Tamm Alfhild
(1876-1959) Psiquiatra y psicoanalista sueca
     
fuente(1)
Primera mujer psiquiatra en Suecia, Alfhild Tamm se interesó primero por los trastornos del
lenguaje y después por los pedagógicos. En 1914 creó en Estocolmo una clínica para niños
afásicos, mientras se acercaba a la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), de la que
pasó a ser miembro en 1926. Realizó tres análisis muy breves: con Paul Federn, August
Aichhorn y Helene Deutsch; luego abrió un consultorio privado en 1909. Mujer moderna y
esclarecida, fue una pionera del psicoanálisis en su país. Vivió en pareja con otra mujer en una
epoca en que el movimiento psicoanalítico no toleraba la homosexualidad entre sus
profesionales.
En 1930 publicó un libro sobre la sexualidad que fue recibido con escándalo. En agosto de 193 1,
junto a Harald Schjelderup y Sigurd Naesgaard, representó a Suecia en un grupo de estudio que,
en 1934, conduciría a la creación de la Sociedad Psicoanalítica Fino-Sueca, de la que sería
presidenta, y de la que siguió siendo miembro hasta su muerte, mientras continuaba con una
actividad didáctica limitada. Desde la publicación de sus primeros trabajos, esta profesional se
interesó por el tartamudeo, que consideraba una neurosis ligada a la culpa y a la incapacidad
para sublimar (sublimación).


Tánatos
Al.: Thanatos.
Fr.: Thanatos.
Ing.: Thanatos.
It.: Thanatos.
Por.: Tinatos.
     
fuente(2)
Palabra griega (la Muerte) utilizada en ocasiones para designar las pulsiones de muerte, por
simetría con el término de Eros; su empleo subraya el carácter radical del dualismo pulsional,
confiriéndole una significación casi mítica.
El término «Tánatos» no se encuentra en los escritos freudianos, pero, según Jones, lo utilizó en
la conversación. Federn lo habría introducido en la literatura psicoanalítica.
Ya es sabido que Freud empleó el término «Eros» dentro de su teoría de las pulsiones de vida y
de las pulsiones de muerte. Se refiere entonces a la metafísica y a los mitos antiguos para situar
sus especulaciones psicológicas y biológicas dentro de una concepción dualista de mayor
alcance.
Remitimos al lector principalmente al capítulo VI de Más allá del principio del placer (Jenseits des
Lustprinzips,
1920) y a la VII sección de Análisis terminable e interminable (Die endliche und
die unendliche Analyse
, 1937), en los que Freud hace converger su propia teoría con la
oposición establecida por Empédocles entre "amor" y "discordia": «Los dos principios
fundamentales de Empédocles, "amor" y "discordia" son, tanto por su nombre como por su
función, los equivalentes de nuestras pulsiones originarias, Eros y destrucción».
El empleo del término «Tánatos» realza el carácter de principios universales que adquieren, en la
última concepción freudiana, las dos grandes clases de pulsiones.


Tandler Julius
(1869-1936) Médico vienés
     
fuente(3)
Judío originario de Moravia, Julius Tandler se instaló en Viena como médico. Se encontró con
Sigmund Freud en varias oportunidades, primero como experto, a propósito de las neurosis de
guerra, mientras era miembro de la comisión de la que formaba parte Julius Wagner-Jauregg, y
después con relación al análisis profano. Siempre muy abierto al psicoanálisis, intervino en su
favor como consejero de la ciudad de Viena.


Tausk Viktor
(1879-1919). Abogado, psiquiatra y psicoanalista austríaco

Tausk Viktor (1879-1919). Abogado, psiquiatra y psicoanalista austríaco
Tausk Viktor
(1879-1919) Abogado, psiquiatra y psicoanalista austríaco
     
fuente(4)
Ha sido sin duda Lou Andreas-Salomé, de quien él fue amante, la que en su Diario de un año
proporcionó el retrato de Viktor (o Victor) Tausk que impresiona con más fuerza. Lou percibió en
él una energía primitiva, el "animal de presa", como decía Sigmund Freud, y fue sensible al modo
en que Tausk se obligaba a pensar "analíticamente": "Desde el principio yo sentí en Tausk esa
lucha de la criatura humana, y fue eso lo que me tocó más profundamente. Animal, hermano mío,
tú."
Nacido en Zsilina, Eslovaquia, en una familia judía de lengua alemana, Tausk pasó su infancia en
Croacia, educado por un padre tiránico y una madre masoquista y perseguida. Ya abogado y
padre de dos hijos (Marius y Victor-Hugo), se separó de su esposa Martha Frisch-Tausk
(1881-1957), y se instaló en Berlín, donde trató de hacer carrera en la literatura. Víctima de una
enfermedad pulmonar, se internó en una clínica, y después cayó en una profunda depresión. Al
salir viajó a Viena para encontrarse con Martha y sus hijos, e iniciar un juicio de divorcio.
Como muchos pioneros de su generación, Tausk se volvió hacia el psicoanálisis esperando que
la nueva ciencia lo ayudara a superar los fracasos de su vida amorosa e intelectual. Lleno de
entusiasmo, en 1908 comenzó a estudiar medicina, con la ayuda económica de miembros de la
Sociedad Psicológica de los Miércoles: Ludwig JekeIs, Paul Federn y Eduard Hitschmann. Tausk
se convirtió entonces en uno de los freudianos más brillantes de la primera generación.
Obsesionado por el odio al padre, adoptó respecto de Freud una actitud hecha a la vez de
rebelión, adoración y sumisión. Tomado en el torbellino de esta relación ambivalente, terminó por
acusarlo de que le robaba sus ideas.
La Primera Guerra Mundial lo llevó al frente serbio. Después volvió a Viena, y presenció el
derrumbe del Imperio Austro-Húngaro. Sus múltiples relaciones amorosas terminaban a menudo
en rupturas violentas, lo que lo hundía cada vez más en la desdicha. Además, cuando la crisis
económica lo golpeó de frente se encontró en un atolladero. Le pidió entonces a Freud que lo
tomara en análisis. Freud se negó categóricamente. Sin embargo, ante la obstinación y el
sufrimiento de su discípulo, puso en marcha uno de esos enredos transferenciales a los que
estaba acostumbrado en esa época: en enero de 1919 envió a Tausk a analizarse con Helene
Deutsch, que a su vez estaba realizando una cura con él.
De tal modo pensaba "controlar", a través de su alumna, el desarrollo del análisis de Tausk. El
episodio terminó en un desastre. Tausk, en efecto, dedicaba la mayor parte de sus sesiones a
desahogar sus agresiones contra Freud, sabiendo perfectamente que Helene Deutsch se las
repetía al maestro. En marzo de 1919, por consejo de Freud, ella detuvo la cura en el momento
en el que Tausk estaba por casarse con llde Loewi, una de sus ex pacientes a la que había
embarazado.
Tres meses más tarde, el 3 de julio, Tausk puso fin a sus días estrangulándose con un cordón
de cortina y disparándose un balazo en la sien. Acababa de redactar un texto admirable, que se
convertiría en clásico, titulado "De la génesis del aparato de influir en el curso de la
esquizofrenia". Entre líneas aparecía la trágica despersonalización que él mismo había padecido
en el curso de su relación triangular con Freud y Deutsch.
Freud escribió sobre Tausk una nota necrológica elogiosa, y en una carta a Lou
Andreas-Salomé incluyó las siguientes palabras: "El pobre Tausk, que su amistad ha distinguido
durante cierto tiempo, se suicidó de la manera más radical. Había vuelto cansado, minado por los
horrores de la guerra-, se había visto en la obligación de tratar de restablecerse en Viena en las
circunstancias más desfavorables de una existencia arruinada por la entrada de las tropas; trató
de introducir una nueva mujer en su vida, tenía que casarse ocho días más tarde... pero decidió
otra cosa. Sus cartas de adiós a la novia, a su primera mujer y a mí mismo son igualmente
afectuosas, dan testimonio de su perfecta lucidez, no acusan a nadie sino a su propia
insuficiencia y a su vida frustrada, y por lo tanto no arrojan ninguna luz sobre su acto supremo."
Después añadió: "Confieso que no lo echo verdaderamente de menos. Hacía ya mucho tiempo
que lo consideraba inútil e incluso una amenaza para el futuro."
En 1926, cuando estudiaba medicina, Marius Tausk se encontró con Federn, quien lo recibió con
calidez y le habló del padre emotivamente. Más tarde, Victor-Hugo Tausk realizó un análisis
gratuito con Hitschmann. Como ocurría a menudo, la comunidad psicoanalítica vienesa tomaba a
su cargo a los hijos de un compañero desdichado. Con la intención de saldar las deudas de su
padre, Marius Tausk se dirigió a Freud, quien le respondió que no tenía la menor idea de la suma
que le había prestado a Viktor Tausk, y que por otra parte el hecho carecía de importancia.
En 1938, en el momento de la entrada de los nazis en Viena, Jelka, la hermana de Tausk, se
suicidó con su marido y el hermano de este último.
Las circunstancias del suicidio de Tausk fueron cuidadosamente ocultadas por la historiografía
oficial, y la última frase de Freud, censurada por su hija Anna (Anna Freud), no apareció en la
edición de la correspondencia del maestro con Lou AndreasSalomé. Anna temía que Marius
Tausk se sintiera ofendido por la dureza de Freud respecto de su padre.
En 1969 Paul Roazen sacó a luz esta horrenda historia en un libro discutible, en el que Tausk
aparecía como la víctima de un complot transferencia¡ fabricado totalmente por Freud. Dos años
más tarde, en Talent and Genius, y posteriormente en 1983, en otra obra, Kurt Eissler le
respondió, glorificando la bondad de Freud y presentando a Tausk como un personaje odioso,
sádico, exhibicionista, y sobre todo enteramente "responsable" de su suicidio. Fue Marius Tausk
quien supo encontrar las mejores palabras para hablar de su padre y restablecer la verdad.
Este episodio demuestra hasta qué punto Freud era ambivalente cuando enfrentaba ese tipo de
rebelión frente al padre, o situaciones que le recordaban los "robos de ideas" de Wilhelm Fliess.
También da testimonio de los extravíos M psicoanálisis frente al suicidio en general.


