de descarga) alcanza a
Y. Es este anuncio de descarga
proveniente de o) lo que constituye para
Y un signo de cualidad o de realidad. Cuando el objeto
deseado está copiosamente investido, al punto de ser alucinatoriamente activado, se produce el
mismo signo de descarga o de realidad que se produciría en el caso de una percepción exterior.
En este caso falta el criterio.»
Más allá de este comentario biológico, el punto de vista propiamente psicoanalítico se
determinará en Freud por un doble movimiento. En un primer tiempo, estando ya adquirida como
sustituto de la satisfacción pulsional la noción de fantasía optativa, la realidad se definirá como la
vertiente externa de la frustración. Tal será la presentación -ya tradicional- que darán de la
realidad, en 1911, el artículo «Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico», o,
más tarde, la «Revisión de la doctrina de los sueños» (Conferencia nº 29, 1932).
No obstante, en esta fecha la incompletud subjetiva que consagra esa emergencia de lo real
está llamada a adquirir un valor positivo en el registro de la negación. En efecto, lo real
encontrará su dimensión teórica en el momento en que la negación reciba su fundamento de su
determinación temporal, según la formulación freudiana de 1924: es real no lo que es
encontrado, sino lo reencontrado. Ahora bien, si es cierto que lo real es lo reencontrado y que,
con respecto a un sujeto histórico, el objeto de deseo es por esencia el objeto perdido (la
«primera» presencia auxiliadora a la que en consecuencia le está interdicta la repetición), ese
real se definirá precisamente como lo imposible. En tal carácter, además, en su posición tópica
se caracterizará como ex-sistente (situado más allá de todo campo asignable). Finalmente, y en
cuanto le es de este modo conferido el estatuto de un vacío, se articulará en una representación
«borromea» con los vacíos constitutivos de lo simbólico y lo imaginario. Falta aún precisar las
razones de tal elaboración teórica.
En 1958, la ex-sistencia es atribuida por Lacan al deseo del sueño en tanto que inscrito en el
Otro con el aspecto de lo realizado (erfüllt): «el sujeto ha encontrado la estructura constituyente
de su deseo en la misma hiancia abierta por el efecto de los significantes en aquellos que vienen
a representar para él al Otro, en tanto que su demanda está sometida a ellos. Quizá se pueda
aquí entrever al pasar la razón de este efecto de ocultación que nos ha detenido en el
reconocimiento del deseo del sueño. El deseo del sueño no es asumido por el sujeto que dice
"yo" [Je] en su palabra. Articulado sin embargo al lugar del Otro, es discurso, discurso cuya
gramática Freud comenzó a enunciar como tal. Es así como los votos que constituye no tienen
flexión optativa para modificar el indicativo de su fórmula.
»Esto nos remitiría a una referencia lingüística, en cuanto que lo que se llama el aspecto del
verbo es aquí el de lo realizado (verdadero sentido de la Wunscherfüllung). Es esta ex-sistencia
(Entstellung) del deseo en el sueño lo que explica que la significación del sueño enmascare allí al
deseo, mientras que su móvil se desvanece por ser solamente problemático.»
Se observará que esta Entstellung es precisamente característica de la paranoia, en los términos
más antiguos de la correspondencia de Freud con Fliess. A lo cual hace eco la exterioridad de lo
real en el esquema R de Lacan.
En definitiva, la ex-sistencia de lo real como imposible se comprenderá entonces mejor a partir
del recurso a Heidegger. Paralelo sometido no obstante a una condición imperativa: que se
justifique en su alcance con respecto al psicoanálisis. Ahora bien, en este caso, y en el período
en que Lacan subraya la prevalencia ad~ quirida por lo real en su pensamiento después de lo
imaginario y lo simbólico, la imposibilidad que lo define es la de la relación sexual, manifestada
ella misma por la angustia de castración.
Real
Real
     