Técnica activa
At.: aktive Technik.
Fr.: technique active.
Ing.: active technique.
It.: tecnica attiva.
Por.: técnica ativa.
     
fuente(5)
Conjunto de procedimientos técnicos recomendados por Ferenczi: el analista no se limita a dar
Interpretaciones, sino que formula órdenes y prohibiciones referentes a ciertos comportamientos
repetitivos del analizado durante la cura y fuera de ella, cuando éstos procuran al sujeto
satisfacciones tales que impiden la rememoración y el progreso de la cura.
La idea y el término «técnica activa» van asociados, en la historia del psicoanálisis, al nombre de
Sandor Ferenczi. Los menciona por vez primera en relación con formas larvadas de
masturbación, halladas en el análisis de casos de histeria, y que convendría prohibir; en efecto,
el paciente «[...] corre el peligro de relacionar con ellas sus fantasmas patógenos y de hacer un
cortocircuito constante descargándolos en forma motriz en lugar de llevarlos a la conciencia».
Ferenczi subraya que el recurrir a tales prohibiciones va únicamente destinado a facilitar la
superación de los puntos muertos del trabajo analítico; por otra parte, se refiere al ejemplo de
Freud, que ordenaba a los fóbicos, en cierto momento de su análisis, afrontar la situación
fobógena.
En el Congreso de La Haya, en 1920, Ferenczi, alentado por la aprobación de Freud, que, en el
Congreso de Budapest, en 1919, había formulado la regla de abstinencia, efectúa una
descripción de conjunto de su terapia activa. Esta implica dos fases, que deben permitir la
activación y el control de las tendencias eróticas, incluso aunque hayan sido sublimadas. La
primera fase está constituida por órdenes destinadas a transformar las mociones pulsionales
reprimidas en una satisfacción manifiesta y a convertirlas en formaciones plenamente
conscientes. La segunda está constituida por prohibiciones referentes a estas mismas
formaciones; el analista puede entonces poner en relación las actividades y los afectos,
evidenciados por la primera fase, con situaciones infantiles.
Teóricamente, el recurrir a medidas activas, se justificaría del siguiente modo: a la inversa del
método catártico, en el cual el surgimiento de un recuerdo provoca una reacción emocional, el
método activo, provocando el actuar y la manifestación del afecto, facilita el retorno de lo
reprimido. «Es posible que ciertos contenidos infantiles precoces no puedan ser rememorados,
sino solamente revividos».
Desde el punto de vista técnico, Ferenczi considera que sólo se debe recurrir a las medidas
activas en casos excepcionales y durante un tiempo muy limitado, cuando la transferencia se ha
convertido en una compulsión y, fundamentalmente, al final del tratamiento. Por último, subraya
que no pretende modificar la regla fundamental; los «artificios» que propone están destinados a
facilitar su observancia.
A continuación, Ferenczi ampliaría considerablemente el campo de aplicación de las medidas
activas. En una pequeña obra escrita en colaboración con Otto Rank (Los fines de desarrollo
del Psicoanálisis [Entwick1ungsziele der Psychoanalyse],
1924), da una interpretación tal del
proceso de la cura en términos libidinales que, especialmente en la última fase («destete de la
libido»), hace necesario el recurrir a medidas activas (fijación de un término al tratamiento).
En una última etapa de su evolución, Ferenczi corregiría este punto de vista. Las medidas
activas aumentan considerablemente las resistencias del paciente; al formular órdenes y
prohibiciones, el analista desempeña el papel de un superyó parental, o incluso de un maestro de
escuela; en cuanto a la fijación de un término al tratamiento, los fracasos observados muestran
que raramente conviene recurrir a esta medida y, caso de hacerlo, debe ser, al igual que con
toda otra medida activa eventual, de acuerdo con el paciente y con la posibilidad de renunciar a
ella. Finalmente Ferenczi se vio inducido a abandonar las medidas activas: « [...] debemos
contentarnos con interpretar las tendencias ocultas del paciente a actuar y sostenerlo en los
débiles esfuerzos que efectúa para superar las inhibiciones neuróticas de las que hasta
entonces ha sufrido, pero esto sin obligarle a adoptar medidas violentas ni incluso
aconsejárselas. Si tenemos suficiente paciencia, el enfermo abordará por sí mismo el problema
de efectuar tal esfuerzo, por ejemplo, afrontar una situación fóbica [...]. Corresponde al propio
enfermo el decidir el momento de la actividad o, por lo menos, proporcionar indicaciones
evidentes de que tal momento ha llegado».
A menudo se opone la técnica activa a la actitud puramente «expectante», pasiva, que exigiría el
método analítico. En realidad, esta oposición es forzada; por una parte, porque Ferenczi siempre
consideró las medidas por él preconizadas como un auxiliar y no una variante del método
analítico; por otra, porque éste no excluye una cierta actividad por parte del analista (preguntas,
espaciamiento de las sesiones, etc.), siendo la propia interpretación activa en la medida en que
modifica necesariamente el curso de las asociaciones. Lo característico de la técnica activa
sería el acento que pone en la repetición, en tanto que opuesta por Freud a la rememoración;
para superar esta compulsión a la repetición y hacer posible finalmente la rememoración o, por lo
menos, el progreso del trabajo analítico, Ferenczi consideró necesario, no sólo permitir, sino
alentar la repetición. Tal es el móvil de la técnica activa(6).


Técnica psicoanalítica
(o del psicoanalista)
Alemán: Psychoanalytische Technik.
Francés: Technique psychanalytique (ou de la psychanalyse).
Inglés: Technique of psychoanalysis.
     
fuente(7)
En la historia del movimiento freudiano, se llama técnica del psicoanálisis a los procedimientos de
intervención clínicos, terapéuticos e interpretativos que permiten definir el marco de la cura
psicoanalítica. Junto a la reflexión sobre la transferencia, la contratransferencia, la regla
fundamental y la abstinencia, y en el interior mismo de las modalidades de aparición del análisis
didáctico y de control, este marco quedó delimitado por reglas denominadas técnicas. La
duración de las sesiones y de la cura en sí, el número de sesiones por semana, el modo de
intervención (activo o pasivo) del analista, la posición del analizante (tendido o cara a cara):
todas estas cuestiones han sido objeto de múltiples debates que llevaron siempre a la definición
de nuevas maneras de conducir los tratamientos conforme se tratara de niños, neuróticos,
psicóticos o psicoanalistas en formación, o según la pertenencia del analista a una u otra de las
grandes corrientes del freudismo: el annafreudismo, la Ego Psychology, la Self Psychology, el
lacanismo.
Al respecto, la historia del psicoanálisis en el sentido terapéutico y clínico de la palabra es
siempre la historia de las innovaciones técnicas aportadas por sus grandes clínicos, disidentes o
no de la International Psychoanalytical Association (IPA).
El psicoanálisis nació de la impugnación del nihilismo terapéutico que dominaba la psiquiatría
alemana de fines de siglo a través de la nosografía de Emil Kraepe!in. La actitud nihilista llevaba a
observar al enfermo sin escucharlo, y a clasificar las enfermedades del alma sin tratar de
curarlas. Freud puso de manifiesto desde sus inicios de profesional una voluntad feroz de curar
a los hombres de sus sufrimientos psíquicos, y sobre todo de demostrar que su método era el
más eficaz, por ser el más científico y el más coherente. En otras palabras, el psicoanálisis tuvo
en primer término el objetivo terapéutico de curar rápido y bien: de allí el nacimiento de una nueva
utopía correlativa a una nueva doctrina.
Pero muy pronto hubo que cambiar de tono: como todos los métodos terapéuticos, como toda
medicina, el psicoanálisis no llegó a definir los cánones de la cura perfecta. Había fracasos,
desfallecimiento, desastres provocados por la rutina, la lentitud, la esclerosis de la escucha. De
allí la idea de reflexionar sobre una nueva temporalidad de la cura, y por lo tanto organizar de
otro modo su duración. Así surgió la noción de la "prisa terapéutica" que signaría el conjunto de
las innovaciones técnicas del freudismo durante cien años: "La tentación -escribió Jean-Baptiste
Fagés- sería doble: abreviar el tratamiento y precipitarlo para obtener una eficacia tangible".
El primero en impugnar el carácter interminable de la cura freudiana y en aplicar un método
llamado "activo" fue Wilhelm Stekel. Él propuso limitar las curas, que tendrían entre cincuenta y
ciento cincuenta sesiones, al ritmo de tres a seis por semana. Después de Stekel, Sandor
Ferenczi, el clínico más brillante de toda la historia del psicoanálisis, introdujo en 1919 el principio
de la "técnica activa", según la cual, en lugar de limitarse a interpretaciones, el analista debía
intervenir en el curso de la sesión con mandatos y prohibiciones. Más tarde Ferenczi impulsó el
activismo al punto de permitir a ciertos pacientes que lo abrazaran o acariciaran, a fin de
instaurar una identificación con un progenitor amante que les había faltado durante la infancia.
En 1932 fue aún más lejos con la idea del análisis mutuo, que permitía una inversión de roles: ir a
la casa del paciente en lugar de recibirlo en el consultorio, y dejarlo conducir la cura a su
manera, o incluso tenderse en el diván en lugar de él, o pagarle. En síntesis, se trataba de
establecer una reciprocidad maternante, siempre con el objeto de obtener los mejores
resultados. Freud denunció el furor sanandi (locura de curar) de su discípulo preferido.
Otto Rank, por su lado, desarrolló la idea de una "terapia activa": las curas debían ser breves (de
algunos meses) y limitadas de antemano en el tiempo. Sostuvo asimismo que, en lugar de
conducir sin cesar al paciente a su historia pasada y a su inconsciente, interpretando los
sueños y el complejo de Edipo, era preferible apelar a la voluntad consciente de aquél, a su
situación presente y a su deseo de curarse, como única manera de sacarlo de la pasividad
masoquista. Después llegaron, sucesivamente, las innovaciones de Wilhelm Reich, Franz
Alexander y la Escuela de Chicago, y finalmente las de Michael Balint, en gran medida inspiradas
por su filiación ferencziana.
Freud tomó en cuenta las modificaciones aportadas por sus discípulos, y subrayó, hacia el final
de su vida, el carácter "interminable" del psicoanálisis. Renunciando a todo ideal de cura
perfecta o curación lograda, propuso que tanto los analistas como los pacientes renovaran la
experiencia de la cura al infinito, en reanálisis sucesivos, siempre que fuera necesario.
Entre los sucesores de Freud partidarios de la "prisa terapéutica", Jacques Lacan fue el único
que aplicó una innovación técnica consistente en abreviar la duración de la sesión, más bien que
la de la cura. Lacan invocó la necesidad de puntuar el discurso del analizante a partir del
enunciado de un significante. Esta innovación llevó a la corriente lacaniana a una prolongación
considerable de la duración de las curas, y para el propio Lacan concluyó en un desafío
fáustico: la disolución radical del tiempo de la sesión.
Estas innovaciones técnicas demostraron que el psicoanálisis, lejos de seguir coagulado en una
doctrina monolítica, supo modificar su práctica a lo largo de los años, enfrentando tanto la
competencia de las otras psicoterapias como las transformaciones radicales debidas a la
demanda y el deseo de los analizantes.
Una de las grandes revoluciones del psicoanálisis ha consistido en abolir la división tradicional
entre el médico y el enfermo. Al dar la palabra al paciente más bien que a la nosografía, y al
considerar que el propio sujeto podía verbalizar sus síntomas, la doctrina freudiana ha permitido
que ex pacientes se conviertan a su vez en terapeutas. De alguna manera ha borrado la
frontera tradicional entre el saber y la verdad, entre la ciencia y el dolor, entre la razón y la
locura. En consecuencia, el estatuto mismo de la curación psíquica se ha modificado
considerablemente en el último siglo. En lugar de remover los síntomas o pretender erradicarlos,
el psicoanálisis ha señalado la vía de una cierta sabiduría: la curación equivale tanto a una
transformación como a una aceptación de sí mismo.


Telepatía
Alemán: Telepathie.
Francés: Télépathie.
Inglés: Telepathy.
     
fuente(8)
Término creado por Frederick Myers en 1882, a partir del griego télé ("lejos") y pathos
("emoción") para designar una comunicación mental a distancia (o transmisión de pensamiento)
entre dos personas que se suponen en relación psíquica. El fenómeno fue descrito por Sigmund
Freud en 1921 como una transferencia de pensamiento.
En la historia del psicoanálisis y sus orígenes, se ubican la telepatía y el espiritismo
(comunicación con los muertos a través de un médium) en la categoría de los fenómenos propios
del ocultismo.
En 1921, en una carta dirigida al psiquiatra norteamericano Hereward Carrigton, que le había
solicitado su opinión sobre los fenómenos ocultos, Sigmund Freud respondió con las siguientes
palabras: "Si yo me encontrara en el principio de mi carrera científica, en lugar de estar en el
final, quizá no elegiría otros ámbitos de investigación". Después le pidió a su destinatario que no
mencionara su nombre, porque él no creía en la "supervivencia de la personalidad después de la
muerte", y sobre todo porque deseaba instaurar una línea de separación muy clara entre el
psicoanálisis como ciencia y "ese campo de conocimiento aún inexplorado", a fin de no generar
el menor malentendido al respecto.
El hecho de que Freud haya querido siempre mantener alejada su doctrina de lo que él solía
llamar "la marea negra del ocultismo" no le impidió sentirse fascinado por ese ámbito, al punto de
demostrar acerca del tema una extrema ambivalencia. Esa fascinación que ejercían sobre él los
fenómenos del mundo de lo extraño, lo irracional o lo inexplicable, confirma que Freud perteneció
al linaje de los descubridores del inconsciente y de los hombres de ciencia herederos del
"Aufklärung sombrío", para retomar las palabras del filósofo israelí Yirmiyahu Yovel. Fue un
sabio atravesado por la división entre el cogito y la locura, que se encaminó por el camino de la
duda desde el error hasta la verdad, abrazando las teorías más extravagantes de su época (por
ejemplo las de Wilhelm Fliess), para después transformarlas o asimilarlas. En cuanto al
psicoanálisis, que tomó impulso a partir de una inmersión interpretativa en el dominio del sueño,
según la bella fórmula de Thomas Mann fue "un romanticismo convertido en científico".
La historia de las relaciones de Freud con la telepatía debe comprenderse en ese movimiento de
vacilación permanente de la doctrina psicoanalítica entre la sombra y la luz, la pasión y la razón,
lo irracional y la ciencia, pero también entre Sandor Ferenczi y Ernest Jones.
Este "episodio" del ocultismo comenzó en Viena en 1909, cuando Carl Gustav Jung, bajo la
mirada espantada de Freud, desplegó sus talentos de ilusionista, haciendo crepitar objetos
posados sobre los muebles del departamento de 19 Berggasse. Después de tratar de imitar a su
joven discípulo, Freud olvidó el asunto, que resurgió en 1910, cuando Ferenczi empezó a buscar
videntes y adivinas en las afueras de Budapest para demostrarle a su maestro la existencia de
la transmisión del pensamiento. Freud cambió entonces de opinión, y le narró a su discípulo la
historia de un astrólogo muniqués capaz de predecir el futuro a partir de la fecha de nacimiento.
Encantado, Ferenczi le respondió: "Cuando vaya a Viena, me presentaré como astrólogo de
corte de los psicoanalistas". En 1913, nuevo cambio de opinión: Freud cerró el debate
condenando de manera despiadada, en nombre de la ciencia, las experiencias telepáticas de un
cierto profesor Roth que Ferenczi había llevado a la Wiener Psychoanalytische Vereinigung
(WPV).
A partir de 1920, y hasta 1933, la cuestión de lo oculto surgió de nuevo cuando el movimiento
psicoanalítico, bajo la dirección de Max Eitingon, estableció las grandes reglas del análisis
didáctico que hicieron de la International Psychoanalytical Association (IPA) un movimiento
organizado según los principios del racionalismo positivista. En ese contexto, en el que el ideal
de una posible cientificidad del psicoanálisis iba de la mano con la institucionalización progresiva
de los principios de la cura, Freud asumió la defensa de la telepatía. Con su hija Anna y Ferenczi
hizo "dar vuelta mesas" y se entregó a experiencias de transmisión de pensamiento en el curso
de las cuales asui-nía el papel de médium, analizando sus asociaciones verbales. Jones y
Eitingon trataron entonces de frenar sus ardores, aduciendo que la. conversión del psicoanálisis
a la telepatía acrecentaría las resistencias del mundo anglosajón a la doctrina freudiana, y la
presentaría como la obra de un charlatán. Con el objetivo de hacer ingresar al psicoanálisis en la
era de la ciencia, y de marcar el fin definitivo de su anclaje en el viejo mundo austrohúngaro,
poblado de gitanos y magos, Jones propuso desterrar de los debates de la IPA todas las
investigaciones sobre el ocultismo. Freud aceptó, e impidió que Ferenczi presentara en el
Congreso de Bad-Homburg una comunicación acerca de sus experiencias telepáticas.
No obstante, en 1921 volvió a cambiar de opinión, redactando un artículo sin título que se
proponía presentar en 1922 en el Congreso de Berlín. Eitingon y Jones lo disuadieron. Freud
retiró el texto, que sería finalmente publicado en 1941 con carácter póstumo, y titulado
"Psicoanálisis y telepatía". Después de ese rechazo volvió a la carga, ese mismo año, con otro
artículo, "Sueño y telepatía", que iba en el mismo sentido. Lo hizo publicar en Imago. Diez años
más tarde dio una conferencia sobre el tema "Sueño y ocultismo", a la que incorporó el material
aportado en 1921, sobre todo el célebre caso de David Forsyth, que iba a figurar en
"Psicoanálisis y telepatía". Esa conferencia fue publicada en 1933, en el marco de las Nuevas
conferencias de introducción al psicoaná
lisis.
Desde el principio de "Psicoanálisis y telepatía", Freud explica su interés por el tema. El
psicoanálisis y el ocultismo tienen, según él, un punto en común: ambos han sufrido el
tratamiento desdeñoso Y altanero de la ciencia oficial. El progreso de las ciencias (el
descubrimiento del radium y la relatividad), añade en sustancia, puede haber tenido el doble
efecto de hacer pensable lo que la ciencia anterior rechazaba en el ocultismo, y al mismo tiempo
suscitar nuevas fuerzas oscurantistas. De allí el peligro: era posible que personas
irresponsables se obstinaran en manipular ciertas técnicas ocultistas para usufructuar la
credulidad de los hombres en provecho propio. Más adelante en el texto, Freud narra varias
supuestas experiencias de telepatía, en particular la de un adivino cuyas profecías no se
realizaron nunca.
Narra también la historia de un joven que consultó a una adivina, dándole la fecha de nacimiento
de su cuñado. La adivina afirmó que el cuñado moriría de un envenenamiento con ostras y
cangrejos. Estupefacto, el joven recordó que lo que se le anunciaba en realidad ya se había
producido: gran aficionado a los frutos de mar, el cuñado había estado a punto de morir de un
envenenamiento con ostras el año anterior. Freud llega a la conclusión de que en el origen de la
predicción había un fenómeno de telepatía entre el joven y la vidente: "Ese saber le fue
transferido a ella, la supuesta adivina, por vías ignotas, que excluyen los modos de
comunicación que conocemos. Es decir que debemos concluir que hubo transferencia de
pensamiento."
Vemos entonces que Freud abandona el terreno de lo oculto y de la creencia en la telepatía por
el de la interpretación psicoanalítica. De tal modo presenta uno de los aspectos más fascinantes
de su talento de clínico, que encontramos tanto en su texto sobre Leonardo da Vinci
(1452-1519) como en los análisis de Serguei Constantinovich Pankejeff o de Marie Bonaparte. En
efecto, Freud no vacila nunca en asumir, en nombre del psicoanálisis, y porque él lo considera
una ciencia, un verdadero papel de hechicero, chamán o vidente. Lo mismo que Fausto, juega
con el Diablo.
Pero para Jones esas historias de videncia eran puras elucubraciones que ponían en peligro la
política racional de la IPA: "Usted podría ser bolchevique -le escribió a Freud-, pero no
favorecería la aceptación del psicoanálisis anunciándolo". Freud le respondió: "Es
verdaderamente difícil no herir las susceptibilidades inglesas. No veo ninguna perspectiva de
apaciguar a la opinión pública en Inglaterra, pero al menos me gustaría explicarle a usted mi
aparente inconsecuencia en lo que respecta a la telepatía [ ... ]. Cuando sostengan ante usted
que he caído en el pecado, responda con calma que mi conversión a la telepatía es un asunto
personal mío, como el hecho de que soy judío, de que fumo con pasión y muchas otras cosas, y
que el tema de la telepatía es en esencia extraño al psicoanálisis."
Estos conflictos demuestran que las incoherencias de Freud eran menos el síntoma del rechazo
o la aceptación de la telepatía en sí misma, que el signo de su estatuto de sabio visionario y de
su resistencia pasiva a la línea política preconizada por Jones. Ésta consistía en apoyar a los
norteamericanos en la defensa del análisis medicalizado, en detrimento del análisis profano, y en
llevar el conjunto de la doctrina freudiana a una especie de cientificismo evacuado de todas las
escorias de su "irracionalismo" original: espiritismo, sonambulismo, magnetismo, etcétera. En este
sentido, la crisis ocultista que atravesó el movimiento freudiano entre 1920 y 1930 remite al gran
debate sobre el abandono de la hipnosis, también recurrente en la historia del psicoanálisis.
Freud había abandonado la práctica del hipnotismo y la sugestión para basar el psicoanálisis
sobre el método de la asociación libre y el análisis de la transferencia, es decir, sobre una
concepción del sujeto en la cual éste aceptaba conscientemente la existencia de su
inconsciente. De la misma manera, tranformó la telepatía -fenómeno oculto que supone la
intervención del más allá (los astros, la videncia o lo demoníaco)- en una pura transferencia de
pensamiento a la que convenía dar una interpretación psicoanalítica. Pero, al fingir que adhería a
la telepatía, jugaba a volver a una visión de algún modo "prefreudiana", prehipnótica o magnética
de la relación transferencial. Si la transmisión de pensamiento se podía dar fuera de una
situación analizable en términos de transferencia, sólo podía comprenderse postulando un
"fluido" capaz de llevar a los sujetos a un estado de hipnosis: un estado por cierto virtual y sin
ningún soporte fisicoquímico, pero con todo un fluido, un fluido oculto, escondido, espiritual,
digno de los gurúes y las sectas, ignorado por el propio inconsciente, en una especie de
anterioridad mítica.
El juego al que se entregó Freud en las barbas de Jones confirma que, en cada crisis de la
historia del movimiento psicoanalítico, la cuestión de la telepatía retornaba al mismo tiempo que la
cuestión de la hipnosis. Siempre se trataba de reivindicar, contra una primacía demasiado
racional, demasiado universalista, incluso demasiado dogmática de la ciencia, un saber
folclórico, mágico y sobre todo liberador, un saber que se sustrae a las coacciones M orden
establecido. Cuando en este punto Freud quiere engañar a las adivinas y videntes del viejo
Imperio Austro-Húngaro, divirtiéndose en fingir que cree en la telepatía mientras la reduce a una
manifestación del inconsciente y la transferencia, demuestra bien el estatuto particular del
psicoanálisis en su relación violenta, contradictoria y ambigua con la ciencia, la locura y la
medicina, así como el carácter recurrente de su interrogación sobre sus orígenes.
La mejor traducción francesa de "Psicoanálisis y telepatía" ha sido publicada en 1983 por
Wladimir Granoff y Jean-Michel Rey. El comentario más notable sobre este texto es el de
Jacques Derrida, quien, en 1981, escribió: "De modo que el psicoanálisis [ ... ] se asemeja a una
aventura de la racionalidad moderna para absorber y a la vez rechazar el cuerpo extraño
denominado Telepatía, asimilarlo y vomitarlo sin poder resolverse ni a lo uno ni a lo otro [ ... ]. La
«conversión» no es una resolución, ni una solución; es aún la cicatriz hablante del cuerpo
extraño. Un medio siglo conmemora ya el Gran Viraje [ ... ] la Telepatía viene hacia nosotros


Teoremas de Punto fijo
     
fuente(9)
Se conoce con este nombre a diversos teoremas que aseguran, bajo diferentes hipótesis, la
existencia de al menos un punto fijo en cierta función f, es decir, un elemento x tal que f(x) = x.
Estos teoremas tienen aplicaciones en variados campos. Uno de los más conocidos se debe al
holandés L.E.J.Brouwer, que dice que toda función continua de una bola n–dimensional
cerrada
en sí misma tiene al menos un punto fijo. Un resultado similar, muy interesante, dice que
toda transformación continua de la esfera usual en sí misma (y en general, de cualquier esfera
de dimensión par) tiene al menos un punto fijo o bien un punto antipodal, es decir, tal que el valor
de f(x) resulta ser el de la antípoda de x.