fuente(18)
adj.; a veces se usa como s. m. (fr. réel; ingl. real; al. [das] Reale). Lo que la intervención de lo
simbólico expulsa de la realidad, para un sujeto.
Según J. Lacan, lo real sólo se define con relación a lo simbólico y lo imaginario. Lo simbólico lo
ha expulsado de la realidad. No se trata de la realidad ordenada por lo simbólico, llamada por la
filosofía «representación del mundo exterior». Pero vuelve en la realidad en un lugar donde el
sujeto lo encuentra bajo la forma de algo que lo despierta de su estado ordinario. Definido como
lo imposible, es lo que no puede ser completamente simbolizado en la palabra o la escritura y, por
consiguiente, no cesa de no escribirse [juego de palabras con las categorías lógicas
aristotélicas; en este caso, lo imposible, como lo opuesto correlativo a lo necesario, implica
también una necesidad, la de escapar a lo simbólico en la repetición, pero marcando por
contraste, constantemente, lo que escapa al desplazamiento de lo simbólico, que vuelve como
trauma].
Lo real en su dimensión clínica. Análisis de un sueño de Freud por Lacan. Para el sujeto
moderno, Lacan ha dado a lo real un derecho de ciudadanía. Lo real de que habla se liga a la
estructura que forma con lo imaginario y lo simbólico, deducido esto de una atenta lectura de
Freud. El testimonio de que es impensable sin estos otros dos lo ofrece ya la primera elaboración
de Lacan sobre lo real. En La interpretación de los sueños (1900), Freud analiza un sueño
propio en el que aparece una de sus pacientes, Irma. Lacan reinterpreta este sueño, llamado
comúnmente «el sueño de la inyección de Irma». Y subraya la imagen terrorífica vista por Freud
al fondo de la garganta de su paciente: «grandes manchas blancas», «extraordinarias
formaciones en relieve», «y sobre ellas anchas escaras de un blanco grisáceo». Esta forma
compleja e insituable revela algo real último, ante lo cual todas las palabras se detienen: «el
objeto de angustia por excelencia», dice Lacan, para definir aquello que, tanto en el sueño de
Freud como en la teoría que nos ofrece, aparece como primero. Efectivamente, precede a lo
imaginario, que surge en el sueño bajo la forma de los personajes en los que el sujeto Freud se
proyecta con cierto desorden. Parece llamar a lo que al final del sueño va a dar estructura a esto
imaginario caótico junto a esto real innombrable: lo simbólico. El sueño en efecto concluye con
una fórmula química, que Freud ve ante sus ojos, impresa en gruesos caracteres. Ella manifiesta
la presencia de lo simbólico, y Lacan dice que viene aquí a apaciguar la angustia de Freud,
nacida de la visión de eso real. Es entonces en la relación estructural que mantiene lo real con lo
imaginario y lo simbólico en lo que insiste ya Lacan con esta elaboración, en su seminario sobre
«El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica», 1954-55, Seminario II (1978).
Lo real en la alucinación.
Por otra parte, en su Respuesta al comentario de Jean Hyppolite
sobre la «Verneinung» de Freud
(febrero de 1954; en Escritos, 1966), Lacan precisa por
escrito el alcance de esta relación estructural. «Lo que no ha venido a la luz de lo simbólico
reaparece en lo real». ¿En qué sentido? Para que lo real no se manifieste más de una manera
intrusiva en la existencia del sujeto, es necesario que sea tutelado por lo simbólico, como sucede
en el sueño. Para ello se requiere la afirmación inaugural (al. die Bejahung), en la que se
enraíza el juicio atributivo del sujeto del inconciente, que implica la afirmación de lo simbólico: su
reconocimiento por el sujeto. Este reconocimiento supone la castración y la asunción de la
función paterna, Si esto no llega a lo simbólico, toda la economía subjetiva resulta realmente
modificada, como sucede en las psicosis. «La castración (...) cercenada por el sujeto de los
límites mismos de lo posible, pero también sustraída así a las posibilidades de la palabra, va a
aparecer en lo real, erráticamente» (ibid.). Es la alucinación. Común en las psicosis, fundadas
precisamente en la forclusión (al. Verwerfung) de la función simbólica del padre, surge un día
para ese paciente en análisis con Freud, el Hombre de los Lobos, cuando a los cinco años cree
ver que su dedo, seccionado, sólo se mantiene colgando de la piel (De la historia de una
neurosis infantil, 1918).
La castración, que el sujeto recusa hasta el punto de ignorar su
incidencia estructural sobre la realidad, retorna aquí de un modo errático tal que el sujeto, al
volver de esta alucinación, no puede decir nada sobre ello. Lo real de la alucinación irrumpe en el
campo de la realidad. Al no estar pacificado de ninguna manera, se presenta bajo la forma de
una imagen totalmente extraña al sujeto. Ella manifiesta la presencia de esa cosa real de la que
el sujeto no se ha separado al haber evitado la sanción de lo simbólico. Es que, antes del
advenimiento del sujeto del inconciente y de su pasaje simbólico a la existencia, lo real, dice
Lacan, «ya estaba allí». Agreguemos que de ordinario le toca a la madre encarnarlo. Esto real
esperaba la intervención simbólica del padre, que le evita al niño quedar a merced del deseo de
la madre. Si esta intervención no opera, los significantes de la paternidad y de la castración
reaparecen en lo real para un sujeto que ignora su sentido y no puede interpretarlos, como en el
caso del delirio del presidente Schreber. Que se dirija a Dios como a un significante enigmático y
que reciba mensajes de él es algo que da cuenta en lo real de la forclusión de esta función
paterna.
La existencia de lo real. Real y realidad. Si lo real es lo que ya estaba allí, es por lo tanto
evidente que es precisamente lo que escapa a la captación total por lo simbólico: si lo real por lo