Teoría cloacal
Al.: Kloakentheorie.
Fr.: théorie cloacale.
Ing.: cloacal (o cloaca) theory.
It.: teoria cloacale.
Por.: teoria cloacal.
     
fuente(10)
Teoría sexual del niño, que ignora la distinción entre la vagina y el ano: la mujer sólo poseería una
cavidad y un orificio, que se confunde con el ano, a través del cual nacerían los niños y se
practicaría el coito.
En su artículo sobre Teorías sexuales infantiles (Über infantile Sexualtheorien, 1908) Freud
describió, como teoría típica en el niño, la que denomina teoría cloacal, que él relaciona con la
ignorancia de la vagina por parte de los niños de ambos sexos. Esta ignorancia implica la
convicción de que « [...] el bebé debe ser expulsado como un excremento, como una deposición
[...]. La teoría cloacal, que, después de todo, se cumple en muchos animales, es la única que
puede parecer verosímil al niño». La idea de que existe un solo orificio implica también una
representación «cloacal» del coito.
Tal «teoría» es, según Freud, muy precoz. Obsérvese que corresponde a ciertos datos
descubiertos por el psicoanálisis, especialmente en la evolución de la sexualidad femenina: «La
clara separación que se exigirá entre las funciones anal y genital se halla en contradicción con
las estrechas relaciones y analogías existentes entre ellas, tanto anatómica como
funcionalmente. El aparato genital permanece en la inmediata vecindad de la cloaca; "[...] en la
mujer existe incluso una dependencia(11)"». Según Freud, es a partir de esta especie de
indiferenciación que « [...] la vagina, derivada de la cloaca, debe ser llevada al rango de zona
erógena dominante».


Terapia catártica
o método catártico
Al.: kathartisches Heilverfahren o kathartische Methode.
Fr.: méthode cathartique.
Ing.: cathartic therapy o cathartic method.
It.: metodo catartico.
Por.: terapéutica o terapia catártica, método catártico.
     
fuente(12)
Método de psicoterapia en el que el efecto terapéutico buscado consiste en una «purga»
(catarsis), una descarga adecuada de los afectos patógenos. La cura permite al sujeto evocar e
Incluso revivir los acontecimientos traumáticos a los que se hallan ligados dichos afectos y
lograr la abreacción de éstos.
Históricamente el «método catártico» pertenece al período (1880-1895) en que se va creando
progresivamente la terapéutica psicoanalítica a partir de los tratamientos efectuados bajo
hipnosis.
La palabra catarsis procede del griego y significa purificación, purga. Fue utilizada por
Aristóteles para designar el efecto producido por la tragedia en el espectador: «La tragedia es la
imitación de una acción virtuosa y perfecta que, por medio del temor y de la compasión, suscita
la purificación de tales pasiones».
Breuer y más tarde Freud recogieron este término, que para ellos connota el efecto que se
espera obtener de una abreacción adecuada del trauma. En efecto, ya es sabido que, según la
teoría desarrollada en los Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie, 1895), los afectos
que no han logrado encontrar la vía hacia la descarga permanecen «arrinconados»
(eingeklemmt), ejerciendo entonces efectos patógenos. Más tarde, resumiendo la teoría de la
catarsis, Freud escribe: «Se suponía que el síntoma histérico se originaba cuando la energía de
un proceso psíquico no podía llegar a la elaboración consciente y se dirigía hacia la inervación
corporal (conversión) [...]. La curación se obtenía por la liberación del afecto desviado y su
descarga por las vías normales (abreacción)».
En sus comienzos, el método catártico se hallaba íntimamente ligado a la hipnosis. Pero Freud
pronto dejó de utilizar la hipnosis como un método destinado a provocar directamente la
supresión del síntoma sugiriendo al enfermo que éste no existe: le sirve para inducir la
rememoración, reintroduciendo en el campo de la conciencia las experiencias subyacentes a los
síntomas, pero olvidadas, «reprimidas» por el sujeto(13). Estos recuerdos reevocados, o incluso
revividos con intensidad dramática, proporcionan al sujeto ocasión para expresar, descargar los
afectos que, originalmente ligados a la experiencia traumática, en seguida habían sido
suprimidos.
Rápidamente Freud renuncia a la hipnosis propiamente dicha, substituyéndola por la simple
sugestión (ayudada por un artificio técnico: la presión de la mano sobre la frente del paciente)
destinada a convencer al enfermo de que encontrará el recuerdo patógeno. Finalmente, Freud
ya no recurrirá a la sugestión, fiándose simplemente de las asociaciones libres del paciente. En
apariencia, la finalidad de la cura (librar al enfermo de sus síntomas restableciendo la vía normal
de descarga de los afectos) sigue siendo la misma en el curso de esta evolución de los
procedimientos técnicos. Pero de hecho, como lo atestigua el capítulo de Freud sobre la
Psicoterapia de la histeria (Estudios sobre la histeria), esta evolución técnica va acompañada
de un cambio de perspectiva en la teoría de la cura: se toman en consideración las resistencias,
la transferencia, se hace especial hincapié sobre la eficacia de la elaboración psíquica y del
trabajo elaborativo. De acuerdo con ese enfoque, el efecto catártico ligado a la abreacción deja
de constituir el principal recurso del tratamiento.
Pero no por ello la catarsis deja de ser una de las dimensiones de toda psicoterapia analítica. Por
una parte, y en forma variable según las estructuras psicopatológicas, se produce en muchas
curas una intensa reviviscencia de ciertos recuerdos, que va acompañada de una descarga
emocional más o menos tempestuosa; por otra parte, es fácil mostrar que el efecto catártico
vuelve a encontrarse en las distintas modalidades de la repetición en el curso de la cura, y
especialmente en la actualización transferencial. Asimismo, el trabajo elaborativo y la
simbolización por el lenguaje se hallaban ya prefigurados en el valor catártico que Breuer y
Freud atribuyeron a la expresión verbal: «[...] en el lenguaje el hombre encuentra un substitutivo
de la acción, substitutivo mediante el cual el afecto puede ser derivado por abreacción casi en
igual forma. En otros casos, la propia palabra constituye el reflejo adecuado, en forma de
lamento o como expresión de un secreto atormentador (confesión)».
Aparte de los efectos catárticos que se encuentran también en todo psicoanálisis, conviene
señalar que existen algunos tipos de psicoterapia que persiguen ante todo la catarsis: el
narcoanálisis, utilizado principalmente en los casos de neurosis traumática, provoca, mediante la
administración de fármacos, efectos parecidos a los que Breuer y Freud obtenían mediante la
hipnosis. El psicodrama, según Moreno, se define como una liberación de los conflictos internos
mediante la representación dramática.


Terapia familiar
Alemán: Familie Therapie.
Francés: Thérapie familiale.
Inglés: Family therapy.
     
fuente(14)
La terapia familiar es un método de psicoterapia colectiva que apunta a atender la patología
psíquica de un sujeto a partir de su historia familiar y de la inclusión de los miembros de la familia
en el tratamiento; según las distintas escuelas, la familia es una estructura normativa en la que
se elabora la identidad del sujeto, o bien un medio patógeno dominado por un double bind (o
doble vínculo), o un sistema (sistemismo) en el que el sujeto es considerado el producto
biológico, social y psíquico de un conjunto de elementos en interacción que se rige por sus
propias reglas.
En la historia de la psiquiatría dinámica, la terapia familiar surgió de la transformación del modelo
de la familia patriarcal a fines del siglo XIX, de la generalización ulterior del tratamiento de la
esquizofrenia, y finalmente del desarrollo de la antropología y el etnopsicoanálisis. En este
sentido, tiene que ver con la antipsiquiatría, el neofreudismo, el culturalismo, las diversas
psicoterapias de grupo y la psicoterapia institucional, estén o no estos métodos atravesados por
los principios del psicoanálisis.



Terapia guestáltica

Terapia guestáltica
Terapia guestáltica
Alemán: Gestalttherapie.
Francés: Gestaltthérapie.
Inglés: Gestalt Therapy.
     
fuente(15)
Nombre derivado de Gestalttheorie (teoría de la forma), e introducido por el psicoanalista
norteamericano Frederick Perls (1893-1970) para designar una psicoterapia de grupo en la cual
el paciente debe vivir sus conflictos a través de la expresión corporal para recobrar la unidad de
su personalidad.
Esta forma de psicoterapia, cercana al análisis existencial (por su dimensión fenomenológica), al
psicodrama de Jacob Levy Moreno (por su técnica), y a la vegetoterapia de Wilhelm Reich (por
su lado biologista y libertario), fue creada por un personaje singular. Esta práctica desapareció
pronto, y después resurgió en diversas escuelas, con formas más o menos alejadas del
dispositivo de su creador.
De origen berlinés, Perls se formó en psiquiatría y psicoanálisis en contacto con Paul Schilder, en
Viena, donde, por otra parte, conoció a Sigmund Freud en 1930. Pero fue en Francfort donde
adoptó la teoría de la Gestalt al convertirse en asistente del gran neurólogo Kurt Goldstein
(1878-1965), cuyas tesis sobre la unidad del organismo humano y el funcionamiento cerebral
marcaron a toda la filosofía siglo XX, sobre todo en los trabajos de Maurice Merleau-Ponty
(1908-1961) y Georges Canguilhem (1904-1995).
Analizado primero por Wilhelm Reich y después por Karen Horney, Perls se ubicó de entrada en
disidencia respecto del freudismo clásico. Huyendo del nazismo emigró a Holanda, y más tarde,
en 1940, a Sudáfrica, donde escribió su primer libro. En él revisó la concepción freudiana,
proponiendo que en el curso de la cura se apelara más al cuerpo. En Nueva York, en 1946, y
después en California, desarrolló sus tesis guestálticas animando diversos grupos ligados a la
contracultura norteamericana. Después de una estada en Japón asoció la terapia guestáltica con
la práctica del budismo zen, convirtiéndose en un gran gurú californiano que preconizaba a la
vez el naturismo, el orientalismo y la apertura a todas las formas de psicoterapia corporal que se
desarrollaron en la década de 1970 en la Costa Oeste de los Estados Unidos. Antes de morir
fundó una comunidad terapéutica en Canadá.
Lo mismo que muchas psicoterapias disidentes del freudismo y orientadas hacia el sí-mismo
(self), la terapia guestáltica rechaza a la vez las nociones de ello y superyó: la primera porque
desviaría al sujeto de la plena conciencia de sí mismo, y la segunda porque sería una instancia
opresora del yo. A la segunda tópica, la terapia guestáltica opone entonces una teoría de la
personalidad, y al psicoanálisis propiamente dicho, una terapia de grupo orientada hacia la
"desintelectualización" del sujeto, en beneficio de sus afectos o sus emociones. De allí que,
después de la muerte de Perls, en casi todas partes se mezcló la terapia guestáltica con las
técnicas llamadas bioenergéticas, herederas de la vegetoterapia de Reich y basadas en la idea
de que "la comunicación no verbal" (el grito, la gimnasia, el masaje, la expresión corporal,
etcétera) permite un mejor acceso a la curación que el tratamiento por la palabra.