común se calla, es porque se mantiene más allá de lo simbólico que lo ha hecho callar. Lo
simbólico vehiculizado por los significantes permite al sujeto expulsar del campo de su
representación la realidad, eso real ya allí. En Los cuatro conceptos fundamentales del
psicoanálisis (1964),
Lacan retiene de esta puesta fuera de campo de lo real por lo simbólico
una definición que insiste en el retorno y la existencia irreductible de esto real, aun tutelado: «Lo
real es aquí lo que vuelve siempre al mismo lugar, a ese lugar donde el sujeto, en tanto cogita (...)
no lo encuentra». Lacan se ve así llevado a indicar en el capítulo V de Más allá del principio de
placer (1920)
la relación del pensamiento con lo real. En la repetición, el automatismo determina
el retorno de los significantes que marcan el destino de un sujeto. Más allá de lo que el sujeto
repite, lo real que es de él se caracteriza por no ser encontrado, por escapar a la captación del
pensamiento. Puede también ser registrado en la clínica como el «mal encuentro» experimentado
por el sujeto: en el caso del accidente citado por Freud y retomado como ejemplo por Lacan. Un
padre sueña que su hijo, muerto en la realidad a consecuencia de una fiebre, lo interpela:
«¡Padre!, ¿no ves que ardo?», sin despertarse, mientras en la otra habitación arden [al haberse
caído una vela] los despojos mortales del niño, cuidados por un viejo. Pero enuncia para sí en el
sueño una frase que es en sí misma una brasa «en el punto más cruel del objeto», dice Lacan.
Pues da testimonio de su deseo imposible de que todavía viva. El fuego recae sobre lo que aquí
es sustraído a los significantes mismos: lo real del sufrimiento y la muerte («Sueño del niño
muerto que arde», en La interpretación de los sueños, 1900).
Lo real presentado por la escritura. Si
vuelve siempre en ese lugar en que el sujeto no lo
encuentra, o tropieza con él, es porque este lugar mismo existe y sostiene a lo simbólico en esta
existencia por la que el sujeto lo ha expulsado de su representación y ha construido su realidad.
Lacan llega entonces a decir que «lo imposible es lo real», y completa su definición afirmando
que lo imposible «no cesa de no escribirse». Esta definición permite precisar lo que significa lo
real con relación al lenguaje. El significante, soporte de lo simbólico, permite inscribir la
castración simbólica, que constituye el marco de la percepción de la realidad. El lugar de lo real
siempre es pifiado por el sujeto, y lo imposible, en tanto real, ya no es, como lo era en la filosofía
aristotélica, lo que no puede ser. Con el discurso psicoanalítico, deviene aquello que existe para
un sujeto y que sólo puede ser registrado por él, porque lo simbólico, al inscribirse para un
sujeto, ha instalado al mismo tiempo a lo real. Es que el sujeto, al conferirle un marco simbólico a
su percepción de la realidad, rechaza fuera de ese campo algo real que a partir de allí instala y
que para él permanece siempre presente. No puede tener de él una aprehensión directa porque
la dimensión simbólica recubre eso real al mismo tiempo que lo cierne. Ahora bien, lo simbólico
procede de una necesidad que no cesa de escribirse, en particular en el uso que hace el lógico
de la escritura formal. Se comprende así por qué Lacan usó el escrito, para intentar, por medio
del escrito, cernir lo real con que el analista se las ve privilegiadamente en la clínica. Lacan
define, por lo tanto, al lado de lo que «no cesa de escribirse» (necesidad de una primera
inscripción simbólica), algo real que, por su parte, no cesa de no escribirse, porque lo simbólico
mismo lo ha establecido: algo real que subyace en toda simbolización. Es así como, a través de
una escritura formal, Lacan se esfuerza por cernir eso real con lo que trata la clínica
psicoanalítica.
Pero esta escritura tomada de la lógica permanece tributaría no de las concepciones de la lógica
sino de su uso de los símbolos (cuantificadores, variables) y, por lo tanto, de una formalización
simbólica. Por eso Lacan va a inventar una escritura que no le debe nada a los símbolos, sino a
su materialidad únicamente, y que le permite no sólo cernir lo real sino también presentarlo
materialmente.
Esta escritura es tributaria de la teoría matemática de los nudos y se presenta
bajo la forma de redondeles anudados conjuntamente: el redondel de lo real, el de lo simbólico y
el de lo imaginario. En última instancia, el nudo borromeo demuestra, por su sola materialidad, la
existencia de lo real definido treinta años antes. Si se quiere simplemente prestar atención a este
dibujo, se comprueba, dice Lacan, que, al ser diferentes, los redondeles de lo real, de lo
simbólico y de lo imaginario se mantienen juntos gracias sólo a la materialidad «real» de su
anudamiento. Si se corta uno, todos se liberan. Una vez que se ha admitido que este
anudamiento está en el origen mismo del deseo humano, es forzoso notar que ninguno de los
tres registros es reducible a los otros y que lo real existe con relación a lo simbólico, es decir, al
lado, anudado a él gracias a lo imaginario. La especificidad de esta escritura borromea está en
que permite demostrar materialmente la existencia de una estructura que se sostiene en algo real
irreductible para siempre a lo simbólico, pero ligado a él. Al mismo tiempo, vuelve caduca la
ambición de una ciencia exacta que pudiese cerrar el paso a lo real hasta en sus últimos
escamoteos, intentando reducirlo a un puro juego de símbolos físico-matemáticos, por ejemplo.
Pero al mismo tiempo enriquece al psicoanálisis con un instrumento más exacto para abordar
esto real en la cura de un paciente.
Real
Real
Alemán: Reale (das).
Francés: Réel.
Inglés: Real.


     
fuente(19)
Término empleado como sustantivo por Jacques Lacan, proveniente a la vez del vocabulario de
la filosofía y del concepto freudiano de la realidad psíquica, introducido para designar una
realidad fenoménica, inmanente a la representación e imposible de simbolizar.
Utilizado en el marco de una tópica, este concepto es inseparable de otros dos elementos, lo
imaginario y lo simbólico, y forma con ellos una estructura. Designa la realidad propia de la
psicosis (delirio, alucinación), en tanto compuesta por los significantes forcluidos (rechazados)
de lo simbólico.
A partir de la década de 1920, después de la revolución introducida en la ciencia por la teoría de
la relatividad de Albert Einstein (1879-1955), se transformó la oposición clásica entre lo real dado
y lo real construido; la palabra real fue entonces corrientemente empleada por los filósofos como
sinónimo de un absoluto ontológico, un ser-en-sí que se sustrae a la percepción. Jacques Lacan
basó su primera reflexión al respecto en las tesis de Émile Meyerson (1859-1933) sobre la
ciencia de lo real. En efecto, en La Déduction relativiste, obra publicada en 1925 y a la que
Lacan se refirió en 1936 en "Más allá del principio de realidad", Meyerson sostuvo la existencia
de una similitud entre los objetos creados por la ciencia y aquellos cuya existencia es
establecida por la percepción,
Pero, aunque sin confesarlo nunca, Lacan tomó mucho más directamente de su amigo Georges
Bataille (1897-1962) la noción de lo real a partir de la cual, incluyendo la idea (freudiana) de la
realidad psíquica, forjó el concepto que convertiría en uno de los tres elementos de su tópica y
de su concepción estructural del inconsciente determinado por el lenguaje.
Bataille descubrió la obra de Freud al interesarse sobre todo por Más allá del principio de
placer, Psicología de las masas y análisis del - yo y Tótem y tabú,
es decir, por la pulsión de
muerte y las cuestiones de lo sagrado, la identificación de las multitudes con el jefe y el origen de
las sociedades y las religiones. De allí la publicación, en 1933, de un texto titulado "La structure
psychologique du fascisme", dedicado a la vez al ascenso del nazismo y al análisis de las
sociedades humanas y sus instituciones. Bataille distinguía dos polos estructurales: por un lado
lo homogéneo, o ámbito social útil y productivo, y por el otro lo heterogéneo, lugar de irrupción de
lo que es imposible de simbolizar. Con la ayuda de este último término, Bataille especificaba la
idea de parte maldita, central en su propio pensamiento. Más tarde, entre 1935 y 1936, época en
la cual, lo mismo que Lacan, seguía el seminario de Alexandre Kojève (1902-1968) sobre la
Fenomenología del espíritu de Hegel, creó el término "heterología" a partir del adjetivo
heterólogo, que en anatomía patológica designa los tejidos mórbidos. La heterología era para él la
ciencia de lo irrecuperable, cuyo objeto era "lo improductivo" por excelencia: los desechos, los
excrementos, la inmundicia. En síntesis, la existencia "otra" expulsada de todas las normas: la
locura, el delirio, etcétera.
Lacan construyó la teoría de lo real combinando la ciencia de lo real, la heterología y la noción
freudiana de realidad psíquica. Esa categoría hizo su primera aparición en 1953, sin estar aún
conceptual izada, en una conferencia titulada "Lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real". Más tarde,
Lacan tomó la costumbre de escribir las tres palabras con mayúscula.
Entre 1953 y 1960, en el marco de su relevo estructural de la obra freudiana, Lacan le dio a este
real un estatuto muy cercano al que le había asignado Bataille. En la categoría de lo simbólico
ubicó toda la refundición derivada de los sistemas de Saussure y Lévi-Strauss; en la categoría
de lo imaginario situó los fenómenos ligados a la construcción del yo (anticipación, captación,
ilusión); finalmente, en lo real colocó la realidad psíquica, es decir, el deseo inconsciente y sus
fantamas conexos, pero también "un resto": una realidad deseante, inaccesible a cualquier
pensamiento subjetivo.
La idea de la ciencia de lo real aparece claramente en la lectura que realizó Lacan del sueño de
"la inyección a Irma", en su seminario sobre el yo de 1954-1955. En ese comentario asimila la
boca de Irma a una terrorífica cabeza de Medusa, y después subraya que lo real es el origen y
la fuente de una duda fundadora necesaria para la ciencia. En el origen de up descubrimiento
-dice Lacan en sustancia- no hay un sujeto sino una duda, puesto que todo descubrimiento es la
expresión de un itinerario en el que el error se mezcla con la verdad. Esa duda fundadora
equivale para Lacan al sexo femenino como cosa real, imposible de simbolizar. Más tarde se
encuentra su huella en la concepción lacaniana de la sexualidad femenina: para Lacan, ésta es
un "suplemento", y le atribuye un goce que se sustrae a la racionalidad.
En 1955-1956, en el marco de su lectura de la historia de Daniel Paul Schreber y de la
concepción de una clínica de la psicosis centrada en la paranoia, Lacan elaboró dos conceptos:
el de forclusión y el de nombre-del-padre. La primera es definida como el mecanismo específico
de la psicosis, diferente de la represión; consiste en el rechazo primordial de un significante
fundamental fuera del universo simbólico del sujeto. En cuanto al segundo, es el concepto de la
función paterna, el significante fundamental, el mismo forcluido en la psicosis.
A partir de esta nueva organización de la estructura del sujeto, tal como aparece en. la clínica de
la psicosis, el concepto de real adquiere otra dimensión. Se convierte entonces en el lugar de la
locura. En efecto, si los significantes forcluidos de lo simbólico retornan en lo real sin estar
integrados al inconsciente del sujeto, esto quiere decir que lo real se confunde con un "otro
lugar" del sujeto. Habla y se expresa en lugar del sujeto mediante gestos, alucinaciones o
deseos que el sujeto no controla.
La importancia atribuida a la psicosis como paradigma del psiquismo humano siempre aparece
ligada en Lacan a la cuestión de la ciencia. Se encuentran allí las dos filiaciones (la ciencia de lo
real, la heterología) que Lacan siempre adoptó (sin decirlo claramente) y a las cuales sumó la
referencia a la realidad psíquica.
A partir de 1970, el interés cada vez más grande por la ciencia llevó a Lacan a tratar de
formalizar su propio material conceptual: por un lado, mediante una mathesis de los discursos (o
matema), y por el otro con una topología (el nudo borromeo), destinada a reemplazar a la antigua
tópica. Esta voluntad de construir una ciencia de lo real se tradujo entonces en una
reorganización de los elementos de la antigua tópica, de modo que el lugar determinante dejó de
ser ocupado por lo simbólico, reemplazado por lo real. En consecuencia, a la psicosis (forma
teorizada de la locura y lugar de la simbolización imposible) se le asignó la tarea de desafiar
todas las certidumbres de la ciencia. A ese tríptico en el que lo real era asimilado a "un resto",
imposible de transmitir y que se sustrae a la sistematización, Lacan le dio el nombre de R,S.I.
(Real, Simbólico, Imaginario).