Ternura
Al.: Zärtlichkeit.
Fr.: tendresse.
Ing.: tenderness.
It.: tenerezza.
Por.: ternura.
     
fuente(16)
En el empleo específico que le da Freud, este término designa, en contraposición al de
«sensualidad» (Sinnlichkeit), una actitud hacia otro que perpetúa o reproduce el primer modo de
relación amorosa del niño, en el cual el placer sexual no se da Independientemente, sino siempre
apoyándose en la satisfacción de las pulsiones de autoconservación.
Analizando un tipo especial de comportamiento amoroso (Sobre una degradación general de la
vida erótica
[Über die allgemeinste Erniedrigung des Liebeslebens, 1912]), Freud se vio
inducido, en la medida en que estos dos elementos se hallaban separados en clínica, a 'distinguir
una «corriente sensual» y una «corriente de ternura» (véase: Amor genital).
Freud se dedica, más que a describir las manifestaciones de la ternura, a buscar su origen. Lo
encuentra en la elección objetal primaria del niño, el amor hacia la persona que lo cuida y lo
alimenta. Desde el comienzo, este amor incluye componentes eróticos, pero éstos, en un primer
tiempo, son inseparables de la satisfacción hallada en la alimentación y los cuidados corporales
(véase: Apoyo).
En contraposición, la corriente «sensual» o, hablando propiamente, sexual, se podría definir, en
la infancia, por el hecho de que el placer erótico se desvía pronto del camino hacia el objeto que
le viene indicado por las necesidades vitales y se vuelve autoerótico (véase: Sexualidad).
Durante el período de latencia, los fines sexuales experimentan, por efecto de la represión, una
especie de mitigación, lo que refuerza la corriente de la ternura. Con el empuje pulsional de la
pubertad, «[...] la potente corriente sensual vuelve a dirigirse hacia sus fines». Pero sólo
paulatinamente los objetos sexuales podrán «[...] atraer hacia sí la ternura dirigida hacia los
objetos anteriores».


Tiempo
     
fuente(17)
La afirmación de Freud según la cual «los procesos del sistema les son intemporales» ha sido
una fuente de equívocos. Ha alentado la concepción falaz de la unidimensionalidad del tiempo,
mensurable en duración, que justifica la práctica de sesiones de duración determinada de
antemano e impide el acceso a la captación sincrónica del inconsciente que se manifiesta como
corte del sujeto, en la pulsación de una escansión, el eclipse de la conciencia, el trazo en
relámpago de lo no-sabido (Un-bewusste).
Con esta afirmación Freud significa que los procesos inconscientes no sufren el desgaste del
tiempo, que el deseo es indestructible (conclusión de la Traumdeutung). Pero ¿cómo se puede
decir que algo es indestructible y al mismo tiempo, en nombre de esta indestructibilidad, que
escapa al tiempo de la duración? Para responder a este interrogante y definir la estructura
temporal de la indestructibilidad del deseo, cabe distinguir, junto a la duración, otras dimensiones
del tiempo. Nadie ha abierto esta vía como Lacan.
Estructura temporal de los síntomas
Para apreciar el valor de la senda abierta por Lacan no hay que partir de una fenomenología del
tiempo vivido (Minkovski), sino precisar en qué el síntoma como tal exterioriza más o menos
directamente una relación del sujeto con varias coordenadas temporales objetivables.
Piénsese por ejemplo en los síntomas del «déjá vu» [«ya visto»] y el «déjá dit» [«ya dicho»J: el
«déjá» [«ya»] recuerda que el problema proviene de no haber dicho en el momento en que el
sujeto tenía que haberlo hecho. En toda toma de palabra que implica al sujeto hay una dimensión
temporal muy importante por considerar; esta dimensión temporal es inherente a la acción de lo
simbólico.
El caso de fetichismo del brillo en la nariz (Glanz auf der Nase), referido por Freud, representa a
su manera un fracaso del cumplimiento de la función temporal. El «auf der Nase» ([puesto] sobre
la nariz) es la transformación espacial coagulada de un dato temporal del orden del instante de
ver, puesto que proviene de un «glance auf die Nase» (ojeada sobre [al la nariz).
El desmentido más explícito al enunciado de que los procesos les «no tienen absolutamente
ninguna relación con el tiempo» es proporcionado por el propio Freud con la noción de
«posterioridad» (aprés-coup, Nachträglichkeit), que le sirve para explicar la formación de los
síntomas histéricos. No son los acontecimientos en sí los que tienen una acción traumática, sino
el segundo tiempo que constituye su reviviscencia en forma de fantasma después que el sujeto
ha alcanzado la madurez sexual.
Lacan retomó y generalizó el esquema freudiano de la posterioridad. En primer lugar,
homogeneizó en términos de significantes los dos tiempos de Freud. En efecto, en Freud había
una disparidad entre el primer tiempo designado como experiencia, huella mnémica, impresión,
percepción, y el segundo tiempo, denominado representación. Al formalizar el esquema de la
posterioridad con el grafo, Lacan hace de la posterioridad un tiempo de retroacción de un
significante sobre otro. Este paso es decisivo, puesto que separa el orden lógico del lenguaje, en
el cual se sitúa la retroacción, respecto del orden de las cosas. Por otra parte, esto descarta la
prevalencia de la función diacrónica de la filogénesis, de la que se sabe que fue la inclinación de
Freud, que hizo remontar el primer tiempo del trauma a la linde de la historia de la humanidad,
consagrando así de derecho una prioridad al primer tiempo del a posteriori. Por el contrario, el
planteo en términos de significantes permite a la posterioridad conservar su originalidad, es
decir, la sincronía de su funcionamiento en la retroacción del tiempo dos, que hace existir el
tiempo uno (lo cual es una definición de la repetición). Por último, al generalizar este esquema
temporal, Lacan ya no lo reserva para la formación del síntoma histérico, sino que lo convierte en
esquema explicativo de la significación. El inicio de una frase sólo encuentra su significación
cuando la frase ha concluido.
Los fundamentos de la estructuración temporal de la experiencia subjetiva no se limitan en Lacan
a retomar el esquema de la posterioridad. También ha trazado el plano de las coordenadas
temporales del campo del Otro, en las cuales funciona ese esquema, y que son el instante de
ver, el tiempo para comprender y el momento de concluir.
El Hombre de los Lobos es un caso que Lacan ha tomado a menudo como ejemplo para mostrar
de qué modo han sido distorsionadas estas tres dimensiones. El Hombre de los Lobos, que al
final de su vida todavía pintaba tarjetas postales con la escena del sueño que le había dado el
nombre con el que se lo conoce en la literatura, de alguna manera quedó fijado en el instante de
ver que no encontró su tiempo para comprender, por el hecho de que el momento de concluir fue
anticipado por el analista, y él permaneció en «la alienación de su verdad» (Escritos). Si el
síntoma tiene la significación de un retorno de la verdad del sujeto, es porque hay una hora de la
verdad para el sujeto. Hamlet está suspendido de la hora de la verdad del otro. No mata a Claudio
porque no es su hora.
El tiempo lógico
Puesto que la lógica se ocupa de los valores de verdad, esta relación de la verdad con el tiempo
justifica que Lacan haya intentado anudar lógica y tiempo. Lo hizo desde 1945, en «El tiempo
lógico y el aserto de certidumbre anticipada», donde le otorga un lugar decisivo a una dimensión
temporal nueva, la prisa, que se añade a las ya inventariadas de la sucesión y la sincronía.
La conclusión del sofisma tiene el rigor de una solución lógica, con la condición -dice Lacan- de
que se integre en ella el valor de dos escansiones suspensivas en las que los prisioneros ponen
en duda la validez de la solución y cada vez repiten la conclusión. Estas escansiones tienen
valor de significantes (Lacan, 1966); ellas verifican la precipitación del sujeto para concluir en la
prisa, en un momento de eclipse en el que, realizando un tiempo de retardo de su razonamiento
con relación al de los otros, él tiene miedo, si no concluye de inmediato, si se deja aventajar por
los otros, de no poder estar seguro de que no es un negro. La certidumbre del sujeto -que allí se
confunde con el sujeto de la certidumbre- le llega con un acto de aserción de certidumbre
anticipada. Es en la posterioridad de las escansiones donde el sujeto sabrá que su aserto fue el
correcto. La verificación a posteriori confirma la justeza de algo que se alcanza como verdad
antes de que sea posible verificarla: es la verificación de la anticipación de la verdad. Existe una
distancia irreductible entre la verdad y su verificación, distancia que se reduce a la dimensión
temporal de la prisa.
El tiempo se modula según tres formas de subjetivación (sujeto impersonal en el instante de ver,
sujeto indefinido recíproco en el tiempo para comprender, sujeto del aserto en el momento de
concluir) que representan otras tantas transformaciones de los datos espaciales, visibles (pero
no vistos) simultáneamente, sobre el estado de combinación de los círculos (2 negros, 1 blanco
= instante de ver; 1 negro, 2 blancos = tiempo para comprender; 3 blancos = momento de
concluir). Sólo una topología de objetos no visibles simultáneamente, como la de la botella de
Klein, puede dar un soporte imaginario a la falta en ver de esos tiempos, que hacen agujero
(Kojève) en la representación. El objeto topológico sirve de soporte a la nominación de la falta en
la que desemboca la lógica de estos tiempos, puesto que el sujeto no se declara blanco por
verse blanco (ni siquiera porque otro lo vea blanco).
«El tiempo lógico» acompañó a Lacan durante toda su enseñanza («mi pequeño sofisma
personal» lo llama él) y tiene un valor paradigmático con aplicaciones múltiples. No constituye
una lógica del tiempo (cuyos impases han sido denunciados, por ejemplo, por Gardiès) sino una
lógica de la acción y de la deliberación (ligada al tiempo desde el ejemplo de la batalla naval
según Aristóteles) que se basa en tres tiempos. Esta lógica le otorga a la repetición de dos
escansiones un valor que no es el de situar al sujeto en el tiempo, sino el de engendrar al sujeto
del aserto por el tiempo de esas escansiones, aislando simultáneamente la función específica de
la prisa. En el momento de concluir, el tiempo de adelanto posible del otro se constituye como
objeto de una concurrencia temporal; el sujeto se precipita a concluir para «recuperar» su
eventual retardo, arrebatar ese objeto temporal de competencia, ese objeto (a)presurado
[h(a)té], como dice Lacan. En ese momento, ese objeto (a)presurado ocupa el lugar del objeto a
mirada, de que dependía el sujeto («en esta tema, justamente, cada uno interviene sólo, a título
de ese objeto a que él es bajo la mirada de los otros»; Lacan, Aun, 1973), y que cae en la falla
entre lo que es supuestamente visto por el otro y lo que el sujeto afirma al desprenderse de esa
suposición.
La función de la prisa es también decisiva en la identificación por la imagen en el espejo, donde
el sujeto anticipa aquello que él designa como yo, y en el fondo de la respuesta fantasmática,
donde hay una relación del sujeto con el tiempo que se enuncia en futuro anterior («él lo habrá
querido»), del lugar de Otro.
La escansión de las sesiones
Entre las múltiples consecuencias de este texto capital retendremos sólo las que atañen a la
maniobra de la transferencia, y en especial a la práctica de las sesiones escandidas, que aún
hoy escandalizan.
En «Posición del inconsciente», Lacan dice que «la transferencia es una relación esencialmente
ligada al tiempo y a su manejo» (Escritos). En tal sentido, la sesión escandida representa «el
modo más eficaz de la intervención y de la interpretación analítica» (Seminario del 1 de julio de
1959). Lacan prescribe que el deseo del analista debe limitarse al vacío, al corte, a ese lugar que
le dejamos al deseo para que allí se sitúe. Lo que se produce al final de cada sesión escandida
es inmanente a toda la situación en sí. La escansión no tiene obligatoriamente lugar al final de
una sesión; puede sobrevenir al inicio o al final de varias sesiones. Por este acto, el analista se
compromete físicamente en una operación que presentifica el corte como tal y como dimensión
temporal de pleno derecho (no hay más que un tiempo), para él y para el analizante. Se niega a
resguardarse detrás de un llamado contrato de duración, que engaña [leurre] al analizante en
cuanto a la obtención de algo que se le debe. Con este modo de intervención, el analista muestra
su disponibilidad a la palabra y apuesta a la enunciación; se regula según la distancia entre el
decir y el dicho. La escansión de la sesión, como la del tiempo lógico, toma el tiempo como
acontecimiento significante y no como lugar de duración mensurable que contiene los
enunciados. Este manejo del tiempo de la sesión anuda la repetición con la rememoración; lo
actual de la palabra que reinscribe en el lugar del Otro la no-identidad consigo mismas de las
palabras de la historia del sujeto permite acceder a lo que hace la indestructibilidad del deseo.
Si es cierto que existe una estructuración temporal de la verdad del síntoma, el analista debe
tener medios para actuar sobre los tiempos según la lógica que gobierna esta estructuración. De
tal modo le da al analizante una oportunidad de atravesar el plano de la identificación con el
sujeto supuesto saber. Pues al escandir las sesiones, el analista se pone en posición de
rechazo de todo saber, se priva él mismo del ideal de la acumulación del saber. Hace funcionar
su deseo de analista en la distancia entre el ideal del yo y el objeto a, según la operación llamada
«separación» por Lacan. Induce al analizante a emprender el camino de la declinación de su
fantasma. La escansión de sesión es como un acto fallido que libera significantes. Habrá sido
preciso que alguien olvide las llaves de su casa para que descubra que «casa» lo remite a
«caza». La anulación de la cosa, la llave (por el acto de olvido), ha hecho surgir su naturaleza
significante y la de la palabra «casa». En el corte de sesión hay esta dimensión de acto fallido
que, cortando el vinculo del lenguaje con la cosa, conecta las palabras con otras palabras para
producir un efecto de sujeto. Por eso el hallazgo, latente durante la sesión, se produce a menudo
en la posterioridad de ésta, y el sujeto experimenta prisa por volver a su sesión para realizar allí
la conexión con los significantes de la procedente.


Tópica
Al.: Topik, topisch.
Fr.: topique (s. f. y adj.).
Ing.: topography, topographical.
It.: punto di vista topico.
Por.: tópica, tópico.
     
fuente(18)
Teoría o punto de vista que supone una diferenciación del aparato psíquico en cierto número de
sistemas dotados de características o funciones diferentes y dispuestos en un determinado
orden entre sí, lo que permite considerarlos metafóricamente como lugares psíquicos de los que
es posible dar una representación espacial figurada.
Corrientemente se habla de dos tópicas freudianas, la primera en la que se establece una
distinción fundamental entre Inconsciente, preconsciente y consciente, y la segunda que
distingue tres Instancias: el ello, el yo, el superyó.
El término «tópico», que significa teoría de los lugares, forma parte, desde la Antigüedad griega,
del lenguaje filosófico. Para los antiguos, especialmente para Aristóteles, los lugares constituyen
categorías, de valor lógico o retórico, de las cuales se extraen las premisas de la argumentación.
Resulta interesante señalar que, en la filosofía alemana, Kant utilizó el término «tópica». Entiende
por tópica trascendental « [...] la determinación por el juicio del lugar que corresponde a cada
concepto [...]; ella distinguiría siempre a qué facultad de conocimiento pertenecen propiamente
los conceptos(19)».
I. La hipótesis freudiana de una tópica psíquica surge dentro de un contexto científico
(neurología, psicofisiología, psicopatología), del cual nos limitaremos a indicar los elementos más
inmediatamente determinantes.
1.° La teoría anatomo-fisiológica de las localizaciones cerebrales, que predomina durante la
segunda mitad del siglo xix, tiende a hacer depender de soportes neurológicos rigurosamente
localizados, funciones muy especializadas o tipos específicos de representaciones o de
imágenes, que estarían como almacenadas en una determinada parte del córtex cerebral. En la
pequeña obra que Freud dedicó, en 1891, al tema, que a la sazón era de gran actualidad, de la
afasia, critica dicha teoría, que califica de tópica; muestra los límites y contradicciones
inherentes a los complicados esquemas anatómicos que entonces propusieron autores como
Wernicke y Lichtheim, y sostiene que la consideración de los datos tópicos de la localización
debe completarse con una explicación de tipo funcional.
2.° En el campo de la psicología patológica, toda una serie de observaciones induce a relacionar
con grupos psíquicos diferentes, de un modo casi realista, comportamientos, representaciones y
recuerdos que no se hallan constantemente y en conjunto a disposición del sujeto, pero que, a
pesar de ello, pueden mostrar su eficacia: fenómenos hipnóticos, casos de «doble
personalidad», etc. (véase: Escisión del yo).
Si bien sobre este terreno surge el descubrimiento freudiano del inconsciente, éste no se limita a
reconocer la existencia de lugares psíquicos diferentes, sino que asigna a cada uno de ellos una
naturaleza y un modo de funcionamiento distintos. Desde los Estudios sobre la histeria (Studien
über Hysterie,
1895), la concepción del inconsciente implica una diferenciación tópica del
aparato psíquico: el propio inconsciente comporta una organización en estratos, y la
investigación analítica se efectúa necesariamente por ciertas vías que suponen la existencia de
un determinado orden entre los grupos de representaciones. La organización de los recuerdos,
dispuestos en forma de verdaderos «archivos» en torno a un «núcleo patógeno», no es sólo
cronológica; tiene también un sentido lógico, efectuándose de diversos modos las asociaciones
entre las diversas representaciones. Por otra parte, la toma de conciencia, la reintegración de
los recuerdos inconscientes en el yo, se describe sobre un modelo espacialmente representado
definiéndose la conciencia como un «desfiladero» que no deja pasar más de un recuerdo a la
vez al «espacio del yo».
3.° Se sabe que Freud siempre atribuyó a Breuer el mérito de haber establecido una hipótesis
que es esencial para una teoría tópica del psiquismo: en la medida en que el aparato psíquico
está formado por sistemas diferentes, esta diferenciación debe poseer una significación
funcional. Especialmente es por esta razón que una misma parte del aparato no puede
desempeñar las dos funciones contradictorias que son la recepción de las excitaciones y la
conservación de sus huellas.
4.° Finalmente, el estudio del sueño, reforzando la idea de un territorio inconsciente con sus
propias leyes de funcionamiento, fortifica la hipótesis de una separación entre los sistemas
psíquicos. Acerca de este punto, Freud señaló el valor de la intuición de Fechner, cuando éste
reconoció que la escena de acción de los sueños no constituía la prolongación atenuada de la
actividad representativa vigil, sino verdaderamente «otra escena».
II. La primera concepción tópica del aparato psíquico se presenta en el capítulo VII de La
interpretación de los sueños (Die Traumdeutung,
1900), pero puede seguirse su evolución a
partir del Proyecto de psicología científica (Entwurf einer Psychologie, 1895), donde es
expuesta todavía dentro del marco neurológico de un aparato neuronal, y a continuación a
través de las cartas a Fliess, especialmente las del 1-I-1896 y del 6-XII-1896(20). Ya es sabido
que esta primera tópica (que será desarrollada todavía en los textos metapsicológicos de 1915)
distingue tres sistemas, inconsciente, preconsciente y consciente, cada uno de los cuales
posee su función, su tipo de proceso, su energía de catexis, especificándose por contenidos
representativos. Entré estos sistemas Freud sitúa las censuras, que inhiben y controlan el paso
del uno al otro. El término «censura», al igual que otras imágenes de Freud («antesala»,
«fronteras» entre sistemas) indica el aspecto espacial de la teoría del aparato psíquico.
Pero el punto de vista tópico va más allá de esta diferenciación fundamental. Por una parte,
Freud, en los esquemas del capítulo VII de La interpretación de los sueños, así como en la carta
del 6-XII-1896, postula la existencia de una sucesión de sistemas mnémicos constituidos por
grupos de representaciones caracterizados por leyes de asociación distintas. Por otra parte, la
diferencia entre los sistemas es correlativa de una cierta ordenación, de tal forma que el paso de
la energía de uno a otro punto debe seguir un orden de sucesión determinado: los sistemas
pueden ser recorridos en una dirección normal, «progresiva», o en un sentido regresivo; lo que
Freud designa con el térinino «regresión tópica» viene ilustrado por el fenómeno del sueño, en el
que los pensamientos pueden adquirir un carácter visual que llegue hasta la alucinación,
regresando así a los tipos de imágenes más próximos a la percepción, situada en el origen del
recorrido de la excitación.
¿Cómo debe entenderse el concepto de lugares psíquicos, que implica la teoría freudiana? Como
insistió Freud, sería un error ver en ello una nueva tentativa de localización anatómica de las
funciones: «Dejaré de lado totalmente el hecho de que el aparato psíquico, del que aquí nos
ocupamos, nos es conocido igualmente en forma de preparación anatómica, y evitaremos
cuidadosamente la tentación de determinar anatómicamente en alguna forma los lugares
psíquicos». Con todo, se observará que, de hecho, la referencia a la anatomía dista de estar
ausente; en La interpretación de los sueños todo el proceso psíquico se sitúa entre una
extremidad perceptiva y una extremidad motriz del aparato: el esquema del arco reflejo, al cual
recurre Freud aquí, al mismo tiempo que posee función de «modelo», conserva todo su valor
facial(21). En lo sucesivo, en más de una ocasión, Freud continuará buscando, si no
correspondencias precisas, por lo menos analogías, o quizá metáforas, en la estructura espacial
del sistema nervioso. Así, por ejemplo, sostiene que existe una relación entre la situación
periférica del córtex cerebral y el hecho de que el sistema Percepción-Conciencia recibe las
excitaciones extremas.
No obstante, Freud se muestra firmemente aferrado a lo que él considera como la originalidad de
su tentativa: «[...] hacer comprensible la complicación del funcionamiento psíquico
descomponiendo este funcionamiento y asignando cada función particular a las diversas partes
del aparato». El concepto de «lugares psíquicos» implica, como es obvio, que cada parte es
exterior a las demás y posee una especialización propia. Además, ofrece la posibilidad de fijar
un determinado orden de sucesión a un proceso que se desarrolla en el tiempo. ver nota(22)
Por último, la comparación que Freud establece entre el aparato psíquico y un aparato óptico (por
ejemplo, un microscopio compuesto) aclara lo que él entiende por lugar psíquico: los sistemas
psíquicos corresponderían a los puntos virtuales del aparato, situados entre dos lentes, más que
a sus piezas materiales.
III. La tesis principal de una distinción entre sistemas, y especialmente de la separación entre
Inconsciente y Preconsciente-Consciente, es inseparable de la concepción dinámica, igualmente
importante en psicoanálisis, según la cual los sistemas se hallan en conflicto entre sí (véase:
Dinámico; Conflicto psíquico). La articulación entre estos dos puntos de vista plantea el problema
del origen de la distinción tópica. De un modo muy esquemático, hallaríamos en la obra de Freud
dos clases muy distintas de respuesta: una, de matiz genético, que será reforzada por la
segunda teoría del aparato psíquico (véase especialmente: Ello), consiste en suponer la
aparición y diferenciación progresiva de las instancias a partir de un sistema inconsciente,
cuyas raíces se hunden en lo biológico («todo lo que es consciente ha sido primeramente
inconsciente»); la otra intenta explicar la constitución de un inconsciente por el proceso de la
represión, solución que conduce a Freud a postular, en un primer tiempo, una represión
originaria.
IV. A partir de 1920, Freud elaboró otra concepción de la personalidad (que a menudo se
designa abreviadamente con el término «segunda tópica»). El principal motivo que clásicamente
se invoca para explicar este cambio es la consideración creciente de las defensas
inconscientes, lo que impide hacer coincidir los polos del conflicto defensivo con los sistemas
anteriormente establecidos: lo reprimido con el Inconsciente, y el yo con el sistema
Preconsciente-Consciente.
De hecho, el sentido del cambio a que nos referimos no puede limitarse a esta idea, que por lo
demás se hallaba presente en Freud, en forma más o menos explícita, desde hacía mucho tiempo
(véase: Yo). Uno de los principales descubrimientos que lo hizo necesario fue el del papel
desempeñado por las diversas identificaciones en la constitución de la persona y de las
formaciones permanentes que aquéllas depositan en el seno de ésta (ideales, instancias
críticas, imágenes de sí mismo). En su forma esquemática, esta segunda teoría hace intervenir
tres «instancias»: el ello, polo pulsional de la personalidad; el yo, instancia que se erige en
representante de los intereses de la totalidad de la persona y, como tal, es catectizada con libido
narcisista, y por último el superyó, instancia que juzga y critica, constituida por la interiorización
de las exigencias y prohibiciones parentales. Esta concepción no se limita a hacer intervenir las
relaciones entre las tres instancias citadas, sino que, por una parte, diferencia en ellas
formaciones más específicas (por ejemplo, yo ideal, ideal del yo) y, por consiguiente, considera,
además de las relaciones «intersistémicas», relaciones «intrasistérnicas»; por otra parte, lleva a
atribuir singular importancia a las «relaciones de dependencia» existentes entre los diversos
sistemas, y de un modo especial a encontrar en el yo, incluso en sus actividades llamadas
adaptativas, la satisfacción de reivindicaciones pulsionales.
¿Qué sentido posee, dentro de esta nueva «tópica», la idea de lugares psíquicos? Ya en la
elección de los términos que designan las instancias se aprecia que aquí el modelo no se ha
tomado de las ciencias físicas, sino que es antropomórfico: el campo intrasubjetivo tiende a
concebirse según el modelo de las relaciones intersubjetivas y los sistemas se representan
como personas relativamente autónomas dentro de la persona (así, por ejemplo, se dice que el
superyó se comporta sádicamente con respecto al yo). En la misma medida, la teoría científica
del aparato psíquico tiende a acercarse a la forma fantasmática en que el sujeto se concibe a sí
mismo y quizá incluso se constituye.
Freud no renunció a armonizar sus dos tópicas. En varios lugares de su obra da una
representación sobre un modelo espacialmente representado del conjunto del aparato psíquico,
en la cual coexisten las divisiones yo-ello-superyó y las divisiones
inconsciente-preconsciente-consciente. La exposición más precisa de esta tentativa se
encuentra en el capítulo IV del Esquema del psicoanálisis (Abriss der Psychoanalyse, 1938).
Tópica
Tópica
     