Realidad
(principio de)
     
fuente(20)
(fr. principe de réalité; ingl. principle of reality; al. Realitätsprinzip). Principio que rige el
funcionamiento psíquico y corrige las consecuencias del principio de placer en función de las
condiciones impuestas por el mundo exterior.
Si, para Freud, el principio de placer lleva a la búsqueda de la satisfacción por los caminos más
cortos, incluso los alucinatorios, el principio de realidad viene a regular esta búsqueda y la
compromete en los desvíos requeridos por las condiciones efectivas de existencia del sujeto.
Aunque la definición de los dos principios conduzca a Freud a una teoría que parece situarse en
el límite de la especulación filosófica, no por ello se muestra idealista: el principio de realidad
puede ser secundario con respecto al principio de placer, pero lo real, por su parte, está
presente desde el comienzo, aunque más no sea a través de las primeras percepciones.
Existe otro problema, que obedece al hecho de que Freud hace del yo la instancia «realista», la
instancia encargada de asegurar el funcionamiento del principio de realidad. Pero el yo, en tanto
objeto libidinal en el narcisismo, tiene sobre todo una función de desconocimiento. Esta dificultad
sin duda se salva con la teoría lacaniana de lo imaginario.


Realidad psíquica
Realidad psíquica
Realidad psíquica
Al.: psychische Realität.
Fr.: réalité psychique.
Ing.: psychical reality.
It.: realtà psichica.
Por.: realidade psíquica.
     
fuente(21)
Término utilizado frecuentemente por Freud para designar lo que, en el psiquismo del sujeto,
presenta una coherencia y una resistencia comparables a las de la realidad material; se trata
fundamentalmente del deseo Inconsciente y de las fantasías con él relacionadas.
Cuando Freud habla de realidad psíquica, no lo hace simplemente para designar el campo de la
psicología, concebido como poseyendo su propio tipo de realidad y susceptible de una
investigación científica, sino lo que, para el sujeto, adquiere, en su psiquismo, valor de realidad.
En la historia del psicoanálisis, la idea de realidad psíquica surge paralelamente al abandono, o
por lo menos a la limitación, de la teoría de la seducción y del papel patógeno de los traumas
infantiles reales. Las fantasías, aunque no se basen en acontecimientos reales, tienen para el
sujeto el mismo valor patógeno que Freud atribuyó al principio a las « reminiscencias »: «Las
fantasías poseen una realidad psíquica opuesta a la realidad material [...]; en el mundo de las
neurosis, el principal papel corresponde a la realidad psíquica».

Se plantea el problema teórico de la relación entre la fantasía y los acontecimientos reales que
han podido proporcionar una base a aquél (véase: Fantasía), pero, según indica Freud, « [...]
todavía no hemos podido constatar una diferencia, en cuanto a los efectos, según que los
acontecimientos de la vida infantil sean un producto de la fantasía o de la realidad». Así, la cura
psicoanalítica parte del supuesto de que los síntomas neuróticos se basan, por lo menos, en una
realidad psíquica y que, en este sentido, el neurótico «[...] debe tener, en cierto modo, razón». En
varias ocasiones Freud insistió en la idea de que los afectos aparentemente menos motivados,
como, por ejemplo, el sentimiento de culpabilidad en la neurosis obsesiva, se hallan plenamente
justificados, por cuanto se basan en realidades psíquicas.
De un modo general, la neurosis, y a fortiori la psicosis, se caracterizan por el predominio de la
realidad psíquica en la vida del sujeto.
La idea de realidad psíquica va ligada a la hipótesis freudiana referente a los procesos
inconscientes; éstos, no sólo no tienen en cuenta la realidad exterior, sino que la substituyen por
una realidad psíquica. En su acepción más estricta, la expresión «realidad psíquica» designaría
el deseo inconsciente y la fantasía que está ligada al mismo. ¿Es preciso, se pregunta Freud a
propósito del análisis de los sueños, reconocer una realidad a los deseos inconscientes? «Por
supuesto, no es posible admitirla en lo referente a todos los pensamientos de transición y de
ligazón. Pero cuando nos hallamos en presencia de los deseos inconscientes llevados a su
expresión última y más verdadera, nos vemos obligados a decir que la realidad psíquica(22)
constituye una forma particular de existencia que no se debe confundir con la realidad
material».
Realidad psíquica
Realidad psíquica
Alemán: Psychische Realität.
Francés: Réalité psychique.
Inglés: Psychical reality.
     
fuente(23)
Expresión empleada en psicoanálisis para designar una forma de existencia del sujeto, distinta
de la realidad material, en tanto dominada por el reino del fantasma y el deseo. Históricamente, la
noción surgió del abandono por Sigmund Freud de la teoría de la seducción y de la elaboración
de una concepción del aparato psíquico basada en la primacía del inconsciente.
En la historia de la clínica psicoanalítica, la noción de realidad psíquica ha sido objeto de
numerosas reinterpretaciones (en particular por Melanie Klein y Jacques Lacan) que han llevado,
en el enfoque de las psicosis y la relación de objeto, a acentuar la importancia de dicha realidad,
en detrimento de la realidad material.