fuente(23)
s. f. (fr. topique; ingl. topography; al. Topik). Modo teórico de representación del funcionamiento
psíquico como un aparato con una disposición espacial.
Ante la necesidad de representar el psiquismo como una interacción dinámica de instancias, a
menudo fuertemente conflictiva, S. Freud propone representarlas por medio de un aparato
psíquico repartido en el espacio. En 1900 introduce una primera tópica, en la que las instancias
son el inconciente, la percepción-conciencía, el preconciente. En 1920, en una segunda tópica,
Freud corrige la precedente, agregándole el ello, el superyó y el yo. Estas dos tópicas no se
superponen.
Tópica
Tópica
     
fuente(24)
La representación «tópica» presentada en el capítulo VII de La interpretación de los sueños
determina el orden de coexistencia de las diferentes regiones del aparato psíquico entre las
cuales se despliegan los procesos, desde su extremo sensorial hasta su extremo motor.
No obstante, en una nota introducida en una edición posterior, Freud subraya la insuficiencia del
esquema construido antes. «El desarrollo posterior de este esquema desplegado linealmente
-escribe Freud entonces- deberá tener en cuenta el supuesto de que el sistema que sucede al
preconsciente es aquel al que debemos atribuir la conciencia [cursivas de Freud], y que
entonces P = C.»
«Le daremos el nombre de inconsciente -escribió en 1900- al sistema ubicado más atrás; dicho
sistema no puede acceder a la conciencia sino pasando por el preconsciente, y durante ese
pasaje el proceso de excitación debe plegarse a ciertas modificaciones. »
Sea como fuere, el principio de representación constitutivo de la tópica sigue siendo el que
enunciaba el texto original de La interpretación de los sueños.
En el punto de partida, una sugerencia de Fechner: «El gran G.T. Fechner, en su Psicofísica, a
propósito de algunas consideraciones sobre el sueño, formula la hipótesis de que la escena en
la que se mueve el sueño es quizás muy distinta de la de la vida de representación en la vigilia;
ningún otro supuesto permite comprender las peculiaridades del sueño».
La construcción tópica se efectúa entonces a partir de la desaprobación de la localización
anatómica: «Descartemos de inmediato la noción de localización anatómica. Permanezcamos en
el terreno psicológico y tratemos sólo de representarnos el instrumento que sirve para las
producciones psíquicas como una especie de microscopio complicado, de aparato fotográfico o
algo semejante. El lugar psíquico corresponderá a un punto de ese aparato en el que se forma la
imagen.
«Desde el punto de vista epistemológico, la construcción tópica tendrá entonces el estatuto de
una "construcción auxiliar". Me parece inútil excusarme por lo que mi comparación puede tener
de imperfecto. Sólo la empleo para hacer comprender la disposición del mecanismo psíquico,
descomponiéndolo y determinando la función de cada una de sus partes. No creo que nadie
haya aún intentado reconstruir de este modo el aparato psíquico. El intento no es riesgoso.
Quiero decir que podemos dar libre curso a nuestras hipótesis, siempre y cuando nos
reservemos el juicio crítico y no tomemos el andamiaje por el edificio en sí. Sólo necesitamos
representaciones auxiliares para aproximamos a un hecho desconocido; las más simples y
tangibles serán las mejores.»
En síntesis, lo esencial de la construcción tópica consistirá en figurar esa característica del
aparato psíquico de estar dotado de una dirección.
«En primer lugar nos sorprende el hecho de que el aparato compuesto por estos sistemas tiene
una dirección. Toda nuestra actividad psíquica parte de estímulos (internos o externos) y termina
en inervaciones. El aparato tendrá entonces un extremo sensorial y un extremo motor; en el
extremo sensorial se encuentra un sistema que recibe las percepciones, y en el extremo motor,
hay otro que abre las esclusas de la motricidad. El proceso psíquico va en general del extremo
perceptivo al extremo motor.»
A esta primera tópica, inspirada en el análisis del sueño y de la histeria, le sucederá después de
1920 una segunda tópica, elaborada como respuesta a los problemas de la psicosis, que abarca
el ello, el yo y el superyó. De la primera, Freud dirá que tiene un valor descriptivo, mientras que a
la segunda se le reconocerá un valor sistemático.
Tópica
Tópica
Alemán: Topik.
Francés: Topique.

Inglés: Topic.
     
fuente(25)
Término derivado del griego topos ("lugar") que en filosofía, desde Aristóteles (384-322 a. C.)
hasta Irmnanuel Kant (1724-1804), designa la teoría de los lugares, es decir, de las clases
generales en las cuales pueden ubicarse todos los argumentos o desarrollos.
Sigmund Freud utilizó el término como adjetivo y sustantivo, para definir el aparato psíquico en
dos etapas esenciales de su elaboración teórica.
En la primera concepción tópica, denominada primera tópica freudiana (1900-1920), Freud
distinguió el inconsciente, el preconsciente y el consciente; en la segunda concepción, o
segunda tópica (1920-1939), hizo intervenir tres instancias o lugares: el ello, el yo y el superyó.
En la historia del movimiento psicoanalítico encontramos por lo menos dos lecturas de la segunda
tópica freudiana. Una de ellas acentúa la importancia del yo en detrimento del ello y dio origen a
la Ego Psychology, mientras que la otra privilegia al ello, para repensar el estatuto del yo y
añadirle un sí-mismo (self) o un sujeto, como en el kleinismo, la Self Psychology y el lacanismo.
También se designa con el nombre de tópica la trilogía lacaniana de simbólico, imaginario y real.
Esta tópica fue presentada en dos organizaciones sucesivas: en la primera (1953-1970) lo
simbólico prevalece sobre las otras dos instancias (S.l.R.); en la segunda (1970-1978), aparece
lo real en posición dominante (R.S.l.).