Realidad vincular
     
fuente(24)
Definición
Construcción psíquica producto de un trabajo vincular que determina y es determinada por la
realidad psíquica, conserva una marca de exterioridad respecto del sujeto pero refleja a su vez
el interior de un conjunto humano, constituyendo así un espacio virtual donde tendrían lugar
distintos fenómenos psíquicos intersubjetivos.
Origen e historia
Clásicamente el objeto del psicoanálisis ha sido la realidad psíquica en oposición a la realidad
material, una es producto del psiquismo y la otra es la referencia del mundo como existente fuera
del sujeto.
Esta realidad material no es exactamente "el mundo exterior objetivo" [real], sino una versión
consensuada de este mundo, "que subsiste fuera e independientemente de nosotros" (Freud, S.
1933); esta versión es posible en función de la articulación que permiten los distintos niveles de
intercambio. El intercambio lingüístico, el de parentesco y el económico, sostienen una realidad
exterior con la pretensión totalizante de que ésta abarque todo lo existente.
Berenstein introduce el término en 1989 de la siguiente manera:
"Si nos preguntamos dónde ocurren los actos vinculares podemos decir que en la mente y en la
relación. Se podría agregar que primero suceden en un territorio y luego en otro, dependiendo de
la opción elegida. Aunque parcialmente cierto como resultante de lo observado, como
conceptualización todavía es imperfecta. La clínica nos instruye que no ocurren de la misma
manera en el mundo interno y en el mundo vincular. Quizá haya que profundizar más aún en la
distinción entre realidad psíquica y realidad vincular. La primera como presencia de los otros en
el relato del yo, así como éste está dentro y fuera del relato de los otros".
Desarrollo desde la perspectiva vincular
Toda realidad sería producto de una articulación simbólica: la psíquica, producción de un sujeto;
la material, de una cultura. Mundo exterior sería lo que queda sin significar, inaccesible a la
palabra pero existente.
Es posible diferenciar entonces, las asociaciones de un paciente acerca de su manera de ver
las vicisitudes que lo unen a sus otros significativos -realidad psíquica- de las relaciones que
efectivamente ha establecido y establece con esos otros sujetos, estas últimas estarían
marcadas por la presencia del otro y las denominamos vínculos.
El discurso de un paciente nos presenta su realidad psíquica como construcción de sentido
producida por sí mismo a través de una historia, sin embargo es posible, basados en el relato del
paciente y en las repeticiones en transferencia hacer algunas hipótesis, construcciones, acerca
de las características de esos personajes, más allá del matiz subjetivo que el analizado le
imprima a su relato. Estas hipótesis son importantes porque forman parte de la reconstrucción de
la realidad que cada quien produce en análisis. Cada familia produce un imaginario (Gomel, S.
1987), que es la fuente donde abrevan los sujetos para construir su propio mundo
representacional y un particular procesamiento de la cuestión de la ley que devendrá en los
edipos de esa familia. Atribuyo a ese juego simbólico e imaginario, no sólo la capacidad de
construir aparatos psíquicos sino también el poder de generar patología.
La instalación y sostenimiento de la represión, al igual que la aparición de la negación, la
desmentida y la renegación, no serían hechos aislados, efectos exclusivos del funcionamiento
psíquico individual, que pudieran prescindir de los otros significativos para el sujeto.
La realidad psíquica individual proviene de la elaboración del impacto que la realidad exterior
hace sobre el sujeto, esa realidad es cultural, es significante, es vincular. Que los datos de la
percepción no sean impactos sensoriales en bruto, se refiere al aspecto significante del mundo
humano, pero este mundo cultural significante se genera y se sostiene por los lazos sociales,
afectivos, sexuales de los hombres entre sí. La significación no puede separarse de lo afectivo
y de una transmisión de las relaciones de cada elemento son los demás, esos elementos son
palabras que circulan entre personas y es así como la familia transmite la sintaxis gramatical y la
del parentesco simultáneamente. Los registros sensoriales se ordenan de acuerdo al criterio
familiar consciente, normativo y también inconsciente, incestuoso.
Realidad intersubjetiva, irreductible tanto a los puros hechos como a la pura subjetividad,
producto de un sistema de intercambio que organiza a partir de esta matriz transindividual las
representaciones subjetivas. Los aspectos inconscientes de cada uno de los sujetos son
mantenidos en ese estado desde la presión de una realidad que cuenta para el conjunto al que
pertenece. Más que pensar en términos de la concordancia entre realidad psíquica y realidad
material habría que pensar en cuánto de la realidad se puede sostener y cuánto se deja de lado.
Lo real está, lo que puede no estar es su representación.
El mundo que habitamos, no es el mundo externo, el de la naturaleza sino un mundo vincular.
Esta realidad vincular debe tener una marca de exterioridad en relación a la psíquica, sin
embargo no es un dato primario sino una construcción histórica transubjetiva.
También podríamos hablar de realidad vincular para referirnos a ese producto del juego
intersubjetivo que constituye el espacio al que el yo adviene y que contribuye a construir. Es una
realidad poblada de signos de placer y teñida por el color de los deseos en juego. La trama
deseante que se entreteje con los deseos parentales no sólo captura al hijo sino que se anuda a
través del procesamiento psíquico del sujeto en formación.
La trama vincular que precede al infans es su realidad, investida y fuente de investiduras,
siempre enigmática e imposible representarla en su totalidad.
La realidad está compuesta entonces por los investimentos de objetos que fueron parte del
sujeto, no existe la realidad que no esté investida (como planteara L. Horstein) y es difícil pensar
esos investimentos como paralelos, sin ningún tipo de entrecruzamiento entre ellos.
Sabemos que la realidad marcada como externa puede recibir no sólo aspectos
correspondientes al mundo externo sino también aspectos yoicos displacenteros. Por lo tanto, la
"objetividad" con que se constituye esa realidad es relativa a los vaivenes del principio del placer
que encuentra su tope en la oposición que le hace lo exterior a sí. Pero tendríamos que convenir
en que esa fuerza opositora no es igual desde objetos inanimados que de seres humanos y más
aún aquellos que son especialmente significativos. No sólo se diferencia un otro, un semejante,
sino también los vínculos que los unen y que constituyen una escena con sus personajes. Un
mundo real entretejido por las investiduras cruzadas entre los personajes de esa escena. La
realidad es por lo tanto un concepto intersubjetivo y la objetividad es una transacción entre los
yoes.
La constitución de esta realidad se puede dar bajo el predominio de diversos mecanismos.
Se abre la posibilidad de pensar otro aspecto de la realidad que a diferencia de la realidad
psíquica puramente individual, se despliega en ese campo vincular y que no podría asimilarse al
mundo real exterior, puro estímulo perceptual.
Esta realidad psíquica vincular sería el objeto de análisis familiar o de pareja. Es el producto de la
relación entre sus miembros y de las determinaciones estructurales. Esta realidad puede
pretender ser la única posible e impedir de esta manera la producción de nuevas significaciones.
Una vez más, la idea de trama es un buen modelo para pensar los fenómenos vinculares, en ese
sentido podríamos aplicarla a esta construcción del mundo que llamamos la realidad.
Ya en 1924 Freud hace intervenir a la realidad como una instancia en la descripción de los
conflictos, no se trata de transacciones intrasubjetivas sino que introduce lo extrasubjetivo como
parte del conflicto. Se abriría aquí la cuestión de la realidad como una cuarta instancia
constitutiva del aparato psíquico y qué consecuencias produciría situarla como producción
vincular que configura el mundo exterior por el que deambulan los sujetos.
Problemáticas conexas
La inclusión de este término conlleva la necesidad de resituar el concepto de realidad psíquica,
como producción puramente subjetiva y diferenciarlo de lo que se entiende por realidad material,
mundo externo o lo real, proveniente de la teoría lacaniana.
Habría que situar el lugar del otro, su presentación y su representación, en el despliegue de la
realidad vincular en un tiempo y un espacio que no se restringe al intrasubjetivo.