Topología
     
fuente(26)
s. f. (fr. topologie; ingl. topology; al. Topologie). Geometría flexible [también llamada de «los
cuerpos de gorna»] que trata en matemáticas cuestiones de vecindad, de trasformación
continua, de frontera y de superficie sin hacer intervenir necesariamente la distancia métrica.
En psicoanálisis, el término topología se refiere esencialmente a las elaboraciones de J. Lacan
(véase matema). A partir de 1962, Lacan desarrolló en el seminario La identificación la topología
del toro, de la banda de Moebius y del cross-cap. Esta es resumida en el texto «L’étourdit» [«El
aturdicho») de 1972, El toro, que es comparable con la superficie de una cámara de aire,
representa el encadenamiento del deseo con el deseo del Otro.
Efectivamente, el significante de la demanda se repite describiendo un corte sobre el toro que
gira a la vez alrededor del «agujero circular» y del agujero central.
Esto quiere decir que la demanda parece girar alrededor de un objeto pero le pifia al verdadero
objeto del deseo, que se sitúa en otra parte, en el agujero central. Hay que representarse
entonces el toro del gran Otro encadenado con el primero de tal modo que demanda y deseo se
sitúen allí de manera invertida. El deseo del sujeto neurótico representado así en estos toros
tiene como objeto la demanda del Otro e, inversamente, lo que el sujeto demanda es el objeto del
Otro. En la banda de Moebius, por el contrario, el corte representado por el borde único de la
banda cierne un objeto a.
La banda de Moebius se puede ilustrar por medio de un cinturón abrochado después de haber
hecho una semitorsión. Esta curiosa superficie tiene la propiedad de poseer una sola cara y un
solo borde. Esta banda, en la que el derecho se reúne con el revés, representa la relación del
inconciente con el discurso conciente. Esto significa que el inconciente está del reverso pero
puede surgir en lo conciente en todo punto del discurso. Se puede representar la interpretación
como un corte mediano de esta banda, que la trasformaría entonces en otra banda provista de
dos caras y dos bordes. Vale decir que la interpretación analítica pondría en evidencia al
inconciente como reverso del discurso en el mismo momento en que este inconciente desistiría
como tal.
Lacan muestra en L’étourdit» la trasformación del toro neurótico en banda de Moebius a través
del corte interpretativo. El borde único de la banda de Moebius es el equivalente de un círculo, de
tal modo que este borde puede servir de frontera a un disco que vendría así a cerrar la banda de
Moebius. Esta operación no puede imaginarse en el espacio de tres dimensiones si no se admite
un artificio: que las superficies puedan atravesarse. La superficie así formada ya no tiene borde.
Se parece a una esfera pero, como la banda de Moebius, sólo tiene una cara, es decir, el interior
comunica con el exterior. Se trata del cross-cap, un modelo del plano proyectivo.
El disco, el redondel que cierra la banda de Moebius, constituye el objeto a. Este objeto a, que
se escapa, por lo tanto, en el nivel del toro, se recorta sobre el cross-cap. Esta topología
sostiene el materna del fantasma ($ ? a), donde el corte del sujeto está representado por la
banda de Moebius mientras que el objeto a esta representado por el redondel.
El esquema R. Armados con esta topología, abordemos la descripción del esquema R y el
esquema I de «De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis» [Escritos,
1966].
El esquema R contiene el trayecto Saa’A ya encontrado en el esquema L del seminario sobre La
carta robada (véase matema), donde la relación simbólica del sujeto S con el otro A se duplica
en la relación imaginaria del yo [moi] a' con sus objetos a.
Gracias al seminario La relación de objeto, contemporáneo de la redacción del escrito citado,
podemos volver a trazar las líneas de construcción del campo de la realidad en este esquema R.
Es la relación simbólica madre-hijo la que constituye el primer eje de esta realidad. Pero esta
relación simbólica, desde el principio, no se reduce a la dependencia de la satisfacción o la no
satisfacción de las necesidades; el niño es dependiente del deseo de su deseo.
El estadio del espejo permite introducir cierta dialéctica en este sistema primitivo, ofreciéndole al
niño una percepción a la vez real e irreal, una imagen cautivante y alienante (i). A causa de la
prematurez de esta imagen, se abre una falla en lo imaginario que responde a otra hiancia en lo
simbólico del lado de la relación con este Otro que está allí, testigo de la escena. M designa a
este Otro real, este objeto primordial materno, soporte de «la Cosa». La imagen l constituye
entonces un punto de apoyo, un límite de la realidad. Este registro le permite al sujeto la
posibilidad de entrar en sentido contrario, a través de las identificaciones del yo [moi] (m), en otro
campo constituido por el triángulo mIM, homólogo e inverso del triángulo miM. Estas
identificaciones sucesivas se hacen en la dirección de lo simbólico, donde el yo toma la función
de una serie de significantes que tienen como límite al ideal del yo I, en el nivel paterno. De este
modo, el campo miMI de la realidad se constituye en dirección a lo simbólico y está sembrado de
significantes. La identificación con el ideal del yo del lado paterno permite, dice Lacan,
«despegarse de la relación imaginaria más de lo que es posible en el nivel de la relación con la
madre». La identificación del sujeto con el falo imaginario, en el vértice del triángulo imaginario
i
jm, en tanto objeto del deseo de la madre, debe ser «destruida» en correlación con el
develamiento en A, el lugar del Otro, del Nombre-del-Padre, en el vértice del triángulo simbólico
IPM destinado a recubrir el triángulo imaginario.
La nota de 1966 del texto de los Escritos permite identificar el esquema R con un plano
proyectivo desplegado, es decir, un cross-cap; efectivamente, es posible unir los puntos de las
antípodas pegando [en forma cruzada, en torsión] los bordes de este cuadrado. Es lo que
sugieren la línea punteada y la disposición de las letras mM, iI. (Podemos imaginar que localmente
m viene a colocarse en el anverso de M, e i en el anverso de I, pero estando, de hecho, este
anverso sobre la misma cara que el derecho [ya que es una banda de Moebius].)
En esta operación, el cuadrángulo miMI se trasforma en banda de Moebius y los triángulos S e I
ya no forman más que un solo disco, o redondel, apoyándose sobre la banda de Moebius
gracias a la frontera común. Esta frontera común, constituida por el corte único mi,MI, es
efectivamente el único corte verdadero de la superficie, ya que el borde del cuadrado está
representado artificialmente, puesto que está destinado a repegarse sobre sí mismo,
correspondiendo cada trazo pleno al trazo punteado de su antípoda.
Este corte aísla una banda de Moebius que recubre el campo de la realidad. Existe una identidad
paradójica entre este corte y la banda de Moebius desde el punto de vista topológico. Por eso,
sobre esta banda, «nada medible vale para su estructura», es decir que el ancho de la banda no
tiene valor estructural [esto remite al «poco de realidad» accesible al hombre]. A través de este
corte, lo real constituye la frontera entre lo imaginario y lo simbólico, que sin embargo se
encuentran en el mismo borde. Si la pantalla del fantasma viene a obturar el campo de la realidad,
no borra el corte de lo real, que permanece marginal. Este corte, electivamente, es el que da el
marco, la estructura del fantasma; el corte del plano proyectivo está simbolizado tanto en la
barra del sujeto $ como en el losange
à que articula, en la fórmula del fantasma, al sujeto dividido
con el objeto: $
à a. El objeto a corresponde aquí a los campos I y S, al redondel, y $
corresponde a la banda, es decir, al corte.
El esquema I. En el seminario sobre Las formaciones del inconciente, Lacan nos da elementos
para explicar el pasaje del esquema R al esquema I.
En la psicosis, el campo de la realidad resulta modificado. Se trata ante todo de una regresión
tópica, estructural.
A partir de los triángulos iMm y mMI, hay que concebir, en el sentido inverso al señalado
anteriormente en el esquema R, el movimiento de intrusión en el nivel del límite i de la imagen del
cuerpo propio en el campo R, y, en el nivel del yo [moi], un desencadenamiento de significantes.
Estos dos movimientos vienen a distorsionar el campo de la realidad siempre limitado por las
líneas mi y MI. La forclusión del significante paterno forma como un abismo del lado simbólico, al
que responde otro abismo del lado imaginario. Estos dos agujeros curvan las líneas mi y MI y
remiten al infinito los cuatro jalones fundamentales del sujeto, m, i, M e I. Este último, el I creado,
viene al lugar de P como atraído por el vacío, siguiendo un movimiento acelerado sobre una
trayectoria infinita hiperbólica. Es fácil recuperar la forma general del esquema I por medio de
esta trasformación del campo R, al que se concibe formado por dos triángulos homólogos e
inversos.
Esta trasformación implica una modificación radical de la relación topológica de los lugares de m
y de M. M y m vienen a ubicarse a uno y otro lado, simbólico e imaginario, de la línea principal, del
eje de este esquema, que constituye su asíntota común en su carrera al infinito en el espacio y
el tiempo. Lacan cita aquí a Freud y su término asymptotisch para calificar la conjunción deseada
del yo delirante y de su Dios. Contrariamente al esquema R, que tiene la topología del plano
proyectivo, es posible, para el esquema I, evocar el plano hiperbólico.
Nudo borromeo. La distinción de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario es esencial en los
primeros seminarios de Lacan. Al mostrar que lo inconciente está estructurado como un
lenguaje, queda destacado el papel determinante de lo simbólico, en particular, su primacía sobre
lo imaginario. Lo imaginario está ligado a la imagen del cuerpo y a la relación especular del yo
[moil con el pequeño otro. En cuanto a lo real, se distingue de la realidad, que no es sino un real
domesticado por lo simbólico y lo imaginario. Sólo puede definirse a través del choque con lo
imposible, justamente como lo que escapa a lo simbólico y a lo imaginario. En el nudo borromeo,
utilizado por Lacan desde 1972, real, simbólico e imaginario consisten en tres anillos
absolutamente distintos, en el sentido de que son libres de a dos. No hacen cadena el uno con el
otro. El nudo efectiviza el lazo de estas tres dimensiones sin que ninguna de ellas se encadene
con ninguna otra. El corte de uno de los tres libera a los otros dos.
El nudo borromeo permite entonces una nueva escritura de los matemas del nudo. Lacan sitúa
así el sentido en el nivel en que lo simbólico recubre lo imaginario; el sentido es por cierto un
efecto de lo simbólico en lo imaginario, pero el nudo muestra que además interviene lo real, de tal
modo que el efecto de sentido de la interpretación analítica puede ser también real. El objeto a
encuentra su lugar en el nivel central; quedan situados en el nudo, además, el goce fálico (G(D)
y el goce del Otro (GA). A partir de allí, la clínica ilustra los diferentes modos de anudamiento del
nudo, es decir, la manera singular para cada sujeto de mantener unidas estas diferentes
dimensiones, eventualmente gracias a un cuarto círculo, el del síntoma.
Topología
Topología

     
fuente(27)
1) Rama de la matemática que estudia las propiedades del espacio que son invariantes por
homeomorfismos. Se trata de propiedades no métricas, es decir, de propiedades cualitativas, y
no cuantitativas, lo que la distingue de la geometría común. Se la suele denominar geometría débil
o geometría del caucho. Por ejemplo, una circunferencia es topológicamente equivalente a un
cuadrado, por más que sus propiedades métricas sean diferentes

2) Una topología en un conjunto X es una familia de subconjuntos de X que satisface ciertos
axiomas (ver espacio topológico).


Topología combinatoria
     
fuente(28)
Rama de la topología que reduce el estudio de curvas y superficies a ciertos esquemas
determinados por polígonos curvilíneos, evitando de esta forma pensarlas como conjuntos de
puntos, como lo hace la topología conjuntista. El tratamiento combinatorio es más cercano al
álgebra, y reduce el concepto de homeomorfismo a unas pocas reglas que permiten decidir
cuándo dos esquemas combinatorios son equivalentes.


Topología inducida
     
fuente(29)
Dado un subconjunto A de un espacio topológico X, se llama topología inducida a la topología
definida en A que toma como abiertos a todos los conjuntos de la forma U Ç A, en donde U es un
abierto de X. En estas condiciones, se dice que A es un subespacio de X.


Topología usual

     
fuente(30)
La topología usual del espacio n–dimensional (Rn) tiene como abiertos básicos a las bolas
n–dimensionales (abiertas)
. Es decir, un conjunto de Rn es abierto si y sólo si es unión de cierto
número de bolas abiertas. Equivalentemente, diremos que A es abierto si y sólo si para todo
punto x Î A existe una bola B contenida en A tal que x Î B (A es entorno de x).


Törngren Pehr Henrik
(1908-1965) Médico y psicoanalista sueco
     
fuente(31)
Hijo de un médico, Pehr Henrik Törngren, que fue miembro del comité de redacción de la revista
sueca Spektrum, se apasionó muy pronto por el psicoanálisis. Formado en el diván de Ludwig
Jekels mientras éste residió en Estocolmo, después se peleó con él.
En 1936 publicó Striden om Freud (Querella a propósito de Freud), que constituye uno de los
documentos más antiguos de la historia del psicoanálisis en Suecia. Allí respondió a los ataques
clásicos de los adversarios de la doctrina vienesa, mostrando de qué manera, en los países
escandinavos, se utilizaba el nacionalismo para enfrentar al freudismo. Lo mismo que muchos
freudianos del primer círculo vienés, le interesó la aplicación del psicoanálisis a cuestiones
sociales. En 1938 se incorporo como miembro a la Sociedad Fino-Sueca. Tradujo además Moisés
y la religión monoteísta.
Nietzscheano durante mucho tiempo, después se apasionó por la obra de Max Stirner
(1806-1856), criticó ciertos aspectos de la doctrina freudiana, y se volvió hacia la reflexología.
Espíritu original e independiente, no era bien considerado en el seno de su sociedad
psicoanalítica, muy conformista, de la que sin embargo siguió siendo miembro. Murió en
Estocolmo, solo y olvidado.