Realización simbólica
Realización simbólica
Realización simbólica
Al.: symbolische Wunscherfüllung.
Fr.: réalisation symbolique.
Ing.: symbolic realization.
It.: realizzazione simbolica.
Por.: realização simbólica.
     
fuente(25)
Expresión mediante la cual M.-A. Sechehaye designa su método de psicoterapia analítica de la
esquizofrenia: se trata de reparar las frustraciones sufridas por el paciente en sus primeros
años procurando satisfacer simbólicamente sus necesidades y abrirle el acceso a la realidad.
El método de la realización simbólica va unido al nombre de madame Sechehaye, que lo
descubrió durante una psicoterapia analítica de una joven esquizofrénica(26). El lector
encontrará la narración del episodio del Caso Renée, que se halla en el origen de las
concepciones de la autora, en Introducción a una psicoterapia de los esquizofrénicos (1954),
y, explicado por la propia paciente, en el Diario de una esquizofrénica (1950).
En la expresión «realización simbólica», la palabra «realización» connota la idea de que las
necesidades fundamentales del esquizofrénico deben ser efectivamente satisfechas durante la
cura; «simbólica» indica que deben serlo en la misma forma en que se expresan, es decir, de un
modo «mágico-simbólico» en el que existe una unidad entre el objeto que satisface (por ejemplo,
el pecho materno) y su símbolo (las manzanas, en el Caso Renée).
La técnica puede definirse como una forma de maternalización, desempeñando el psicoterapeuta
el papel de una «madre buena» capaz de comprender y satisfacer las necesidades orales
frustradas. «Lejos de exigir del esquizofrénico un esfuerzo de adaptación a la situación
conflictual, que para él es insuperable, este método intenta arreglar, modificar la "dura" realidad,
reemplazándola por una nueva realidad, más "suave" y más soportable».
Las realizaciones simbólicas de las necesidades básicas deben, según la autora, alcanzar al
sujeto en el nivel más profundo de su regresión; se efectúan según un orden que tiende a
reproducir la sucesión genética de las fases y permitirían la reconstrucción del yo
esquizofrénico y una conquista correlativa de la realidad.


Recuerdo encubridor
Al.: Deckerinnerung.
Fr.: souvenir-écran.
Ing.: screen-memory.
It.: ricordo di copertura.
Por.: recordação encobridora.
     
fuente(27)
Recuerdo infantil que se caracteriza a la vez por su singular nitidez y la aparente Insignificancia
de su contenido. Su análisis conduce al descubrimiento de experiencias infantiles Importantes y
de fantasías Inconscientes. Al Igual que el síntoma, el recuerdo encubridor constituye una
formación de compromiso entre los elementos reprimidos y la defensa.
A partir de los primeros tratamientos psicoanalíticos y también en el curso de su autoanálisis,
llamó la atención de Freud un hecho paradójico de la memoria relativo a los acontecimientos de la
infancia: se olvidan hechos importantes (véase: Amnesia infantil), mientras que se conservan
recuerdos aparentemente insignificantes. Fenomenológicamente, algunos de estos recuerdos se
presentan con una nitidez e insistencia excepcionales, que contrasta con la falta de interés y la
trivialidad de su contenido: el sujeto se sorprende de la supervivencia de tales recuerdos.
Estos recuerdos Freud los llama recuerdos encubridores(28), debido a que ocultan experiencias
sexuales reprimidas o fantasías; en 1899 les dedica un artículo, cuyas ideas fundamentales
recogerá en el capítulo IV de la Psicopatología de la vida cotidiana (Zur Psychopathologie des
Alltagslebens, 1904).

El recuerdo encubridor constituye una formación de compromiso, al igual que el acto fallido o el
lapsus o, de un modo más general, el síntoma. El motivo de su supervivencia no se comprende
hasta que se busca en el contenido reprimido. El mecanismo que predomina es aquí el
desplazamiento. Freud, volviendo a examinar la distinción entre los recuerdos encubridores y los
restantes recuerdos infantiles, llega a plantear la siguiente pregunta, más general: ¿existen
recuerdos de los que se pueda decir que emergen verdaderamente de nuestra infancia, o
solamente recuerdos referentes a nuestra infancia?.
Freud distingue varias clases de recuerdos encubridores: positivos y negativos, según que su
contenido se halle o no en una relación de oposición con el contenido reprimido; de significación
regresiva o prospectiva, según que la escena manifiesta que representan se deba relacionar
con elementos que son anteriores o posteriores al mismo; así, en este último caso, el recuerdo
encubridor puede no tener otra función que servir de soporte a las fantasías proyectadas
retroáctivamente: «El valor de tal recuerdo se debe a que representa, en la memoria, impresiones
y pensamientos ulteriores, cuyo contenido se halla en estrecha relación, simbólica o analógica,
con el de aquél».
En la medida en que el recuerdo encubridor condensa gran número de elementos infantiles
reales o fantaseados, el psicoanálisis le concede gran importancia: «Los recuerdos
encubridores contienen, no sólo algunos elementos esenciales de la vida infantil, sino
verdaderamente todo lo esencial. Sólo es necesario saber dilucidarlos mediante el análisis.
Representan los años olvidados de la infancia, del mismo modo que el contenido manifiesto de
los sueños representa los pensamientos».
Recuerdo encubridor
Recuerdo encubridor
Alemán: Deckerinnerung.
Francés: Souvenir-écran.
Inglés: Screen-memory.
     
fuente(29)
Esta palabra compuesta fue empleada por Sigmund Freud en un artículo autobiográfico de 1899,
y después en Psicopatología de la vida cotidiana, para designar un recuerdo infantil no
significativo que, por desplazamiento, enmascara otro recuerdo reprimido o no retenido.


Recuerdo encubridor [o
pantalla]
Recuerdo encubridor [o pantalla]
Recuerdo encubridor
[o pantalla]
     
fuente(30)
(fr. souvenir-écran; ingl. Screen-memory; al. Deckerinnerung). Para Freud, recuerdo
reconstruido ficticiamente por el sujeto desde sucesos reales o fantasmas.
Estos recuerdos no tienen por ello menos valor de recuerdos de lo real puesto que el
psicoanálisis es una doctrina de la reconstrucción ficticia de la vida libidinal.


Recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci (un)
     
fuente(31)
Obra de Sigmund Freud publicada en alemán en 1910 con el título de Eine Kindheitserinnerung
des Leonardo da Vinci.
Traducida por primera vez al francés por Marie Bonaparte en 1927 con
el titulo de Un souvenir d'infance de Léonard de Vinci, y en 1987 por Janine Altounian, Odile
Bourguignon y André Bourguignon (1920-1996), Pierre Cotet y Alain Rauzy, sin cambio de título.
Traducida al inglés por primera vez en 1916 por Abraham Arden Brill con el titulo de Leonardo da
Vinci, y p
or Alan Tyson en 1957 con el titulo de Leonardo da Vinci and a Memory of His
Childhood.

Con el mismo derecho que Aníbal o Moisés, Leonardo da Vine¡ (1452-1519) pertenece al panteón
de los grandes hombres y héroes a los que Freud consagró una admiración particular.
En una carta a Wilhelm Fliess del 9 de octubre de 1898 manifestó su interés por ciertos detalles
de la vida de ese genio del Renacimiento. Observó que Leonardo era zurdo y que no se le
conocía ninguna historia amorosa. Diez años más tarde, el 17 de octubre de 1909, recién llegado
de los Estados Unidos, le escribió a Carl Gustav Jung para hacerle conocer un descubrimiento:
el enigma del carácter de Leonardo se le había aparecido con total transparencia. Según él,
Leonardo se había vuelto sexualmente inactivo u homosexual después de haber convertido su
sexualidad inmadura (infantil) en una pulsión de saber. Freud añadía que acababa de encontrar
la misma problemática en un neurótico carente de genio.
De inmediato se puso a trabajar, y redactó la obra entre enero y marzo de 1910, para publicarla
en mayo. Mientras tanto, en abril, siempre ambivalente respecto a su propia producción, le
escribió a Ernest Jones: "No espere mucho de este Leonardo que va a salir el mes próximo. No
espere encontrar allí el secreto de La Virgen de las rocas ni la solución al problema de La
Gioconda;
para que la obra le guste, no ponga tan altas sus esperanzas."
Ésta era una perfecta renegación, pues a Freud le interesaba realmente la sonrisa de Mona Lisa,
la esposa del florentino Francesco del Giocondo: quería incluso captar su quintaesencia
estudiando el desarrollo psicológico e intelectual del pintor, cuyo destino, dijo, no podía
sustraerse a las Ieyes que rigen con igual rigor las conductas normales y las patológicas".
Consciente de que su obra corría el riesgo de provocar escándalo al abordar la sexualidad de
uno de los creadores más célebres del mundo, Freud le advertía al lector que todo ensayo
biográfico debe evitar la mojigatería de pasar en silencio la vida sexual del héroe escogido.
Ahora bien, se sabía muy poco de la vida sexual de Leonardo, que puso de manifiesto una
frialdad evidente y rara en un artista habituado a pintar la belleza femenina.
Lo "poco que él sabía" provenía de algunas lecturas: una imponente biografía de Edmondo Solmi
publicada en 1908, la de Giorgio Vasari (1511-1574), y sobre todo una novela histórica de Dmitri
Sergueievich Merejkovski (1865-1941). En esta última, el escritor ruso trazaba un retrato de
Leonardo imaginando que un discípulo llevaba un diario sobre el maestro. En todos estos textos
falta un elemento central concerniente a la sexualidad del pintor. Freud terminó por encontrarlo
en los Cuadernos del propio Leonardo. En efecto, allí descubrió una frase a propósito de su
interés por el vuelo de los pájaros: "Parece que ya me había sido asignado antes de que me
interesara tan fundamentalmente por el buitre, pues me viene a la mente como primerísimo
recuerdo que, estando aún en la cuna, un buitre descendió hasta mí, me abrió la boca con la cola
y, varias veces, me dio en los labios con ella".
Freud decidió entonces someter esa "fantasía del buitre en Leonardo" a una escucha
psicoanalítica. En ese recuerdo vio la huella de una felación que era sólo la repetición de una
situación más antigua: "En la edad de la lactancia, tomamos en la boca el pezón de la madre o de
la nodriza